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La Fiera

Summary:

Loki de Garm ha consquistado Asgard del Norte y su presa es Sigfried Dubhe Alpha, pero el Dios Guerrero no es fácil de doblegar.

Notes:

Asgard del Norte y Asgard del Sur son creación mía para unir a los personajes de Saint Seiya La Saga de Asgard y Saint Seiya: La Batalla de los Dioses en el mismo rol. Siendo los Dioses Guerreros de la serie los Asgardianos del Norte y los de la película perteneciendo a Asgard del Sur.

Mis fics de Saint Seiya son muy viejos y he tenido que editarlos y corregirlos. ¡Pero rescatados están!

Work Text:

Los cuernos sonaron perdiéndose ante la gran extensión de la llanura. Apenas llegaba un suave eco de los cuernos a los oídos del centinela en la torre mayor de la muralla que protegía al palacio.
A lo lejos, una caballería venía a todo galope, anunciándose con el sonido de los cascos de los caballos y los cuernos para que se les abriera el gran portón de la fortaleza del Castillo.
Pronto los soldados bajaron y dieron la orden de abrir las puertas, recibiendo a los guerreros en sus galopantes percherones, cubiertos de nieve que dejaba sus rostros casi cubiertos.

—¡Oficial! Informe de la situación— Exigió el capitán de la tropa que se acercó para ser informado cuando sintió que el acero helado atravesaba su estómago obligándolo a gemir con fuerza.

En ese momento, la caballeriza alzó en un grito estruendoso, revelándose como el enemigo que había penetrado los muros del palacio, fingiendo ser de los suyos, disfrazados con las armaduras y las banderas de hombres caídos en la batalla y adueñándose de sus caballos con el plan de emboscar a los guardias de la entrada.
El dirigente de ese grupo, el más alto, levantó la mano para quitarse el yelmo que cubría la mitad de su cara y dejó ver un par de ojos verdes como esmeraldas y el cabello rubio cenizo que fue movido por el viento de manera violenta, revolviéndole la cabellera mientras su sonrisa triunfante adornaba su rostro.
Un grito se oyó de inmediato, anunciando la infiltración del enemigo y el nombre de quien dirigía el asalto. Loki de Garm, había entrado a la ciudadela del Valhala, el centro de todo Asgard.
La batalla duró días, y ninguno daba señales de rendirse. Todos sacrificaron hasta lo último para proteger el Palacio y los invasores del Sur penetraban cada vez más, dejando un camino de cadáveres mutilados, con miembros despedazados y algunos, roídos con fervor por el berserker de la batalla. Era bien conocida la fama de los sureños como salvajes al actuar de una manera tan sádica. Era el éxtasis de la batalla.
La misión era apoderarse del Castillo y de la regente, Hilda de Polaris para ofrecérsela a su señor Dolbare y desposarla a la fuerza para hacerse de las tierras del Norte al fin.
Habían intentado por las buenas, pero sus Guerreros Divinos los obligaron a actuar a la mala.
Loki tenía sus órdenes, pero no iba sólo por Hilda.. Él buscaba a alguien más. Alguien de quien se había prendado en el momento de verlo en el campo de batalla.
El Comandante del Norte, su rival, de quien se escuchaban las maravillas de sus hazañas. Siegfried Dubhe, de quien decían, era descendiente del mítico héroe, Siegfried, quien desposara a una valkyria como su esposa.
Si tenía sangre de los Edas, entonces era un hombre digno a enfrentarse a él.
Loki no había contado con que su pasión por la pelea pudiese despertar en él otro tipo de pasiones. Y Siegfried se había convertido en el objeto de su deseo.
La batalla se tornó larga y difícil al encontrar a los seis Guerreros Divinos, incluyendo a uno que no había visto que era idéntico a Mizar. No le prestó mucha importancia, pues sus objetivos aún estaban lejanos.
No supo la suerte de esos guerreros, si vivieron o murieron. No le interesaba.
Al final, el castillo había caído y ahora buscaban en cada habitación a la regente, su hermana y a la obsesión de Loki: El capitán y líder de los Guerreros Divinos, a los que llamaban Dioses Guerreros. Loki aún sentía su rostro caliente y partes de su cuerpo tras enfrentarlos y dejarlos atrás, buscando sus objetivos los cuales no se encontraban en ninguna parte. Tras alejarse de la batalla, encontró una torre alta y subió, hallando tres puertas, cerradas herméticamente, las cuales tiró entre hachazos, patadas y embistes, hasta que en la última puerta, un par de gritos femeninos se escucharon. Ahí estaban dos de las ansiadas presas.
Los invasores alcanzaron a Loki en la torre y entraron para sacar a las mujeres y entre gritos de victoria no se diferenciaron a los alaridos de dolor y muerte que empezaron a hacerse más fuertes hasta que tuvieron que abandonar la habitación.
Garm subió a zancadas las escaleras al ver a sus hombres huir con pavor.

—¡Parvada de cuervos cobardes! ¿Huyen de dos mujeres?— Vociferó empujándolos de la cabeza, tratándolos con salvajismo y mostrándole que no había ser más temible que él.
—¡Dubhe! !Dubhé está matando a todos!— Dijo uno desesperado.

Los ojos de Garm brillaron entre furia y alegría. No lo pensó dos veces y castigó la cobardía del hombre, atravesando su cuerpo con la espada. Total, una pérdida más en batalla. Ya fuera por las manos de Dubhe o las de él, contabilizar a los caídos era cosa de diario para él.
Los hombres retrocedieron y regresaron dispuestos a pelear antes que a morir por la espada de su Capitán, pero en ese momento, fue el mismo Loki quien los detuvo con un rugido enérgico.
Todos entendieron la orden y se hicieron a un lado, dejando que el Lobo de Garm subiera los escalones hasta las habitaciones.
Se detuvo al principio del pasillo y se aferró a su espada, para avanzar precavido, atento a cualquier indicación de su enemigo. La precaución se relajó un poco al ver que Dubhe salía a enfrentarlo, lleno de sangre y aferrando su espada de la misma manera que él.

—Al fin te encuentro— Dijo Loki casi jadeando de placer al verlo así. No entendía y no quería saber el porqué, Siegfried le hacía experimentar esa clase de emociones.

Quizás porque le parecía un hombre impecable, elegante, correcto, fino y hermoso. Tan poderoso y terrible. Él tan solo era un bárbaro sediento de sangre y cuyo atractivo con las mujeres no era tan malo. De hecho, podría decirse que de toda la armada del Sur, Loki era el mejor ejemplar de hombre que pudieran encontrar.
Siegfried lo miró mientras levantaba el rostro en señal de advertencia. No pestañeó, a pesar del viento frío que se colaba por las ventanas ovales.

—¡Garm! ¡Retírate con tus tropas y te dejaré vivir! — Empuñó con más fuerza la espada y Loki tan solo sonrió como si le incitara a combatir.

No hubo respuesta, tan solo la acción de abalanzarse a su enemigo para combatir ferozmente. Los gritos de Hilda y Flare, fueron agudos y llenos de miedo por la seguridad de Siegfried y no tanto el de ellas.
El encuentro era duro y la fuerza de Dubhe era realmente impresionante.
Las espadas chocaron, Loki frunció el ceño, sorprendido de la potencia de los golpes de su oponente que le hacían retroceder y parar los tajos de manera milagrosa.
En una de esas, Siegfried atacó dando un golpe seco contra la espada de Garm que le hizo perder equilibrio y caer por las escaleras varios escalones.
Furioso se levantó el Lobo de Garm para embestir de nuevo, siendo repelido nuevamente por la espada poderosa de Dubhe.
Enojado y sintiendo la humillación venirsele encima, Garm usó el truco más bajo que fue dar la orden de su aprehensión mientras él le distraía.
Cientos de hombres se abalanzaron contra Dubhe mientras Loki lo mantuvo ocupado, hasta lograr desarmarlo y capturarlo.
Muchos hombres cayeron por las ventanas y otros más murieron al caer y romperse el cuello en las escaleras, pero finalmente, doblegaron al Dragón de doble cabeza, atándolo y finalmente, noqueando con la empuñadura de una espada que lo golpeó en la nuca de lleno, por la mano de Loki.

—Llévenselo. Este es mi trofeo. A las mujeres, atarlas y llevarlas de inmediato a la presencia de Dolbare,el nuevo Señor de Asgard.— dijo limpiándose con el dorso de la mano el hilillo de sangre que brotaba de su labio partido por los golpes de Siegfried.

Ataron a Hilda y a Flare, llevándolas a su destino a Asgard del Sur, obligándoles a inclinarse ante el nuevo Regente de Asgard, pero esa historia es otra que no mencionaré, pues la historia que deseo contarles es sobre el salvaje Lobo de Sur y su prisionero.

Durante tres días mantuvieron a Siegfried atado en una celda helada del castillo sitiado. Por más que maldijo, nadie fue a liberarlo, nadie le dio comida o agua tan siquiera. Parecía que le dejarían morir de la manera más humillante, como preso de guerra, pues nadie siquiera se dignaba a acechar la celda.
A los cinco días, por fin, algo de comida y bebida y le fue llevada en bandeja de plata por el mismísimo Loki de Garm.
Asentó la bandeja en el suelo húmedo mientras los soldados cerraban la celda con toda la seguridad posible. Garm se aproximó a Siegfried y lo jaló del cabello queriendo hacerlo gemir, pero tan solo recibió un escupitajo de parte del Dragón. Garm sonrió de manera perversa y lo volvió a jalar para voltearlo y sacar su daga. Lo sujetó del cabello, obligándolo a levantar su cara, haciéndole creer que le iba a cortar el pescuezo como a un animal, pero la daga tan sólo cortó las ataduras para dejarlo libre.

—Eres libre de usar tus manos. Ahora come, no Quiero que mi prisionero favorito se muera de hambre. —Dijo mientras se quitaba de encima de él en un rápido movimiento mientras Dubhe se levantaba dispuesto a atacar, pero no le alcanzó. Estaba débil y no tenía tantas fuerzas para enfrentarse a él ahora. Frente a él, estaba la bandeja de plata llena de comida.

En ese momento, todos sus modales se perdieron y se abalanzó contra los platos, devorando con ansiedad, hasta casi atragantarse.
Garm se aproximó a la celda y le dio su daga al soldado, para quedar desarmado. No iba a darle la ventaja de que pudiera armarse mientras él se divertía. Después, dio la orden de que taparan la ventanilla y se alejaran de la puerta. Oyeran lo que oyeran, si decían una sola palabra, esa misma noche, ellos estarían muertos.

Siegfried se daba el agasajo de comida y bebida sin preocuparse de tener las manos limpias o embarrarse y mancharse con el alimento.
Loki se apoyó contra el muro frente a él, dejando que las sombras lo cubrieran y lo miró durante un largo rato, mientras Dubhe terminaba de comer.

—¿Satisfecho con el festín? — Preguntó Garm cuando escuchó a Siegfried eructar profundamente.

Dubhe tan solo lo miró con filo mientras se limpiaba con el dorso de la mano y los brazos la cara.
Aún recién alimentado, no estaba lo suficientemente fuerte para pelear contra él. Y aunque lo matara, afuera estaría en desventaja.

—Había estado esperando el momento de tener un encuentro contigo a solas. No tienes idea de lo que estos días han sido para mí, impaciente por esperar a verte débil y poder actuar. — Dijo mientras se despegaba de la pared y caminaba hacia él, mientras Siegfried retrocedía.
— ¿Vas a matarme aquí, cuando tuviste la oportunidad de hacerlo en batalla?— Le preguntó mientras se pegaba contra la otra pared, levantando los puños para defenderse.
Garm se inclinó hacia la bandeja y tomó la vasija con agua, mojando una mano en ella mientras pateaba la bandeja con restos de comida. Se detuvo frente a Dubhe y pasó su mano húmeda en sus mejillas para limpiarle de la mugre que ennegrecía su rostro, dejándole ver con la escasa luz que entraba por la ventanilla exterior, la blancura de su piel y el brillo de sus ojos azules.
Dubhe frunció el ceño, extrañado por la acción de Garm y tembló un poco antes de reaccionar y morderle la mano, sacándole sangre.
Garm se enojó y jaló la mano, desgarrándose el dorso, pero eso no impidió que azotara esa misma mano contra el rostro de Dubhe, dejándole la mejilla roja y ardiéndole, quemándole como si le hubiera marcado con fuego.

—Ahora soy tu señor y si me vuelves a morder, te golpearé hasta que mueras. — Le dijo en un susurro amenazante mirándole a los ojos. Dubhe sintió que el aire le hacía falta. Podía imaginarse a qué se refería con eso de que ahora era su señor. Su dueño.
—Primero muerto. — Las manos de Siegfried se extendieron hacia el cuello de Loki y éste, se aprovechó de su debilidad para llevarlo contra el suelo y colocarse sobre él, inmovilizando su cuerpo con su peso.
—Es inútil. No puedes contra mí en este estado. Por algo esperé días a que te debilitaras. — Dijo susurrando contra su oído, dejando sentir su aliento chocar contra su oído mientras se reía suavemente.

Lamió su mejilla mientras su mano se metía entre las piernas de Dubhe y apretaba suavemente su sexo.
Siegfried forcejeó, dejando escuchar su ira, al verse doblegado y humillado. Pensó que Garm iba a violarlo ahí mismo y la idea le pareció repulsiva, enferma.
Pero para su sorpresa, Garm se levantó, jalandolo de ambos brazos y llevándolo contra la pared, obligándolo a verlo de frente.
Dubhe lo miró fijamente y Loki le mostró la sonrisa sádica de siempre con la intención de tomarlo de una buena vez y quitarse esas ansias de poseerlo.
Pero sus miradas se cruzaron durante un largo rato, logrando perderse una dentro de la otra y terminó cuando sus labios tomaron los de Siegfried de manera posesiva, pero increíblemente suave.
Por alguna razón, Dubhe no opuso resistencia y a los pocos minutos, le contestó el beso mientras sus manos aún luchaban por soltarse.
Sintió la lengua de Loki enredarse con la suya, dándole a probar la delicia de las caricias que empezaba a darle.
Loki mordió su lengua de forma casi obscena, pero con la aprobación de Dubhe.
Sonrió al ver que domarlo no había sido tan difícil, y en ese momento, un rodillazo se estampó contra el sexo duro de Garm obligándole a caer al suelo y retorcerse de dolor.
Al oír los gemidos de Loki, los soldados entraron de inmediato, golpeando a Dubhe para hacerlo a un lado y sacar a su capitán de ahí.
Días después. Garm se hartó de encontrarse en el Palacio y ordenó que se preparara un grupo que le acompañara de regreso al sur. A su hogar.
Bien pudo haber regresado él solo, pero si se llevó a tantos hombres, fue porque quería llevar su botín más preciado con él. Y era un botín que daba de patadas y mordía como fiera salvaje.
Cada noche acampada, era noche de desespero para Loki. Lo miraba durante largas horas, atado a un árbol, expuesto a las inclemencias del clima para debilitarlo y doblegarlo. Pero cada intento que hacía por acercarse, terminaba con una patada en el estómago, la cara o una mordida dolorosa en el labio.
Todo se tornaba desesperante y por alguna razón, Loki no deseaba obligarlo a ceder. Quería que fuera el mismo Siegfried el que le rogara un poco de su atención.
Más ese fue un sueño que tardó en llegar.
Cuatro días después, llegaban al Sur. Podía sentir el clima, ligeramente, menos frío. Por momentos, lograban recibir un rayito de sol que les otorgaba un poquito de tibieza, comparada a la frialdad del Norte.
Llegado al hogar, Loki sintió como si la fuerza de su tierra madre lo llenaba de nuevos bríos y recuperaba su fuerza. Fuerza que necesitaría para continuar con su empresa.
Garm siguió intentándolo en los días consecutivos sin resultado alguno. Las semanas se convirtieron en meses. Los mese se convirtieron en dos años de estar intentando doblegar a su prisionero. Patadas, mordidas, arañazos, uno que otro botellazo y Siegfried no cedía.
Loki, al final, harto, vencido, cansado, humillado, y finalmente humillado por las palizas que Dubhe le daba, decide ya no intentarlo más.
Desapareció 10 días, tratando de olvidarse de su botín. Había pasado ya mucho tiempo y Siegfried, definitivamente, no iba a doblegarse para él.
Pero era su prisionero y, o lo mantenía esclavo, o tendría que matarlo.
Un día se levantó, temprano en la mañana, despertado por la maldita interrupción de su reloj biológico, que parecía negarle aunque sea un sueño húmedo con el prisionero. Todas las benditas mañanas era lo mismo. Ni consumaba su sueño, ni consumaba su deseo con Dubhe.
Tomó su espada, furioso, dispuesto a cortarle la cabeza y mancillar el cadáver con tal de saciarse, pensando en el método más drástico, pero al llegar a la habitación dispuesta a su prisionero, pateó la puerta entrando con la espada sujeta por sus dos manos, para ser recibido con los brazos de Siegfried y sus besos.
Loki, sorprendido por esto, soltó la espada, dejándola caer ruidosamente.
No preguntó dos veces, pero fue arrastrado hasta la cama dónde dormía su esclavo para hacerle recostarse sobre él. Besándolo con una intensidad, nunca antes vista.
Este no era el momento para las dudas. Tenía que actuar ahora o desperdiciara la oportunidad de poseerlo como lo deseaba.
Se separó del beso mientras se hincaba en la cama, usando sus manos para abrir el ropaje de Siegfried, para desnudarlo. Extrañamente, Dubhe no hizo nada por detenerlo e incluso su mirada perdida viéndolo, le hizo olvidar los motivos por los cuales, Siegfried no le había dejado llegar tan lejos.
Tan solo notó cómo se llevaba una mano a la cara y mordía su dedo meñique cuando le quitó sus pantalones. Descubriendo que no era mentira que Siegfried estuviera ardiendo. Estaba deseándolo fuertemente.
Loki pareció temblar al verlo y ponerse nervioso, pero se sacudió la cabeza. Nunca antes había dudado y no iba a empezar a hacerlo ahora.
Pasó sus manos por su sexo sin siquiera estimularlo un poco con caricias. No había tiempo que perder y lo sujetó con firmeza, oyendo el gemido profundo de Siegfried que arqueó levemente la columna, despegándose tan solo un poco de la cama.
Loki sonrió sin creer lo que estaba pasando. Al cabo de dos años y al fin pudo saber que clase de calor desprendía su cuerpo entre sus manos.
Se inclinó llevando el sexo de su prisionero a su boca sintiendo las manos de Dubhe sujetarle la cabeza y aferrarse a su cabello, gimiendo entre graves y agudos tonos que hacían eco en la enorme habitación.
Extendió sus manos por su vientre, a su pecho, acariciándolo con rudeza, dejándole sentir sus dedos callosos contra la sensibilidad de sus pezpnes, las cuales apretó con suavidad, mirándolo cerrar los ojos y abrir la boca mientras un gemido de placer escapaba de entre sus dientes.
El sabor de su sexo, aunque salado, no le fue desagradable. Parecía que lo incitaba más a seguir lamiéndole que a rechazarlo y más cuando sus labios se posaron en la suave y arrugada piel de sus testículos. Abrió la boca para succionarlos, mientras Siegfried tomaba sus manos y le indicaba cómo deseaba que lo tocara.
Entrelazó sus dedos con los suyos, siguiéndolo, hasta que el orgasmo le llegó a Dubhe, obligándolo a sentarse y apretar sus manos en su cabello.
Loki escupió el semen, pues el sabor le asustó de alguna manera. Pero al limpiarse los labios y relamerlos, se dio cuenta de que no le era asqueroso. No dudó en inclinarse y limpiar con su lengua cada rastro de semen que escurriera entre sus piernas.
Sintió las suaves caricias de Siegfried mientras hacía aquello, mientras le miraba con dulzura, cosa que a Loki le pareció aún más extraño.
Se separó de él, gateando en reversa, suavemente hasta bajar de la cama y abrió su camisa, descubriendo su pecho lleno de cicatrices, su vientre que mostraba heridas incluso alguna reciente de batallas. Espadazos y por ahí una herida de lanza que le atravesaba un costado.
Siegfried se aproximó, inclinándose ante él, colocando sus manos en su vientre mientras besaba su piel y mirándolo de vez en cuando estirando sus dedos por su pecho, acariciando sus cicatrices, deseándolo con la mirada, mientras Garm se quitaba el pantalón.
Siegfried apuró la prenda, jalándolo hasta bajárselo y miró fijamente el sexo erecto de Loki como si analizara al enemigo.
Se relamió los labios y se acercó para darle un beso en la punta y después lamerlo tímidamente.
Loki se inclinó un poco, acariciando la espalda de Siegfried que intentaba imitar lo que él le había hecho momentos atrás, dejando que sus manos recorrieran su espalda hasta su cadera.
Las manos de Loki se estiraron un poco más, sujetando los glúteos de Siegfried y los apretó fuerte. Una de sus manos se corrió más al centro, entre la carne y acarició la línea que los dividía con el dedo medio, subiendo y bajando hasta tocar la entrada.
Los gemidos de Siegfried se escucharon y soltó el sexo de Loki mientras él aprovechaba que le había liberado y lo llevaba de nuevo a la cama.
Se recostó sobre él, pasando sus manos por todo su cuerpo, besándolo con desespero, y el deseo reprimido que le volvía loco.
Cada sueño se le hacía más real y real y real y en todos despertaba en la mejor parte. Loki se preguntaba si despertaría ahora y rogó a los dioses que no fuera así.
Loki ya no se reprimió ningún gemido al sentir que su sexo se pegaba a la entrepierna de Siegfried mientras movía su cadera de manera insinuante.
Lo sujetó de un brazo, obligándolo a recostarse boca abajo para poder acomodarse sobre él, levantándole la cadera a la altura deseaba. Se metió el dedo medio a la boca, humedeciéndolo y penetrando a Siegfried con él, para disfrutar del concierto de gemidos que la potente voz de Dubhe, dejó escapar, descubriendo la pasión de su pronto amante en la cama. Un segundo dedo se unió al primero sintiéndole apretado, mientras Loki retenía un suspiro. Si despertaba ahora, mataría a alguien.
Sacó sus dedos, después de haberlo preparado y lo empujó para que se acostara más relajado. Lo hizo ponerse de lado para que él pudiera levantarle una pierna y penetrarle por detrás, empujando sin detenerse a pensar si lo lastimaría o no,
Eso, a Loki ya no le importaba. Dos años y era lo menos que Siegfried le debía.
El concierto duró más de veinte minutos, y Loki se negaba a descargar. Aún deseaba sentirse dentro de él.
Vio con satisfacción, como Siegfried se aferraba a las sábanas y mordía la almohada, hundiendo su cara para ahogar sus fuertes gemidos, mientras todo su cuerpo se sacudía por las fuertes embestidas que recibía.
Pronto, Loki sintió el orgasmo y fue el más maravilloso que jamás hubiera tenido. El cuerpo de Dubhe despertaba en él, muchas cosas y era ese conjunto de sensaciones que lo embrujaron sin poder evitarlo.
Cayó a su lado, satisfecho, jadeando como si su condición física no le fuera suficiente para resistir tanto deseo.
Después de un rato, recuperó el aliento mientras veía el cuerpo de Dubhe, recostado de lado, dándole la espalda y estudiando la curvatura de sus músculos, la forma tan sensual en la que su cadera descansaba ladeada por la posición. Su espalda amplia y blanca que se movía levemente al llenar sus pulmones de aire.
Loki se había quedado embelesado, mirando su figura.

—Siegfried.— Lo llamó, haciendo que el otro volteara para mirarlo.
Siegfried volteó para mirarle y parpadear lentamente mientras se recostaba boca arriba sin quitarle la mirada de encima.
—Porqué hasta ahora te entregaste a mí? — Los dedos de Loki se pasearon, rodeando la tetilla derecha de Siegfried logrando endurecerlo un poquito.

Siegfried miró al techo por un momento y suspiró mientras se volteaba más hacia él y lo rodeaba con sus brazos por el torso mientras Loki apoyaba su barbilla entre su cabello.

—Te ausentaste muchos días, tantos que perdí la cuenta. Al principio sentí alivio, luego pensé en ti y quise saber qué hacías. Pero no regresabas y empecé a preguntarme si ya habías muerto. Era divertido patearte. Al no verte regresar, me di cuenta de que te extrañaba, y te añoraba. Y cuando te vi atravesar la puerta, todo mi cuerpo se estremeció de manera que me sentí impulsado a besarte. Supongo que te extrañé. — Cerró los ojos y suspiró largamente mientras apretaba un poco más su abrazo.
—Me llevaste al límite, venía a matarte por ello. —
—¿Es eso cierto? — Levantó la cabeza. Sorprendido por lo que había escuchado.
—Si. Estaba harto de no verte ceder y me sorprendió mucho que me recibieras así.— Confesó mientras miraba sus ojos nuevamente. — Y al fin te hice el amor. ¡AL FIN! — Gritó sintiendo que tenía que hacerlo y de pronto, toda la habitación se llenó del sonido de aplausos y ovaciones que venían de la puerta que había dejado abierta al entrar, dejando que todos sus soldados vieran el espectáculo que su capitán estaba dando.

—¡Bola de hediondos! ¡Regresen a sus puestos! — Se oyeron los gritos de Loki mientras un puñal y la espada salían volando matando a más de uno, cosa que ocasionó una corrediza de pánico entre las filas de Asgard del Sur.