Chapter Text
—Amor… ¿Estás despierto? -.
Eran las 8 AM y el sol había salido hace varias horas, pero Chifuyu y Kazutora aún se encontraban bajo las sábanas de la cama que compartían juntos en el departamento que habían comprado hace unos meses para ambos.
—…eso parece -.
La mañana era cálida, y unos rayos del sol caían sobre ellos luego de atravesar el cristal de la ventana. Chifuyu pensó que parecía que el flequillo rubio en el cabello de su novio resplandecía, tratando de pelear por destacar entre tanta luminosidad.
Entrecerró un poco los ojos.
Eran las 8 AM, aún tenían tiempo.
. . .
Kazutora y Chifuyu llevaban saliendo la mayoría de sus 20s y dentro de nada cumplirían 5 años, pero lo más sorprendente es que parecieran seguir igual de enamorados que el primer día de la relación.
Eran un ejemplo a seguir en su comunidad, una buena pareja que parecía tomarse en serio el papel que cada uno debía jugar dentro de la sociedad, Kazutora siendo el alfa protector pero amable, que asume los límites de su omega y los proteje; Y Chifuyu, el omega que se daba a respetar y hacía saber su opinión.
Muchos alfas estaban dejando a sus omegas abandonados en éstos tiempos, ya sea luego de un caótico divorcio o simplemente una desaparición, lo que es malo, pero no sería tan malo de no ser porque aquellos omegas ya se encontraban marcados por ellos, una acción que los unía físicamente incluso si tomaban la consciente decisión de separarse.
Era por eso que no debías dejarte llevar por nadie en aquel mundo, Chifuyu lo sabía muy bien y era por eso que Kazutora, a pesar de todo éste tiempo, respetaba que no quisiera una de aquellas marcas, aún si se le hacía difícil controlarse luego de alguna de aquellas noches locas.
Era un alfa, sí, pero se negaba a ser un monstruo.
—Fuyu, cariño, ¿Le diste de comer a Peke J? -.
Era una de esas mañanas lentas en la tienda de mascotas que llevaban en el primer piso, y el pequeño minino de la pareja no dejaba de mirar al alfa con ojitos de abandono, como si no hubiera comido en semanas.
Pero siempre hacía eso, así que era mejor que preguntara antes de darle aún más.
—Sabes que siempre le doy de comer al levantarme… -.
Dijo el chico de intensos ojos celestes, mientras terminaba de apilar las grandes y pesadas bolsas de alimento para perros grandes y se giraba para comprender mejor la situación.
Recibió las miradas de su novio y el gatito sentado sobre el mostrador sonriendo, caminó hasta donde estaban para acariciar la cabecita del animalito.
—Peke J, no molestes a tu otro padre, ya está algo nervioso por el camión de juguetes que viene atrasado, ya podrás comer en el almuerzo otra vez~ -.
El mencionado rió, le hacía bastante gracia que le hablara a la pequeña pelusa como si fuera un niño humano.
También le hacía volver a enamorarse de él, al darse cuenta de que sería un excelente padre en un futuro no tan lejano, cuando se casaran y tuvieran una situación económica estable.
—Creo que el nervioso eres tú, Fuyu, normalmente duermes temprano pero estuviste horas mirando el estado del envío -.
Aclaró el chico tigre, con aires de no querer que un hecho falso arruinara su perfecta reputación, pero la broma terminó en cuanto el contrario le miró enfadado.
Que el envío estuviera tarde no era un chiste, no para Chifuyu.
Y de pronto, como cuando recuerdas por qué entraste en una habitación luego de olvidarlo, recordó una llamada que había recibido el día anterior, lo que lo sacó de sus pensamientos pues debía hablar de aquello con su pareja.
—Hablando de comidas, ayer recibí una llamada de mi mejor amigo del colegio, habrá una reunión de alumnos ésta tarde -.
Suspiró, por supuesto que le avisaría un día antes, Baji Keisuke sería el primero en olvidar un detalle como era ser el único que aún posee el número del chico tigre.
—¿De qué hora estamos hablando?, Aún debemos anotar el nuevo inventario y enviar nuevos mails de reestock, ¡Y ni hablar de los post en las redes sociales o la página web!, Tendríamos que hacer el doble para salir temprano… -.
Chifuyu miraba alrededor tratando de arreglar todo deshorden que encontrara en las repisas llenas de premios mientras hablaba, Kazutora se levantó del mostrador para tomar una de sus manos y hacer que se girara para juntar sus labios en un beso suave que intentaba callarlo.
—Me encargaré de las redes y los mails, ¿Puedes con el inventario y la página?, seguro que podremos salir una hora antes… -.
El chico del flequillo rubio sonrió traviesamente, con aquellos aires de confianza que siempre le gustaron al pelinegro, pero el mismo no se dejaría llevar tan facilmente sabiendo que los viernes eran sus días de mejores ventas.
Miró al contrario con algo de severidad, aunque comprendía que era algo importante para él.
—Vamos amor, no nos quedaremos sin comer por una hora menos -.
Kazutora había cambiado la estrategia a los ojitos de cachorro, sabiendo que sería el último empujón que se necesitaría para convencer a su querido novio de que ambos debían ir.
El contrario suspiró, derrotado.
—Está bien, está bien, iremos juntos, pero de alguna manera vas a devolverle aquella hora al negocio, no creas que lo dejaré pasar -.
Sería lo último que escucharía el chico tigre sobre su pareja en aquellos momentos, por lo que procedió a dejar que terminara de ordenar para poder abrir a la hora que debían, las 11 AM.
Tenía dos tareas aquel día, y no iba a decepcionar a su amorcito.
. . .
Aquella tarde, como Chifuyu lo había predicho, fue bastante pesada.
Mucha gente iba y venía, muchas mascotas buscando juguetes nuevos o dueños venían por remedios o comida y aunque aquello era lo normal, si la tienda se llenaba por completo quieras que no se vuelve algo bastante estresante; atender a todo el mundo, observar las cámaras en caso de que alguien crea que pasa desapercibido robando una cama para perros de dos metros y mantener todo en su lugar para que acomodarlo no sea una tarea titánica la mañana siguiente.
El calor de los primeros días de verano también era algo a tomar en cuenta. Claro que tenían un ventilador, varios de ellos en realidad, a lo largo de toda la tienda, pero con mucha gente dentro de aquel espacio rápidamente perdían efectividad, y tampoco es que pudieran ponerlos tan fuertes pues en el minuto en el que salieran para realizar cualquier tarea podían enfermar por el cambio de temperatura y ninguno de los dos podía permitirse vacaciones adelantadas.
—¡Bien, todo listo!, Voy a prepararme para la comida, amor -.
Kazutora rió, girando el cartel de la puerta de entrada de “abierto” a “cerrado”.
—No tan rápido, Tora -.
El contrario tomó uno de sus brazos fuertemente para impedir que el chico tigre pudiera escapar hacia el cuarto que compartían. El mencionado transformó rápidamente su sonrisa en un puchero como si fuese un niño pequeño a quién sus padres regañaron severa e injustamente.
—¿Enviaste todos los mails que dijiste que enviarías?, Hasta ahora no he visto movimiento en la página luego del restock, así que me huele extraño -.
Claro que aquella tienda era de ambos, pero era más que obvio que éste era el sueño de toda la vida del pelinegro y no quería perderlo, ahora que lo tenía en sus manos.
Kazutora comprendía aquello y lo apoyaba, era por eso que era la segunda mitad del negocio y trabajaba junto a él, pero aún así era bastante complejo cuando su pareja se ponía exigente de aquel modo.
—Cariño, ¿Debo recordarte la última vez que ésto sucedió?, todo está bien, vamos a pasarla bien, ¿Sí? -.
Su tono de voz ya no era gracioso, si no amable y paciente, dos cosas que no mucha gente esperaba de él, pero eran especialmente entregadas a su pareja.
Sí que sabía ser maduro en situaciones importantes y ésta era una de ellas.
El chico de los ojos celestes intenso suspiró, cerrándolos por unos pocos momentos.
—Tienes razón, es verdad, pensar tanto en la situación tampoco la hará mejor mágicamente -.
Le dedicó una sonrisa a su niño tigre, y tomados de la mano apagaron las luces de la tienda una hora antes, como habían acordado, para ir a prepararse para la cena.
. . .
–¿Debería ponerme la corbata roja o la azul?... -.
Chifuyu se preguntó a si mismo, mientras se miraba al espejo del baño.
No traía puesto nada especial, solo su traje blanco con una camisa negra debajo, y por eso mismo pensaba en animarlo con un toque de color.
Solía usar aquel traje sin corbata para reuniones, porque a pesar de todo, sentía que eran momentos donde tenía mucha confianza, pero sabía que no la tendría en aquella cena y quería dar una buena impresión a los ex-compañeros de su novio.
–Estás pensando de más otra vez, así como estás te ves perfecto -.
Kazutora se asomó detrás de la puerta, habiendo escuchado su pequeño dilema, pero luego de dedicarle una sonrisa comprensiva volvió a desaparecer.
Claro que pensaba de más, siempre lo hacía, era algo que no podía evitar, pero, ¿No era más favorable que pensara en una corbata en lugar de que toda su vida colapsaría si tomaba una sola mala decisión porque realmente no merecía todo lo bueno que le ocurría y nadie realmente lo respetaba por ser un omega?
Seguro que sí.
