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Al escuchar un enorme ruido, Christopher hizo un gesto de molestia, levantó la mirada y se preguntó por enésima vez qué lo poseyó para contratar a ese torpe, desagradable, irritable, molesto, inmaduro y poco experimentado asistente.
Respiró profundamente para calmar su irritación y alzó la voz para preguntar: —¿Estás bien, Hyunjin?
—Sí —respondió una voz distorsionada. Incluso a distancia, Christopher podía notar que el chico estaba irritado y molesto.
—¿Qué sucedió esta vez? — preguntó.
Changbin dejó de contener la risa desde el taburete en el que se encontró mientras observaba cómo Christopher preparaba todo para la sesión fotográfica.
—No se ha roto nada —respondió, con la voz a la defensiva.
—Quiero que todo esté limpio antes de que llegue ahí —le obviamente Chris antes de murmurar, —así me salvarás de sufrir un ataque al corazón.
La respuesta fue indescifrable, pero el tono resentido era claro.
—¿Por qué tengo que aguantar esto? —suspiró Christopher.
—¿Por qué lo haces? — preguntó Changbin riendo. Estaba seguro de saber la respuesta, después de todo, el inútil asistente era el hombre más bello que Chris había contratado. Al parecer sus asistentes nunca duraban mucho, pero Changbin estaba seguro de que todos ellos tenían otras “habilidades” además de la fotografía.
—Era el mejor de todos los que se manifestaron después de que Felix se marchara —gruñó Christopher, enfocando su mirada en la lente de la cámara.
La sesión de hoy era de objetos inanimados, pero Chris había logrado sorprender a Changbin. Actualmente no había mejor fotógrafo en Londres que Christopher Wolfe, podía hacer el objeto más simple algo atractivo y exquisito.
Le tomó mucho tiempo e influencia de su amistad que Changbin pudiera convencer a Chris de que fotografiara su catálogo. Christopher tenía la nacionalidad australiana, ya pesar de que su padre era francés y su madre italiana, él era bastante cosmopolita. Él y sus padres habían vivido por todo el mundo antes de que él decidiera, ya siendo adulto, instalarse en Corea del Sur.
Sin embargo, cuando uno de sus trabajos fue tomado por la Corte Suprema de Corea del Sur como un ejemplo de indecencia, siendo más tarde desestimado al catalogarse como libertad de expresión, se sintió más cómodo trabajando en Europa.
Le gustaba decir que, aunque la Corte Suprema hubiera estado de su lado, los Corea era un país muy joven para apreciar lo erótico. Preferirían los sentimientos a la belleza. Calendarios cursis con pequeñas cabañas cubiertas de hiedras y floreros rebosantes o peores, bebés con disfraces de incluso animales, eran todo lo que algunos americanos se merecían, según Christopher
Fue recibido con los brazos abiertos en Londres, el muy publicitado caso de la Corte lo había convertido en una celebridad instantánea. Aunque odiaba ser reconocido, apreciaba el hecho de que atraía la atención de los coleccionistas, como era el caso de Changbin.
Trabajaba casi exclusivamente en el área de su interés y creaba bellas representaciones eróticas, podía fotografiar un desnudo con toda la delicadeza de una extraña orquídea y usar el mismo modelo para producir una imagen con un poder sexual gráfico tan intenso que incluso hacía dudar a las mentes de los hombres que jamás consideraron un cuerpo masculino como algo sexualmente atractivo. Cosa que divertía a Chris muchísimo.
Seo Changbin era un empresario de juguetes eróticos de alta calidad y un admirador del arte; también era buen conocedor de lo erótico. Había comprado varias piezas del trabajo de Christopher Wolfe y gracias a su ingenio había logrado conocer al artista durante una exposición en una galería.
Reconociendo sus intereses mutuos, pronto se hicieron amigos. A Changbin no le apenaba acosar a Chris para que fotografiara varios de sus artículos para la venta y cuando notó los resultados, siguió presionando al artista hasta que este prefirió fotografiar su catálogo entero.
Changbin ya sabía que su catálogo se convertiría en un objeto de colección, pues Christopher podía tomar artículos ordinarios como las esposas y crear una escena simple pero elegante. Iluminó el metal, que brilló logrando una seductora promesa que sabía que ningún sumiso sería capaz de resistir. Apenas podía esperar para ver lo que Chris haría con el látigo.
Christopher caminó hacia adelante ajustando el ángulo de una de las esposas, se colocó un par de guantes de cuero negros para cerciorarse de no dejar huellas dactilares o polvo en la superficie reluciente.
La entrepierna de Changbin se aguantó mientras miraba las seguras manos del fotógrafo acariciando el metal. La primera vez que Chris levantó un látigo en la oficina de Changbin y pasó el cuero entrelazado por sus dedos, este reconoció a un compañero dominante. No tenía el deseo de sentir el látigo en su persona, aunque encontré al fotógrafo extremadamente atractivo, pero deseaba ver a Chris en acción, con un delgado sumiso frente a él, rindiéndose al delicioso castigo que estaba seguro que Chris podría darle.
Christopher volvió a situarse detrás de la cámara, no obstante, desconocía por completo los pensamientos del otro hombre mientras fotografiaba. Estaba un tanto complacido con el resultado, no estaba seguro de si era lo mejor que podía hacer, pero al menos estaba llegando a ese punto.
—No sé por qué me convenciste para hacer esto —gruñó Chris, moviendo su larga cabellera hacia atrás mientras miraba a través de la lente. —Mi trabajo es por lo menos dos veces más caro que el de un fotógrafo normal y tres veces más lento.
—Cuatro veces más lento y cinco veces más caro —dijo Changbin emocionado, frotándose las manos. —Lo he planeado todo Chan, pero los costos están de mi lado.
No podía mirar al fotógrafo a la cara, estaba escondido detrás de una cortina de cabello brillante, aunque no estaba seguro de qué era lo que buscaba. Si era honesto, podía admitir que Christopher tenía un hermoso cuerpo, amplios hombros, cintura delgada y un delicioso trasero.
Changbin sabía que si lo tenía en su poder, jamás alejaría sus manos de él y un hombre podía soñar, ¿no? Aunque el encanto de la sumisión de un hombre no sería comprendido por Chris. Changbin se sintió atraído por él. Lo que lo contenía, era el hecho de no saber si terminaría el encuentro con su trasero en el aire, esperando ya fuera el beso del látigo o lo que parecía ser un pene impresionante, si podía guiarse por el bulto de los pantalones de Chris.
—¿Cómo es que esto es algo bueno? — preguntó Christopher, exasperado por su lentitud. Sus estándares eran increíblemente eficientes, pero por lo general no tenía un cliente sobre su hombro. De todas maneras continuaron trabajando hasta estar satisfechos.
—No solo las personas que pertenecen a este estilo de vida luchando por ponerle las manos encima a este catálogo, sino que también pagarán para conseguirlo —dijo Changbin. —Y comprarán. Esas esposas han sido el sello de mi línea durante más de cinco años e incluso ahora la boca se me hace agua con solo verlas. Las compraría justo ahora, si tuviera a alguien con quien usarlas.
Christopher se carcajeó.
—Seguramente tienes a alguien esperando por ti... gentiles caricias. —Sus ojos se movieron insolentemente sobre el cuerpo de Changbin.
El hombre con el cabello de color castaño tembló al recibir el intenso escrutinio de un macho alfa, pero la sonrisa que se dibujó en sus labios no cambió. Changbin era lo suficientemente experimentado como para no bajar la guardia.
—No puedo imaginarme que no hayas... ejem... probado estos artículos con detenimiento antes de ofrecerlos a tus clientes.
Changbin sonrió, sus dientes blancos brillaron bajo las luces.
—Sé para qué se usa cada uno, así es.
—Apuesto a que sí. —Christopher sonrió y luego volvió a tener en su toma. Era perfectamente consciente de que Changbin era un jugador entusiasta y no un simple comerciante que vendía juguetes. No era que Chris no jugara también, sino que se había cansado de los sumisos demandantes que se portaban mal para ganarse cualquier castigo que desearan. Había decidido que estar sin nadie era mejor que tener la vida medio célibe que había experimentado en estos cinco años desde que vino a vivir a Londres. Era irónico que un hombre con su trabajo viviera así. Una ironía que apreciaba en su totalidad, se había convencido de que era mejor una gratificación pura, que provenía de la estimulación visual que le daban sus modelos. En ese momento, Hyunjin abrió la puerta haciendo que la luz penetrara justo cuando Chris había presionado el obturador.
—Por la gran puta, Hyunjin, ¿acaso no puedes recordar que tienes que llamar a la puerta? —dijo Christopher enfurecido sin levantar la mirada.
Hyunjin inmediatamente cerró la puerta, furioso por ser reprendido cuando las luces del estudio estaban encendidas, antes de entrar revisó que así fuera, pero no iba a mencionarlo.
—Solo quería saber si quería su té ahora — preguntó irritado.
Changbin miró con interés cómo los ojos oscuros del chico se movían entre el fotógrafo y las brillantes esposas expuestas como si fuera una pieza de joyería sobre suaves plumas negras.
—Apaga las luces, Hyunjin.
Arrastrando los pies, el alto y delgado joven caminó hacia el interruptor y se agachó para presionar el botón. Después de un clic la habitación se tornó oscura. En ese momento la tensión erótica de la habitación resonó en los oídos de Changbin. Todo estaba en silencio, ninguno de ellos se movió en la oscuridad, pero se podía sentir que al menos uno de ellos en verdad lo deseaba.
Después el flash de la cámara de Christopher llenó la oscuridad con una serie de sonidos suaves. El fotógrafo hizo varias tomas, o una horquillado, Changbin grabó que así lo llamaban.
—Muy bien, Hyunjin. Las luces —ordenó Christopher cortantemente.
Escuchó otro clic y las luces volvieron a encenderse. Changbin continuó mirando en dirección a Hyunjin para evitar ser cegado por las luces, así que estuvo en la posición perfecta para observar la mirada cálida e intensa en los ojos del chico mientras respiraba mirando fijamente a las esposas, antes de que su expresión regresara a la normalidad.
Changbin volvió a mirar a Chris y lo encontró trabajando con su cámara. Finalmente se levantó.
—Creo que eso es todo por hoy —dijo con un tono de voz lleno de satisfacción.
—Explícame otra vez, ¿por qué estabas fotografiando en la oscuridad? —Preguntó Changbin.
—Usé un filtro de estrella —dijo Christopher. Sus líneas de expresión se resaltaron mientras sonreía y movía una mano para apartar un mechón de su cara.
—Haremos que estas viejas esposas de policía brillen como diamantes. —De repente, pareció notar que Hyunjin estaba en cuclillas frente a su mochila. —¿Por qué estás ahí? —Demandó saber cortantemente.
—Vine a preguntar si quería su té, ¿de acuerdo? —La voz ronca era suave, pero reflejaba claramente la insolencia de Hyunjin.
—Entonces ve a hervirlo, comprarlo o lo que sea que hagas para conseguirlo —dijo Christopher perdiendo interés.
—¿Qué le gustaría con su té, Sr...? —Hyunjin le preguntó a Changbin con una pizca de amabilidad.
—Seo —respondió Changbin amistosamente, aunque ya iban más de dos veces que le decía su nombre a Hyunjin. —Tengo antojo de algo dulce, quizás un Petit Suisse o una napolitana y ¡cómprame un café grande descafeinado con leche, canela, y crema batida baja en calorías!
Antes de marcharse de la habitación, Hyunjin murmuró: —¿De verdad cree que eso ayudará?
Chris, que estaba parado con las manos en la cintura mirando a las esposas como si resultara un modelo caprichoso que se negara a posar para él, rió al escuchar la respuesta insolente de Hyunjin.
—Horrendos pantalones holgados —murmuró Changbin fastidiosamente, mientras miraba a Hyunjin partir. Si él fuera el encargado de la ropa del joven, le hubiera puesto algo ajustado y que resaltara su figura, dependiendo de la clase de trasero que tuviera. Parecía estar bien proporcionado, pero esos pantalones eran demasiado engañosos y Changbin conocía bien el tema. El último asistente de Chris, Felix, era un tanto delgado y pecoso, ni siquiera le gustaba jugar.
-¿Que Paso? —Christopher preguntó distraídamente.
—Le pedí a tu chico que me trajera algo dulce —dijo Changbin riendo para sus adentros por las palabras que había utilizado. Efectivamente, Chris entendió su significado y Changbin sonrió. —Parece que no le agradó.
—Eso es porque por lo general no le pido que vaya a comprar pasteles para el té. Espero que haya ido por dinero, ya la pastelería de esta calle —respondió Chris resignado. —Bueno, acompañame. El joven lerdo seguramente ha puesto la tetera en el fuego sin agua o se le habrá olvidado por completo. Será mejor que vaya a revisar.
Changbin se bajó del taburete, siguió a Christopher fuera del estudio hacia el área de la cocina, sus ojos brillaron llenos de curiosidad. Algo estaba cocinándose allí y no era el té, estaba interesado en ver cuál sería el desenlace.
