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Summary:

Es muy tarde y Marcos está cansado, borracho y definitivamente no está celoso.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Marcos no era celoso. Claro que no. Pensarlo era absurdo. No le cabía duda de que Agustín estaba interesado en él. Aquel hombre era un libro abierto. Bueno, no realmente... pero Marcos no era estúpido.

Marcos podía sentir la sinceridad del interés de Agustín cuando se besaban. Lo único que habían hecho fue besarse, pero lo de Agustín no era "sólo" besarse. El hombre podía expresar tanta emoción hasta en el más mínimo roce de sus labios. Marcos sentía el deseo desmedido que hervía bajo la piel de Agustín cada vez que se encontraban solos con minutos para descansar.

No, no había duda de que Agustín lo deseaba, de que tenía antojo por él.

Por eso no era celoso. Ver a Agustín riéndose, sonrojándose y colgándose del brazo de Nacho no le molestaba lo más mínimo. Tampoco el hecho de que durante toda la noche Agustín hubiera mantenido su distancia, siempre al otro lado de la mesa o con varias personas entre ellos. Tampoco le molestó que la única interacción que había tenido con Agustín en toda la noche fueran algunas miradas coquetas que siempre acababan con Agustín mirando hacia otro lado como si estuviera avergonzado.

Eso se dijo Marcos mientras se servía otra copa. Ya había bebido mucho más de lo normal. Para ser honestos, lo "normal" sería que se quedara en casa sentado porque no tenía ningún interés en salir hasta tarde a beber con sus compañeros de trabajo. La resaca no valía la pena.

Pero Agustín lo convenció de que sería divertido y, prácticamente, lo fue. Mejor de lo que esperaba. Este grupo era diferente. Estaban más unidos y no sentía los nervios que solía sentir en este tipo de encuentros. En verdad era agradable.

Excepto la parte en la que Agustín le susurraba a Nacho al oído, con el brazo alrededor de los hombros del rubio y sus cachetes enrojecidos.

Marcos bebió un trago, con los ojos clavados en cada zona en la que Agustín tocaba a Nacho. Su mirada debió de ser muy poco sutil, porque Agustín paró su cuchicheo para mirarlo. Cuando sus miradas se cruzaron, Agustín se enrojeció aún más, apartando a Nacho y sonriendo ebriamente a Marcos.

Marcos apartó la mirada y se le revolvió el estómago. ¿Qué significaba eso? ¿Agustín estaba jugando con él? No. Aquella idea era ridícula, resultado de haber dormido poco y haber bebido demasiado. Agustín no jugaba. Sólo estaba siendo amable, como siempre.

Marcos se frotó la cara. Sentía un hormigueo y los párpados se le caían incluso cuando intentaba concentrarse.

"Tendrías que irte a tu casa". Juliana le puso una mano en el brazo. "No te sientas mal por irte antes. Yo ya me voy. No quiero que mi mamá se quede despierta hasta muy tarde. Le juré que esta vez no me perdería la novela".

Se frotó sus ojos cansados y asintió. "Casa. Qué buena idea".

Juliana sonrió y usó el hombro del salteño para ponerse en pie antes de tenderle la mano y ayudarlo a levantarse.

Caminaron hacia la puerta, que estaba mucho más lejos de lo que Marcos recordaba cuando entraron. Y el piso era mucho más resbaladizo.

Volteó para ver a Nacho y Agustín solo para descubrir que Nacho estaba solo, coqueteando con el joven que había pasado toda la noche con cara de aburrimiento, posiblemente por estar bajo la mira de cierta fémina ya noqueada por el alcohol. Había una media sonrisa en la cara de éste personaje mientras analizaba si Nacho sería capaz de aceptar la invitación a su departamento que tanto había estado planeando.

Una mano se posó en la cintura de Marcos y el pecho de Agustín se apretó contra su espalda. "¿Te vas a casa?"

El cuerpo cansado de Marcos se llenó de estática mientras su cara, ya sonrojada, se calentaba aún más. "¿Vo' también?"

Agustín asintió. "¿Puedo ir con vos?".

Marcos tragó saliva y miró a Juliana. Ella les sonrió a los dos, su sonrisa brillando en el oscuro restaurante.

¿Lo sabía? Marcos no le había contado a nadie lo de su relación. ¿Lo había hecho Agustín? Dios, ¿lo sabía todo el mundo? Se le revolvió el estómago al pensarlo.

"Voy a pedirles un taxi", dijo Juliana, y Marcos se dio cuenta de que no había respondido a la pregunta de Agustín.

"Sí", dijo demasiado tarde, "quédate conmigo".

Agustín rió y se acercó más. Su mano se apoyó en la cadera de Marcos mientras éste dejaba escapar una respiración agitada.

Dios, algo le pasaba. Marcos lo sabía. ¿Estaba tan borracho que no podía acordarse de lo que había hecho para molestar a Agustín? O a lo mejor no había hecho nada, podía ser otra cosa. El cerebro ebrio de Marcos daba vueltas mientras el cálido y firme peso de Agustín lo recorría.

"¿Todo bien?" preguntó Marcos en voz baja.

"Tengo muchas ganas de estar en tu cama", susurró Agustín tan cerca del oído de Marcos que éste sintió que los dientes le rozaban el lóbulo.

Marcos también quería estar en su cama. Estaba a punto de dormirse parado.

"Ya". Dijo cuando el taxi frenó frente a ellos.

 




Marcos cayó rendido en la cama. Estaba demasiado borracho y cansado para quitarse la ropa.

Agustín no tuvo el mismo problema. Se quedó en calzoncillos en cuanto entró a la pieza.

No era la primera vez que Marcos veía a Agustín casi desnudo, pero el alcohol le revolvía el estómago y le aceleraba el corazón.

Dios, Agustín estaba muy bueno. Demasiado bueno para un enano. Demasiado bueno para estar en esta pieza mirando así a Marcos.

Agustín se acercó a la cama, con su típica sonrisa cándida torcida por el hambre. Casi parecía un depredador acechando a su presa. En sus ojos ardía un fuego ardiente que hizo que Marcos también tuviera hambre. Hambre de ser atrapado y ver lo que Agustín le haría.

A Marcos le pesaban demasiado los párpados como para tenerlos abiertos mientras Agustín se metía en la cama a su lado.

"No podes dormir así", ronroneó Agustín, tironeando de la corbata de Marcos, "Se te va a arrugar el traje".

"No me voy a mover. Desnúdame vo'". balbuceó Marcos. 

"¡Sí, señor!" Las manos de Agustín temblaban mientras deshacía la corbata de Marcos y le desabrochaba la camisa. Marcos se quedó tumbado hasta que Agustín le tiró de la tela.

Marcos arqueó la espalda para que fuera más fácil quitársela y a Agustín se le cortó la respiración. El salteño boqueó cuando la boca de Agustín le presionó el abdomen expuesto. La mano de Agustín se metió debajo de él, apoyándose en la parte baja de su espalda.

Marcos asió el pelo de Agustín mientras el hombre le besaba el pecho, desplazando la camisa al seguir. Todavía no podía abrir los ojos y estaba tan cansado que apenas podía articular palabra, pero le encantaba la sensación de las manos y la boca de Agustín, y no quería que parase.

Cuando Agustín le quitó la camisa del todo, Marcos se dejó caer de nuevo sobre el colchón, sin fuerzas.

Agustín se sentó a su lado, con el aliento ardiente sobre la cara de Marcos, y le dijo: "Estás cansado. Si querés dormir, la termino".

Parecía que no quería parar, pero lo haría sin dudarlo si Marcos se lo pedía.

Marcos no sabía lo que quería. No quería que Agustín dejara de tocarlo así, pero su cuerpo le pesaba demasiado como para devolverle la atención.

"Podes hacerme cosas", murmuró, "pero lo único que puedo hacer ahora es estar acá tirado".

No estaba seguro de qué reacción esperaba de eso, pero no fue la que tuvo. Agustín dejó escapar un gemido bajo y profundo. Besó a Marcos suavemente. Mejor dicho, apenas mordisqueó los labios de Marcos, pero se sintió como un placer apenas contenido.

"Quiero hacerte cosas", susurró Agustín mientras desabrochaba el cinturón de Marcos. Él tuvo que levantarse de Marcos para quitarle los pantalones. Cuando volvió a la cama, se acomodó entre las piernas de Marcos, su panza presionando el colchón mientras besaba el interior de los muslos de Marcos.

"Toda la noche pensando en hacerte cosas". Agustín pasó un dedo por debajo del miembro de Marcos. Todavía estaba blanda, entendible, estaba demasiado tomado, igualmente ese pequeño toque lo hizo estremecerse.

"¿Qué?"

El mundo giraba mientras la boca de Agustín se cerraba sobre el pene de Marcos, que ardía empapado.

Era el paraíso, pero sólo por un momento, porque Agustín se apartó para hablar.

"Tenía que haberte avisado, me pongo muy caliente cuando estoy chupado". Agustín acarició la verga de Marcos, con toda su atención puesta en el miembro, aún blando en su mayor parte. "Tuve que sentarme bien lejos de vos porque si no, no te hubiera sacado las manos de encima. Nacho tuvo que oírme delirar sobre las ganas que tenía de arrastrarte al baño toda la noche".

Los pulmones de Marcos sufrían por respirar mientras toda la noche se reorganizaba en su cabeza. Todo el rato que había observado a Agustín desde lejos como un perrito enamorado, su enano no lo estaba ignorando. Tan sólo se estaba conteniendo.

Marcos se sintió estúpido, pero no tuvo tiempo de pensar en su vergüenza porque la boca de Agustín estaba otra vez en su miembro.

Un hormigueo recorrió el cuerpo de Marcos mientras Agustín jugaba con él, sus manos y su boca conseguían sobreponerse al alcohol hasta que se le puso dura, desesperada por venirse.

"Me imaginaba a la primera vez que te hacía venir como algo más romántico y menos así", dijo Agustín, acariciando el pene de Marcos entre sus dedos. "Debería dejarte así para que pueda hacer—"

"¡No!"

Marcos deseaba a Agustín en ese momento más de lo que había deseado a nadie en su vida. Quería experimentar todo lo que Agustín podía hacerle y lo quería todo a la vez.

La sonrisa de Agustín brillaba en la oscuridad. Sus ojos se oscurecieron cuando los clavó en los de Marcos y, lenta y cuidadosamente, recorrió con su lengua la erección de Marcos desde la base hasta la punta.

Marcos gemía y se agarraba a las sábanas, aunque lo que quería agarrar era el pelo de Agustín.

Cuando su lengua llegó al final del miembro, Agustín se lo metió en la boca, rodeando la cabeza con los labios. Chupó suavemente y Marcos se la metió en la boca, demasiado impaciente para seguir esperando.

Agustín gimió y la recibió sin problemas. Lo disfrutaba. Marcos tenía la impresión de que a Agustín le gustaba duro. Sería difícil darle lo que quería. A Marcos no le gustaba ser duro con nadie y mucho menos con Agustín. Pero tal vez podría hacerlo por Agustín. Valdría la pena ver disfrutar a Agustín.

Marcos cerró los ojos y pensó en someter a Agustín, en ponerlo tan nervioso como para que perdiera el control. Tal vez lo suficiente como para que fuera Agustín el que suplicara impotente y no al revés.

La fantasía apenas se formó en la mente de Marcos antes de venirse. Agustín gimió, con la boca aún pegada a la pija del salteño.

El placer era intenso y lo consumía todo, pero duró poco. La sensación se desvaneció y se llevó consigo toda la energía de Marcos. Se habría dormido en el acto si Agustín no se hubiera echado encima de él.

"Tengo tantas ganas de cogerte", susurró Agustín con voz ronca mientras besaba el cuello de Marcos. Todo su cuerpo estaba tenso, irradiando un ardiente deseo mientras su mano recorría el cuerpo de Marcos.

"Hoy no", murmuró Marcos. Estaba demasiado cansado. En su mente adormecida por el sueño hormigueaban los nervios de que a Agustín le molestara el rechazo. Él ya le había dicho que no iba a devolverle el favor, pero el hombre que tenía encima parecía estar a punto de explotar de lo excitado que estaba.

Agustín rugió en lo más profundo de su garganta. No fue un sonido de rabia o decepción, sino de entusiasmo. "Qué ganas", suspiró Agustín con una risita suave.

El calor de Agustín se esfumó cuando el platense se levantó de la cama. "Estoy demasiado caliente para irme a dormir", dijo, "voy al baño un rato y vuelvo".

"¡Agu'!" Marcos se levantó en dirección a Agustín. Su mano sólo atrapó aire, pero Agustín se quedó donde estaba.

El cerebro borracho y somnoliento de Marcos dio vueltas mientras volvía a dar un manotazo en dirección a Agustín, fallando por segunda vez. "Pode' hacerlo en frente mío", dijo Marcos agradecido por el alcohol en su sistema. Así podía hacer propuestas totalmente descaradas.

Agustín aspiró por la nariz y volvió a meterse en la cama, acomodándose contra el costado de Marcos. "¿Queres ver cómo me toco?"

Marcos tragó saliva y asintió en la oscuridad.

Agustín soltó una risa mientras se bajaba los boxers lo suficiente como para que su erección quedara al descubierto. Le rebotó contra la panza, caliente y palpitante.

Marcos la sintió contra su costado y se mordió el labio. Quería ayudar, pero apenas podía abrir los ojos, y mucho menos levantar la mano.

Agustín puso una mano en su pito, subiendo y bajando lentamente. Sus nudillos rozaban a Marcos. Sus caderas se movían al compás del movimiento. Sus ojos se clavaban en Marcos mientras se tocaba.

Marcos apenas podía respirar. Su necesidad de dormir se vio superada por la necesidad de ver a Agustín masturbarse.

"¿En qué estás pensando?" preguntó Marcos en voz baja, muy consciente de que la atención de Agustín estaba totalmente fija en su cara.

Agustín sonrió feliz. "Estoy pensando en cogerte".

Marcos ardió al darse cuenta del desastre que estaba hecho Agustín. Sonrojado, atontado y desesperado. Así de desastroso y todo para él.

"Decime cómo me vas a coger".

Su cara estaba tan caliente que temía prenderle fuego a la funda de la almohada mientras las caderas de Agustín se mecían al compás de su mano. Marcos no podía evitar sentir que el alcohol lo había convertido en alguien irreconocible. Nunca sería tan atrevido sobrio.

"La primera vez que te coja va a ser simple, el misionero", contestó Agustín sin dudarlo ni avergonzarse. "Lento y suave. Voy a dedicarte tiempo para que disfrutes. Y te voy a mirar a los ojos cuando haga que te vengas. Quiero ver tu cara mientras te desvirgo".

A Marcos se le hizo un nudo en la garganta y asintió.

Agustín no había terminado de hablar.

"La próxima te voy a poner boca abajo y te voy a culear por atrás. Y voy a ir rápido pero suave porque no quiero saturarte. Tengo que saber cuánto podes aguantar para ir al límite sin lastimarte".

El pene de Marcos se estremeció. Se lo imaginaba y lo deseaba. Esta noche no, todavía no. Aunque lo intentasen sería un desastre.

"Y la próxima", siguió Agustín, "te voy a tumbar y te voy a romper el orto. Con fuerza, pero sin pausa".

Agustín tenía los ojos en blanco y la respiración entrecortada. Pero seguía.

"Y después de todo eso, cuando haya tanteado tus límites y descubierto qué es lo que más te gusta... te voy a coger duro, rápido y fuerte en cualquier posición que te haga gritar más".

Un gemido salió de la garganta de Marcos. Agustín temblaba mientras besaba a Marcos como si esos labios fueran lo único que lo sostenía en este mundo.

Se controló, pero a duras penas. Agustín se estremeció cuando sus labios se rozaron, con las bocas abiertas pero sin unirse todavía.

"Quiero que me hagas gritar", dijo Marcos, sintiendo un nudo en la garganta. Era algo que nunca admitiría en voz alta estando sobrio, pero su lengua estaba demasiado suelta para contenerla.

Agustín cerró los ojos y su cuerpo se tensó mientras eyaculaba. Marcos se obligó a mantener los ojos abiertos para poder ver cada segundo del orgasmo de Agustín. Se empapó de los emocionantes sonidos y de las sacudidas de las caderas de Agustín.

Al igual que a Marcos, el cansancio post-orgasmo le vino a Agustín como un tiro. En su torpe esfuerzo por limpiarse, Agustín se quedó sin fuerzas y empezó a roncar suavemente casi en cuanto se le cerraron los ojos.

La cara de Marcos seguía ardiendo mientras terminaba de limpiarlo. La tenía dura de nuevo, pero estaba demasiado cansado para hacer algo. Cuando se aseguró de que Agustín no se despertaría hecho una mugre, tapó a los dos con las sábanas y se acurrucó contra él.

Las promesas que Agustín había hecho ardían en la mente de Marcos mientras se dejaba llevar por el sueño. Pronto. Pronto dejaría que Agustín le hiciera todas esas cosas.

Notes:

¡Otra contribución a la Margus Week! Simplemente estoy feliz de que Agustín siga en la casa :)
Todavía no se me ocurre ningún escenario para escribir dentro de la casa, así que hasta entonces será todo puro AU.
La verdad que cualquier tipo de comentario que podía hacer se me fue de la mente, son las 5 de la mañana y solo quiero subir esto de una vez jaja.