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except because I love you

Summary:

“No puedes—” comienza a decir Grantaire, y luego inspira profundo como si necesitara calmarse. Enjolras espera que funcione. “¡No puedes follarme hasta que te quiera!”
Enjolras torna su vista al suelo.
“Oh.” Dice, su pecho encogiéndose.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Observa por el rabillo de su ojo como Grantaire estalla en carcajadas por algo que Feuilly dice, ve como se ríe tan fuerte que tiene que apoyarse en Feuilly y resuella, y piensa en cómo Grantaire nunca ha hecho eso con él. A veces hace reír a Grantaire, pero nunca así, nunca en la manera en que Grantaire está positivamente lleno de alegría en este momento.

Enjolras se conoce lo suficientemente a sí mismo como para reconocer el dolor en su pecho como celos, y se forza a mirar a otro lado. 

Grantaire no le pertenece. Grantaire puede reírse con quien le venga en gana. No necesita el permiso de Enjolras para reír. Enjolras ni siquiera es su novio. 

Logra pasar cinco minutos sin lanzar miradas furtivas hacia Grantaire, pero eventualmente vuelve a ello cuando le escucha reír de nuevo. No es su culpa, Grantaire tiene una risa muy agradable.

Así es como funciona con Grantaire:

Grantaire va a las reuniones, Enjolras da un discurso, Grantaire le pulla en los puntos débiles, Enjolras pica el anzuelo y comienza una discusión,Grantaire eventualmente se encoge de hombros y le cede el argumento a Enjolras y se sienta de nuevo, Enjolras sale del Musain con Grantaire después de todos sus amigos.

Grantaire sigue a Enjolras a su apartamento. A veces llegan hasta el cuarto de Enjolras, quitándose la ropa mientras navegan a ciegas el apartamento, a veces Enjolras apenas logra poner el cerrojo antes de tener a Grantaire presionándolo contra la puerta, mordiéndole el cuello sin piedad. De cualquier manera, el sexo siempre es bueno, brusco y violento como le gusta. La quemadura inicial del miembro de Grantaire dentro de él siempre le hace gemir, y Grantaire es fantástico para hacerle gimotear y sollozar, pero nunca hablan, exceptuando el ocasional más rápido y más duro que Enjolras se permite.

Grantaire nunca se queda la noche, sólo lo suficiente para recobrar el aliento, y siempre le da un beso en el hombro antes de sacar una pierna de la cama y levantarse con piernas temblorosas para volver a vestirse. No dice te veré luego , no dice adiós , ni siquiera se voltea a verlo mientras se pone la ropa. 

Enjolras siempre cierra los ojos cuando Grantaire sale de la habitación, y los mantiene así hasta que escucha el clic de la puerta principal al cerrarse.

Duerme mejor las noches que tiene sexo con Grantaire.

Enjolras está dolorosamente consciente en cierto nivel de que existe la posibilidad de que Grantaire esté viendo a otras personas. Si bien es cierto que no es convencionalmente atractivo, es interesante, divertido de estar cerca, y hace amigos muy fácilmente. Además, Enjolras ha visto bailar a Grantaire en la rara ocasión en que ha salido con el grupo para beber después de una reunión, y ha visto cómo ciertas personas siguen la línea de su cuerpo con sus miradas, desvistiéndolo en sus mentes, y le ofrecen comprarle bebidas; él sabe que a Grantaire no le hacen falta ofertas para ligues de una noche.

No debería de molestarle, considerando que Grantaire siempre usa condón cuando follan, y no es como si su rollo necesite ninguna pretensión de monogamia, pero cuando tiene a Grantaire bajo el, con los dedos de Grantaire hundiéndose en sus caderas fuertemente mientras se mece en la verga de Grantaire, se asegura de recorrer sus ojos por el cuerpo de Grantaire, buscando moretones y arañazos, cualquier seña de que Grantaire haya estado con alguien más. Hasta ahora, no ha encontrado nada, así que se asegura de hincar sus dedos en los brazos de Grantaire, con la esperanza de dejar marcas, y creando chupetones en el costado de su cuello que sabe que le durarán días. No está tratando de ser posesivo, porque Grantaire no es suyo , es solo que le agrada la idea de Grantaire mirando en el espejo y viendo las marcas de Enjolras en él, siendo incapaz de olvidar que ha sido Enjolras el que las ha puesto allí, le gusta imaginar que la razón por la que Grantaire nunca lleva señas de otros es porque no le permite a nadie más el privilegio de marcarlo.

No es ningún problema.

Hasta que lo es.

No follan todos los días, pero sí lo bastante regular para que Enjolras sepa cuándo anticipar a Grantaire siguiéndolo a casa después de una reunión. No es una ciencia exacta, a veces tiene demasiado que hacer y sale del Musain apenas terminan la reunión, a veces Grantaire no tiene ganas y se va junto a Joly y Bossuet, pero Enjolras tiene a Grantaire siguiendo sus pasos al menos una vez por semana.

Se reúnen en el Musain cada lunes, miércoles y viernes. Enjolras se fue temprano el lunes, ambos fueron arrastrados al bar más próximo para celebrar el cumpleaños de Bahorel el miércoles, y Enjolras está vibrando con anticipación de tener el peso familiar de Grantaire sobre sí cuando Grantaire se va de la reunión a mediados de su discurso.

Se atraganta con sus palabras, perdiendo el hilo de sus pensamientos, cogido completamente desprevenido por el puñal de decepción que siente a la salida temprana de Grantaire. Un descubrimiento se desvela en el fondo de su mente. 

Su silencio no es más de un par de segundos, y se recupera rápidamente, pero cuando voltea a ver a Combeferre, Combeferre tiene un leve ceño fruncido que le deja saber que él tiene una sospecha de que algo está pasando y se lo sacará no importa qué.

Enjolras ni siquiera intenta planear una ruta de escape.

“Hay algo entre Grantaire y tú.” Dice Combeferre, acercando su silla a Enjolras.

“Nos hemos enrollado.” Enjolras confiesa, porque tratar de esconder un secreto de Combeferre cuando Combeferre ya se ha olido que algo está pasando es una causa perdida. “No es nada.”

“No es nada.” Repite Combeferre. Sus ojos son agudos y su ceño persiste fruncido. Combeferre no aprueba esto, entonces.

“Es casual.” Enmienda Enjolras, porque nada es un término demasiado áspero, a pesar de su veracidad. “No interfiere con la causa, sólo nos estamos acostando.”

Combeferre gruñe. “Solo os estáis acostando.”

Se le queda mirando a Enjolras por un largo rato, ceño aún fruncido, y Enjolras logra contenerse un minuto y medio antes de dar un suspiro y continuar. “Creo que está viendo a alguien más, y no debería ser un problema, porque no estamos juntos, pero no me agrada.”

Combeferre no dice nada por un buen rato, pero luego su ceño se desfrunce un poquito. “¿Por qué?” Pregunta eventualmente.

“Puede ser que tenga sentimientos por él.” Enjolras dice, porque tiene un presentimiento de que esa es la conclusión a la que Combeferre quiere que llegue. Es el mismo descubrimiento que tuvo hace un rato cuando Grantaire se fue de la sala. Supone que debe estar un poco orgulloso de sí mismo por haber llegado hasta ahí sin la ayuda de Combeferre.

“¿Harás algo al respecto?” Pregunta Combeferre, y esta vez cuando Enjolras lo voltea a ver tiene una pequeña sonrisa en sus labios.

Enjolras recuerda la vez que tuvo que morderse la lengua para abstenerse de decir algo como te sientes tan bien dentro de mí, R , recuerda cómo las palabras quédate por favor persisten en la punta de su lengua pero nunca se desbordan cuando Enjolras le besa el hombro, recuerda cerrar los ojos sólo para evitar ver como Grantaire se va de la habitación.

Asiente.

No cuestiona a Grantaire sobre su salida inesperada el siguiente lunes que el grupo se reúne en el Musain, aunque quiere. Lo acompañe o no a su apartamento, Grantaire nunca antes ha llegado tarde o salido temprano de una de las reuniones de Les Amis. Es algo sobre lo que debería preguntarle, algo sobre lo que podría preguntarle a Grantaire, pero no lo hace. Se pasa la mitad de su discurso echándole miradas furtivas a Grantaire, esperando a que lo contradiga, pero Grantaire parece feliz callado esta noche, y Enjolras se resigna a pasar otra noche sin Grantaire, y trata de no sentirse terriblemente decepcionado.

Grantaire se queda, sin embargo, sentado en su mesa en el fondo y esperando a que todos sus amigos se vayan, espera a que Enjolras recoja su abrigo y vaya a la puerta antes de seguirle silenciosamente como siempre.

Enjolras no quiere que esto siga el patrón de siempre. Acorta sus pasos lo suficiente para terminar caminando con Grantaire en vez de enfrente de él, acomodando su ritmo al de Grantaire. Se pregunta si podría alargar su brazo para poder tomar su mano, si sería bienvenido, si es algo que se le está permitido hacer. No lo hace al final, pero sí camina un poco más cerca a él, lo suficiente como para sentir el calor corporal que suelta. Si Grantaire se da cuenta del cambio, no comenta, contento con terminar su viaje al apartamento de Enjolras en silencio.

Sigue como siempre desde el minuto en que Enjolras cierra la puerta tras de sí. La boca de Grantaire está en la suya, caliente, bajando insistentes por su cuello; Grantaire se aferra a su cintura, fácilmente encajando un muslo entre las piernas de Enjolras. Enjolras gime y trata de agarrar los jeans de Grantaire, haciendo un trabajo rápido el afar el botón y bajar el zíper.

Entonces se acuerda de todas las veces que Grantaire se ha ido temprano, recuerda como no están juntos, recuerda que quiere cambiar ese hecho, y susurra en la oreja de Grantaire: “¿Puedo hacértelo yo a tí esta noche para variar?”

Grantaire se congela y Enjolras se tensa y desea poder tragarse sus propias palabras. Está a punto de pedir perdón cuando Grantaire lo besa de nuevo, más fuerte e intenso que antes, y masculla: “ . Por dios, .”

Enjolras lo prepara dolorosamente lento, se contiene hasta que Grantaire gime por él antes de penetrarlo, lo folla con movimientos lentos y firmes, bailando en la línea que separa suficiente e insuficiente. Para cuando Grantaire se corre, tiene ríos de lágrimas corriendo por sus mejillas. Enjolras lo besa, presiona sus labios en los suyos, baja por su cuello y pone su cara en el hueco en el cuello de Grantaire y se queda allí.

Grantaire se ha ido cuando Enjolras despierta.

Sigue a Enjolras el miércoles otra vez, y Enjolras se hinca de rodillas en frente suyo y se corre solo de darle una mamada. Grantaire parte sus labios y sus ojos se oscurecen cuando Enjolras le dice. 

“Quédate.” Le pide Enjolras, y se enorgullece de que su voz no tiembla en absoluto. “Quiero que me cojas más tarde.”

Grantaire se termina de desvestir con cautela y se sube a la cama de Enjolras, su cuerpo una línea de tensión hasta que Enjolras presiona su cuerpo contra el suyo y le besa la mandíbula. Lentamente curva un brazo alrededor de la cintura de Enjolras. Es fácil entonces, Enjolras cierra sus ojos y se duerme. 

Esta vez, escucha el cerrojo caer cuando Grantaire se va.

Luego, Grantaire se salta una reunión.

Grantaire nunca se salta las reuniones. Enjolras se ha acostumbrado a la presencia de Grantaire en las orillas de la sala, inventándose las cosas más ridículas para soltarle, más para conseguir hacerle enfadar que para sacar los puntos débiles de sus argumentos. Se ha acostumbrado a notar como Grantarre pone sus ojos en blanco a lo que dice, acostumbrado a Grantaire sonriéndose de lado cada vez que Enjolras le cede un punto. Últimamente, se ha acostumbrado a posar su mirada en Grantaire, notando como tamborilea sus dedos en el cuello de su cerveza cada vez que se levanta para hablar, o como Grantaire y Bahorel llevan un juego de tragos que muy probablemente tiene algo que ver con lo que dice en su discurso.

El punto es, Grantaire nunca se ha saltado una reunión, y Enjolras se da cuenta cuando él no está. Le pregunta casualmente a Bossuet sobre eso y se entera que Grantaire está con uno de sus conocidos de sus clases de arte, Montparnasse.

“Probablemente en una cita.” Joly dice desde al lado de Bossuet, sonriendo como si estuviera feliz por Grantaire, y Enjolras hace todo lo que puede para retornar la sonrisa aunque de repente se siente como si se estuviera ahogando en el aire.

No tiene una razón por la que sentirse tan miserable, no es como si estuviera con Grantaire. Sólo se están divirtiendo, no es nada serio. Es simplemente que su arreglo era conveniente para ambos, eso es todo. No tiene ningún derecho de demandar nada de Grantaire.

Toma un sorbo de agua y llama a un comienzo de la reunión.

Absolutamente no piensa en Grantaire durante la reunión.

El lunes, sus embestidas son fuertes, sin piedad, y el sonido de su cabecera golpeando la pared se mezcla con los gemidos de Grantaire cuando solloza y le ruega por más.

Enjolras se lo da, lo folla más fuerte y más rápido, como si eso le haría quedarse, como si eso le haría querer quedarse. “¿Suficiente? Enjolras gruñe en la oreja de Grantaire, y toma el miembro de Grantaire en su mano, frotándolo en sincronía con sus movimientos. “¿Es suficiente para tí?”

Grantaire gimotea. Lo que no es una respuesta.

Enjolras no está seguro si está aliviado de que no sea un no o decepcionado de que no sea un sí.

El miércoles le pide a Combeferre que dirija la reunión, porque recuerda haberle dicho que sus emociones no afectarían la causa. No cree poder concentrarse lo suficiente para pensar en cualquier cosa que no sea Grantaire, y quiere tiempo para aclarar sus pensamientos. 

Combeferre benditamente no le hace ninguna pregunta, solamente acepta para asegurarse que la reunión siga su curso.

Yace en su cama, mirando sin mirar al techo, dos horas más tarde, cuando oye a alguien tocar su puerta. No espera a nadie, pero hay una oportunidad bastante grande de que Combeferre haya decidido venir a asegurarse de que está bien, así que se levanta y va hacia la puerta.

“Tenemos que hablar.” Dice Grantaire en cuanto Enjolras abre la puerta. Se ve— Se ve enfadado, y Enjolras se arma de valor antes de moverse del umbral para dejar pasar a Grantaire, cerrando la puerta detrás de él, una acción tan familiar como respirar en este punto.

“Combeferre me dijo algo.” Dice Grantaire el momento en que Enjolras se voltea a verle. “Dijo que tienes sentimientos por mí.”

“Combeferre no se equivoca.” Dice Enjolras, y da un paso hacia él. “Me gusta lo que tenemos.” Le dice suavemente, tomando las manos de Grantaire en las suyas. “Me gustaría que fueramos más.” Absorbe el sonrojo en las mejillas de Grantaire, la manera en que sus labios se parten de la sorpresa, la leve ampliación de sus ojos. “Me gustaría que me quisieras.”

Grantaire deja escapar un ruidito. “Quieres que te quiera.” Dice con voz estrangulada. Grantaire hace un sonido frustrado y arranca su mano del agarre de Enjolras. “No puedes—” comienza, y luego inspira profundo como si necesitara calmarse. Enjolras espera que funcione. “¡No puedes follarme hasta que te quiera!”

Enjolras torna su vista al suelo. “Oh.” Dice, su pecho encogiéndose.

“Oh.” Repite Grantaire. “ ¿Oh? ” 

“Perdóname.” Suplica Enjolras con una vocecita. No intenta cubrir el hecho de que eso es lo que estaba tratando de hacer porque Grantaire no merece mentiras.

“¿Perdón?” Los ojos de Grantaire son salvajes. 

“Perdóname.” Repite Enjolras y aparta su mirada de Grantaire, porque su rechazo no puede ser más claro, y duele.

“El mundo no funciona así, Enjolras.” Dice Grantaire, y suena como si estuviera tratando muy duro de mantener su voz bajo calma, suena un montón como Enjolras suena cuando trata de mantener su temperamento en control, y oh, Enjolras realmente la ha embarrado, ¿a que no? “No puedes hacerme quererte solo porque lo deseas, no puedes engañarme hasta hacer que te quiera, el amor no funciona así.” Se aleja de Enjolras y camina hacia la puerta, con hombros caídos que se ven como alivio con cada paso que Grantaire pone entre él y Enjolras. “No— No puedo hablar contigo justo ahora.”

Enjolras casi se olvida de cerrar sus ojos cuando Grantaire se va. 

No duerme.

Para: Grantaire

Perdóname.

Para: Grantaire

¿Qué puedo hacer para compensarte?”

Para: Grantaire

Perdóname por favor.

Para: Grantaire

Perdóname. Te quiero.

Grantaire vuelve a la reunión del viernes, pero no hace contacto visual con Enjolras, no se mueve para decir nada sobre los problemas que Enjolras discute en la reunión. Enjolras mantiene sus ojos en él, medio esperando que se levante y se vaya a mediados de la reunión, pero no lo hace.

Se queda, sacude su cabeza y sonríe con disculpas cuando Joly y Bossuet le invitan al bar con ellos, y rechaza la oferta de aventón que le hace Feuilly. Se queda hasta que ellos dos son los últimos dos en el Musain.

Enjolras no sabe qué hacer, qué decir, así que empaca sus cosas en silencio, recoge su abrigo y sale del café, su corazón latiendo de prisa cuando escucha los pasos de Grantaire detrás de él. Está terriblemente consciente de la mirada de Grantaire sobre él durante el camino a su apartamento. Parte de él quiere pararse, extender su mano para agarrar los hombros de Grantaire y pedirle que le diga qué puede hacer para arreglar las cosas entre ellos, pero no lo hace, porque ya ha hecho suficiente daño.

Sus manos tiemblan cuando trata de abrir su puerta, y Grantaire toma la llave de su mano sin hablar y la abre por él. Enjolras sigue a Grantaire y se sienta junto a él en su sofá.

“No me quieres.” Dice Grantaire en voz baja, sin mirar a Enjolras. 

“Te quiero.” Responde rápidamente. “Te quiero, Grantaire, te quiero.”

“Sólo crees eso.” Dice Grantaire y lentamente le mira a los ojos. En lugar del enojo que había ayer, hoy sólo se ve resignado, incluso compungido, lo que no hace sentido porque Grantaire no ha hecho nada. “Te follé hasta que te hice quererme.”

Enjolras lo mira, confundido.

“Te he hecho creer que estás enamorado de mí.” Grantaire dice en la misma voz triste. “Te he engañado para que pienses que me quieres por el sexo.” Deja escapar un ladrido de risa. “No se supone que el amor funcione así.”

Enjolras reconoce las palabras, recuerda el estallido de enojo en los ojos de Grantaire cuando las dijo anoche, y oh, Grantaire no estaba enfadado con Enjolras, estaba enfadado consigo mismo porque creía que había hecho con Enjolras lo que Enjolras estaba tratando de hacer con él.

Grantaire se equivoca.

“No se supone que el amor funcione así.” Repite Enjolras, y en un impulso extiende su mano para agarrar la mano de Grantaire. Grantaire se encoge pero no retira su mano de las manos de Enjolras. “No puedes follarme hasta que te ame. No me follaste para que te amara. Eso lo hice yo solito.”

Grantaire sacude su cabeza. “Tú no—”

“Lo hice.” Insiste Enjolras. “Quería que te quedaras, todas esas veces. Es sólo que no sabía cómo decírtelo. Es mejor, cuando estás aquí.”

“¿Qué es?”

“Todo.” Confiesa Enjolras sinceramente, y se inclina despacio para rozar sus labios con los de Grantaire. “Te amo, estoy enamorado de tí y me enamoré de ti por cuenta propia. Tú no lo hiciste, yo lo hice.”

Grantaire lo besa, dejando escapar un gemido al mismo tiempo, enredando sus dedos en el cabello de Enjolras. Pasa un largo rato antes de que el beso termine, hasta que lo único que hacen es tocar frentes, recuperando el aliento.

“Tú tampoco me follaste hasta que te quise.” Dice Grantaire eventualmente, y cuando Enjolras abre los ojos, Grantaire le sonríe suavemente, feliz de una manera que Enjolras no ha tenido el placer de presenciar antes. “Te quiero desde hace bastante tiempo.”

Se despierta en una maraña de miembros.

Notes:

Nota del autor original:
I take my "when in doubt, Pablo Neruda" thing very seriously. Title is pinched from Neruda's Sonnet LXVI.

I'm here on Tumblr, come say hi!

Traducción:
Me tomo muy en serio lo de "si en duda, Pablo Neruda". El título viene del Soneto LXVI de Neruda. (NT: este link está en español)

Estoy aquí en Tumblr, venid a saludar.