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And you asked me to stay over

Summary:

Conocer a Marcos descolocó todo.

Un alfa simpático y amoroso, tan jovial y digno, despertaba en él pasiones dolorosas que lo arrinconaron a pensar en compartir su calor.

Su omega lo anhelaba. Arañaba en cada instante con ímpetu los alrededores de su corazón hasta soñar con alcanzar el del salteño.

Además, era su amigo. Podía confiar en él, ¿No?

 

•Donde un Agustín omega pasa su celo con un muy, muy, alfa Marcos.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: You ask me,,,

Chapter Text

Agustín lo observó desde la distancia y avanzó. 

Quizás era una decisión apresurada.

Lo era.

 Pero dentro de la casa había otras reglas. Una realidad suspendida en el tiempo que lograba poner sobre tu cabeza otras bases de sentido común. 

Además, su omega interior lloraba por la verga ajena. 

Los síntomas de su celo comenzaron a mostrar fecha de llegada hace dos días, entrando en un semi estado de somnolencia constante. Gran hermano, en el confesionario, le había consultado como quería hacer esto; Debía ir al cuarto de calor cuanto antes, pero podía decir, y consentir, si lo hacía solo o acompañado. 

Y dudó. 

Generalmente los pasaba solo. 

Las pocas veces que llegó a estar en pareja, nunca se había sentido lo suficientemente en confianza como para compartir el estado de vulnerabilidad más cercano a la muerte que conocía él. Y siempre había estado en armonía con esa decisión.

 Su cuerpo, su propia independencia, sus elecciones sobre este. 

Pero conocer a Marcos descolocó todo. Su interior comenzó a tararear una canción desquiciada de apareamiento, que no podía esquivar aunque soltara los comentarios más desafortunados posibles y clavara los peores momentos para intentar ser gracioso.

Su omega lo anhelaba. Arañaba en cada instante con ímpetu los alrededores de su corazón hasta soñar con alcanzar el del salteño. 

Además, Marcos era realmente muy difícil de ignorar. Representaba todo el ideal de alfa completo, con un buen cuerpo y una personalidad amable. Todos en la casa, a través de las semanas, le habían tomado afecto y Agustín estaba seguro de que la audiencia lo adoraba. 

Así que estos dos días completos, con los síntomas latentes en sus oídos, se los tomó para pensar. 

Resolvió que jamás iba a llegar a ningún sitio si no se arriesgaba.

Tenía que jugar. Poner todas las cartas sobre las mesas; Si perdía, pasaría el calor más doloroso de la historia, del más humillante también, pero podría sacarse de encima la angustia que carcomida su interior y avanzar. 

Pero si ganaba, podía morir teniendo un orgasmo. 

Avanzó veloz hacia donde se encontraba Marcos. Deteniéndose junto a él, a un lado de la pileta, y no se extrañó cuando el salteño solo emitió un guiño a modo de saludo. 

La noche, que ambos ahora contemplaban, había caído con fuerza y las estrellas parecían ser mitos que contaban la gente de las provincias en donde la contaminación lumínica eran delirios. El aire estaba susurrando levemente con notas de lo que fue una tarde calurosa y los grillos habían huido. 

Agustín suspiró. 

—¿Qué pasa, primo? 

La tonada característica tan bien acentuada se asomó entre ambos. El silencio cómodo que podían llegar a compartir no se parecía en nada al que se manifestó luego de la pregunta y mucho menos al que se acentuó luego de que Marcos volteara todo su cuerpo en su dirección al no tener respuesta. 

Agustín meditó un segundo. Las conclusiones de los días anteriores sumado al lamento de su propio omega acumulándose en su lengua. Con cautela giró su cabeza hacia los costados para comprobar que nuevamente se encontraban solos y mantuvo aún más la incertidumbre al cambiar el peso de su cuerpo de una pierna a otra en una clara prueba de nerviosismo.

Marco observó atentamente.

Agustín rezó para que sus supresores pudieran aguantar toda la situación. 

—Te voy a preguntar algo pero no te podes ni enojar, ni putear — comenzó a hablar, su propia boca parecía encontrarse seca. Jugó con sus manos, miró a la distancia y luego bajó el rostro para prolongar la confianza en su voz —. Mucho menos me podes mandar a la mierda. Es si o no. 

Silencio. 

Agustín tomó aire y elevó su mirada. La acentuación de los rasgos ajenos en una expresión relativa a una grave seriedad tomó posesión de la expresión del alfa, que no puedo evitar profundizar el ceño junto a los labios apretados en una línea fina. 

Aterradoramente solemne. 

—Dígame, primo. 

Volvió a cambiar el peso de su cuerpo entre sus piernas y mordió el interior de su cachete. 

La espera terminó y la ansiedad en su paladar hormigueo.

—Mi calor está cerca. Re cerca. Quizás mañana — agradeció la buena modulación que invoco ante cada palabra, sin temblar para relevar cada grieta que podría aparecer en su omega interior ante un eventual rechazo. Se apresuró también a buscar cualquier signo de incomodidad en su amigo, pero al observarlo estoico continuó en un susurro—. Big me preguntó qué onda, que que iba a hacer. 

Sus charlas habituales estaban repletas de silencios amistosos que bañaban su comodidad juntos. Eran silencios prolongados con miradas o gestos acogedores que les presentaban una amistosidad ligera que no dependía de la verborragia de ninguno para sobrevivir. 

Ahora el silencio a Agustín le pareció atroz. 

Fue brutal como cayó una pausa de todo sonido a su alrededor. Incluso las voces a la lejanía de la casa parecían apagadas. 

El titileo de una de las luces sobre ellos solo aumentó el dramatismo.  

Marcos apenas hizo un leve movimiento con su cabeza, sus ojos ahora mirando por encima del omega, para dar a entender que lo había oído.

—Somos amigos — los rasgos del alfa se mantuvieron inalterables ante la declaración del platense, aún observando a la distancia —. Realmente sos uno de mis amigos acá dentro

—Usted también es mi amigo 

Agustín sonrió ante eso, la tensión se elevó considerablemente de sus hombros

—Entonces, yo te quería preguntar si, si, si no te jodía…— animado comenzó a plantear la solicitud, pero las inminentes circunstancias de donde se encontraban aplastaron el aliento de su envalentonada voz hasta convertirla en un murmuró inexistente. Tardó casi una eternidad en poder pensar algo más adecuado. Así que fue directo —. Si lo podías pasar conmigo. 

El olor estalló de inmediato. 

Las feromonas de un alfa sano y en edad de apareamiento parecieron incendiar el patio. La propia garganta de Agustín emitió un gruñido de sorpresa junto a un pequeño sobresalto de su cuerpo. 

—Agu', ¿Puedo abrazarte?

No podía contestar, tenía miedo de gemir. 

Asintió velozmente y las manos de Marcos se hundieron en su cintura. Su cuerpo fue cubierto con el ajeno y el estallido de euforia que parecía sacudir su interior murió al instante que todo el mundo comenzó a tener sentido a través del abrazo.

El alfa lo olió profundamente. Acarició su cabello con la punta de su nariz, y luego gran parte de su rostro. Su propio aroma de vainilla desapareció vencido en batalla ante el olor de árboles y viento frío del más alto. 

—Primo — la voz de Marcos, densa, profundamente consumida en un tono carrasposo, colmada de necesidad, logró sacar un duro sonido de sus labios — .¿Usted quiere…?

—Yo te pregunte, boludo — lo interrumpió. Sus propios dedos estaban enterrados, en la piel de los brazos del salteño, con desesperación —. Si. Si, si, si.

Se sostuvieron un momento más.

Marcos se alejó y acarició los costados de su cara. 

—Usted no está solo, Agu' — sus dedos delinearon los costados de la barba del omega. La expresión en sus ojos parecía una promesa —. Yo lo ayudo. 

—La idea es que me cojas, pero bueno. 

—No aguanta no decir estupideces, ¿no?

—No. 

Un calambre atravesó su cuerpo. Fue una sanción conocida que le provocó un sonrojo a Agustín y mordió su labio inferior. 

—Me parece que es ya — advirtió. Fue un poco vergonzoso que su cuerpo decidiera comenzar a allanar el camino para su compañero de calor y el pensamiento de hombre trola le sacó una sonrisa temblorosa. Marcos lo comprendió cuando pareció oler algo en el aire —. Me voy. Creo que lo van a dejar pasar apenas dé el consentimiento para que entre. 

—¿Tengo que preparar algo? — preguntó veloz deslizando ambas manos por los brazos de Agustín en un gesto amable, incluso cuando el omega detectó una leve excitación en sus feromonas

—El pito. 

—Aguuu'— estiró la vocal ante el nuevo comentario desubicado y el omega río.

—Creo que no. La producción tiene que tener todo — observó la cara de Marcos ante un nuevo tirón en sus entrañas y confirmó, por millonésima vez, que este hombre era la mejor persona del planeta. Además de hegemoniquisimo —. Te pregunté porque confío en vos, pero sabes que podes decir que…

Marcos gruñó. 

Gruño. En su rostro.

Carajo.

El alfa salteño tiró su cuerpo nuevamente contra el suyo de manera contundente. La diferencia ahora entre sus cuerpos parecía ser abismal y, antes de que Agustín pudiera reaccionar, una de las maños de Marcos se posó con ímpetu en su nuca. Cayó con tanta fuerza que presionó toda su cara entre los pectorales ajenos hasta casi sofocarlo. 

—e' culiao, tranquilo — la voz de maxi sorprendió a Agustín. Parecía haber salido de la casa en busca de aire —. No voy a hace' nada, cálmate

Lo entendió rápidamente. 

Era un omega que olía a calor. Un omega sin marcar con un alfa, temporal, con que iba a pasar esos días de sexo con fines absolutamente reproductivos. 

El tren de pensamientos avanzó veloz en su cabeza con toda la información de los instintos alfa que sabía e intentó levantar su cabeza ante lo peor; Son territoriales y sedientos de atención. Poseen una visión de túnel hacia sus parejas y, en los peores casos, al sentirse amenazados, pueden matar. 

Y Marcos era grande. Además de campeón nacional de jiu jitsu. 

Luchó contra un pensamiento intrusivo sobre lo enormemente hot que era eso e intentó nuevamente apartarse pero el salteño ejerció mayor presión en su cuello, ahora si ahogándolo entre sus tetas. 

—Marcos — murmuró. Era inútil. La voz de Maxi se volvió a escuchar pero fue inentendible para él. Sintió desesperación ganando terreno en su pecho —. Alfa 

Fue un golpe bajo. Lo sabía. Era un nombre de intimidad, de proximidad, de respeto, poco usado en la vida cotidiana. 

Pero funcionó.

 El pecho del salteño dejó de retumbar en un gruñido y la fuerza de acero alrededor de su nuca se ablandó al instante. Los dedos de Marcos parecían derretirse y se combatieron en un toque fantasma levitando. 

Agustín respiro con fuerza dos latidos sobre el corazón del otro y levantó la vista. Marcos le devolvió la mirada con los ojos bañados en dorado. 

Tenía que actuar rápido.

—Llévame adentro, por favor.

El alfa de inmediato se arrodilló y, sin esfuerzo, lo alzó al estilo nupcial; Una mano en su espalda baja y otra en sus piernas, lo sostenía como si verdaderamente no pesará nada. Con él en brazos emprendió a caminar y, por fin, el omega pudo observar bien la escena completa; Maxi sostenía una clara advertencia feroz de reto en sus rasgos y Juliana estaba justo detrás de él.

—Agus… — giró un poco la cabeza en dirección hacia la omega y le sonrió. Juliana captó de inmediato la situación, lo entendió, y con ambas manos comenzó a apartar a su alfa para dejarles el camino libre a ambos — Veni, gordo, vení. 

Marcos siguió avanzando. 

 No le dedicó una sola mirada al cordobés cuando pasó junto a él y mucho menos a los demás participantes que los comenzaron a observar curiosos cuando entraron por la puerta. 

—¿Qué pasó? — Coti se acercó desde el sillón. Julieta y Thiago también lo hicieron. Agustín pudo ver como el olor golpeó a la correntina y se detuvo. Miró fijamente a Marcos, sus propios caninos brillando en una dentadura perfecta—. Soltalo

 Agustín contuvo un inminente sollozo. 

Se habían acercado tanto, si, pero ver que Coti estaba dispuesta a pelear con un alfa por su seguridad lo empujo a un estado de sensibilidad alarmante. 

La adoraba.

 Pero tenía que ser prudente en esta situación, cualquier reacción podía desencadenar un desastre absoluto.

Alzó una de sus manos frente a ella. 

—Está bien. Estoy bien. Estamos bien. — dijo. Sintio el movimiento de Daniela, por el rabillo del ojo, que rápidamente rodeo el otro flanco desde la isla de la cocina para también anticipar lo peor —. Todavía estoy lúcido. Marcos me va a ayudar. 

—¡Mira vos! ¡Al final teníamos razón! — saliendo del cuarto de los varones, Walter se meneo contento con una onrisa burbujeante de burla tirante en sus labios 

Marcos gruñó fuerte y Agustín sabía que tenían que seguir caminando.  

—Alfa — volvió a susurrar en su dirección y el efecto inmediato seguía siendo el mismo. El salteño, aún con lo que parecían ser sus colmillos asomando, pestaño en su dirección —. El consentimiento 

El pulgar del más alto golpeó el aire de inmediato. Todo su brazo estirado sin pudor mostrando a cualquier cámara que lo apunta. Agustín lo imito como la diferencia que si busco una cámara y se encontró en el trascurso con la cara insólita de Romina en una expresión pálida. 

La vergüenza quiso trepar por su columna pero el rápido sentimiento,de que el alfa que todos querían estaba con él, aplastó ese pequeño indicio de pudor. 

Marcos volvió a sostenerlo con ambas manos y en el salto que dio, para acomodar su cuerpo, escucho una risita proveniente de Thiago. 

Mal ahí. 

El salteño gruñó tan fuerte que todos los demás alfas en la casa le respondieron, dispuestos a pelear por el territorio. 

Marcos, Agustín, por favor, avancen con precaución hacia la habitación de calor. — la voz de Gran Hermano resonó rompiendo el ambiente tenso. 

La expectativa ante cualquier cosa que pudiera pasar se asomó entre todos los participantes que se observaron un minuto algo impacientes antes de que Coti optara por ser la valiente y acercarse. 

—Vení, vení — hizo una seña con la mano hacia el salteño para que comenzará a caminar nuevamente —. Cone por favor, tráeme ropa para ello do'

Agustín parpadeó un poco, la inminente lucha que llevaba a cabo por resistir y no ceder a su estado más vulnerable se acercaba. El adormecimiento de sus músculos sonaba como el tramo final hacia su inevitable calor. Apretó sus párpados con fuerza provocando un dolor que despertó levemente su ánimo. 

Cuando Marcos se puso en movimiento nuevamente, vio detrás de ellos, en su línea recta de visión, a Juliana y Maxi. Se encontraban abrazados, justo en el lugar donde los habían dejado en el patio. La omega sobaba su espalda y le susurraba palabras en el oído, pero cuando encontró sus ojos en la distancia le sonrió con calma. 

Quizás hasta con algo de complicidad. 

Y a medida que avanzaban por el pasillo, Agustín capturó las expresiones en las caras de los demás participantes hasta desaparecer. 

 

 

 

 

 

La habitación de calores se encontraba detrás de una puerta detrás del zoom. Era la instalación que se les prometía por contrato para su intimidad en la urgencia de sus rutinas, si es que las tenían en el tiempo que estuvieran en la casa.

Agustín la había divisado algunas veces en sus exploraciones de investigación, siendo rápidamente redireccionado por Gran Hermano. 

Ahora la podía ver. 

La puerta se encontraba abierta y una luz impresionantemente blanca relucía en su interior. El conejo se encontraba parado junto a ella con dos mudas de ropa en mano.  

Coti se apresuró hacia el. 

—¿Entraste?

—No, ni a palo — dejó la ropa en el suelo al lado de la puerta —. El primo llega a ole' a otro y nos mata 

Coti murmuró en reconocimiento.

 Marcos ni los reconoció, ni se detuvo, pasó de largo entrando a la habitación y depositó a Agustín en la cama.

Para el omega, que salió vencedor de su estado de aturdimiento, el interior de este sitio era nuevo para él. Contaba sólo con la versión de las chicas que habían atravesado también sus calores pero ciertamente se parecía mucho a los relatos; Blanca, con una cama de sábanas grises, almohadas suaves y rellenas, un placar y una mini heladería con lo poco necesario para sobrellevar una rutina de 3 días. 

Además de que este lugar era el único punto ciego de la casa. 

No había cámaras. 

Terminó el recorrido visual justo en el lugar donde lo inició y se encontró a la correntina y el cordobés observándolos todavía del otro lado de la puerta. 

Marcos, aún parados sobre los pies de la cama, también volteo a verlos. Y Agustín no puedo ver la expresión que les hizo pero río contento cuando Coti le saco la lengua. 

—Ya nos vamos — dijo Alexis. Acarició los hombros de la omega 

—Agu, ¿Necesitas algo? — Coti pregunto, mirándolo explícitamente 

Agarró con ambas manos las sábanas a sus costados y negó con la cabeza.

 Sabía que se conocían hace nada relativamente, y quizás cuando salgas jamás se vuelvan a ver, pero Agustín sentía que Coti lo había adoptado bajo su ala. Que lo colocó dentro de su manada inexistente y que si le decía que ya no quería nada de esto, como sabía que lo estaba haciendo ahora dándole un margen para poder negarse, peleará con uñas y dientes por él. 

Quizo llorar. 

—Gracias. 

El susurró que soltó fue el catalizador de las lágrimas en sus ojos y en un santiamén tenía a Marcos encima suyo que lo inmovilizó en la cama. El alfa aplasto su propio rostro contra la base del cuello del omega.

Y a la distancia, Agustín escuchó el sonido de la puerta cerrarse.