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En su lugar, te esperaré

Summary:

"Eres una persona, como yo. Eso es importante, no nuestros nombres".
Lucerys y Aemond inician una relación durante la Danza de Dragones y no dejan de tomar sus manos. Saltos de tiempo a lo largo de los 3 capítulos.

Notes:

Fanfic en colaboración con mi best Icozahedron, que finalmente obtuvo su cuenta, estuvo muy chido, gracias por esto. Lo hicimos para nosotrxs y ahora decidimos compartir

Chapter Text

I

Los besos de Lucerys Velaryon.

 

Aemond Targaryen, príncipe renegado, jinete de dragón y traidor a la corona, observaba las olas desde las tempestuosas costas de Rocadragón. Habían pasado ya un par de meses desde que había dejado el lado de su hermano y su madre, y en su lugar, ahora llevaba ropajes completamente negros, como si fuera ir a servir al muro.

Si perdían la guerra, servir en el muro sería la única opción que le quedaría además de la muerte.

La sal de las olas, que rugían con furia, peleando contra la costa, cayó en la comisura de sus labios.

Dioses, como odio el mar.

Se secó con la palma de la mano y agachó la mirada. ¿Qué era lo que realmente estaba haciendo ahí? Nadie de este bando confiaba en él. Su hermano posiblemente ordenaría su ejecución en cuanto lo volviera a ver. Encontró divertido el pensar en cómo podría morir a manos de la espada de ser Criston Cole. En cierta manera había sido más padre para él que su propio padre.

Había odiado que su padre nunca lo hubiera volteado a ver. Toda la atención era siempre para Rhaenyra, o para Aegon. Y sin embargo ahí estaba, apoyando a su media hermana. Nunca le había agradado, era una pretenciosa y consentida.

—¿Qué haces, Aemond?

Ah. Claro. Ahí estaba el motivo de todas sus desgracias. Lucerys Velaryon llegó a su lado, vestido con sus colores negro y rojo. A Aemond no se le había permitido vestir de esa manera, por supuesto que no. Tampoco lo hubiera preferido, era una combinación ridícula. A Lucerys le sentaba bien, eso sí.

—Me pregunto qué es lo que hace que ames tanto al mar. Es largo, profundo, y sabe a mierda. Un par de horas aquí y la boca se te llena de sal.

—¿Qué te hace pensar que amo el mar?—le respondió Lucerys, inquisitivo —. Nunca he dicho algo así. Me gusta, de todas maneras, pero no lo amo.

—¿Qué no se supone que eres un Velaryon o algo así? Creía que toda su idiosincrasia tenía que ver con el mar y ser buenos navegantes.

—¿Desde cuándo me reconoces como un Velaryon? 

—Desde que me aburrí de decirte Strong. Además, mi padre tenía razón. La historia no recuerda sangre, recuerda los nombres. No importa cuantas veces te haya llamado de las veces que se me hayan ocurrido. La gente no te va a reconocer por como te llame, te va a reconocer por las cosas que harás. Que haces.

—¿Estás reconociendo que te equivocas?

Lucerys se acercó a él y buscó su mano. Sintió sus dedos juguetear con sus nudillos, hasta que Aemond finalmente cedió y dejó que sus manos se juntaran.

Estaba creciendo bastante. Ya era más alto de lo que Jace lo había sido. Casi era de su estatura, aunque su rostro aún denotaba una inocencia que realmente hacía ya un par de batallas debería haber perdido.

—Reconozco tu valía.

—Más te vale que sea así — Lucerys tomó su mentón y se alzó un poco para poder juntar sus labios. Fue un pequeño beso, apenas una migaja. Todo esto era bastante nuevo. Y Lucerys sí que lo dejaba con ansias. Su pareja no parecía tener ninguna prisa de hacer otra cosa —. Recuerda que para que esto funcione, somos iguales.

—Hmm, claro… —dijo Aemond, quien, contra todo pronóstico, ahora tenía que tratar a Lucerys con respeto. Lo primero que había dicho el muchacho era que dejarían los títulos de “tío” y “sobrino”, salvo cuando estuvieran en la sala de guerra. Aemond aún sentía la necesidad de denotar que era superior a él, que él era el mayor, el que sabía más, el guerrero, el inteligente, y que Lucerys era un niño frágil que él podía proteger de todos los horrores de la guerra.

Claro que, si cedía a estos sentimientos, nada tendría sentido. La relación lo aburriría a los pocos días, y lo más probable es que terminaría por convertirse en un príncipe forajido, como su propio tío lo había sido por muchos años.

Además, Lucerys no era un niño ya. Lo había visto pelear, lo había visto montar su dragón, lo había visto comandar tropas. Desde un lado del campo de batalla, y del otro.

—Ten — le dijo Lucerys, y le dio otro pequeño beso, esta vez en la comisura izquierda de sus labios —. Esto es por ser tan bueno, y estar dispuesto a aceptarme como tu igual.

Aemond quiso reír por la idea de que Lucerys lo considerara una persona “buena”. Pero simplemente disfrutó de un segundo beso de parte de su amado.

—Respecto a lo del mar… No lo amo, lo respeto, pero no es mío. No es de nadie. Solo soy un Velaryon, no soy el mar. Así como tú eres un Targaryen, no eres fuego, ni sangre, ni un dragón. Eres una persona, como yo. Eso es importante, no nuestros nombres.

Aemond casi se atragantó al escuchar decir a su sobrino – no –, a Lucerys, tal barbaridad. Pero por su bien, decidió no decir nada. Quizá así recibiría un tercer beso, y eso, realmente parecía mejor idea que discutir por la tradición de su familia.