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Prólogo
Crimson Cannibal
El príncipe y heredero de Marcaderiva, Lucerys Velaryon, está muerto.
No hubo un cuerpo al que rendirle homenaje, un cadáver al que cremar para su vuelta al fuego o una despedida en el mar.
Desapareció, y los únicos restos que se consiguieron fueron los de su dragón, descuartizado y devorado por grandes fauces en alto mar.
El día en el que la guerra por la usurpación estalló, Aemond Targaryen fue apodado mata parientes. El siempre maldito, con la sangre lo suficientemente espesa y negruzca como para atacar a su propio sobrino y condenarlo a una muerte atroz.
Algunos rumores, murmullos que recorren las calles de Desembarco del Rey, dicen cómo el príncipe fue asesinado por Vhagar. Otros, que se ahogó en el mar tras ser gravemente herido, y que su muerte sólo traerá consigo fuego y sangre. Su nombre se convirtió en un fantasma, un mal augurio que persiguió cada batalla en la guerra durante las siguientes cuatro lunas desde su inicio.
No existió un segundo de paz. No mientras Aegon II siguiera en el trono. No cuando las pérdidas para la Reina Negra, Rhaenyra Targaryen, fueron grandes; demasiado abrasadoras y dolorosas. El trono será tomado y sus hijos vengados.
Sin embargo, hubo un momento de silencio entre los bandos.
Rhaenyra pareció rendirse, y los usurpadores se retorcieron ansiosos y sin escrúpulos en su búsqueda.
Hasta que apareció una sombra.
Cuando la guerra entre los Targaryen por la usurpación al trono estaba en su cúspide, apareció un fantasma.
Una sombra que en una noche de tormenta, con el frío y la tierra húmeda despegándose del suelo, la lluvia cayendo en picado como finas cuchillas y estremecedores truenos alumbrando el cielo, recorrió la Fortaleza Roja, sus alas oscuras agitándose en un gruñido ensordecedor.
El dragón de escamas negras y clisos verdes parecía una amenaza implícita.
"Es el caníbal…" Dijeron rápidamente los susurros.
La bestia más salvaje y feroz de entre los dragones, antiguo más allá del conocimiento, tiene un ansia voraz y no conoce el temor al alimentarse de crías, dragones, humanos o animales. Caníbal, lo nombraron. Se desconoce quién. Se desconoce cuándo. Pero sí se conoce el día que sobrevoló Desembarco del Rey como un peligro. Un cazador en busca de su próxima presa.
"¡Caníbal!" Gritaron en las calles. El pueblo entero pareció aguantar la respiración. “¡Tiene un jinete!"
Lucerys ha estado muerto más de cuatro lunas, pero ya no más, y su hambre es tan feroz como la de su dragón.
