Chapter Text
Se dice que sobre las montañas, más allá de las nubes; en tierras donde alguna vez yacieron inmortales de cientos de años, había un joven.
Este joven fue bendecido con belleza sobrehumana y gran talento para las artes.
Poseyó tal encanto, que se dijo había sido bendecido por los mismos dioses.
En aquella montaña divina se erigió una secta. Los ancestros de dicho clan se caracterizaron por el ascetismo, la austeridad y la disciplina a miles de reglas.
El joven prodigio fue reconocido como la perla del mundo. Su prestigio se extendió por alto y ancho. No hubo nadie que no haya escuchado de su impolutez. Sin embargo, su rostro fue un misterio, y nadie conocía su verdadera apariencia.
No se le permitió salir del clan, ya que se temió que el mundo lo corrompiese.
Si se le preguntaban las reglas, él las sabría. Las seguiría sin objetar. Si se hablaba de poesía, reconocería los versos. Su talento radicó en la música, siendo un maestro a edad temprana sólo por detrás de su gran maestra, la primera líder.
Aunque, cualquiera que escuchase sus composiciones concluiría que gran melancolía se derramó en sus notas.
Fue un llamado sin respuesta. Al anhelo de tiempos mejores.
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El segundo jade de Gusu abrió los ojos al Mao-shi como ya era habitual.
Había tenido un mal sueño la noche anterior, y apenas consiguió dormir nada.
Observó la oscuridad del amanecer por el estimado de una taza de té.
Dio un suspiro antes de girar sobre su costado.
Suspiró .
Hubo noches con buenos sueños. Memorias de tiempos pasados, recuerdos compartidos con su hermano, paisajes oníricos donde su madre estuvo presente.
Así mismo, noches con sueños desagradables y una nada constante que lo devoró provocando hastío.
Dormido o despierto, la realidad fue complicada .
Lan WangJi se enderezó en su pieza, sintiendo un punzón en la espalda baja, como un malestar constante. Su cabeza palpitó dolorosamente ante la falta de sueño, pero lo ignoró, consciente que desaparecería al paso de las horas.
Calzó botas y agregó una, dos y tres túnicas limpias sobre su menuda figura. Cuando se encontró decente se dirigió a paso lento al baúl de pertenencias más cercano y buscó en su alijo una túnica exterior de acuerdo a los preceptos establecidos sobre modestia. Debido al clima, el uso de un aproximado de seis capas se consideró excesivo. En igual medida, el peso extra restringió sus movimientos.
Se desplazó sobre sus rodillas en un intento patético por mantener la gracia en movimientos tan poco dignos. Vislumbró su imagen en el espejo, pero no le satisfizo lo que vio.
Su rostro fue pálido, delgado y anguloso. Sus ojos dorados carecieron de brillo en un apagado tono cobre; bajo sus párpados se desdibujaron tonos purpúreos.
No tuvo ánimos de peinar su cabello de ninguna manera. Engrasó un cepillo y desenredo sus hebras. Lan WangJi ató la cinta reguladora del clan Lan y solo entonces se complació de la apariencia.
Meditó la siguiente hora. A pocos minutos, el llamado de los sirvientes rompió su concentración. Permitió el paso de estos y su comida se sirvió en solitario.
No disfrutó compartir espacio con el resto de discípulos junior en el comedor principal. Shufu había concedido la toma de alimentos en la comodidad de su habitación como única prerrogativa. Lan WangJi nunca expusó en voz alta la incomodidad a miradas ajenas, pero su hermano lo supuso.
El segundo jade abandonó su hogar para continuar con sus actividades diarias. Siguió su programa de manera estricta. Sin ignorar ni faltar a ninguna de sus asignaciones.
Su tío elogió su compromiso a los deberes impuestos y su diligencia. Para Lan WangJi, seguir las reglas y concluir sus actividades no supuso ninguna satisfacción. Hizo lo que debía hacer porque así fue impuesto. Y cumplió con lo que se le asignó por mero deber.
En los momentos en que se permitió la autorreflexión, se preguntó si había algo roto dentro de él. Por supuesto no tuvo con quien compartir sus inquietudes, y terminó por sofocar tales pensamientos.
El Yunshen Buzhichu fue un lugar celestial escondido entre las nubes. Tenía manantiales cristalinos y paisajes propios de un sueño. Su belleza fría resplandeció en las cuatro estaciones y su clima helado se extendió a lo largo del año proporcionando una sensación de divinidad incomparable con el resto de clanes.
Lan WangJi había leído sin fin de poemas que elogiaron la magnificencia del clan, pero para él fue un mundo en el cual no encajo, y donde experimentó grandes dificultades.
Debido a los terrenos sinuosos, propios de una cumbre, enfrentó miles de escalones, cuestas, caídas y pasillos estrechos. Incluso el acceso principal al clan presentó tres millares de peldaños.
Escalinata que el propio WangJi fue incapaz de atravesar.
Después de todo, Lan WangJi era incapaz de trasladarse con facilidad. Y sus movimientos fueron restringidos en función de las facilidades que se le proporcionaron.
No podía caminar.
Al menos no como el resto de jóvenes de su edad.
Su libertad se vio limitada como un ave en una jaula de oro.
Hubo escaleras y elevaciones. Se habían adaptado senderos en pro de sus necesidades, pero fueron mayormente intransitados por el resto de miembros. Esto aumentó su sensación de impertinencia y desasosiego.
Así mismo, el clima invernal fue malo para el uso de una silla, pues la acumulación de nieve en los caminos entorpecía el paso; y el dolor de espalda baja por la posición rígida, fue una desconveniencia.
Para WangJi el que otras personas empujaran su silla le hizo sentir impotente. Su corazón herido le impidió aceptar la ayuda de otros, a raiz de las miradas de lástima que recibió durante la tierna infancia.
‘¡Es toda una pena!’, ‘¡Toda una tragedia!’, ‘¡Un desperdicio de potencial!’, ‘Un heredero que nunca será capaz de lograr nada por sí mismo’, fueron los susurros constantes de los ancianos.
Lan WangJi nunca demostró reacción ante las palabras lanzadas a su persona, pero atinó que el daño fue hecho. Y supo que no podía ser una carga para otros.
Por supuesto existieron pequeñas excepciones. Xiongzhang guió el camino de rutas inestables; Lan QiRen empujó su silla muy de vez en cuando.
No lo mimó, y no permitió el espacio para la lástima. Lan QiRen fue tan severo y exigente como considero necesario. Lan WangJi lo agradeció, aunque siguió sin sentirse bien.
WangJi fue necio la mayor parte del tiempo, tratando de desplazarse en sus dos piernas, en distancias que no superaron los pocos cun; y cayendo ocasionalmente.
Su hermano lo llamó terco. Lan WangJi pensó en que tal vez era así. Trató de esforzarse cada día, ignorando cuánto le doliese la caída.
La gente en el exterior lo llamó segundo jade de Gusu.
Los más excéntricos, ‘ la perla del mundo’ .
Sin embargo, nadie lo conocía. Ni condición o apariencia. Por lo cual el título resultó inmerecido.
Se le enalteció como si se tratase de un gran guerrero de epopeyas milenarias. Lan WangJi difícilmente podía hacer cualquiera de esas cosas. Le habría gustado formar un núcleo dorado a partir del camino de la espada, y ayudar a la gente común en sus tempestades.
Ni siquiera podía apoyarse a él mismo cuando tocaba fondo. Menos a los más desfavorecidos.
Lan WangJi fue consciente del pesimismo en sus propios pensamientos; y la constante a la inferioridad en su discapacidad.
El clan Lan se caracterizó por la atención de especialistas, y sanadores que ayudaban a imprevistos; e incluso el cultivo musical se extendió para el cuidado de otros. Empero, casi como un tabú, Lan WangJi fue intocable, al punto en que nadie se atrevió a suponer sobre su delicado estado mental, y la constante al aislamiento.
Su personalidad reprimida le impidió ver más allá, y entendió que el ostracismo en el cual se asentó fue por culpa propia.
Lan WangJi no siempre experimentó pasos inestables y pérdida del control en sus piernas. Hubo un instante en su vida en el cual camino como el resto de personas. Momentos en los que se le vio con el potencial de un inmortal capaz de portar la luz en su espada.
La muerte de su madre no solo le privó del afecto de un ser amado, sino también termino por restringir sus movimientos.
De vez en cuando recordaba ese primer día. Abrir los ojos a un mundo en el que su madre ya no estaba, con un par de piernas suaves. La sensación lo había sobrecogido, y le recordó a los jiaoren de las leyendas.
Se disciplinó ejercitando sus piernas, pese a que la mejoría fue nula. Fue frustrante en los primeros años. Pero hizo las paces con el hecho de que, muy probablemente, nunca volvería a ser como alguna vez fue. Lo único que pudo hacer ante la adversidad fue derramar pocas lágrimas en la tranquilidad del JingShi .
En su camino a la biblioteca, notó discípulos menores, los cuales rindieron respeto e hicieron reverencias propias al estatus.
Lan WangJi respondió a la cortesía y no dio una segunda mirada.
Los ancianos más insensibles no ocultaban su decepción y saña a su presencia. Los sirvientes eran abiertos y serviciales, aunque nunca se acercaban más allá de lo estrictamente necesario, para proporcionar apoyo en caso de que WangJi así lo requiriera.
De hecho, sin las visitas de su hermano mayor, se habría convertido en un ermitaño. Probablemente, recurrido a la reclusión permanente como su padre.
Los encuentros con Lan XiChen se caracterizaron por la inconsistencia. Después de todo, aquel conocido como ZeWu-Jun , lidiaba con las exigencias y responsabilidades de un heredero y lider de secta.
Lan QiRen tenía una visión del mundo distinta. Preocupado por la idea de perder a su sobrino en igual medida que su hermano mayor, cargó a Lan WangJi de tantas asignaciones que el joven Lan apenas tuvo espacios muertos para pensar en su propia situación.
QiRen favoreció la productividad como una vía para lidiar con las situaciones que no podían ser corregidas. WangJi, con un pensamiento crítico que distó en la opinión de su tío, se preguntó en más de una ocasión si era el enfoque correcto.
Se le asignaron tareas para la reproducción de textos antiguos en la biblioteca, con el fin de restaurar material para la posteridad. Así mismo, cada cierto tiempo se le exigió una composición de guqin para diferentes propósitos y usos de cultivo. A pesar de que la producción de una sola canción implicó el estudio y corrección de varias semanas.
Enfrentó al mundo con un rostro alexitímico. Pero en la soledad se permitió llorar al ser consciente de su propio aislamiento. Entonces, Lan WangJi entendió que pese a todo seguía siendo un ser humano.
Cuando los días eran malos, lo cual no fue poco frecuente, pedía con nula expresión en su lenguaje, el que se le dejara solo. Porque la lastima podía ser más pesada que cualquier palabra dura lanzada a su persona.
Más de una vez se preguntó: ‘Si tengo este núcleo, cultivado por el uso del guqin, ¿Por qué no soy capaz de caminar como el resto?’
Ese dia, después de cumplir las asignaciones, Lan XiChen apareció en sus aposentos para compartir una taza de té.
XiChen sonrió a él y su mueca expresó benevolencia y calidez.
Lan WangJi se sintió seguro, así que liberó la tensión en sus hombros y forzó la voz en desuso después de toda una tarde.
“¿ Didi ha tenido un día fructífero?”
WangJi asintió. Incluso su muñeca resintió el trazo de caracteres.
Lan XiChen sirvió el té. Lan WangJi se abstuvo de beberlo en pro de la conversación. “Tengo buenas noticias para ti”
Ante el mutismo de su hermano menor, XiChen se permitió continuar: “Las conferencias de cultivo tendrán lugar en pocos meses. Ya ha llegado la lista de invitados de este año. Los jóvenes herederos de tú generación se presentaran en esta oportunidad”
Lan WangJi no se mostró ansioso por reflexionar lo que aquello supuso. XiChen se esforzó en sonreír, y su voz fue entusiasta, pero no falsa. “Podrías intentar hacer amigos en esta ocasión”
“...”
“Huaisang, asistirá por segunda vez. A raíz que Da-Ge está insatisfecho con su rendimiento del año anterior”
Lan WangJi entendió el hilo de la conversación.
El año previo, XiChen luchó por asociarlo al segundo maestro del clan Nie. Lan Huan tuvo una amistad de larga data con el líder del clan Nie, ChiFeng-Zun . Por lo que supuso, Nie Huaisang y Lan WangJi tenían posibilidad de crear lazos de amistad.
No tuvo éxito. WangJi incluso pensó que el asunto ya había sido olvidado.
“Eres invitado a unirte al grupo de estudio” XiChen dijo.
Lan WangJi ocultó sus manos dentro de sus mangas anchas, y se enfocó en el líquido cristalino en su taza de té el tiempo suficiente para que dicha preparación se enfriara. “Lo pensaré”
Lan XiChen no se sintió satisfecho. En pro de la civilidad, pasó a un siguiente tema. No presionó más y Lan WangJi agradeció por ello.
