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Marcos está nervioso.
Puede sentir como sus manos transpiran, la camisa blanca que tiene aprieta su cuello, logrando que se le dificulte un poco respirar con normalidad, sus ojos se posan sobre sus zapatos negros, nuevos y brillosos, mientras que su estómago parece estar dando vueltas.
Escucha las voces de todos sus compañeros, felices por estar compartiendo nuevamente aquella casa que por meses fue su hogar. Están en el patio, sentados en sillas que miran hacia adelante, con vista hacia un altar improvisado, un cura que parece demasiado divertido y un novio que parece querer estar en cualquier lugar menos ahí.
Marcos hace un esfuerzo y levanta la vista, buscando con la mirada a la única persona que estuvo esperando meses para ver otra vez.
Ahí, sentado en la primera fila, está Agustín. Con su corte de pelo nuevo, un arito que parece brillar en la noche estrellada, una camisa blanca debajo de un saco negro y una mueca en su rostro.
A lo primero no lo ve, ya que se encuentra ocupado charlando sobre algo muy fervientemente con la Tora, quien se ríe de lo que sea que su compañero de asiento le dice. Pero Agustín no se está riendo, sino que tiene el ceño fruncido y escupe palabras rápidamente, como si estuviera dando una Ted Talk sobre el tema más importante del mundo. Sus manos van y vienen, y como están hablando casi susurrando, no se escucha nada desde donde él está parado. Igualmente mantiene la mirada en su amigo, tratando de que sus ojos se fijen en él. Pero lo que logra es que Lucila sea quien lo vea primero, rodando los ojos y golpeando con su codo a Agustín. Éste deja de hablar y levanta la vista, y en el momento en que lo mira puede ver como su mirada se suaviza completamente. Su corazón comienza a latir con fuerza y sus oídos parecen hacer eco de este sonido ensordecedor.
Agustín le sonríe, pero se puede notar como sus ojos no se achinan por completo y Marcos sabe que no es una sonrisa totalmente verdadera. Intenta devolvérsela, pero sabe que es sólo un reflejo de la misma.
De repente se escucha una música por los parlantes, y todos se ponen de pie.
Marcos mira hacia adelante, y ve como Julieta llega por el pasillo que armaron con una alfombra roja. Tiene un vestido blanco de novia sencillo, a pesar de la excentricidad que la caracteriza, pero tiene brillos por todos lados, como a ella le gusta. Su pelo atado en un rodete y tiene un ramo de flores de todos colores. Tiene una sonrisa gigante en su cara, y él sabe que es porque ella ama ser el centro de atención. Son dos polos completamente opuestos: mientras a él le tiemblan las manos por un casamiento totalmente falso planeado por la producción de un reality de Argentina, a ella le sobresale la alegría por los poros y sus pasos son seguros, pisando firme y saludando a todos con la mirada.
Nacho, a su izquierda, deja escapar una risa.
-Me parece que no le gusta para nada todo este show del casamiento, eh-dice y lo codea.
Marcos ríe falsamente.
Sabe que tal vez está siendo un poco exagerado, lo sabe. Pero no lo puede evitar.
¿Por qué tiene que prestarse para este intento de novela cuando él sólo quiere estar sentado junto a su amigo que no ve hace dos meses?
No entiende, y le molesta que ni siquiera en unos de sus últimos días en la casa pueda disfrutar por completo de la experiencia.
Sin querer sus ojos se posicionan sobre Agustín y puede ver el momento exacto en el que revolea los ojos.
Marcos sonríe un poco.
Está tan entretenido mirando cada expresión en el rostro de su amigo que no se da cuenta de que Julieta ya está a su lado, estirando su brazo para que la ayude a subir el pequeño escalón que la deja en el altar.
-Si así empezamos este matrimonio no sé cuánto va a durar-dice para que todos escuchen y las risas no tardan en aparecer.
Marcos pone sus labios en una línea y no dice nada, ayudándola a subir.
-Bueno gente, bienvenidos al casamiento de Marcos Ginocchio y Julieta Poggio-comienza a hablar Nacho.-Sepan entender que esta es la primera vez que voy a casar a alguien y no tengo idea de qué carajo estoy haciendo. Uy, perdón. ¿Se puede decir carajo? Bue, ya la dije otra vez. Perdón Dios-termina de hablar y todos se ríen.
-Dale, Nacho-expresa Julieta, quejándose.
-Perdón, perdón-levanta los brazos en modo de defensa y se ríe.-Vamos a los que nos compete. Hoy estamos acá para celebrar esta hermosa boda entre dos finalistas de Gran Hermano con todos los ex participantes de testigos.
Se escuchan silbidos y aplausos.
-No va a ser algo muy largo porque hay que entender los tiempos televisivos-dice acomodándose el falso cuello de cura que se encuentra sobre su camisa negra.-Así que, por favor, les voy a pedir a los novios que nos dejen escuchar sus votos.
Julieta sonríe.
-Bueno, empiezo yo-se adelanta y Marcos solamente puede asentir.-La verdad nunca me imaginé estar acá, en la final de Gran Hermano, y mucho menos a punto de casarme con uno de los finalistas-se ríe.-Pero me alegra que sea con el primo, porque compartimos muchas cosas y nos llevamos re bien. Ojalá podamos seguir siendo amigos afuera, y, nada, te quiero mucho.
Parece haber terminado con su discurso, y Nacho está a punto de decir que es el turno de Marcos, pero Julieta de repente abre los ojos de una manera exagerada, así como también su boca.
-Ay, ¡perdón! Me olvidé-dice, para luego sacar un papel todo arrugado de uno de los bolsillos que tiene su vestido.-Los de producción me dieron algo para que lea y me re colgué. Bueno. Escuchen-se aclara la garganta y empieza a leer.-Marcos. Estoy muy feliz de casarme con vos, porque más allá de ser mi amigo también sos mi confidente, mi compañero en esta aventura y una persona muy importante para mí. No querría compartir este momento con nadie más que con vos. Sabés muy bien todo lo que pasamos juntos: risas, llantos, y muchas sonrisas. Nunca pensé estar viviendo algo así, pero acá estamos. Me hace feliz tenerte en frente mío y dar el sí. Te quiero-termina de recitar las palabras y tira el papel hacia un costado sonriendo.
Marcos quiere salir corriendo.
-Gracias, primita.
El público aplaude.
-¡Hermosas palabras! Muy conmovedoras. Gracias Big por escribir esas palabras que jamás habrían podido salir de Ju.
Julieta se queja y le pega en el brazo.
-Julieta, compórtate por favor, estamos en una boda-la chica rueda sus ojos.-Bueno, ahora es el turno de Marquitos, a ver con qué palabras nos sorprende nuestro compañero que siempre tiene tanto para decir.
Marcos frunce su ceño, pero se obliga a no hacer ningún otro gesto con su cara.
-Eh, a mí no me dieron nada para leer-dice y se rasca el cuello. Todos largan una carcajada.-Voy a intentar improvisar algo, supongo.
Recorre a toda la audiencia con la vista, y nuevamente, no puede evitar volver a caer sobre aquellos ojos azules.
Agustín parece incómodo en su asiento, con sus manos yendo y viniendo en sus muslos y una de sus piernas moviéndose lentamente de arriba hacia abajo.
-No sé mucho sobre qué significa el matrimonio. Tengo 23 años y nunca me casé-se ríe levemente.-Pero lo poco que sí sé creo que se resume en la idea de encontrar a alguien que esté ahí para nosotros. Pero que de verdad esté ahí, no que desaparezca cuando las cosas se compliquen. Por eso pienso que si tenemos que elegir a alguien con quien casarnos, tenemos que pensarlo bien, digamos. No es algo que decidís al azar. Estamos eligiendo a alguien con quien vamos a compartir nuestras vidas para siempre, o por lo menos por un largo tiempo-hace una pausa para respirar y una vez más mira hacia ese asiento que se encuentra en primera fila, con su amigo que lo está mirando también.-Entonces creo que hay que elegir bien, y jugársela por la persona a la que estamos eligiendo. A veces capaz nos da miedo arriesgarnos y decirle que sí a eso que tanto queremos. Pero, ¿de qué sirve quedarnos con la duda? Si yo me quedaba con la duda nunca hubiera entrado acá. Si me quedaba con la duda no estaría parado en este altar, en la final del programa. Y, si me quedaba con la duda, no te hubiera conocido a vos-suelta esas palabras mirando directamente a Agustín, quien abre los ojos de par en par, con la Tora a su lado apretando su mano. Marcos se da cuenta de que sus palabras tienen que ser dirigidas a Julieta, no a otra persona.-A vos, Ju-agrega sutilmente, o eso cree, y suspira, pero no corre la vista de donde estaba posada.-Nunca pensé encontrarme a personas que cambiaran mi vida acá adentro, pero lo hice-hace una pausa y acaricia su pulsera rosada.-Entré a la casa con la idea de vivir una experiencia nueva, digamos. Algo diferente a lo que estaba acostumbrado. Y jamás pensé que me iba a pasar esto-aprieta con fuerza su muñeca, para luego levantar levemente la ya gastada tela de la pulsera.-Y sé que el momento en que salga por esa puerta, lo que siento no va a cambiar. No importa a donde esté, ni tampoco con quién, porque siempre, pero siempre, voy a llevar esto dentro de mí-termina y sonríe. Agustín lo mira con lágrimas en los ojos, y, por fin, le regala una sonrisa de verdad. De esas que iluminan todo el lugar y hacen que sus ojos parezcan más chiquitos. Marcos no puede evitar ensanchar su sonrisa.
De repente, se escucha a alguien carraspear.
-¡Bueno, bueno!-dice Nacho aplaudiendo y los demás lo imitan.-¿Quién iba a pensar que Marquitos nos iba a sorprender así? Muy bien-golpea su espalda y se ríe.-Te pasó el trapo, Ju.
-Ay callate, Nacho-vuelve a pegarle en el brazo y el rubio se lo frota.-¡Estuviste genial, primo! Hasta me diste ganas de casarme-se ríe y busca la cámara más cercana.-Lucca, si estás mirando esto, ya sabés.
-Te compadezco, hermano-agrega Nacho, apuntando a la misma cámara.-Bueno, si ya terminamos con los discursos entonces es momento de los anillos. Por favor, si alguien es tan amable de traerlos.
Daniela, quien también estaba en primera fila, pero del otro lado, se para de su asiento con una cajita roja en sus manos.
-Acá están, padre-dice, con una voz actuada que Marcos no reconoce luego de haber convivido con ella por meses y se los extiende a Nacho.-Estás hermosa, Ju.
Julieta le sonríe a su amiga, quien después de unos segundos vuelve a su posición al lado de Romina.
-Entonces, ahora es momento de los anillos-el falso cura abre la tapa de la caja y, primero, se los acerca a la novia.
Julieta toma uno y lo mira con atención.
-Me hubiera gustado de otro color, o con algún detalle brillante, ¿no?-pregunta mirando a Marcos, quien sólo puede asentir sin prestar demasiada atención.-¡Pero están muy lindos! A ver, dame tu mano primo.
Marcos demora un par de segundos en cumplir con el pedido, mirando la pulsera que se encuentra en su mano derecha.
-¡Primo! Si no me das la mano no podemos casarnos-reprocha su compañera y lo saca de su trance.
-Perdón, prima-dice, para luego acercarle su mano.
Julieta la toma, y coloca el anillo plateado en su dedo anular.
-Muy bien, ahora te toca, Marquitos-interviene Nacho, poniendo la caja en frente suyo.
El novio toma el anillo que queda, para luego levantar la vista y recorrer las caras de todos los invitados, pero no se demora tanto haciendo esto, porque sólo le interesa saber sobre una persona entre todo ese murmullo de gente. Agustín tiene sus manos juntas sobre su regazo, y, si se observa con atención, se puede ver como el pulgar de su mano derecha acaricia el dedo anular de su mano izquierda.
Marcos suspira.
Cuando vuelve a centrarse en lo que tiene adelante suyo ve como la mano de Julieta ya lo espera. La toma, y, dudando otra vez por unos segundos que se hacen un poco largos, pone el anillo en su dedo.
-Ahora, después de esta hermosa ceremonia, los declaro: ¡marido y mujer!-dice Nacho, con una sonrisa un poco burlesca y ojos brillando con malicia.
Todos se paran de sus sillas y aplauden, mientras que algunos piden beso.
Marcos quiere salir corriendo.
Julieta lo mira, sonriendo suavemente, y se acerca a él para dejarle un beso en el cachete.
Marcos le sonríe, agradecido.
-¿Ya podemos empezar con la fiesta, Big?-pregunta Nacho, ya desabrochándose el cuello blanco.
Nadie les responde, pero, de repente, empieza a sonar una de las tantas canciones que se habrán hecho virales en estos cinco meses de encierro, y todos se paran, listos para moverse un poco.
La falsa novia sale corriendo a encontrarse con sus amigas, mientras que el oficializador de la ceremonia apresura el paso para quedar frente a frente con Lucila. Marcos se queda parado en donde está, sin saber qué hacer ahora.
De pronto escucha que alguien se acerca y enseguida gira su cabeza, y ahí, con sus rulos disparados para todos lados, su camisa con un botón desprendido y sus ojos que compiten con el cielo para ver quién tiene un color más claro, está Agustín.
-Felicitaciones al novio-le dice, extendiendo su mano y sonriendo un poco.
Marcos resopla, y acepta su mano. Agustín la toma, inspeccionando su dedo anular, observando el anillo, y riéndose en voz baja.
-¿Qué?-pregunta Marcos, ya contagiándose de su risa.
-Nada-niega con la cabeza.-Muy lindo el anillo que eligió producción-le explica, con una sonrisa que se curva un poco para un costado.
-¿Te gusta?
Marcos no espera respuesta, porque sabe que su amigo está mintiendo, y, en su lugar, aleja por un momento su mano para sacarse el anillo. Agustín lo mira confundido cuando, un segundo después, le pide de nuevo su mano. El salteño mira por un momento sus dedos y sonríe, tomando el anular y colocando el anillo justo allí.
-Te queda mejor a vos, ¿no?
Agustín se ríe, con sus cachetes colorados, mientras mira su mano, y Marcos siente como su pecho se llena de ese sentimiento que sólo pertenece a la persona que está parado en frente suyo.
-Me queda grande, Mar-pestañea un par de veces y muestra un puchero. Marcos piensa que su corazón va a explotar.-Hay que conseguir uno más chiquito.
-Afuera-contesta Marcos, sin pensarlo dos veces, para después sonrojarse-Digo, cuando salgamos podemos encontrar otro más chico y más lindo.
Agustín sonríe.
-Afuera-es todo lo que le responde, quitándose el anillo de su mano para entregárselo devuelta.
Afuera.
Marcos guarda el anillo en el bolsillo de su pantalón, y, cuando está por contestar, siente como alguien se apoya sobre sus zapatos.
Baja la mirada y ve como Mora los observa, moviendo la cola de un lado a otro.
-Mi gordita, ¿qué pasa?-dice, en esa voz especial y rara que usa a veces, para luego agacharse y alzarla.-¿Estás celosa?
Mora ladra y Agustín se ríe, acercándose un poco más a los dos.
-¿Celosa de mí? Tu papá no te va a dejar de lado por mí, no te preocupes, Morita-se ríe y acaricia las orejas de la perrita, quien recibe el cariño con toda la alegría del mundo, cerrando sus ojos.
Marcos los mira con sus ojos brillando y su corazón explotando de amor.
-Me pueden compartir, ¿o no?-sonríe.-Mi gordita y mi gordito-dice y se ríe, poniendo su mano sobre la de Agustín.
Las orejas de Agustín se ponen rojas y el rubor de sus mejillas no se va.
-Mar.
-Agu’.
-Mar-dice otra vez, estirando la vocal.
Marcos suelta una risa.
-¿Qué?
De repente se genera un silencio, y sólo son ellos dos en esa casa que tanto les dio. No pueden sacar los ojos encima del otro, y pasa, por lo menos, un minuto, hasta que el mayor abre la boca.
-Te amo.
Y Marcos se derrite en su lugar.
Con su corazón latiendo más fuerte con cada momento que pasa, sus manos, aquellas que sostienen a una Mora inquieta, temblando, y su boca, que tiene dibujada la sonrisa más grande alguna vez vista, Marcos sabe que, si se hubiera quedado con la duda, jamás hubiera tenido a Agustín a solo centímetros de distancia poniendo en palabras lo que siente por él.
-Yo más-le responde, todavía sonriendo y riendo un poco, para luego estirar su brazo libre, con una clara invitación.
Agustín no duda ni un instante, y se acomoda en su pecho, con Mora olfateando su pelo y Marcos apoyando su mentón en su cabeza.
Si la duda hubiera ganado, y los “pero” lo hubieran atrapado, nunca hubiera podido haber conocido este amor que tomó lugar en su cuerpo para no dejarlo nunca más.
Con sus brazos rodeados de amor, se alegra de haber ido en contra de sus miedos, y sabe que, una vez que cruce esa puerta, va a hacer todo lo posible para no dejarlos ganar.
