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En el primer semáforo en rojo que encontraron se giró a su hija, qué comía tranquilamente mirando por la ventana y haciendo que Perry su peluche de ornitorrinco, también mirara por la ventana.
—Leo, tu papá me dijo que te alejes de las ballenas.
La niña se giró y lo miró confundida.
—Tampoco lo entendí, pero sabes que a veces parece profeta, y me dijo que no te acerques a las ballenas. Cachalotes específicamente, aparentemente tiene un mal presentimiento con eso.
Leo asintió lentamente como si solo le diera la razón por su propia estabilidad.
—Y ya sabes. Las reglas de siempre: No tengas duelos con Chayanne, menos sin un adulto cerca. Hazle caso a tus tíos, alejate del borde y si viene Talulah no la molestes.
Leo suspiró asintiendo y regresó su mirada a la ventana. El semáforo volvió al verde y él continuó el camino hacia la hermosa casa de Philza. Foolish dejó que su hija tomara su mano mientras iban del carro al edificio, y Leo daba ligeros brinquitos mientras subían por el ascensor y Leo prácticamente vibraba de la emoción de tener una pijamada. Cuando llegaron al último piso donde estaba la casa, Foolish tocó el timbre sosteniendo físicamente a Leo del hombro para que no abriera ella misma la puerta.
Un niño emocionado abrió antes de saltar a abrazar a Leo con fuerza. Con Missa detrás de él, regañandolo por abrir sin ver quien era. Pero se distrajo al ver a Foolish ahí. Entraron y en la cocina Philza preparaba la cena, algo que olía demasiado similar a macarrones con queso.
—Heeeey, holaaaa. —saludo Missa mientras le agitaba la gorra a Leo, haciéndola reír. Luego lo miró a él—¿Emocionado por ir?
—¡Mucho! Hace mucho no voy a verlo. Nuestros horarios y todo eso.
Philza apareció y le puso una mano en el hombro.
—Entonces ve y disfruta, nosotros nos haremos cargo de Leo, no te preocupes.
—¿Seguros no quieren ir? Puedo quedarme con los niños. —ofreció Foolish.
—¿Y que tu esposo nos mate? No gracias —dijo Philza antes de volver a la cocina.
—Ve y disfruta tu noche libre, nosotros podemos ir otro día. Además, papá Vegetta sí nos mataría si provocamos qué no vayas a verlo. —Missa lo vio juguetón antes de mirar hacia donde los niños estaban distraídos con Perry. Luego lo miró sugestivamente— Además a Leo podría venirle bien un hermano.
Foolish soltó un chillido escandalizado y se puso rojo, haciendo que Missa se riera tan fuerte que casi se cae contra el sillón. Usando la poca dignidad qué le quedaba, se acercó a Leo, y se agachó a su lado, para estar a su altura antes de pasarle su mochila con sus cosas.
—Ya me voy Leo. ¿Segura tienes todo?
Ella asintió.
—Bien, vendremos por ti mañana, cualquier cosa siempre puedes llamar, y te amo mucho.
Leo saltó a sus brazos, apretándole el cuello. Foolish le dejó un beso en la cabeza y la presionó contra su pecho.
—También te amo mucho papá.
Le dejo un último beso en la cabeza antes de apartarla suavemente. Ella también lo soltó antes de volver a sostener a su ornitorrinco. Justo cuando se iba, escuchó el grito de Missa:
—¡Usen protección! — Lo que lo dejó riendo hasta el elevador.
Manejar hasta el club fue demasiado largo. Toda la anticipación de ver a su esposo bailar estaba haciendo estragos en él. Pero ¿alguien podía culparlo? Las horas previas antes de que Vegetta se fuera al club, lo dejaron con una necesidad de poder seguir viendo y tocando a su esposo. Pero cruelmente, él solo lo llevaba al borde antes de dejarlo, invitándolo y coqueteando con él todo el tiempo hasta que tuvo que irse antes.
Pero ahora iba a poder verlo en toda su gloria en el club. Bailando y demostrándole al mundo lo flexible y descarado qué podía ser cuando no tenía que vestir con un traje y ser un jefe formal. Quizá, para muchos, el descubrir que tu esposo, padre de tu hija, se escapaba algún viernes en la noche y era bailarín exótico en un antro podría ser shockeante, o podría generar inseguridades en su relación. Pero Foolish amaba ver a su esposo ahí.
Le parecía hermoso verlo rodeado por luces de colores y saber que a pesar de que tantos anhelaran tener al menos su mirada en ellos o descubrir por qué se llamaba "La mamada de los dientes", solo Foolish tenía el privilegio de tenerlo para él. Obteniendo bailes privados, su dulce boca y su hábil cuerpo. Sus regalos perfectamente pensados, sus regaños por que algo estaba fuera de lugar o sus motes somnolientos cuando se unía a él en la cama entrada la noche.
Aparco el coche en la zona de empleados y bajo de ahí, acomodándose la sudadera arcoíris. Camino hasta el cadenero y Fit le sonrió de lado cuando lo vio.
—¿Por qué no me sorprende que estés aquí solo cuando viene la leyenda?
—Sabes que es al único que me interesa ver.
Fit se rió y le abrió la puerta, silenciando a los que comenzaban a protestar por que había dejado entrar a un "niño" antes que a ellos. Honestamente Foolish no sentía lástima de haber entrado antes que todos ellos. Agradecía qué Vegetta obtuviera tantos tratos especiales del dueño solo por que eran amigos y por consiguiente él.
Bajó a la zona real del club y vio cuanta gente ya se aglomeraba ahí. Todos bailando cerca, manos perdidas en ropas ajenas, personas ebrias y algunos que probablemente llevaban algo más fuerte encima. Se acercó a la barra y se sentó en el primer asiento disponible qué encontró.
Su mejor amigo lo vio y le pasó inmediatamente una cerveza de raíz. Rodó los ojos cuando notó el sabor pero agradeció a su hermano honorario antes de que una mano desconocida lo tocará muy cerca del trasero, haciéndolo brincar asustado en el banco.
Roier se rió a su lado antes de brincar al taburete de su lado cruzando las piernas coquetamente.
—Oh— ronroneó Roier coquetamente— ¿vienes a verme, guapo?
—¿No debería preguntarlo Melissa y no tú?
Roier se rió y jaló hacia arriba el borde de su sudadera de Spiderman dejando ver un fino tirante negro sobre el hueso de su cadera.
—Melissa esta lista debajo de esto, ¿quieres comprobar?
— No, gracias.
—Tú te lo pierdes —Roier se encogió de hombros antes de mirar al cantinero— Bad, dame una margarita, ¿puedes?
Bad asintió y se puso en ello mientras de reojo miraba a una pareja que, Foolish asumió, estaba vigilando.
—¿Y Vegetta?
—Tu señor está en camerinos aburrido porque aparentemente se va retrasar un poco el show porque hay un cliente al qué Maxo quiere mantener a raya, pero aún no está seguro de si está aquí. —suspiró aburrido recargándose en la barra con su mano sosteniendo su barbilla— lleva media hora quejándose de que se le enfrían los pezones o algo así. Y no, ni siquiera lo pienses, no vas a entrar a verlo.
Foolish se desmotivó y vio la cerveza en su mano antes de suspirar.
—No es justo.
—Bueno, Maxo le va a deber una por el fallo, compórtate y quizá les preste la sala privada.
Foolish pasó los siguientes cuarenta minutos aguantando las malas bromas de Roier, y los comentarios burlones de Bad. Poco a poco el club se iba llenando más y más. Luego Roier le dio un golpe en el hombro con la mano antes de saltar de su banco con su teléfono en la otra mano.
—Oye, debo ir por Melissa. —luego se acercó a su oído y susurró— ve al centro, empieza en 10 minutos.
Y con eso, se fue, contoneando sus caderas y lanzando guiños a posibles interesados. Era raro pensar que en su día a día, Roier en realidad era un terapeuta familiar y de parejas. Pero quién era él para decir algo. Le hizo una seña a Bad de despedida.
El centro aún estaba medianamente libre para pasar, los clientes normales qué venían por el icono del club aún no se daban cuenta de que estaba a punto de empezar, pero él se jactaba de no ser como ellos. Así que se acomodó en la zona qué por experiencia sabía era mejor para ver.
Pasó el momento con anticipación y tuvo qué despedir a un tipo interesado en bailar con él. Hasta que la voz de Maxo se elevó por los parlantes alrededor de la zona.
—Hoy, en una noche especial, uno de los mejores cuerpos de “Las Casualonas”.A quien todos ustedes esperaban ver. —Rápidamente todos a su alrededor se acercaron como polillas a la luz y la música cambió a algo más lento y picante. —Con todos ustedes….
Las luces se apagaron, y dos reflectores morados y rosas iluminaron la entrada de un muy oscuro pasillo. Foolish sintió como su corazón se aceleraba y la sangre bombeaba a distintos lugares de su cuerpo con excitación..
—¡La mamada de los dientes! 7, 7, 7.
Subido en sus altos tacones rojos, Vegetta salió dando pasos lentos y dejando de que las luces cubrieran su torso brilloso, qué se reflejarán en las alas rojas de mariposa. La boca se le hizo agua cuando aprecio qué traía medias de un blanco traslúcido y una prenda qué apenas cubría su entrepierna, además el cuello de camisa con una corbata qué dirigía la atención a sus trabajados músculos.
Foolish gritó con toda la emoción y se unió al coro de voces qué clamaban a su esposo.
—Thats my boy! —Gritó sosteniéndose del filo del escenario. De no ser por que se vendía como un soltero codiciado, gritaría con toda la seguridad su estado civil.
Vegetta dio un paso largo antes de subirse hábilmente con una pierna y dejar que la misma energía del impulso lo hiciera girar, presumiendo la curvatura de su cuerpo y su amplio torso con una sonrisa descarada.
Acarició el tubo, dejándose caer lentamente hasta casi quedar sentado en el escenario y rebotar sobre sus muslos un par de veces de manera brusca, haciendo la cabeza hacia atrás con deleite. Cuando se enderezó, lo hizo con serpenteantes golpes de la pelvis contra el metal del tubo, haciendo que todo se encendiera en Foolish y lo alentará con gritos.
Dio vueltas y piruetas experimentadas alrededor del tubo, sosteniéndose con las piernas, los brazos o dando perfectamente la ilusión de que las alas rojas aleteaban coquetamente. De vez en cuando guiñaba un ojo a alguien del público y cuando lo noto, se lamió el labio de abajo, antes de morderlo suavemente en sus dientes.
Foolish no contuvo el gemido qué soltó. Vegetta se puso de rodillas abiertas y con el cuerpo inclinado hacia atrás, moviéndose de atrás hacia adelante en estocadas precisas al ritmo y golpe de la canción de fondo. Alguien detrás de él soltó un comentario lascivo sobre los muslos de su esposo, y como le encantaría tomarlo. Foolish solo tuvo que estar de acuerdo con el desconocido.
Tenía suaves marcas rojas en las rodillas cuando se levantó qué podían perderse con las luces si no sabias donde mirar. Foolish llevaba años de experiencia sabiendo dónde mirar en el momento adecuado.
Vegetta se recargó contra el tubo frío con la boca entreabierta y el aparente jadeo qué soltó hizo qué el público ebulliera de nuevo en renovada excitación. Una de las manos de Vegetta acarició desde su hombro y la pasó por sus abdominales antes de detenerse justo en el borde de donde la experiencia le decía que estaba la protección del suspensorio.
Hizo un par de piruetas, y figuras en el tubo que jamás tenía la cabeza para aprender los nombres y luego buscó exageradamente entre el público, en un acto qué siempre se esperaba en los shows principales en “Las Casualonas”. Luego Vegetta casualmente caminó a él poniéndose de rodillas, dejando que su trasero quedara arriba, listo y coqueto, mientras él se inclinaba y se acercaba felinamente al borde del escenario, ajustándose a la misma altura de Foolish antes de hablarle con esa voz aterciopelada.
—¿Te unirías a mí, bebé?
Foolish pudo desnucarse de lo rápido que asintió.
Vegetta le pidió su mano, y lo guio a las escaleras donde el resto de personas silbaba lascivamente. También habían súplicas para que lo eligieran a ellos en su lugar. Foolish subió temblando y dejó que su esposo lo guiará ante la multitud donde lo presumió como si el premio fuera él.
Sus sentidos eran conscientes de donde estaba, pero en realidad no podía concentrarse en nada más que no fuera Vegetta, acariciándolo por sobre la ropa y siguiendo su coreografía a su alrededor. En algún punto que no notó, alguien del staff le pasó un banco acolchado donde lo obligó a sentarse y Foolish acató gustoso.
De pronto, Vegetta estaba sobre él, rosándose juntos y acariciándolo mientras le daba un show a los demás. Dejándose caer de repente en su entrepierna abrazándolo de las caderas con las piernas e inclinándose peligrosamente hacia atrás, con Foolish sujetándolo por las caderas.
Cuando menos se dio cuenta, Vegetta estaba hincado entre sus piernas, siguiendo su rutina y acariciándolo en los muslos y el pecho. Foolish se quedó embelesado. Mirando los ojos morados de su esposo. Sabía que ante los demás el movimiento realmente se interpretaría como una mamada, y lo único lógico que le dijo su cerebro es que pusiera la mano tras de la cabeza de Vegetta, donde su cabello estaba duro por los productos que lo mantenían contra la gravedad y la pintura falsa qué lo hacía ser morado en la parte inferior.
Su esposo lo hizo levantarse y Vegetta se inclinó frente a él, dejando que su cuerpo se sacudiera contra su muy dispuesta entrepierna. De no ser por que seguridad lo sacaría del club (aunque fueran amigos) le hubiera dado una palmada o se habría hincado para darle un mordisco cómo lo haría en su propia habitación. Vegetta se enderezo y lo acarició una vez más antes de guiñarle un ojo.
—Te veo en un momento. — le murmuró en el oído antes de dejarlo en manos de uno del staff qué lo bajó del escenario.
Poco después terminó su rutina y desapareció por el mismo pasillo oscuro. Dejando a Foolish más necesitado qué antes. Quería ir tras él. Pero se limitó en ir a la barra por otra cerveza sin alcohol. Ahí Bad estaba sonrojado mientras seguía atendiendo a clientes distraídos. Otro número acababa de empezar en el escenario con bailarines qué aún no estaba seguro de cómo se llamaban.
—Poco más y se toman ahí arriba. —dijo Bad, entregándole un nuevo jarro frío.
—¿Nos viste? —pregunto antes de darle un sorbo a su cerveza
—Un poco imposible no hacerlo, en realidad. —señaló al escenario con un vista abierta desde el bar y al estante de espejos qué tenía detrás de él. — Aunque, Vegetta no está nada mal.
—¡Deja de sabrosearte a mi esposo! —protestó.
—¿Disculpa? —preguntó una voz bajita tocándole el hombro— ¿Eres Foolish?
Se giró a ver a una de las bailarinas qué lo miraba apenada.
—Sí. ¿Qué pasa?
—Mamada quiere verte.
Deliberadamente ignoró el silbido apreciativo de Bad tras él.
—¿En los camerinos?
—No, en la sala privada.
—De acuerdo, gracias.
Se levantó y declinó la ayuda de llegar ahí, sabía perfectamente el camino a las salas privadas. En cuanto ingresó el código y entró, la música del club principal sonó ahogada por las paredes oscuras. Era una sala amplia que habia visto demasiadas cosas, pero lo mas estabable era un panel negro y frente a el había un sillón, donde Foolish se sentó a esperar.
Poco después una música provocativa volvió a sonar y el elevador tras un cristal comenzó a descender, dejándolo ver a su esposo, sentado coquetamente ante él. Vegetta se levantó y abrió el cristal desde dentro, saliendo con pasos lentos y mirándolo a los ojos. Vegetta se sentó sobre sus piernas y Foolish lo acercó tomándolo de su angosta cintura, dejándose llevar por el beso abrasador. Entonces se dio cuenta de una cosa.
—No traes el suspensorio. —dijo apresuradamente alejándose lo mínimo de su boca.
Vegetta negó rápidamente antes de besarlo de nuevo por un momento y apartarse jadeando.
—Lo dejé en mi camerino antes de venir, me estaba apretando.
Movió su cadera contra él y Foolish entendió a lo que se refería. Dejó que una de sus manos vagara desde su espalda hasta donde estaba la ligera tela negra antes colarla libremente y amasarlo sin contenerse, sintiendo a su esposo jadear contra su cuello.
Cuando Vegetta estaba listo para hurgar entre sus pantalones camino a su entrepierna, una voz salió del sistema de audio de la sala.
—Vegetta, las salas tienen cámaras y a menos de que nos vayas a dejar vender esto como contenido exclusivo…
—No, Foolish es solo mío. —dijo posesivamente antes de mirar a una de las cámaras.
Maxo solo se rio antes de volver a poner la música.
—¿Tomaste?
—Solo de raíz.
—Te veo en 3 en el carro. —sentenció Vegetta con una última caricia. Antes de levantarse y desaparecer por una puerta oculta.
Foolish no perdió el tiempo en salir de ahí, despidiéndose vagamente de Bad, y notando qué Melissa había comenzado su propio turno; apenas se despidió de Fit (quien se rió de él) y entró al auto. Un minuto después Vegetta lanzó su bolso de lona al asiento trasero y se metió en el asiento del copiloto. Foolish lo atrajo a un beso cuando se dio cuenta que Vegetta no se había quitado el traje, si no que solo se deshizo de las alas y se puso una chamarra qué apostaría era suya.
Sí pasaron parte de los pocos semáforos en rojo tocándose o sí Foolish hizo la mitad de tiempo a su casa era cosa de ellos. Sí alguno hizo una broma de que Leo quizá necesitaría un hermano pequeño, también era entre ellos dos. Y sí lo intentaron tantas veces que se quedaron dormidos al otro día para ir por Leo, era su problema.
O tal vez sí Foolish realmente se ponía duro con su esposo mandón en tacones, no le incumbía a nadie más que a él. Y a su esposo, qué le encantaba ser una cosa engreída y demandante mientras estaba sobre él, tomando todo lo que quería de Foolish, y nada menos.
Sí Leo sin querer rompió una taza con estampado de ballenas en la casa de sus tíos por desobedecer a sus padres, era cosa de ella y de Chayanne.
