Chapter 1: Daydreaming
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Tiro la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados, las mejillas sonrojadas y la boca abierta mientras jadeaba desesperado. Xiao Zhan podría jurar que la estampa que tenía en frente sería lo más hermoso que vería en su vida. Con sus manos apoyadas en sus muslos y las de él sosteniendo su cadera mientras marcaba el ritmo, esto debía de ser el paraíso.
—Zhan-ge —gimió por milésima vez en esa noche.
—Baobei —contesto aumentando el ritmo de sus caderas provocando que salieran más sonidos igual de hermosos de la boca de Yibo.
—Zhan-ge…Zhan-ge …
El diccionario define el dolor como: "un profundo sentimiento o angustia causado por una aflicción o pérdida", pesar agudo, remordimiento doloroso.
—¡Zhan-ge!
Pero en la vida, el dolor se parece a muchas cosas que tienen poca semejanza con el "pesar agudo".
—Zhan-ge, ¿me escuchas?
Regresó al presente, no estaba en esa habitación sino en la sala de su departamento.
—Ya te dije que no me gusta que me llames así —le contesto mientras se ponía de pie y se dirigía a la cocina— ¿Qué pasó?
—Lo lamento —se disculpó ella sin sentirlo realmente mientras se acomodaba en el sillón—, es solo que te estaba hablando y parecía que estabas en otro mundo.
—Perdón —se disculpó mientras le entregaba un tazón con frutas y le dejaba un beso en la cabeza—, pensaba en mi agenda.
La chica asintió comprensiva mientras dejaba el tazón en la mesa de centro para acercarse.
—Te decía —continúo recostándose en él y abrazándolo por la cintura—, ¿Qué te parece si este fin de semana nos escapamos a algún lado? Hay un resort muy bonito y romántico que una amiga me ha recomendado y...
—No puedo, en serio me encantaría, pero tengo mi agenda hecha un lío.
Ella lo miro por unos segundos antes de sonreír comprensiva.
—Está bien, entonces podemos quedarnos aquí en tu departamento, ¿Qué opinas de eso?
—Claro.
—Perfecto —sonrió satisfecha—. Me voy, que tengo una sesión de fotos —se inclinó hacia él y le dio un largo beso antes de separarse—. Te llamo en la noche, ¿sí?
Y se fue dejándolo solo con sus demonios, con aquellos que tenían nombre y apellido. Encendió el cigarrillo de la tarde, le dio una honda calada mientras veía el sol ponerse detrás de los edificios cerca al mar.
Había pocas cosas de las cuales estaba seguro, una de ellas era que el dolor era algo que todos tenemos en común, pero es diferente en cada persona.
No se llora solo la muerte, se llora la vida, la pérdida, es un cambio que no hemos pedido. Así que solo nos queda recordar que algún día, de alguna manera, dejaremos de sentirnos así, por más imposible que parezca, que llegará el día en el que ya no dolerá tanto.
Hasta entonces, solo debemos dejar que el dolor pase a su propio ritmo y forma, sin tratar de controlarlo, permitiéndonos sentirlo y dejarlo ir cuando nos sintamos realmente listos.
Pero a pesar de eso, aún cuando uno puede creer haberlo superado, te sorprende y todo empieza de nuevo; y cada vez que eso sucede, nos termina dejando sin aliento.
Según Elisabeth Kübler-Ross hay cinco etapas en el dolor. Son diferentes en cada uno de nosotros, pero siempre son cinco.
Negación. Ira. Negociación. Depresión. Aceptación.
Chapter 2: Negación
Summary:
La negación es una reacción que se produce de forma muy habitual inmediatamente después de una pérdida. No es infrecuente que, cuando experimentamos una pérdida súbita, tengamos una sensación de irrealidad o de incredulidad que puede verse acompañada de una congelación de las emociones.
La negación puede ser más sutil y presentarse de un modo difuso o abstracto, restando importancia a la gravedad de la pérdida o no asumiendo que sea irreversible, cuando en muchos casos lo es.
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Bajo del avión con una aparente calma, pero por dentro la ansiedad lo estaba comiendo. Ni bien hubo pisado suelo chino saco su celular y lo encendió, cuando este capto señal omitió todas las notificaciones y llamadas perdidas, abrió WeChat y busco su contacto.
XZ - ¡He regresado!
XZ - ¿Podemos vernos?
XZ - ¡Te he echado mucho de menos!
WYB – Claro.
WYB – Te espero.
Y una presión extraña se instaló en su pecho.
*
―…a las 6PM tienes la videollamada con el productor de esa nueva serie, quiere conocerte antes de proponerte el papel, no olvides ser encantador.
―¿Acaso nunca lo soy?
―Y con eso cerrarías tu día ―lo omitió sin dejar de revisar su celular―, toma un baño, aliméntate bien y descansa. Mañana a las 5AM un carro estará pasando por ti, luego de grabar el comercial en Changsha eres libre, ¿visitaras a tus padres?
Aligero un poco el paso con el que iba caminando mientras tomaba una decisión.
―Claro ―contesto por fin y retomo el paso―. Por favor, cómprame un boleto y…
―Otros más de señuelo, lo tengo ―contesto la chica con una sonrisa.
Le devolvió la sonrisa antes de subir a la van que lo llevaría al hotel, aún tenía medía hora antes de la videollamada que le acababa de comentar su asistente. Trono su cuello mientras sacaba su celular, ninguna llamada ni mensaje nuevo. Entro a Weibo y lo primero que saltó fue un anuncio con su cara, cerró la aplicación como si le hubieran pasado corriente.
*
Se tronó el cuello mientras esperaba a que el productor de la serie se conectara, reviso sus notas para tener claro qué papel era al que estaba postulando.
―¡Xiao Zhan! ―Una voz salió de su tablet.
Levantó la vista sorprendido y sonrió al ver al hombre al otro lado de la pantalla e hizo una reverencia. Cuarenta minutos después ambos hombres se estaban despidiendo, había conseguido el papel. Le paso el nombre de la novela en la que se basaría la serie a su asistente para que la comprara y pudiera leerla.
R - ¿”La pareja con más suerte en el mundo”?
XZ – Sí, me la mandas a mi mail por favor.
R - ¿Estás seguro de hacer este papel?
XZ - ¿Por qué no debería?
¿Por qué no debería?
*
Su madre salió casi corriendo de la casa, con los brazos extendidos pronto lo atrapo en un abrazo que parecía no tener final. Se llenó de su aroma tan característico mientras escuchaba como su personal bajaba sus maletas y las hacía entrar a la casa de sus padres.
―Están tan delgado, ZhanZhan ―le murmuro la mujer mientras sobaba su espalda cariñosamente― ¡Casi siento todos tus huesos! Pasa, te daré de comer.
Entro riendo, su madre nunca entendería que gracias a ser así de delgado era lo que, irónicamente, le daba de comer. Dio unas indicaciones a su personal y los despidió. Cuando se dio la vuelta, se dio cuenta de cuánto tiempo había pasado antes de regresar a su casa.
―Remodelaste ―comentó mientras dejaba sus zapatos a un lado.
―Gracias a ti ―contesto la mujer desde la cocina, en el fondo―, a tu padre le hizo mucha ilusión y a mí me hizo ilusión verlo así a él.
Las antiguas paredes verdes ya no lo eran, ahora todo estaba recubierto por un papel de pared crema con relieves de flores. Gracias a Dios. Los muebles eran ahora color caoba y hacían juego; en conjunto con los adornos, cortinas y cojines, todo se encontraba en armonía.
―¿Papá eligió todo? No sabía que tenía madera para esto ―comentó entrando a la cocina.
―No, tu padre no escogió todo…tuvo ayuda ―contesto la mujer mientras se daba vuelta a buscar un tazón.
―¿Una decoradora?
―Algo así ―contesto concentrada en servir la sopa―. Toma, siéntate y me cuentas qué te pico para venir a visitarnos.
―Como si no lo hiciera seguido ―contesto medio ofendido mientras sacaba una cuchara del cajón de cubiertos y se sentaba en la mesa―, he grabado un comercial en Changsha y aprovechando que estaba cerca y tenía un hueco en mi agenda, vine a verlos.
―¿En Changsha? ―su mamá se sentó frente a él con un plato similar― ¿Cuánto tiempo estuviste ahí?
―Llegué hoy en la mañana ―contesto dando un sorbo y comentando lo buena que estaba―. ¿Papá a qué hora regresa?
―Ah, no debe de demorar. ¿Hasta cuándo te quedas?
Pero no pudo responder, su papá acababa de llegar.
―Amor, no sabes lo que…¡ZhanZhan! ―dejó rápido sus zapatos y maletín a un lado y corrió a abrazar a su hijo.
*
Su habitación no había cambiado en nada, a diferencia del resto de la casa. Su antigua ropa seguía en los cajones y colgada en el armario, al igual que sus posters de cuando era joven que aún seguían pegados a las paredes solo que ahora más amarillos por el paso del tiempo.
Las pocas veces que venía le gustaba revisar todo ese cuarto, se sentía como si estuviera en un museo donde solo él sabía la verdadera historia detrás de cada exposición. Revisando los tomos de “One Piece” sintió que había algo que estaba mal. El orden era el correcto, los tomos eran los mismos que había visto por última vez hace meses, pero algo faltaba.
Cuando paso a la siguiente repisa se dio cuenta que era la ausencia del polvo lo que antes le había molestado. Con la punta de sus dedos acaricio aquellos tomos que compró siendo joven mientras el pensamiento lo llevaba a aquel precipicio del cual había estado escapando.
Alejando el sentimiento, regresó a su cama. Se metió en ella donde se puso a leer un libro que hace semanas había dejado en el olvido. Su agenda lo había estado consumiendo por voluntad propia, cada día se despertaba muy temprano y no se detenía hasta que ya era muy entrada la noche y no tenía fuerzas para nada más que dormir.
Hasta ahora.
“La pareja con más suerte en el mundo” era una historia romántica corta que bien podría terminarla en dos días, pero aun así le estaba dando tantas vueltas a abrir el correo de su asistente que empezó a preguntarse si quizás ella tendría razón. Pero ella qué sabría de él, él podía desempeñar este papel, él podría interpretar en pantalla la historia de un doctor que se enamora de una chica cuyo padre enfermo es su paciente.
Él podía ser romántico, no importaba lo que le hubieran dicho. Él tenía un corazón y este era un buen papel, una historia sencilla.
*
―Vi que tuviste la luz prendida hasta muy entrada la noche ―comentó su mamá cuando lo vio entrar a la cocina al día siguiente.
―Sí ―contesto mientras se servía una taza de café―, últimamente no estoy durmiendo bien.
―Hay algo que no te deja descansar ―siguió ella sentándose frente a él luego de haber colocado unas tostadas entre ellos―, ¿Has vuelto a hablar con…?
―Mamá, por favor ―le cortó. Suspiro dándose paciencia antes de seguir―. Espero no estarte molestando mucho, hoy por la noche me voy y…
―Sabes que no puedes evadir el tema por mucho tiempo, ¿no?
Pensó en llamar a su asistente y pedirle que le compre un pasaje de regreso a Shanghai lo más pronto posible. De pronto, la casa de sus padres lo estaba asfixiando. Había comenzado desde que entro en ella luego de tantos meses, no era tonto, se daba cuenta de las cosas perfectamente, pero no quería comentarlas. Estaba prohibido hablar de ellas, esa era la regla que se había autoimpuesto y le funcionaba perfectamente hasta ahora, que su madre quería traer el tema a colación.
―Mamá, en serio, cambiemos de tema.
Su madre era una mujer de sesenta años, su carácter dulce y a quien no le gustaba dar guerra. Si las personas le decían que no querían tocar cierto tema o hablar sobre algo, ella lo respetaba y muy amablemente cambiaba el ritmo de la conversación. A decir verdad, casi nunca le decían eso ya que la mujer era tan observadora que ella misma se daba cuenta de la falta de voluntad de las personas.
Pero a pesar de ser así, cuando se proponía traer un tema a la mesa ponía una mirada seria. Era de esas miradas que no van acorde a la persona que las lanzan, tan extrañas en ellas que sabes que no están bromeando y lo que sea que van a decir debe ser tomado con la mayor de las seriedades.
Una mirada como la que le estaba dando justo en estos momentos.
―Yo no tengo un hijo tonto. Sabes bien lo que tengo que decir, así que porque no nos ahorramos todo esto y empiezas tu a hablarme de ello.
―Porque no hay nada que hablar en realidad ―contesto masticando una tostada―. Yo estoy bien, ¿ya te dije que me han dado un nuevo papel el cual voy a comenzar a grabar el próximo mes? Estoy leyendo el libro, es una historia muy bonita y…
―¿De qué trata?
―Es una historia de amor entre…
―¿De amor? Y yo pensaba que mi hijo era más inteligente.
Xiao Zhan vio pasmado como su madre se levantaba de la mesa y lo dejaba solo con la boca medio abierta.
*
Gu Wei levanto la cabeza y miro el techo.
―Pospón tu regreso a Ciudad-Y por dos días y hazme compañía aquí.
―Lo voy a posponer por una semana.
―Entonces hazlo por dos semanas si es posible.
―…
Nuestros conflictos comenzaban de manera extraña y terminaban extrañamente también.
Xiao Zhan sonrió tontamente. Estos dos, eran tan dulces y su historia se estaba desarrollando tan tranquilamente. Realmente eran una pareja con mucha suerte, sus desacuerdos eran tan fáciles de solucionar y se tenían tanto cariño que empezaba a envidiar a Gu Wei.
Ojalá y yo…
Pero no quiso terminar el pensamiento. Había un zumbido que venía desde la sala, era un ruido molesto que lo paso por alto y hasta lo tomo como un ruido de fondo que le hizo compañía mientras leía. Pero acababa de aumentar de volumen y ya no podía seguirlo considerando un ruido tonto.
Se levantó de donde estaba y, luego de haber marcado la página de donde se quedó, se dirigió al primer piso. A medida que avanzaba el zumbido aumentaba de volumen junto con la voz de un hombre.
―¿Qué es ese ruido? ―le pregunto a su mamá cuando se la encontró al pie de la escalera.
―No es nada, es tu padre viendo la televisión.
―¿Qué está viendo? ―pregunto mientras se acercaba a la sala y antes si quiera de entrar reconoció el ruido.
Simplemente se detuvo en medio del pasillo mientras toda la piel se volvía de gallina. No dijo nada más, no pensó en nada más, simplemente dio media vuelta y regreso a su habitación. Cerró la puerta, se puso unos audífonos y siguió leyendo.
La historia de amor de Gu Wei y Lin ZhiXiao era más interesante que lo sucedía en el primer piso de la casa de sus padres.
*
―No olvides de comer más, mira lo delgado que estas.
Abrazó a su madre, llenándose de su aroma tan característico.
―Yo también te voy a extrañar, mamá.
―Llámanos siempre que puedas, ¿sí? ―insistió mientras se separaba de él y le arreglaba la casaca.
―¿Cuándo regresas? ―pregunto su papá mientras acariciaba su cabeza.
Mordió su labio inferior y pensó cuidadosamente antes de responder.
―Yo les aviso, quizás aparezca de sorpresa nuevamente.
Ambos adultos lo miraron con una sonrisa tenue en el rostro antes de ver a su único hijo subir a la van que lo llevaría al aeropuerto.
*
―¡Buen trabajo, equipo! Este es el último cambio de ropa, ¿Cómo te sientes?
―Genial ―contesto con una sonrisa en el rostro.
El fotógrafo le devolvió la sonrisa antes de retirarse para ver en digital las tomas que había logrado captar mientras él era arrastrado a un lado para cambiar sus ropas y retocar su maquillaje por última vez.
Le gustaba trabajar, le gustaba el caos que se formaba en un set de filmación o incluso el que se formaba para un evento tan pequeño como era este, una simple sesión de fotos de un producto que pronto sería imagen.
El tiempo se detenía cuando estaba frente a una cámara, solo tenía que concentrarse en las poses que debía hacer, cuidar sus expresiones, recordar sus líneas. Era como entrar en una burbuja feliz donde nada más importaba, solo era él y ese pequeño mundo al cual pertenecía por unas horas.
Por unas horas podía vivir despreocupadamente.
―¿Qué tengo luego de esto?
Su asistente reviso su agenda virtual antes de responder.
―Regresar al estudio, vamos a grabar un pequeño segmento para subirlo a Weibo, ¿te sientes de humor para jugar un poco con nosotros?
―Sí, claro.
Contesto antes de que su teléfono sonara y ella se alejara a contestarlo. El director se acercó con otra presentación de las galletas mientras le daba las indicaciones de las poses que quería que hiciera.
Escuchaba atento a lo que le decía el director cuando sintió una presión en el pecho, un pequeño salto de su corazón que lo había puesto incomodo. Al fondo de la habitación su asistente no dejaba de hablar por teléfono con el ceño fruncido.
Regreso a su posición con ese sentimiento invadiendo todo su ser, se tronó el cuello tratando de recordar cuando fue la última vez que se sintió así. Bajo la vista a la caja de galletas y empezó a leer los ingredientes para distraerse mientras terminaban de acomodar las luces.
―¡Ok, todos listos que esta es la última parte!
Aviso el director antes de empezar a trabajar. Las luces blancas que lo iluminaban junto a los flashes que le lanzaban le impedían ver lo que sucedía al fondo. De haber podido hacerlo, quizás no hubiera terminado bien esa sesión de fotos.
Le gustaba trabajar, le gustaba llenar su mente de proyectos, filmaciones, programas, sesiones fotográficas y cuando tenía tiempo hacía vlogs junto a su personal y los subía en la cuenta de su estudio. Le gustaba despertar temprano por la mañana y no parar hasta muy entrada la noche cuando no podía hacer nada más que dormir.
Esa era su pequeña burbuja feliz.
―¡Muchas gracias a todos! ―despidió el director cuando lanzó el último shot― Muchas gracias Xiao Zhan, has estado perfecto.
―Gracias a usted por este día.
Pero dicen que aquella pequeña burbuja feliz que creamos y en la cual naturalmente nos congelamos cuando pasa algo grande, algo trágico en la vida real, no puede durar para siempre.
―Jefe ―la cara de su asistente estaba pintada en preocupación― ¿Por qué no descansa un rato en el camerino? La VAN va a demorar un poco y…
La negación es la primera etapa del duelo, el cerebro ordena al resto de nuestro cuerpo entrar en un estado de shock o embotamiento emocional y cognitivo que evita el dolor ante aquella primera sorpresa.
―Puedo esperar aquí, ahí dentro hace mucho calor ―contesto arreglando su pantalón―. ¿Estas bien?
Es una sensación de irrealidad o incredulidad que puede verse acompañada del congelamiento de las emociones llevándonos a actuar con aparente “entereza emocional” o “como si no hubiera pasado nada”.
―Jefe, es solo que…
Esta etapa puede ser tan sutil que incluso puede presentarse de un modo abstracto, casi restando importancia a la gravedad de la pérdida o su carácter definitivo.
―¡No puedo creerlo! ―grito una de las maquilladoras mientras pasaba casi corriendo a su lado junto a otras igual o más emocionadas que ellas.
Levantó la cabeza para ver a qué se debía el escándalo. La presión en su pecho cobro sentido cuando vio quien entraba al mismo estudio donde estaba él.
―¡Wang Yibo! ―gritaron detrás de él.
Sin embargo, por más que queramos escapar de la realidad bajo este adormecimiento emocional, esta no puede ser indefinida y tarde o temprano chocaremos con ella, y es ahí cuando todo empieza.
Chapter 3: Ira
Summary:
A menudo, el primer contacto con las emociones tras la negación puede ser en forma de ira. Se activan sentimientos de frustración y de impotencia que pueden acabar en atribuir la responsabilidad de una pérdida irremediable a un tercero. En casos extremos, las personas no pueden ir elaborando el duelo porque quedan atrapadas en una reclamación continua que les impide despedirse adecuadamente del objeto amado.
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Las manos le temblaban a pesar de que estaba seguro que la expresión en su rostro no mostraba ninguna emoción. Trataba de prestar atención a lo que le estaba diciendo, pero solo podía pensar en lo pequeña que se había vuelto aquella habitación y en cuanto necesitaba salir de ahí.
―¿Me estas escuchando?
Necesitaba un poco de aire, ¿desde cuándo este lugar se había convertido tan inhabitable?
―Sí ―aclaro su garganta al sentir que empezaba a cerrarse―, entiendo perfectamente.
Cogió su abrigo y sin querer escuchar nada más, salió de ese departamento para no volver nunca más.
*
A oscuras, mirando el techo de su habitación no dejaba de preguntarse cuando es que se había reducido la cantidad de gente en el mundo. Quizás los últimos meses se había propuesto tanto evadirlo que ahora, que lo había visto por primera vez en persona, parecía que había entrado a un nuevo mundo donde él también existía, y este nuevo mundo se había propuesto no permitir que olvidara su existencia.
Ahora se encontraba a Wang Yibo en por todas partes; en persona, en afiches en la calle, propagandas en la televisión, anuncios de Weibo, y cuando creía que estaba teniendo éxito evadiéndolo aparecía alguien que lo mencionaba. Pero lo peor de todo, era que nadie sabía lo que realmente le afectaba. Nadie sabía que una vez ellos habían dormidos juntos, desnudos, en la misma cama. Que una vez Wang Yibo le había mentido diciéndole que lo amaba.
Nadie, salvo su asistente, sabían de las noches sin dormir, de las botellas de licor vacías en su tacho de basura, de las tantas personas que habían tenido que salir a escondidas de su departamento y de aquel nuevo hábito que había adquirido con el cigarro, todo auspiciado por ese corazón roto.
No era ajeno al concepto de "ruptura amorosa", lo habían abandonado anteriormente y él también lo había hecho. Pero Wang Yibo dolía en una forma y tiempo diferente. Y era lógico que sea así, después de todo fue él la primera persona con quien se mostró sinceramente, la primera persona a quien le entrego algo más que una buena noche, más que una relación vacía y superficial.
Se había dado por completo, y al final ni el mismo entendía qué era lo que había sucedido, ¿en qué momento todo cambio? ¿En qué momento Yibo había decidido que tenía suficiente de él y lo mejor era devolverlo por la misma puerta por dónde había entrado?
Sin poder evitarlo, recordó la sonrisa brillante con la que Yibo estaba atendiendo a todos. Se veía tan feliz, su ruptura obviamente no había afectado en nada su mundo, no le había quitado el sueño por las noches ni le había generado un nuevo vicio con el cual no podía levantarse de la cama cada mañana.
¿Acaso él había sido tan fácil de desechar? ¿Él era tan fácil de olvidar? ¿Tan poco había significado en toda esta historia?
Un rayo de sol entro por la persiana a medio abrir.
*
De camino a la lectura de guión de The Oath of Love pensó en que si quería dar un cierre a toda esta situación que rayaba en lo patético, tenía que tomar cartas sobre el asunto. Y el llorar por una relación que, a todas luces, había sido unilateral, no era un buen método.
Necesitaba que Wang Yibo fuera alguien sin importancia en su vida, así como él lo era en la del otro, tenía que generar un sentido de aversión por el menor. Sí, esa era la única forma sensata en la que podría dar por cerrado todo este tema
Así, como en una carta que le había escrito hace tiempo donde le mencionaba diez razones por las cuales lo adoraba, en serio, no podía reconocerse; ahora tenía que encontrar diez razones por las cuales debía odiarlo.
―No puede ser ―renegó en voz baja mientras levantaba un polo de Yibo de la mesa de centro― así no se puede vivir.
―¿Qué pasa? ―preguntó mientras salía del baño secándose la cabeza con una toalla.
―Mis audífonos ―mascullo revisando debajo del sofá― no puedo encontrarlos, ¿no los has visto?
―No ―se dirigió a la habitación y pronto regreso― pero toma, usa los míos.
―Yibo, no podemos vivir en tanto desorden ―contesto mientras recibía los audífonos del chico.
―Lo sé, ya luego lo arreglamos. Por mientras coge los míos y mañana te compro unos nuevos, ¿sí?
Y antes de que pudiera replicar ya lo había callado con un beso.
*
En un puño encerró el case para sus airpods de El Principito que le había terminado regalando. Se suponía que debería de haberse desecho de todo esto, pero ¿podían culparlo por gustarle tanto un regalo?
―¿Tienes todo? ―le pregunto su asistente en la puerta de su departamento.
―Sí ―guardo el case en el bolsillo de su chaqueta― vámonos.
*
―¡Mira Zhan-ge!
Gritó antes de hacer una pirueta por la cual había estado practicando la última hora, riendo con ganas al ver que le había salido bien.
―¿Lo grabaste?
―Claro que sí ―contesto con una suave sonrisa en el rostro.
No importaba el dolor de cabeza que estaba teniendo a causa del ruido incesante que hacía el skate cuando chocaba contra el piso. Viendo la sonrisa en el menor, pensó que nada más importaba que verlo feliz.
*
―Xiao Zhan, Xiao Zhan ―la mujer lo sacudió suavemente― hemos llegado. Vamos.
Parpadeó mientras veía a su alrededor, se arregló la mascarilla y empezó a andar. Mientras viajaba en la VAN veía los edificios pasar pensó en que nada de esto era justo, no para él.
¿En qué momento las cosas se torcieron en su contra? Recordó la última semana juntos, la última conversación que tuvieron antes de subir en ese avión con destino a Japón. En ningún momento mencionó la idea de acabar, ¿Cómo un simple viaje para desconectar de un personaje había terminado significando el fin de su relación?
Solo le había pedido un poco de espacio, un tiempo para él mismo y bueno, no podía quejarse, Wang Yibo le había dado más del que había pedido.
*
―No ―se quejó mientras retiraba el plato―, sabes que no tolero el picante.
―Ya, ya, dámelo a mí. Tu quédate con el cilantro y el vinagre.
Cambio los platos con una sonrisa en el rostro. Sabía muy bien lo que le gustaba a Yibo, pero aun así le gustaba fastidiarlo.
―Estaba pensando ―comentó de pronto mientras echaba una buena cantidad de vinagre a su sopa―, que quizás sea hora de visitar a nuestros padres, ¿qué opinas?
Se mantuvo en silencio mientras pensaba en lo que dirían los suyos cuando se enteraran que su único hijo, su hijo perfecto, en realidad había cambiado a las chicas por los chicos. Por un chico en específico, un chico menor que él.
―No sé, ¿estás seguro?
―Si me acompañas, no creo que nada malo nos suceda ―le contesto con una de sus típicas sonrisas.
¿Cómo dudar?
―Está bien, programemos fechas y coordinemos agendas.
*
―Entonces, ¿necesitas algo más?
―No creo, ¿mi registro de habitación…?
―A nombre de “Hades”, no te preocupes. Si lo llegasen a descubrir, tendría que sacarme el sombrero.
Se rió suavemente.
―Tienes la terraza del último piso para que tomes aire, hazte un favor y no te quedes encerrado aquí.
―Sí, mamá.
La chica lo miro feo.
―Estoy segura que no usarías ese tono si en realidad fuera tu madre quien lo dijera ―se colgó su cartera en el hombro―. Recuerda que a las 7AM te pasaran a recoger, así que no te acuestes tarde.
Y sin decir más, salió de la habitación.
Se tiró en la cama, luego de cerrar las cortinas, y decidió dormir un poco más. Mientras jalaba una almohada y la abrazaba con brazos y piernas, rogó porque esta vez sus demonios se apiadarán de él y lo dejarán descansar, aunque sea un poco.
Con el brillo del sol filtrándose por las persianas, se quedó dormido.
*
―Zhan-ge ―lo picó despacio en el hombro―, Zhan-ge, despierta.
Abrió los ojos y lo primero que vio fue su boca soplándole suavemente en la frente.
―Ahí estas ―lo saludó con una sonrisa―. Ya es tarde, ¿vamos a pasear?
Reviso el reloj, eran las 2AM. Se estiro cuan largo era pensando en que en realidad no quería dejar esta cama.
―¿Ahora? ―su voz salió rasposa.
En un movimiento totalmente impredecible se levantó y jaló al chico por la cintura haciendo que soltara un grito de sorpresa. Lo acomodo a su lado para abrazarse a él con brazos y piernas y hundió su nariz en su cuello.
―Estoy cansado, hoy durmamos y te prometo que mañana salimos.
―Siempre dices lo mismo ―se quejó en voz baja mientras delineaba su rostro con un dedo―, supongo que es lo que tengo que soportar por salir con alguien viejo.
―¿A quién le estas llamado viejo, guzaizai? ―peñizco su cintura y Yibo soltó una carcajada― No hagas que te demuestre cuan lleno de vida aún estoy.
*
Cuando despertó, toda su habitación estaba a oscuras. Solo había sido un sueño, uno de los muchos que habían decidido perseguirlo sin darle tregua. Sueños de tiempos más felices, de cuando aún creía que lo que tenía con él era real.
Qué torpe.
Se restregó los ojos al tiempo que se estiraba cuan largo era. Eran las 8PM, tenía quince llamadas perdidas y el estómago empezó a exigirle comida.
Mientras comía la ensalada de frutas que acababan de dejarle recordó todas aquellas veces en las que él le exigía comer algo, siempre pedía un poco de fruta la cual pelaba y cortaba y se la dejaba delante. Viendo el tazón frente a si, por primera vez en mucho tiempo se permitió extrañarlo. Extrañar sus regaños, sus risas, sus juegos tontos. Extraño su aire infantil, esa sonrisa arrogante que lo ponía de rodillas y no pudo evitar pensar ¿qué les sucedió?
Pero a él, a Xiao Zhan, no le pasó nada.
Solo me paso Wang Yibo.
Y como si se tratara de un fuego artificial encendiéndose en la noche de su alma, se dio cuenta que todo este tiempo, todos estos meses, su enojo lo había estado dirigiendo en la dirección equivocada. En realidad, él no había hecho nada.
Nada de esto era realmente su culpa. Nada de lo que estaba sucediendo había sido provocado por él.
En todos estos meses en que se había quedado en una especie de coma sentimental, evadiendo los recuerdos de aquella tarde, prefiriendo autodestruirse un poco solo para no sentirse tan mal, se dio cuenta que con quien debería de estar realmente enojado no era él mismo, era Yibo.
Yibo fue quien decidió poner fin a esta historia, desechándolo como si fuera cualquier cosa, fue él quien no le dio una explicación a esa decisión. Simplemente espero a que regresara para dejarlo.
¿En qué momento todo había cambiado tanto? ¿En qué momento ambos se habían perdido al punto de que todo lo que tenían dejara de tener valor? ¿Qué era lo que había hecho para merecer un trato así?
El chico que me gustaba.
Pensó mientras dejaba a un lado el tazón y empezaba a caminar por la habitación. Aquel enojo que había mantenido dormido dentro de sí, adormilado por la falta de sueño que había estado sufriendo, ahogado por las botellas de whisky que su asistente había sacado de su departamento, empezó a subir desde su estómago haciéndose paso poco a poco hasta llegar a su cabeza.
El chico que me gustaba.
El chico que le gustaba lo había dejado en China y una semana lejos de él había sido tiempo suficiente para perderlo, pero no había sido su culpa. En realidad, el chico que le gustaba no lo habría dejado nunca, no habría tirado por la borda lo que tenían, lo especiales que ambos eran cuando estaban juntos. El chico del cual se había enamorado habría llorado ante la sola mención de terminar la relación, el chico al cual le entrego su corazón habría luchado, junto a él, para salir de cualquier crisis o problema que tuvieran, sin importar el tiempo que tomara, sin importar el problema que fuera.
Pero el chico que le gustaba ya no existía y en su lugar había aparecido esta persona que era totalmente diferente. Alguien que no tenía corazón ni compasión, esta persona quien se había deshecho de él como quien tira un mueble viejo, como si nunca se hubieran querido, o hubieran vivido nada juntos, ni se hubieran besado, ni poseído o dicho palabras de amor en la intimidad.
En ese momento le encontró un nuevo significado a todos los sueños que había tenido, uno con el cual se sintiera menos confundido, menos triste, menos amargo. En un momento, todo el amor que pensaba que aún tenía dentro de sí, se transformó.
*
―El carro acaba de llegar, ¿estas bajando?
―¡Voy! ―y colgó el celular. Cerró la puerta de su habitación y entró al ascensor.
Diez razones por las cuales odio a Wang Yibo:
- Su desorden.
- Su arrogancia.
- El sonido de su maldito skate.
- Su gusto por el ajo.
- Su impertinencia.
- Su imprudencia.
- Su impulsividad.
- Su cero gusto por la lectura.
- El tipo de música que escucha
Y la décima…la décima razón…
―¡Buena suerte, jefe!
La chica se despidió cuando hubo bajado en el lugar donde se llevaría la lectura de guión. Entro a la sala donde se encontraban los demás actores, saludo al director y el productor y estos lo presentaron con cada uno.
―Xiao Zhan, esta es tu co-actriz. El amor de tu vida por los próximos meses: Yang Zi o a partir de ahora; Lin Zhi Xiao.
―Encantada Xiao Zhan ―la chica frente a él era pequeñita y toda sonrisas―, ¿o quizás debería empezar a llamarte Doctor Gu?
―Un gusto ―contesto sonriente, contagiado de la buena vibra que emitía Yang Zi.
La décima razón por la cual odio a Wang Yibo es que él me borro de su vida rápidamente.
Chapter 4: Negociación
Summary:
En la fase de negociación, se comienza a contactar con la realidad de la pérdida al tiempo que se empiezan a explorar qué cosas hacer para revertir la situación. Por ejemplo, cuando a alguien se le diagnostica una enfermedad terminal y comienza a explorar opciones de tratamiento pese a haber sido informado de que no hay cura posible, o quien cree que podrá recuperar una relación de pareja ya definitivamente rota si empieza a comportarse de otra manera.
Chapter Text
Volvió a presionar el botón de llamar mientras se colocaba el teléfono en la oreja, ansioso por que la persona al otro lado le contestara.
Por favor, por favor, por favor.
Pero nuevamente su llamada acabó en la casilla de voz. Maldijo en voz baja, volvió a marcar el botón verde y, sin dejar de mover su pierna en un tic nervioso, no dejaba de pensar en todo lo que haría para que esta vez las cosas fueran diferentes.
Estaba listo para acceder a cualquiera que sea la condición que le pusiera, cualquiera fuera, simplemente no se veía viviendo en un mundo lejos de él.
Nuevamente el buzón de voz, pero esta vez cuando presionó el botón verde, la operadora le contesto: “El número que acaba de llamar se encuentra fuera de servicio”.
*
Enamorarse de Yang Zi fue algo inesperado, pero no sorprendente, casi había esperado que le sucediera aquello. Ella era tan suave, tan comprensiva y bonita que no era difícil que las personas a su alrededor se sintieran atraídos por su energía. Como si se tratara de una polilla atraído por esa luz, de pronto, se había convertido en uno más.
Yang Zi era, en muchos sentidos, especial. Su carácter dulce rayaba casi en la fantasía y hacia preguntarse si esta persona era real. Y a pesar de ella estar interpretando a un personaje mucho menor, era un espectáculo verla pasar de ser Lin ZhinXiao a Yang Zi en un abrir y cerrar de ojos.
En un inicio se negó a aceptarlo, era consciente que aún no superaba su última relación y estos solo eran los sentimientos de su personaje, no debía de confundir las cosas como sucedió la última vez; pero con Yang Zi a su lado, era fácil dejarse inundar por los fuertes sentimientos de Gu Wei por Lin ZhinXiao. Y así, la realidad fue superada por la ficción entre interminables conversaciones alrededor de platos de comida japonesa sobre sus gatos, consejos de actuación, recomendaciones de series o canciones, riéndose entre ellos por algún chiste privado o quedando para salir a comprar algo juntos.
Y, la verdad sea dicha, se sentía bien.
Salir con Yang Zi le hacía feliz. No era ese estado de euforia que una vez sintió, en su lugar era una felicidad tranquila y completa que ya había experimentado alguna vez mucho tiempo atrás. Y quería creer que esa felicidad era la que realmente necesitaba en su vida. Ambos de caracteres tranquilos y con objetivos similares en la vida, era difícil no sentirse en paz a su lado, esa paz que había ansiado sentir desde hace tantos meses y que le había sido arrebatada sin siquiera darle la oportunidad de luchar por ella.
Decidido a hacer un cambio en su vida, la invito a tomar un café y se encargo de dejar muy en claro que esta salida no era como alguna de las anteriores, donde solo eran dos amigos pasando el rato; esta era él, un hombre, interesado románticamente en una mujer. Aquella cita salió mejor de lo que se hubiera podido imaginar, los nervios no les jugaron un mal rato y toda la velada estuvo llena de conversaciones variadas que no estaban relacionadas al trabajo y en cambio muy vinculadas con sus vidas personales.
Lo que era salir con alguien tan afín. No solo en ideales o valores, sino también en edad. Ambos estaban rondando los treinta y tenían una visión clara de la vida, de lo que querían de ella a nivel personal y profesional, ser conscientes del mundo en el que vivían y sus limitantes. Interpretar a Gu Wei le había abierto los ojos a la clase de vida que deseaba: un amor sencillo. Y mientras más tiempo pasara al lado de Yang Zi, más se convencía que podría lograrlo con ella.
—Toma —susurro sobre el hombro de la chica mientras dejaba la taza de té frente a ella.
—Gracias —contesto dedicándole una sonrisa.
Para cuando se dio cuenta, ellos ya estaban juntos. Todo había sido tan fluido, como si estuviera destinado a ser. Sonrió a la mujer que repasaba su guion al otro lado de la mesa, mientras daba pequeños sorbos a la taza que le acababa de entregar.
Por primera vez en mucho tiempo, no se sentía presionado por ocultar algo ni nervioso por que los demás pudieran descubrirlo; esta vez las personas podían ver cuanto quisiera ya que no había nada de lo que él pudiera tener miedo. Yang Zi era la medicina que había necesitado para volver a ser el Xiao Zhan de antes de Wang Yibo. Si bien era cierto que no era el mismo, esta era una versión muy similar, más tranquila y sosegada, una con la cual se sentía tranquilo.
*
Quería vomitar.
¿Desde cuándo el conocer a unos padres lo ponían tan nervioso? Esa era una pregunta estúpida, claro que sabía desde cuándo. Fue desde que conoció a los padres de Yibo, estuvo encantado con ellos, ellos con él y luego todo se pudrió.
Sonrío a la chica sentada frente a él y se arriesgó a tomar un sorbo de su café.
—¿Entonces? —insistió ella.
Ojalá no tuviera que estar en esta situación.
—Entonces —repitió tratando de ganar algo de tiempo—, ¿en serio es buena idea conocerlos desde ya? No hace mucho que salimos y ambos dijimos que lo llevaríamos con calma.
―Xiao Zhan ―suspiro mientras lo miraba cansada―, solo es ir a tomar el té. No te van a preguntar si tienes planes de casarte conmigo, ¡imagínate!
Xiao Zhan solo río nervioso mientras jugaba con el lápiz entre sus dedos, siendo totalmente honesto, la idea de volver a pasar por el proceso de compra de un anillo de compromiso lo asustaba un poco.
—Pero a ver, ¿esto tiene algo que ver con tu ex?
—¿Que? ―el lápiz cayó de entre sus manos por la pregunta inesperada― ¡No! Esto no tiene nada que ver con mi ex ―dejó el lápiz tranquilo a un lado―. Es solo que me llama la atención, dijimos que nos conoceríamos tranquilamente y…
―No entiendo que hay de malo en que vayas a tomar el té con mis padres ―la chica se cruzó de brazos, claramente fastidiada―, yo también quiero conocer a los tuyos.
¿Qué había de malo? Casi podía escuchar los gritos de su madre diciéndole que era una persona inmadura que los trataba de tontos. Primero, durante la universidad, llegó una tarde con la loca idea de querer casarse con la chica con la que salía en ese entonces. Sus padres le dijeron que era muy joven y pensara bien las cosas, pero se entercó y no los dejó otra salida que apoyarlo en escoger un anillo, conocer a los padres de ella y hasta buscar una casa donde se mudaran. Al final, ella termino yéndose al otro lado del mundo y todo quedó en nada.
Luego, decidió dejar atrás su negocio y la carrera que había estudiado por tantos años para entrar en el mundo del espectáculo, y como si eso no le bastará llego con la novedad que ¡ahora estaba enamorado de un muchacho! ¡Un hombre! ¡Encima mucho menor que él! Al igual que la vez anterior, sus padres le dijeron que quizás estaba confundido y no debía de apresurarse, pero él estaba seguro, muy seguro de que lo que sentía por este muchacho no se comparaba en nada con cualquier cosa que hubiera tenido antes. Sus padres tuvieron que hacer un giro total a lo que se habían imaginado de lo que sería la vida de su hijo y aceptaron, con esfuerzo, a la persona que él decía amar, aceptaron que nunca tendrían nietos y, en lugar de una hija, estaban ganando otro hijo. Al final, esto tampoco resulto.
En retrospectiva, ¿era tan fácil de botar? Él siempre estuvo dispuesto a darlo todo y, de alguna manera, las cosas no salían como él las planeaba. Siempre sucedía algo, que terminaba con él siendo abandonado. Un escalofrío recorrió su columna al imaginarse llevando a Yang Zi a la casa de sus padres, casi podía escuchar la tremenda charla que le darían, lo inmaduro e impulsivo que era cerca a sus treinta años, lo ineficiente que era al no poder mantener una relación. Si llevaba a Yang Zi a la casa de sus padres, les estaría dando la razón a cuando ellos le dijeron que lo de Yibo fue solo una etapa tonta y,, a pesar de lo mucho que le jodiera admitirlo, Yibo no fue, ni nunca sería, una etapa tonta.
—Vamos con calma, ¿sí? ―estiro su mano a través de la mesa para coger la de ella― No hay razón para apresurar las cosas.
—Dime la verdad ―insistió ella retirando su mano―. Es por tu ex, ¿no es cierto?
—Cariño, mi ex no tiene nada que ver aquí, no te hagas ideas equivocadas.
—No me hago ideas equivocadas, Xiao Zhan. Lo noto.
—¿Qué notas?
—¡Como te duele hablar de ella! ―se acomodó mejor en la silla antes de seguir hablando― Siempre evades el tema, nunca me has contado nada de ella cuando yo sí te he contado sobre mis ex. Además, a veces te quedas mirando el vacío con una cara…
―¿Qué cara?
―De pena. Tienes la expresión más triste del mundo y pienso que estas recordando algo que has vivido con ella y me frustra que no me quieras contar. Xiao Zhan, ¿qué hacemos saliendo si aún la añoras? Deberías regresar con ella.
―Estas tan equivocada.
―No lo creo.
¿Qué hubiera pasado si le daba a Yibo aquello que más quería? ¿Qué hubiera pasado si salía al mundo a revelarse y confesaba que su corazón le pertenecía a él? ¿Qué hubiera pasado si le hubiera presentado a sus padres antes de tiempo? ¿Antes que él se lo pidiera? ¿Y si él lo hubiera propuesto primero? ¿Se abría podido evitar aquel final? ¿Yibo hubiera tomado aquella decisión fatal?
El cigarro en sus dedos se deshacía lentamente mientras el sol se ponía detrás de todos esos edificios. La chica con la que salía desde hace unos meses acababa de salir de su departamento y él, en lugar de pensar en como compensar su mala actitud, había optado por sumergirse en aquel vicio que lo acompañaba desde hace unos meses y dejarse hundir en aquel hoyo que estaba lleno de recuerdos pasados. De recuerdos de tiempos más felices.
Viendo los últimos rayos del sol, dio una fuerte calada, como quien se da valor a aceptar aquella verdad que siempre le había estado golpeando fuerte en la cara y de la cual, sus esfuerzos, no sirvieron de nada para escapar de ella: nunca volvería a vivir lo que vivió de la mano de Yibo.
No importaba en que personaje se proyectara, con quien saliera, las cosas que hiciera o los planes que ideara; aquello que alguna vez le hizo tan feliz se había ido aquella mañana de septiembre cuando llegó de Japón y pensó ilusamente que nada malo le podría suceder.
Chapter 5: Depresión
Summary:
En este periodo la persona empieza a asumir de forma definitiva la realidad de la pérdida, y ello genera sentimientos de tristeza y de desesperanza junto con otros síntomas típicos de los estados depresivos, como el aislamiento social o la falta de motivación.
El hecho de perder a un ser querido, puede hacer que la vida deje de tener sentido para nosotros, al menos durante un tiempo.
Chapter Text
Aún sumido en sueños podía escuchar el tocar insistente de la puerta de su habitación, pero no le importaba quien fuera. Solo quería estar solo. Solo quería dormir un poco más, hundirse un poco más en esa fantasía que su mente sabía crear tan bien, en la que él aún lo tenía todo y era feliz.
―Jefe ―la voz de su asistente sonaba preocupada―, ya arreglé su agenda por el resto de la semana, ¿esta seguro que no quiere visitar un doctor?
Un doctor. Solo visitaría un doctor si este pudiera arrancarle el corazón y reemplazarlo por otro artefacto que le permitiera vivir. Casi envidiaba a Jack, con un reloj de cucú como corazón, no permitiéndose enamorarse para no morir. Pero, ¿Eso habría funcionado con alguien como Yibo bailando a su alrededor?
―¿Jefe?
Sabía que si no le contestaba, ella no se iría.
―Gracias, puedes irte ―soltó lo más fuerte que pudo sin salir debajo de sus sábanas.
*
―Jefe ―su voz sonaba más clara a diferencia de todas las anteriores―, estoy preocupada. Por favor, coma algo.
Sintió el ruido de algo siendo dejado en su mesa de noche. No quería abrir los ojos.
―Vete.
―Jefe, coma un poco, por favor. Luego, si quiere, puede seguir durmiendo.
Abrió los ojos lentamente hasta que pudo visualizar la cara preocupada de su asistente. Con su ayuda, retiro las cobijas que lo abrigaban y se sentó. Ella se sentó al borde de la cama y empezó a darle de comer el congee que había cocinado.
Poco a poco, y evitando mirarla a los ojos, comió.
*
―Él lamenta mucho no haber contestado su correo, pero en estos momentos se encuentra indispuesto. Yo entiendo, se lo haré saber. Muchas gracias.
Sentía el cuerpo pegajozo y los ojos hinchados, se había despertado en la madrugada soñando con él. Cuando por fin se decidió a tomar un baño, sintió la fuente de calor que lo había hecho sudar en la noche: Jianguo estaba acurrucada a un lado suyo.
―Hola bonita ―susurró mientras acariciaba detrás de sus orejas.
La gata se estiro y se coloco panza arriba, claramente deseando que su dueño la siguiera con el trato. Recordó la primera vez que Yibo entro a su casa y conoció a Jianguo, lo tímida que se mostro al inicio, reacia a salir de debajo de la mesa. Tres horas después se encontraba ronroneando en el regazo del chico.
¿Ella también sentiría su ausencia? ¿Ella se preguntaría dónde se encontraba aquel humano que siempre le traía dulces y la cargaba tiernamente mientras acariciaba detrás de sus orejas y paseaba con ella por todo el departamento?
―¿Tú también lo extrañas?
“Miau”, y Xiao Zhan lo tomó como un “Sí”.
―Yo también.
*
―¡Vaya! ¡Hasta que te dignas en responder a tu madre!
―Hola, ma ―no quería decirle que en realidad había contestado harto de ver el celular lleno de notificaciones de llamadas perdidas de ella.
―¿Qué paso que no podías atenderme? Todos estos días he hablado más con tu asistente que contigo, ¡Estoy a nada de adoptarla!
―Tranquila, estoy bien. Solo necesito un tiempo a solas.
―Ya. ¿Lo de las noticias es cierto?
―¿Qué noticias?
―Que has terminado con la actriz de tu nuevo drama. No sabía que estabas saliendo con alguien.
Mierda. ¿En serio se había filtrado eso? ¿Acaso no podía tener un poco de privacidad?
―No salía con nadie, ma ―mintió descaradamente―. Solo éramos amigos.
Al otro lado de la línea, su mamá no hizo ningún comentario.
―Esta bien. Te voy a creer. ¿Cuándo vienes a casa? Entiendo que tienes vacaciones, ¿no?
―Algo así. En realidad, solo me estoy tomando un tiempo para descansar, leer los libros que tengo pendientes, ver las series que no he podido ver hasta ahora, pensar.
―Eso esta muy bien. Pero vuelvo a insistir, ¿Cuándo vienes a casa?
―No sé, ma. ¿Por qué? ¿Tienes algo planeado para mí?
―Jajaja no. Solo extraño a mi hijo y quiero verlo.
*
Supo que había tocado fondo cuando una noche se levantó para ir al baño y al lavarse las manos, vio su reflejo. El cabello lo tenía grasoso y largo, el rostro pálido y no sabía cuando es que había bajado tanto de peso. Esa noche no lo pensó dos veces y se metió a la ducha, se lavo dos veces la cabeza y el cuerpo, al salir cambio su ropa de cama y ordeno el cuarto.
Adoro con el alma a su asistente, el arenero de Jianguo estaba limpio, sus platos llenos y el tacho de basura vacío. Se sentó en el sillón, negándose a regresar donde se había refugiado las últimas dos semanas. En el silencio de su departamento, nunca se había sentido tan solo y con ese pensamiento un vacío se ubico en su pecho, justo donde se encontraba el corazón.
Sin poder evitarlo, pudo ver con claridad a Yibo en la cocina peleando por cortar una manzana decentemente mientras él se reía suavemente a su lado.
Yibo.
¿Algún día podría superar este sentimiento? ¿Algún día Yibo saldría de su sistema y le permitiría ser feliz?
De pronto, como si el clima y su estado de ánimo se sincronizaran, un trueno llenó todo el ambiente y poco después empezó a llover.
*
El sonido de la puerta abriéndose lo despertó de un susto, se había tomado una pastilla para dormir desde que salió de casa y todo el camino se la había pasado dormido. Ni siquiera recordaba como subió al avión.
En medio de su tardía depresión post ruptura, su manager se había hartado de verlo dormir todo el día porque por la noche no lograba conciliar el sueño. Había bajado dos kilos y unas enormes ojeras habían empezado a aparecer alrededor de sus ojos, sin contar que su apetito se había visto reducido a solo un tazón de arroz y algo de verduras.
―Si piensas morirte, mejor que sea donde tus padres. Así podrán verte por última vez ―le había dicho.
Así que ahora se encontraban ahí, fuera de la casa de sus padres, aún medio drogado por las pastillas que se había tomado para tratar de conciliar un poco el sueño.
―Llámame cualquier cosa.
―¿Esperas que te llame luego que me estas dejando tirado como un paquete en la casa de mis padres?
―Espero que me llames cuando te sientas de mejor ánimo, no te hace bien quedarte solo y encerrado.
Suspiro sin decir nada y solo se limito a asentir mientras cogía el asa de su carry on y arrastraba todo su ser a la entrada. Saco su llave de su abrigo y luego de haber abierto la puerta se dio media vuelta para despedirse de la chica que ya se encontraba en la VAN.
Sus padres no sabían que llegaría ese día, ni de lo mal que la había estado pasando la última semana. Haciendo pasar su maleta, rezaba para que su madre no decidiera husmear en su cuarto y encontrara los somníferos que ahora necesitaba para poder descansar un poco. Desde afuera, podía oír voces viniendo de la sala. Se aliso un poco la ropa y se peino con los dedos, lo último que sus padres merecían era que sus amigos vieran al hijo del cual se sentían tan orgullosos entrar como si se tratara de un vagabundo. Abrió los ojos y fingió una sonrisa antes de emprender el camino.
En líneas generales, la vida siempre había sido amable con él y podía contar con una sola mano que esta le hubiera dado sorpresas desagradables. Era claro que entre ellas la ruptura con Yibo liderara la lista, hasta ahora.
Sentado en el sofa de la sala de la casa de sus padres, con una taza de té en la mano y sonriendo despreocupadamente mientras le comentaba algo gracioso a su madre, ignorante de todo lo que había causado, indiferente a como había arruinado su vida, estaba Yibo. Siempre se había enorgullecido de siempre haber hecho frente a sus problemas, pero hoy pensó que huir era lo mejor que podía hacer. Su manager no se había ido hace mucho así que podría llamarla y pedirle que regrese a por él, podía arreglarse pasar diez minutos desapercibido en la calle.
Dio un paso atrás con tan mala suerte que tropezó con uno de los maceteros de su madre, volteo a coger el macetero y evitar hacer un escándalo, pero en el proceso choco con su maleta y esta cayó al piso haciendo un ruido seco. Aún agachado y sosteniendo al macetero, cerró con fuerza los ojos y pudo escuchar como la conversación se había detenido y a su madre acercarse a él mientras gritaba su nombre, en voz baja maldijo su mala suerte.
―ZhanZhan, ¿Por qué no me dijiste que venias? ―le reclamo mientras levantaba su maleta y se acercaba a él.
¿Así te hubieras podido encontrar con ese traidor a mis espaldas? Pensó mientras miraba a su madre con los ojos entrecerrados.
―Quería darte una sorpresa ―contesto en voz baja. Se puso de pie luego de colocar la maceta nuevamente en su lugar, se sacudió la ropa y tomó aire antes de enfrentar aquello que tanto había evitado.
Yibo se encontraba de pie en medio de la puerta, estaba vestido con una camisa a cuadros y debajo un polo blanco, jeans y zapatillas de skate. La expresión de su rostro era de autentica sorpresa, era evidente que esta no era la primera vez que iba a su casa a escondidas, ¿Cuántas veces ellos se habían reunido a sus espalda? ¿Cuántas veces, desde que rompieron, ellos habían continuado en contacto? ¿Habían hablado de él? ¿Había hablado de su ruptura? ¿Lo habían pintado como el personaje malo en esta historia?
Chapter 6: Aceptación
Summary:
Supone la llegada de un estado de calma asociado a la comprensión, no sólo racional sino también emocional, de que cualquier pérdida es un fenómeno inherente a la vida humana.
Se podría aplicar la metáfora de una herida que acaba cicatrizando, lo que no implica dejar de recordar, sino poder seguir viviendo con ello.
Chapter Text
Cuando se es niño y se siente dolor los padres te dan un dulce y una felicitación por haber sido valiente. De adultos, las cosas cambian y tenemos que tratar de sonreír, conversar, saborear la paleta invisible porque por alguna razón alguien decidió que nombrar el dolor es descortés y ocultarlo y ocultarnos de él tiene más sentido.
Pero es mentira, una mentira que nos reconforta y destruye en partes iguales.
―Hola Yibo, cuanto tiempo ―sin pretenderlo, había usado un tono indiferente, muy alejado a la realidad de sus sentimientos.
―Hola Zhan Ge ―contesto en voz baja, notablemente incomodo.
―Vamos, pasen, pasen, no se queden ahí parados ―su madre ya había cogido su maleta y la empujaba dentro de la casa.
Viendo a Yibo tan de cerca, no había notado lo profunda que era la herida que aún llevaba consigo, y como esta podía arder.
―Adelante ―lo invito con un ademán―, estas en tu casa.
Adentro, su papá aún se encontraba sosteniendo la tetera y con los ojos como platos, obviamente no esperando ese encuentro. Lo saludo rápidamente y, tomando su maleta de las manos de su mamá, subió las escaleras sin decir nada. Entro casi corriendo a su habitación y luego de cerrar la puerta con seguro tiro su abrigo al suelo y se dirigió a zancadas a la ventana para abrirla de par en par. Tomó aire tratando de controlar las nauseas que se habían instalado en el estómago, con los ojos cerrados y concentrado trato de controlar todas las emociones que le había provocado ese pequeño encuentro.
Una vez estuvo más tranquilo, pensó que no podía quedarse encerrado ahí de por vida, no podía demostrarle lo vulnerable que aún se sentía. Se lavo la cara y bajó con la mejor expresión que pudo fingir. Yibo aún se encontraba ahí y sus padres trataban desesperadamente de mantener un ambiente agradable, era obvio que él no debió de llegar sin avisar.
*
La cena transcurrió tranquila, él se mantuvo silencioso y con la mirada gacha omitiendo las miradas que su mamá no se cansaba de enviarle mientras que su papá intentaba desesperadamente de mantener una conversación casual con el culpable de su sufrimiento. Justo cuando pensó que todo llegaba a su fin y podría volver a sentirse cómodo en su propia casa, Yibo recibió una llamada de su asistente, su vuelo acababa de ser cancelado y tendría que pasar la noche en Chongqing.
―¡No te preocupes! ―salto su madre casi haciendo que se atore con el arroz― Puedes quedarte aquí, tenemos una habitación para invitados, solo hay que arreglarla un poco, ¡vamos ZhanZhan, ayúdame!
―¿Por qué?
―No quiero importunar, Sra. Xiao…
―¡Tonterías! Imposible que molestes, con ZhanZhan en casa la arreglaremos en cuestión de minutos.Dile a tu asistente que no se preocupe, que tienes un lugar discreto y de confianza.
*
Se tronó el cuello por tercera vez, su mamá ni si quiera lo había dejado terminar de cenar para que la ayude a arreglar la habitación donde Yibo se quedaría. Esto rayaba en lo ridículo. Eran más de la 1AM y las luces de la casa ya se encontraban apagadas. Evitando hacer el menor ruido posible, salió de su habitación y bajo las escaleras, en su apuro de huir se había olvidado de llevarse un vaso con agua y ahora no tenía con qué tomar sus pastillas. Aquí no podía hacer los desarreglos con los que había estado viviendo en Beijing, no podía preocupar a sus padres.
Pero la luz de la cocina ya se encontraba prendida.
―Lo lamento ―Yibo se disculpo ni bien lo vio entrar―, solo estaba buscando un poco de agua.
Sin decir nada se dirigió al gabinete donde se guardaban los vasos y sacó dos, luego de la refrigeradora saco una jarra de agua de cítricos que a su mamá le gustaba preparar, se sirvió y dejó la jarra sobre la encimera sin decir nada. Del bolsillo de su bata saco el frasco con las pastillas y se tomó una.
―No sabía que tenías problemas para dormir ―le escucho decir a Yibo mientras se servía de la jarra.
―Sí, fue uno de los regalos que… ―se detuvo, estuvo a punto de decir “que me dejaste”, pero pudo frenar su lengua tiempo―, es el exceso de trabajo, supongo.
Se tomó dos pastillas de un solo sorbo, acostumbrado ya a ellas y dejo el vaso en el lavadero.
*
Yibo.
¿Por qué terminaron? Si ambos eran felices juntos, ¿Por qué tuvieron que terminar? ¿Por qué Yibo tomo esa decisión? Había repasado una y otra vez esas dos semanas, buscando algo que hubiera motivado a Yibo tomar esa decisión, pero no podía encontrar nada. La noche anterior a irse a Japón incluso la habían pasado juntos, se habían despedido con un beso, fue un beso casual y rápido, quien se imaginaria que ese sería el último.
Y cuando regreso, Yibo ya había tomado la decisión de abandonarlo. No podía recordar claramente lo que le dijo en ese momento, en lo único en lo que podía pensar era que su mundo se estaba partiendo en dos y él no podía hacer nada para evitarlo. Y luego, cuando fue consciente de lo sucedido y quiso reclamar, en menos de veinticuatro horas Yibo ya lo había eliminado de su vida. ¿Acaso el no había significado nada para el menor? ¿Dónde iba el amor cuando terminaba?
A penas y podía mantener los ojos abiertos, se sentía tan relajado y pensó que por fin las pastillas estaban haciendo efecto, solo rogaba que esta vez le permitieran dormir más de tres horas. Cerro los ojos dejándose llevar por esa sensación, y en medio de esa neblina en la que se encontraba creyó oír como alguien lo llamaba a lo lejos.
Con toda la fuerza que tenía en su cuerpo, abrió los ojos y vio quién era. Esto debe ser un sueño, pensó mientras levantaba la mano y tocaba el rostro de Yibo. No voy a caer otra vez, yo sé que esto es un sueño, se dijo al ver la mirada dulce que este Yibo le dedicaba.
Definitivamente, era un cruel sueño más, producto de sus más profundos y ridículos deseos.
*
La luz del sol entrando a través de la ventana y dándole de lleno en los ojos, fue el motivo que lo obligo a despertar. Bostezo mientras se estiraba cuan largo era, se frotó los ojos y volteó a ver la hora en su celular, pero en su lugar encontró una taza de té.
Se levantó confundido preguntándose cuando había llevado consigo la taza, pensó que él no solía tomar cosas calientes por la noche, pero recordó quien sí lo hacía. Olió el contenido y notó que era una mezcla entre valeriana y manzanilla, la dejó nuevamente dónde la había encontrado y empezó a alistarse.
Cunado bajó a tomar desayuno, la dejo en el lavadero y se sentó en la mesa sin comentar nada de ella. Los demás hablaban mientras él se dedicaba a revisar su celular, al escuchar que habían convencido a Yibo de pasar el día con ellos, escribió a un antiguo amigo de la universidad y le preguntó si podían verse. Tenía que salir de ahí lo más pronto posible y alejarse de toda esa locura o terminaría por volverse loco.
*
―¿Estas seguro que puedes ir solo?
―¡Claro! Soy un hombre adulto ―contesto tratando de mantener el equilibrio. Su amigo estaba peor que él, aún sentado en la silla del bar donde se habían metido buena parte de la tarde.
―Bueeeno, me avisas cuando hayas llegado a casa.
―Siii ―se puso el abrigo y saludando con la mano salió del local. Afuera corría un viento helado, seguro esa noche llovería.
Empezó a caminar despacio, con cuidado de no tropezarse. Que horrible sería que saliera por todo internet borracho y tendido en el suelo, se pegó más a la vereda para poder apoyarse de la pared y evitar cualquier accidente.
―¿Aún te gusta Yibo?
Después de contarle toda la historia a su amigo, esa había sido la primera pregunta que le había hecho y no supo contestarla. ¿Aún le gustaba? Sentía tantas emociones dentro de él cuando lo veía, pero la que prevalecía era el enojo. Estaba tan enojado con Yibo por como lo había tratado, y lo que más le molestaba era que luego de todo lo que le hizo, no tuviera ni una sola gota de sangre en la cara y aún ahora fuera a buscar a sus padres y se atreviera a meterse en la casa de ellos, ¿quién se había creído?
Es imposible que aún me guste.
Doblo la esquina de la calle dónde se encontraba la casa de sus padres y parado frente a la puerta, se encontraba Yibo.
Eso no puede ser verdad, ¿acaso no se iba a ir luego del almuerzo?
―¿Qué haces aún aquí? ―su intensión no había sido de sonar agresivo.
―Te estaba esperando.
―¿Esta todo bien?
―¿Estuviste bebiendo? ―se toco el rostro y lo sintió caliente, de seguro estaba rojo.
―Ah, bueno…Sí. Pero dime, ¿qué estas haciendo aquí fuera y a estas horas? Pensé que te irías más temprano.
―No sé, mi movilidad ya debería haber llegado, pero…
―Entiendo ―lo cortó sin querer―. Entonces, si no hay nada urgente que debas decirme, ¿podemos hablar luego? Me siento muy cansado.
Dio un paso al frente, totalmente dispuesto a dejarlo atrás, pero con tan mala suerte que se tropezó con sus propios pies casi cayéndose. Casi, porque Yibo llegó a sujetarlo a tiempo. Por un segundo, ambos se miraron a los ojos. Estando tan cerca el uno del otro, pudo sentir su aroma y ver a detalle cada pequeña imperfección que en algún momento del pasado había llegado a adorar y recordó, con dolor, como alguna vez había besado cada una de ellas en el sofá de la sala que alguna vez quisieron llamar hogar.
Es tan similar a mi sueño de ayer…oh…
Con decisión, se liberó del agarre de Yibo y dio un paso hacia atrás.
Ya entendí.
―¿Estas bien? Te ves muy borracho.
―No, estoy bien.
¿Por qué no podía irse sin más? Debería de entrar a su casa, debería de alejarse de él y evitarlo lo más que pudiera. Pero por algún motivo, sus pies se negaban a obedecer y en cambio habían decidido pegarse al pavimento.
―Oye ―sabía que no debía hablar, se había prometido llevarse ese recuerdo a la tumba y nunca hablar de ello, y sin embargo lo estaba haciendo―, sobre lo de anoche, vi una taza en mi habitación, ¿tú lo dejaste ahí?
―Ah, sí. Te veías muy cansado y lo deje ahí.
―¿En serio?
―Sí, acababas de tomar tus pastillas y parecías aturdido.
―¿Estaba dormido cuando entraste?
―Sí, creo que sí.
―Ah, ya veo ―una rabia profunda le subió desde la boca del estómago, se sentía tan decepcionado, tan herido. Yibo lo hería una y otra vez, con su presencia, con sus actos, con sus mentiras.
Debería de haberlo dejado ahí, debería de mantenerse callado y dejarlo pasar, si Yibo no se sentía con la capacidad de afrontar lo que había sucedido la noche anterior, ¿qué derecho tenía él?
―Voy a llamar a mi asistente, ya se está demorando demasiado.
―Entonces ―empezó a hablar sin pensarlo, el alcohol lo estaba dominando―, puedes fingir que no lo recuerdas―. Yibo aún continuaba con el teléfono en la oreja y pudo escuchar la voz de una mujer al otro lado, pero como Yibo no contesto él continuo―. No fue un sueño, ¿cierto? Pero no entiendo, ¿por qué finges? ¿Por qué mientes?
Lo vio temblar suavemente y no estuvo seguro de si se debía al frío o porque lo había descubierto.
―Yibo.
Lo llamo luego de pasado un rato, necesitaba que le respondiera pero él no reacciono, aún lo miraba en silencio, con los ojos llenándose de lágrimas poco a poco.
―Yibo
Lo llamo nuevamente. Necesitaba una reacción más allá de unas lágrimas, necesitaba que le respondiera, necesitaba poder cerrar este episodio y por fin continuar con su vida, se merecía un cierre coherente. Y si Yibo no podía ofrecerle eso, pues entonces…
―Solo dime la verdad ―sintió los ojos arder mientras hablaba sin poderse contener―, ¿esto está bien? ¿Está bien que estemos así? ¿Está bien lo que estamos haciendo? Somos nosotros, de entre todos, nuestro amor no fue tibio y tampoco lo fue nuestra ruptura. Y ahora que volvemos a vernos podemos preguntar: “¿Has estado bien?” “¿Cómo has estado?” “¿Fue difícil para ti?” “Fue difícil para mí”. ¿O acaso no podemos decirnos esas cosas? ¿No podemos preguntar nada sobre el otro? ¿Cómo has estado? Responde, ¿cómo has estado?
Chapter Text
Cuando terminamos una relación con alguien a quien amamos, a veces lo que más duele es perder aquella burbuja de intimidad que se había construido. Hay una cita de A. Schütz que describe muy bien como vivimos las rupturas y lo doloroso que es todo:
“Cuando tengo una evocación de ti, por ejemplo, te recuerdo como eras en la relación – nosotros concreta conmigo, como una persona única en una situación concreta, como alguien que interactuó conmigo. Te recuerdo como una persona vívidamente presente para mí con un máximo de síntomas de vida interior, como alguien cuyas vivencias he presenciado en el proceso real de su formación, a quien yo, durante un tiempo, iba conociendo cada vez mejor, cuya vida consciente fluía en una sola corriente junto con la mía y cuya conciencia estaba cambiando continuamente de contenido.
Sin embargo, ahora que estas fuera de mi experiencia directa, no eres más que mi contemporáneo, alguien que meramente habita el mismo planeta que yo. Ya no estoy en contacto con el tu viviente, sino con el tu de ayer. Tu, en verdad, no has cesado de ser un yo viviente, pero tienes ahora un ´nuevo yo´; y aunque soy contemporáneo de él, mi contacto vital con él se ha interrumpido.
Desde el último momento en que estuvimos juntos, has tenido nuevas vivencias y las has enfocado desde nuevos puntos de vista. Con cada cambio de vivencia y enfoque te has transformado en una persona levemente distinta. Pero en cierto modo yo omito tener presente esto en la praxis de mi vida diaria. Llevo tu imagen conmigo y sigue siendo la misma. Pero entonces oigo decir, quizás, que tu has cambiado. Y luego comienzo a mirarte como a un contemporáneo; no cualquier contemporáneo, sin duda, sino alguien a quien yo conocí en un tiempo íntimamente”
―Solo dime la verdad ―dijo mientras sentía que todos aquellos sentimientos que habían decidido vivir dentro de él empezaban a aflorar sin ningún control―, ¿esto está bien? ¿Está bien que estemos así? ¿Está bien lo que estamos haciendo? De entre todos, nuestro amor no fue tibio y tampoco lo fue nuestra ruptura. Y ahora que volvemos a vernos podemos preguntar: “¿Has estado bien?” “¿Cómo has estado?” “¿Fue difícil para ti?” “Fue difícil para mí”. ¿O acaso no podemos decirnos esas cosas? ¿No podemos preguntar nada sobre el otro? ¿Cómo has estado? Responde, ¿Cómo has estado?
Yibo se mantuvo en silencio y cuando por fin se atrevió a hablar una VAN con lunas polarizadas se estaciono al lado de ellos.
―Lo lamento, me tengo que ir ―fue lo único que dijo antes de abrir la puerta y subir.
Como siempre había sido en su relación, una vez más Xiao Zhan se quedó abandonado mientras veía como Yibo se alejaba, inevitablemente, una vez más.
Esa misma noche, él también recogió sus cosas y regreso a Beijing.
*
El sonido incesante del timbre de su puerta, lo saco del sueño raro que estaba teniendo. Al parecer, él se había convertido en El Principito e inevitablemente veía los pétalos de su rosa caer uno a uno mientras la voz del zorro repetía sin parar “Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante”.
En la oscuridad de su habitación reviso su celular para ver la hora, eran las 3AM y quien estuviera buscándolo en ese momento, había decidió que lo mejor era usar el timbre de su casa como despertador que una llamada.
Pero al abrir la puerta, de entre todas las personas en quien se hubiera podido imaginar, nunca pensó que quien tocaría su puerta en la madrugada, sería Yibo. Yibo, quien no se había comunicado con él durante meses, quien aún mantenía contacto con sus padres, quien lo había dejado parado frente a la puerta de su casa hace casi una semana.
―Yibo… ―su nombre salió de su boca como quien habla de un tabú, una palabra que se había negado a pronunciar desde que se rompió su corazón―, ¿qué haces aquí?
―Yo…yo estaba pensando que ―rio nerviosamente mientras se rascaba la parte de atrás de la cabeza―, estaba pensando que no llegue a responderte.
―¿Uh?
―Ya sabes, lo que me preguntaste frente a la puerta de tu casa…antes de irme.
Ah, eso.
―Ok… ¿y crees que esta es una buena hora para…?
―No ―lo corto, tenía los ojos rojos y el labio inferior le temblaba―, no he estado bien. En realidad, mis días no tienen nada de especial y siento que lo único que me motiva a levantarme de la cama día a día es la cantidad excesiva de trabajo que tengo ―río sin ganas y bajo la mirada, visiblemente avergonzado―. Yo también la pasé mal, no fuiste el único, pero sé que no tengo derecho a quejarme, fui yo quien busco esto ¿cierto? Y quizás no debería estar aquí ahora, en medio de la noche y parado frente a tu puerta diciéndote todas estas cosas. Sé que estas avanzando con tu vida y te estas dando la oportunidad con otras personas y no debería venir a decirte todo esto, pero ya sabes que siempre he sido impulsivo y ―volvió a reír sin ganas, pero esta vez levanto la mirada―, siento que debo decirte que aún te amo, Zhan Ge. Discúlpame por todo lo que te hice, por dejarte sin ninguna explicación. No me he portado como te merecías.
Acto seguido se inclino en un perfecto ángulo de 90°, estuvo así por unos diez segundos y luego se puso derecho nuevamente, esta vez tenía lagrimas bajando por sus mejillas y le sonreía tristemente.
―Ya me voy, disculpa por venir a molestarte.
Sin esperar ninguna respuesta dio media vuelta, se dirigió al ascensor y se subió a él volviendo a desaparecer de su vista.
No se dio cuenta que tenía la boca abierta hasta que sintió la lengua seca, entró nuevamente a su departamento y, luego de cerrar la puerta, se recargo en ella procesando todo lo que acababa de pasar. En un primer momento y motivado por un impulso pensó en coger su abrigo, correr detrás de él y decirle que él también lo seguía amando, que nunca había dejado de hacerlo, pero las cajas de comida rápida acumuladas en la mesa de su cocina y el dolor constante que se había instalado en su pecho los últimos meses, lo detuvieron.
Yibo le había roto el corazón, le había hecho dudar de él mismo y lo había orillado a la parte más triste que alguna vez pudo imaginar haber estado, y luego, después de tantos meses de silencio, ¿decidía aparecer una noche cualquiera en la puerta de su casa a decirle que aún lo amaba? ¿Y a pesar de haberle dicho eso aún no le decía el motivo que tuvo para actuar como lo hizo? Si decidía correr detrás de él, como si fuera un gato detrás de una lata de atún, ¿qué le podía asegurar que en un futuro no volvería a suceder lo mismo? ¿Estaba dispuesto a colocar su corazón en una diana y esperar a que en cualquier momento le lanzaran flechas?
No, no podría volver a soportar otra decepción así, no con Yibo. Colocó nuevamente el seguro de la puerta y regreso a su habitación, justo cuando iba a apagar la luz del pasillo, una cosita blanca debajo del librero llamó su atención. Cuando logró sacarlo de ahí vio una polaroid que se, sentía, se había tomado hace una eternidad.
Ambos se encontraban en el mueble de la sala, era año nuevo y sus amigos se habían reunido en su departamento a celebrar. Justo antes de la medianoche, Yibo había decidido tomarse una selfie con la polaroid que le había dado de regalo en navidad de ese mismo año, recordó que desde el otro lado de la sala lo vio posar haciendo una “V” con los dedos, y no pudiendo resistir el impulso, corrió para darle el alcance y plantarle un beso justo a tiempo en que se soltaba el flash. El resultado, era la foto que tenía en las manos y que se había convertido en la favorita de ambos.
Le fue inevitable no recordar la noche en la que ambos decidieron confesar sus sentimientos por primera vez, lo nervioso que se sentía, la sonrisa de Yibo al escucharlo decir que lo quería y como, en un arrebato, lo había llamado suyo mientras colgaba en su cuello el collar en forma de buey que había comprado hace semanas.
También recordó aquella vez en que Yibo se había accidentado en una carrera y como sintió toda la noche el corazón en la garganta, preocupado por su salud. Como al verlo tan tranquilo y feliz se había enojado tanto que él mismo le había dicho que debían terminar, solo para que a la mañana siguiente regresara nuevamente a esa habitación y ambos empezaran a actuar como si la discusión de la noche anterior nunca hubiera sucedido, ambos incapaces de admitir su parte de culpa, encapaces de cumplir con las palabras que se habían soltado en el calor de la pelea.
Con los ojos llenos de lágrimas y con la polaroid aún en la mano, decidió no pensar más y dejar que el mando al corazón. Bajo los siete pisos por la escalera, demasiado ansioso como para esperar a que llegara el elevador, sentía que se había demorado demasiado y temía que Yibo ya estuviera muy lejos de ahí.
Aún tenía miedo de estar tomando la decisión equivocada, miedo de volver a sufrir, miedo de que las cosas con Yibo no estuvieran destinadas a funcionar y que él decidiera abandonarlo nuevamente sin darle ninguna explicación. Tenía tanto miedo, pero a la vez, quería volver a sentirse en sus brazos, regresar al tiempo en el que fueron felices. Estaba decidido a intentarlo una vez más, por Yibo, por él y por lo bueno que ambos eran estando juntos.
Cuando llegó al primer piso y salió a la calle, no vio ni un alma…lo había perdido.
Sintió el corazón estrellarse contra el suelo, se sentía tan tonto por haber dudado tanto de algo que estaba más que seguro de hacer. O quizás, esta era la vida misma diciéndole que debía de liberar la idea de regresar con Yibo y, por fin, seguir adelante. Aceptar su ruptura y volver a darle un nuevo chance al amor.
Justo cuando estaba a punto de entrar nuevamente a su edificio, lo vio. Estaba parado en la esquina contraria.
―¡Bo Ge! ―lo llamó.
Verlo parado en mitad de la calle, con los ojos llorosos y siendo bañado por la luz roja del semáforo, como si la ciudad le estuviera diciendo que ese chiquillo era suyo y pensó que este momento no podría ser más perfecto.
Ambos se acercaron uno al otro paso a paso, sin querer apresurar las cosas y reafirmando su decisión con cada pisada. Cuando estuvieron a menos de un metro, Yibo se lanzo a sus brazos y se trepo a su cintura mientras enterraba su rostro en su cuello, con sus brazos rodeando su cintura pensó que nunca antes se había sentido más completo. Durante ese momento, el tiempo fue relativo y bien pudieron estar así cinco minutos como cinco milenios, pero ya nada importaba en este mundo más que ellos dos.
Cuando al fin se separaron, solo fue para besarse. Con los ojos cerrados pudo sentir el rostro húmedo de Yibo y con adoración secó sus lágrimas mientras se dejaba arrastrar en el momento.
―¿Subimos, guzaizai? ―le preguntó mientras acariciaba con ternura las pequeñas arrugas que habían empezado a formarse en las esquinas de sus ojos.
Yibo sonrió y una lagrima se derramo de su ojo izquierdo antes de contestar:
―Regresemos, Zhan Ge.
Quizás ambos estaban destinados a la tragedia, quizás ambos no debían de estar juntos, quizás ambos volverían a terminar y hacerse daño. Quizás ambos iban a lograrlo, quizás este era solo el inicio de una vida juntos, quizás nunca más volverían a separarse pues sabían lo que era la vida alejados uno del otro.
Ya nada de esto importaba, por esta noche ambos estaban juntos compartiendo el mismo sentimiento que los impulsaba a estar ahí en ese momento.
―Zhen Ge ―susurró mientras esperaban al ascensor―, te debo una explicación.
―Olvídalo, guzaizai ―lo interrumpió mientras lo guiaba dentro del elevador y presiono el número siete―, estamos juntos y eso es lo único que importa.
Realmente, eso era lo único que importaba.
Notes:
Fin (:
