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Agustín estaba desesperado.
Más que desesperado, estaba harto y muy cansado. Se había levantado ese lunes con miles de notificaciones, nada raro considerando que era una figura pública desde que salió del reality más visto de la Argentina, pero esa vez era un poco distinto no por la situación, sino por su reacción.
El domingo por la noche Marcos había sido invitado a una entrevista en una radio de La Plata, el mayor había visto la noticia en redes además de recibir un mensaje de su amigo dándole aviso de esto. Marcos obviamente le avisó por dos razones muy claras: para que la escuchara, y para denotar que estaban cerca, muy cerca.
Agustín captó las intenciones del salteño, pero se hizo el boludo y sólo le deseo suerte, asegurando que la escucharía apenas pudiera. No lo hizo, estaba muy cansado después de todo un día con su familia -y una semana llena de trabajo-, y lo único que quería era dormir. Total, no creía que esa entrevista fuera muy distinta a las demás que le habían hecho ya al menor.
Error, sí hubo algo distinto, y no tanto por las preguntas en sí, o los entrevistadores. Lo distinto fueron las respuestas de Marcos.
─ ¿Y con Agustín cómo va la cosa, Marcos? Sabemos que ambos están muy ocupados, pero ya te vimos en público con varios ex hermanitos, la gente en las redes se pregunta por ustedes dos.
A diferencia de otras veces, Marcos no tardó más de unos segundos en formular su respuesta.
─ Ah, sí, Agus… Estamos bien, nos mandamos mensajes de vez en cuando, pero no lo pude ver todavía. Es medio vueltero el primo.
─ Que raro, se veían muy unidos adentro de la casa.
─ Y lo fuimos, me llevo muchos momentos lindos junto a Agus, pero el afuera es distinto.
─ ¿En qué sentido es distinto?
Marcos se encogió de hombros.
─ Estoy ocupado y el primo también, a veces tarda en contestar los mensajes y por ahí si le propongo algo no sale. También conoció a otras personas y tenemos círculos un poco distintos, digamo’...
Agustín estaba conmocionado después de ver el recorte de la entrevista que le envió Santiago. Debajo del video una pregunta que él también se hacía:
“¿Qué carajos pasó ahora, Agustín? ¿No estaba todo bien entre ustedes dos? ¿Qué le hiciste?”
Ni él sabía que estaba pasando. Era verdad que desde que Marcos salió de la casa su relación había sufrido un cambio rotundo, se habían distanciado un poco, pero a Agustín no le había parecido nada de otro mundo. Sí, extrañaba lo que tenían, pero era un adulto y sabía entender que las cosas en el afuera iban a ser distintas por obvias razones.
Marcos tenía tantas cosas que ver del exterior, todo lo que había pasado mientras estaba 5 meses aislado. por eso Agustín había querido darle su espacio y tiempo para procesar lo que necesitara y que estuviera con su gente. Le había dado su número, le dijo que estaba a su disposición si necesitaba cualquier cosa, ¿por qué el menor había dicho esas cosas? Cuando él sólo estaba pensando en lo mejor para ellos.
Ahora entendía los cientos de mensajes en sus redes, los miles de tuits etiquetando su cuenta y la decena de titulares en su contra.
Agustín Guardis ignora a Marcos Ginocchio, fuertes declaraciones del ganador.
Fase número 100: Era todo una estrategia.
¿Fue falsa la amistad más prometedora de la televisión?
Dios, si así eran los post amarillistas, no quería ni ver lo que serían los tuits de los fans de Marcos y la prensa. O los de las Margus.
Su teléfono no paraba de sonar, no sólo por las notificaciones escupiendo su nombre, sino también por las llamadas de productores que querían un móvil con él. No atendió ni una porque no iba a prenderse a su sucio juego, lo primero era hablar con Marcos.
Y eso hizo, la llamada fue corta y directa: Marcos estaba en un hotel en el centro de La Plata, a unos 30 minutos de su casa en transporte público, y aunque Agustín le había dado la opción de juntarse en su hogar el salteño había insistido en que fuera en el hotel.
“Para más privacidad”, le había dicho.
Ojalá hubieras pensado en nuestra privacidad cuando diste esa entrevista.
No le dijo nada de lo que pensaba, lo que menos necesitaba era que el salteño se enojara con él y le cancelara la juntada, de nuevo. Porque sí, él no era el único que se hacía el difícil, pero al parecer Marcos no reconocía eso.
Llamó a Santiago para pedirle el favor, casi le rogó, de que lo llevara al hotel. Podría haber tomado el transporte para no molestarlo ya que su relación en los últimos tiempos era tensa, pero no se animó; sabía que estaba siendo paranoico, por lo general lo paraban poco por la calle y si lo hacían era más que nada para pedirle una foto, aún así la sensación de pánico no desaparecía de su pecho. Había recibido mucho acoso, sobre todo en redes sociales, y aunque había disminuido un poco desde que el programa finalizó aún era el cebo perfecto cada vez que querían pegarle a alguien.
Luego de las polémicas declaraciones del salteño, no quería arriesgarse a saber si el odio había traspasado la pantalla.
Santiago pasó a recoger, en su cara se veía que no estaba del todo de acuerdo con lo que Agustín estaba haciendo, o lo que hizo, pero en ese caso el platense tampoco sabía muy bien que estaba pasando y cuál era la solución correcta.
─ ¿Qué le pasó? ¿Le volviste a rechazar una salida?
─ No ─dijo apenas subió al auto, no estaba de humor ni para descargarse con su amigo ─. No sé por qué dijo esas cosas, hablamos el sábado por mensaje y estaba todo bien.
─ ¿Seguro que no dijiste algo que lo molestara? ¿O no subiste una foto rara con algún tipo últimamente?
Lo último que le dijo lo puso nervioso, era en parte cierto que cuando pasaba ese tipo de cosas Marcos solía comportarse distinto con él, no es que llegara a reclamarle nada pero si notaba lo cortante que se ponía el menor cuando Agustín subía interacciones en Instagram o Twitter. Lo cual no era mucho.
─ Estaba todo bien, nada raro. Incluso él me escribió primero y específicamente para que escuchara la entrevista. Me mandó el link de la radio y todo.
Ambos quedaron en silencio después de eso, siguiendo la ruta en el GPS del teléfono del más alto.
Agustín notó que Santiago quería decirle algo, lo miraba de reojo y apretaba los labios como si no estuviera seguro de sacar lo que lo inquietaba.
─ Dale, decime, te prometo que no me voy a poner chinchudo.
Lo dijo con un tono medio en joda, pero la expresión del de pelo largo se mantuvo sería.
─ ¿Y si lo hizo a propósito? ─soltó bajito y rápido, como si él mismo dudara de sus propias conclusiones ─ ¿Y si dijo eso por qué sabía que ibas a estar escuchando?
Guardis le había prometido que no se iba a enojar, pero no pudo evitar poner la peor expresión en su rostro cuando lo escuchó. Estaba enojado con Marcos por lo descuidado que había sido con sus declaraciones, porque no había pensado en cómo podría afectar a Agustín todo lo que había dicho. Pero aún con esos sentimientos y dudas rondando por su cabeza, no le gustaba para nada como Santiago -ni nadie- se refería a su amigo.
Nadie podía hablar mal de Marcos Ginocchio en presencia de Agustín Guardis y esperar salir ileso de la conversación.
─ ¿Qué decís, Santiago? ¿Cómo pensas que Marcos iba a hacer tal cosa? No, no hay forma.
─ Sólo digo, si vos mismo decís que estaba todo bien, no entiendo de dónde le salió decir esas cosas, más sabiendo que te podía traer problemas.
Agustín se mordió la lengua, porque él tampoco entendía. Tantos meses con Marcos y el hombre seguía siendo un misterio hasta para él.
─ No sé qué le pasó, pero estoy seguro que no lo hizo con mala intención. Capaz que es lo que siente y no se animaba a decirme, qué sé yo, por ahí estaba esperando a contarme cuando nos juntaramos pero no pasó.
─ ¿Pero decirlo en radio? ─el tono de Santiago escaló un poco, denotando no sólo desconcierto sino también un leve enojo ─. Yo no le veo la inocencia por ningún lado, Agustín. ¿Qué va a hacer la próxima vez que no pueda decirte algo o no le contestes los mensajes? ¿Darle una nota a Yanina Latorre?
─ ¡¿Pero qué querés que te diga?! ─se sobresaltó el platense, los nervios le estaban jugando una mala pasada ya desde hace tiempo, que Santiago lo increpara no lo ayudaba a apaciguarse ─. Ni yo sé bien que está haciendo Marcos, estaba todo bien, no perfecto pero bien. Se supone que íbamos a esperar a que todo se calmara para hacer algo, lo que sea, no lo charlamos en profundidad pero estaba tácito… Yo supuse que estaba haciendo las cosas bien con él…
A Agustín se le cortó un poco la voz en la última parte, ya no podía más con todo el peso sobre su espalda, lo único por ahí que lo hacía aguantar un poquito más era la certeza de saber que su relación con el menor no era como lo pintaban los medios. Ellos no sabían nada, porque todo era privado, sólo de ellos dos como siempre lo fue. Pero ahora ya no sabía qué creer, ¿Marcos también le estaba soltando la mano?
No, no había forma.
No aguantaría un golpe más.
─ Bueno, ¿qué vas a hacer?
─ Hablar con él, encarar la situación sin hacernos los boludos ─soltó un suspiro entrecortado, cansado porque ni él sabía bien que iba a pasar ─ . Es la primera vez que lo voy a ver en persona después de semanas, y es por ésto… Que mierda.
─ Sí, que mierda.
Justo con eso último dicho, Santiago paró el auto afuera del hotel. Tenía una linda fachada, no muy ostentosa pero minimalista y no pasaba desapercibido, se notaba que no era barato pasar una noche ahí.
─ Llegamos, son 5000 pesos, joven.
Santiago intentó aligerar el ambiente con una broma, sólo porque notaba como el más bajo temblaba como una hoja. Pasará lo que pasará entre ellos, no le gustaba ver a Agustín en ese estado, ya lo había visto así de mal cuando apenas salió de la casa la primera vez y fue horrible. Creía que ahora que Marcos estaba afuera y era el ganador no volverían a pasar por algo así, pero ahora mismo ésto era por algo que el mismo salteño había hecho.
Sorprendentemente, era Marcos ahora el que estaba lastimando a Agustín, fuera sin intención o no.
No había querido decírselo al de rulos para no alarmarlo más de lo que ya estaba, y porque sus interacciones aún eran un poco tensas aún cuando habían dejado zanjado que todo estaba bien, pero Santiago tenía un mal presentimiento.
Y hace rato ya no confiaba en Marcos.
─ Suerte, avisame si querés que te venga a buscar.
Agustín le sonrío, el agradecimiento genuino brillando en sus ojos.
─ Dale, no pasa nada, capaz y me quedo a dormir incluso.
El ojiazul río de su propia insinuación, pero en cambio a Santiago no le hizo gracia. Aún creía que no era buena idea pero no se lo iba a decir, de todos modos Agustín siempre hacía lo que él quería.
─ Bueno, pero si pasa lo que sea o necesitas algo, telefoneame que estamos cerca y en un ratito estoy acá con refuerzos.
Agustín resopló una risa con las cosas que le decía el alto, tomándolo como si se estuviera haciendo el gracioso.
─ Ya sé, ya sé. pero voy a verme con Marquitos no con Jeffrey Damer.
Con esa última declaración, el platense se bajó del auto y se despidió escuetamente de Santiago.
Marcos Ginocchio
¿Ya estás?
Uh recién salgo de bañarme
Pedí en la recepción que te dejen subir
Ya les aviso
Agustín miró el último mensaje en su celular mientras estaba en el ascensor rumbo a donde la amable chica de recepción le indicó era la habitación de Marcos. Puso el celular en silencio y lo guardó en su mochila, no quería que los interrumpieran en su encuentro, además de que le seguían llegando muchas notificaciones y llamadas que seguía negándose a contestar.
Habitación 014, pasillo 7, paso exclusivo para personal autorizado.
El platense se acercó a la puerta y tocó dos veces con el puño, lo suficientemente fuerte para asegurarse de que Marcos lo escuchara. Le había comentado en un chat anterior que era más como un departamentito que una habitación en sí, sólo había dos por piso porque eran bastante amplios y que el vecino al suyo estaba desocupado, por lo que no le molestaban con ruidos ni nada. El personal tampoco estaba autorizado a ir a menos que él los llamara, Agustín supuso que a eso se refería cuando le dijo que tendrían más privacidad.
No esperó más de un minuto cuando la puerta blanca frente a él se abrió. Se le secó la garganta cuando lo que lo recibió fue nada más ni nada menos que Marcos Ginocchio con el cabello chorreando un poco de agua, con el cuello y torso trabajado húmedos y una pequeña toalla blanca que apenas era sostenida por un nudo descuidado.
─ ¡Primito, tanto tiempo!
Sin vergüenza alguna Marcos lo atrajo a un apretado abrazo de oso, Agustín se puso rojo hasta las orejas ante la idea de que sus pechos estaban casi tocándose, y que el menor podría escuchar fácilmente sus erráticos latidos.
─ ¡Marcos me estás mojando! ─era una excusa para que lo soltara. No sabía porque se ponía así, había visto al otro en paños menores decenas de veces en la casa y se habían abrazado así aún más, pero desde hace rato todo con el salteño se sentía distinto en su opinión.
─ Perdón, primo, me emocioné porque hace rato que no nos vemos, digamo’
─ Yo también te extrañé, Marquitos ─le dijo para que lo anterior no sonará tan brusco.
─ Pase, recién salgo de bañarme y me distraje un poco preparando las cosas antes de que llegara.
Agustín escaneó levemente el lugar mientras el menor cerraba con llave. El lugar era como el resto del hotel, simple y minimalista, pero con un lujo silencioso obvio en cada esquina. Las paredes eran de color hueso y los muebles variaban entre colores beige y un tono madera apenas oscuro, la iluminación era baja pero no hacía que la pequeña sala se vier oscura sino más bien le daba un deje de intimidad. Había una barra de desayuno de mármol blanco que separaba una cocina apenas equipada, más de complemento que práctica. El lugar terminaba con un pasillo corto que daba a dos puertas cerradas, creería que el baño y una habitación para dormir.
─ No tenías que preparar nada, si lo único que necesitaba era verte de nuevo.
Tiró el comentario como siempre lo hacía para no perder la familiaridad entre ellos, aunque notó como la reacción de Marcos no fue la de siempre. Mientras antes el más alto se hubiera sonrojado y lo mandaría a callar, esta vez simplemente se le quedó mirando con ojos intensos y una sonrisa vacilante en sus delgados labios.
─ Lo extrañé mucho, Agu’, no sabe cuánto.
─ Ya te dije que yo también, Mar, pero así son las cosas ─dejó su mochila cerca del sillón y se acercó al salteño para acariciarle el brazo en señal de consuelo ─. Ahora ya estamos acá y podemos hablar de todo lo que queramos sin que nadie nos joda.
La piel debajo de su palma se crispó, dedujo que por el frío.
─ ¿De qué quiere hablar, primo? Yo sólo quería verlo a uste’
─ Dejá, hay un montón de cosas que tenemos que hablar que no podíamos por mensaje. Pero primero anda a cambiarte que te vas a enfermar de nuevo.
Agustín se sentó en el sillón para dos esperando que Marcos acatara su orden, se sorprendió un poco de que en cambio el menor lo siguiera y se sentara muy cerca de él, aún con nada más que una toalla que tapaba apenas lo justo y necesario, y el torso desnudo medio húmedo.
─ No pasa nada, primo, dígame lo que quiere conversar conmigo y porque me llamó con tanta urgencia ─el tono de Marcos parecía el de siempre, amable y relajado, pero Agustín sintió un escalofrío cuando no apartó los ojos verdes intensos de los suyos ni un segundo ─. Pasó mucho tiempo desde que terminó el programa y recién ahora nos vemos los dos solos, digamo’, debe haber algo que quiera de mí para que haya venido tan desesperado.
Ah, Agustín había olvidado lo bueno que era Marcos para leer cada una de sus intenciones, lo que sí le llamó la atención fue la redescubierta audacia con la que el salteño se lo hacía saber. Tal vez en otra ocasión sólo se lo hubiera guardado, esperando que fuera el propio Agustín quien diera rienda suelta a sus ideas.
─ No es nada en particular, Mar, sólo quería ponerme al día con vos y hablar de ciertas… cuestiones obvias.
─ ¿Qué cuestiones obvias, primo? ─expresó haciéndose el desentendido ─¿La entrevista del domingo?
─ No, bueno sí, pero no es sólo eso, Marcos…
─ ¿No le gustó lo que dije?
Agsutín respiró hondo, pensando en cómo abordar de la mejor manera el tema.
─ Un poco no me gustó, pero no por vos en sí, sino por lo que puedan inventar los demás.
─ Ah, ¿lo dice por lo que estuvieron diciendo en LAM?
¿Cómo…?
─ Yo no… no vi LAM, no sé de qué estás hablando…
─ No sé, Agu’, algo sobre que ya no somos amigos y que me usó para no sé qué cosa.
El platense quedó boquiabierto.
─ ¿Y no te importa que digan esas cosas?
Marcos se encogió de hombros, intentando acomodar su jopo aún húmedo con los dedos.
─ No sé, Agu’, siempre dicen esas cosas.
─ ¡Pero esta vez lo dicen por las cosas que vos dijiste, Marcos! ─Agustín tenía ganas de llorar de la bronca ─. Claro, pero como vos no sos al que joden con todo ésto, vos quedás como la víctima acá.
─ ¿Me está echando la culpa a mí de lo que lo que está pasando?
─ No, para, no es lo que estoy queriendo decir ─intentó calmarse, pero le era inevitable porque desde siempre había sido medio mecha corta y no podía creer lo que estaba escuchando de su amigo ─. No te estoy echando la culpa, pero sabés que podrías detener todo esto y lo único que hiciste en esa radio fue avivar más el fuego. Tus fans me odian, Marcos, más que el resto y son ellos quienes siempre agrandan todo lo que pasa. Si ya me acosaban por mencionarte, ¿cómo pensás que están reaccionando porque ahora supuestamente no te doy bola?
─ ¿Pero qué quiere qué haga, primo? Lo hecho, hecho está. No creo que pueda hacer algo por uste’
Agustín presionó los labios juntos en una fina línea.
─ Sí que podés hacer algo ─Marcos lo miró expectante, el mayor esperaba que sus declaraciones no sonaran tan mal como lo hacían en su cabeza ─. Una sola declaración tuya en la tele, una foto de los dos juntos, o sólo un like en Instagram ayudarían un montón.
Marcos seguía observándolo apacible, con las piernas cruzadas y una sonrisa apenas perceptible.
─ Fue uste’ el que dijo que mejor tomaramos todo con calma, Agu’. Uste’ es el que no quiso que nos vieran juntos en público, ni quiso acompañarme a Salta.
─ Ya sé, pero nos estaba cuidando, Marcos. Te estaba queriendo cuidar a vos…
─ ¿Y ahora ya no le importa cuidarme? ─de un movimiento fluido y grácil, como todo lo que hacía el salteño, acercó su rostro al cuello de Agustín para hablarle directamente al oído ─ ¿O es qué ya no aguanta más?
Los ojos celestes se llenaron de lágrimas, tanto por las palabras como por el dulce olor a aceite de coco que Marcos siempre había emanado después de una ducha, y que Agustín no se había dado cuenta cuánto extrañaba.
Había querido hacerse el tonto durante mucho tiempo, aún cuando muchos a su alrededor se lo habían dicho, que Marcos sabía todo lo que estaba pasando en torno a él y su relación. Había querido hacerse el fuerte, no sólo por el salteño, sino porque le dolía más de lo que estaba dispuesto a admitir la pasividad con la que actuaba quien consideraba su amigo.
─ Ya no aguanto, Marcos, es un montón ─sintió los fuertes brazos del otro acunando su cuerpo, y se rindió al calor protector que tanto necesitaba desde hace tiempo ─. Y cada día son más, y más malos.
─ Shhh, ta’ bien, Agu’ ─le susurró mientras le daba besitos en los rulos y lo apretaba contra su cuerpo ─. Estoy acá y no voy a dejar que nadie más le haga daño, se lo prometo primito.
Agustín levantó su rostro y le dedicó una mirada entre cansada y optimista.
─ ¿En serio vas a salir a hablar?
─ Sí, Agu’, lo voy a hacer…
De un salto, el mayor estaba abrazando el cuello del otro, casi asfixiándolo y dejando de lado la humedad del cabello que mojaba su remera.
─ Gracias, gracias, gracias ─repitió verdaderamente agradecido, tantas semanas de odio sin sentido por fin podrían acabar, y si no lo hacían por lo menos al público le quedaría claro por fin que Marcos estaba de su lado y no lo dejaría por nada de lo que le dijeran de él ─. Te juro que no te estoy usando como todos dicen, pero no sabés lo que significa que hagas ésto por mí, Mar. Si no fuera necesario no te lo pediría, pero sos él único que puede ayudarme.
Marcos se río de la manera dulce que Agustín ya conocía, los acomodó mejor en el sillón y envolvió mejor sus brazos alrededor de la pequeña cintura del platense.
─ De nada, primito ─dijo bajito, mientras sus manos acariciaban de arriba a abajo la espalda del contrario ─, pero hay algo que quiero a cambio.
Se separaron por acción del mayor, pero como el salteño se negaba a soltarlo, fue apenas lo suficiente para que pudieran verse las caras.
─ ¿Algo a cambio? ─Marcos asintió con una sonrisa serena que se le contagió al de rulos ─. Bueno, dale, decime que querés.
─ ¿No te vas a echar para atrás? Puede que no te guste…
Agustín negó.
─ Dale, no pasa nada, no creo que sea tan malo. Igual te estás exponiendo y sé que no te gusta hacer este tipo de cosas, pedime lo que quieras, Marquitos.
─ ¿Lo que yo quiera?
Un no te regalés resonó en el fondo de su mente, Agustín pensó en su delirio que era algo así como su conciencia, pero la ignoró como casi siempre hacía.
─ Lo que vos quieras, primo.
De repente, a Agustín le pareció ver como el verde en los ojos de Marcos se volvía más intenso, más oscuro. Se lo atribuyó a la luz, o a su propia locura.
─ Bueno, si lo pone así ─presionó más fuerte la cintura del otro que soltó un quejido por lo incómodo del agarre ─. Quiero que tenga sexo conmigo, Agu’.
Ah…
─ ¿Cómo?
─ Eso, quiero que tengamos sexo ─dijo con una sorisa, obviando la cara de horror de su amigo ─. En lo posible esta noche, mañana en la tarde tengo programada una nota en LAM, así que podríamos hacer todo de una.
Agustín no se podía creer lo que estaba escuchando.
─ ¿Te volviste loco, Marcos? ¿Cómo me vas a pedir eso?
El menor miró extrañado como el de rulos intentaba soltarse de su abrazo sin éxito.
─ ¿Qué tiene de raro?
─ ¿Cómo que qué tiene de raro? ¿Los amigos no tienen sexo, Marcos! ─le dijo, su tono elevándose con el enojo por las insinuaciones del menor ─. Además, ¿qué te pensás que soy? ¿una prostituta?
Marcos tarareo, no perdiendo el control ante el sobresalto de Agustín.
─ No, no pienso eso de uste’ ─lo acercó más a su cuerpo, aprovechándose de lo fácil que era manipular el cuerpo más pequeño ─. Pero esa es mi condición para salir a aclarar las cosas entre nosotros, primo. Uste’ se acuesta conmigo y yo mañana voy a la tele y digo que todo está bien, digamo’.
Definitivamente, este no era el Marcos que Agustín conocía, no sabía que había pasado en los últimos meses que estuvieron separados, o en las semanas que sólo se comunicaron por mensajes. Pero este hombre frente a él no podía ser el mismo Marcos que lo defendió sin dudar frente a toda la casa de GH, quien le ofreció su amistad aún cuando tenían a los monitos en su contra y que no se separó de él aunque todos los demás se lo pidieran.
¿Y ahora le ponía condiciones para algo tan simple como retractarse de lo que había dicho? peor aún, le pedía sexo a cambio de parar el odio infundado de sus fanaticos contra su persona.
Ahora tenía más ganas de llorar que nunca.
─ ¿Cómo…? Yo… ─no sabía qué decir, estaba anonadado. Marcos le dejó un beso debajo del ojo, justo donde una lágrima traicionera caía ─ ¿Por qué?
─ Porque uste’ me gusta, primo, mucho mucho mucho ─repitió, por cada palabra un beso dejado al azar en su cara ─. Y si esta es la forma que tengo para hacer lo que quiero con uste’ desde hace tanto, bueno, que así sea.
Agustín sintió como se le revolvía el estómago con lo dicho por el salteño, la decepción y la tristeza arremolinándose en su pecho, no lo dejaba respirar bien. Sollozó un poco más cuando los besos de Marcos bajaron por su cuello y notó que sus manos hacían los mismo por su espalda.
Cuando el menor se atrevió a apretarle una de las mejillas del culo, fue cuando Guardis decidió terminar con todo eso. Sacó fuerzas de la nada y apartó al otro de un empujón que casi lo hizo caer para atrás.
─ Basta, cortala, no se quien carajos te pensas que sos pero no podés venir a tratarme como si fuera una puta cualquiera ─Marcos sólo se quedó ahí sentado, sin preocuparse mucho por el estado colérico y ansioso en que se encontraba el platense, eso sólo lo hizo enojar aún más. Sobre todo cuando notó como el salteño abría las piernas y un bulto se asomaba debajo de la toalla ─. Peor aún, me estás condicionando para que me acueste con vos a cambio de salir a hacer algo que deberías haber hecho desde hace semanas, Marcos.
─ ¿Qué cosa, primo? ¿Salir a aclarar que somos amigos? Cuando uste’ fue el que se la pasó insinuando que podíamos ser algo más, ¿qué tiene de malo que ahora hagamos algo así? ¿no es algo que ya el resto piensa que hacemos juntos?
─ ¡Yo nunca-! ─Agustín se mordió la lengua con bronca, sí, ciertamente había jugado mucho con la ambigüedad de su relación con Marcos, pero él jamás había dicho que eran más que sólo amigos ─. Nunca hice algo que podría haberte dañado, Marcos. Mi prioridad siempre fue cuidarte, y vos lo sabés.
Ambos quedaron en un silencio tenso, azul y verde mirándose vehementes, ninguno de los dos dispuesto a apartar la mirada ni a dar el brazo a torcer.
─ Bueno, si así son las cosas, puede ir yéndose. Estoy cansado y tengo que levantarme temprano para llegar a la nota con Angel mañana.
Agustín no quiso creer el tono helado con el que le hablaba el Ginocchio.
─ ¿Qué pasa si te preguntan por nosotros?
─ Nada, le voy a decir lo que pasó ─dijo pasándose los dedos por el pelo como tenía la costumbre ─. Que me llamó para hablar sobre la entrevista de la radio, discutimos y se fue enojado, que no sé qué va a pasar con nuestra amistad. La verdad, digamo’.
El mayor se atragantó con el aire que no podía hacer llegar a sus pulmones.
─ No me podés hacer ésto, Marcos. Sabés qué me van a destrozar en todos lados si decís eso.
El menor se paró en toda su altura y lo miró por debajo de sus pestañas rubias, sin mostrar ni un poco de piedad por el hombre que se desmoronaba frente a él.
─ Es tu decisión, Agustín, de nadie más.
Marcos esperó unos segundos mirando el bonito rostro todo rojo e hinchado del mayor, soltó un suspiro decepcionado cuando notó que Agustín no respondería a su última propuesta. Justo cuando estuvo a punto de alejarse camino a la habitación para ponerse por fin algo de ropa, sintió como una pequeña mano le tomaba la muñeca con apenas un poco de fuerza.
─ Si… si hago ésto, una vez, ¿vas a ir a aclarar que todo está bien mañana en el móvil?
Marcos tomó una aspiración profunda, la exitación vibrando bajo su piel ante lo que parecía ser la inebiitable rendición de Guardis frente a sus oscuros deseos.
─ Sí, mañana mismo voy y digo frente a todo el país que todo está más que bien entre nosotros, y que nuestra amistad va a durar mucho, mucho tiempo más.
─ ¿Y vas a pedir que dejen de acosarme en redes?
Agustín se sobresaltó cuando la mano que sujetaba al salteño fue tomada bruscamente por la mano más grande del otro. El agarre ajustado y el acercamiento repentino del menor lo asustaron un poco, más porque en su estupidez, dio unos pasos para atrás hasta que su espalda tocó la pared color hueso. Marcos no tardó en acorralarlo contra esta.
─ Bueno, eso depende de tus resultados, Agu’.
Antes de que el mayor pudiera preguntar a qué se refería, Marcos ya se había abalanzado a atacar los regordetes labios rosados que lo llamaban a gritos.
Ah, por fin después de tanto tiempo.
Porque si, el ganador había estado esperando la oportunidad de probar a su amigo desde hace semanas, tal vez incluso meses. Sabía que no podía intentar nada dentro de la casa, por las cámaras y sus compañeros, pero pensó con ingenuidad que todo sería más sencillo una vez que el programa terminara.
Bueno, no lo había sido, más bien todo con respecto a Agustín se había vuelto cien veces más complicado. A tal punto que no le había quedado más opción que tomar medidas desesperadas para conseguir lo que quería; sabía que el hate hacía su ex compañero era desmedido y muchas veces incentivado por personas que decían querer cuidarlo a él, también reconocía que podría haber parado con todo hace mucho.
Pero eso significaba perder un hilo más de control sobre el platense, tal vez el único que aún le quedaba. Agustín hablaba cada vez menos de él y su relación, también estaba ganando cada vez más reconocimiento lejos del mundo de GH, lejos de él. Pronto, el streamer ya no necesitaría ni querría más su persona cerca, no con todos los problemas que ésto le acarreaba, se irían distanciando hasta que su vínculo quedara en nada algo pasajero del reality.
Marcos no podía permitirlo, no sin antes tomar todo lo que pudiera del hombre que había sacudido todo su mundo, y eso es lo que haría ahora que lo tenía ahí subyugado.
El beso no fue para nada delicado, escaló rápidamente de intenso a devorador en cuestión de segundos. Eran puros dientes, labios y lengua, la boca de Marcos parecía querer destruir los dulces labios del más pequeño. La lengua del salteño no paraba de invadir el cavernoso interior, ni siquiera dejando que Agustín se acoplara a su ritmo, provocando sonidos ahogados del mayor y saliva escurriendo por su barbilla. Sus manos se mantenían en las caderas estrechas, inmobilizándolo contra la pared, todo su enorme cuerpo cubriendo por completo al de Agustín. Marcos siempre había disfrutado más de lo debido la notable diferencia de tamaños entre ellos dos.
Agustín no podía respirar, hacía mucho calor y se sentía acorralado por el menor. Los labios ajenos no le daban descanso, no paraban de morder, lamer e invadir cada pedazo de piel alrededor de su boca. Ya sentía la lengua y los labios entumecidos y estaba seguro que apenas habían pasado no más de dos minutos desde que habían empezado a besarse, pero no podían culparlo, nunca había chapado tan intensamente con nadie. Sentía que se podía llegar a morir en ese mismo instante.
Marcos en un acto de misericordia se separó del mayor, quien exhaló profundamente buscando llenar sus pulmones. El ojiverde lo miró unos segundos, apreciando su obra: la piel blanca de Agustín se teñía de rojo intenso, unos senderos húmedos descendían desde sus ojos por sus mejillas regordetas, y sus labios eran una completa ruina. Una escena del crimen total, rojos e hinchados por los alrededores, viéndose tan voluminosos como los que vio tantas veces en las chicas que se le insinuaban constantemente, pero mil veces mejor; había roto por accidente un poco la piel del inferior y ya se estaba poniendo un poco morado.
Estaba hecho un desastre sólo por un beso, todo por culpa de Marcos. Le fascinó.
─ Te voy a destruir ─le dijo al oído, apenas escuchando el resoplido de sorpresa que él otro emitió ─. No te vas a acordar ni de tu nombre cuando terminemo’, sólo del mío.
Aún con el rostro destrozado y en su posición de desventaja, Marcos aún pudo percibir el fuego en los ojos del proclamado estratega. La bronca mezclada con la excitación en esos vibrantes pozos azules, porque si había dos cosas que Agustín era, esa eran orgulloso y caliente.
Bien, pensó, no me hubiera gustado de otra manera.
─ Pero no puedo hacer yo todo el trabajo, Agu’, vos sos el más interesado acá.
El nombrado lo miró sin entender, y Marcos se cuestionó una vez más si todas las supuestas aventuras sexuales que tanto presumía el mayor dentro de la casa eran siquiera verdad. No importaba mucho, igual, le emocionaba saber que podría encargarse de enseñarle tantas cosas al siempre presumido platense.
─ Mirá acá ─dijo antes de dejar caer la única prenda que lo cubría.
Se río un poco cuando los ojos de Agustín se agrandaron al punto de que parecía que se le iban a desorbitar, su mirada fija en su pija levantada a media asta. Estaba excitado, pero aún no del todo erecto, aún así sabía que se veía impresionante: la piel del tronco un poco más oscura que la de su pubis cubierto de vello rubio, con una leve curvatura para arriba, llena y larga, terminando en una cabeza bulbosa de un tono rosa oscuro. La tomó en su mano y le dio unos cuantos tirones, sin buscar el placer real y más por hacer un espectáculo para el otro, las gotitas de preseminal cayendo desde la abertura en su glande hasta descender por sus testículos.
Vio como la respiración se le atoró en la garganta al mayor, y como su nuez vibró tragando saliva. No sabía si por excitación o por miedo, pero no le importaba mucho tampoco.
Sin esperar respuesta, satisfecho con la reacción, se movió hasta el sillón. Se sentó aún con la pija en mano y las piernas abiertas, dejando a la vista además sus pesadas bolas.
─ Vení, arrodíllate acá en medio y empezá por donde vos quieras.
Agustín no se movió ni un centímetro, paralizado y sorprendido por todo lo que estaba sucediendo. Aún no caía en que estaba en medio de la habitación de un costoso hotel, con su ex compañero en bolas esperando que se la chupara a cambio de un favor, vendiéndose como una puta.
Ni siquiera te están pagando, pelotudo, te está extorsionando.
Pero, ¿qué más podía hacer? Marcos lo tenía en sus manos. Una sola palabra del participante más querido del país y su vida se desmoronaría junto a sus sueños frente a sus ojos una vez más, no sólo los seguidores del salteño, los medios, el público general, incluso tal vez un gran porcentaje de su propia comunidad le darían la espalda. Peor aún, el acoso se volvería mil veces peor, a él, a sus amigos y a su familia. No podría aguantarlo, no una vez más.
Con eso en mente, caminó a paso lento y resignado, como un preso condenado a muerte. Una vez quedó frente al menor, que miraba atentamente cada uno de sus movimientos sin dejar de pajearse, se arrodilló como le ordenaron entre las trabajadas piernas.
No sabía muy bien que hacer, nunca había hecho una felación a un hombre, se las habían hecho y en muy contadas oportunidades. También estaba el hecho de que la pija de Marcos lo intimidaba, no era joda cuando lo apodó “Trípode Salteño”, pero esas veces sólo lo había visto de casualidad flácido en los baños o mientras se cambiaban en la misma habitación. Ahora lo tenía frente a su rostro, era casi del tamaño de su cara y grueso como una lata de gaseosa, lo sentía como una amenaza frente a él.
Dale, Agustín, es sólo una pija.
Tomó valor de donde no tenía para acercarse, Marcos lo soltó para dejarle el paso libre, sin medir la distancia el miembro lo golpeó en la cara. Agustín se echó para atrás medio impactado y Marcos soltó una carcajada ante las graciosas reacciones del platense.
─ ¡No te me rías, forro!
Eso sólo avivó la risa del salteño, y Agustín se puso rojo de la vergüenza.
─ Dele, Agu’ ─dijo mientras la mano que antes sostenía su pija se posiciona sobre la cabeza del ojiazul, acariciando con delicadeza los suaves rulos ─. Hay un montón de cosas que quiero hacerte, y no tenemos toda la noche. Dale, empezá.
Bueno, la puta madre.
Sin más, Agustín tomó el miembro en su mano para erguirlo, sus dedos apenas pudieron rodearlo y aún así le parecía que no cabía del todo en su palma. Con renuencia lo acercó a su boca, sacó su lengua y de una le dió un lametón desde la base hasta la punta, llevándose con la lengua un poco del líquido entre transparente y blancuzco que supuraba debajo del prepucio.
─ ¡Dios, sí Aguuu’!
Escuchó el largo y ronco gemido de Marcos por sobre su cabeza, la mano en su cabello se apretó por reflejo. Odiaba admitirlo, pero esos sonidos provenientes del ojiverde le habían provocado una corriente eléctrica que lo recorrió de pies a cabeza.
Decidió seguir adelante, pajeó un poco la pija descubriendo el glande rojizo y mientras aún movía su mano de arriba a abajo por el tronco, probó con poner sólo la punta en su boca. Una vez que decidió que el sabor no lo iba a hacer vomitar, ahuecó sus mejillas, cerró los ojos y chupó con fuerza.
Un tirón en el pelo lo hizo soltar la punta, la humedad provocando un sonido asqueroso de pop.
─ Despacio, primo, no seas tan brusco ─le recalcó Marcos, aún así tenía una sonrisa de deleite y los ojos encapuchados detrás de sus párpados ─. Cuidado con los dientes también.
─ Perdón…
No sabía de dónde había salido lo último, pero no se detuvo a pensarlo cuando Marcos en respuesta le acarició el rostro -casi con la dulzura que lo había caracterizado siempre-, y lo acercó por la barbilla hasta que pudo inclinarse sobre él para darle un dulce beso en los labios, nada que ver con el primero que se habían dado.
Agustín siguió con su tarea, ahora con la pija del salteño totalmente erecta y fuera de su vaina, se dedicó a darle pequeñas y cortas lamidas por toda la parte superior, humedeciendo todo lo que podía con su saliva y tratando infructuosamente de no tragar tanto líquido seminal. Una de sus manos estaba muy ocupada sosteniendo la base y acariciando de vez en cuando lo que no llegaba a lamer con su lengua, la otra sostenía en un agarre apretado el musculoso muslo del menor.
─ Metelo en tu boca, Agu’.
Con un poco de inseguridad, acató la orden. Sus labios se abrieron para una vez más tomar la punta en su boca, está vez escondiendo bien sus dientes para no rozar el pene, y dejándolo reposar en la caliente caverna unos segundos. Vio como Marcos blanqueó los ojos antes de tirar la cabeza para atrás y dejando salir todo el aire de sus pulmones, con esa imagen decidió bajar un poco más, engullendo un poco más del miembro.
─ Dios, sabía que eras perfecto para ésto ─exclamó Marcos, aún sin abrir los ojos y extendiendo un poco más sus piernas ─. Siempre pensé que tenías cara de ser bueno chupando pijas, tenía razón.
La humillación le corrió como fuego bajo la piel, y algo molesto quiso tirarse para atrás, pero la mano de Marcos una vez más en su cabeza lo detuvo. Cuando sus ojos se reencontraron con los contrarios una sensación de miedo lo recorrió, Marcos había sido amable hasta ahora dejándolo tomar su propio ritmo en la felación, pero la pupila había consumido casi totalmente el iris y los ojos antes verdes ahora se veían oscuros y maliciosos.
Sin previo aviso, el salteño dio una corta estocada en su boca, y aunque no llegó a su garganta ni lo hizo tomar mucho más de la longitud, si que lo tomó por sorpresa. Agsutín fue lo suficientemente hábil para no ahogarse, pero aún así la respiración se le trabó un poco, la pija apenas le cabía en la boca y su tabique desviado no lo ayudaba a respirar mejor.
Marcos fue considerado en dejarlo sacarla de la boca, aunque aún era él quien sostenía la cabeza del mayor en un agarre apretado en sus rulos, no permitiendo que se alejara mucho. Agustín tomó una profunda bocanada de aire con lo justo antes de que Marcos volviera a zambullir su pija entre sus labios, esta vez yendo más profundo.
─ ¡Mmmm! ─Agustín exclamó algo inentendible, sus manos sosteniendo la parte superior de las piernas contrarias en un intento de tomar distancia y sus ojos cerrados fuertemente.
Tuvo una arcada cuando la punta bulbosa le golpeó la úvula, queriendo atravesar el hueco hasta su garganta. Marcos los sostuvo ahí unos segundos, con la respiración agitada y mirándolo directo a la cara.
─ Respirá por la nariz, Agu’, te vas a acostumbrar de a poco.
Agustín reprimió un sollozo, si lloraba se iba asfixiar más así que no lo hizo, aún así se le humedecieron los ojos. Cuando se dio cuenta que Marcos no iba a ceder, hizo lo que le dijo e intentó nivelar lo que más pudo su respiración. Era algo difícil ya que sentía las gotas de líquido escurriéndose por su garganta y obligándolo a tragar, pero aún así lo logró.
─ Muy bien, amor, así está mejor.
El mayor no pudo procesar la palabra antes de que Marcos empezará a embestir en su boca, al principio lento para evitar que se ahogara de nuevo, pero a medida que veía que no pasaría fue subiendo la intensidad.
A este punto el glande le golpeaba la base de la garganta y con cada nueva estocada Marcos le metía un poco más la pija adentro. Agustín no podía procesar del todo lo que estaba pasando, pero parecía que Marcos había estado usando su boca por lo que le parecía una eternidad. La saliva mezclada con eyaculación le resbalaba por la barbilla y las comisuras de los labios le ardían por tenerlas tan estiradas, tratando de encajar la parte más gorda del tronco.
No sabía en qué momento Marcos se paró, tenía su cabeza agarrada con las dos manos ya no en su cabello sino en sus costados, él seguía con sus palmas en las caderas del menor intentando empujarlo sin éxito.
─ Dale, Agu’, un poquito más que ya casi… ─dijo entre jadeos, parando de repente con casi toda la pija enterrada en la garganta contraría ─. Abrí los ojos, dale, mírame…
Agustín hizo lo que pudo, mientras más rápido terminara mejor. Así que abrió con esfuerzo sus párpados y miró directamente al otro.
Marcos casi se muere ahí mismo. Siempre había tenido una debilidad por los ojos de Agustín -por sus ojos, sus labios, su carita, todotodotodo-, ahora que lo tenía ahí arrodillado, con su pija incrustada profundo creando un bultito en su garganta, los labios hinchados estirados hasta lo imposible y los ojos, Dios sus ojos, nublados entre lágrimas no derramadas que los hacían ver más azules y limpios de los común. Marcos quería devorarlo, encerrarlo en ese cuarto de hotel toda la vida sólo para tenerlo así, haciendo un desastre en su piso y entre sus piernas, donde pertenecía.
─ Mirate, Agu’, no sos de este mundo…
Dijo antes de sentir una vez más como los músculos internos le apretaban, ya sea intencional o no, fue todo lo que necesitó para acabar.
Agustín lo sintió en su paladar antes de que viniera, un espasmo más fuerte en el pene que vino desde los abdominales de Marcos. El salteño fue lo suficientemente consciente para retroceder un poco, dejándole sólo la punta en la lengua antes de que explotara en su cavidad. La carga fue mucha, tira tras tira de leche llenándole la boca, y la pija de Marcos haciendo de tapón para que nada se escapara.
Esperó unos segundos hasta que parecía que ya no salía más, aunque Marcos no le había soltado aún la cara. Cuando por fin parecía que había terminado, Agustín tenía las mejillas como una ardilla, esperando poder salir corriendo al baño para tirar todo por el inodoro.
Marcos no tenía las mismas intenciones, apenas sacó la pija una de sus grandes manos se le estampó en la boca y parte de la nariz.
─ No tire nada, primo, vamo’ ─Agustín lo miró una vez más sorprendido, intentando negar con ojos suplicantes, pero Marcos no daría el brazo a torcer. En cambio, apretó más el agarre en su cara ─. Dale, Agu’, trague.
El pánico empezó a invadirlo cuando notó que la mano de Marcos le obstruía las vías respiratorias y que no iba a ceder en su orden. Con toda la vergüenza y asco del mundo, cerró los ojos y tragó.
El semen era espeso y salado, no sabía mal supuso que por la vida activa y alimentación saludable del salteño, pero no lo hacía más agradable.
Una vez que se liberó de las manos ajenas, cayó totalmente de rodillas al suelo, con palmas incluídas. Tenían arcadas, pero tosió para disiparlas y evitar hacer más grande el desastre en el piso.
Marcos pasó a su lado para recoger la toalla abandonada, se acercó a él y se arrodilló en frente, aún así seguía viéndose enorme. Con cuidado pasó la tela blanca por su rostro, limpió las lágrimas de sus mejillas y el semen en su barbilla, dedicándole una mirada de adoración total, como si no hubiera estado abusando su boca hasta hace unos minutos.
─ Tan bueno mi Agu’ ─dijo, de un movimiento lo levantó sin esfuerzo, Agustín tampoco tenía fuerzas para resistir ─. Tan bonito también.
Lo llevó por el pasillo hasta una de las puertas, el baño.
Era sencillo pero espacioso, con un espejo de buen tamaño, un lavamanos encastrado en una mesada de mármol oscuro y una bañera que ocupaba la mitad del cuarto. Con cuidado, el salteño bajó la tapa del inodoro y lo sentó allí, mientras se dirigía a preparar la bañera.
─ Ya te bañaste vos… ─Dios, su voz sonaba completamente rota. No se había dado cuenta de lo mucho que le ardía la garganta y la sensación pastosa que le había quedado en la boca.
Marcos detuvo lo que estaba haciendo al escucharlo, Agustín notó como sus nudillos se volvían blancos alrededor de la llave de agua caliente y como su respiración trastabilló un toque.
─ Sí, pero los dos estamos todos sucios y transpirados de nuevo, digamo’ ─dijo sin mirarlo, se levantó una vez que reguló bien la temperatura del agua, dejando que se llenara la bañera ─. Voy a buscarte un poco de agua, sacate la ropa mientras tanto.
Sin más, se fue, dejando a Agustín sólo con sus pensamientos.
Las ganas de llorar volvieron con toda la furia, entremezcladas con las ganas de gritar y romper todo a su paso. Sollozó un poco mientras se desabrochaba los pantalones lentamente, lo hecho hecho estaba, no había vuelta atrás.
¿Lo peor de todo? No le había desagradado del todo, y el bulto húmedo en sus calzoncillos era prueba de ello. No podía evitarlo, aún con todo el enojo y la decepción de las últimas dos horas, seguía queriendo a Marcos y encontrándolo atractivo.
Nunca se imaginó que sus sentimientos fueran correspondidos por el menor, o por lo menos que la atracción fuera mutua. Aún así, no podía decir que eso lo hiciera feliz, no con cómo se habían desarrollado las cosas. Lo que más lo ponía triste, además del evidente abuso al que estaba siendo sometido por quien consideraba su amigo, es que si Marcos le hubiera pedido cualquier cosa en otra situación, con otro contexto, hubiera aceptado más que gustoso. Lo habrían disfrutado los dos de buena gana, y quién sabe, tal vez su relación hubiera avanzado en otra dirección.
Pero ahora, lo único que quería era salir corriendo hacía su mochila y llamar a Santiago para que lo recogiera con sus pseudo refuerzos.
No lo hizo, en cambio siguió sacándose prenda por prenda hasta quedar completamente desnudo. Ya había llegado muy lejos, y no quería que todo su esfuerzo para que Marcos diera su entrevista se desperdiciara.
─ Tome, Agu’ ─no se sobresaltó cuando el otro entró nuevamente al baño, aunque sus ojos escaneando todo su cuerpo desnudo lo pusieron muy incómodo.
Aceptó el vaso de agua y lo tomó todo de un trago largo, su garganta maltratada se lo agradeció.
Marcos se acercó a la bañera casi llena para apagar el chorro de agua, puso su mano para probar la temperatura y sonrió conforme.
─ Venga, lo ayudo a limpiarse ─dijo extendiendo una mano. Agustín la tomó sin más, dejando que él salteño lo guiara.
La posición final era comprometedora y entrañable al mismo tiempo, con Marcos recostado en la bañera y Agustín sobre su amplio pecho y entre sus piernas. Podía sentir la pija medio dura del menor apoyada un poco arriba de su culo, pero decidió ignorarlo por su propia paz mental.
─ Esto me trae recuerdos de la casa, ¿a uste’ no, primo?
─ Sí, creo que sí…
No realmente, sólo se habían bañado juntos dos veces en las duchas, ambos con los boxers puestos y en un contexto totalmente amigable. Una vez más, el tiempo en la casa parecía tan lejano con respecto al afuera, no dijo nada de todos modos.
Sin más palabras de por medio, Marcos empezó a lavarle el pelo, utilizó su shampoo y acondicionador de coco que tanto le gustaba, muy diferentes a los de aroma a vainilla que solía utilizar Agustín. Después restregó el cuerpo más pequeño con jabón, con uno que otro movimiento fuera de lugar que Agustín se limitó a alejar vagamente con sus manos, ganándose risas del salteño.
Una vez limpio, Marcos se dedicó a hacer lo mismo en su persona. Agustín supuso que era todo, pero sus pensamientos se vieron truncados cuando sorpresivamente y sin ningún aviso, los dedos de Marcos descendieron desde su estómago hasta su ingle.
─ Qué carajos- Mmm… ─el menor tomó su pene en su mano, que lo cubría casi por completo, y empezó un movimiento suave y fluido, ayudándose del agua y los vestigios de jabón en sus dedos ─. Marcos, no…
─ Shhh, Agu’, no se resista. Mejor sólo disfrute.
Así, selló sus labios en un beso lento pero profundo, tragándose cada uno de los sonidos de Agustín mientras seguía estimulando su pija.
Estuvieron así unos minutos, besándose con Marcos haciéndole una paja a Agustín mientras restregaba su propia pija reavivada entre las nalgas del más bajo.
─ Estoy… ya casi, Mar… ─con los ojos cerrados y la mente nublada, el platense estaba perdido en el placer de embestir la mano del salteño, con toda la actividad anterior sabía que no iba a durar mucho.
No notó como Marcos tomaba con su otra mano el tapón de la bañera, sacándolo y dejando que toda el agua se drenara lentamente. Tampoco advirtió la botellita de aceite de coco en las manos de su acompañante, ni sus nuevas intenciones, demasiado perdido en su propio placer.
Justo cuando estaba apunto de acabar, el salteño sujetó la base de su pene en un agarre apretado, no llegando a lastimarlo, pero sí lo suficientemente ajustado como para evitar su eyaculación y ponerlo incómodo.
─ Marcos que mierda hac- ¡Ah!
Sin ningún tipo de advertencia, Ginocchio acarició con la yema de los dedos el recto del platense.
─ Relajesé, Agu’, voy a ir despacio ─dijo mientras sus dedos bordeaban y tanteaban su orificio ─. Pero necesito que colabore.
¿Cómo esperaba Marcos que se relajara cuando ni siquiera le había pedido permiso para tocar ahí? Agustín estaba disgustado por su climax inconcluso, y asustado por lo que veía venir. Acababa de dar su primer pete y ahora Marcos quería quitarle también su virginidad anal.
Había esperado ilusamente que al ojiverde le bastara con que le chupara la pija, pero al parecer había subestimado el aguante y las ganas que le tenía Marcos.
─ Respirá hondo.
─ ¿Por qué- hiii? ─chilló cuando sintió el grueso dedo pasar apenas el anillo de músculos.
No era ni siquiera la primera falange, además de que los dedos de Marcos parecían estar embadurnados de aceite y se había tomado el tiempo de relajar un poco su ano. Aún así la sorpresa y la incomodidad no se hicieron esperar.
─ Nooo, Mar… ─dijo en un gimoteo, pero el otro no retrocedió, en cambio volvió a tocar su pene mientras hacía círculos lentos con el dedo.
─ Tranquilo, ya va a pasar, relajate y respirá.
Claro, como vos no sos el que tiene un dedo metido en el culo.
Aún con ese pensamiento, hizo lo que le dijo. Intentó imitar los ejercicios de respiración que le había visto hacer al otro tantas veces, y concentrarse más en las caricias en su pija que en el dedo que entraba cada vez más en su recto. También eligió ignorar el tronco duro restregándose en su espalda baja.
─ Eso es, tan bueno para mí, Agu’ ─Marcos sólo se dedicaba a darle besitos al costado de la cara y del cuello mientras lo masturbaba de ambos lados ─. Tan bonito para mí.
Así pasaron unos minutos, donde Marcos masturbaba a Agustín hasta el borde del clímax, parando justo antes de que se concretara, dejándolo todo lloroso y sensible. Los dedos también habían escalado de nivel rápidamente, Marcos había logrado meter uno entero y ahora iba por el segundo, agregando un poquito más de aceite para mejorar la movilidad.
Agustín no tenía mucho que decir al respecto, la sensación era rara y pegajosa, ya no tan incómoda pero para nada placentera. Sentía como los largos y gruesos dedos de Marcos se hacían lugar en su interior, tocando sus paredes y abriéndolo de vez en cuando. Lo peor era que cada vez el movimiento de los dos dígitos era más brusco y con más velocidad, buscando llegar a lugares más profundos. Y Agustín no sabía si tenía algo más para ofrecer, sinceramente.
─ Mar-cos, pará… pará un poco, no me gusta…
─ Esperá un poco, Agu’, ya casi lo encuentro.
─ ¿Qué mier-da estás buscan-? ─el timing fue tan perfecto, que hizo que Agustín se atragantara con sus propias palabras.
─ Ah, ahí está ─dijo el salteño, volviendo a tocar con la punta de los dedos ese manojo de nervios que tanto había estado buscando.
Agustín no sabía donde meterse, las corrientes eléctricas lo recorrían de pies a cabeza cada vez que su próstata era estimulada. Nunca había sentido algo así, ni con ninguna de sus ex novias, ni con las aventuras de una noche, ni siquiera con algún juguete. Era una sensación sideral, como si varios miniorgasmos se juntaran en la parte baja de su estómago y lo hicieran vibrar completo, no sólo su pene, sino todo su cuerpo.
Le gustaba y lo asustaba al mismo tiempo, y si antes estaba apunto de acabar, en ese momento ya se encontraba casi llorando por el clímax. Era demasiado.
─ Mar-ah par-pará, corta-la ─intentó sujetar la muñeca del menor, pero la mano que antes estaba estimulando su miembro le sujetó ambas manos contra su pecho, dejándolo medio maniatado y a merced de Marcos.
─ Bueno, si no se queda quieto ─puntuó cada palabra con un golpe contundente contra su próstata ─, no queda de otra que hacerlo llegar así, primo.
Agustín quería salir corriendo, el fuego se acumulaba en la boca de su estómago y le dolía la pija, pero su orgasmo parecía no llegar nunca. Se retorcía todo lo que podía, no sabía si era para escapar o para buscar un poco de fricción en su sexo, odiaba por primera vez lo fuerte que era Marcos en comparación a él mismo.
─ Marcos, nopuedonopuedo ─balbuceó, el placer y el dolor entrelazados en una sola sensación en su interior ─. Por fa-vor…
─ ¿Por favor qué, Agu’? No entiendo que quiere.
Agustín mordió sus labios, no queriendo humillarse aún más, pero sentía que si no hacía algo iba a explotar.
─ Tocam-me, por favor, Mar- Tocame ¡Ah!
Marcos entendió pero se hizo el boludo, en cambio, paró todo tipo de movimiento haciendo como si estuviera pensando en la petición del platense.
─ Mmm, no sé, Agu’. Tengo mucha curiosidad de ver que pasa si sigo tocando ahí nomás ─sujetó más fuerte sus muñecas, esta vez sujetándolas mejor con todo su brazo alrededor de su torso, como si lo estuviera abrazando. Con sus piernas enganchó debajo de las rodillas ajenas, abriendo las piernas de Agustín y dejándolo totalmente expuesto a sus ojos ─. Además, le dije un montón de veces que se quedara quieto, primo, que colaborara. No, ahora se queda así.
Y con esas palabras, reanudó los movimientos de sus dedos, esta vez curbándolos a un más contra su punto y yendo más rápido.
Agustín no podía respirar, su interior estaba siendo taladrado por los dedos del menor y su pene colgaba inútil e hinchado entre sus piernas abiertas. Sentía que se quería morir, y al mismo tiempo no quería que terminara nunca.
Pero terminó, justo cuando Marcos dio un golpe certero y en vez de alejarlos, dejó que sus yemas acariciaran el montículo de nervios durante unos segundos. Los chorros de semen se desparramaron por todo el pecho de Agustín y el brazo de Marcos, pero lo peor fue que su estómago se había tensado completamente y sus piernas no habían parado de temblar durante todo lo que duró su orgasmo, casi 2 minutos enteros.
Nunca había vivido una experiencia así, estaba totalmente agotado.
─ Al final si pudo venirse así nomás, que bien ─soltó jocoso el salteño, pero Agustín no tenía ni fuerzas para devolverle la pelea.
Marcos sacó despacio los dedos del interior del mayor, escuchando los leves quejidos de Agustín y viendo como su agujero había quedado un poco abierto y palpitante.
─ Parece que siempre terminamos sucios, primo, ya ni vale la pena.
Marcos se paró con mucho cuidado, haciendo lo posible para no resbalar con el más bajo a cuestas. Cuando pudo salir de la bañera lo dejó nuevamente sentado en el inodoro, ninguno de los dos confiaba en las aún temblorosas piernas del ojiazul.
Con una amabilidad que se había ausentado hace unos momentos, Marcos limpió los restos de fluidos del cuerpo de Agustín con una toalla húmeda, dejando de vez en cuando piquitos en los labios y nariz del mayor. Se terminó de limpiar él también y lo ayudó a llegar hasta la recamara.
A lo único que Guardis le prestó atención era a la cama, era de dos plazas, se veía muy cómoda y tenía sábanas y almohadas totalmente blancas. La luz en la habitación era igual de tenue que la de la sala.
Marcos lo dejó directamente en la cama, boca arriba y totalmente desnudo como había salido del baño. Agustín pensó que iría por ropa, en cambio el ojiverde se recostó sobre su cuerpo, acariciando de arriba a abajo sus costados, acentuando su toque en la curva de su cintura y el ensanche de sus caderas.
No había parado de besarlo en ningún momento, sus labios, sus mejillas, sus párpados y su cuello. Todos y cada uno más indulgente que el anterior; Agustín apenas le correspondía pero tampoco le corría el rostro. Lo último que necesitaba era que después de todo lo que había hecho, el Ginocchio se enojara al final y mandara todo a la mierda.
─ Agu’, mi Agu’ ─repitió a nadie en particular, ya que el otro estaba en silencio ─. Por fin, después de tanto tiempo, mío.
─ Tengo sueño, Mar, ¿ya terminaste?
Ni siquiera sabía qué hora era, pero por la ventana se notaba que estaba oscuro. Tal vez alrededor de las 10 u 11.
Marcos se congeló sobre él, parecía sopesar algo con el rostro serio. A Agustín seguía sin gustarle del todo la intensidad con la que lo miraba.
─ Una cosa más ─soltó levantándose y dirigiéndose hasta la mesita de luz al lado de la cama. Cuando volvió tenía en sus manos un potesito de gel transparente y un sobre de aluminio, Agustín los reconoció y soltó un quejido de protesta ─. Es lo último, después podés dormir todo lo que quieras.
─ Si te digo que no lo vas a hacer igual, dale, apurate y terminá ésto de una vez.
A Marcos se notó que no le gustó nada su comentario, pero no acotó al respecto. Se dedicó a volver a estirar un poco más su entrada, los primeros dedos fueron sencillos por todo el trabajo previo en el baño, el tercero en cambio le ardió un poco pero nada que no pudiera aguantar después de unos minutos. No habrán tardado más de 10 minutos, Agustín mantuvo los ojos cerrados durante toda la faena, soltando uno que otro ruidito entrecortado cuando Marcos se acercaba mucho a ese lugar, pero no duraba mucho porque no era el objetivo del salteño.
El menor tomó una de las muchas almohadas y la puso debajo de su cadera, elevando su parte baja, le dolía un poco la espalda pero no dijo nada. Vio atento como Marcos se arrodilló frente a él, masajeando su aún impresionante pija para ponerla del todo erecta y deslizar el condón con la gracia que sólo la experiencia daba.
Agustín se preguntó cuantas veces había hecho ésto desde que había salido de la casa, y por qué lo estaba haciendo con él ahora.
─ Avisame si te duele mucho ─dijo sin más Ginocchio, se recostó sobre él utilizando sus brazos para no aplastarlo y observó atento el lugar donde estaba posicionando su miembro. La entrada de Agustín estaba dilatada y húmeda, lista para recibirlo ─. Ahí voy.
Fue la única advertencia que obtuvo del otro antes de enterrar la cabeza hasta un poco más allá tomando parte del tronco, forzando a que su recto se estirara más de lo que lo había estado nunca. Definitivamente era más grueso que sólo tres dedos.
─ LA PUTA MADRE, MARCOS ─vociferó con la poca voz que le quedaba el platense. No sólo lo había tomado por sorpresa, sino que el dolor no se limitaba sólo a su culo, toda su parte baja se sentía arder.
─ Perdón, Agú, respirá hondo que ya se va a pasar ─se mantuvo quieto en su lugar, revisando que su compañero no estuviera sangrando por la intromisión repentina. Se había emocionado y no tomó en cuenta que la preparación no sería suficiente para que la virginal entrada lo tomara de una ─. No es toda, voy a ir de a poquito, ¿sí?
Agustín le contestó con un sollozo lastimero, sus manos apretando las sábanas blancas debajo de él como un ancla.
─ Me duele… ─dijo con la voz consumida.
─ Ya sé, ya va a pasar ─Marcos le dio un pico en los labios antes de erguirse, sostuvo las rodillas ajenas y separó un poco más las piernas de Agustín, mirando directamente la unión de sus cuerpos ─. Es tu primera vez, pero me tomaste muy bien.
Esperó unos minutos en los que aprovechó en acariciar de las rodillas hasta los gruesos muslos contrarios, presionando para ver como rebalsaba la carne entre sus dedos y pellizcando para dejar marcas rojas. Ignoró los quejidos de Agustín para que dejara de hacerlo, el mayor debería agradecer que no se había volcado a cogerlo de la manera que quería desde un primer momento, teniendo un poco de piedad con él por ser su primera vez y recompensándolo por ser tan colaborativo.
Empezó con un vaivén lento y corto, apenas enterrando más de lo que ya estaba. Despacio y con paciencia, logró tener poco más de la mitad dentro del mayor, quien seguía quejándose con pequeños gemidos de incomodidad. Aunque Marcos había notado que el pene ajeno estaba llenándose de a poco, interesado en todo lo que estaba sucediendo a diferencia de su dueño.
─ Es mucho, pará que no entra más ─dijo Agustín cuando una embestida en particular llegó más profundo.
─ Falta poco, seguí respirando hondo, dale.
Hizo lo que le dijo, intentaba regular su respiración, pero el calor en la habitación era sofocante que Marcos estuviera casi cubriéndolo entero con su cuerpo no le ayudaba. Tener la pija de un hombre dentro se sentía raro, nada comparado a un par de dedos, no sabía si era porque su compañero era excepcionalmente dotado pero podía sentirlo arrastrándose dentro de su canal con mucho detalle. La pija de Marcos palpitaba de a ratos, empujando sus paredes internas, podía sentir el arrastre de la cabeza y como lo abría haciéndose lugar cada vez que lograba tomar unos centímetros de más en cada estocada.
Y por la respiración agitada del menor y sus ojos cerrados fuertemente, sabía que se estaba conteniendo de joderlo como quería.
─ Apurate, ya no me duele mucho, metelo nomás ─dijo, algo inseguro, pero interesado en apurar las cosas.
─ ¿Vas a poder con todo de una?
Agustín levantó una de sus piernas, enredándose en la cadera de Marcos para acercarlo a su cuerpo y aspirando profundo cuando el movimiento provocó una nueva estocada.
─ Dale, no te hagas el presumido y haceme caso, se nota que querés ir más fuerte. Tengo sueño, así que mientras más rápido termines mejor.
Marcos lo miró con duda, pero le duró poco cuando Agustín lo apretó tentativo, se dijo que de esa no volvía.
─ Después no te quejes…
Y así empezó a acelerar su ritmo, metiéndose cada vez más profundo dentro del cuerpo caliente debajo de él.
Agustín aguantó como un campeón, Marcos había dado rienda suelta a sus deseos y no parecía preocuparle lo mucho que estaba chirriando la cama debajo de ellos, más concentrado en arrastrar el cuerpo del platense de un lado a otro. Sospechaba que el férreo agarre que tenía el otro en su cintura dejaría unas feas marcas moradas.
Marcos era ruidoso, jadeando su nombre y soltando gemidos roncos a un lado de su oreja, eso y el ruido de las pieles húmedas chocando, además del palmoteo seco de las bolas del menor impactando contra las mejillas de su culo, hacían que Agustín cerrara los ojos de vergüenza. Sobre todo porque no era de madera, y estaba empezando a reaccionar a todo lo que estaba pasando.
Mientras pasaban los minutos, el ritmo del menor se volvía más brutal y certero, golpeando su interior como si quisiera dejar una huella permanente en su cuerpo. También Marcos se volvía cada vez más encimoso, con su cara enterrada en el cuello de Agustín, intercalando entre jadear y chupar su piel cubierta de sudor, pegando sus pechos de la misma manera que hacía chocar su pelvis contra su culo. La pija de Agustín estaba atrapada entre su estómago hinchado y los duros abdominales del salteño, rezumando semen y siendo frotada en carne viva.
─ Mar-Mar… de nuevo… ─dijo como pudo, intentando captar la atención del menor sin éxito ─. Ay, me vengo, para- ya…
Marcos paró, pero para corto alivio de Agustín, fue no sólo para cambiar el ángulo de sus embestidas y redirigirlas a donde el salteño sabía estaba la próstata del platense, sino también para meter una mano entre sus cuerpos y agarrar su pija.
Ahora Agustín no sólo estaba aguantando que su próstata fuera martillada por la bulbosa cabeza de la pija dentro de él, sino que Marcos había empezado a masturbarlo al ritmo animal de sus estocadas. Y el mayor no sabía si estaba tocando el cielo con las manos o si se quería morir ahí mismo por la intensidad de todo.
─ Dale, dale, venite… dejame verte, Agu’...
Un par de golpes certeros y duros por parte de Marcos, hicieron que Agustín viera blanco. Con los ojos volteados en su cabeza, la boca abierta en una perfecta O y sus piernas vibrando alrededor del cuerpo más grande sobre él, tuvo su segundo orgasmo de la noche , y el más intenso de su vida. Duró más que el que tuvo en en el baño y la sensación de sentirse aún más lleno que con los dedos, más su pene siendo estimulado al mismo tiempo, hicieron que el cuerpo entero le vibrara aún cuando ya no estaba eyaculando.
Ahora con el cuerpo del platense hecho un trapo y la mente perdida en una nube post orgásmica, Marcos decidió que era su turno. Se tiró encima del cuerpo más pequeño tragándolo completamente con el suyo, pasó sus brazos por debajo de las axilas ajenas y sostuvo los delgados hombros, y en esa posición empezó a hacer palanca para encontrarse con los brutales empujones en sus zonas bajas.
Agustín ya no sentía como el otro lo movía de un lado a otro, el menor había decidido que recibiría su orgasmo clavado a la cama, en una prensa inmovilizadora que no permitía que su pija siquiera saliera de él más que una pulgada. Acostado sin poder mover un músculo, manchado con su semen y su agujero sensible por la fricción, las piernas abiertas de par en par como una puta o un juguete para que Marcos se descargara.
─ Paraparapara,¡despa-pacio! ─chirrió sintiendo todo su cuerpo hipersensible por su reciente orgasmo, la pija de Marcos golpeando aún la inflamada glándula en su interior dolorosamente.
Marcos aceleró un poco más, aunque eso no parecía humanamente posible, sus embates volviéndose más erráticos y descoordinados marcando su pronto clímax.
─ Decí-ah, Agu’... Decí mi nombre ─separándose apenas un poco de su cuerpo y elevándose en un codo, Marcos tomó con una mano el rostro del mayor, apretando sus mejillas en un agarre más fuerte de lo necesario y mirándolo directamente a los ojos con una mirada que no daba lugar a contradicciones.
─ Ma-Marcos… Marcos… ─susurró Agustín, haciendo un último esfuerzo en complacer a su compañero, aún con la sensación de que se iba a desmayar en cualquier momento ─ Mar… Marcos, Marcos, ¡Marcos!
Con unas últimas tres estocadas duras y profundas, la pija del salteño se hinchó totalmente envainado dentro del cuerpo de Agustín, y gruñó por fin su desgarrador orgasmo. Sino fuera porque estaba fuera de si, Marcos se hubiera sorprendido por la duración de su clímax y la gran cantidad de leche que estaba derramando dentro del preservativo.
Un instante después, y cuando su cuerpo por fin se relajó, Marcos colapsó sobre Agustín con los ojos cerrados y el corazón latiendo a mil por hora.
Agustín no estaba mejor, no sólo la sensación de satisfacción post coital se había esfumado, sino que todo su cuerpo se encontraba entre adolorido y tenso por la sobreestimulación de la que había sido sometido mientras el salteño buscaba su propia culminación. Se sentía sofocado, sucio y cansado, aún con el menor sobre él y su pija dentro. Los párpados se le caían y su mente se sentía desvanecer bajo la tenue y cálida luz de la habitación.
─ Marcos, no te duermas, tenés que salir… Me tengo que ir…
Esa era su idea, salir corriendo de la habitación y llamar a Santiago para que lo fuera a buscar. Pero los planes del salteño eran distintos: con toda la pereza del mundo, se levantó hasta quedar sentado aún entre las piernas ajenas, salió despacio de su cuerpo y se levantó sólo para sacarse el condón usado y tirarlo a un tachito después de haberlo anudado. Sin ir más allá, sin limpiarse ni nada, volvió a la cama con Agustín.
Apenas los maniobró para que pudieran quedar debajo de las sábanas blancas, tomó al más bajo en brazos y pegó su pequeña espalda contra su amplio pecho.
─ Duerma, Agu’, mañana vemos que pasa ─dijo con voz adormilada, y con un último beso dejado delicadamente sobre los rulos de Agustín, se durmió.
El platense así como estaba, asqueado por la capa de suciedad y fluidos que cubría sus cuerpos, y con mil cosas que pensar y analizar pero demasiado agotado para hacerlo, hizo lo mismo y se entregó a la oscuridad.
─ Sí, mañana vemos…
Marcos no estaba cuando Agustín se levantó al día siguiente.
El sol le había estado molestando desde hace mucho rato, pero aún así el Guardis no abrió los ojos hasta más o menos las tres de la tarde. El espacio a su lado estaba frío, por lo que significaba que Marcos se habría levantado de la cama hace mucho tiempo. En la mesita de luz a su lado notó que había un vaso con agua y una pastilla.
─ Un caballero ─dijo a la nada y sin humor, sentía la boca seca y le dolía mucho la cabeza.
Cuando intentó sentarse, la punzada de dolor más suave le subió desde la cadera hasta el pecho y lo hizo ver estrellas, las piernas directamente no las sentía y su culo le ardía peor que cuando tuvo hemorroides.
Marcos lo había hecho percha.
Todo desde ahí fue una total faena, el salteño no respondió a sus quejumbrosos llamados, así que asumió que no estaba. Levantarse y salir de la habitación le tomó unos buenos 10 minutos, y llegar al baño otros 10 más. Luego de hacer lo que debía y tomar un baño en la bañera con agua caliente para relajar sus músculos, Agustín se puso a reflexionar:
Primero, había tenido sexo con un hombre por primera vez y había sido una experiencia intensa y descorcentante, y aunque fisiologicamente lo había disfrutado durante momentos, la sensación de amargura inundaba totalmente su mente. Sospechaba que ésto sería algo de lo que tendría que hablar eventualmente en terapia.
Segundo, Marcos. No sabía qué pensar al respecto. Se sentía desilusionado, con muchas ganas de llorar, y enojado por lo que lo había obligado a pasar. Aún más enojado porque aunque buscaba en lo profundo de su mente y de su corazón, no encontraba el odio que debía sentir por el salteño. Sólo desilusión y enfado, pero no odio.
No quería ahondar mucho en lo último, porque tenía miedo de descubrir el porqué de la falta de repulsión para con su (ex) amigo. Prefería enterrar por ahora sus sentimientos, cualquiera que sean, por el ojiverde y seguir lo que le gritaban sus instintos: debía salir de ahí y mantenerse lejos de Marcos lo antes posible.
Definitivamente no quería confrontar al menor cuando volviera.
O tal vez nunca más, no lo sabía bien.
Con eso en mente y la pastilla haciendo efecto, salió del baño y se cubrió con una toalla enorme para ir a buscar su mochila a la sala. Evitó verse en el espejo más de lo necesario, no sólo intuía que su cara no era la mejor, sino que mientras se bañaba había notado algunas marcas rojas y oscuras esparcidas por distintas partes en su piel. No era algo a lo que quería enfrentarse ahora.
Cojeó medio desnudo hasta la entrada, donde su mochila se encontraba tirada y volvió sus pasos hasta el sillón porque no aguantaba mucho tiempo erguido.
Su celular tenía poca batería, pero aún podía encenderlo. Aún tenía muchas notificaciones y llamadas perdidas por lo del domingo, pero decidió ignorarlas en son de ver el chat con Santiago. También tenía varias llamadas de él y mensajes de anoche, pero lo que más le llamó la atención fueron los últimos textos envíados apenas hace unos minutos.
Santi F.
Agustín por el amor de dios respondeme
¿Qué pasó con Salta anoche?
Marcos está con Angel De Brito
¿Dónde estás vos?
Agustín Guardis, la puta madre
Están por hablar de vos en LAM
AGUSTÍN
Sin pensarlo mucho y sin contestarle a Santiago, agarró el control de la mesita frente a él y prendió la tele que estaba colgada en una esquina de la habitación.
El canal de LAM ya estaba sintonizado apenas la pantalla se encendió, y lo primero que vió Agustín fue la imagen dividida, de un lado Angel De Brito estaba parado con una particular expresión de desconcierto, del otro lado un fresco y relajado Marcos deleitaba a la cámara con una sonrisa de dientes completos.
El banner debajo de ambos fue lo que hizo que la respiración de Agustín se le quedara atrapada en su pecho.
EL GIRO INESPERADO EN LA RELACIÓN DEL GANADOR Y FRODO FUERA DE LA CASA
¿Qué giro inesperado?
¿Qué relación entre Marcos y él?
¿Lo había engañado? ¿El menor habría vuelto a dejarlo mal en televisión nacional? Después de pasar la noche con él, de hacer todas y cada una de las cosas que le había pedido, aún contra sus deseos, ¿Marcos lo había traicionado una vez más?
Los ojos se le llenaron de lágrimas una vez más, ya había perdido la cuenta de la cantidad de veces que había llorado por algo relacionado con GH o Marcos Ginocchio.
Subió el volumen cuando notó que seguían hablando.
─ Entonces, Marcos ¿qué te llevó a querer revelar algo así acá y ahora? Nos debe estar viendo la mitad del país.
Marcos se río un poco y Agustín se quiso morir. Su teléfono vibrando cada dos segundos en sus manos.
─ Agus me fue a visitar ayer al hotel donde me estoy quedando en La Plata ─comentó despreocupado, más relajado de lo que lo había visto desde que salió de GH ─. Nos pusimos al día y charlamos muchas cosas que teníamos pendientes, digamo’
─ ¿Hablaron de las declaraciones que diste en la radio, me imagino?
─ Si, si, obvio. Agu’ no entendía nada de lo que estaba pasando, porque entre nosotros estaba todo bien. Aunque era verdad que no nos habíamos podido juntar, nos mandábamos mensajes casi todos los días.
─ ¿Y por qué saliste a decir lo que dijiste? ─Agustín notó un deje de reproche en el tono del conductor, pero lo obvio, más atento a la respuesta de Marcos ─. A Frodo lo mataron en redes.
El salteño tuvo la decencia de fingir -en opinión de Agustín- culpa.
─ Ya sé, lo que pasa es que ya no sabía qué hacer para decirle cómo me sentía, digamo’, no podía hacerlo por mensaje ─explicó entre pausas para pensar en lo que iba a decir ─. Sabía que si decía eso, el primo iba a dejar todo para ir a verme. No quise lastimarlo y se lo expliqué ayer. Eso venía a aclarar también, no me parece todo el odio que recibe Agustín, es una buena persona y yo lo quiero, digamo'
Angel ignoró lo último dicho por el menor, centrándose en lo que le parecía más interesante.
─ ¿Y le dijiste de tus sentimientos en ese momento?
La sonrisa de Marcos se iluminó. Guardis no entendía nada.
─ Algo así, el primo como siempre se me adelantó y cuando me reclamó me dijo que se sentía también.
─ ¿Cómo se sentía Agustín? Explicanos.
─ Que me extrañaba, que había estado triste porque no nos habíamos podido juntar por falta de tiempo, que no me quería exponer al odio de las personas, y que sentía muchas cosas que no me había podido decir dentro de la casa. El primo siempre me cuidó y fui su prioridad, y yo le dije que yo sentía lo mismo.
─ ¿Le pediste ahí formalizar la relación? ─tiró Ángel con una sonrisa ─. Disculpame, pero eran bastante obvios los dos.
Marcos se rió, mirando para un costado y acomodándose el pelo antes de volver a mirar la cámara frente a él.
─ Si, blanqueamos nuestros sentimientos los dos, pero no fui yo quién dio el paso, fue Agustín ─dijo tomando el micrófono más fuerte, Agustín no podía creer lo que estaba escuchando ─. Él me pidió que intentáramos algo, y yo acepté ser su pareja.
Con el shock encima, el platense notó como el banner cambiaba rápidamente:
“AGUSTÍN ME PIDIÓ SER NOVIOS Y YO ACEPTÉ”
Después de eso Agustín no escuchó nada más, en sus oídos sólo había un pitido molesto y chillón. Su cuerpo aún cubierto por la toalla se desinfló en el sillón, el celular en sus manos vibrando con más frecuencia que antes, cientos de notificaciones de Twitter e Instagram. Una nueva llamada entrante de Santiago que no llegó a contestar antes de que su amigo le mandara un mensaje.
Santi F.
AGUSTÍN
¿QUÉ CARAJOS ESTÁ PASANDO?
Agustín G.
No sé
No sé, pensó para él mismo, no sé qué mierda está haciendo Marcos.
¿Por qué me está haciendo esto?
No sabe cuánto tiempo estuvo ahí sentado sin hacer nada, mirando a la pared color hueso. El móvil de Marcos ya había terminado, y ahora estaban pasando otro tema totalmente distinto al que tampoco le prestó mucha atención.
¿Era esto una pesadilla? Cómo cuando salió la primera vez, donde todo parecía tan irreal, ¿nunca se había despertado al final?
Un nombre llamó su atención cuando de casualidad miró la pantalla de su teléfono. Quería revolearlo contra la pared y no saber nada más de nadie, pero no lo hizo, no podía. Abrió el mensaje y soltó una risa histérica.
Marcos G. (primo GH)
Agus
¿Me viste en LAM?
Ya voy para allá, no te vayas
Tenemos mucho que hablar
Llevo medialunas, pone la pava
Son de las que te gustan
Te quiero <3
Esto es una locura, pensó consternado. Lo mismo se fue a poner la pava para el té.
