Work Text:
"Hay un hombre hermoso en él, mirándome con una mirada
chispeante, más sutil. Pero siento una amenaza inminente en el aire tan pronto como me acerco a él."
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Dabi era muchas cosas, pero jamás fue un cobarde. Él era un poderoso mago que combatía en las grandes filas de la "Guerra santa" y había luchado contra grandes adversarios del territorio enemigo. Era conocido por ser el único mago de fuego portador de aquel azul fuego tan intenso que no solo calcinaba a sus oponentes hasta convertirlos en nada más que huesos, sino que también era el causante de sus problemas con las quemaduras que envolvían algunas partes de su cuerpo en piel muerta.
Esta era la misma razón por la que Dabi engrapaba la piel caída con la sana y que también era causante de su aterrador aspecto.
Dabi tenía muchos nombres por los que era conocido y cada uno demostraba que él no era una persona cobarde o miedosa que se asustara hasta de una mariposa.
No.
Simplemente, no lo era. Se dijo a sí mismo.
Pero...
Si le preguntaran si alguna vez sintió el peligro inminente de estar cerca de alguna criatura, Dabi nunca lo admitiría por orgullo a sus títulos.
Dabi recuerda con claridad el día en que la conoció. O bueno, debería decir mejor que fue una noche. Las grandes alturas estaban despejadas de nubes, dejando paso a aquel azul marino que predominaba en los cielos junto a la luna y las estrellas que guiaban el camino de las personas por su luz natural. Era una noche de calor, y aunque la ligera brisa de un muy fino viento hacía lo que podía para refrescarlo, se vio con la obligación de ir al lago del bosque más cercano al pueblo en el que actualmente se hospedaba.
Desnudo y con nada más que un taparrabos para cubrir sus nobles partes de las miradas indeseadas, se sumergió en la cristalina agua del lago. Un gemido de satisfacción salió de sus cuerdas vocales ante la agradable sensación del frío contacto del agua con su calurosa piel con injertos. Permitiéndose envolver por la agradable sensación, la paz y tranquilidad del bosque junto al lago estaba tan relajado que, de no ser por la ligera brisa del momento, seguramente nunca lo hubiera escuchado.
Pero cuando lo logró escuchar, sus azules ojos miraron a los grandes montículos de piedra por donde seguía el lago. Detrás de eso se encontraba la persona de aquel calmado y suave tarareo.
Era una melodía que nunca antes había escuchado. Un tranquilo tarareo que endulzaba sus oídos con solo escucharlo.
Curioso por saber el nombre de la persona portadora de aquella agradable voz, se acercó nadando a las grandes piedras que los mantenían ocultos el uno del otro. Y haciendo caso omiso de aquel extraño escalofrío que recorrió su cuerpo de abajo hacia arriba, echó un vistazo por encima de la pared de piedra y logró vislumbrar a aquel ser.
Cómo desea haber escuchado aquella voz en su cabeza que le dijo que aquel escalofrío que sintió no era uno cualquiera.
Y ahí la vio, al otro lado donde el peligro inminente estaba, había una ninfa tomando también un refrescante baño nocturno. De figura delgada, piel blanca y cabello platinado que, a la luz de la luna y las luciérnagas que la rodeaban, parecía casi mágica.
Místico.
El dueño de aquel bar en el pueblo y sus habitantes no bromeaban al decir que la ninfa que cuidaba el bosque que los rodeaba era tan hermosa como una diosa.
Y no se equivocaron al decir eso, pensó.
Entre más miraba a la ninfa, más quedaba embelesado por su presencia. Sus movimientos, aunque un poco toscos, tenían su gracia y elegancia. Y fue en uno de esos donde pudo ver por completo el rostro de aquella criatura.
Quedó con la boca abierta.
Los ojos de la persona que en un momento pensó que era una mujer eran de un color profundo de rojo, mucho más profundos que el carmín se atrevería a decir, brillaban en una peligrosa advertencia que lo dejaba congelado. Su rostro, con algunas arrugas alrededor de su rojo mirar, probablemente un problema de piel, en su párpado izquierdo una cicatriz y en el labio derecho otra. En el costado de sus resecos y agrietados labios había un pequeño lunar.
Ninfa tan hermosa como peligrosa.
Azul y Rojo se encontraron en el camino.
Y Dabi quedó cautivado por las imperfecciones del crujiente chico que tenia un nombre y apellido...
... Shigaraki Tomura.
