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El Legado de Potter #3: La niña maldita

Summary:

En un mundo mágico donde ya no sabes en quién confiar, aun hay lugar para el poder más fuerte: el amor

Harry supo que estaba jodido. No tenía duda. Se sentía atraído por Malfoy. Quería estar a su lado, cuidarlo, apoyarlo en estos momentos dolorosos para él. Quería ser su amigo ¡Sí, amigo de Malfoy!.¡No! Harry no quería su amigo, pero en estos momentos, donde Draco lloraba su duelo, amigo era todo lo que podía aspirar.

James Sirius Potter sabía que estaba jodido. Scorpius tenía ese ángel en él que hacía que su corazón se alterara y múltiples snitch volaran en su estómago. Quería poder estar en estos momentos duros de Scorpius, pero el chico ya tenía a Albus y a Rose. Y toda esa bandada de chicas a su alrededor.

Rose actuaba muy raro por lo que a Scorpius le costaba tener una conversación normal con ella. Además, estaba preocupado por la entrada de Merlina al colegio.

Albus estaba hastiado de encontrarse a Marietta a cada rato, y ver a Sophie con su primo por todos lados altera sus estados de ánimo.

Notes:

Porque Scorpius puede leer a Merlina.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Prólogo Carta de Hogwarts

Chapter Text

Prólogo

Carta de Hogwarts

Era una mañana de calor abominable. Si mirabas por cualquier ventanal de Malfoy Manor se podía ver el espejismo que provocaba la alta temperatura.  Pese a que la mansión estaba en el medio de un gran terreno, con magia alrededor, y que sus dueños habían lanzado algún que otro hechizo ambientador en el interior, Merlina podía ver el sudor perlado en la frente del centro de la mesa: Lucius Malfoy. 

Astoria, su tía, ya había intentado convencerla de sacarse la ropa negra que traía puesta, pero Merlina se había negado. 

—Deberías convencerte de que haya accedido a usar ropa muggle —le recordó. Su tía suspiró ante su respuesta. 

Le parecía algo indigno haberse rebajado a las prendas de muggles, pero ni ella podía luchar contra el calor, por ello, esa mañana usaba una simple remera sin mangas y pantalones negros,  lo mejor que podía usar ya que  era todo lo que su dignidad iba a permitirle. Si en sus manos estuviera, haría todo el año de una estación: invierno. 

—Tío Draco—rezongó, mirando a su tío sentado en el lado opuesto de la mesa—. Podrías aplicar algún que otro hechizo extra para enfriar la casa. La consintieron de inmediato. Finalmente, pudo hacer lo mismo a lo que se dedicaba cada mañana, Merlina ignoró a todos y observó a Scorpius, sentado frente suyo al lado de su padre.  

Scorpius era su primo, en esos momentos leía concentrado una carta en sus manos. Draco le sonreía con una mano sobre su hombro. Pero Merlina no era tonta, ella veía detrás la preocupación en los ojos de su tío, y si giraba y echaba un vistazo, vería lo mismo en su tía. 

Observó al hombre en el centro de la mesa. El hombre, rubio de cabello largo, acariciaba su bastón y miraba a su nieto con algo que ella conocía: ambición. Lucius Malfoy pensaba que Scorpius podría darle lo que su hijo no le dio, no de la forma que esperaba al menos. Draco había decepcionado a su padre en maneras que le costaba no nombrar. Lucius parecía encontrar cualquier momento digno de recordarle lo blando que había sido después de la segunda guerra, especialmente después de contraer matrimonio. Merlina  perdió la cuenta de las veces que escuchó todas las razones. 

Pese al respeto que sentía hacia Lucius, consideraba que debía rendirse. Scorpius Malfoy era lo opuesto a lo que el hombre ambicionaba. De hecho, ella estaba segura que sería más benevolente que el mismo Draco Malfoy. 

Volvió a mirar a su primo. La carta que sostenía en sus manos era la carta que lo admitía oficialmente como estudiante de Hogwarts, el mejor colegio de Magia y Hechicería. El mismo colegio donde sus fallecidos padres habían ido, y donde los Malfoy habían asistido.  

Los Malfoy, todos, sin excepción alguna que pudiera recordar, habían ido a una sola casa. Incluso su madre y la de Scorpius fueron seleccionados al mismo destino. Aquella casa era Slytherin.

Se tragó el suspiro que quería lanzar y decidió mirar sin expresión a su primo.  

¡Por Salazar! Si hasta dudaba que Scorpius llegara a ir a Slytherin. 

Scorpius dejó de leer y miró a su padre. En él también vio preocupación, lo que llamó su atención. Su primo no había hecho más que hablar de aquel colegio, sus oídos hasta habían sangrado de tanto Hogwarts esto, Hogwarts lo otro. ¿Por qué ahora se mostraba temeroso? Escuchó a Lucius darse cuenta de esto cuando gruñó. 

—Padre —escuchó advertirle a su tío Draco Las mejillas de Scorpius se sonrojaron y bajó la mirada. Merlina desaprobó ese comportamiento. Debajo de la mesa estiró su pie y le dio una patada. Su primo la miró, frunciendo el ceño y volviéndose más rojo. 

¡Por la memoria de Salazar Slytherin!

Su tío pareció darse cuenta porque Merlian juró verlo sonreír en su dirección antes de volver a poner su mano sobre el hombro de su hijo.

—Scorpius, felicidades. Has sido aceptado en Hogwarts —Scorpius no levantó la mirada, pero se mordió los labios—. ¿Scorpius? 

Finalmente, vio a su primo volver a mirar a su padre. 

—Tengo miedo —le escuchó decir lo más bajo que pudo—. ¿Y si nadie me quiere? ¿Si no logro tener amigos, padre? ¿Si no logro pertenecer?

Merlina frunció el ceño, enojada. Quería chistar como lo había hecho el mismo Lucius Malfoy antes de ser regañado por su tío. En cambio, vió a su tío sonreír otra vez y mirar a Scorpius como…

 Merlina tragó. 

Aquella mirada era como recordaba la miraba su padre en vida. Decidió que tal vez la mesa fuera más interesante ahora y se dedicó a escuchar sin ver. Se negaba a dejar entrar las emociones. 

—Estoy seguro que Sophie y Vincent también han recibido su carta —dijo Draco—. No estarás solo, Scorpius. Y si el resto del castillo se pone en tu contra, tú solo debes demostrarle lo equivocados que están. Tú no cargas los errores de tu padre, Scorpius. Nunca bajes la cabeza ante nadie, mereces ir al colegio como cualquier mago en todo el país. 

Merlina estaba de acuerdo, excepto con las preocupaciones de su primo. 

¿Por qué querer tener amigos? Sophie era una niñata que se la pasaba en las nubes. Ella era más madura que Goyle. Vincent era solo grande, posiblemente camino a ser como su padre, es decir, un ser carente de pensamientos propios. Los Goyle eran usables. Eso es lo que tenía que hacer Scorpius, manejarlos para que estén a su lado, cubriéndolo. 

¿Por qué querer pertenecer a un grupo? En este mundo dónde los hijos de marcados y sangrepura son perseguidos y juzgados sin siquiera haber estado en la guerra, sólo podías contar contigo mismo. ¿Quién quiere pertenecer? Solo hacía falta prevalecer. 

Sí, pensó,  Scorpius ni siquiera llegaría a pisar la casa de las serpientes. Ella, en cambio, lo tenía claro. Era Slytherin antes de entrar al colegio.  Su destinó quedó marcado el día que asesinaron a sus padres. Slytherin estaba en sus venas desde que llegó a Malfoy Manor. Ella sabía lo que tenía que hacer. 

El mundo mágico iba a pagar muy caro las lágrimas que la obligó a derramar con solo cinco años. Arderían todos en la misma hoguera en la que sus padres murieron. Y quienes se atrevieran a herir a su primo, les reservará un lugar especial en el mismo infierno junto a ella. 

*** 

Hoy no se trataba de Scorpius con su carta, sino de ella, Merlina es quien sostiene un sobre con sello de Hogwarts diciendo que ha sido admitida, adjuntando una lista de las cosas que necesitará para su primer año. Pero necesitará más, porque ha llegado el momento después de dos largos años, la hora de la venganza de quienes lastimaron a Scorpius.

Oh, sí, Merlina tiene todos sus nombres en un pergamino especial donde guardaba los nombres de aquellos que habían hecho sufrir a su hermano, porque Scorpius ya era un hermano para ella. Es una lista que empezó a sus cinco años y que creció de forma considerable  desde que Scorpius empezó el colegio.

Merlina no podía mentir, debía aceptar que le sorprendió el día que su hermano se fue y el Sombrero Seleccionador decidió colocarlo en Slytherin. Pero sus acciones dejaban mucho que desear. El chico parecía una mala versión de un Gryffindor en una casa que no era la suya. Pero era su hermano. Scorpius siempre evitaba parecer un cobarde por ella. Le debía mucho.

Scorpius era un ángel en un mundo cruel que buscaba hacerlo villano, por eso, quienes le han tocado un pelo merecían el peor de los castigos. El castigo se los daría ella.

Una lástima, pensó. Su lista tenía un nombre menos. Merlina nunca imaginó que algo así podía pasar. Había planeado tantas cosas para esa persona, pero el chico había hecho una buena acción hace unas semanas, castigando y humillando a unos de los peores seres en el colegio que lastimó a  Scorpius. 

Sí, Merlina tachó de su lista el nombre de James Sirius Potter. Aunque cabía la posibilidad de que fuera temporario. 

La esperanza es lo último que debe morir , se dijo. 

Levantó el rostro de la carta, prestando atención por primera vez a las personas que lo rodeaban. Todos sonreían, pero nadie como Scorpius, con su nuevo cabello largo sujeto en una coleta. Un Scorpius, que como siempre, se lanzó a abrazarla. 

—Felicidades —le dijo. A espalda de su hermano vio a su tío, su papá Draco, sonriéndole. No había preocupación en aquellos ojos como en el pasado con la carta de Scorpius. Podía entender por qué. En dos años, las cosas habían cambiado. La gente no estaba tan en contra de ellos. Draco Malfoy, además, estaba seguro de que creía que Scorpius la ayudaría en el colegio. El hombre no sabía que Merlina consideraba que las cosas serían al revés. 

Intentó devolverle el abrazo a su hermano cuando vio a su mamá Astoria y se avergonzó de empezar a sentir un nudo en la garganta. La imagen de cómo se verían sus padres si estuvieran allí la atormentó. La pelota en la garganta estaba creciendo y Scorpius la abrazó más fuerte y lo escuchó reírse. 

Maldito .

—No te sientas mal —le susurró su hermano—. Estaré contigo. ¿Sabes? Me alegra saber que te tendré cerca —finalmente la soltó. 

—Voy a recordar esta humillación, ya lo verás. Mi consejo es que te cuides mientras duermes —le dijo. Su hermano solo rió más fuerte. Él nunca se tomaba sus palabras en serio. Era peor, él sabía lo que realmente sentía. Era un maldito fastidio. 

—Yo también te quiero, Mer —dijo, llevándose un mechón de cabello rebelde  detrás de la oreja. 

Un maldito fastidio. 

—Puedo dejarte la cabeza como la de un monje y no te darás cuenta hasta que salga el sol. 

Para su desgracia, a Scorpius le dio un ataque de risa. 

Maldito

Maldito porque hacía que le tuviera cariño.  

Chapter 2: Capítulo uno Funeral

Summary:

Porque los Potter tienen que estar cuando los Malfoy sufren,

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Capítulo uno 

Funeral

 

El Profeta: ASTORIA MALFOY HA FALLECIDO 

Astoria Malfoy, de soltera Greengrass, ha fallecido anoche producto de una maldición que ha perseguido por años a los miembros mujeres de su familia. Dejó este mundo en la casa que comparte junto a esposo, Draco Malfoy, rodeada de todos sus seres queridos. 

Un grupo de magos y brujas  ha salido a festejar la noticia esta madrugada. Consideran este evento necesario para la descontaminación del mundo mágico. Hay otros, sin embargo, como nuestro héroe de guerra Harry Potter, que han mostrado sus condolencias. 

Incluso el colegio Hogwarts, inactivo por las vacaciones de verano, se ha teñido de luto. 

*** 

Harry Potter sabía que estaba jodido desde hace semanas ya, pero no había sido tan consciente de ello hasta que a mitad de la noche le llegó la noticia de la muerte de Astoria Malfoy y su sufrimiento se centrara al imaginar lo destrozado que Draco debería sentirse en ese momento. Se había mantenido despierto después de que una carta de Scorpius había hecho a Albus venir a él buscando un abrazo y suplicando que al día siguiente lo dejara ir a Malfoy Manor para estar con su amigo. 

Su mamá no se ha levantado hoy, papá —le había dicho moqueando, escondiendo su rostro. 

Pero imaginar a Malfoy en pena y ver a su hijo pensando en Scorpius no fue lo peor. El desastre sucedió con una  llamada del Ministerio de forma urgente para que se presentará en las calles de barros muggles. Un grupo de magos y brujas habían salido a festejar el fallecimiento de Astoria y el Departamento contra el Uso Restringido de la Magia no había podido contener la multitud por sí solo. 

Enfermos , pensó. ¿Qué tan mal de la cabeza podría estar alguien para festejar la muerte de una mujer que jamás participó de la guerra? ¿Qué tan mal podían estar para festejar cuando un niño estaba llorando la muerte de su madre? Estaba furioso cuando apareció en medio de aquella multitud que no merecía llamarse magos ni brujas. 

Pese a que la imagen de Catherin Jones había desaparecido, y se revelara que se trató siempre de Lewis dejó al grupo de seguidores confundido y alterado. Sin líder, se transformó en caos que terminaba en protestas frente al Ministerio exigiendo la verdad. Y ahora, salían a festejar, porque Harry reconoció a más de uno entre la multitud. 

—¿Vienes a festejar, Harry Potter? —le preguntó una señora alta y delgada, con dedos demasiado largos como garras que llevaba una túnica con estrellas en ella. Harry movió su varita y la silenció. La mujer, al darse cuenta, intentó algo por sus propios medios cuando Harry, cansado y asqueado la ató haciendo aparecer una maldita soga. Intentó no aplicar mucha fuerza. Tampoco quería ser acusado de violencia. Debía controlarse, esta gente no eran magos oscuros, solo simples civiles confundidos. De eso intentó convencerse al menos. 

—No estoy tan mal todavía, señora —le dijo—. No para festejar la muerte de un inocente. 

Harry tenía un buen concepto de Astoria. La recordaba de su visita a Malfoy Manor, alegre y simpática, incluso tal vez hasta traviesa si no hubiera estado enferma. Su vida había sido injusta porque su familia decidió apoyar la pureza de la sangre y porque se enamoró de un Malfoy.

Cuando la multitud se dio cuenta de su presencia y la de otros aurores las cosas se fueron resolviendo. Algunos huyeron, otros intentaron seguir con el festejo, invitando a los aurores a participar, otros se fueron de buena voluntad después de dar sus nombres. Harry vio a Teddy modificando la memoria de algunos muggles alrededor que presenciaron lo ocurrido. 

Para cuando volvieron a la oficina, Ron se mataba de risa, algo por lo que Harry tampoco estaba contento, pero lo escuchó de todas formas. 

—Lo siento, Harry. No estoy siendo ofensivo. Es que esa mujer te odia, amigo. Es que… si vieras cuando se dio cuenta que no ibas a festejar… Ya —Ron finalmente se dio cuenta de su estado de ánimo y calló—. Lo siento. Sólo pensé… —no terminó su frase. Aunque Harry lo  vio mirarlo de pie a cabeza, al parecer no entendía porque su estado de ánimo era tan extremo. 

—Ron, ¿puedo pedirte algo? —preguntó. 

—Lo que quieras. 

—Por favor, termina el papeleo por mi. Yo… —vaciló—. Tengo algo que hacer. 

Ron abrió y cerró la boca varias veces pero al final solo asintió. Harry lo agradeció porque si llegaba a preguntarle algo lo más seguro es que tuviera que mentirle. Miró a Teddy que había estado callado, llenando sus propios informes y lo encontró mirándolo con cautela. 

—Gracias. 

Hizo el camino lo más rápido que pudo. Tenía que salir del Ministerio. Tenía que estar solo en ese momento. Tenía que respirar tranquilo. 

—Tengo que salir de aquí. Mierda. 

*** 

Harry apareció en su hogar otra vez. Kreacher le informó que sus hijos seguían durmiendo. 

—Gracias, Kreacher. Puedes ir a descansar ahora. 

Intentó no pensar, pero él sabía el dolor que la pérdida de la persona que amas ocasiona y no pudo evitar la fuerte opresión en el pecho al saber que en ese momento la persona que sufría era alguien que estaba seguro era importante para él. No solo como el padre del mejor amigo de su hijo. 

—Estoy tan malditamente jodido —se sentó y llevó sus manos a su rostro. 

Una hora más tarde, fue distraído por una lechuza golpeando su ventana. Era una carta de Draco pidiendo la presencia al día siguiente de Albus. Harry podía imaginar el estado de Scorpius. ¡Merlín, sus hijos habían llorado tanto la pérdida de Ginny! Por supuesto que estaría allí. Era consciente también que él mismo quería estar presente, y no tanto por su hijo. 

—Tengo que calmarme. 

Pero era más fácil decirlo que hacerlo. Cuando el sol salió, pudo mantenerse al margen siendo fuerte para Albus y preparando todo para visitar Malfoy Manor. 

*** 

Harry odiaba usar la aparición con sus hijos, por ello agradeció a Malfoy cuando le dijo que tenía habilitada la Red Flú de su casa. 

—Harry, cielo —Harry levantó la vista. Era Molly junto a Arthur, ambos con una túnica negra. Asistirán al funeral de Astoria Malfoy, por Scorpius, a quien le habían tomado cariño desde que salvó a Rose Weasley. El más contento por su presencia, de todas formas, era Albus que les agradeció mucho ir con ellos. Harry llevaba tiempo que no veía ese tipo de interacción entre su hijo y sus abuelos—. Es hora de irnos… ¿quién irá primero? 

Harry recordó con pesar lo que venía. Miró a sus hijos. James, Albus, incluso Lily irían. Vio los ojos rojos de Albus, no era para menos, su amigo acababa de perder a su madre, y ellos sabían lo que eso era. Incluso a James podía verle una mirada triste.

Asintió, intentando aclararse la garganta. Estaba por hablar cuando alguien llamó a la puerta y Kreacher se movió arrastrando los pies.  Arthur se acercó a él. 

—Tranquilo, Harry —le dijo—. No creo que sea nada que pueda detenernos.

Harry lo miró, preocupado por las emociones que su rostro estaría mostrando para que Arthur estuviera teniendo ese tacto. Intentó concentrarse en lo que estaba transmitiendo. Ultitamente, se daba cuenta que sólo en su imaginación había aprendido a mentir a la gente.  

Maldición

¿Alguna vez había engañado a alguien realmente?

—Hermione —escuchó decir a Molly justo al ver a Hermione junto a Ron, seguidos de Rose y Hugo, todos en túnica para asistir al funeral. 

Ron caminó en su dirección. 

—Que bueno que aún no se han ido. George está en la puerta. 

—¿George? —preguntó él. Su amigo asintió. Entonces, Molly se movió y corrió a abrazar a su hijo Geroge que entraba  seguido de Angelina y sus hijos, Fred y Roxanne. 

Volvió a asentir cuando escuchó un sollozo. Se trataba de Albus, estaba seguro que estaba conmovido por el apoyo que una familia se supone era enemiga de los Malfoy. Las palabras, por alguna razón, de Albus Dumbledore, se colaron en él:

 El amor es el poder más fuerte, Harry. (*)

Se aclaró la garganta y miró a Arthur. 

—Iré primero. Albus, tú sigues —su hijo se secó las lágrimas y asintió—. Luego James —su hijo mayor asintió—. Molly, 

—Yo iré con Lily, no te preocupes, Harry.

—Gracias, Molly. Le haré saber a Malfoy que irá más gente de la esperada.  

Rayos .

Le aterraba ver a Malfoy. Podía imaginar exactamente el estado en el que se encontraba y no sabía cómo iba a hacer él para controlarse de querer protegerlo de ese dolor. También esperaba que tomara la llegada de tantas personas como lo que era, apoyo, respeto y perdón. Era el momento de dejar el pasado atrás y dar el ejemplo a todo el mundo mágico. 

***

Draco Malfoy lo esperaba al otro lado de pie, con su hijo a su lado. 

Mierda

No estaba preparado para verlos así. 

Scorpius estaba más alto, tal vez superara a Albus por unos centímetros. Su cabello largo estaba atado en una cola baja prolija que dejaba sueltos mechones alrededor de su rostro como si fuera de forma casual y natural. Estaba lejos de parecerse al Draco de 13 años de sus tiempos en Hogwarts. 

Draco Malfoy de 13 años había sido un engreído con una sonrisa de lado que dejaba ver sus dientes, consciente del poder de su apellido en el mundo mágico, con aires de superioridad imposibles de notar. Lo único en común con aquel Draco eran sus ojos grises plata, pero sólo el color, porque la expresión en ellos era de terrible dolor, un dolor más allá de lo físico. 

Albus no tardó en aparecer cuando Harry aun ni siquiera había saludado y corrió y se abrazó a Scorpius sin soltarlo. Harry escuchó como ambos empezaron a sollozar de inmediato. Debió tragar y apartar la vista de aquella escena porque sino él mismo se largaría a llorar. Intentó centrarse en Draco finalmente, y fue peor. 

Draco Malfoy tampoco tenía huellas de ser el viejo Draco Malfoy. Ni siquiera el de la guerra, delgado, demacrado, muerto de miedo intentando no ser asesinado y proteger a sus padres de los castigos de Voldemort. Sus ojos grises apenas tenían brillo, y Harry sabía que lo que lo mantenía en pie en este momento era el amor a su hijo. 

El dolor en el pecho le dificultó respirar. Él debió verse así cuando Ginny falleció. 

Ahora podía entender por qué todo el mundo se preocupó por él. No quería que Malfoy se sintiera así. 

—Lo siento mucho, Malfoy —dijo, tragando la terrible pelota en su garganta—. Lamento tu perdida —Y lo hacía, de verdad lo hacía. Sabía que estaba jodido, pero no era tan egoísta de ver esto como una oportunidad. 

Ni siquiera estaba seguro si algún día tuviera una oportunidad. 

Malfoy asintió y miró a su hijo que en esos momentos estaba en brazos de Albus, sollozando. 

—Gracias por dejarlo venir. Scorpius necesita a sus amigos. 

Harry pestañeó. 

—Hay algo que debo decirte. Vienen Molly y Arthur,  George Weasley, su mujer… Ron y Hermione también. 

Entonces, la chimenea dejó ver a James. Draco pareció sorprendido cuando se acercó y le dio su pésame para acercarse a Scorpius. Harry sabía que James había empezado su historia con Malfoy con el pie izquierdo, pero al parecer, eso quedó atrás. Draco parecía desconcertado cuando el mismo Scorpius dejó que James lo abrazara un poco. Entonces, Draco le devolvió la mirada, como si acabara de escucharlo, lo que Harry estaba seguro era el caso. 

—¿Los Weasley? —preguntó en voz tan baja que estaba seguro él solo lo oyó.  

—Sí. 

Draco pareció confundido unos segundos pero asintió e hizo algo con la varita. 

Plop

Un elfo apareció frente a ellos. Harry lo reconoció como Grip, con los mocos tendidos y lágrimas acumuladas en sus ojos grandes y redondos como pelotas de tenis. 

—Amo, los señores Scamander piden permiso para poder acceder a Malfoy Manor. Vienen a despedir a la ama linda y hermosa y grandiosa, junto a sus hijos. 

Harry vio a Draco abrir y cerrar la boca varias veces antes de asentir y hacer señas con su mano, orden que el elfo entendió como que les permitiera la entrada. 

—Enseguida los guió a la mansión, amo Draco —antes de irse, el elfo se sorbió la nariz en la ropa que vestía. 

—¿Draco? —preguntó cuando la chimenea dio acceso a Molly y Lily. 

No quería preguntar si estaba bien pero se veía tan desorientado. Solo quería poder hacer lo que Albus y Scorpius, abrazarlo y tratar de que eso calmase un poco su dolor. 

—Estoy bien —lo escuchó decir—. Es decir, no. No lo estoy, es solo que… 

Plop . Otro elfo. Una elfina. Ella no escondía los sollozos que la atravesaban. 

—Amo —dijo temblando por el llanto—, el señor Foster espera el de acceso a la mansión, su hijo dice ser amigo del amito Scorpius, señor. Quiere estar a su lado en estos momentos. Están acompañados del señor Rubeus Hagrid. 

Harry notó como Malfoy parecía perder el balance de su cuerpo  y se acercó para sostenerlo antes de que se cayera. 

Maldición

¿Qué tan jodido podía estar que en esos momentos para sentir que sus manos se quemaron al tacto?

—Dejalos pasar —logró decir Draco con la voz tomada y la mirada perdida. De pronto parecía una persona que no sabía dónde estaba ni quién era. Dolía demasiado verlo así—. ¿Por qué? 

Harry entendió lo que estaba preguntando. ¿ Cómo es que estaba llegando tanta gente? Draco intentó alejarse cuando notó sus manos sobre su espalda. 

—Maldición, Potter. Estoy bien —pero en cuanto esas palabras salieron de su boca Draco sacudió la cabeza—. No. Quise decir: gracias, Potter . Perdón por lo de antes. Es solo que… no lo entiendo… 

—No te disculpes, lo entiendo. Respecto al porqué… bueno, esto es lo que esos niños provocan —miraron a los chicos. Albus seguía abrazando a Scorpius, pero acababa de sumarse Sophie, Vincent y Thomas. Fred que ya estaba allí solo tenía una mano sobre el hombro de Scorpius mientras que James la tenía sobre el otro hombro. Roxanna estaba presente al igual que Rose, a un paso de distancia de ellos. Había otra niña. Harry la reconoció. Se trataba de Merlina, con sus dos trenzas y su túnica negra. Era la única que no lloraba, pero su mirada parecía perdida. Astoria era como su madre, y si no se equivocaba, la había escuchado decirle mamá alguna vez. Entonces, dos niños rubios idénticos se acercaron, los gemelos Scamander. 

Mierda , estaba seguro que había chicos de todas las casas alrededor de Scorpius. Harry debió tragar la bola en su garganta cuando Ron y George se acercaron junto a Molly y Arthur. Draco aceptó el pésame de todos. A Harry le estaba costando alejarse de él. Juró que sintió la mirada de Hermione sobre su persona, pero en ese momento, solo estaba concentrado en Draco. 

La despedida de Astoria se llevó a cabo en las afueras de Malfoy Manor. Por increíble que pareciera, Molly estaba al lado de Narcissa Malfoy. Había tanta gente que hasta el mismo Harry se sorprendió. Hagrid, Minerva, Slughorn, Neville incluso estaba allí con su mujer quien intercambió unas palabras con Malfoy. 

Harry incluso se sorprendió cuando Goyle, Flint y Nott lo aceptaron cerca de ellos, porque al final, no logró alejarse de Draco.  

Cuando parecieron estar todos, fue Luna quien rompió el silencio levantando la varita. Harry sabía lo que haría por la que sacó la suya. Solo los menores que aún no ingresaban a Hogwarts no sacaron la suya. Harry miró a sus hijos. Albus tenía su brazo alrededor de la espalda de Scorpius por un lado y del otro, para su asombro, estaba James. Rose estaba metros detrás, pero todos con sus varitas en lo alto, lanzando luces en señal de despedida y respeto. 

La falta de respeto solo se rompió con la presencia de algunos flashes de cámaras de diferentes periodistas. 

***  

Corazón de Bruja:

Este artículo no pretende hacer alusión a ScorBus ni ScorSe, vamos a olvidarnos de quién merece a quien, o quien está con quien. Este artículo pretende rescatar que no importa nada más que el amor. 

Scorpius Malfoy de trece años perdió a su madre esta semana. No solo sus amigos, tal vez pareja, estaban entre quienes fueron a mostrarle su apoyo, sino también varios personajes significativos, como Harry Potter, Luna Scamander, la directora de Hogwarts Minerva McGonagall, el profesor Slughorn, el profesor Neville Longbotton y su mujer, Hannah Abbott, quien fue enfermera mucho tiempo en San Mungo. 

La ausencia del Ministro de Magia se torna insignificante, cuando los Weasley hicieron acto de presencia acabando con la enemistad de años entre ambas familias. La unión es sin duda gracias a una sola cosa, el poder del amor. Scorpius Malfoy con sus lazos con Albus Potter y Rose Weasley son lo suficientemente fuertes para este suceso. 

El legado de Potter ha pasado a mano de estos jóvenes que han logrado frenar todos los discursos llenos de odio. 

Astoria Malfoy debe estar orgullosa del hijo que ha dejado. 

*** 

El Profeta: ¿Crisis en el paraíso?

La señorita Rose Weasley parece no llenar el papel para una Malfoy. No solo estuvo ausente en el momento crucial en la vida de Scorpius cuando hace unos meses su abuelo casi pierde la vida, sino que ahora, queriendo estar a su lado para recuperar terreno perdido, es dejada de lado por los hermanos Potter. 

¿Qué tanto la ha cagado para que James Potter, uno de los alumnos que pensaba que Scorpius era el Hijo de Voldemort, pueda estar a su lado y ella solo mirando detrás?

Parece ser que Rose Weasley no será nunca la señora Malfoy. 

¿Por primera vez, la mansión más oscura, tendrá un señor? Sin duda, Albus Potter parece ser el mejor candidato. 

Rita Skeeter.  

Ver también: La sobrina oscura de Malfoy, una niña maldita.  

 

Notes:

Este momento iba a suceder en la parte dos pero por muchas razones al final la terminé pasando para acá, la reacomodé incontables veces.

 

(*) Me acabo de dar cuenta que la cita no es exactamente así, pero la naturalicé porque fue como siempre la interpreté. Vamos a pretender que la dijo así (? (me deprimo, acabo de caer muy tarde)

Chapter 3: Capítulo dos La visita de Scorpius

Summary:

La primera visita de Scorpius a Grimmauld Place.

Notes:

El día miércoles tuve parcial, acá comiendome las uñas esperando la nota.

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Capítulo dos 

La visita de Scorpius

Solo pasó una semana desde la despedida de Astoria Malfoy. Harry, lamentablemente no había encontrado una excusa para acercarse a Malfoy Manor más allá de cuando acompañó a Albus tres días para que pasara tiempo con Scorpius. En ninguna ocasión encontró a Draco. Hasta el momento, en todas las visitas la persona que lo recibía era Narcissa. 

Al menos, era mejor Narcissa que Lucius. 

Cuando esas tres veces fue por Albus, ella seguía ahí, sin señales de Draco. No le hubiese costado preguntarle, pero sentía que sus sentimientos quedarían expuestos de esa forma.  Narcissa parecía ese tipo de personas con un don para ver cosas que a veces uno no decía. 

Intentó sacarle información a Albus respecto a Draco una mañana cuando su hijo, en contra de sus costumbres, amaneció antes de que saliera el sol. 

—Scorpius está preocupado por él. Yo no lo he visto, pero Scorp dijo que lo escuchó llorar varias veces y cuando lo ve se hace el fuerte. La única que no llora es Merlina, pero Scorpius dice que a su manera lo hace, y le preocupa también eso que dijo el Profeta de ella, ya sabes… —hizo una pausa para hacer una mueca—, que es una niña oscura y maldita, aunque ella dijo que estaba contenta de su presencia en el diario —su hijo se encogió de hombros. Esos rumores, según Hermione, circulaban desde años y volvían cada tanto—. ¿Quieres que le diga a Scorp que tú también estás preocupado por su papá? —preguntó Albus. Harry no supo bien qué responder. 

—No. Solo… Olvidalo. Es normal que Malfoy llore, Albus. 

Su hijo asintió. 

—Le dije eso a Scorp. —entonces su hijo bajó la mirada—. Tú también llorabas cuando creías que no te veíamos, papá. 

Harry se quedó de piedra al saber que no había demostrado ser tan fuerte como creyó. Draco seguro le pasaba lo mismo, no sabía que su hijo estaba escuchándolo llorar. 

Mierda

Quería tanto ver a Malfoy. Tal vez Merlina fuera demasiado joven para preocuparse por lo que decía el maldito profeta de ella, pero Malfoy seguro estaba preocupado por  el futuro de su sobrina en Hogwarts. 

—Scorpius tiene el mejor amigo que puede tener, Al. 

Finalmente, una sonrisa apareció en el rostro de su hijo. 

*** 

Harry estaba sentado en la sala de Grimmauld Place con su hijo James y Lily. Albus estaba de visita en Malfoy Manor. Una vez más, cuando lo llevó, se encontró con Narcissa. La pregunta siempre que la veía buscaba deslizarse de sus labios pero siempre la detenía. Estaba perdiendo la esperanza de llegar a ver a Draco.

Tal vez solo tendría que intervenir y encontrarlo. 

Mierda

Faltaban dos horas para ir por hijo. 

—¿Escuchaste eso, papá? —su hijo lo sacó de sus pensamientos y algo desorientado buscó el rostro de James. 

—¿Cómo? —preguntó. 

Su hijo mayor estaba más alto, su cabello estaba más largo pero sin salirse de control y su espalda y brazos evidenciaban todo el entrenamiento de Quidditch.. Sus ojos azules lo miraron con algo de brillo por primera vez en un tiempo. Harry había llegado a preocuparse por él. La casa estaba tan apagada que la única que la mantenía brillando era Lily con sus ocurrencias junto a Kreacher. Ese brillito que estuvo ausente llamó su atención. Su hijo, pese a que tardó en responder, sacudió la cabeza. 

—¡La radio! ¿A qué no adivinas que acaban de anunciar? 

Harry ni siquiera sabía que habían estado escuchando la radio. Vio el aparato en manos de Lily. Algo avergonzado, desvió la mirada a su hija. Lily, más alta también, con el cabello rojo detrás de sus orejas, sonreía ferozmente de emoción. Una sola cosa encendía tanto a su hija. Quidditch. 

—¿Las Harpias han ganado su partido? 

—Puffff ¡Papá! —dijo su hijo, sacudiendo más la cabeza. Su hija, en cambio, abrió los ojos como platos—. ¡No! —reprochó James—. Ellas no están jugando la liga… perdieron hace siglos… 

—Perdón —dijo lo mejor que pudo. 

—Dile tú, Lily —su hijo pasó la palabra a su hermana, quien antes de responder lo miró con desconfianza. Harry se sintió un idiota. 

—No, papá. Acaban de anunciar que Inglaterra ganó su primer partido pre selección del mundial de Quidditch. Ya sabes, empezó la semana pasada. 

Oh . ¿Estaban jugando la selección para los equipos que irían al mundial? Vaya. 

—¿Papá? —fue su hijo—. Acaso… ¿estás preocupado por Al? ¿Sabes que los Malfoy no le harán nada, verdad? Creía que confiabas en ellos, ya sabes… son amigos desde hace dos años y… han cambiado y todo eso… 

—¡Por supuesto que lo sé!  No, no es eso lo que ocupa mi cabeza —Harry estaba de pie, enojado. ¿Esa era la imagen que estaba dando? Carajo

—¿Entonces? —preguntó su hijo—. Estás muy raro, papá. 

Harry no podía explicarle lo que le sucedía. 

—Son cosas que un niño de 14 años no podría entender —dijo injustamente. Su hijo se sintió ofendido pero optó por demostrarlo ignorándolo todo el día. 

Esa noche, sin poder contenerse, subió las escaleras con la intención de ver cómo podía preguntarle a Albus sobre Draco cuando se detuvo en la puerta de su habitación y escuchó a James. 

Los hermanos al parecer últimamente mantenían conversaciones civilizadas. No debería sorprenderlo, la pérdida de Scorpius seguro había movido sentimientos y recuerdos en ellos. 

—¿Cómo está Scorpius, Al? —escuchó preguntar a James.

Harry estaba contento por el cambio de su hijo mayor, aunque no dejaba de sorprenderlo lo preocupado que se mostraba ahora por el chico al que tanto había criticado. 

—Muy triste —la voz de Al también sonaba triste—. Ya sabes cómo se siente no tener a mamá —le dijo. 

—Sí, como si no pudiera respirar, ni volver a dormir, y nada parece divertido en el mundo.

Los hermanos se quedaron en silencio pero James no salió de la habitación por lo que Harry decidió desistir e irse a dormir. Tenía ahora una maldita pelota en el pecho. 

*** 

La cuarta semana del fallecimiento de Astoria, mientras estaba en el Ministerio, Harry sintió la mirada de Hermione. Se percató que era ese tipo de mirada que le decía que sabía cosas de él que no quería decir aun, y viendo que no podían llegar a nada en el caso de Lewis, y cansado de lidiar con quienes seguían festejando la muerte de Astoria, Harry  pidió vacaciones. 

***

—Papá —era Albus, la noche después de que Harry pasa su primer día completo en casa. James y Lily ya se habían ido a dormir. 

—¿Sí, Al?

Su hijo respiró hondo. 

—Quiero pedirte permiso para dejar que Scorpius venga a Grimmauld Place. 

—Por supuesto —Harry pestañeó varias veces, con una idea en mente. Era un maldito egoísta y asqueroso por pensar en ello, pero—: Es más, invitaré a su padre también. Le escribiré ahora mismo. 

—Me parece bien. Scorpius dice que su papá no sale a ningún lado. Tal vez le hará bien salir de casa… —su hijo dudó—. ¿Puede venir Merlina? Scorpius no querrá dejarla sola. 

—Claro que sí. No te preocupes, Al. Ya mismo le escribiré a Draco.

*** 

James había estado escuchando sentado en las escaleras la conversación entre su hermano y su padre. Había cerrado los ojos ante la pregunta de Albus, deseando que su padre aceptara la visita de Scorpius a su casa. Cuando escuchó que su padre no tuvo objeción,  necesitó toda la fuerza de voluntad posible para no saltar y gritar de alegría. 

Carajo

Albus le contaba tan poco de cómo estaba Scorpius en sus visitas que él se moría de angustia de solo imaginarse el dolor que estaba pasando el chico y él no pudiendo hacer nada. Estaba seguro que Albus lo abrazaba. El abrazo era importante para Albus. Aun así, él mismo quería ser quien ayudara al chico. 

Mierda . Estaba tan jodido. 

No debería preocuparse tanto. El enano era un buen amigo en ese sentido. Y sabía, como él, lo que era perder a una madre. 

James casi no pudo dormir desde que su padre mandó a Medusa a Malfoy Manor. Se levantó, como nunca, antes de que saliera el sol para ver a Medusa frente a su padre.  

—¿Qué dice, papá? —preguntó Al. James se sobresaltó. No se había percatado que Albus estaba detrás suyo. El enano se había vuelto muy silencioso. James intentó ocultar lo ansioso que estaba por la respuesta del señor Malfoy.

—Han aceptado, Al. Scorpius vendrá con su padre y su prima el lunes. 

James respiró aliviado tan hondo que James sintió la mirada de su hermano sobre él.

Maldición .  

***

Cuando el día en que Scorpius vendría llegó, James, aunque sonara estupido porque los Malfoy no llegarían hasta después del almuerzo, se despertó temprano y como nunca ordenó su habitación. De repente, estaba nervioso, aunque se dijo que todo lo que tenía que hacer era hacer sentir bien a Scorpius y distraerlo del dolor que sentía. 

James esa mañana apenas logró pasar las tostadas con huevo que Kreacher preparó para el desayuno. Se la pasó dando vuelta el huevo, mordiendo ocasionalmente la tostada. Cuando levantó la mirada, se dio cuenta que su padre había estado observando y sintió sus mejillas arder. 

—No tengo hambre —dijo. 

—Veo que solo yo tengo hambre —intervino su hermana. Entonces James prestó atención a los platos en la mesa. Incluso al plato de su padre le quedaba la mitad del desayuno. 

Escucharon un sollozo y mocos. Era el pobre de Kreacher lamentando que su comida estuviera tan horrible que ninguno de los amitos quería comerla. James intercambió una mirada con su hermano.

—No es eso, Kreacher. Está muy rico —intentó explicarle. 

—No deben mentirle a Kreacher. Kreacher sabe que son buenos magos, pero no deben mentirle. 

Respirando hondo, se miró una vez más con su hermano y se engulleron todo el desayuno. 

El almuerzo fue una tortura. Comer requirió mucho esfuerzo. James sentía que tragaba arena y no podía dejar de ver el maldito reloj. Quería ver a Scorpius. Necesitaba ver a Scorpius. Incluso se había bañado después del desayuno y se había puesto una colonia que Teddy le regaló para su cumpleaños. 

Cuando finalmente la chimenea flameó y Scorpius Malfoy apareció sintió el corazón hacer muchas cosas. Scorpius en estas semanas había crecido. El cabello largo en una coleta detrás de su cuello perfecta le daba un aspecto pulcro y adolescente, pero la expresión en su rostro hizo caer su estómago a sus pies. Lo vio intentar sonreír, pero estaba claro que estaba destruido por la pérdida de su madre.

James dio un paso adelante, queriendo correr a abrazarlo, pero Albus le ganó. Entonces, Merlina apareció en su espalda, en una túnica negra. Detrás, el señor Malfoy llegó.

No tuvo oportunidad más que para poner su mano sobre el hombro de Scorpius, quien al principio le devolvió una mirada de sorpresa para luego asentir y sonreírle. 

Mierda

¿Cómo se sentiría el día que Scorpius le sonriera así sin tanto dolor en su mirada?

Estaba perdido. 

Muy perdido. 

*** 

Scorpius se sentía cómodo alrededor de Albus, incluso de Lily. La chica de cabello rojo fuego tenía algo que hacía que cualquiera a su alrededor se sintiera bien y a gusto. Además, estaba muy agradecido con el señor Potter, por extender la invitación a su padre. Sabía que necesitaba sacarlo de casa, donde todo les recordaba a Astoria. Scorpius le pidió a Merlina portarse lo mejor que pudiera, por su padre, y la vio haciendo un esfuerzo por seguir a Lily a su habitación y mantener una expresión neutra. Pero había algo que a Scorpius le estaba dando sensaciones en la nuca. Ese era James. 

El chico que siempre algo le decía para herirlo o molestarlo había cambiado definitivamente cuando el segundo año terminó. Por descontado, sabía que James no le diría nada, pero no esperaba sentir su mirada en él tan… ¿directamente? 

¿Honestamente? Scorpius pensó que la cosa quedaría en James mostrando respeto en la despedida de su madre, pero aquí estaba, en la habitación con Albus, y James estaba con ellos. Intentó preguntarle a Albus con la mirada, pero notó que su amigo parecía más desconcertado que él. 

Scorpius no sabía cómo sentirse. De vez en cuando sentía escalofríos, como los que sentía cuando al parecer James lo seguía bajo la capa. Solo por eso sabía que el chico estaba mirándolo. Pero había algo más, cuando James se acercaba demasiado, Scorpius podía olfatear un aroma extraño, no de mala forma, era rico, agradable a su nariz. 

Fue a mitad de una partida de snap explosivo que Scorpius se dio cuenta que se había relajado ante la presencia de James, cuando se escuchó a sí mismo reirse de verdad y sentir los ojos del chico puestos en él con un escalofrío. Sin poder evitarlo lo miró. James no desvió la mirada y Scorpius se perdió en esos orbes azules tan profundos y quiso quedarse allí por mucho tiempo. Oh, ahora entendía la fragancia que le llegaba cuando James se acercaba, era como un suave olor a mar.

Bajó la mirada en una disparada de los latidos de su corazón y pronto sintió sus mejillas arder. 

¿Qué carajo? 

Llevó la manos a su pecho, tomó el guardapelo que su madre le regaló el año anterior y lo apretó fuerte.

¿Qué está pasando?

Notes:

Me perdí en el tiempo con algo y no puedo encontrar el dato, ¿cuándo exactamente termina Hogwarts? Sé que es junio, pero no encuentro un número, por lo que puede haber discrepancia con esto de cuatro semanas después y esas cosas, seguiré buscando esas fechas (perdón).

Chapter 4: Capítulo tres La extraña actitud de James y Rose

Summary:

Porque Albus va a volverse loco entre Rose y James.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Capítulo tres

La extraña actitud de James y Rose

Querido Scorpius H. Malfoy. 

Soy un fan tuyo y de Rose Weasley. Tengo apenas 17 años. Desde hace dos años que he seguido sus pasos por los artículos de el Profeta y Corazón de Bruja. Sé que soy un chico, sé que soy mayor de edad, pero no puedo dejar de ver que serás todo un hombre con todos los atributos para ser el número en premios otorgados por la revista Corazón de Bruja. Podrías ya ganar el premio a la Sonrisa más encantadora. Rose podría ganar un premio a la más hermosa de todas las brujas. 

No pido que respondas esta carta, seguro no respondes ninguna. Tu padre debe controlar todo tu correo si de verdad es que es un buen padre. Perdón si suena a que lo estoy poniendo en duda, las historias que llegan a mis oídos son las cosas que hizo a mi edad. Solo sé que tú eres un pequeño ángel en este mundo tan corrupto. 

Lamento la pérdida de tu madre. Ella ya debe estar en un lugar mejor lejos del sufrimiento que puedan causar en vida. Seguro te mira con una sonrisa al ver el tipo de adolescente de 13 años en el que estás convirtiendo. No pierdas ese ángel. 

Un fiel admirador, 

Fary  Bafernk. 

*** 

Querida Rose Weasley. 

Soy un fan tuyo y de Scorpius H. Malfoy. Tengo apenas 17 años. Desde hace dos años que he seguido sus pasos por los artículos de el Profeta y Corazón de Bruja. Sé que soy mayor de edad en edad mágica, pero no puedo dejar de ver que serás toda una mujer en unos años, y tendrás atributos que ni madre tiene el día de hoy. Podrías llegar a conseguir títulos que ella no logró, como el  premio a la más hermosa entre todas las brujas. 

No pido que respondas esta carta, seguro no respondes ninguna. Tu madre debe controlar todo tu correo con lo histérica que es. Confía en ti, eres más hermosa de lo que tu madre fue. Serás toda una nena de 13 años. 

Un fiel admirador, 

Fary  Bafernk. 

***

¿Cuándo Harry había logrado escapar de su mejor amiga Hermione? Nunca. Podía intentarlo, pero jamás lograba hacerlo con éxito. Esta vez no fue la excepción. La tarde del lunes, el día que Draco junto a Scorpius y Merlina estaban en Grimmauld Place, Hermione  rompió la tranquilidad de su casa junto a Ron. 

—¡Harry James Potter! —Hermione estaba furiosa. Llevaba la túnica del Ministerio. Era obvio que acababa de enterarse de sus vacaciones extendidas, vacaciones que no les dijo que tomaría—. ¡Basta de evitarnos de esta manera tan poco decente! 

Ron llegó corriendo detrás. Llevaba la túnica de auror y una insignia de jefe. Por eso es que Hermione se enteró de mis vacaciones, pensó. Kingsley Shacklebolt debió nombrarlo jefe en su ausencia indefinida.  

—Lo siento, amigo —Ron lo miró con disculpas sinceras—. No sé qué tiene en la cabeza. Cree que nos evitas —Harry tragó duro. 

—¡Lo hace, Ron! —Hermine gritó con la seguridad de alguien con cero dudas al respecto. Por eso mismo la evitaba—. Sólo que no te das cuenta. Además, tú también querías venir. 

—Sí, pero para decirle lo de Catherine Jones. No porque crea que nos evita, Herms. Él tiene derecho a vacaciones con todo lo que ha pasado estos dos años. 

La postura de Harry cambió. Hermione, sin embargo, volvió a mirarlo.

—He dejado a mis hijos con Molly y Arthur para venir y romper con esto. Vas a decirme porque Merlin nos evitas.  Y no, Harry. Lo de Catherine Jones puede esperar —Hermione tenía una mirada feroz—. Así que ya mismo, Harry James Potter, sacas una botella de Whisky y nos cuentas qué cuernos de Unicornio pasa contigo. 

Harry miró a Ron quien parecía solo querer fundirse con el tapiz de su casa. Tragó firme. No estaría tan nervioso si sus amigos no hubieran llegado en ese momento. Sí, los había estado evitando porque había un alto porcentaje de que Hermione se diera cuenta lo que pasaba con él, aunque no sabía cómo, pero si algo le enseñaron tantos años de amistad es que Hermione no necesitaba del don de la Adivinación. Y Harry no estaba listo para decir lo perdido que estaba. 

Unos pasos se escucharon acercarse, rompiendo el silencio de la sala, y la imagen de Draco Malfoy se dejó ver. En sus manos, cargaba dos cerveza de manteca. Esa tarde había llegado con Scorpius y Merlina, quienes estaban arriba con sus hijos. 

—Malfoy —Ron estaba sorprendido. Hermione, en cambio, parecía aturdida, tanto, que por primera vez podría haberse quedado sin palabras. Podría, pero no fue así. 

—Lo siento, no sabías que tenías visitas, Harry —la mujer compuso rápidamente la expresión que daba y se acercó unos pasos a Draco—. Buenas tardes, Malfoy. 

Draco se aclaró la garganta. 

—Weasley —hizo un gesto de saludo educado antes de mirarlo—. Así que… ¿has estado evitando a tus amigos, Potter?

—No —dijo Harry, sintiéndose como cuando era atrapado en Hogwarts siguiéndolo debajo de su capa. 

—Nah —dijo falsamente Ron. 

—Sí —Hermione no se lo guardó. Draco elevó las cejas al cielo, la primera expresión real que mostraba desde que había llegado a su casa. Harry suspiró hondo. Hermione no se lo perdonaría y no quería hacer sentir incómodo a Draco así que apuntó al sofá. 

—No tengo whisky, pero puedo traer más cerveza de manteca. 

Draco fue el primero en sentarse. 

—Y me gustaría saber qué es eso que quieren decir con el cuerpo de Caterine Jones…  —el nombre salió de la boca de Malfoy de la misma forma que cuando era niño salía la palabra sangreimpura —. Espero no sea información confidencial del Ministerio, porque de ser así, sería un poco tarde. 

Hermione miró a Ron con reproche. 

—No sabía que él estaba aquí —se defendió Ron. Harry puso los ojos en blanco. 

—Yo también quiero saber. Kingsley no me ha informado nada. Siéntense, ahora regreso —Cuando llegó a la cocina se dio cuenta que Ron estaba detrás de él—. ¿Qué haces aquí? —le preguntó. Ron no respondió enseguida, parecía un poco contrariado—. ¿Qué sucede?

—Es solo que… —Ron se pasó una mano por el cuello—. Intenta disimular, Malfoy quiero decir. Hasta yo puedo notarlo, pero… se ve como tú cuando… mi hermana falleció. 

Harry casi dejó caer la cerveza de manteca de sus manos. 

—Por eso lo invité a casa. Albus no paraba de hablar de lo preocupado que estaba Scorpius por su padre, por lo que me pidió invitar a Scorpius. Entonces pensé… bueno, sé lo que se siente… y… salir de Malfoy Manor tal vez le ayude un poco, ¿no? Scorpius y Merlina están arriba. 

Ron asintió. 

—Pobre Scorpius. Rose no sabe qué escribirle. Creo que lamentablemente heredó mi falta de tacto ¿sabes? Hermione la ayuda con sus cartas. Si hubiera sabido que estaban aquí la hubiera traído. Y esa niña, Merlina, está tan shockeada la pobre que ni soltó ni una lágrima. Ella perdió a sus padres de una forma horrible. 

Harry asintió y pensó en su ahijada Rose. Él había notado un poco su falta de tacto o falta de saber cómo comportarse en momentos así durante el velorio. Rose la pasó muy mal sin saber cómo acercarse a Scorpius y dejar fluir las emociones. Estaba fastidiado con el artículo de Rita Skeeter pero había dicho algo cierto. Rose carecía de saber cómo consolar a Scorpius. No dijo nada al respecto y le pidió a Ron ayudarle con las cervezas. 

*** 

—Dejame ver si entendí —dijo un pálido y asustado Malfoy después de haber escuchado a una Hermione que habló a regañadientes—. Dices que de verdad ese hombre —se rehusó a mencionar el nombre de Lewis—, logró aumentar el tiempo de acción de una poción multijugos… al menos un mes. 

—Que nosotros sepamos —no pudo evitar intervenir ella. 

Draco asintió. 

—Sí, eso gracias al cuerpo de… la verdadera Catherine Jones… —notó el esfuerzo de Malfoy por pronunciar mejor su nombre—, porque la persona que organizaba a su grupo contra los marcados, contra mí, no era ella. Era… ese hombre —Malfoy frunció los labios—, haciéndose pasar por ella. Por eso nadie había podido encontrarlo. Es más, usando esa poción entregó un cuerpo con su apariencia, y después de un mes... reló que era la verdadera Catherine Jones —Hermione frunció el ceño. Harry también lo notó, era extraño la forma en la que Malfoy evitaba decir Lewis—, porque  creen —Malfoy hizo algo con sus manos—, que ha logrado algo más grande, ya que no hay robos para esos ingredientes. Y no creen que haya logrado una fuente directa de los ingredientes. La cosa es que… por eso ese… hombre… —¿lo pronunciaba con asco?—,  puede ser cualquiera. 

—Cualquiera, cualquiera, así es —agregó ella. No deberían estar hablando, Harry sabía que se supone ni ella debería saber esas cosas, sólo el departamento de aurores, pero lo cierto es que ya habían metido la pata hasta el fondo. Observó a Malfoy. Y las siguientes palabras se le deslizaron a Hermione antes de que Harry se diera cuenta y pudiera detenerla—. Incluso el mismo Ministro. 

Notó la mirada de Malfoy y Harry en su persona y se sintió cohibida. Se encogió de hombros. Harry sabía que era la verdad, incluso podría ser uno de ellos en ese momento. Malfoy se recuperó y antes de hablar bebió otro sorbo de cerveza de manteca. 

—¿El Departamento de Ministerio está investigando esa poción?

—Bueno —intervino Ron—. Eso es un misterio —se encogió de hombros y disimuló su mala broma con una tos. Hermione lo miró y suspiró enojada. Rose estaba perdida si no cambiaba esa herencia de su padre—. Se supone que sí —intentó arreglarlo—.  Pero no han dicho nada aún. 

Al menos, Ron se había guardado algo, eso era que los Inflables sí estaban investigando la combinación de la poción, pero lamentablemente sin éxito alguno. Hermione dejó de ver a Ron cuando algo llamó su atención. Un reflejo. Harry se sintió observado cuando colocó una mano sobre el hombro de Malfoy. Su amiga frunció el ceño. Malfoy no sacudió su mano, así que la dejó allí. 

Por primera vez, Harry pensó: Que le den , dirigido a su amiga. 

***  

Querido Scorpius. 

Dejando atrás el ser fan de tu relación con Rose, queremos mostrarte todo nuestro apoyo. Te enviamos los mejores deseos y fuerzas para que superes este momento tan duro. 

No entiendo cómo la gente puede salir a festejar y hablar mal de tu pequeña hermana. Pero no olvides, con tu amor todo el odio y mal desaparecerán.  

Miembro de la base del fanclub de ScorSe.

***

Para cuando llegó el cumpleaños de Harry, se alegró de saber que Draco había aceptado su invitación. Este año, como había prometido junto a sus hijos, no habría fiesta sorpresa, ni fiesta no sorpresa. Lo había dejado claro a todo el mundo. No quería su casa llena de gente. Molly y Arthur habían estado convenciendolo de que fuera a La Madriguera, hasta que entendieron que no cedería. 

Claro, Harry no esperaba pasarla sintiendo el picoteo de alguna lechuza contra alguna ventana o entrando por la chimenea con regalos y cartas de felicitaciones. Al menos, este año, su hijo Albus parecía más feliz genuinamente. De hecho, Harry despertó con su abrazo. 

—Feliz cumpleaños. Eres el mejor papá del mundo — Rayos . Harry ya sentía la pelota en su garganta. 

—¿A qué se debe tanto elogio? 

—Ya sabes, es tu cumpleaños, pero aún así has invitado al señor Malfoy a venir. Gracias, papá. De verdad —su hijo volvió a abrazarlo antes de separarse y pasarle un paquete—. No le digas a los demás qué te compré un regalo a sus espaldas. Lily va a ponerse furiosa. A James sí, dile, que se muera de envidia. 

—Albus. 

Su hijo se encogió de hombros, pasándose la llamada de atención por donde resbalara más fácil y rápido. Harry puso los ojos en blanco. ¿Así era tener un hijo Slytherin? Sacudió la cabeza mientras tomaba el regalo. 

—Lo compré con mis ahorros —dijo Albus orgulloso de sí mismo— . Espero te guste, papá. 

Cuando abrió el paquete y su regalo quedó a la vista sonrió. Un pequeño cuadro donde se reproducian momentos juntos, no sólo con Albus, allí aparecían James y Lily, mientras letras aparecían en cada foto: El mejor papá. 

—Es hermoso, Al. Gracias —abrazó a su hijo. Escuchó las pisadas aproximándose antes de que la puerta se abriera y tuvo el tiempo suficiente para obedecer a su hijo y esconder su regalo. Cuando la puerta se abrió, dejó a la vista a James. 

—Papá —se detuvo al ver a Al allí—. ¡Argh! Me han ganado. En fin —su hijo entró descalzo y en pijamas y se sentó a su lado—. Feliz cumpleaños, papá —extendió un sobre en su dirección. Harry pestañeó. 

—Vaya, ¿este año no es fiesta sorpresa pero sí regalos directos de mis hijos?

James frunció el ceño y miró a su hermano, dándole un empujón. 

—¿Así que le compraste algo sin decirnos nada?

—Pero si has hecho  lo mismo —se quejó Al. 

—No, lo compré junto a Lily porque a ella no le alcanzaba. 

—James —llamó la atención Harry, sujetando la mano de su hijo antes de que llegase a proporcionarle otro empujón a Albus—. Basta. 

Pasos rápido se acercaron y Lily entró corriendo, enojada porque James no la esperó y ya le había entregado su regalo. Okey, no estaba siendo el cumpleaños tranquilo que esperaba. ¡Merlín! Menos mal solo había tres hijos.

Cuando abrió el regalo de James y Lily, algo que le ratificaba que estaba siendo buen padre, ya que se trataba una foto sacada en navidad del año anterior con ellos solos,  con un nudo en la garganta abrazó a ese trío hermoso que tenía. 

—Y ahora —anunció finalmente, con la voz tomada—, si bien no habrá fiesta, gracias a Merlin, si tengo invitados, así que ayudemos a Kreacher a limpiar la casa. 

No sólo había invitado a Draco. Eso expondría sus sentimientos y lo perdido que estaba de forma que no deseaba. Sino que Harry había tenido el tacto suficiente para invitar a Ron y Hermione, de paso que vinieran Rose y Hugo, que tenía esperanza de hacer sentir cómoda a Merlina, un trabajo que Lily parecía lograr pero le requería mucho esfuerzo. 

*** 

Si alguien alguna vez le hubiera dicho que asistiría al cumpleaños de Harry Potter, por invitación del mismo salvador, lo hubiera mandado directo al área de salud mental de San Mungo. Su madre, por supuesto, es lo que había pensado cuando le contó sus planes la noche anterior. Su padre ni siquiera se dignó a mostrar reacción, Draco entendió que lo consideraba un caso perdido. 

—Lo hago por Scorpius y Merlina —se apresuró a responder a su madre—. Si no te has dado cuenta, uno duerme muy mal y la otra no ha sido capaz de derramar una sola lágrima. 

—El día que esa niña llore—

—Madre —le advirtió. Querían a Merlina, a su manera. De hecho, Narcissa estaba encantada con tener una niña en casa, y su padre sospechaba empezaba a sentir aprecio como si fuera su nieta de verdad, pero a veces, esos comentarios alimentaban los rumores que circulaban alrededor de ella—. Merlina ha pasado por mucho ya, deberías recordarlo. 

Su madre cerró la boca y selló sus labios, asintiendo. 

—Lo siento. Yo más que nadie debería entender lo que estás haciendo. Albus es el mejor amigo de Scorpius, lo tengo. 

Afortunadamente, la discusión terminó allí. Cuando sus padres lo dejaron solos, Draco llevó la mano a su pecho. Se supone que sabía el futuro. No era nuevo. Él lo había esperado, pero la ausencia de Astoria dolía. 

***

—¿Es necesario que vaya? —preguntó Merlina sin expresión. Draco la observó. Como siempre, estaba de negro, aunque no llevaba una túnica sino ropa muggle que Astoria había conseguido para ella, por ello tenía unos breves acabados en rojo.  

—Mi madre y mi padre han salido, no quiero que te quedes sola. Y ya respondí confirmando tu asistencia —dijo con cuidado. Su hija se cruzó de brazos y miró hacia el costado. 

—Ni modo. 

—Vamos, Mer —le susurró Scorpius—. Sé que Lily te cae bien. No hace falta que aparentes que no. 

—Aparentar es de idiotas —respondió Merlina ofendida—. Yo no lo hago. Que no quieras verlo, es tu problema. 

Draco puso los ojos en blanco, pero le gustaba verlos intercambiar esas peleas, al menos indican algo más de normalidad y no que se estaban hundiendo en la tristeza. Entonces, vio a Scorpius refregar los brazos y tiritar de frío y recordó que se supone estaban en verano, pero como él se cubría sus brazos siempre con ropas largas tendía a enfriar la casa. Levantó la varita y retiró el encantamiento. Los ojos de su hijo se abrieron y lo miran, sonriendo

—Gracias, padre. 

Merlina, en cambio, le frunció el ceño. 

—Me gusta el frío. 

Scorpius volvió a poner los ojos en blanco y Draco casi sonríe al verlos así. 

—Sí, quieres matarme de hipotermia cuando afuera hace casi 40 grados. Puedo imaginarme el titular del Profeta, Mer —le respondió Scorpius. 

Oh, sí . Qué festín se darían, pensó Draco. Se les haría agua la boca para hablar de lo mal padre que era que dejó morir a sus hijos congelados en plena ola de calor solo por no mostrar sus estúpidas quemaduras que le importaban un knut quien se las hubiera hecho. Respiró hondo.

—Scorpius tiene razón, Merlina. Perdón. A veces me olvido que no estoy solo en la mansión. Bueno, será mejor que nos vayamos. No queremos ser impuntuales. Scorpius, ¿tienes el regalo?

—Por supuesto —el chico tomó una bolsa del sofá.

*** 

Estaban en su habitación y Albus no pudo evitar notar que Rose estaba rara. Y no, no era el cabello más corto a la altura del hombro.  Apenas se carteaban, y cuando la veía, la chica tenía una mirada contrariada y confundida. Al principio pensó que se trataba del artículo del Profeta, criticando su actitud en el funeral de la madre de Scorpius. Pero la noticia pasó tan desapercibida, que entonces pensó que podría tratarse de la carta de alguna fan. Cuando le preguntó, Rose, encogiéndose de hombros, le dijo que ya ni leía esas cartas. 

Hoy,  a minutos de la llegada de Scorpius, finalmente se cansó de la actitud de su prima. 

—Si vas a estar con esa actitud cuando venga Scorpius, les hubieras dicho a tus padres que no querías venir y punto —se cruzó de brazos—. Lo que menos necesita es alguien más funesto que él, no sé si te has enterado. 

Rose le frunció el ceño y se puso de pie. Los nudillos de sus manos estaban blancos. Albus estaba totalmente sorprendido. 

—¿Y cómo se supone que debo de estar? —le gritó Rose—. ¿Sonriendo? —preguntó con sarcasmo. 

—¿Normal? —sugirió, algo cohibido por la reacción de Rose. 

—¿¡Normal!? ¿Cómo cuando actué normal y me regañaste por actuar normal y no ir a apoyar a Scorpius cuando su abuelo casi se muere al igual que su padre?  ¿O normal cuando fui y lo apoyé con la muerte de su madre pero aun así el Profeta me criticó?

Caray. 

¿Entonces si era el estupido artículo lo que la tenía así?

—Rose, ¿en serio estás así por ese estupido artículo de Rita Skeeter? 

—¿Estupido? ¿Sabes lo que hago para escribirle a Scorpius? —Albus negó, no viendo qué tenía que ver—. Le pido a mi madre —Rose se acercó a su mesa de luz, donde hace un rato le había mostrado una carta extensa de Scorpius—. Y aun así, con ayuda y todo, de cinco párrafos que le escribo él solo me devuelve tres palabras. A ti, que lo haces solo, y le dices las cosas que te sale decirle, te escribe casi 30 centímetros de pergamino. 

Albus pestañeó. ¿Era su impresión o Rose solo estaba…?

—¿Estás celosa? —preguntó en voz alta, incrédulo. 

Lo que vio fueron unas mejillas terriblemente rojas debajo de sus pecas y el cabello rojo ondeando cuando Rose dejó su habitación. Albus no sabía qué carajo acababa de pasar. Él no tenía idea por qué Scorpius le escribía más a él que a Rose, pero la respuesta seguro era que Rose estaba escribiendo cartas con ayuda de su madre… Ni él querría leer esas cartas. 

¿Por qué Rose buscaría ayuda? ¿Por qué carajos estaba celosa?

Mierda

Se puso de pie y salió de su habitación. Casi chocó James. 

—¡Carajo, James!

—Lo siento. Venía a buscarte. Los Malfoy llegarán en cualquier momento. Lily ya advirtió a Hugo de que Merlina no es muy comunicativa pero que haga un esfuerzo. Lily es buena, Al —entonces se fue. 

Albus se quedó unos segundos viendo la espalda de su hermano alejarse. Todos estaban raros alrededor de Scorpius. Sin duda James lo había sorprendido, aunque podía comprenderlo, no creía que su hermano fuera de piedra y no sentir algo de empatía por algo que ellos mismos habían atravesado. Su hermano no era realmente un imbécil, no uno tan  grande. Pero cuando Scorpius había venido, hasta se había metido a su habitación con ellos. Eso sí era raro.

¡Y ahora Rose se hacía la ofendida!. 

Se mordió el labio inferior. Esperaba no echaran a perder el humor de Scorpius con sus bobadas.  Respiró hondo y finalmente bajó. 

*** 

Harry celebró que Draco siguiera puntual como siempre porque la mirada de su amiga le decía que en cualquier momento le preguntaría justamente lo que él se negaba a decir en voz alta. Ron no llegaría hasta más tarde debido a su puesto actualmente como Jefe y  Harry no sabía qué tanto podía mantener a Hermione al margen. 

—Dra-Malfoy —saludó—. Oh, Scorpius, Merlina —Ok, tal vez la cagó un poco cuando se dio cuenta que la sonrisa con la  que miró a Draco era demasiado sincera y relajada, pero no importó cuando Scorpius se acercó y le dedicó un sincero feliz cumpleaños—. No tenían que molestarse en traerme un regalo. 

—Por supuesto que sí, Potter —intervino Draco—. En los cumpleaños se llevan regalos. Es la regla —Draco esperó a que su hijo se alejara con Albus al igual que Merlina que avanzó pasos vacilantes a Lily y Hugo y vio un intento de sonrisa poco exitoso—. Y es por dejar que los chicos sigan viéndose. 

Harry negó y movió la mano, restando importancia. 

—Por favor, Malfoy. Ven, Hermione está sola, Ron llegará más tarde. 

Ron llegó para cuando estaban bebiendo té  y comiendo los manjares de Kreacher que seguía allí, admirando a los hijos de Draco con ojos vidriosos. Harry debió disculparse. 

—Son Black, en parte, y Kreacher los adora hasta el día de hoy. ¿No viste que casi te besa los pies cuando te vio la otra vez cuando viniste?

Draco había pestañeado varias veces seguidas deleitandolo antes de asentir. 

—Lo sé, y recuerdo a Kreacher, Potter —mencionó. Harry no estuvo seguro a que se refería hasta que recordó la guerra y que Kreacher había pasado información a Bellatrix por el amor a la familia Black. Un triste recuerdo que le recordó que si hubiera tratado mejor al elfo aquello nunca hubiera pasado. Draco entonces miró a Kreacher—. Puedes presentarte si quieres —le dijo. Kreacher lo miró con los ojos como grandes pelotas de tenis y luego tragó de forma que todos los escucharon antes de mirarlo a él y bajar las orejas. 

Harry se sintió horrible. 

—Puedes hacerlo. 

—Solo estaba observando, gran Harry Potter amo… —arrastró los pies hasta ellos y bajó la voz, un milagro estos días. Kreacher estaba muy viejo ya—. El señor Scorpius se parece mucho al gran hombre que fue el mejor amo que trató bien al pobre de Kreacher, Regulus Black. 

Asustado, miró a Draco, pero se sorprendió al verlo sonreír. 

—Mi madre dijo lo mismo hace unos días. 

Harry estaba a punto de decir algo cuando Hermione tosió. Rayos, se había olvidado que su amiga estaba allí. Y ahora lo miraba terriblemente. Afortunadamente, cuando Lily y Hugo se fueron con Merlina y notó que Albus y Scorpius no estaban, llegó Ron. 

—Hey, James. Rose —saludó a los dos adolescentes que seguían en la sala—. Malfoy. Oh, Harry, Feliz cumpleaños. 

Sin embargo, Ron parecía estar fuera de lugar. Algo había pasado. 

Mierda. 

*** 

Albus había conseguido escaparse de la hora del té con Scorpius. Lo guió escaleras arriba, pasando de largo las habitaciones. 

—¿No era aquella la puerta de tu habitación, Al?

—Si, pero no vamos allá. Te mostraré el mejor lugar de la casa. 

—Oh, dime que es la habitación donde puedes entrenar cuando no estás en lo de tus abuelos, por favor. 

Albus rió. Desde que Albus le hablaba  de dicha habitación, Scorpius había prácticamente soñado con conocerla. La última vez no fue porque James estaba con ellos, y estaba descolocado por la actitud de su hermano. Pero ahora que huyeron con éxito, incluso de Rose, era el momento. 

—Sep. Conocerás donde mi madre solía entrenar en casa fuera de temporada. Allí se mantenía en forma, también jugaba con nosotros. E iba cuando se enojaba con papá. 

La habitación era amplia. En ese momento, mostraba un cielo despejado como el de afuera. Estaba hechizada para imitar el clima a la perfección. Tres Aros se alzaban en el área más alejada. Albus vio con satisfacción la boca abierta de Scorpius. 

—Es increíble —Scorpius estaba maravillado—. Ni siquiera parece que estemos dentro de un cuarto en una casa. 

—Lo sé. 

—¿Quieres jugar? No he jugado en todo lo que va del verano —suspiró Scorpius. 

Albus abrió la boca y la cerró y pensó en su respuesta antes de mirar a su amigo. Carajo , ahora se daba cuenta que Scorpius estaba más alto que él. Se olvidó de eso. 

—Quiero, pero primero, ¿puede preguntarte algo? —Había cosas más importantes que la estatura y el Quidditch. Scorpius pareció sorprendido pero asintió. 

—Claro. 

Albus se rascó la nuca, no sabía cómo empezar aquello. Solo no quería que las cosas fueran como estaban abajo. Lo notó en cuanto Rose no supo cómo saludar a Scorpius. Eso debía de ser por la cosa de las cartas. Respiró hondo. 

—Mira —intentó pero calló de inmediato—. ¡Argh! Lo que pasa es que… —fue el turno de Scorpius para reírse—. Oye, lo estoy intentando. No sé cómo decirlo. 

—Mientras encuentras las palabras, puedo ser yo quién pregunte algo. 

—Adelante —dijo vencido, sentándose en el pasto verde. Su amigo hizo lo mismo, tocando el suelo—. Es de verdad —” increible ” lo escuchó susurrar. 

—¿Tienes idea qué le pasa a Rose, Al? Sentí que estaba incómoda conmigo. Mejor dicho, la siento incómoda desde hace bastante ¿crees que sea por Mer? ¿Le cae mal?

—¡Ah, carajo! Sí, sé lo que le pasa, de eso quería hablar. Está molesta, pero no con Merlina. 

—¿Por qué entonces? 

Albus volvió a rascarse la nuca antes de ver a Scorpius honestamente perdido. Se encogió de hombros. 

—¿Por qué respondes sus cartas con pocas palabras? —preguntó. Su amigo abrió los ojos como platos—. Vio la respuesta de una de mis cartas de tu parte, y dijo que a ella apenas si le dedicas tres palabras. Oye, lo entiendo, ¿sabes? —se apresuró a decir—. Me imagino sus cartas, ¿qué dicen? ¿Te manda el calendario con el horario para estudiar? A mí también, pero… —Albus se calló porque escuchó a Scorpius empezar a reírse muy fuerte. Ok, de verdad estaba feliz, eran de aquellas sonrisas honestas que Scorpius daba tan difícilmente estos últimos días, pero…—-. ¿Scorp?

—Lo siento —su amigo empezó a jugar con la hierba debajo de ellos y arrancar algunos trozos. Esperaba que Kreacher no lo viera—. Ojala me escribiera eso. Por eso digo que la siento incómoda. Sus cartas son… raras. No sé cómo reaccionar a ellas. 

¿Raras? ¿Sería que su tía Hermione le estaría escribiendo ensayos de investigaciones suyas?

—¿Raras de qué forma? A mi me manda el horario, me recuerda las asignaturas que nos dejaron tareas, y me recuerda que debo decirle a papá que nos lleve a comprar los libros nuevos. ¿Más raro que eso? —¿Qué consejos podría dar su tía para que Rose escribiera?

—Bueno, sí. Más raro que eso. Eso es Rosie, ¿sabes? horarios, recordatorios, tareas. Si me escribiera eso sería la Rosie de siempre. Pero… ¿Sabes que en su primera carta le pedí a mi padre que se fijara si era auténtica? —Ok, Albus estaba asombrado ¿qué carajos le escribía su prima? Tal vez fuera buena idea decirle a Scorpius que su tía ayudaba a la chica y no era puramente de su autoría—. Pero me escribe cosas… no lo sé. Pedazos de conversación con su hermano. 

¿Con Hugo?

—¿Qué? 

Scorpius asintió.

—Esa fue mi primera reacción. Una de sus cartas me relató lo lindo que le parecía el día. No sé cómo responder eso. Es como… es como… ¿Recuerdas esa chica de Ravenclaw, antes de terminar el año, que se acercó y dijo “que hermoso el día”? ¿y se la pasó hablando del sol, la temperatura y no sé qué otras cosas?

—Sí. 

Había sido incómodo porque Albus y Scorpius se habían encontrado con Fred Weasley y éste había entablado una conversación respecto al Quidditch que estaba interesante cuando esta chica de la nada se había acercado y dirigido, a diferencia de lo que relata su amigo, sólo a Scorpius. Y recuerda muy bien a su primo reírse y susurrarle que la chica solo estaba queriendo ligar con su amigo, que era una frase típica y tonta. 

—Así —dijo Scorpius, sacándolo del recuerdo—. Y lo entiendo, ella no nos conocía de nada y solo quería ser… educada, creo. Pero es Rose ¿sabes? Hablamos todo el año. Es extraño. 

Ok. 

Un momento. 

Entonces, su prima estaba celosa. Pero… no exactamente por la extensión de las respuestas de Scorpius, era… No podía ser. Scorpius juraba que solo eran amigos. Rose no podría estar tratando de ligar con él. 

—¿Sabes que esa chica al cierre del curso que mencionas solo quería ligar contigo, no? —preguntó, dándose cuenta que aturdió a Scorpius con su pregunta. 

—¿Qué? 

Iba a explicarle cuando la puerta de la habitación, que te hacía olvidar que era un cuarto en una casa muy antigua, se abrió y ambos chicos saltaron asustados y la voz de James se escuchó. 

—Te dije que estarían aquí, Rose —James dejó paso a una Rose que los miraban ceñudos—. Entiendo que quieran dejar afuera a Rose —la miró—, perdón. Pero no me dejen a mi afuera. Quidditch es mi segundo nombre —entonces James se acercó y no se puso a un lado de Scorpius. No. Hizo algo totalmente extraño. Se puso de pie en medio de los dos y se agachó sin moverse, haciendo que el que debiera ampliar la distancia de Scorpius fuera él. 

¿Su hermano no estaba coqueteando con Scorpius, verdad? Miró a Rose, la chica estaba con los brazos cruzados, echando maldiciones con la mirada a los aros del campo de Quidditch. Bajó un poco la mirada y vio a Scorpius interrogando. Bien, la actitud de James no le pasaba desapercibida. Pero él tampoco entendía nada. 

—Por cierto —agregó James mirando solo a Scorpius—. En la radio acaban de avisar que Inglaterra jugará contra Francia y tenemos grandes posibilidades de entrar al mundial. 

¿Lo bueno? Sintió que ayudó a Scorpius a alejarse un poco del dolor por la pérdida de su madre y olvidarse de los intentos de ligar de Rose que lo habían aturdido. 

Carajo, él también estaba aturdido. 

*** 

Merlina encontraba más divertido mirar el tapiz en la habitación de la chica con nombre de flor y llena de pecas que prestar atención a la interacción entre la chica y el niño con el cabello sin peinar, ¿Hugo? ¿Qué clase de nombre Muggle era ese? 

¡Por Salazar!Esos chicos debían ir a otra casa menos a Slytherin. No creía que sería capaz de soportarlos allí. Se veía claramente borrando sus labios o sellandoles la voz. 

—Merlina —la llamó el chico. Si en ese momento no hubiera recordado que su hermano prácticamente le rogó ser educada, hubiera hecho como que nadie hablaba. Movió los ojos del tapiz rojo chillón. El chico con nombre Muggle, menos pecas que su prima, y menos pelirrojo pero más sin peinarse, le sonrió de oreja a oreja. Merlina quería vomitar pero se tragó la bilis. Scorpius le pagaría todo este indecoro—. ¿ya has ido a comprar las cosas para tu primer año en Hogwarts? Mis padres me llevarán mañana. 

—Tus padres son unos irresponsables, por supuesto que ya tengo todas mis cosas listas —respondió. 

—Mi papá tampoco me ha llevado aun. ¿En serio ya tienes todo? —La chica con nombre de flor la miró, intentando sonreír. Ay, maldita falsedad . Cuánto la odiaba. Pensó una vez más en su hermano. 

—Por supuesto. 

—¿Y una mascota también? —Preguntó el intento de mago más muggle. Merlina asintió—. ¿Qué llevas? Yo quiero una lechuza, pero creo que mamá piensa que puedo compartir la de Rosie. 

—Un gato, por supuesto —respondió con obviedad.  Su respuesta, para su desgracia, pareció despertar el interés perdido de la chica. 

De verdad, Scorpius le iba pagar tener que soportar tanto color a su vista. 

Los rumores de ser una niña maldita deberían de evitar estas charlas, deberían dejarla sola, como quería. 

***

Kingsley Shacklebolt se paró frente a un sin fin de cámaras con sus flashes. Se acomodó la túnica color mostaza y se irguió ante todos los periodistas. 

—Como Ministro de Magia estoy aquí presente para hacerle llegar a toda nuestra comunidad tranquilidad. Como siempre he prometido, seguiré trabajando en todas nuestras leyes, manteniendo nuestras casas seguras de cualquier posible oscuridad. La semana que viene se llevarán a juicio los magos arrastrados contra el su— —trastabilló—, atentado a Malfoy Manor. Quiero dejar claro que será un juicio justo, y se investigará todo lo que digan en sus testimonios cada uno de los acusados. Si cualquiera de las partes está mintiendo, lo sabremos. Estoy dispuesto a permitir el uso de Veritaserum si es necesario. No teman, el mundo mágico quedará limpio de toda impureza. 

Algunos periodistas no paraban de captar en sus cámaras al Ministro mientras su plumas reproducían sus palabras a toda prisa. Otros, tal vez más grandes y con años en el medio, se quedaron perdidos al encontrar extraño el discurso de su Ministro. Creevy, uno de los más jóvenes, que solo estaba para captar el momento, frunció el ceño. Juró que Kingsley estuvo a punto de decir supuesto atentado . ¿Y qué era ese uso de la palabra impureza ?

Notes:

Me estoy preguntando si esta parte tiene menos capítulos que las anteriores porque va al grano casi (o así lo sentí cuando la terminé) o porque tal vez son capítulos más largos.

GRACIAS TOTALES POR LEER

Chapter 5: Capítulo cuatro La Madriguera

Summary:

Scorpius visita La Madriguera

Notes:

A03 está de regreso. ¡Viva!
Y aprobé mi parcial. ¡Viva!

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Capítulo cuatro 

La Madriguera

Querido Albus, 

Es una pena que no pueda ir a Hogwarts, pero quería decirte que tu relación con Scorpius ha hecho que me den ganas de decirle a mis padres que me gustan los chicos sin pena. Entre Theo y ustedes me hacen sentir que no soy nada fuera de lo común. Sé que hay muchos testimonios y que hoy son relaciones que se ven más todos los días, pero es difícil leer los libros de historia y  encontrar parejas del mismo sexo en ellos. 

Pd: Voy a un colegio de magia más pequeño pero no puedo revelar su nombre.

***

Es mitad de agosto y Albus se olvidó totalmente de James y Rose,  su mente se concentró en buscar maneras de entretener a Scorpius y estar pendiente del Quidditch. Los expertos decían que Inglaterra estaba teniendo su mejor versión en siglos casi y tenía muchas posibilidades de ganar su partido. Esto no hacía que los chicos se perdieran las transmisiones de los otros equipos. Hoy, por ejemplo, en su visita semanal a Malfoy Manor, estaban sentados en el suelo de la sala, pegados a una radio que el señor Malfoy les prestó, escuchando el encuentro de Estados Unidos contra Costa Rica. A su alrededor, tenían varios platos que los elfos le tendieron a lo largo de la tarde. De pura ansiedad, los dos chicos se habían comido todo. Aunque a Albus no se le pasó su amigo obligó a su padre a comer algunos bocadillos. 

Una hora después, seguían allí. Scorpius tenía todo el cabello rubio fuera de su coleta de pura frustración. Si el partido no estuviera tan parejo, iban en empate, y el que perdiera quedaba casi automáticamente fuera de toda posibilidad de acceder al mundial, Albus se reiría de él. Pero la cosa era seria, los equipos no paraban de igualar sus tantos y los buscadores no dejaban de buscar, aun cuando el de Costa Rica se rompió la nariz a la media hora de empezar el partido, cuando una Bludger le dio de lleno en plena cara. Era todo un problema que el idiota del cometarista se pusiera a hablar de la gente que estaba viendo el partido en vez de los jugadores desde hacía diez minutos. 

—Acá es cuando creo que no nos vendría mal esos aparatos que cuenta Thomas tienen los muggles —dijo Scorpius—, esos que muestran imágenes en vivo y en directo. ¿Cómo los llama? ¿ Telemotores ?

—Televisores —lo corrigió él. Él los conocía—. Rose tiene uno en su casa, pero la usa solo cuando sus abuelos muggles los visitan —se encogió de hombros. No dijo que a él le gustaba a veces ver alguna que otra película. El señor Malfoy estaba presente y vio sus cejas elevarse—. Pero dudo que la magia los deje funcionar en nuestras casas. En la de ellos funcionan porque están en un barrio muggle. 

—Pero podríamos hacer unos mágicos —dijo Scorpius como encontrando aquella idea lo más normal—. Y llamarlos telemotores para variar —sus mejillas se habían puesto coloradas por el error. Albus lo atribuyó a que su padre estaba presente. Albus le echó un vistazo. El hombre ahora tenía la mirada en la nada. A Albus le recordó a la de su padre en aquellos tiempos. 

Su padre había regresado al trabajo, de hecho, quien lo acompañó a Malfoy Manor fue su abuela Molly, ya que pasaba más tiempo en La Madriguera. Confesaba que le gustaría estar más con su amigo, pero su abuela le había prometido hablar con el señor Malfoy para dejar pasar un fin de semana en La Madriguera a Scorpius. Esperaba que aceptara. 

—Padre —lloró de repente Scorpius. Albus vio la reacción enseguida. 

—¿Sí?

—¿Podemos ir a ver el partido de Inglaterra? Es horrible escucharlo por la radio… ¡Escucha!  —empezó a alzar su voz—. ¡Está hablando de lo linda que es no sé quién en la tribuna! 

—¡Scorpius! —Su padre lo regañó. Scorpius bajó la mirada. El señor Malfoy respiró hondo y entonces, pareció notar el estado de su hijo—. ¿Qué rayos le pasó a tu cabello? —Albus vio a su amigo llevarse las manos a su cabello y ponerse rojo como el tomate, buscando sujetarlo en la coleta que tenía originalmente. 

—Lo siento —lo escuchó murmurar. 

Albus decidió intervenir. 

—Señor Malfoy, es culpa del comentarista. No relata el partido. Creo que también voy a pedirle a mi padre que me lleve a ver Inglaterra, juegan en casa.  

Las facciones del señor Malfoy se suavizaron y lo vio asintiendo. 

—Pueden redactar una carta al departamento de deportes mágicos quejándose del mal trabajo del día de hoy. No creo que vayan a ser los únicos, de verdad es terrible relatando —se puso de pie—. Pero pensaré en lo que dicen. Algo de aire fuera de casa no vendría mal. Tal vez pueda invitar a Greg. 

A Scorpius le brillaron los ojos e intercambió una mirada con él. Sabía lo que estaba pensando. Una posible salida junto a Vincent y Sophie. Albus no había tenido la oportunidad de verlos, ya que estaban de vacaciones. Se carteaban bastante, más con Vincent, pero ya se imaginaban todos juntos en una tribuna, viendo a los profesionales jugar el mejor Quidditch del país. 

 Incluso él empezó a sentir la emoción recorrer su cuerpo, pero se controló cuando una puerta se abrió y dejó a la vista a la señora Narcissa y a Marlina. A Albus le daba la impresión que se parecían demasiado pero ellas no tenían relación sanguínea, por lo pensó que Merlina trataba de imitar a la abuela de Scorpius. Lo hacía bien y mejor. Merlina podía ser sería y no sonreír jamás, pero tenía algo que la señora Malfoy no tenía. No estaba seguro de que era, pero le daba la ventaja a Merlina sin duda alguna. Tal vez fuera algo Greengrass. 

—¿Siguen pegados a ese objeto? —preguntó la señora Malfoy. Albus se sintió cohibido pero Scorpius lo miró respirando hondo. 

—No le hagas caso —le susurró bajito. Albus asintió—. A ella no le gusta el Quidditch. 

—Madre, es Quidditch —el señor Malfoy le llamó la atención a su propia madre y aquello hizo que Albus se atreviera a echarles una nueva mirada, pero se encontró con el cabello megro de Merlina a su lado, arrodillados entre ellos. 

—¿Cómo soportan a ese comentarista? Si estuviera allí le habría lanzado un hechizo silenciador por no decir algo peor.

—Es la única emisora que lo está, digamos , relatando —dijo desesperanzado Scorpius. Albus en cambio se dedicó a observar más a Merlina. Sabía que para ella el tapiz era más interesante que el Quidditch, pero allí estaba, haciendo un comentario a favor de su primo. No, hermano. Scorpius le había dejado claro que se trataban como hermanos ahora. 

Estaba asombrado. Merlina tenía corazón después de todo. Vaya , ahora podía ver que Scorpius tenía razón respecto a ella. De repente, la vio observándolo y apartó la mirada. Era una niña muy rara, no desagradable, sino rara. 

Entonces vio algo más raro. Scorpius de repente empujó amistosamente a Merlina y lo escuchó susurrar:

—Gracias.

Su hermana hizo su mejor expresión sin emoción:

—No sé de qué hablas. 

—Yo también te quiero, Mer. 

—Te odio.

Scorpius se rió y Albus creyó entenderlo. Lily no iba a creerle que Merlina en verdad era buena. 

—Scorpius —dijo Merlina. 

—¿Si?

—Si tu amigo me sigue mirando me olvidaré que lo quieres y dejaré suelto algunos de mis comehuesos (*). 

—¡Mer! —la regañó—. No habla en serio, Al. Ok, si es cierto que tiene unos cinco comehuesos de mascota, pero no habla en serio en aventarlo. ¿Verdad, Mer? Es ilegal que los dejes sueltos.

Merlina se encogió de hombros. 

—Nunca dije que se lo aventaría. Casualmente, podría dejar abierta su puerta. Nadie podría demostrar lo contrario, soy una chica maldita, ¿recuerdas? 

Ok, la chica era buena, a su manera, claro. Aunque Albus empezaba a sospechar que tal vez solo fuera buena con Scorpius. 

***

Scorpius tenía que aceptar que los únicos momentos en lo que su estado de ánimo mejoraba era solo cuando Albus venía a verlo. Los mellizos ya habían llegado de sus vacaciones y vinieron a visitarlos una vez. Vincent estaba ancho, alto, tal vez un poco más relleno, y cuando se reía, al costado de su cara se formaba un hoyuelo. Sophie era lo opuesto. Ya no la veía tan cuadrada como antes, al contrario, tenía una forma más cercana a un reloj de arena, que se vistiera con ropa muggle más ajustada ayudaba, pues marcaba muy bien su cadera y que ya no era una nena. Se divirtió con ellos, pero la verdad es que no era lo mismo sin Albus. 

Por ello, cuando  la elfina Prim les servía el desayuno y su padre le daba la noticia de que había sido invitado dos días a  La Madriguera, jueves y viernes,  como plus  que el fin de semana irían a ver el partido de Inglaterra contra Francia, Scorpius sintió que los planetas se habían alineado a su favor. Aquella semana venía siendo terrible. El dolor en su pecho las últimas noches se había hecho tan grande que venía casi sin dormir una semana. 

¡Merlin! Casi se había desmayado esa mañana cuando se levantó. 

Entonces, titubeó. Se suponía que debía cuidar a su padre. Estaba aquí para eso. 

—Padre —dijo dubitativo cuando su abuela junto a su abuelo entraron en la sala de desayuno. Su padre pareció leer sus pensamientos y negó. 

—Irás. No te preocupes por mí, Scorpius. Estaré bien. Me darás el tiempo que necesito para dejar todos los detalles. Ruega que el partido no dure días porque solo nos quedaremos una noche.

—Pero, padre —la protesta se le escapó antes de darse cuenta—, ya sabes como es el Quidditch, Argentina vs Brasil siguen jugando. ¡Y empezaron el juego hace tres días!

Escuchó a su abuela suspirar profundo. Su abuelo solo se sentó y decidió que era más importante el plato enfrente suyo. Su padre puso los ojos en blanco. 

—Lamento no poder quedarme encerrado en estas paredes, madre. Pero considero que mi familia necesita salir un poco. Es lo que —Scorpius notó un brillo fugaz en los ojos de su padre—, es lo que Astoria hubiera querido. 

Tenía razón. Scorpius no había hablado de ello, pero antes de fallecer, su madre le repitió lo que venía diciendo desde hace años: Que fuera feliz y ayudará a su padre a no caer y a Merlina a asentarse. Es lo que estaba haciendo. 

—En mi opinión —dijo su abuelo—, podrías buscar una mujer sangrepura de status al nivel de un Malfoy. 

Scorpius apretó sus manos debajo de la mesa. 

—En mi opinión —respondió su padre—, soy dueño de decidir qué hacer de mi vida. Si decido estar solo y honrar la memoria de mi mujer no tiene que pasarle a nadie. O si llega el momento, y decido estar con alguien más, será porque realmente quiero a esa persona. 

Scorpius sabía que no debía pensar en que su padre se quedaría solo toda su vida. Su madre le había pedido entre todas las cosas eso. Que si encontraba alguna vez otra persona con la que él quería estar y peleaba como había peleado por ella, fuera feliz en su nombre. Scorpius pensaba que su madre había fallecido rogando que su padre encontrara otra persona a quien amar. 

*** 

Scorpius estaba yéndose a dormir cuando vio la lechuza de su nuevo fan en la ventana. Era la carta diez que le enviaba. Su padre no había encontrado nada malo en el sobre y cuando él mismo revisó el contenido no había odio en ella, cuando le informó de esto a su padre la lechuza pasó a poder entregarle su correspondencia de forma directa. 

La verdad es que no mintió. La carta no tenía nada de odio directo a nadie en particular, pero eran raras, en un sentido más profundo que las de Rose. 

El chico decía tener 17 años, pero a veces escribía como si fuera un viejo pervertido. Y había cosas que a veces le daban un poco de asco. 

—Hola —saludó a la lechuza, el ave no tenía la culpa de las cosas que escribía su dueño. Suspiró al ver el listón de color rojo con la que la carta venía sujeta a la pata del animal. Era tan cursi. Un detalle que a veces le hacía dar malas sensaciones. Pero el fan a veces le daba ánimo—.  Gracias, has hecho un buen trabajo —le ofreció un poco de agua y caramelos una vez que tiró el listón rojo a la basura y dejó la carta en la repisa. 

Había pensado en decirle a su padre las palabras raras, pero la primera de ellas medio que lo criticaba, así que decidió que no. Tal vez, Scorpius solo estuviera siendo un poco paranoico. 

***

Decir que cuando llegó el día de ir a La Madriguera no estaba nervioso era mentir. Bajó las viejas escaleras de Malfoy Manor y puso el bolso en el suelo mientras su padre le preguntaba si tenía todo y él asentía. Merlina estaba sentada en el suelo, acariciando su gato negro a quien nombró Lucas. El animal tenía profunda que a veces pensaba que entendía todo lo que pasaba a su alrededor. 

—Bien. Estarás allí dos días —Scorpius asintió—. Luego, nos encontraremos para tomar el traslador que nos llevará al campamento cerca del donde se llevará a cabo el partido. Potter te llevará —Scorpius volvió a asentir. Escuchó a Marlin hacer un mohín. Estaba incluida en el viaje y no le hacía mucha gracia, pero su padre se había negado a dejarla sola con los abuelos. 

—Lo sé —comentó. 

—Quiero que te comportes, Scorpius. Nunca he recibido una queja de Greg y espero no recibirla de los Weasley o de Potter. 

—Siempre me comporto, padre —hizo un mohín. ¿Es serio pensaba que iba a hacer algo desagradable? 

—Espero siga así. 

Nunca había ido a la casa de ningún Weasley. Ni siquiera a la de Rose de quien era amigo. Se rascó la nuca y pensó en ella. Rose seguía mandando esas cartas tan extrañas. Se estaba esforzando mucho en responderlas desde que Al le comentó que la chica estaba enojada por sus vagas palabras pero era difícil cuando la chica no hacía más que contarle lo que hacía desde que se levantaba o lo que veía cuando escribía su carta. 

No le había dado vueltas al otro comentario de su amigo, ese sobre que eran cosas que las chicas decían cuando querían ligar, de hecho, acababa de recordarlo. Se la pasó tan pegado a la radio y hablando de Quidditch que hasta ahora no pensaba en eso. 

Scorpius ni siquiera pensaba en chicas. Aunque su madre estuviera viva dudaba poder pensar en ellas. Tal vez fuera tiempo de preguntarse si incluso le gustaban ellas. Su padre había intentado tener una charla con él hace una semana al respecto y francamente él solo quería olvidarla.  

—¿Sucede algo, Scorpius? —preguntó su padre. 

—No. Nada, ¿nos vamos ya? —decidió que no, aun no era tiempo de pensar si podría llegar a atraer a los chicos. 

Su padre asintió. Si bien ya había hablado con la abuela de Albus, su padre insistió en ir primero y volver a repasar el plan. Cuando lo vio tomar polvos flú y partir, giró para ver a Merlina y se acercó, arrodillándose y dándole un abrazo. El gato maulló furioso y se fue. 

—Cuidate, Mer. Y cuida de padre —sintió los brazos de su hermana apenas rozando. 

—Solo son dos días. He sobrevivido sin ti cursos enteros. Por supuesto, me aseguraré que los días de papá sean oscuros y tan fríos como le gustan. 

—Tonta —se quejó él—. No es mi culpa no ser tan tolerante al frío en verano —se apartó. 

—Por favor, jamás has estado expuesto al verano real. Estar media hora jugando quidditch y después entrar en ambiente controlado, no te hace intolerante al frío en verano

Scorpius sonrió y tomó su bolso y agarró un puñado de polvos flú.

—A La Madriguera —dijo fuerte y claro. 

Cuando su cuerpo fue empujado hacia una de las chimeneas de entre todas aquellas que giraban a su alrededor, se dejó guiar y dio el paso correcto para salir con la dignidad suficiente para no caerse.

Lo primero que notó cuando sintió el suelo firme fue el aroma muy diferente al de Malfoy Manor. 

Malfoy Manor olía a limpio, a antigüedades, al perfume de las flores que los elfos mantenían en la casa, si ibas un poco más cerca de las mazmorras, el olor empezaba a embriagarse con cocciones o ingredientes. En cambio, La Madriguera olía a manzana, a tierra y a verduras.

Lo siguiente de lo que se percató fue de la cantidad de luz. Debió cerrar los ojos antes de abrirlos otra vez. Malfoy Manor no tenía tanto acceso a la luz. El cambio de temperatura fue lo tercero que notó. Tal vez aquella remera de mangas cortas iba  a tener que cambiarla por una sin mangas más pronto que nunca. Scorpius ya podía sentir el sudor empezar a formarse en su nuca. Pensó en lo que dijo Merlina, que nunca había estado expuesto a un verano real.

Antes de que su vista se acostumbrara a aquella luz solar tan extraña para él, sintió los brazos de su amigo rodearlo. 

—¡Scorp, viniste!

Scorpius se rió dejando caer su bolso y le devolvió el abrazo.

—Por supuesto. 

Detrás escuchó voces, pero no fue hasta que logró acostumbrarse completamente a la luz que vio a varias personas mirarlo. Una de ellas era James Potter. Scorpius le sonrió sin esfuerzo y cuando se apartó de Albus estiró su brazo para golpear la mano derecha de James. Era el gesto más amistoso que habían intercambiado hasta ahora. Allí también estaba Fred Weasley, con el que se llevaba sorpresivamente bien. Entonces, vio una señora bajita, la había conocido el día del funeral de su madre, pero no había tenido tiempo de apreciarla como ahora. 

La señora Molly Weasley tenía el cabello corto, acompañado de ese tipo de expresión que debería tener cualquier abuela, no la suya aunque pero debería. Ella le sonrió casi con lágrimas en los ojos y sin esperar nada lo abrazó, sorprendiendolo. 

—Scorpius, querido —dijo en tono bueno y amable—. Bienvenido. Albus estaba que se tiraba por la chimenea cuando tu padre apareció y tú no llegabas —A Scorpius no le costó nada devolverle el abrazo y reírse de sus palabras.

—¡Abuela! —la regañó Al.

—Lo siento, Al —se disculpó él—. Estaba hablando con Mer —buscó a su padre con la mirada pero no lo encontró. La señora Molly pareció leerla mente. 

—Tu padre está afuera con Harry, querido. Ultimando detalles —le explicó. 

Era curioso, pensó Scorpius. Su padre podía conversar con el señor Potter cuando antes apenas podían verse. En cambio, apenas cruzó palabras con su tío Greg el día que fue a Malfoy Manor de visita. 

Sintió la mano de Albus en sus brazos. 

—Esta es la casa de mis abuelos. No es tan grande como tu casa, pero — Scorpius lo interrumpió. 

—Callate. Es increíble —miró a la abuela de su amigo—. Señora Weasley, su casa es increíble, ni la casa de los mellizos, ah… Sophie y Vincent —aclaró por las dudas—, tiene tanta luz. Es grandioso —volvió a mirar a Albus—. Cuando tu no vas, mi casa es un refrigerador —dijo bajito. 

Entonces, cuando sus ojos observaron un poco más, se quedó atónito. Podía ver la cocina donde las ollas y tazas estaban siendo lavadas solas. ¡Él no conocía ni la cocina de su propia casa! Cerca, unas papas estaban siendo peladas por un solo cuchillo. Magia . Desconocía todos esos hechizos. Era maravilloso. Ni hablar de la gran ventana que deja entrar toda la luz solar posible y lo cálido que era aquella pequeña sala. 

Scorpius estaba maravillado. Jamás pensó que algún día consideraría su propia casa como poca cosa. ¿Cómo es Thomas cuando fue no se vio sorprendido por la diferencia entre La Madriguera y Malfoy Manor?

Hubiera seguido mirando si no hubiera sentido un escalofrío recorrer su espalda. James Potter estaba mirándolo. Una vez más, cruzaron miradas, pero los orbes azules se negaron a apartarse y Scorpius se vio perdido en ellos.  

—Como el océano —dijo sin pensarlo. Se sonrojó al momento. ¿De dónde había salido eso? Agradeció cuando la abuela de los chicos apareció y se colocó contra su vista, tomando sus manos y colocando algo en ellas. 

—Para ti —anunció, guiñandole el ojo. Cuando miró, era una bolsa entera de chocolates. Estaba por abrir uno cuando vio a su padre aparecer con el señor Potter y se apresuró a ocultarlos detrás de su espalda, aunque un poco tarde. Su padre lo había visto y tenía las cejas levantadas. 

—Los comeré con moderación, lo prometo —dijo. Su padre puso los ojos en blanco y se acercó. 

—¿Qué debes decirle a la señora Weasley, Scorpius? 

Oh

Se apresuró a mirar a la abuela de su amigo. 

—Gracias señora Weasley, sus chocolates son los mejores. 

Así, se olvidó de las palabras que se habían escapado de su boca. Con suerte, nadie lo habría escuchado. 

***  

La Madriguera resultó ser más divertida de lo que Albus le explicó. Para empezar, se llevó una grata sorpresa cuando, después de que el padre de Albus se fuera a su trabajo, se les unieron Roxanne y Lily con escobas en las manos. 

—Oigan —los llamó Lily—, juguemos un partido. Tres contra tres. Fred jugará con nosotras. Roxanne buscará. 

Scorpius recordó que Albus una vez le contó que la única que odiaba la escoba en la larga familia era Rose. Sonrió ante la perspectiva hasta que recordó que no llevaba su escoba. 

—Me encantaría, pero no tengo mi escoba —expresó un mohín—. Quise traerla, pero mi padre dijo que eran solo dos días. 

—No te preocupes por eso —le aseguró James de repente, sonriéndole—,  aquí hay muchas escobas. Iré por ellas, ¿me acompañas? Así conocerás más La Madriguera. 

Scorpius se quedó mirándolo. Le costaba acostumbrarse a la nueva amabilidad de James Potter. Le quedaban dudas si podía fiarse cien por ciento. Miró a su amigo quien se encogió de hombros.

—De acuerdo —Aceptó, diciendo que según la división que les otorgó Lily juagría haciendo equipo con James, por lo que no creyó que el chico fuera a tenderle alguna trampa. A James le gustaba ganar. 

Empezó a seguirlo y Scorpius pudo ver más de cerca la casa. Desde lejos, había notado la extraña estructura. Era muy alta, pero no de forma recta, entre el tercer y séptimo piso parecía inclinarse hacia un costado. James iba explicando que la casa no se caía porque había magia en ella. Scorpius la encontraba grandiosa. 

El patio, a diferencia del de Malfoy Manor, estaba lleno de monte salvaje, y había visto gnomos correr y reírse de ellos mientras se escondían. Scorpius conocía de ellos solo por los libros. 

Ahora que caminaba más cerca, aparte de algunas paredes a las que se le notaba la edad que tenían, podía ver varias cajas de madera y baúles. De las cajas sobresalía infinita cantidad de cosas: Botas, cordones, zapatillas, guantes. Los baúles estaban en su mayoría sellados y otros decían PELIGRO. Scorpius se quedó mirando uno de esos porque tenía más de una etiqueta con ese nombre. Entonces sintió ese escalofrío familiar cuando era observado por James y apartó la vista. 

—Nadie sabe que tienen esos baúles —explicó James. Scorpius lo miró. Lejos de estar molesto, James parecía mirarlo divertido—, pero ese es el más peligroso. Contiene experimentos de tío Gregoge y tío Fred, su hermano que falleció en la guerra. Se dice que trabajan en cosas para Sortilegios Weasley y están relacionadas a cosas de  guerra.

—Escuché que a veces hacen cosas especiales para agentes del ministerio —no, no lo escuchó, lo leyó en una larga entrevista en el Profeta hace unos años. 

—Sí, es cierto —James aminoró la marcha y se adecuó a la velocidad de sus pasos. De vez en cuando, sus hombros se rozaban entre sí. Scorpius quería ver esos ojos que tanto le llamaban la atención pero empezó a sentirse cohibido y algo avergonzado por el contacto. Recordó con bochorno su desliz horas atrás—. Rose me escribió el otro día —dijo de repente James. 

—Oh —No supo qué decir, James y Rose eran primos, debería ser normal hablarse, ¿no? Además eran Gryffindor.

—Me pidió que le enseñara a volar. Me pareció raro que no se lo pidiera a Al o a ti —Scorpius tropezó de la sorpresa—.  Hey, ¿estás bien? —James alcanzó a evitar su caída. 

—Sí, sí. Gracias. Espera, ¿qué Rose, qué? 

James empezó a reírse y Scorpius no pudo evitar verlo a la cara. James estaba peinando su cabello con la mano. Dejó a la vista el mar de pecas alrededor de sus ojos. Tragó. 

—Veo que ni siquiera les ha dicho de sus deseos de aprender a volar. Ay —la expresión divertida de su rostro desapareció, pero Scorpius vio que de sus ojos no—, capaz lo quería hacer a escondidas y acabo de arruinar su sorpresa. Mierda — Vamos , pensó él. James acababa de hacerlo a propósito. Scorpius no supo si molestarse o no. 

—Rosie no vuela mejor porque le tema a las alturas —sintió la necesidad de decir—. No sé cómo podrás enseñarle.

—Me las arreglaré. Capaz es un diamante en bruto. Es una Weasley después de todo, se supone que el Quidditch está en su sangre. Y la verdad, me encantaría que fuera así. Quiero ganarte este año —James palmeó su hombro varias veces. Cada palma, enviaba una onda extraña al resto de su cuerpo, especialmente al estómago—. Oh, aquí está —se alejó—: El armario de las escobas que ha pasado por las manos de cada generación Weasley. Toma la que quieras. 

—Guau —era un armario viejo lleno de tierra, podía ver las telarañas y alguna que otra patuda caminando por allí. Pero James tenía razón. A saber cuántas generaciones de escobas Weasley había allí. Estiró la mano y sacó una de las que estaba más cerca, James en cambio, movió de lugar algunas, sacó una que estaba al fondo, movió otro poco, y sacó otra y después otra—. Ya sabes cuál elegir —dijo él, viendo como parecía saber cuales alejar para conseguir un par. 

James se encogió de hombros. 

—Fred va a usar la de tío Fred. Albus usará la de tío Bill.  A mi me gusta esta —le mostró—, que perteneció al tío Charlie. 

—¿Charlie es el que trabaja con dragones en Rumania? 

—Sí. Ya veo, Al te ha contado de él, ¿eh?

—Sí, Rosie también, una tarde me contó todo de todos su tíos. 

—Oh. 

Entonces, la cosa se volvió un poco incómoda. James, por alguna razón, frunció el ceño y se quedó en silencio durante la mitad del camino de regreso con los demás. 

Scorpius, sin poder soportar más aquel silencio, titubeó. 

—La que he sacado… ¿sabes de quién era? —el chico pareció volver a la normalidad y le sonrió con una emoción extraña en los ojos. 

—Sí, perteneció en algún momento a mi madre.

Para ese momento, ya estaban reunidos con los demás y no podía regresar a cambiarla. Notó la mirada de Albus al darse cuenta de la escoba que tenía en sus manos. 

Mierda

*** 

A Albus le llamó la atención que Scorpius tuviera la escoba que perteneció a su madre. No, no porque fuera de ella, sino porque James era quien siempre, cuando decía siempre era así, se aseguraba de volar con esa escoba. No dejaba ni que Lily montara en ella. Pero James llevaba la que era de tío Charlie. Él nunca había volado con esa escoba. 

¿Qué carajos pasaba con su hermano?

Buscó mirarlo con los ojos como platos pero James ni siquiera le devolvió la mirada. Su asombro no dejó de crecer cuando, sin discutir, cedió el puesto de buscador a Scorpius y se quedó con el de guardián mientras que a él lo dejó como el cazador. 

Una vez más, ¿qué carajos pasaba con su hermano? 

Vaya, tal vez de verdad quiere hacer sentir bien a Scorpius. Tenía que ser eso, ¿qué otra cosa podía ser? Se negaba a pensar que fuera otra cosa. Tenía suficiente con Rosie. 

*** 

El sol estaba abrasador. De hecho, creía que era uno de los días más calurosos de lo que iba del verano. James se secó el sudor de la frente y desde su puesto de guardián miró la escoba de Scorpius. 

El chico había elegido la escoba de su madre.Por un leve segundo estuvo tentado a reclamar como cuando Albus la reclamaba, sin embargo, se encontró lejos de estar enojado y se la cedió sin pensarlo demasiado. 

Volvió a limpiarse la frente. 

Mierda. 

¿Scorpius vería la Snitch con tanto sol? 

*** 

La cosa progresaba bastante bien. Scorpius se detuvo para ver a las chicas jugar y Lily volaba de forma extraordinaria, casi al nivel de Albus. Roxanne no volaba mal. En combinación con Fred, se dio cuenta que serían un trío peligroso. Se dijo que tal vez tendría que tomarse la cosa como un entrenamiento de Tarón. Pero veinte minutos después,  su cuerpo actuó de forma extraña. Algo no estaba bien. No, no era el sudor que hacía que se le pegara la remera al cuerpo. Era otra cosa. Empezó a volar más despacio cuando se dio cuenta que se sentía mareado y con el estómago algo revuelto. 

Se dijo que tal vez, aminorando la velocidad, la cosa fuera a pasarle, pero cinco minutos más tarde tenía el cuello lleno de sudor frío y debió descender. Necesitaba poner los pies sobre tierra si no quería caerse. De hecho, casi cayó al suelo cuando intentó bajarse aún a metros del suelo. 

Su vista empezó a llenarse de puntos negros y clavó sus palmas sobre sus rodillas y bajó la cabeza, cerrando los ojos. 

—¿Scorpius? —escuchó gritar a Al. 

Respiró hondo, buscando aire. Fue entonces cuando se dio cuenta que estaba agitado. Abrió los ojos y notó que los puntos negros seguían allí. 

Mierda , ¿iba a desmayarse? 

—¿Scorpius? —Albus ahora estaba a su lado—. ¿Qué carajos? Estás rojo. 

—Me siento mal —logró decir, cerrando los ojos y llevando una mano a su estómago. Lo tenía revuelto. Una arcada sacudió su cuerpo y notó como Albus rodeó su espalda. Otra arcada lo sacudió, pero no salió nada. Solo se sentía mal—. Lo siento.

—Ok, de acuerdo. Te sientes mal.  Y me estás asustando, te estás poniendo pálido ahora. ¡James! —lo escuchó gritar.

—¿Qué sucede? 

—Scorpius no se siente bien. Se está poniendo pálido —sintió las manos de su amigo sobre su espalda. Scorpius solo quería arrodillarse. Estaba mal—. Tal vez es el calor, Scorp. Tu mismo lo dijiste, no sueles pasar el verano tan expuesto. 

Algo le pinchó el estómago y lo apretó, quejándose. Otra arcada lo sacudió pero una vez más no salió nada. 

—Oigan, será mejor llevarlo adentro, no me gusta su aspecto —era Fred, hablando desde muy lejos. Intentó abrir los ojos pero era imposible. Terminó dejando que los chicos lo guiaran a la casa confortadora. 

—Esperen —logró decir después de unos pasos, apretándose el costado del estómago—. Creo que ya me siento mejor. 

—Sí, pero está terriblemente rojo ahora.  

Alguien puso la mano sobre su frente. 

—Tienes fiebre —era la voz de James—. Vamos. 

La señora Weasley confirmó que tenía fiebre. 

—Arthur —le dijo a alguien. Fue cuando Scorpius notó al que debería de ser el abuelo de Albus y James. Él ni siquiera lo había saludado—. Prepara un baño frío, hay que bajarle la fiebre, sino tendremos que llamar a su padre.

—¡No! —se quejó, poniéndose de pie—. Un baño. Lo siento, señor Weasley, no lo saludé… 

—Oh, no te preocupes —mal como estaba, Scorpius notó aquel tono bonachón que compartía con su esposa—. Lo que importa es bajar esa fiebre. Vamos. Al, acompañanos. 

Mientras le ayudaban a subir las escaleras, que eran bastante empinadas y estrechas, escuchó como Albus le contaba a su abuelo que seguro era la exposición al calor. 

—Su casa suele estar muy fría, abuelo. 

Scorpius estaba seguro que estaba rojo, ya no tanto por la fiebre, sino por la vergüenza. ¿Quién iba a enfermarse por exponerse al verano como cualquier otro mortal? Oh, esperen, él. Lloriqueó. 

—No le digan a Merlina, va a reírse de mí —dijo con las palabras arrastradas.

—Merlina es  su hermana, abuelo —escuchó que explicaba Albus.

Sintió el cambio de temperatura apenas entraron al baño. La habitación era más pequeña pero fresca, y Scorpius lo agradeció. Su cuerpo reaccionó de forma positiva. Aún sentía que estaba agitado, seguro se debía a la fiebre. Escuchaba el agua llenando la bañera cuando finalmente pudo enfocar mejor la mirada. Albus estaba mirándolo con precaución. Su abuelo estaba tratando de que se sacara la remera. 

—Lo siento —dijo, poniendo de su fuerza. El señor le sonrió. 

—Ya te dije, nada de disculpas. Anda, te dejaré con Albus, metete en la bañera. Verás como la fiebre desaparece en minutos. 

Asintió. 

—Ay —exclamó sin querer cuando el señor Weasley se fue. 

—¿Scorp?

Sacudió la cabeza. 

—No es nada, solo ayudame, ¿si?

—Claro, ven. 

Notes:

(*) comehuesos: En este fic, lo tomé como criaturas parecidas a las pirañas, pero se meten en la piel y se comen los huesos desde dentro. (No existen, lo saqué de los libros de La Agencia Lockwood, pero lo hice un tipo de criatura y no un tipo de fantasma XD).

Chapter 6: Capítulo cinco La Madriguera P.2

Summary:

Porque James es un adolescente, Scorpius solo se averguenza y Harry se alegra de ver a Draco

Chapter Text

Capítulo cinco 

La Madriguera P.2

Cuando Scorpius despertó descubrió que la luz solar del día también entraba a pleno en aquella habitación. Se movió, llevando las manos a su cabello. Era un desastre. 

Se sentó sobre la cama.

¿Por qué su cabello era un desastre? ¿Por qué había una cama a cada lado de la suya? 

Oh, mierda. 

Entonces lo recordó y volvió a pegar la espada contra el colchón, buscando las sábanas y tapándose hasta la cabeza. 

Mierda

Sentía sus mejillas empezar a arder. 

Mierda

La tarde anterior había sufrido insolación porque al parecer no estaba acostumbrado a exponerse tanto al calor, eso era una versión. La otra, la de la amable señora Molly Weasley, era que su piel era tan blanca que el sol y el calor le jugaron una mala pasada y terminó regañando a sus nietos por no haber cuidado bien de él. 

Mierda

Lo peor era que estaba mal que no había saludado al señor Weasley como corresponde y si su padre se enteraba estaba seguro que en su vida pisaría de nuevo La Madriguera. 

Mierda

Se suponía que los Malfoy no eran unos malditos delicados. 

Carajo

¿Y las camas?

Ah, eso apenas lo recordaba. Resultó que los hijos de la señora Weasley, Bill y su esposa, junto a sus hijos Dominique y Louis Weasley iban a quedarse allí. Charlie, el famoso domador de dragones, también. Todos se habían unido a la aventura de ir al partido de Inglaterra, y el traslador más cercano estaba por la zona. Pero las visitas inesperadas cambiaron la distribución de todas las habitaciones vacías. 

Roxanne, Lily y Dominique compartían una habitación. Louis y Fred compartirán con Charlie. Bill y su esposa tenían una para ellos solos. Aquello dejaba a James, Albus y a él en otra. 

Argh

¿De todas aquellas distribuciones tenía que tocarle con James? 

Cuando escuchó que nadie se movía en la habitación, bajó la sábana y observó. A su derecha estaba Albus. El chico estaba boca arriba, profundamente dormido con las sábanas en el suelo. A la izquierda, James dormía de costado, dándole la espalda. Tal vez fuera buena idea levantarse ahora que dormían y no estar avergonzado allí por lo de la tarde anterior. 

Se movió y se levantó despacio, muy despacio. Tomó su bolso y sacó la mochila de baño que preparó con lo básico: pasta de dientes, cepillo, peine y desodorante. A paso lento, salió de aquella habitación. 

¿Cuál era el baño? 

Dio unos pasos mirando las puerta. Sino recordaba mal era una puerta roja. Se paró al frente y escuchó movimientos dentro, por lo que supo que estaba ocupado. Sin saber muy bien qué hacer suspiró y dejó el pequeño bolso en el suelo, entonces intentó acomodarse el cabello y poder atarlo en una coleta. Sin espejo se sentía un poco torpe, además se había acostado con el cabello mojado y ahora estaba incontrolable. Se preguntó si así se sentía Al todos los días. Empezaba a frustrarse cuando sintió las manos de alguien sobre su cabello, suaves y cuidadosas peinándolo. 

—Déjame ayudarte —se sobresaltó cuando descubrió que era James y sintió las mejillas arder. Justo una de las personas de las que quería esconderse. Carajo —. Es la primera vez que te veo con el cabello como el de Albus. A menos que estés intentando seguir el estilo del Salvador del Mundo Mágico. 

—No. Anoche  ni siquiera lo sequé antes de acostarme y ahora está así —intentó apartar sus manos—. Puedo hacerlo. Ay —se quejó cuando James empujó sus manos de un manotazo. 

—No, desde que estás esperando el baño están peleando por atarlo. Déjame ayudarte, no intento hacerte un desastre —parecía que sabía lo que hacía. Era raro—. Suelo peinar a Lily. Sé hacerlo. Ves, ya está. Pasame la coleta. 

Scorpius le pasó la tira y sintió que James era amable dándole vueltas. Solo por las dudas, cuando James se alejó, revisó si de verdad el cabello parecía estar donde debía, y para su sorpresa, parecía estarlo. ¿En serio James ya no le jugaría ninguna broma?  

—Gracias —alcanzó a decir antes de sentir la palma de James en su frente. Mierda , sus mejillas ardieron más—. Estoy bien. 

—Sí, no tienes fiebre. Es bueno, la abuela estaba preocupada por sí debía escribirle a tu padre. 

Lloriqueó un poco y se apartó hasta pegar el rostro contra la pared. ¿No podía fundirse en ella? Esperaba por Merlin y Morgana la señora Weasley no hubiese mandado ninguna carta, porque conociendo a su padre, correría a llevárselo a casa. 

Finalmente, la puerta del baño se abrió y dejó ver a un hombre bajo, como el señor Weasley, pero ancho como tres espaldas suyas. Llevaba puesta una remera sin manga que dejaba ver brazos musculosos  y llenos de cicatrices. Por el cabello rojo corto supo que era un Weasley. El hombre lo miró y sonrió. Tenía la sonrisa de los señores Weasley, esa bonachona y demasiado amable. 

—Tío Charlie —cantó James.

Oh, el domador de Dragones pensó. ¡Gracias a Merlin James lo había ayudado a atarse el cabello! Se puso derecho y estaba por saludar cuando Charlie, después de abrazar a James lo miró, sonriéndole otra vez. 

—Debes ser Scorpius, ¿verdad? —asintió—. Albus y Rose han hablado mucho de ti. Lo siento, el baño ya está. 

Cuando bajó a desayunar, la mesa estaba repleta, en su mayoría, de pelirrojos, pero Scorpius podía ver castaños y rubios.  

***

Scorpius no podía entender aquella familia. Habiendo saludado como correspondía al señor Weasley y agradecer enormemente a la señora Weasley, había tenido tiempo para pensar. Vincent y Sophie le habían temido  a los Weasley por años. Pero todo lo que él estaba presenciando era gente amable. Incluso Bill Weasley, con cabello largo y heridas en el rostro, lo saludó amistosamente. Fleur, la  mujer de Bill, elogió su estilo de cabello. Dominique y Louis se mostraron preocupados por su salud. 

Era muy cierto que a veces uno juzgaba al aire sin saber. 

La Madriguera era un lugar muy cálido. 

Ese día, de todas formas, Scorpius se lo tomó más tranquilo. Usó una gorra y se aseguró de nada de remeras con mangas y pantalones largos. Finalmente, pudo jugar un partido de Quidditch digno, aunque de vez en cuando una molestía surgía, pero la podía ignorar. Con más Weasley en casa, los equipos se distribuyeron de forma distinta al igual que el juego. En una tarde, se descartó la Snitch y fueron solo duelos de cazador y guardián. 

Dominique, Roxanne eran el equipo Fem.  Lily junto a Fred el equipo Potter - Weasley 1.  James formó un equipo con Louis, llamándose Potter- Weasley 2. Lo que dejaba a Albus y a él como Potter-Malfoy.

Jugaron un mini torneo. La final quedó disputada entre el dúo Potter-Weasley 2 vs Potter-Malfoy, siendo el primero el ganador. Scorpius empezaría a tener un respeto más grande a Vincent.  

A partir de allí, el día pasó tan rápido, que cuando la alarma de su reloj sonó anunciando que debía levantarse para ir al punto de encuentro del traslador que los llevaría al campo donde se llevaría a cabo el partido y donde vería a su padre, se quejó. 

Distraído, mientras se sentaba sobre la cama, miró a un costado. Albus aún no se desesperaba, James en cambio estaba sentado, erguido, con los ojos y la boca muy abiertos. 

—¿Estás bien? —preguntó. James saltó y lo asustó—. ¿Qué? ¿Qué pasa? 

—¡Na-nada! Ve levantando al enano, yo… —lo vio parecer desesperado por saber qué hacer—. Solo… Mierda —James le dio la espalda y huyó de la habitación. 

¿Qué carajos? 

Intentó ignorarlo y hacer lo que se le dijo cuando escuchó a alguien entrar. Era el señor Potter. 

—Buenos días, señor Potter. 

—Buenos días, Scorpius —suspiró al ver a su hijo—. Yo lo despierto. Será mejor que bajes a desayunar —entonces, el señor Potter se acercó pero antes de despertar a Al, puso su palma sobre su frente—. Molly me contó lo que sucedió tu primer día. 

—Ya estoy bien —se defendió. El señor Potter asintió y le sonrió 

—Ya lo veo, pero Molly no estará tranquila hasta que te vea desayunar. Anda, ve. 

—Sí. Los desayunos de la señora Weasley son increíbles —se detuvo cuando se dio cuenta de lo que acababa de decir—. Que Prim y Grip nunca se entere que dije eso. Llorarán muy mal. Y no me gusta ver a los elfos de padre llorar. 

El señor Potter se rió y se selló los labios. 

—De mí no saldrá.

El baño estaba ocupado, como había supuesto. A James le tomó diez minutos salir de allí. Salió corriendo, rojo, y sin mirarlo a la cara. Scorpius de verdad no lo entendía. A Al no lo vio hasta que estaba por la mitad del desayuno. Su cabello estaba como siempre, sus anteojos algo torcidos y los ojos prácticamente cerrados. Scorpius se rió pero lo ayudó a desayunar y luego con su equipaje cuando llegó el momento de emprender camino. 

—Yo lo llevaré hasta que despiertes. El mío lo lleva mi padre, vamos. 

Albus no se despertó hasta mitad de camino. 

***

James no se atrevía a mirar a Scorpius a la cara. El año anterior no le había pasado nada cómo esto, ¿por qué ahora sí? ¿Y por qué mientras compartía habitación con Scorpius? 

Mierda

Era la primera vez que amanecía duro. 

Era horrible. 

Si la habitación hubiera sido individual, tal vez la experiencia hubiese sido otra. Pero no, ¿por qué todo tenía que ser un desastre?. 

En su camino al traslador debió ignorar al chico por miedo a que le pasara allí, frente a todos, por ello decidió ir detrás, mirándole la espalda y no el rostro, los labios sonrosados,  el cabello…

Respiró hondo. 

Mierda

Por las dudas había elegido una remera suelta y larga que podría taparle la parte baja si sucedía algo así. Su padre le había contado que no necesitaba pensar en nada, era natural que pasara, pero eso no lo hacía menos vergonzoso. Podía quedar como todo un maldito pervertido. 

Los 14 años eran una mierda. 

Miró la espalda de Scorpius. 

¿Por qué mierda seguía llevando el equipaje de su primo si el idiota ya se había despertado? 

Alguien lo empujó y miró. Era el idiota de Fred. 

—¿Qué?

—Nada —entonces tosió, pero James escuchó lo que dijo. 

—¡Callate! Eso no es cierto. 

*** 

Draco se había aparecido con Merlina en el lugar del traslador,  su equipaje en mano y papeles como las visas en una pequeña bolsa que llevaba en su mano. No vio  a nadie en la zona, lo que no fue una sorpresa, estaba seguro que los Weasley no se aparecen, sino que vendrían a la forma muggle. 

Merlina se adelantó, balanceando su bolsa de mano, dejando ondear su túnica negra, y observó alrededor, dando una respiración honda. 

—Se ven como unas hormigas, papá Draco. ¿Crees que llegarán a tiempo? —Draco se acercó,  colocando una mano sobre el hombro de su hija. De pronto, se preguntó si no debió haber insistido en que usara algo muggle más fresco. Suspiró, Merlina nunca hubiera aceptado. Solo una persona había logrado que dejara el negro, esa era Astoria. Tragó la sensación de melancolía de la garganta y miró en dirección en la que la chica observaba.

Tenía esperanzas de que Merlina solo exagerara cuando describió a los Weasley como hormigas a la distancia, pero no. Sacó su reloj. 

—Llegarán —dijo, más para convencerse a sí mismo que por creerlo en realidad. Potter había mejorado su puntualidad con los años, al menos esa era su conclusión por los informes de su madre. Pero no podía dejar de sentir que Potter era ese tipo de hombres que tentaba al tiempo siempre—. Ven, busquemos el traslador mientras tanto. 

—Es obvio cuál es —dijo la chica. Draco la miró, interrogandola. Marlina apuntó una lata de comida envasada oxidada. 

—De acuerdo. Solo debemos esperar. 

Merlina se cruzó de brazos y él se movió un poco incómodo y volvió a observar a las pequeñas figuras que se hacían más grande a medida que se acercaban lentamente. Podía distinguir a Potter. Su forma de caminar era reconocible aun cuando su cabello desastroso no estaba a la vista. La figura de Scorpius se hizo más clara cuando pudo distinguir la ropa. Su hijo llevaba una gorra, y era el único. Empezó a contar, entonces se dio cuenta que venía más gente de la que esperaba. 

Más Weasley, pensó. 

A medida que se hacían más claros, efectivamente, se trataba de más Weasley. Si bien no debía sorprenderse ya, lo cierto es que a Draco le sorprendió ver a su hijo caminar cómodo entre Weasley pelirrojos, rubios y los chicos Potter. 

Posó sus ojos sobre Potter. Harry . Este ya lo había visto y veía dedicándole una sonrisa que lo puso nervioso ¿Desde cuando Potter se alegraba de verlo?

Entonces, tres personas aparecieron a su lado. Sonrió cuando vio a Greg y a los mellizos. 

Chapter 7: Capítulo seis Inglaterra Vs Francia

Summary:

Porque James y Harry necesitan acercarse a Scorpius y Draco.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Capítulo seis

Inglaterra Vs Francia

Draco suspiró cuando el traslador (*) dejó de dar vueltas y escucharon a dos personas recibirlos. De inmediato extendió sus entradas y permisos al mago más cercano. Notó que el empleado del Ministerio lo miró con algo de aprensión. Lo vio querer echarles la misma mirada a sus hijos pero se puso delante. Si pudiera evitar que Scorpius y Merlina recepcionaran esa mirada, lo haría, sin embargo, mientras se deslizaba para obstruir la mirada de aquel ingrato, se chocó con el hombro de alguien más. 

—¿Sucede algo, Runcorn? —Era Potter. A Draco casi se le salieron los ojos de las cuencas cuando lo vio allí, lanzando la peor de las expresiones al empleado y compañero suyo en el Ministerio mientras posaba una mano sobre sus hombros. 

—Señor Potter —Draco intentó recomponer su expresión y prestando atención al hombre que seguía teniendo sus papeles en mano. A Runcorn los ojos se le fueron a la mano de Potter sobre su hombro—. ¿Vi-vienen juntos, acaso?

Los dedos de Potter se unieron con firmeza en su piel. Potter y el complejo de debo salvar a todos , pensó. Intentó sacudirse, cuando Potter habló:

—Sí, vengo con Draco —El rostro del tal Runcorn se desfiguró—, ¿es eso algo que debes preguntar? Pensé que el trabajo era revisar que las entradas y documentos de los menores estuvieran en orden. 

Draco apretó sus labios. ¿Qué demonios estaba haciendo Potter? ¿En serio creía que era una maldita persona en apuros? 

Maldición, lo era. 

—Sí, sí —Runcorn leyó los documentos en sus manos y se los pasó a Draco, no sin volver a mirarlo con disgusto—. Aquí tiene, Malfoy.

Draco se aguantó las ganas de arrebatarles sus documentos  de las manos.

—Scorpius, Merlina —llamó, colocando una mano sobre la espalda de Marlina que estaba más cerca y  que escuchaba algo que le decía Sophie. Unos metros más lejos, Vincent, Albus y Scorpius habían empezado a interactuar anécdotas de estos días—. Vamos —su hijo lo miró mientras Greg avanzaba mirándolo con la boca abierta y le tendía sus documentos a Runcorn. Draco sabía lo que estaba mirando: la mano de Potter aún sobre su hombro—. Te esperamos fuera del círculo, Greg. 

—Claro, Draco. 

Si pensó que Potter lo soltaría, se equivocó. Al contrario, le sonrió, aun con su mano en su maldito hombro, donde la piel empezaba a quemarle, y llamó a sus propios hijos. Por supuesto, sus papeles habían sido los primeros en ser registrados y aprobados. Potter podía ir sin papeles y cualquiera lo dejaría pasar. Este año nadie decía que estaba de la cabeza. Mañana tal vez fuera otra cosa después de esta escena.

—James, Al, Lily —llamó Potter—. Vamos. Esperaros fuera del círculo a los demás, debemos dejar espacio. 

Draco sintió la mirada fija de Merlina en  su persona y estaba empezando a ponerse incómodo. Potter era el padre del mejor amigo de su hijo, no podía simplemente explotar allí, por lo que se tragó aquella mano que seguía sobre hombro pacientemente hasta que sintió que Scorpius y Albus estaban demasiado inmersos en sus predicciones para darse cuenta cómo se sacudía la mano de Potter.

Contó hasta diez para no decir lo que realmente quería y deseaba, y luego, se alejó dos pasos y dijo, mirándolo a la cara porque ya no era un cobarde:

—Gracias —en voz más baja agregó—: Aunque podría haber lidiado con él solo. Lo vengo haciendo desde hace 22 años, Potter 

Potter pareció, finalmente, darse cuenta de lo que había estado haciendo y llevó su mano a su cabello. 

—No necesitas desordenarlo más —se le escapó—. Ya lo tienes como si no lo hubieras peinado en años, basta. 

Potter se detuvo y optó por llevarse la mano a su espalda. Parecía un niño siendo regañado. 

Argh

Entonces llegaron Bill Weasley y su mujer, también  Charlie Weasley junto a su padre. Draco les rehuyó la mirada y la desvió en dirección a Greg y los mellizos. Acababan de dejarlos pasar cuando un grupo de tres hechiceras apareció en la zona. 

—Nunca debiste aguantar nada de eso —le susurró Potter. Draco no pudo evitar mirarlo—. Ni hace 22 años, ni ahora. 

—Potter, entre lo que  debe y no debe suceder hay un abismo. Hay muchas cosas que no deberían de suceder, pero suceden. Pasan. Por ejemplo, nadie debería llamar a una niña de once años maldita, pero lo hacen, y son ejemplares que se venden cien veces más que los normales —Draco le hubiera gustado decir nadie debería festejar la muerte de una madre, aun salían a tirar fuegos artificiales en honor a la muerte de Astoria. Pero no quería ir por ahí. No iba a tener un episodio de respiración allí frente a los Weasley, y menos frente a sus hijos. 

Potter emitió un gruñido y Greg, que estaba cerca, se asustó y se alejó. Los mellizos se cohibieron. Draco maldijo para su adentros, ya quería irse a su parcela en el camping.  

—No me lo recuerdes —susurró Potter, y viendo a Greg agregó—: Lo siento, Goyle. No era contra tí, hablábamos del maldito Profeta. Chicos, vamos. Vamos, será mejor que vayamos a nuestras parcelas. 

Empezaron la caminata cuando la conversación giró en torno a las locuras que el periodico mágico escribía. No quería escuchar nada al respecto, menos cuando Merlina caminaba a su lado. La guió, adelantando los pasos cuando notó que alguien intentaba seguirlos, fue cuando escuchó: 

—Merlina, espera —se trataba de la hija de Potter, Lily—. Estoy tratando de hablar contigo desde hace rato —se quejó. 

Antes de que su hija dijera algo fuera de lugar, decidió echarse la culpa. 

—Lo siento —dijo—, no era mi intención alejarla—Draco juró ver un tic nervioso en las cejas de Merlina. Apremió su hombro—. Anda, camina con Lily, Merlina. 

Esperó con ansias el momento en que su camino con Potter y Weasley se dividieran, pero  eso, una vez adentrados en el campamento, que para variar estaba bastante concurrido solo para ser un partido pre mundial, no pasó. No creía haber conseguido un lugar cerca de ellos. 

—Oye, Potter —preguntó cuando de repente vio una cabeza pequeña roja conocida. Era la amiga de su hijo, quien ya los había visto y corría hacia ellos. Rose Weasley se detuvo indecisa cuando vio a Scorpius. Draco pensó que aquello era extraño pero entonces vio a Weasley Ronald. Hubo varios saludos, de los cuales Greg volvió a sorprenderse. Finalmente, sus caminos se apartaron y empezó a avanzar con un callado Greg. 

—Padre —llamó Scorpius cuando sentía ya las voces Weasley perderse a su espalda. Inspeccionó a su hijo, parecía bien y normal. Tal vez el intercambio raro con Rose hubiera sido sólo su impresión. 

—¿Sí? —Scorpius se adelantó a Vincent y Sophie y caminó a su ritmo.

—¿Por qué no tenemos la parcela al lado de la familia de Al? 

—Creo que Scorpius intenta decir que desea cambiarse el apellido, papá Draco —intervino Merlina—. No sé porque te urge tanto, en cuatro años podrás casarte y adoptar su apellido —su hija le susurró algo a Scorpius en el oído que no escuchó, para su desgracia, y a su hijo se le incendiaron las mejillas y las orejas. 

—¡No! Eso no… ¡Mer! 

—Scorpius —llamó su atención. Las mejillas de su hijo se pusieron coloradas. Estaba enojado por el comentario de Merlina, lo entendía, pero no toleraría el tono de voz—. Merlina, Scorpius no dijo eso. 

—Simple análisis semántico. 

Draco respiró hondo. De vez en cuando pasaba esto, actuaban como lo que eran, adolescentes. 

—Scorp, sé que quieres estar con tus amigos. Tendrás tiempo, solo debemos armar la carpa, guardar las cosas, y serás libre hasta la hora de entrar al estadio. Es más, todos los asientos están en el mismo sector, eso sí me lo aseguré —era cierto, muy a regañadientes, y por idea de Potter realmente. 

—De acuerdo —Scorpius se quedó a su lado unos metros y preguntó en voz baja—: ¿Cómo has estado, padre? —parecía precavido, examinando sus facciones. Se sintió emocionado por la preocupación de su hijo. Le devolvió una sonrisa de la forma que pudo. 

—Merlina me ha cuidado muy bien, como le pediste que hiciera. Aunque te he extrañado, debo decirlo. 

Su hijo sonrió de repente y lo abrazó. 

—Yo también te extrañé, padre. Por cierto, ¿podemos armar la tienda al estilo Muggle? Albus lo hará así, me gustaría probar, ¿podemos?

Supo que debía componer las expresiones en su cara cuando vio la expresión de horror de Merlina. Merlín, esa niña se parecía de alguna forma tanto a él que estaba seguro su hijo le reclamaría si decía algo fuera de lugar. Tragó, con cuidado antes de asentir. 

—Podemos intentarlo. Pero si la cosa se nos va de las manos—

—Podrás usar magia, lo tengo. Gracias, padre. 

Siguieron caminando cuando escuchó claramente la voz de Merlina cerca de Scorpius. 

—¿Lo dijo Albus o su hermano James? 

Escuchó la voz de Sophie responder.

—Fue Albus. No paró de hablar de las veces que ha ido de camping con su tíos y que siempre hacen todo de forma muggle. 

—Pues a mi me parece algo aburrido y complicado —se quejó Vincent— Papá —Draco giró para ver la cara de Greg—, nosotros hagámoslo como magos —la forma en que su amigo respiró aliviado le hizo reír. 

Había sido una buena idea salir de Malfoy Manor. 

*** 

Albus observó a Rose, sentada en en los asientos que él solo tocó para dejar la campera. Su prima parecía en una conversación más interesante que el Quidditch con Dominique. Sacudió la cabeza, estaban en un partido de categoría mundial. 

Mujeres

—Tío Bill dijo que hay más personas de las esperadas, que parece una final —le gritó Albus a Scorpius sobre los gritos y aplausos de las personas mientras anunciaban a la selección de Inglaterra y ellos mismos rompían en aplausos.

—Albus —gritó Scorpius—, es la primera vez para Vincent, Sophie y para mi en un partido —le dijo, sonriendo de oreja a oreja. Scorpius le había contado ese detalle la segunda noche en La Madriguera. Debido al rechazo usual de las personas, su padre jamás lo expuso a ese nivel. 

Para ser honesto, Albus hace años no presenciaba un partido de Quidditch de esta forma. Cuando era apenas un niño y su madre vivía, como era periodista deportiva, solían ir a los juegos todo el tiempo. Pero cuando su madre falleció su padre dejó de llevarlos. Era bueno volver y ver las cosas con nuevos ojos, rodeado de amigos. 

¡Merlín! Incluso James parecía genuinamente emocionado, porque no le importaba siquiera estar al lado de Scorpius y sonreír como estupido. Aunque venía comportándose muy bien con él desde que llegó a La Madriguera. Observó a su hermano gritar, con una sonrisa de oreja a oreja mientras Fred aparecía con unas banderas del equipo. 

Albus se sentía emocionado por cómo su familia estaba tratando a su amigo. Además, comprobó que se comportaban bien incluso con el señor Goyle. 

¡Merlin y Morgana! Hasta su padre ahora podía tener conversaciones decentes y nada incómodas con Draco Malfoy. 

Sonrió cuando su tío Charle se acercó y les tendió unas banderas a Scorpius y a él, luego lo vio ir hacia Lily. Para su hermana  era como la primera vez que iba, seguro era demasiado pequeña para recordar algo así. Ella estaba de pie con su tío Bill y tía Freud cuidándola, mirando todo con esos ojos curiosos tan Lily, junto ella estaban Hugo y Merlina. La hermana de Scorpius era lo opuesto a su hermana. Parecía detestar estar allí. A Albus le dio un poco de risa ver su expresión cuando sintió que alguien se ponía a su lado y se reía también. Se trataba de Sophie y…

Mierda

La chica seguía más alta que él. Se cohibió y trató de volver a concentrar su atención en la presentación del equipo de Francia. Entonces escuchó que Sophie seguía riendo y volvió a mirar. Estaba por preguntarle qué carajos le parecía tan gracioso cuando notó a su primo Louis con ella. 

Ah

Entonces, su estado de ánimo decayó un poco. Suspiró un par de veces hasta que Scorpius se acercó a él y lo obligó a mirarlo. 

—¿Qué sucede, Al? 

Albus sacudió la cabeza. 

—Nada —pero echó una mirada a Sophie que seguía riéndose de lo que sea que Louis estuviera diciéndole. Regresó a observar a su amigo, ahora hasta Vincent estaba con ellos, aplaudiendo y mirando todo con mirada emocionado cuando de repente, vio a James tomar la cintura a Scorpius y de esa forma, acostándose sobre su espalda,  se acercó a él. 

—¡Demonios, Al! ¿Hace cuánto no veníamos a un partido? 

—Me haces cosquillas —rió fuerte Scorpius, intentando sacudirse a James. (**)

—Lo siento —James entonces se apartó y regresó con Fred. 

Vincent tenía el ceño fruncido y se inclinó un poco más, alzando la voz. 

—¿En serio hace mucho no vienen a un partido? Pero ustedes podrían venir las veces que qui—se calló cuando Scorpius le tapó la boca con una mano. 

—¡Vincent, tacto! —Scorpius lo miró como entendiendo la razón—. No le hagas caso, es solo que… bueno, es nuestra primera vez… ¿estás bien? ¿es por eso que te pusiste triste? —había bajado la voz acercándose otra vez. 

—¿Qué? No. Estoy bien. No estoy triste. 

No lo estaba. 

¿Qué carajos estaba pasando con él? 

Acababa de abrazar a Scorpius para volver a prestar atención al partido cuando una cabellera furiosa roja se interpuso entre ellos. Rose. 

—Vaya, ¿ahora te interesa el Quidditch? 

Su prima lo ignoró. 

*** 

Ver un partido después de años de no presenciar uno fue para Harry más difícil de lo que creyó. Hubo un momento, especialmente cuando anunciaron a los miembros de Inglaterra que creyó no lo lograría y que debería de salir de allí corriendo. Pero dos cosas lo ayudaron a quedarse. La primera fue sin duda sus hijos. Lily estaba fascinada con lo que veía, no dejaba de parlotear con Hugo y Merlina aunque ella no la escuchara, o eso aparentaba. La segunda, Draco, no podía dejarlo cuando el hombre le confesó que el último partido que había visto era el de cuarto año. 

—Espera —había dicho, volviendo a mirar a sus chicos, esta vez centrándose en Scorpius y en los mellizos—. ¿Es la primera vez que vienen a un partido de Quidditch? —buscó a Goyle que se encogió de hombros. 

¡Merlín! Su primera vez viendo un partido había sido la última de Draco.  Ok, eso sonaba horrible. En fin, pero él era criado por muggles, Scorpius y los mellizos pertenecían al mundo mágico. Miró una vez más. La emoción en Scorpius le recordó la suya a sus 14 años. 

Entonces, se olvidó de que había dejado el Quidditch en memoria a Ginny cuando Draco y Greg empezaron a hablar del partido, los jugadores y demás. Sin querer, o queriendo, se vio envuelto en los razonamientos de Draco. Parecía concentrado, y desde la última vez que lo vio parecía mejor, a gusto estando al aire libre. Sonrió sin proponérselo. Ya no tenía idea lo que decía, pero no podía dejar de mirarlo. 

¡Merlín! Harry hasta se olvidó de Hermione y de Ron. Solo se percató de ellos cuando, en medio de la emoción del partido, se había acercado a las barreras con Draco y perdido totalmente en el juego. Entonces, se dio cuenta que no quería volver a la carpa y enfrentar a su amiga. Hermione tenía esa mirada, esa mirada que seguro acababa de descifrar algo que aún no quería compartir. 

Por ello, en ese momento estaba en la tienda de Draco, con una copa de Whiskey de fuego. Tal vez no debería de tomar, pero al igual que Draco, había encomendado a sus hijos en la tienda con los Weasley. Goyle estaba en su tienda, se veía incómodo con su presencia, y Harry no le dio lugar. Él no quería irse y fue Goyle quien se fue. 

—Dijiste —empezó cuando tomaba su tercer vaso—, que no has asistido a un partido desde que tenías 14 —Draco asintió—. ¿Sabes que yo dejé de asistir después de que Ginny falleció? 

Mierda , ¿por qué de todas las cosas que podría decir, mencionaba a su fallecida esposa? 

Así no se liga, Potter , le regañó una voz en su cabeza. Otra estalló furiosa, no puedes ligar con alguien que acaba de perder a su esposa. Empatiza con el. Potter. 

Pestañeó, confundido. Buscó la mirada de Draco. Estaba inmovil, mirándolo con cautela. No le dijo nada durante… ¿horas? No, tal vez fuera minutos. Observó el vaso en sus manos, lleno. 

¿Cuántos vasos llevaba? 

—Estar allí arriba —dijo y pestañeó otra vez, ¿tenía veritaserum el maldito Whiskey?—, me costó mucho —aclaró su garganta—, hasta que vi a mis hijos… —ok, era momento de morderse la lengua. No podía decirle que también hasta que lo miró a él y se olvidó momentáneamente de su mujer muerta. Draco no necesitaba esa información aun. Tal vez nunca. 

—Potter —Harry alzó la mirada. Draco tenía las mejillas algo rojas por el alcohol, y aun así, bebió a fondo lo que le quedaba en su vaso. Sus ojos estaban rojos—. ¿El dolor se va? ¿La olvidas a veces? ¿La extrañas? —preguntó. 

Harry tragó, sintiendo una fea pelota en la garganta. Fue honesto. 

—No, el dolor no se va,  pero con el tiempo se hace soportable. Puedes lidiar con él. No es que la olvide en sí.  Puedo vivir, debí aprender a hacerlo, por mis hijos. Por mis amigos. Por Molly. Pero principalmente, por mis hijos. Aprendí que tampoco puedo estar solo siempre. Eso no es olvidarme de ella, ¿sabes? —suspiró. Eso era algo que tenía muy claro. Especialmente ahora que estaba jodido. No sentía que le era infiel, al contrario, sentía que le demostraba que había salido adelante, que vivía, como Ginny hubiera querido que hiciera, sin atascar su vida a un recuerdo—. Y sí, muchas veces la extraño. Cuando debo hablar con los niños. Hace dos años cuando James fue un idiota con tu hijo, la necesité, ¿sabes? El año pasado cuando agarró novia también. Yo sólo no sabía si podría hacer algo. Y ahora que tiene 14 y debo hablar cosas con él… ni siquiera sé cómo haré eso. Y ni hablar con Lily. Por otro lado, tú no tendrás ese problema, eres muy bueno con los chicos. Aun recuerdo lo que hiciste con Vincent, Draco… 

Se calló cuando escuchó una respiración honda. Levantó la mirada. Draco tenía una mano sobre su pecho y con la otra se cubría el rostro. Sus hombros se sacudían. Hubiera corrido a su lado si no supiera que Draco hubiera odiado el gesto. Se quedó donde estaba, tomándose de una sola vez el contenido de su vaso y sirviéndose más. Le dolió y casi corre a su lado cuando escuchó un sollozo, pero entonces…

—Quédate donde estás, Potter. 

Al menos, Draco no lo estaba echando. 

—No veo ni escucho nada, Malfoy. 

Pero cuando volvió a escuchar aquel terrible sollozo, recordó que ya lo había escuchado llorar antes, y él lo había atacado. 

Fui una persona horrible , pensó. Hoy, Draco cargaba con esas cicatrices y otras que no se merecía. No podía soportarlo más y se levantó de la silla. No le importó que casi se cayera, él llegó hasta Draco y apretó su hombro que sufría sacudidas dolorosas. 

—No puedes quedarte sin hacer nada, ¿verdad, Potter? 

—Esta vez —dijo—, no voy a dejarte solo. Sé lo que estás pasando. 

—Maldición, ya callate.

Notes:

(*) Traslador:objeto encantado para enviar a la persona que lo toca a un lugar específico.

(**):Nada, solo espero vean a este James "histeriqueando" xD

Gracias totales por leer

Chapter 8: Capítulo siete El Ataque

Summary:

Atacan el campamento por "todos" los marcados que asistieron.

Chapter Text

Capítulo siete

El Ataque

 

¡Scorpius se la estaba pasando tan bien! Era su primera experiencia viendo un partido de Quidditch. Inglaterra no sólo había ganado, sino que el partido estuvo reñido y se vio envuelto en emociones más fuertes que las que solía tener en los partidos del colegio. Además, ayudaba muchísimo no tener gente alrededor llamándolo Hijo de Voldemort y susurrando Muerte a los mortífagos  o acusándolo de ser uno él mismo. Es decir, sí, hubo adultos que le dedicaron una mirada como si miraban la basura, pero estaba acostumbrado a eso, y estar con  Albus y sus otros amigos lo hacían todo más fácil. 

¡Merlín! Hasta Vincent no paraba de conversar de otra cosa que no fuera el escenario, el referí, los jugadores, las propagandas en las pantallas. 

Scorpius entendía las razones por las que nunca ninguno de ellos pisó un estadio antes, pero no dejaba de molestarle haber estado privado hasta ahora de poder hacerlo. Lo bueno era que la emoción era colectiva, incluso los que fueron alguna vez a un estadio estaban emocionados. 

Ahora mismo estaban en la tienda que el abuelo de Al. El señor Weasley hablaba con su hijo Charlie y Bill. 

Albus, James, Fred, Sophie, Vincent, Hugo, Lily e incluso Louis aún estaban conversando de las mejores jugadas de la noche. Rose intentó integrarse pero desconocía tantas cosas que al final se apartó con Dominique y Roxanne que las siguió. Merlina, que estaba con él, estaba dormida en un sofá algo raído. Apenas entraron a la carpa, la vio deslizarse y no se volvió a levantar hasta que el señor Weasley les informó a los mellizos y a él que era momento de volver a su tienda. Scorpius se acercó a su hermana y la movió con suavidad, acercándose a su oído para que los demás no escucharan:

—Sé que no estás dormida, Mer. Anda, ya nos vamos.

Era cierto. Scorpius se había dado cuenta, él sabía cuando la chica solo quería mantenerse fuera del círculo social. Se lo concibió porque Merlina no acostumbraba a compartir tanto con otras personas y se portó bien con Lily y Hugo. Como siempre, Merlina hizo un buen acto al aparentar acabar de despertarse.  

—Yo los acompañaré  —Bill Weasley se puso de pie. 

—No hace falta —Vincent se negó, pero Scorpius puso una mano sobre su hombro y vio a Sophie hacer lo mismo del otro lado. Sabía que la razón de negarse era el miedo que sentía aun por los Weasley. Era automático. Vincent se sonrojó—. Lo siento, está bien. Sí, gracias. 

—¿Puedo ir, papá?—Louis se mostró interesado en acompañarlos y su padre aceptó. 

—Nos vemos mañana, Al —saludó a su amigo y agitó la mano para James y los demás. Pasó su brazo alrededor de Merlina y le dio un suave pellizco, sólo entonces su hermana también se despidió. 

Era inevitable ir por el camino y seguir conversando con Vincent sobre el partido mientras detrás escuchaba a Louis y a Sophie conversar. Vincent se quejó que era una lástima que el abuelo de Thomas no le gustara que le enviaran lechuzas. 

—Y mi padre no quiere saber nada con tener un felefono

—Teléfono —le corrigió Scorpius, sonrojándose. Lo habían corregido tanto que ya se acordaba el nombre del aparato. En ese momento, notó a Bill Weasley muy cerca de ellos.

—No serviría de nada. Seguro que alrededor de tu casa hay demasiada magia para que un teléfono funcione. Nosotros lo intentamos. Victorie tiene unos amigos muggles, pero también nos rodea mucha magia. 

—Lo que a mi me gustaría que tuvieramos es un telem… no…¿cómo era? Televisores . O que los comentaristas de Quidditch mejorarán.  

Escuchó un suspiro de disgusto de parte de su hermana cuando una explosión de luz cayó frente a ellos y la fuerza los empujó hacia atrás, levantando polvo alrededor de ellos. Scorpius sintió que se le escapaba el aire cuando cayó al suelo de espalda. 

Merlina pensó cuando todo desapareció a su alrededor.

***

Lo último que Harry recordaba era haber apretado el hombro de Draco deseando hacer algo más para que se sintiera mejor, al segundo siguiente, escuchaba gritos desesperados y leves explosiones. Abrió los ojos de golpe y se incorporó de un salto. 

¿Qué carajos? 

Estaba oscuro. La vela en medio de la mesita estaba totalmente derretida, pero veía luces moverse a través de la tela de campaña. 

—¿Qué pasa? —preguntó, mirando a todos lados mientras deslizaba su mano para sacar su varita e invocar un lumus —. ¿Draco? —llamó, con el corazón en la boca. Intuyó que algo muy malo ocurría porque los ruidos del campamento parecían distintos y más fuertes.

Pronto, una horrible sensación de deja vú lo asaltó. 

No

—¿Draco? —volvió a llamar, de pie, buscando. 

Empezaba a entender los cantos afuera. Su corazón cayó al piso. 

—¡Draco! 

Los cantos eran más claros. 

No, mierda.

No

—¡Muerte a los mortífagos!

—¡Muerte a los mortífagos! 

—¡Muerte a los mortífagos!

 Los cantos no cesaban. Se oían gritos y podía escuchar pasos de gente huyendo. Entonces, la puerta de la tienda se abrió y estiró la varita, deshaciendo el Lumus, listo para la defensa. 

—¡Draco! —gritó el intruso, retrocediendo con las manos en alto cuando lo vio—. Potter. 

—Goyle —Harry bajó de la varita, pero el Goyle se había puesto pálido. 

—Tú… —balbuceó Goyle. Entonces Harry comprendió que pensaba que le había hecho algo a Draco. 

Goyle, no hay tiempo. Yo no he hecho nada —dijo—. No sé dónde está Draco. También lo estoy buscando. ¿Qué está pasando ahí afuera? 

Terminó de hacer la pregunta y una explocíón eclosionó a espalda de Goyle y hasta Harry fue impulsado hacia atrás con fuerza. 

—¡Muerto a los mortígafos! —gritó alguien. 

Harry se levantó aturdido. A su lado, Goyle se quejó y logró levantarse. Harry miró al frente, un mago bajito, rechoncho, pelado y con bigote les apuntaba con su varita. Creyó haberlo visto antes. 

,  estaba seguro que se trataba de un seguidor de Catherine. No, de Lewis. 

Argh

Ahora, con media tienda desintegrada, notó la luz de fuegos que ardían, pudo ver a gente que corría, asustada mientras se escuchaban ruidos como de disparos por todas partes. Los gritos de Muerte a los mortífagos se hicieron más y más fuertes.

Harry ardió en ira. ¿Cuántas veces le dijo al Ministro que tenían que hacer algo con el grupo desintegrado de Lewis? ¡Y no quiso hacer nada! Y aquí estaban las consecuencias. 

Caminó cerca de Goyle. 

—¿Estás bien? —lo ayudó a levantarse. Goyle aceptó su ayuda con algunas dudas. Cuando logró estabilizarse, su rostro era puro horror. 

—Potter… ¿Crees que mis hijos… ?

Harry cerró los ojos. Scorpius , pensó. 

Por supuesto. Draco debió de haberse despertado primero y salir corriendo por Scorpius. 

A continuación, apareció una fuerte luz de color verde que iluminó la escena. Alcanzó a tomar a Goyle y esquivar la maldición imperdonable. 

*** 

Scorpius sentía zumbar sus oídos. ¿Qué había sucedido? Abrió los ojos. Estaba boca arriba, tirado sobre el suelo. La gente gritaba a lo lejos. Cerró los ojos y se quejó. 

Recordó. 

Había llegado el momento de volver a la tienda de su padre, Merlina hizo su puesta en escena, como despertando de un descanso. Bill Weasley se ofreció a llevarlos a su tienda y su hijo Louis se unió de inmediato y se la había pasado el camino hablando con Sophie mientras él y Vincent caminaban con una Merlina silenciosa cuando…

Cuando una explosión los había sacudido. 

Merlina

Abrió los ojos y se puso de pie. 

—¡Merlina! —gritó, mirando a todos lados. Fuego, luces, gente corriendo—. ¿Merlina? —volvió a gritar. Vio una túnica negra a unos metros y se arrastró—. Mer —las lágrimas empezaron a formarse en los ojos. No podía perder a su hermana. Ya había perdido mucho. Escuchó pasos y sacó con urgencia su varita apuntando. 

—Scorpius, soy yo. Bill Weasley —Scorpius bajó la varita de inmediato notando la silueta de Vincent con su hermana. Sophie sangraba de algún lado pero Louis estaba a su lado, limpiándole el rostro. Bill Weasley se acercó—. ¿Cómo estás?

—Mer está inconsciente —lloró—. Alguien nos atacó —susurró mientras revisaban a su hermana. 

—Descuida, ya me encargué del atacante. Pero debemos alejarnos —Scorpius lo vio revisar la cabeza de su hermana—. Creo que está— —Bill se interrumpió y apuntó con su varita a algún lado—. ¡Descenso! 

Casi al mismo tiempo, alcanzó a escuchar un:

—¡Muerte a los mortífagos! 

Una luz verde buscó ir en su destino, sin embargo, la mujer  que lanzó el imperdonable salió disparada hacia atrás, cambiando de esa manera la dirección de su ataque. 

—Vamos —urgió Bill. 

Scorpius estaba por ayudarle a alzar a Merlina cuando su hermana empezó a abrir los ojos. 

—¡Oh, Mer! —la abrazó, levantándola en el proceso—. Tenemos que irnos. 

Merlina, sin embargo, tenía la mirada perdida. Con horror, Scorpius vio que una gota de sangre se deslizaba por su frente. Su hermana estaba herida con un golpe en la cabeza. No tuvo más tiempo de preocuparse ya que Louis lo empujaba junto a su padre. A medida que avanzaban, vio a Merlina comprender la situación y Scorpius la tomó más fuerte por la espalda. 

—Papá —lo escuchó decir a Loius—, ¿crees que los demás estén bien?

Rayos pensó Scorpius. Sus amigos, Albus, su hermano, su hermana. La hermana de Louis. Su primo Fred y su prima Roxanne. 

Padre pensó de repente. Sintió a Merlina apretarlo con fuerza. Ella estaba pensando lo mismo. Las lágrimas se deslizaron mientras el miedo lo atravesaba. 

—Por supuesto que sí, Louis —respondió apurado Bill—. Vamos. Debemos ir con ellos —les echó una mirada—. Sus padres también deben estar bien. No se preocupen, están con Harry después de todo. 

Bill Weasley tenía razón. El señor Potter era el Salvador, el que derrotó a Voldemort. Notó que llegaban a la carpa. El señor Weasley estaba allí con…

—¡Scorpius!  —gritó James Potter aliviado. 

***

Ron y Goyle caminaban junto a Harry, quien ahora lucía su insignia de Auror como Ron. Su amigo apareció en el momento justo antes de que hubiese cometido una locura. Estaban avanzando entre las tiendas de campaña, ayudando a las personas heridas. 

Había visto a Teddy por ahí también. Las cosas se estaban ordenando y al parecer habían capturado a todos los que andaban gritando Muerte a los mortífagos . Hasta ahora, ninguna víctima era un mortífago y no lo habían sido jamás. 

Maldición

Por más que le hubiera explicado a Goyle que Draco de seguro estaba donde sus hijos, él mismo no podía parar de buscarlo y preocuparse. Ya había lanzado un patronus para preguntar por todos, por Albus, James, Lily… Draco. Pero Hermione no le daba una respuesta aún. 

Mierda

Le dolía la cabeza. Su corazón estaba tan asustado. Finalmente, una nutría se acercó. 

—Hermione —susurró, deteniéndose y obligando al resto a hacer lo mismo. Goyle se pegó a su hombro. 

—Los niños están bien, Harry —la voz de Hermione salió del Patronus—. Bill se había llevado a Scorpius, su hermana y los mellizos pero regresaron a salvo —entonces, la voz de su amiga vaciló—. Malfoy no está aquí, Harry. Pensé que estaba contigo. 

Si algo de la borrachera había quedado en él, bueno, acababa de desaparecer. Enfrentó a su amigo. 

—Ron, iré a buscar a Draco. Acompaña a Goyle con sus hijos —vaciló—. No le digan nada a Scorpius, al menos no todavía. 

—Harry —Ron parecía querer detenerlo pero se alejó antes de darle la oportunidad de decir algo más. 

*** 

Draco apenas sentía su cuerpo. 

¿Cómo había sido tan estupido? ¿Cómo había bajado la guardia de esa forma? 

¿Por qué había tomado tanto?

Carajo

Cada parte de su cuerpo dolía mientras el hombre delante sonreía desquiciado. Estaba haciéndolo a propósito. Lo estaba disfrutando, por eso aún no había lanzado un avada . Era un hombre viejo, lo suficiente para haber sido víctima en la primera guerra. Le debería tener mucho odio. 

Mierda

Él solo quería llegar a Scorpius y a Merlina. 

¡Oh, Merlín y Morgana! Que estén bien, pidió cerrando los ojos al ver levantar la varita a aquel señor y gritar:

—Crucio. 

Cada músculo de su cuerpo se contrajo, el dolor empezó de inmediato y gritó hasta que su garganta dolió. Escuchaba la risa desquiciada. 

Se equivocó al pensar que podría salir de casa y no sufrir ninguna consecuencia. No debería de haber ido nunca. Sabía lo que podría pasar, no importaba que parte del mundo mágico se sintieran más cómodos bajo su presencia, siempre habría alguien que querría tomar las cosas con sus manos. 

—Mataste a Catherine y el Ministerio te respalda, sucio mortífago. 

Karma , se dijo mientras sentía como le sangraba la garganta por sus gritos de dolor y sentía como sus huesos estaban a punto de romperse en miles de pedazos. 

Esto había sucedido en el pasado, hace muchos años. Un grupo de mortífagos decidieron jugar con otros magos, brujas y muggles simplemente por pura diversión, y si bien él no participó, sí que se había reído del espectáculo.

¿Por qué no solo le lanza ya un maldito avada y termina con su dolor?

—Secuestraste a Lavander Brown pero la obvliaviataron. ¡Crucio! Tienes todo el maldito ministerio a tu favor, maldito desgraciado.  ¿Sabes a quién mató tu amaba tía? 

Oh, no. 

Esto era por su tía Bellatrix. 

—¡Crucio! —volvió a gritar aquel hombre.

¿Quería acaso torturarlo hasta la locura? 

De repente, escuchó una nueva explosión y su cuerpo dejó de sacudirse. Su garganta descansó, pero aun quería gritar, le dolía todo el cuerpo. 

¿Cuántos huesos se me han roto ya?

Esperaba el nuevo crucio. Sus pasos se acercaron. Draco no podía abrir los ojos. ¡Le dolía tanto todo!

Que no dejen que Scorpius ni Merlina me vean, pensó. 

Mierda

—¿Draco? —¿ Potter ?—. Mierda, déjame llevarte a San Mungo. 

¿Era Potter? ¡Oh, rayos! Intentó hablar, Potter debía saber cómo estaban sus hijos, pero cuando sintió las manos de Potter sobre su espalda se quejó.

—Lo siento, pero tengo que llevarte a San Mungo de alguna manera, Draco. ¡Oh, maldición! —Draco intentó hablar otra vez—. ¿Qué?  

—Sco… 

—Scorpius y Merlina están bien. Están con Arthur y todos los niños. Goyle está con ellos también. Deja de moverte, debo llevarte a San Mungo. 

—No van a atenderme —dijo apretando los dientes cuando Potter lo acomodó a su lado. ¿Pensaba Aparecerse? ¡Merlín, casi no sabía si seguir siendo cruciado o correr el riesgo de departirse en manos de Potter! Estaba por sugerirle ir hasta un lugar con red flú cuando vio los ojos verdes.

—Lo harán. Te atenderán, Draco, porque soy Harry Potter y no podrán negarse a mi pedido de atenderte. 

Le creyó. 

***

El Profeta: “Muerte a los mortífagos” sigue vivo

Anoche, después del partido de la selección de Inglaterra de Quidditch contra Francia, ex miembros del grupo que pensaban lideraba Catherine Jones, cuya identidad fue revelada como la de Lewis, empezaron a atacar a los ex mortífagos que asistían a su primer partido de Quidditch en años. 

Es una pena que muchos de los objetivos de estas personas terminaron siendo en su mayoría magos y brujas ajenos a los mortífagos.

El Auror Potter y su división activó a tiempo la alarma llamada Basta de Odio y logró poner orden, pero para entonces, las víctimas eran muchas, entre ellas, algunas fatales como la nieta de uno de los miembros del Wizengamot, quien solo era Squib ajena al círculo de Voldemort. 

Otra de las víctimas que ingresó a San Mungo en estado grave es Draco Malfoy, a quien le lanzaron uno de los imperdonables más de tres veces. Harry Potter llegó con su cuerpo a San Mungo exigiendo atención inmediata. Por suerte, el protocolo Basta de Odio se activó y un sanador se hizo cargo de atenderlo mientras que otros corrieron a la escena y atendieron a todos indiscriminadamente. 

Ver también: VARIOS MAGOS EX SEGUIDORES DE LEWIS APARECEN SIN HUESOS EN SUS MANOS. 

Ver también: DESCUBREN DOS COMEHUESOS EN LA ESCENA DE LOS DISTURBIOS.

*** 

Merlina había leído las noticias de las apariciones de magos sin huesos con una vil sonrisa hacia sus adentros. ¿Ellos querían una niña maldita? Lo sería. La verdad al principio había encontrado exagerada la idea de llevarse dos de sus comehuesos en una botella. Jamás pensó que realmente los necesitaría, y estuvo a punto de dejarlos en Malfoy Manor. 

Hoy, no se arrepentía. Todo había pasado mientras Bill Weasley los llevaba a ponerse a salvo y  ella había deslizado la botella de su bolso. Ese fue el momento donde los soltó con claras órdenes de atacar a quienes estaban quemando todo. Sus comehuesos escuchaban sus órdenes a la perfección. Era una pena que los hubieran atrapado. También era una pena que el Profeta no se enterara que eran su trabajo. Las noticias que podrían haber sacado respecto a ella.  

Dejó el periodo que aun después de una semana seguían hablando de lo mismo a un costado de la mesa y miró a su papá Draco. El hombre estaba sentado sobre la camilla del hospital, con sus brazos vendados una vez más en su vida. La diferencia era que Merlina sabía que no había más cicatrices de quemaduras allí, solo fracturas. Scorpius, que estaba detrás suyo, frunció el ceño. 

—Mer —le susurró. 

—¿Sí? 

—¿La abuela no dijo que desaparecieron dos de tus comehuesos en casa? —Su papá Draco se movió incómodo en la cama. 

—Una simple casualidad —dijo, intentando colocar la expresión más inocente que pudo. Nadie se tragó su treta. 

—Cuando estemos en casa hablaremos —le dijo su padre justo antes de que la puerta se abriera y Harry Potter entrará por ella al lado de su hijo, el del pelo desastre. 

—Draco —Dijo el señor Potter. Merlina elevó las cejas al cielo. No era la primera vez que lo escuchaba llamando a su padre por su nombre de pila—, acabo de hablar con el sanador. Esta tarde te dan el alta. 

A su padre parecía no molestarle la confianza que se atribuía el salvador  al llamarlo por su nombre, sin embargo:

—Potter, gracias. 

Por supuesto, su hermano no se daba cuenta de estas cosas, él estaba interesado en hablar con su amigo. 

Chapter 9: Capítulo ocho Rumores

Summary:

Siempre hay una primera vez para todo en la vida de los Malfoy, esta vez, fue llegar tarde a la salida del Expreso de Hogwarts.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Capítulo ocho

Rumores

El profeta: MÚLTIPLES MUERTEs EN AZKABAN

Los diez hombres ex seguidores de Jones/Lewis que fueron apresados por los accidentes después del partido Inglaterra contra Francia fueron  encontrados sin vida en sus celdas después de medianoche por el guardia nocturno de la prisión mágica Azkaban. 

El Ministerio ya puso a sus mejores aurores a investigar sus muertes.

Ver también: ATACANTES DE MALFOY MANOR SON DECLARADOS INOCENTES.  

*** 

Era la primera vez que los Malfoy Aparecían en King Cross cuando el tren da su alarido de que está próximo a salir. El corazón de Scorpius se sacudió envuelto en diferentes emociones. Por un lado, quería alejarse de Malfoy Manor. Estaba cansado de su abuela con el rostro largo y los improperios de su abuelo contra el Ministerio y todo el mundo mágico. Estos días estar en casa le hicieron sentirse asfixiado. Las peleas entre su abuelo y su padre sólo aumentaron. Para empeorar, el recuerdo de su madre lo empezó a atormentar. 

—Scorpius, toma tu carro —le ordenó a su padre—. Mer, ven, toma el tuyo. Cuida a Lucas. 

Además, Scorpius debía confesar que extrañaba mucho el colegio, estar todos los días con Al y Rose, jugar al Quidditch, criticar a los profesores. Le sumaba la perspectiva de llevarse mejor con los primos Weasley, y curiosamente, al parecer James este año sí cambiaría su trato con él.

 Todo parecía indicar que sería el año que tanto había anhelado tener el año anterior, sin embargo, por otra parte, le causaba mucha angustia partir en estas condiciones, bajo la ausencia de su madre. Su presencia le provocaba un vacío en el medio del alma. Sabía que a Merlina también. Miró a su padre, solo, y los ojos empezaron a llenarse de lágrimas.

—¿Scorpius? ¡Oh, Scorpius! Ven acá —su padre lo apretó fuerte y Scorpius se sintió peor. Se supone que le había prometido a su madre ser quien apoyara a su padre, no al revés. 

No podía cortar las lágrimas, ni aunque el tren estuviera lanzando otra advertencia de que se iría. Necesitaba tanto un  abrazo de su madre en este momento. 

—No quiero dejarte —sollozó. 

¡Merlín, su padre se quedaría solo! Su hermana partía a Hogwarts. La casa asfixiaba a su padre. Una pelota muy grande empezó a formarse cuando el tren soltó uno de los últimos alaridos de advertencia.  

Mierda . Sintió los dedos de su padre, acariciándole el cabello. 

—Estaré bien, Scorp —le susurró—. Vamos, no puedes perder el tren. Albus y tu amiga Rose te deben estar esperando, preocupados ya en algún vagón. 

Scorpius se alejó, dejándole lugar a su hermana para que se despidiera y tomó su carro. Ella, con sus trenzas y, extraño a su comportamiento, una tunica azul marino, tal vez en honor a Astoria que siempre buscaba que dejara el color negro, estaba cruzandose de brazos. 

Merlina aún estaba enojada porque su padre se había deshecho de sus comehuesos antes de hacerles jurar no mencionar jamás la casualidad de que cuando habían encontrado dos comehuesos a ella también le habían desaparecido dos. Scorpius no era tonto, y si bien los sanadores habían logardo devolverle los huesos a esas personas, después habían sido encontradas muertas. Conociendo a la gente no dudarían en echarle la culpa, y todos estaban de acuerdo en que en eso Marlina ya no tenía nada que ver. Pero ¿eso cuándo le ha importado al mundo mágico?. Él jamás metería en ese tipo de problemas a su hermana. 

Su padre, al ver a Merina sin intención de moverse,  puso los ojos en blanco y la abrazó, haciéndolo reír entre sus lágrimas. 

—Yo también voy a extrañarte, Marlina —escuchó decir. Merlina no lo abrazó de regreso pero tampoco puso objeción. Scorpius disimuló su risa con una tos. Él la conocía como nadie, y sabía que era la forma en que ella demostraba su cariño—. Te ayudo con el carro, vamos. 

Scorpius intentó correr cuando se sintió mareado. 

Mierda

Afortunadamente, se sintió mejor rápidamente y corrió a coger el tren detrás de Merlina. 

*** 

—¡Al, ya basta! —lo regañó su prima Rose cuando se levantó por quinta vez desde que estaban en ese vagón—. Seguro acaba de subir al tren. Es imposible que no haya llegado, ¿no es cierto, Sophie, Vincent? —miró a los mellizos sentados al frente. 

Hablaban de Scorpius, por supuesto. Por primera vez, Albus había llegado primero porque por primera vez James tenía su baúl listo desde la noche anterior, sumado a la emoción de Lily… bueno, resultó que su padre aparcó en la estación media hora antes.

Albus casi había rozado la felicidad, porque se encontraría temprano con Scorpius, sin embargo, no fue capaz de encontrarlo en la plataforma. Topándose con Thomas, que estaba más alto que él, decidieron subir y buscarlo en el tren porque tal vez estuviera dentro. Cuando no lo encontraron se toparon con Vincent y Sophie que no sabían nada de Scorpius pero juntos buscaron un vagón. 

Luego, se unió Rose que cargaba con Hugo y se les había unido Lily, que buscaba a Merlina. Para cuando el tren se puso en marcha, seguía con los hermanos Malfoy ausentes y Lily y Hugo se marcharon a su propio vagón. 

—Por supuesto —respondió Vincent—. Si hubiera pasado algo, tío Draco le hubiera avisado a nuestro padre, ¿no es así, Sophie? 

—Sí, así es —respondió la chica. 

Albus ignoró la respuesta de Sophie y suspiró, abriendo la puerta de su vagón de todas formas. El tren ya estaba en movimiento y Scorpius no había llegado aún. 

¿Cuándo Scorpius había llegado tarde? Nunca. 

¿Cuándo Malfoy llegaba tarde? Nunca. 

Albus volvió a suspirar. Podía ver a estudiantes entrar en diferentes vagones, ninguno era Scorpius y su hermana. Cerró la puerta y se sentó al lado de su prima. Thomas lo miró con las cejas levantadas. 

—Empezaré a creer que lo que decían las chicas de ravenclaw era cierto —lanzó. 

Albus puso los ojos en blanco. 

—Son todos unos idiotas. 

Pero la frase de Thomas llamó la atención de los demás. 

—¿Qué dijeron unas chicas de ravenclaw? —preguntó Rose. 

—Le preguntaron a Al si es cierto que él y Scorpius son novios y tuvieron una cita el día del partido de Quidditch de Inglaterra vs Francia. 

Argh

Estaba harto de esos rumores y la estupida revista Corazón de Bruja ¿era muy difícil de entender que Scorpius era su mejor amigo? Puso los ojos en blanco otra vez cuando el compartimiento se abrió y emocionado miró, solo para que su sonrisa cayera cuando vio que solo era Emily y Marietta, amigas, eso creía, de Rose. No les prestó atención hasta que alguien le pegó en los pies. 

—¡Ay! —el golpe había sido duro y levantó su pierna para abrazarla y mirar mal al culpable. Cuando la vio a Sophie suavizó sus facciones. ¿Cómo tenía tanta fuerza?—. ¿Qué pasa? ¿Por qué me golpeas? 

—¡Sí! —chilló una niña. Era Marietta. Albus se había olvidado de las amigas de Rose—. ¿Por qué le pegas a Al?

¿ Al ?

—¿Tú por qué le hablas así a mi amiga…? —dudó—. Lo siento, no recuerdo tu nombre… —mentía, pero a esta chica le gustaba destacarse, así que… 

La chica se puso rojísima y se fue con lágrimas en los ojos seguida de Emily.  

Que le den. 

Entonces se encontró con diferentes miradas. La de Rose era de enojo, la de Vincent era de aceptación, la de Sophie era… no sabía, la chica solo tenía las cejas levantadas. Thomas estaba matándose de risa. Eran todos un caso perdido. 

—¡Dónde demonios está Scorpius! —soltó al aire, tocandose la pantorrilla. La puerta volvió a abrirse y Albus rogó no fuera otra vez la idiota de Marietta—. ¡Scorp! 

Scorpius llevaba su cabello en una coleta, parecía que definitivamente sería su marca registrada este año. 

—Hola, chicos —miró—, y chicas —sonrió—. ¡Los rayos de Merlín! —dijo, arrastrando el carro. Albus lo ayudó enseguida a poner el equipaje—, casi pierdo el tren —sacudió la cabeza. 

Entonces Albus no vio  a Merlina. 

—¿Tu hermana, Scorp? Hugo y Lily la estaban buscando —Scorpius se rió y asintió. 

—Lo sé, la estaban esperando en medio del pasillo, se fue con ellos. Le pedí que fuera amable, Al. Merlina se comportará. 

Finalmente, Scorpius se sentó y miró a Thomas 

—¡Carajo, Thomas! ¿Cuánto creciste este verano? ¡No es justo! —hizo un mohín, acostando la cabeza sobre los  hombros de Albus.

Albus lo acompañó en sentimiento y le dedicó unas palmas a Scorpius sobre la cabeza reclinada en sus hombros. 

—¡Argh! —escuchó a Rose. Sintió a Scorpius moverse para verla—. Si no es el Quidditch, es la altura, ¿no pueden hablar de otra cosa?

—Podemos —respondió Scorpius—, mientras no sea del clima. Incluso podemos hablar de los exámenes, si quieres. 

El único que se rió del comentario de Scorpius fue Albus que casi se ahoga con saliva. Sabía que su amigo estaba haciendo referencia a las cartas de la chica, sin embargo, el resto presente solo frunció el ceño sin entender nada. Rose, por otro lado, se puso roja y pareció molesta, de hecho, a partir de ese momento guardó silencio. 

Albus suspiró, su prima últimamente tenía un compartimiento tan cambiante, no entendía nada. ¿Si le gustaba Scorpius por qué no se lo decía? Aunque aún dudaba que fuera ese el caso. Se rascó la nuca mientras Scorpius se movió incómodo  y estaba apartando la cabeza de su hombro cuando la puerta de su compartimiento se abrió de nuevo. 

Albus frunció el ceño cuando vio que se trataba de su hermano, recorriendo el vagón con la mirada. 

—¡Argh! —expresó—. ¿Qué quieres? Vete —entonces, los ojos azules de su hermano se posaron en Scorpius y en él. Albus supo que algo en la expresión de su hermano cambió. Sus hombros se pusieron más tensos y Albus se puso alerta, por si su hermano, que había tratado bien a Scorpius durante el verano, volvía a ser el mismo idiota de todos los años en el colegio. 

—Estaba preocupado por Malfoy —dijo entonces James. Alguien se ahogó con su propia saliva, creyó que era Thomas. James miró a Scorpius una vez más—. Lily buscaba a Merlina y comentó que no estaban en el tren, pero ya veo que llegaste a tiempo… 

A su lado, Scorpius se sentó con propiedad y parecía que tenía las mejillas a punto de sonrojarse por alguna razón. 

—Merlina ya está con ellos. Se nos hizo tarde —jugó con un mechón que sobresalía un poco detrás de su oreja—. Creo que siempre hay una primera vez para todo, un Malfoy llegando tarde tenía que pasar alguna vez —se encogió de hombros—. Estoy bien, gracias —dijo al final. 

James parecía querer decir algo pero estaba peleando consigo mismo, Albus sentía que los miraba intercaladamente. Estaba por decirle que dejara de pensar tan alto cuando finalmente abrió su bocota:

—¿En serio no son novios ustedes? —preguntó de repente. 

—¡Oh, por los calzones de Marlin! —soltó, desordenando su cabello. Había tenido mucho ya con todos los rumores que escuchó cuando abordó el tren,  tantos  idiotas que lo detenían por eso. ¡Que harto estaba! ¡Cansado de la misma acusación!—. ¡Sabes que no! Que todo el colegio lo diga, que Corazón de Bruja siga con eso, que me lleguen malditas cartas hablando de eso, no quiere decir que sea así. Me he pasado dos años enteros diciendote que Scorp solo es mi amigo. ¡Merlin, vete a molestar a otro! —no había terminado de hablar que escuchó la puerta del vagón cerrarse. Puso los ojos en blanco. 

—Merlín, Al —Scorpius estaba mirándolo con los ojos como platos—. Mejor dile que te parezco el chico más horrendo de todos y listo —a Al casi le da algo cuando pensó que su amigo estaba ofendido de verdad por su comentario hasta escuchó que se ahogaba en risa—. Solo bromeo, Al. Te entiendo, me pararon no sé cuántos alumnos para preguntarme por nuestra relación o si habíamos cortado  y regresé con Rose —suspiró hondo—. Nadie me tiró una maldición al menos —llegó el turno de fruncir el ceño—. Es la primera vez. 

—¡A nosotros tampoco! —interrumpió Vincent, inclinándose hacia adelante—. Aunque gran parte del trayecto nos acompañó Louis, ¿no, Sophie? —Albus miró a la chica que asentía. 

—Pero hubo quienes sí nos miraron mal, aunque no dijeron nada. 

—El grupito del idiota de Michael —gruñó su mellizo—. Debería ser expulsado después de lo que hizo el ciclo anterior. 

—Opino igual —finalmente, Rose se dignaba a hablar—. No entiendo por qué sigue en el colegio, hasta mi madre opina que debió dársele un castigo mayor.

Albus casi abrió la boca para decir que la razón era porque era un Gryffindor, no lo hizo porque justo a tiempo recordó que su prima era una y ya se había ofendido una vez, no quería ofenderla otra. Pronto, la charla se destinó a las materias opcionales a las que todos se habían anotado y atrás quedó una loca idea que a Albus le había estado rondando por la cabeza, algo implicaba a Scorpius, Rose y James.

Juntos, empezaron a contar sus materias opcionales y las quedó así:

Sophie: Cuidado de Criaturas Mágicas - Estudios Muggles

Vincent: Adivinación -  Estudios Muggles 

Thomas: Cuidado de Criaturas Mágicas -  Aritmancia 

Rose: Runas Antiguas - Aritmancia 

Scorpius: Estudios Muggles - Aritmancia 

Albus: Cuidado de Criaturas Mágicas -  Aritmancia 

Albus notó que sería la primera vez que Scorpius y él no estuvieran en una clase juntos. Había optado por Estudios Muggles junto a los mellizos porque no tenían casi cultura de ellos y creían que era necesaria para su vida después de Hogwarts, siguieran lo que siguieran. Además, Albus lo sabía bien, Scorpius estaba cansado de nombrar mal los aparatos que Thomas y Rose hablaban.

*** 

James entró al vagón que compartía con Louis y Fred y otros chicos de Gryffindor. Se sentó sin decir nada, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Su hermano incontables veces le dijo que con Scorpius no pasaba nada. Rose le decía lo mismo, pero ya sospechaba que la chica si sentía algo por el chico. Aun así, al ver a Scorpius tan cómodo alrededor de su hermano, no pudo evitar estar seguro que allí ocurría algo. 

Argh

¿Por qué tenía que estar así de jodido? 

Suspiró. 

Debería intentar olvidarme de Malfoy.

El chico nunca lo miraría como algo más, hasta dudaba que lo fuera a ver como amigo algún día. Suspiró otra vez y salió del vagón. Casi chocó con un chico bajito, de cabello castaño claro. 

***

Scorpius se tocó la cabeza. Se sentía algo mareado. Le echó la culpa  a la falta de sueño. La noche anterior no había dormido nada. Miró a sus amigos, todos lucían cansados, la emoción se había terminado y desde hace algunos minutos la conversación había terminado. Rose conversaba algunas cosas con Sophie, hablaban sobre Theo y su novio y que al parecer se rumoreaba que habían terminado. Se acomodó mejor en su lugar. 

Mierda

Tenía mucho sueño. Scorpius no supo cuándo se durmió, solo que se despertó con un ruido fuerte, sobresaltado, con el corazón latiendo a mil y el recuerdo vivo de lo que sucedió el día del partido en Agosto. 

¿Otro ataque? 

Entonces, sintió una mano acariciar su brazo.  

—¿Estás bien? —Era Rose. 

Entendió que se quedó dormido con la cabeza sobre el regazo de Rose y se incorporó del todo. 

—Sí, lo siento —echó una mirada a la puerta. Era Fred. 

—Por favor, mientras no preguntes por Scorp y por mí puedes quedarte. Si no, vete —dijo Al. Fred se rió. 

—No, solo pasaba a decir hola.  ¿A que no saben a quien vi besándose con otro chico en los pasillos? 

Oh , pensó Scorpius. Fred venía por chisme. Tomó el anzuelo. 

—¿A quién? —preguntó.

Fred se sentó al lado de Thomas,  frente a ellos pero solo miró a Al. 

—A James —soltó. 

Scorpius sintió que los ojos se le salían de las cuencas y algo, no sabía muy bien qué, le produjo un fuerte dolor en el medio del estómago. De repente, se sintió sumamente triste y decepcionado. 

¿ Qué carajo ? Pensó, al mismo tiempo que Albsu expresaba lo mismo:

—¿Qué carajo? ¡Pero si el año pasado tenía novia! —Fred se encogió de hombros. 

—Tal vez es bi, creo que así se le dicen. 

—Un estupido, eso es James —susurró apenas Rose. Scorpius sintió su mirada en él. Casi le gustaría decir que creía lo mismo que ella. 

—Solo dime que no es Michael —rogó Albus. 

Oh , Scorpius sintió un retorcijón al imaginar esa pareja. Michael más allá de ser un imbécil era de séptimo. 

—No, no es Michael, pero es un Gryffindor. 

Por supuesto que era un Gryffindor. James había empezado a tratarlo mejor, pero eso no quería decir que de la noche a la mañana empezará a salir por ahí con personas de otras casas. Por alguna extraña razón, no se sintió con ánimos de participar en la conversación a partir de allí. 

Para cuando llegó la hora de bajar del vagón, Scorpius se rezagó en cuanto vio que delante suyo estaba James. Además, había empezado a sentirse muy cohibido. Lo estaban mirando de forma tan extraña que no era odio. No estaba acostumbrado. 

¿Quién diría, no? Resultaba extraño que nadie le dijera Hijo de Voldemor t o alguna cosa ofensiva. Una chica, que bajó la velocidad y se acomodó cerca, no dejaba de mirarlo.

Carajo

Estaba muy incómodo y colorado. 

Albus, confundido, se quedó a su lado. 

—¿Sucede algo? —Scorpius sacudió la cabeza. La chica se sobresaltó y colorada, más que él, se tropezó pero avanzó hacia adelante. Albus pareció no notar eso y se acercó a él—. Oye, ¿estás triste? —miró a su amigo. ¿Triste? Bueno, lo estaba, pero en ese momento no sabía por qué. ¿No podía ser porque James tuviera novio, verdad? ¿Qué carajos querría decir si fuera así?

—Estoy bien —dijo finalmente—. Es solo que… nos están mirando mucho… — y tu estupido hermano tiene un estupido novio —, y esa chica me estaba poniendo muy incómodo —Scorpius acercó su cabeza para susurrarle—. ¿No te incómoda la mirada de esa chica, a tu izquierda, dos personas por delante de tu hermano? No deja de mirarte. Es raro. 

—Oh —Albus se rascó la nuca y miró frunciendo el ceño, como enojado. La chica parecía a punto de llorar y avanzó llevándose por delante a otros—. Que le den. ¿Qué mira?  Vaya mierda. Creo que es por eso de los rumores estúpidos.  

Notes:

Gracias totales por leer.

Chapter 10: Capítulo nueve Primer día de clases

Summary:

Primer día en tercer año y pasan varias cosas.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Capítulo nueve

Primer día de clases 

Merlina notó de inmediato las miradas a su alrededor y los cuchicheos. Podía escuchar “ niña maldita ” “ llama la desgracia ” de boca en boca, oído a oído. Alzó la cabeza, como aprendió de los mejores, y caminó por el pasillo del tren llena de dignidad. A su lado, Lily y Hugo se mostraron enfadados por cómo los demás estaban tratando de hacerla sentir. De hecho, en su vagón estuvieron solo los tres. Algunos habían intentado entrar al ver a la hija de Potter, claro, todos querían ser sus amigos, pero en cuanto la veían a ella salían corriendo. 

Lo que la chica con nombre de Flor y el chico con nombre Muggle encontraban aberración ella lo encontraba divertido. Su abuelo Lucius se sentiría tan orgulloso de ella cuando se enterara. Así es como Scorpius debió hacerlo en su primer año, pero su hermano tenía un corazón demasiado grande. 

Se sentía poderosa a su manera cuando todos al verla le dejaban el camino libre. Si pudiera sonreír lo haría mucho en ese momento. Entonces, alguien rompió su burbuja de felicidad en cuanto bajaron y pisaron tierra firme. 

—No debes sentirte mal por lo que dicen —era el niño Weasley, Hugo recordó que se llamaba—. Mi madre dice que todos son unos… unos… —estaba segura que el chico no lo recordaba. Era patético. Ojala sacara su mano de su hombro. 

En ese momento, escuchó en su cabeza la voz de su hermano, suplicándole casi que fuera educada. Respiró hondo e intentó serlo. Era bueno que ninguno de ellos tuviera posibilidades de ser Slytherin. 

—No te preocupes, no me hacen sentir mal. Al contrario, alimentan mi ego que piensen así de mi —Hugo se quedó mirándola de una manera que estuvo segura se estaba preguntando qué era “ego”. La inteligencia en esa familia al parecer solo la había heredado su hermana. 

—No tienes que aparentar ser fuerte, Mer —le dijo Lily. De los dos, era quien peor le caía. Ella y todo ese positivismo le daban náuseas. Peleó por no poner los ojos en blanco. 

—No aparento serlo. Lo soy. 

Los estudiantes empezaban a arremolinarse a su alrededor, pero nadie demasiado cerca. De pronto, escucharon una voz llamar a los estudiantes de primero. Debía tratarse del semigigante al que su hermano temía. Lo buscó emocionada. Era más alto de lo que ella pensaba. 

—¡Los de primero, por acá! —a propósito, parecía estar acercándose, pero Merlina seguro adivinaba mal, hasta que:

—Hagrid —les escuchó decir a los primos. 

El hombre alto, ancho, con una barba y melena del mismo largo, se acercó y rió, saludandolos torpemente con una mano. 

—Lily, Hugo. Que bueno verlos. ¿Nerviosos? No teman. Hogwarts está hecha para ustedes —entonces la notó—. Oh, ¿y esta pequeña quien es? 

Merlina se paró lo más derecha posible y estiró su mano. 

—Merlina Zabini Malfoy, profesor —ella mostraría sus modales. Sin embargo, el semigigante se quedó mirando su mano y pestañeando hasta que finalmente le cedió la suya. Un dedo. La notó llena de callos, quemaduras y algunos rasguños recientes. Según lo que sabía, al hombre le fascinaban las criaturas. Merlina estaba interesada ¿guardaría otra cría de Dragón en su choza? ¿Podría robarlo y castigar a algunos de los perseguidores de su hermano? Ya no contaba con sus comehuesos.

—Es la hermana de Scorpius, Hagrid —aclaró Lily. La mirada del profesor cambió, iluminandose. Merlina elevó sus cejas. 

—Oh —dijo entonces el profesor—. Gusto en conocerte. Tu hermano es un gran chico, Merlina. Un corazón muy grande —A Merlina le estaban entrando náuseas de cómo estaban deshonrando el apellido Malfoy mientras lo seguia hacia los botes—. Espero que a ti no te mareen los botes, Merlina. Si es así, no debes avergonzarte. 

No, le hubiese gustado decirle, aunque ya estaba mareada y asqueada de cómo hablaban de su hermano. Tendría que dedicarle unas cuantas palabras de odio cuando llegara al castillo. 

*** 

Scorpius veía a Merlina desde su lugar en la mesa de Slytherin.  A su lado, podía ver a la hermana de Al y al hermano de Rose. Ambos parecían que se desarmaban de los nervios. En contraste, Merlian tenía una mirada aburrida. 

—Estoy seguro que Lily irá a Gryffindor con James y Rose —le comentó Al—. ¿Dónde crees que irá tu hermana, Scorp?

—Slytherin, por supuesto —contestó—. Es la casa de sus padres, biológicos digo.  Si no lo mandan aquí, me temo que hará una escena y se irá del colegio. Y no exagero, Al. 

—Bueno, Lily no creo que llegue  a tanto si no termina en Gryffindor. Se pondrá triste tal vez. 

—¿Y Hugo? —preguntó. 

Albus se encogió de hombros. 

—Todos esperan que vayan a Gryffindor, pero creo que a él honestamente no le importa.

Scorpius asintió, era justamente la opinión que tenía del Weasley. En ese sentido, no se parecía nada a su hermana Rose. Echó una ojeada a la mesa de los Leones. Rose estaba mirando a su hermano. La recordó durante el primer año. Scorpius sabía que Rose se hubiera largado a llorar de no haber terminado en Gryffindor. De hecho, recuerda lo en shock que estaba cuando Albus terminó en Slytherin, era como una traición, aunque después se le pasó, transformándose en su amiga. 

De pronto, se sintió mal por haber expuesto sus cartas de esa manera en el tren. Tendría que hablar con ella después. Estaba por mirar otra vez a Merlina cuando un escalofrío recorrió su espalda. Automáticamente, miró de nuevo a la mesa de los leones. James estaba mirándolo, pero a diferencia de las últimas veces que le había sostenido la mirada, el chico la apartó un segundo  a destiempo. Miró a su lado, había un chico cuyo nombre desconocía, ¿sería ese su novio? Era un chico flacucho, cabello corto, parecía tímido. 

Scorpius comparó mentalmente a este chico con Henrietta, la novia del curso anterior de James. Podía encontrar un patrón. Ambos parecían débiles. ¿Eso le gustaba a James? Se mordió los labios, ¿qué mierda le importaba a él lo que le gustaba al hermano de Al? Intentó, a diferencia del año pasado, prestar atención a las palabras del Sombrero Seleccionador, aunque incapaz. . 

Finalmente, empezaron a llamar:

—Hugo Weasley. 

Scorpius vio como el chico caminaba con torpeza y se sentaba en la pequeña silla. Cuando le colocaron el Sombrero Seleccionar en su cabeza, Scorpius casi esperó la selección en un segundo, sin embargo, habiendo pasado unos largos segundos, el sombrero parecía mover la rendija que usaba por boca, y supo que estaban hablando. Los cuchicheos entre los estudiantes empezaron, y durante lo que pareció  una eternidad, el veredicto llamó al silencio. 

—¡SLYTHERIN! 

El silencio se asentó de forma fantasmal. Scorpius miró a su amigo, que tenía los ojos como platos. 

¡Merlin! Hugo debería de ser el primer Weasley en Slytherin.

Miró a los mayores. Jenna pareció reaccionar cuando Hugo empezó, con una sonrisa en los labios, a caminar en dirección a ellos. Fue cuando empezó a aplaudir. Hasta Scorpius se había olvidado. Le hizo lugar para que se sentara al lado de un Al con los hombros duros y aplausos mecánicos. 

—Ven —le dijo Scorpius. Hugo le sonrió y se sentó a su lado, no al lado de Albus—. Bienvenido —Scorpius no estaba muy seguro si desearle felicidades o no. En realidad, todos en la mesa parecían dudar lo mismo. 

—Gracias —Hugo parecía feliz. No se atrevió a mirar a la mesa de los leones. Recordaba el momento en que Albus no fue seleccionado para Gryffindor. Aunque esta vez no creía que se levantaran rumores, ¿no? Miró a su hermana y temió por ella. ¿Y si la insultaban como a él en su primer año diciendo que era la culpable de un Weasley en Slytherin?

—Vaya, Hugo —Albus pareció recobrar la compostura y nunca antes Scorpius estuvo tan agradecido. Su amigo, con sus ojos verdes aun un poco confundidos, miró al resto de sus amigos—. Bienvenido. 

—Sí —Sophie le dedicaba una sonrisa muy grande y sincera—. Scorpius, ya no tendrás que preocuparte por Mer. 

Su amiga no sabía que justamente se preocupaba por ella por la selección inesperada. La directora pidió silencio y volvieron a prestar atención. A continuación, llamaron a dos chicas y un chico, hasta que finalmente:

—Lily Potter. 

Pensó vería a la hermana de su amigo más tensa, pero caminó con una determinación y ligereza hacia al taburete que hasta Merlina podría envidiar tranquilamente. Cuando le colocaron el sombrero, Lily sonrió y acto seguido:

—¡GRYFFINDOR! 

Jamás lo dudó, o  eso creyó, porque se sorprendió al soltar aire que no sabía que contenía. Miró a la mesa de los leones. James estaba aplaudiendo mientras Fred chiflaba. Ninguno miró en su dirección. Se atrevió a deslizar la mirada hacia Rosie. Ella tampoco  miraba en su dirección. Tuvo un mal presentimiento. 

Mierda

—Merlina Zabini Malfoy

Scorpius se sobresaltó. Vio que su hermana seguía sin entender la elección del sombrero para Hugo. La vio mirando en su dirección, pero en cuanto empezó a caminar lo hizo con la mejor de la dignidad. ¡Le recordaba tanto a su padre! Él nunca había logrado esa entereza y esa habilidad para mantener las emociones a rayas. Respiró hondo. 

Hubiera sido el momento más tenso de su vida si…

—¡SLYTHERIN! —el Sombrero no gritara antes de siquiera tocar la cabeza de su hermana. 

Se relajó, aplaudiendo mientras intentaba dejarle un lugar, salvo que Hugo se movió con él y Merlina debió sentarse a su lado. Le vio un tic en el ojo por ello, pero se sobrepuso. 

—¡Maldición, Mer! —no pudo evitar decir—. Por un segundo pensé… —sacudió la cabeza. A su lado, Al puso los ojos en blanco mientras Sophie y Vincent saludaban a Merlina y Thomas hacía lo mismo.

—Menos mal no tenías dudas —le susurró Al, riéndose de él.

—Bueno, han habido sorpresas, ¿no? —le dijo bajito, haciendo señas a Hugo. Albus asintió—. Es normal que me asustara —hizo mohín. De repente, sintió un escalofrío, el cuello le hizo clic cuando giró a la mesa de los leones y se sumergió en unos ojos azules que sabía que estarían mirándolo. Levantó la barbilla, esperando alguna mueca. De parte de James nunca sabía qué esperar. Pero el chico solo lo miró, y luego se rascó la nuca antes de asentir, como si estuviera saludándolo y luego volver la cabeza a Fred. 

El camino a la habitación después del banquete fue lento. No tenía muchos ánimos de ir al dormitorio. No sentía sueño y eso solo haría que su mente decidiera reproducir los recuerdos de su madre. Albus caminaba pegado a su hombro. Jenna ya se había llevado a los de primero a sus habitaciones y el prefecto varón a Hugo. Pensó que podría escribirle una carta a su padre sobre Mer, pero escribirle no le llevó tanto tiempo. 

Cuando se tumbó sobre la cama, podía escuchar la suave respiración de Thomas, Vincent y Albus. Apagó la vela e intentó cerrar los ojos. 

*** 

Albus se despertó desorientado. Todo estaba oscuro así que dudó que fuera hora de levantarse, rodó hacia un costado, dispuesto a dormirse cuando escuchó lo que seguramente lo había despertado. 

Carajo , se dijo. 

Se incorporó de inmediato y se dirigió a la cama de Scorpius. Eran sus sollozos. Le dolía ver a su amigo así. 

—Scorp —Lo abrazó—. Shhhh —sabía que no pasaría, pero esperaba aliviar algo de su dolor. Los abrazos siempre funcionaban, ¿no?

En algún momento debió quedarse dormido, pero cuando amaneció y vio las ojeras de su amigo, quedó claro que él no había pegado un ojo. 

—Gracias, Al. Lamento que me hayas escuchado 

—No seas tonto. 

La verdad es que su amigo le preocupaba. Apenas desayunó, y pese a que unas diez lechuzas llegaron con cartas, solo las desató y las acomodó en su mochila. Usualmente, hubiera lanzado alguna broma. Bueno, a él le llegaron unas siete. En la mesa de Gryffindor una pelea tomó lugar frente a Rose que se negaba a recibir más cartas. Las pobres lechuzas no se fueron hasta que una de las alumnas mayores desató todas las cartas y regañó a Rose. Albus no entendió qué culpa tenía Rosie. 

Él decidió imitar a su amigo, tomó cada una de las cartas y las guardó en su mochila. La verdad que desde el verano las leía muy pocas veces. Cuando llegaron los horarios, vieron que tenían Pociones esa mañana con Gryffindor. Estaba por quejarse cuando vio a Scorpius llevarse una mano a su cabeza. 

—¿Scorp?

—Lo siento, creo que es la falta de sueño —susurró apenas, respirando hondo—. Estoy bien. ¿Vamos? 

—Sí. 

Se encontraron con Rose en la puerta del gran salón, al ver a Scorpius lo interrogó con la mirada antes de poner su mano sobre el hombro. 

—Luces mal, ¿no será mejor ir a la enfermería? —sugirió su prima. 

Albus y Scorpius detuvieron sus pasos, mirando estupefactos. Albus se quedó sin habla, literal. Scorpius en cambio se recuperó más rápido. 

—¿Y perderme la primera clase? ¿Quién eres y qué has hecho con Rosie?

Rosie se relajó al ver que Scorpius podía bromear y puso los ojos en blanco. 

—Idiota. 

Finalmente, su amigo se rió y pasó un brazo por la espalda de Rose y así los tres fueron a las mazmorras. 

*** 

 

Slughorn había pasado las advertencias del año pasado y este seguía siendo su profesor de pociones.  Scorpius sabía que todos los años circulaba el rumor de que se jubilaría, pero aquí estaba, sonriéndole a todos.

Cuando entraron a la mazmorra, habían varias mesas con calderos humeantes. Fueron de inmediato a una mesita. Por lo que pudo ver alrededor, estaban colocandose en grupo de a 4. Vincent, Thomas y Sophie le dedicaron una mirada viendo que su cuarto miembro era una chica que el año anterior se había postulado cazadora. 

Scorpius vio cómo el profesor empezaba a recorrer las mesas y los miraba, tal vez deteniéndose unos segundos más en él. En ese momento, una chica se unió a ellos. Era la que solía estar con Rose. Emily era su nombre. La chica lo miró, sonriendo, 

—Hola, Scorp —él casi se atraganta con su saliva. ¿ Scorp ? ¿Desde cuándo se hablaban?—. Hola, Rose. Es la primera vez que hacemos grupo todos juntos, qué emoción. Ah, hola, Albus.. ¡Ay! —se quejó cuando su amiga, Marietta, pasó empujándola. Scorpius intercambió una mirada con Albus. ¿Qué rayos acababa de pasar?

—Muy bien —anunció Slughorn—. Ya veo que estamos todos. Bienvenidos a su tercer año en Hogwarts. Es de mi agrado poder enseñarles un año más. Este año será interesante, muy interesante. Ya lo verán. Aprenderán no sólo algunos antídotos, sino que adquirirán conocimientos de aquellos venenos peligrosos debido a que son indetectables. Pero hoy empezaremos por algo fácil, por ejemplo —se detuvo en su mesa—. ¿Quién de ustedes puede decirme qué poción es la que tienen aquí? —Tres pares de manos se elevaron. Albus, Rose y él que se mordió los labios para no reírse ante la mirada de vergüenza de Emily que parecía no conocer la respuesta—. Bien, a ver… ¿Malfoy? —Rose pareció desilusionada y Al solo puso los ojos en blanco ante su reacción. 

—Sí, profesor. Se trata de la poción herbovitalizante o poción wiggenweld. Puede curar heridas. También es el antídoto para la pócima para dormir y el filtro de muertos en vida.

Los ojos del profesor Slughorn brillaron entusiasmados, asintiendo y casi aplaudiendo. 

—Excelente, señor Malfoy. Muy bien. Cinco puntos para Slytherin. 

Scorpius sintió a Albus inclinarse para susurrarle al oído. 

—Excelente, pero se olvida que casi mueres por su ineptitud. 

Scorpius hizo una mueca. No se había olvidado de eso. 

De repente, debió apoyar la frente sobre la mesa. La voz del profesor empezó a escucharse muy lejos:

—Hay tres mesas que tienen la misma poción, a ver si pueden levantar las manos los que estén en dicho caldero. 

Y muy cerca:

—¿Scorp? —Rose. 

Y dentro de su cabeza:

—Scorpius Malfoy. 

—Estoy bien —levantó la vista de golpe, algo borrosa—. No dormí bien anoche —logró decir, respirando hondo. 

¿Había escuchado una voz llamando?

¡Merlín santo! Esta noche tenía que dormir. Tal vez fuera a la enfermería, ¿le darían algo?

Esa clase solo se dedicaron a reconocer pociones, hablar de sus ingredientes, y como tarea, un ensayo sobre aquella que les había tocado. 

Siguieron quejándose cuando se separaron de Rose, su segunda materia era encantamientos con ravenclaw. Cuando llegaron al aula, descubrieron que la clase se acababa de cancelar. 

—¿Por qué? —preguntó a una de las chicas ahí. Era un quinto si no se equivocaba. La chica se mordió los labios antes de responder. 

—Es que… bueno… no sabemos cómo pasó, pero… de repente… bueno… todo el aula se llenó de arañas… 

Scorpius y Albus se miraron, alarmados. 

—¿Arañas? —preguntó Al. La chica pareció imaginar su línea de pensamiento. 

—No, no como las del año pasado que atacaron. No. Arañas comunes. Está infectado aun. Aunque dos chicos están en la enfermería, no podían alejarlas de ellos… se le metieron por todos los orificios —entonces la chica lo miró—. Creo que te habían atacado en primer año, Malfoy —después se encogió de hombros y se fue y Scorpius tuvo un mal presentimiento. 

Mientras, discutiendo su suerte (Sophie decía de disfrutar del sol afuera, algo bien recibido) Scorpius se detuvo y miró a sus amigos.

—Vayan, en un momento los alcanzo. 

Salió disparado hacia otro pasillo. Preguntó aquí y allá donde estaba el primer año de Slytherin. Estaban en ese momento en Historia de la Magia. Se acercó una estatua en la pared que daba al aula y la movió un centímetro. Allí había un agujero. Espió casi con el corazón en la boca. Se dio cuenta que Merlina estaba presente, sentada al lado de Hugo Weasley. Ella siguiendo las explicaciones del profesor y él cabeceando dormido. Scorpius respiró aliviado. ¿Por qué había pensado que Merlina tendría algo que ver? La miró de nuevo. 

No hagas nada estupido, Mer 

*** 

Querido Scorpius, 

Hoy es tu primer día en tercer año. Debes verte hermoso con tu uniforme de Slytherin. Vi fotos tuyas en el diario durante el verano  El cabello largo te da un aspecto angelical. Chicos y chicas babearan por ti.  Prácticamente eres ya todo un adolescente. La mejor edad de todas. Es una suerte que ninguno de los idiotas que atacó el campo te hiriera. Sería una pena perder tanta belleza. 

Cuida ese rostro que vale mucho.

Fary  Bafernk. 

 

Notes:

Me entretuve leyendo mi propio capítulo y casi no le doy a Post jajaja. Merlín que ví errores. Lo que se me deben ir pese a que intento editarlos.

Gracias por leer.

Chapter 11: Capítulo diez Queridos y odiados

Summary:

Harry encontró la excusa perfecta para poder ver a Draco, aunque no todo salió como esperaba.
James hace algo que conmueve a Scorpius.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Capítulo diez 

Queridos y odiados

A Harry no le costó mucho aparecer en los terrenos de Malfoy Manor esa tarde sin su traje de Auror. Se trataba de una visita  extraoficial que decidió media hora antes, después de una reunión con Hermione y Ron acerca de lo que estaba pasando con los discursos y actitudes del Ministro. Los tres sospechan que su actitud era similar a la de hace dos años, salvo que esta vez el Ministro podría ser Lewis y no estar bajo un imperius. 

Por esa línea de pensamiento, hace media hora llegaron a la decisión de que tal vez fuera buena idea armar una nueva Orden del Fénix. Empezarían llamando a algunos miembros del antiguo ED. Harry, sin embargo, propuso agregar otros miembros, como  Malfoy. Ron se mostró sorpresivamente de acuerdo, lo que lo relajó un montón. Hermione, en cambio, le dedicó esa mirada que Harry tanto estaba queriendo escapar, pero finalmente accedió después de un improvisado discurso suyo:

—Hermione, ellos son la principal víctima de Lewis. Ya has visto como mira Goyle, es como si creyera que en cualquier momento me lo llevaré a Azkaban, pero ya ves como cree y confía en Malfoy. Con él de nuestro lado podemos convencer a los demás de que se cuiden y dejen que les ayudemos. 

Y eso fue lo que pasó y por eso ahora estaba allí, en la oficina de Malfoy, viéndolo sentado del otro lado del escritorio donde varios pergaminos reposan mezclados. 

—Malfoy —saludó incómodo, con el corazón latiendo tal vez un poco más rápido de lo normal. 

De acuerdo, la verdad es que la idea de tener a Malfoy era solo una excusa para poder verlo y… poder verlo más seguido. Hermione no necesitaba saber eso. 

—Potter —dijo Draco, elevando una ceja mientras lo evaluaba con la mirada y se ponía de pie. Harry supuso que buscaba alguna señal de que estuviera allí por trabajo. Cuando lo vio a cuerpo completo a Harry le dolió. Draco seguía delgado y una sombra oscura reposaba debajo de sus ojos. Respiró hondo, ¿qué había pensado qué encontraría?—. Toma asiento, por favor. 

—Gracias, Malfoy. 

Harry le hizo caso y tomó asiento, sin embargo Draco rodeó su escritorio y se paró a su lado, ladeando la cabeza. 

—No vienes como auror —negó, aunque no haya sido una pregunta—. ¿A qué debo tu visita, Potter? Los niños no llevan ni una semana en el colegio, no creo que vengas por eso, ¿o sí? —Harry volvió a negar—. Bien, ¿me iluminarás, entonces? ¿O debo adivinar? 

Draco no se sentó y Harry se rascó la nuca, intentando quitar el maldito hormigueo en su estómago. 

—Sí —respondió, de repente preguntando por dónde empezar. Había corrido a Malfoy Manor demasiado feliz porque vería a Draco y no se detuvo nunca a pensar cómo le informaría lo que sospechaba junto a sus amigos—. Creo que eres consciente de los discursos extraños del Ministro —lo miró a los ojos. Aquellos orbes plateados brillaron en la comprensión. 

—Sí, lo soy.  ¿Eso tiene que ver conmigo? Creí que dijiste que tu visita no tenía nada que ver con algo relacionado a las leyes. 

—Y no lo tiene —se apresuró a decir—. En serio. Es que bueno, como sabes, porque Hermione te lo explicó, el tema de la po—Draco estiró su mano y la colocó por encima de sus labios, callando su voz. El corazón de Harry dio un brinco y otra parte privada se removió.

—Shhh —fue la advertencia de Draco, que entrecerró sus ojos y miró hacia la puerta de la oficina. Pasaron unos segundos en silencio hasta que finalmente abriera la boca de nuevo—: Prim, ven acá, yo te lo ordeno.

Plop

La elfina llamada Prim, la misma que recibió a Harry cuando apareció en los terrenos de la mansión, se materializó en el medio de aquella oficina temblando de pies a cabeza con las orejas pegadas a su cabeza. 

—Amo Draco… Prim… Prim no estaba haciendo nada malo, amo Draco. A Prim le ordenaron venir a escuchar, amo Draco. Prim es una buena elfina, no la castigue, amo Draco. Ella solo obedecía órdenes…

Draco apartó la mano con la que callaba a Harry. Esto hizo que esa parte privada despierta se sacudiera en protesta. 

Mierda

—Tranquila, Prim —dijo Draco—. Respira y deja de temblar, por favor —Harry abrió los ojos como platos y su corazón fue salpicado con miel. ¿Draco pidiendo por favor a una elfa?—. Bien, muy bien —Prim respiró más tranquila aunque sus orejas seguían temblando con miedo—, solo quiero que me digas, ¿fue mi madre quién te envió a que escucharas mi conversación con Potter, Prim? 

La elfina empezó a temblar de nuevo. 

—Prim es una buena elfina, amo Draco. Ella sabe que ahora usted es el patriarca de esta casa, pero ella también sirve a la señora y señor Malfoy, amo Draco. Prim sólo obedece órdenes. Me castigaré, amo Draco. Me castigaré por no—

—Merlin —le escuchó susurrar a Draco pero Harry empezaba a preocuparse por Prim—. ¡Basta, Prim! Dije que no te castigaría, y no lo haré. Solo… responde mi pregunta. 

—El amo Draco es un gran amo, señor. Él nunca castigó a Prim. Sí, amo Draco —tembló otra vez y sus siguientes palabras salieron en un tortuoso tartamudeo—. L-l-l-a s-s-s-ee-ñño—-rr-r-r-ra Mal—-l-l-l-l-l-l-lf-f-f-f-f-f-f

Draco respiró hondo, mirándolo a él. 

—Lo siento, Potter, pero tendré que ser un poco duro con ella. Como ves, está muy nerviosa —entonces, dejándolo intrigado sobre a qué se refería con ser un poco duro, Draco se acercó a la elfina, serio y con sus ojos plata afilados como un cuchillo—. Yo, amo y señor de esta casa (*), te ordeno que te calmes. Te ordeno que todas las órdenes de la señora Malfoy o señor Lucius Malfoy queden anuladas hasta las doce de la noche. Nada de lo que te han ordenado y te ordenen deberá ser obedecido, ¿has entendido, elfina? si desconoces esta orden te daré la prenda.

Las orejas de la elfina se alzaron y sacudió su cabeza, sus ojos como pelotas de tenis se llenaron de gruesas lágrimas y su nariz chorreaba mocos. Harry sintió tanta pena por ella, que estaba a punto de levantarle la voz a Draco. No podía creer lo que estaba haciendo cuando hacía medio segundo estaba siendo todo miel con ella. 

—Amo Draco, la prenda no, no. Prim es una buena elfina, amo Draco. 

—No te daré la prenda, Prim. A menos que me obedezcas, ¿has entendido? —la elfina asintió frenéticamente—. Bien, entonces, ¿qué debes hacer ahora que las órdenes de mi madre han quedado anuladas? Prim, respira por Merlín bendito. 

—Prim debe volver a las cocinas. 

—Muy bien, eso es, Prim. Puedes volver a tus labores normales. Y algo más, te prohibo lastimarte. 

—Sí, amo Draco —la elfia finalmente desapareció con un plop

Harry estaba de pie, sus brazos tensos a un costado de su cuerpo mientras Draco apuntaba su varita a la puerta y murmuraba algo antes de volver a su lado. 

—¡Oh, por Merlín bendito, Potter! Te pedí perdón de antemano. No sé si te diste cuenta, pero mi madre la mandó a espiar —Ni así Harry se relajó, en su cabeza se estaba planteando si lo que sentía por Draco no había sido solo un espejismo—. Está bien, tal vez debí usar otro tono, pero no se me ocurrió cuál. Ya vez que se pone muy nerviosa —se llevó una mano al cabello rubio y lo recogió para atrás, al parecer, nervioso. 

Ante su frase, Harry pestañeó. Draco parecía sincero y su corazón dolió un poco por haberlo juzgado ese minuto. Relajándose, se rascó la nuca, ahora sí curioso:

—¿Por qué tu madre la mandaría a escucharnos?

Draco estiró su mano para que tomara asiento otra vez mientras él se sentaba arriba del escritorio, a su lado. 

—Cree que has venido a arrestarme. 

—¿Por qué haría algo como eso? 

Draco pareció sorprenderse con su pregunta, evaluando si su curiosidad era verdadera o podría ser una treta  (Harry se estaba ofendiendo muchísimo). Finalmente, lo vio respirar hondo y poner los ojos en blanco. 

—¡Melin, Potter! Tengo tantas ganas de ser sarcástico contigo y molestarte. ¡Lo dejas tan fácil! ¡Joder!. No soy un niño, pero es difícil resistir la tentación —lo que se había dormido en Harry volvió a despertar y debió buscar otra forma de sentarse—. Mi madre cree que vienes a arrestarme, Potter, porque bien dijiste, somos conscientes de los discursos del Ministro y sus acciones todos estos años,  y los pedidos de algunos magos y brujas recientes —Harry estaba por interrumpirlo cuando Draco sacudió la cabeza—: Mira, será mejor que hables rápido, porque en cuanto mi madre note que desvincule a Prim vendrá corriendo por sus medios.

—El Ministro nunca antes ha sido así, bueno, hace dos años —recordó en voz alta Harry—, pero estaba bajo el imperius —notó que Draco hizo mueca cuando mencionó que el Ministro siempre ha sido bueno—. ¿Por qué esa mueca? Digo la verdad, Malfoy. 

—Sí bueno... tal vez para ti ha sido bueno, Potter. Pero nosotros, los marcados, durante los primeros años después de la guerra, y hasta hoy en realidad, incluso saltando el año del Ministro bajo el imperius, cada vez que pasa algo somos los principales sospechosos. Ya he vivido eso, Potter. No importa si es cierto o no, si nadie me vio, somos sospechosos. ¿Sabes cuántas veces me llevaron al ministerio para interrogarme porque alguien robó una tienda durante el primer año después de la guerra? ¿Sabes cuánto humillan a Greg en el Profeta? ¿Eso es tratarnos bien para ti? Vaya, tenía mejor concepto de nuestro salvador. Potter, los primeros años éramos puestos bajo el veritaserum en nuestros interrogatorios, y a veces hacían preguntas que nada tenían que ver con el caso que manejaban, solo buscaban humillarnos y reírse de nosotros. Claro, hasta que lo descubriste, eso lo recuerdo. Te lo concedo, gracias por sacar el veritaserum de nuestros interrogatorios, Potter, pero déjame decirte algo que no sabes, sino no dirias que nos trata bien: Potter, aquella ley no quería decir que a veces se les escapara una gota antes de interrogarnos. 

Harry empezó a enojarse. Él no vio eso. Mierda .  Draco estaba por decirle algo más pero se calló la boca. 

—Bueno, ¿sabes? Puede ser —admitió Harry—. No leo el Profeta, lo siento. Mierda. 

—Potter, tranquilo. Dudo que el Profeta ventilara que los aurores hacían algo ilegal detrás de su jefe. Sobreviví qué es lo que importa. Ahora, ¿me dirás a qué debo tu honorable vista? 

Mierda

Se había olvidado. Pero ahora no estaba seguro, ¿no era el Ministro el hombre que estaba en el ministerio llevando todo en sus manos? ¿Lo era y solo estaba sacando su otro lado? No, no. Él conocía al Ministro. Es cierto que tuvo sus errores,  pero sabía que este no podía ser el Ministro que él conocía. 

—Sí, perdón. Hermione, Ron y yo, aunque no estés de acuerdo, creemos que este Ministro no es nuestro Ministro, creemos que, o bien puede ser Lewis, o alguien muy cercano a él. Dentro del mismo Ministerio están pasando cosas extrañas —Draco no se movió del escritorio, y Harry se obligó a deshacerse de las fantasías que querían entrar en su cabeza—. Como aún no sabemos nada de la poción, ni siquiera su tiempo de duración, y sabemos que los sensores no la detectan, estábamos pensando activar la Orden del Fénix. Vine a invitarte a ser parte, Malfoy —finalizó, mirando para otro lado mientras cambiaba su posición. 

¿Cómo podía despertarse en esta situación, Merlin?

El silencio de Draco lo mató y lo enfrentó. Draco no lo miraba, tenía su vista concentrada en otro lado, en la puerta, pero no realmente. Tenía la mirada perdida, con las manos en su estómago y Harry se asustó, ¿estaba sintiéndose mal? Carajo, estaba tan delgado. 

—¿Sabes, Malfoy? Tengo hambre, ¿y si me ofreces algo?

Draco alzó las cejas. 

—¿Te estás invitando a comer?

—Es raro, tu hospitalidad está fallando. Creí bueno recordarte algunos modales —Las mejillas de Draco se sonrojaron y llamó a Prim, que apareció tan tranquila como si no hubiese pasado nada—. Traenos algo de comer, Prim. ¡Ah! Y algo fuerte de beber. 

—Enseguida, amo Draco. 

Harry no estaba seguro si fuera buena opción beber, pero cuando vio el manjar y el olor que desprendía la botella que Prim llevó, no pudo evitarlo. Entonces, recordó el campo de quidditch. Levantó la vista. Draco no se sentó en su lugar, estaba aún sobre el escritorio. 

—¿Cómo estás de tus heridas? Por los crucio, digo. 

Draco bebió un poco y llevó un bocado de comida, masticando lentamente antes de tragar y responder. 

—Bien —dijo antes de dar otro trago a su bebida. 

—No debí estar borracho esa noche, Malfoy —miró la bebida de su vaso—. ¿Es seguro beber ahora?

—Tengo protecciones, y los niños están seguros en el colegio, Potter. 

—Lo siento, Malfoy. ¡Marlin! yo tambien tenia mis hijos allí. Aun así, no vuelvas a hacerlo, Malfoy. 

—¿Hacer qué?

—Irte sin decir nada. ¿Sabes cómo me sentí cuando desperté y no respondiste a mi llamado? ¡Maldición,  Draco! 

Draco alzó una ceja. 

—Potter, he recibido torturas peores. Claro, admito que era más joven y mi cuerpo sanaba más rápido, pero... la he tenido peores. No ha sido nada. 

¿No había sido nada haber sido víctima de un Crucio más de tres veces? ¿A qué jugaba Malfoy?

—No quiero que sufras ninguna otra tortura. No mereces ninguna herida más. — Tienes suficiente quiso decirle. Carajo , ¿le picaban los ojos?

Pronto, Harry estaba enojado, de pie y  respirando agitado.

—¿Potter, qué demonios…?

Los ojos plateados de Draco brillaron en desconcierto  y algo más, estaba conmovido tal vez por cómo se preocupaba por él. Draco no sabía cuánto. 

—Debo irme. Luego te mando una carta para decirte cuándo nos reuniremos en la nueva Orden del Fénix. 

Claro, Draco no le dijo que sí, pero sabía que Draco no perdería la oportunidad de estar de un lado donde pudiera proteger a sus hijos. La cosa es que no podía quedarse, algo estaba demasiado despierto y comenzaba  a dolerle. Si se quedaba no solo terminaría confesando los sentimientos que Draco  despertaba en él, sino que también lo besaría y lo apretaría contra ese escritorio.

Creo que necesito follar. 

*** 

Merlina se escondió detrás de un mural y esperó cinco minutos antes de respirar aliviada por haber perdido a Hugo Weasley. ¿Cómo había terminado en Slytherin? Sin duda, Salazar debería estar gritando en su tumba de ver la clase de gente que era seleccionada para representar los valores de las serpientes. Decidió echar una mirada, solo para estar segura. Si algo llevaba aprendido era que de lejos Hugo podía verse muy patoso, pero lo cierto es que era muy silencioso. 

Asintió, satisfecha. Ni Hugo ni la pelirroja le seguían. Siguió con calma su camino, aquí y allá algún que otro u otra la señalaba con el dedo y murmuraba a otro u otra. Ellos no sabían cuánto disfrutaba esa atención. Caminó y dobló hasta el aula que sabía era dónde estaba el aula de Runas Antiguas. Primero salieron chicos de Hufflepuff y Ravenclaw, luego algunos alumnos y alumnas de Slytherin. Finalmente, los alumnos de Gryffindor. Cuando vio a su objetivo, se paró enfrente de él. James Potter la miró desconcertado. 

—Me—¿Malfoy?

—Zanibi Malfoy —pidió que la llamara—, me gustaría hablar contigo —miró al flacucho a su lado y el chico tembló como pollito degollado—, a solas —agregó, sin sacarle la mirada de encima. . 

—Ve —le dijo James al debilucho que se tropezó con sus pies mientras corría y se alejaba de allí—. ¿Sí?

—Creo que se meó en los pantalones —se encogió de hombros. No debería importarle, si estos eran los gustos de un Potter, deseó que la maldición a Scorpius de que terminara con James Potter no se cumpliera—. Vengo a decirte que  por ahora estás fuera de mi lista negra. 

—¿Tu qué?

—Lista negra, Potter. Una lista en un pergamino donde colocas los nombres de aquellas personas de las que cobrarás venganza. ¿Sabes lo que es un pergamino ? —las pecas de Potter no ocultaron su sonrojo, ¿por qué tenía que ser tan estupido?—. Bien, estás fuera de ella porque castigaste a Michael y aún hoy tiene pelos en la cara. Pero te advierto, si vuelves a decirle algo a mi hermano que lo lastime, se me escaparan  un par de comehuesos de mi habitación, que de alguna manera aparecerán en tu cama. —no tenía más comehuesos, pero Potter no tenía que saberlo. 

Dicho esto, dio la vuelta y avanzó tres pasos cuando, frunciendo el ceño, miró una vez más a Potter. 

—¿Si sabes lo qué es un comehuesos, verdad? —El chico pareció asustado pero asintió—. Bien —dudó un poco del estado mental de Potter, pero bueno, aquel no era su problema. Salvo que cuando dio vuelta se asuntó, aunque logró esconderlo bien—. ¡Weasley! 

—Hugo, te dije que me digas Hugo —le dijo el niño—. Te he estado buscando, Mer. Tenemos Pociones,  vamos. Mi madre dice que no podemos perdernos ninguna clase. 

El chico la tomó de su túnica y la arrastró por todo el colegio hasta llegar al aula de pociones sin poder hacer nada porque… no había escuchado a Hugo llegar por la espalda. 

Maldición

***

El día viernes es cuando Albus se dirige a Cuidados de Criaturas mágicas junto a Sophie y Thomas, dejando a Scorpius y Vincent en el Gran Salón desayunando tranquilos porque tenían hora libre. 

Caminaba bastante emocionado, le caía bien Hagrid y era un gran amigo de la familia pese a las historias de que como profesor no era la mejor elección. Lamentaba un poco que Scorpius no hubiera tomado la clase. Thomas iba a su lado preguntando sobre las criaturas del mundo mágico. 

—Mi padre me ha contado de algunas, pero muy poco, para que el abuelo no escuche y se enoje. Aunque no estaba seguro de tomar la clase… ¿no nos llevará con las arañas, verdad? —decía. Sophie que había recogido su cabello e iba entre ambos chicos ahora sonrió

—Hay más de lo que uno puede contarte, y algunas criaturas ni siquiera son terroríficas como las arañas. 

Albus sonrió. Sabía el tipo de criaturas que esperaba ver Sophie al momento de tomar la clase sin importarle que su hermano optara por otra asignatura. Él había intentado advertir sobre Hagrid, pero aquí estaba. 

—No, Sophie, no sueñes —le dijo—, dudo que Hagrid, es decir el profesor Hagrid, traiga unicornios a la clase —y se rió tanto que Sophie soltó un gruñido y le pegó un empujón que casi lo manda contra la pared—. ¡Caray! Tranquila —se acarició el hombro. 

—Merlín, Al —le dijo ayudándolo—. Lo siento mucho. No logro controlar la fuerza —Albus frunció el ceño, ¿controlar su fuerza? Sí, necesitaba hacerlo, pero Sophie estaba tan roja que lo dejó pasar. 

—Estoy bien. No es nada. No soy tan débil —bajó la mirada porque carajo, dolía. Y no iba a decirle eso. Notó que desde ese momento Thomas cambió de lugar, decidiendo ir a su derecha. Para cambiar el ambiente, miró a la chica—. ¿No te sientes rara al tener tu primera clase sin tu hermano? 

Sophie se rió, sacudiendo la cabeza y con ello su cabello. Hacía bastante no hablaba con ella, últimamente, en los pasillos la veía hablar con Louis. 

—No solo son las clases, Al —le dijo ella—. Vivo con él, ¿recuerdas? Vincent no es solo mi hermano, es mi mellizo, hemos hecho todo juntos durante tanto tiempo que… se siente un poco raro, pero a la vez, es mi oportunidad. 

Thomas, incapaz de mantener más el silencio en el que se había sumergido preguntó:

—¿Oportunidad? 

Ya habían salido al patio, veían a otros alumnos dirigirse a donde se llevaría a cabo la clase de Hagrid, que estaba detrás de su cabaña. 

—Sí, ya ven como es, le gusta protegerme aunque no haga falta. Soy lo bastante fuerte para defenderme sola. Él debe seguir su camino y yo el mío, y esta materia es la oportunidad para demostrarlo. 

Albus de cierta manera lo entendía. Él no tenía un hermano mellizo pero sí uno mayor por un año, y había huido de su lado desde el momento que pisó Hogwart. Pedirle al sombrero que lo enviara a Slytherin seguía siendo la mejor decisión de su vida. 

Carajo, hasta tenía un club de fans, pensó algo rojo. Bueno, tal vez algunos eran de Scorp y suyos, pero allí había méritos propios. Ahí estaba su otra mejor decisión, ser amigo de Scorpius. Por alguna razón, lo había elegido desde antes de saberlo. Por eso tal vez se sintiera como si le faltara algo ahora mismo. Intentó sonreír  mientras se acercaban a donde Hagrid los esperaba. 

—¡Albus! —lo saludó entusiasmado—. Ah, pero si es Sophie, y Thomas… ¿Dónde están Scorpius y Vincent? ¿Y Rosie? 

Albus se apresuró a responder, conociendo el corazón sensible del gran amigo de su padre. 

—No han tomado la materia, profesor. Ellos se lo pierden. 

Hagrid pareció decaer un poco, pero después les sonrió muy contento. Albus pensó que era raro pero se dijo que le preguntaría al finalizar la clase. 

—Bienvenidos a todos y todas —dijo—. Empezaremos esta clase con algo sencillo y útil. Vengan, síganme. 

A Thomas le costó moverse pero cuando Sophie hizo un movimiento para arrastrarlo el chico prefirió hacerlo solo. 

—¿Qué le pasa? —le preguntó confundida. Albus tragó mientras se encogía de hombros, no sabía cómo decirle que el chico le tenía miedo.

Para alivio de su amigo, Hagrid sólo los llevó hasta detrás de casa, donde habían varios pozos entre la tierra muy húmeda. 

—¿Alguien puede decirme qué cree que veremos hoy? 

Albus no tenía la más mínima idea. Tenía que reconocer que no conocía mucho de las criaturas, salvo que aun el día de hoy, algunas no debían ser catalogadas como tal, pero sabía muy bien que Hagrid le consultaba estas cosas a su tía Hermione. Para su sorpresa, a su lado, Sophie levantó su mano junto a otros Ravenclaws. Entonces, alguien captó su mirada. Era Marietta, quien le sonrió y corrió a pararse a su lado. Albus la ignoró, molesto. 

—Oh… Cuántos… a ver… ¿Señorita Goyle? 

—¿Gusarajos? 

—¡Muy bien! Cinco puntos para Slytherin —Albus y Thomas la miraron con los ojos abiertos. Los cuchicheos empezaron a escucharse entre los alumnos. Escuchó algunos “ pero son aburridos ” “e l ministerio los catalogó con una X (**) ¿por qué los vemos? —. ¿Y puede decirme para qué son útiles, señorita Goyle? 

Albus miró a su amiga quien asintió. ¿Habrá pasado el verano estudiando? 

—Sí, profesor. Su moco se usa para algunas pociones, como la poción herbovitalizante o la poción curadora de forúnculos.

—Cinco puntos más para Slytherin. 

—¿Le quieres hacer competencia a Rose? —le preguntó bajito. Sophie se rió pero negó. 

—No seas tonto. Él único que puede hacerle competencia a Rose es Scorp. 

Pero Al juró ver a la chica muy contenta consigo misma. Entonces, pese a que la clase fue aburridísima, porque el Gusarajo era una cosa aburrida que no hacía nada, y debió guardar el moco asqueroso que largaba, recordó que en Pociones habían habido varios calderos con la poción herbovitalizante. 

¡Argh ! maldito profesor Slughorn. Seguro había desabastecido el maldito armario de ingredientes. 

Estuvo tan agradecido cuando terminó la clase que no le importó el maldito ensayo que le dejaron de tarea. 

Cuando Hagrid se acercó a ellos, Albus agradeció haber aprendido mentir en todos estos años en Slytherin, de esta forma podía decirle que la clase había sido magnífica. Hagrid tenía esa sonrisa de oreja a oreja y él no pensaba romperle el corazón. 

—Estoy tan contento —les dijo. Albus intentó intercambiar una mirada de incredulidad con algunos de sus amigos, pero ninguno le siguió la corriente y extrañó a Scorpius—. Sophie, estuviste increíble —felicitó a la chica—. Por cierto, si ven a Scorpius diganle que tiene una hermana increíble. Hace mucho no llega alguien al castillo con ese don de la belleza de las criaturas donde otros ven amenazas. 

—¿Se refieren a Merlina, profesor Hagrid? —Interrumpió Thomas. 

—Así es, gran chica la hermana de Scorpius. 

*** 

El Profeta: ¿DRACO MALFOY PLANEA REVIVIR A LOS MORTIFAGOS? 

Un grupo de ex mortífagos fueron vistos en Las Tres Escobas hablando entre ellos en voz baja. ¿Planean algo? Esperemos que el Jefe de Aurores sea profesional y separe su vida personal de su vida profesional. Puede que no todos lo sepan, pero se dice que fueron juntos al partido Inglaterra vs Francia y lo han visto frecuentar su casa varias veces durante el verano. 

¿Este es el tipo de luto que guardará Malfoy a su fallecida esposa?

*** 

Corazón de Bruja: Theo aparece en público en semanas. 

Theo, el cantante de Calderos, apareció después de semanas para una entrevista que teníamos programada. 

“No se preocupen. Estoy bien, solo me tomé un descanso.” dice a sus fans.

Se le consultó lo que todo fan quiere saber, el estado de su relación que es la fuente de toda historia de amor. Al oír nuestra pregunta sus mejillas se ponen rojas, sus ojos adquieren un brillo especial, y nosotros que estamos a su lado intuimos la respuesta antes de escucharla. 

“La verdad es que mi vida no debería estar así en boca de todos, pero nos han acompañado tanto que deseo decirles que no se preocupen, mi relación es más fuerte que nunca en este momento”  

*** 

Scorpius vio molesto la lechuza de su fan en la ventana de su cuarto. Estaba frustrado aún por el Profeta que hizo quedar la relación de su padre con el señor Potter como algo más que una amistad. ¡Merlin! Que ni siquiera eran amigos, solo estaban siendo amables el uno con el otro por su amistad con Albus. Su amigo, al leer el profeta puso los ojos en blanco y lo tiró en el primer cesto de basura que vio. La lechuza en la ventana lo apuró. 

—¡Ahora va! —le dijo, tomando la tía roja con la que siempre venía y la desató, tomando la carta—. Ya está, puedes ir al lechucero a tomar agua. Buen trabajo —el ave le daba cosa, debería de estar cansada de traerle cartas. Le vio la otra pata, la carta a Rose ya había sido entregada. Se pasó la mano en la frente, aún hacía calor. 

Entonces, volvió a sentirse mareado. 

Mierda

Seguía sin poder dormir. ¿Cuánto faltaba para empezar a entrenar? Ya estaban en octubre. Cerró los ojos. Albus se despertaba con sus sollozos y lo acurrucaba en sus brazos, pero seguía sin poder dormir. Una punzada en un costado de su cabeza fue demasiado fuerte. 

—Ay —apretó fuertemente los ojos y escuchó que lo llamaban

—Scorpius Malfoy. 

Quiso ir, pero no era momento, no aún. 

Abrió los ojos. 

Mierda

¿Ir a dónde? 

No. 

Sacudió la cabeza. Era el sueño, y una posible pesadilla. Estaba seguro. Por suerte se recuperó de inmediato. Se acomodó su coleta y vio la tirita roja aun en sus manos, por lo se acercó a un cesto de basura y la tiró antes de guardar la carta, Estaba echándola en su mochila cuando Albus entró, serio con Vincent detrás. 

—¿Qué les pasa? —preguntó. 

Albus corrió a su encuentro y se acercó. 

—Mi hermano y su novio, ¿¡qué digo!? ¡Su ex! Se pelearon en medio del pasillo cerca de los baños —le dijo. 

—¡Y de qué manera lo han hecho! —agregó Vincent—. Creo que hasta los centauros en el Bosque Prohibido se han enterado. ¿No escuchaste nada?

Scorpius frunció el ceño. 

—No, ¿qué pasó? —preguntó confundido. 

—Alcanzamos a escuchar solo partes —aclaró Albus—, pero lo suficiente para entender todo. El ex de mi hermano dijo algo de como James no ha hecho nada por parar los rumores. 

—¿Qué rumores? —Scorpius no había escuchado ninguno. 

Albus y Vincent lo miraron con los ojos abiertos, hasta que el primero sacudió la cabeza. 

—Hace varias semanas dijeron que vieron al ex de mi hermano con los pantalones mojados porque se hizo encima. 

—Al parecer, es otro Gryffindor en la casa equivocada —se rió bajtio Vincent.

Albus se encogió de hombros.

—Ahí es cuando entra lo que le respondió James a los gritos —lo miró otra vez y después a Vincent quién asintió. Scorpius se mostró intrigado, ¿qué sucedía?—. Le dijo, bueno, le gritó que era un idiota por asustarse y querer meter a una niña en eso. Merlina solo tiene once … 

—¿Merlina? —Scorpius no pudo evitar preguntar, interrumpiendo a su amigo—. ¿Qué tiene que ver Mer, Al? 

Vincent fue quien dudó. 

—Bueno —balbuceó Vincent—. Ese idiota Gryffindor dijo algo de como Mer lo asustó y le lanzó una maldición con los ojos y  que por eso se meo en los pantalones. ¡Pero James dijo que eso no era cierto! —agregó tan rápido que Scorpius no había alcanzado a dar un paso. 

—Espera… —Scorpius estaba procesando lo que sus amigos estaban diciendo—. ¿Al, tu hermano defendió a mi hermana?

—Seeee… —Albus se encogió de hombros—. Creo que está madurando. 

Scorpius asintió, agradecido y conmovido. Una sonrisa se formó en sus labios, pero dónde había estado que no había escuchado de esos rumores. Carajo . Tal vez tuviera que pedir otro poco de poción para dormir a Madam Pomfrey. No podía seguir así de distraído. 

*** 

Querido Scorpius. 

Es una pena que no hayan noticias tuyas ni de Rose. Deseo tanto ver una foto, ¿sigues con el cabello largo? Hoy estuve por el Callejón Diagon, vi unos cuantos lazos que podrían quedarte muy lindos. Te vendrán bien para la próxima temporada de Quidditch. ¿Por qué no envías fotos? 

Fary  Bafernk. 

***

Querido Albus. 

Estoy en el colegio. No en Hogwarts, ya te conté que era una pena no poder ir allí. ¿Sabes? Es una pena no tener muchas noticias tuyas ni de Scorpius, aunque ha sido agradable volver a leer de Theo. Estoy pensando mucho estos días. Hay un chico que me gusta, pero no estoy seguro de poder confesarme porque creo que le gustan solo las chicas.  ¿Tu qué me recomiendas? 

Pd: Gracias por tratar bien a mi lechuza. No hace falta que respondas, me basta con imaginar que lees mis cartas. 

Notes:

Tal vez me fui al paso con la extensión del capítulo.

Aclaraciones:

Una importante, cuando hablo de despertaba, que se despierta algo en Harry, espero que se entienda que es su parte ímtima. Aun me cuesta se explicita en eso jajaja. Ya lo logaré.

(*)No conté por qué aun Draco es ahora el gran señor de Malfoy Manor. Pero ahora lo es. Después diré por qué (porque me fui al pasto con la extensión del capítulo)
(**)X (la calificación más baja posible, o "aburrido")

Chapter 12: Capítulo once Moco de Gusarajo

Summary:

Un antídoto que ayuda a Scorpius y una noticia que altera a Harry.

Chapter Text

Capítulo once 

Moco de Gusarajo

El Profeta: LA NIÑA MALDITA ATACA DE NUEVO

La niña maldita, Merlina Zabini Malfoy, camina por los pasillos de Hogwarts y cosas empiezan a pasar cuando se aleja. Una fuerte cercana nos contó cómo solo con su mirada hizo que un estudiante de tercer año no pudiera controlar su ganas de ir al baño. Otra fuente nos contó que desde septiembre hay clases que se cancelan porque pasan cosas extrañas, como un aula atestada de arañas. Ella es señalada como la culpable. 

La directora del colegio debería de plantearse dejar de tener una alumna así. Hasta Peeves parece más inofensivo. 

***

Tarón decidió que este año no haría pruebas para el equipo, ya que estaba satisfecho con el equipo como estaba, aunque sí hizo algunas para tener suplentes por las dudas. Scorpius nunca estuvo más feliz porque empezara la temporada. Si bien las materias que había escogido le exigían cierto esfuerzo cognitivo, no era el suficiente para llegar a la noche molido y dormir. Madam Pomfrey ya había empezado a negarle la poción para dormir, pero con el comienzo de los entrenamientos, logró dormir naturalmente sus primeras noches. 

A mitad de Octubre tuvieron su primer partido contra Hufflepuff. Las gradas estaban repletas. Vio a James, Fred y Louis en las gradas de Slytherin junto a Rose. Scorpius intercambió una mirada con Albus. 

—No es la primera vez que nos ve —le dijo su amigo. 

—No, pero es la primera que no está debajo de una capa —le respondió Scorp. Albus se rió. 

—Sí, porque papá no se la devolvió. 

Scorpius sacudió la cabeza y miró a las gradas. James no lo había visto ni una sola vez, eso le decepcionó un poco, sin embargo, tan pronto como sonó el silbato, Scorpius se sintió más vivo que nunca. 

Si bien no fue el mejor partido, le dio la emoción suficiente para disfrutar del deporte. Atrapar la Snitch fue casi caldero cocido y Albus fue el cazador que más tantos marcó. Vincent no dejó pasar ninguna Quaffle.  Así ganaron su primer partido. Por primera vez, Jenna les dejó probar la famosa cerveza de manteca que pidieron a los elfos en la cocina. Scorpius sintió que hacía siglos no era tan feliz. 

—Creo que será mi bebida favorita —dijo, bebiendo otro sorbo. 

—¡Sí! —gritó Albus sobre la música que Jenna había puesto, es decir, toda la discografía de Theo y su banda—. Cuando vayamos a nuestro primer fin de semana a Hodgmade tenemos que ir a Las Tres Escobas.

La felicidad de Scorpius flaqueó un poco.  

—No sé si me dejarán entrar, Al —explicó—. Los Malfoy tenemos la entrada prohibida —Los ojos de Albus se abrieron tanto que Scorpius quiso decirle que bromeaba. Finalmente decidió que no—. Cosas que pasaron en la guerra. Estoy seguro que ni siquiera ahora que hay rumores de nuestros padres llevándose bien me dejarán entrar. 

Pero antes de su vista al pueblo mágico, llegó el turno de Gryffindor jugar su partido. Albus y Scorpius fueron junto a Rose que vestía, como raras veces la veían, de rojo fuego por todos lados. Y… ¿Tenías los labios rojos? Scorpius nunca la había visto con los labios pintados. Después de caminar un rato juntos se encogió de hombros. 

—Te quedan bien los labios rojos, Rosie —dijo. La chica se sonrojó del color de su ropa y Scorpius no estaba seguro si hizo bien en abrir la boca. Alguien se quedó sin aire a su espalda y cuando giraron, un niño de primero corría hacia el castillo. Scorpius no le dio mucha importancia.

¿Aún quedaba gente que no estuviera acostumbrada a ver serpientes y leones ser amigos? 

Sacudió la cabeza y pasó su brazo por detrás de la espalda de Albus. 

—¿Crees que tu hermano ganará? —le preguntó. No lo dijo pero pasó toda la noche pensando en cómo saldría el partido. 

—Bueno, creo que Fred como capitán puede sacar algo bueno de él, pero no creo que haga milagros. 

—Creo que ganarán —dijo convencido.

Albus se rascó la nuca. 

—Lo sé, solo no quiero perder la costumbre de criticar al idiota de mi hermano. Déjame, ¿si?

Scorpius se rió y después pasó su otra mano detrás de la espalda de Rose, sin soltar a Albus. 

—¿Y tú, con la garra en el corazón, Rosie, crees que Gryffindor ganará? 

—He visto los entrenamientos —eso sorprendió a Scorpius y recordó que James le comentó que la chica quería aprender a volar—. James está más serio que nunca. Ya casi no hace bromas en la sala común. Creo que ganarán. Que ganaremos —se corrigió. 

Vaya, pensó. Entonces no habían sido sensaciones suyas, James estaba comprometido con el Quidditch. Tal vez este sería un partido interesante de ver. 

No se equivocó. Gryffindor mejoró muchísimo, aunque Ravenclaw les dio una estúpida buena pelea. Finalmente, James atrapó la Snitch. Scorpius sentía que hace siglos no aplaudía a alguien como en ese momento. 

*** 

Corazón de Bruja: Resurge el Amor. 

Un estudiante de Hogwarts que prefiere mantener su nombre en secreto nos escribió para decirnos que Scorpius Malfoy y Rose Weasley vuelven a sentar las bases de su relación. 

No fue una carta que recibió esta revista, sino que otro estudiante, que también prefiere mantener su nombre fuera de la vista, asegura que la relación que mantiene Scorpius Malfoy es imposible de poder ponerle un título ya que no sale con uno o con la otra, sino con ambos. ¿Estaremos frente a la primera relación poliamorosa oficial del mundo mágico? 

*** 

Estudios muggle era más interesante de lo que realmente Scorpius hubiera pensado. Si bien era cierto que no tenía mal concepto de ellos, ahora estaba sintiendo una admiración genuina, el uso del teléfono móvil le parecía surrealista. De solo imaginar no esperar por una lechuza, ni lograr usar un Patronus, sino un mensaje inmediato…

¡Vaya, qué ingenio!

Lo que más le gustaba era esto llamado televisión, finalmente había aprendido el nombre.  Era una pena que todas estas cosas que transmitían algo de forma sincrónica en cada hogar del país no lograrán superar las interferencias de las viejas áreas mágicas, como Malfoy Manor por ejemplo. Ni hablar del colegio, donde el profesor les explicó que debido a todos los hechizos para protegerlos no solo de ojos muggles sino mágicos, porque las escuelas eran muy celosas de su ubicación, hacen de cualquier artefacto muggle algo inutil.

Scorpius no cesaba de tomar notas y pensar si poniendo algo de magia a estos artefactos funcionarian. Carajo, es que qué bueno sería contar con un teléfono móvil, no solo para comunicarse con Thomas, sino con todos, sin tener que gastar tinta y caminar hasta el lechuzo. 

—Vaya estupidez —susurró alguien a su espalda. A su lado, Vincent le devolvió una mirada curiosa y miraron hacia atrás donde estaba Emily, la Gryffindor amiga de Rose—. Scorpius, ¿no te parece patético tanta cosa muggle? 

—No, de hecho me parece interesante, ¿podrías guardarte tu opinión para tus ensayos y dejarnos escuchar, gracias? —no pretendía ser frío, pero realmente no quería perderse nada de lo que el profesor estaba diciendo. 

La chica se puso tan roja que no volvió a levantar la cabeza ni a murmurar nada en el resto de la clase hasta que terminó. Estaba charlando con Vincent sobre sus notas y sobre qué elemento tecnológico usarían para su ensayo cuando Emily le tocó el hombro. Pensó que tal vez debería disculparse con ella. 

—¿Sí? —Preguntó. 

—¿Podríamos hablar un momento? 

—Claro —miró a Vincent—. Nos vemos en el Gran Comedor, dile a los demás que ya voy. 

—De acuerdo. 

Emily seguía roja y con la mirada en los pies mientras se acercaba a una pared, dejando al resto de los alumnos seguir su camino. 

—Oye —dijo Scorpius—, lamento haberte dicho que guardaras silencio de esa forma —se disculpó.

 Emily finalmente lo miró y negó. 

—No, no. Está bien. La verdad no pienso así, a mi también me estaba pareciendo interesante la clase. 

—Oh… —¿Entonces por qué dijo que no? se preguntó él cuando ella volvió a hablar.

—Solo lo dije porque pensé que tú pensarías así, aunque debí saberlo. ¡Soy una idiota! Eres amigo de Foster, después de todo. 

Ok, Scorpius estaba perdiéndose en esta conversación por la que la detuvo un segundo. 

—Espera, no entiendo ¿por qué dirías algo que crees que yo pienso? —La chica volvió a ponerse tan roja que se asustó. 

¿Acaso…? No, no podía ser. 

—Rose me ha dicho que ustedes solo son amigos. 

Ay, no. 

—Sí —respondió débil. 

No debí aceptar hablar con ella. 

—Y que tú y Albus también son amigos. 

Merlín bendito, esto no está pasando. 

—Sí. 

—¿Quisieras — no, no quisiera , pero cómo iba a decirle eso, por favor que no diga nada más — sal—

—¡Emily! —gritó alguien, interrumpiendo. Scorpius se relajó cuando James llegó hasta ellos mirando a la chica—. Te están buscando. Marietta entrará en un ataque de nervios si no te apuras, algo de la primera edición de tercero. 

—Me había olvidado —Emily parecía de verdad afectada—. Después hablamos, Scorpius —la chica se fue y Scorpius se relajó contra la pared. 

—¡Merlín bendito! Gracias, Potter. 

James abrió los ojos como platos mientras lo miraba. 

—¿Por qué? No entiendo, Malfoy. 

—Ella estaba por declararse —lloriqueó. 

—Oh. ¿No quieres salir con ella? —Scorpius negó—. Pero es muy linda. 

Scorpius hizo un mohín. 

—Entonces ve tú y pídele salir —dijo más brusco de lo que pretendía, o no. La verdad de repente estaba enojado. 

—Oh, no, gracias. Me parece linda y todo eso pero paso. 

El cuerpo de Scorpius no supo si relajarse o no. Optó por mirarlo. El cabello de James estaba creciendo, pensó que de esa manera le quedaba mejor. Su cuerpo también estaba cambiando, tal vez debido a la temporada de Quidditch. Los músculos en sus hombros eran notorios. Lamentaba que fuera más alto que él y tener que mirarlo hacia arriba, pero lo recompensaba esos ojos azules en los que le gustaba perderse. 

—¿No tienes clases, Malfoy? Vi a Albus casi correr dejando su vida en ello. 

Scorpius miró su reloj. 

—¡Oh, por los calzones de…! Tengo pociones. Mierda, no alcanzaré  a comer nada —le daría mareos, estaba seguro. Anoche no había dormido bien y despertó con Albus mirándolo, pero ya no tenía tiempo—. Nos vemos, Potter. Gracias una vez más. 

*** 

Maldición pensó James. Era cierto lo de Marietta, sin embargo, desde hacía rato que había encontrado a Emily, se quedó mirando escondido como conversaba con Scorpius. Sabía las intenciones. Merlin, todo Gryffindor sabía sus intenciones. La sala común era solo un popurrí de chicas que orquestaban cuándo y dónde detendrían a Scorpius, otro tanto de chicas a Albus, y como se les declararían. 

Se dijo con mucho esfuerzo que le cedería ese espacio y ver qué pasaba. Le intrigaba. No estaba seguro si Scorpius mostraba interés por alguien,  a veces creía que sí le gustaba Albus, otras pensaba que le gustaba Rose. Mierda, le fue tan difícil concentrarse en su juego teniéndolo en la tribuna con ellos dos. 

Además, no podía sacarse el maldito artículo de corazón de bruja. Tuvo que ir a la biblioteca a ver qué mierda era eso de poliamor y… Le pareció que podía encajar. 

Luego, viendo como Scorpius parecía estar asustado,  no pudo dejar a Emily con más tiempo, se acercó a interrumpir. Se le aflojaron las piernas cuando quedó claro que Scorpius no quería nada con Emily y le dedicó una mirada tan profunda. 

Mierda

Le gustaría tener una posibilidad con él. 

***

Scorpius llegó apenas a tiempo. La clase de Slughorn consistió en seguir con la elaboración de diferentes antídotos contra venenos cuyo ingrediente principal eran mocos de Gusarajos. 

—Por culpa suya estoy seguro que volveremos a ver a los malditos Gusarajos en Criaturas Mágicas —se quejó Albus, quien le había contado que cada tanto recolectaban mocos de los seres más aburridos que la tierra podía tener. Scorpius se alegró de no estar en esa materia. 

—No creo —recordó—. A Merlina le gustan mucho —dijo en susurros—. Me contó que ayudó al profesor Hagrid el fin de semana a extraer más mocos. 

—Oh —Albus frunció el ceño—. ¿Qué puede encontrar de interesante  en estos bichos alguien como tu hermana? —La verdad Scorpius se preguntaba lo mismo porque hasta Sophie se había quejado de los Gusarajos, por ello, en respuesta se encogió de hombros. 

—La poción del día —el profesor elevó la voz y Scorpius buscó prestarle atención—, se trata de un antídoto de uso general, sirve para algunos venenos no potentes, como la picadura de una araña por ejemplo. También para algunos venenos de un nivel un poco más alto, por ejemplo, un veneno hipnotizante.  La forma de preparación está en la página 35 del libro en sus mesas. Pueden trabajar de a tres. Manos a la obra. 

Para sonrisa de Albus, Marietta debió irse de su mesa ya que Rose estaba con ellos. La elaboración de aquel antídoto les llevó más de media clase. Los vapores, como Scorpius esperó, le hicieron sentirse mareado y débil. No sé dio cuenta hasta que se vio sentado en una silla con Rose y Albus mirándolo muy preocupados. 

—Estoy bien —les dijo, esbozando una sonrisa débil antes de pelear por ponerse de pie, algo que logró solo con la ayuda de Albus—. Gracias. 

Para cuando terminaron su poción, el profesor Slughorn fue caminando mesa por mesa, elogió a tres grupos, entre los que estaba incluido el dúo de los mellizos junto a Thomas y ellos tres. 

—Señor Malfoy. 

—¿Si, profesor?

—Debería beberla. Lo vi, este antídoto puede ser bueno para usted.

—No estoy envenenado, profesor —o eso esperaba. ¿Alguien lo estaba envenenando? ¿Quién? 

—No tiene por qué, tal vez solo sea un mal de estómago por alguna comida, si lo piensa, en una especie de veneno. Beba. 

Scorpius confiaba en su poción, sabía que tenía el color perfecto, el que el libro decía, ¡y Merlin! Su padre le enseñaba pociones desde pequeño. Además, el mismo profesor la tomó como una de las mejores de la clase, pero una parte de él estaba asustado. Respiró hondo, sacó un poco de poción, la colocó en un vaso y la bebió. 

Argh

Moco de Gusarajo. 

Era asquerosa. Hizo una arqueada y se sonrojó por no poder contenerla. Casi de inmediato, sin embargo, se sintió muy bien. 

—Veo que hizo efecto. Muy bien. Este es el fin de la clase. Esta vez no les dejaré tarea. 

—Gracias, profesor. 

Honestamente, Scorpius hacía mucho no se sentía tan bien. 

*** 

Harry se encontró con Hermione en la puerta de la sala de conferencias. En cuanto se acercó a ella, vio pasar a otros dos magos ancianos y frunció el ceño. 

—Hermione —susurró. Su amiga asintió. 

—Lo sé, ellos no pertenecen al Ministerio. Pero ya sabes. Lo que el Ministro quiere hablar debe ser algún evento. 

Ante las palabras de su amiga Harry no pudo más que sentir que pestañeaba inútilmente. Hermione lanzó un suspiro. 

—Harry, ¿sabes quienes son, verdad? 

—No, no lo sé. 

Su amiga tiró de su túnica de auror y lo llevó a una esquina. 

—Son dos de los magos con más dinero en su cuenta del banco. Sí, más que los Malfoy, Harry. Ellos patrocinan muchos de los eventos. Ellos patrocinaron el partido al que fuimos durante el verano. Ellos dan grandes fiestas todo el año. 

—Oh… 

Su amiga lo consideró un caso perdido cuando se quedó con los ojos como platos, viendo a alguien acercarse. Harry miró y se quedó de piedra. Jamás pensó volver a ver a esa persona. Era más alta que Hagrid, y a diferencia de él, ella no admitía su sangre gigante en ella. La edad no la hacía más pequeña, es más, Harry no vio ninguna señal del tiempo en Olympe Máxime.

—Hagy —la saludó—. Tango tempo. 

—Madam Maxime —saludó junto a Hermione. 

¿Qué hacía ella allí?

Le dieron el paso y entraron. Dentro, se dirigieron a las butacas al lado del Ministro que ya estaba allí. Hubo varios rostros que Harry estaba seguro no pertenecían al Ministerio. Se preguntó si serían ricos.

Una de las brujas que estaba presente era de aspecto joven, simpática y vestía al estilo moderno Muggle (unos jeans rotos y una remera manga corta que dejaba ver su ombligo). Recibió tantas miradas de rechazo que Harry creyó que en cualquier minuto la chica diría algo, pero ella solo se dedicó a ignorarlos a todos. Otras de las personas desconocidas era un mago bastante viejo, sin cabello ya, con una barba al estilo oriental. Las bolsas de sus ojos indicaba que era el más grande allí en la sala. Madame Máxime era quien más destacaba, pero curiosamente, nadie le prestaba tanta atención. 

Pronto, después de que llegara un señor con el rostro más duro que veía en años, una barba que podía competir con la de Hagrid y  con un abrigo demasiado grueso que dejó en su asiento, la asamblea comenzó. El principio fue demasiada charla que Harry casi se durmió si no fuera por los constantes codazos de Hermione, hasta que el Ministro amplió los brazos y les sonrió a todos. 

—Algunos de ustedes ya saben el propósito de esta reunión. Muchos ya tienen conocimiento de lo que ha pasado durante estos dos años en el mundo mágico —Harry frunció el ceño ¿ pasado ? Seguía pasando. Miró nervioso a Hermione pero ella solo estaba atenta al Ministro—. Los terribles hechos han roto lazos de confianza entre nosotros, y creo que hoy más que nunca debemos demostrar a nuestra gente que no es así. Los tiempos oscuros no volverán. Los días se irán haciendo más claros con cada nuevo amanecer. Nuestro mundo será cada vez más puro —un escalofrío al escucharle le recorrió el cuerpo. Tal vez no estuviera hablando de la pureza de la sangre, pero era un discurso tan fuerte, que Harry le daba asco y podía ya mismo afirmar que algo pasaba con el Ministro—. Por eso, tengo el gran honor de informarles a todos los que todavía no lo saben, que trabajaremos mucho en sanar los vínculos no solo nacionales, sino internacionales. A partir de hoy, trabajaremos en una nueva edición del Torneo de los Tres Magos, o mejor dicho, como he decidido llamarle, Torneo de los Magos que se llevará a cabo el año que viene. 

Fue como si el corazón de Harry se detuviera. Incluso dejó de escuchar a las personas en la sala. Sus recuerdos viajaron al pasado, cuando tenía 14 años y alguien puso su nombre en el Cáliz de Fuego para que participara de un Torneo que lo llevó a Voldemort y donde vio morir a un estudiante inocente. 

No .

Le costaba respirar. 

No

No podían volver a realizar el  Torneo, no cuando Lewis podría ser el Ministro, no cuando habían prófugos. No cuando aún no sabían quién mató a las personas en Azkaban. No cuando sus hijos estaban en Hogwarts. 

No . Lo primero que le dijo a Hermione al salir de allí y entrar a su oficina fue:

—Debemos realizar la reunión de la Nueva Orden del Fénix, este fin de semana, Hermione. 

Su amiga estaba pálida, por un segundo pensó que no le escuchó pero asintió. 

—Esta noche los llamaré a todos, Harry. Avísale a Malfoy. El próximo sábado, en mi casa. 

Chapter 13: Capítulo doce

Summary:

La bomba en la portda del Porfeta parece no tener efecto en los estudiantes que creen que hay mejores historias que seguir y ver.

Chapter Text

Capítulo doce

 

El Profeta: ¿MILAGRO EN EL MUNDO MÁGICO O MAGIA NEGRA?

El novio del popular cantante Theo., Ryan fue visto en las puertas de la casa que comparten y fotografiado mostrando un deforme estómago como si fuese una mujer embarazada, pero es un hombre.

Fuentes cercanas, íntimas a la pareja, aseguran que efectivamente está embarazado, pero todos sabemos que eso es imposible. ¿Acaso están usando magia negra?

¿Se tratará todo de una mala broma atrasada de Halloween?

Ver también.  Nuevos extraños sucesos en Hogwarts, ¿la niña maldita ataca de nuevo?

***

Corazón de Bruja: MILAGRO EN EL MUNDO MÁGICO

Siempre han existido las parejas del mismo sexo, sin embargo, debido a prejucios y a la busqueda de la supervivencia magica, las parejas siempre se han casado con las personas adecuadas para generar herederos, ¿es que todo fue en vano porque la magia permite a dos personas del mismo sexo tener descendientes? ¿Es que nuestra genética ha evolucionado? ¿Es el novio de Theo, Ryan especial? ¿Es Theo el especial? Solo sabemos que debemos felicitar a la pareja por su primer bebé.

***

Querido Albus.

Estoy tan emocionada. ¿Has escuchado las noticias de Theo y su novio? Tendrán un bebé, aún no se sabe cómo, dudo fervientemente que sea magia negra. Para mi han logrado desarrollar una poción fertilizante.

¿No te emociona saber que al terminar Hogwarts podrás darle a Scorpius mini Malfoy-Potter?

¡Traerán nuestra tan anhelada paz!

No lo dejes ir, Albus.

Scorbus te apoya.

Linda Fierrer.

—Toma —dijo Albus al terminar de leer su carta, pasándosela a Scorpius. Estaban en la sala común, lejos del fuego. Su amigo lo miró sin entender—. Te va a interesar —le dijo. Finalmente, su amigo la tomó y él agarró otra carta—. ¡Argh! No hay ninguna de este chico que queria confesarle su amor al chico que le gusta.

Scorpius, estirando la carta para leerla, se tomó un momento para responder.

—¿Cómo fue tu gran consejo, Al? "sigue tú corazón" —puso los ojos en blanco.

Albus se avergonzó. Usualmente no le respondía a nadie, pero el chico estaba dando pena. No quería decirle qué debía de hacer, pero se le hacía mal no decirle algo. Entonces recordó una vieja letra de algunas de las canciones que su abuela Molly suele escuchar aún hoy y le escribió eso.

—¿Sigues recibiendo cartas de ese que parece un maldito pervertido de 17 años? —preguntó. Vio a su amigo que ya estaba leyendo su carta y veía como sus mejillas se iban poniendo rojas.

—¿Así que me darás un mini Potter Malfoy? —preguntó rojo del color de la bandera de Gryffindor. Albus se rompió por la risa. Scorpius respiró hondo—. Y sí, me sigue escribiendo. Ya me da algo de asco leer sus cartas.

—No lo hagas. Es escalofriante.

Albus había leído algunas de esas cartas. En verdad parecía un pervertido, a veces incluso conversaban los pro y contras de que en realidad tuviera 17 años.

—¿Sabes? —Scorpius estiró su mano y sacó una revista de la mesita—. No entiendo cómo los estudiantes no están hablando más de esto —en la portada estaba la foto de la pareja de Theo con un evidente vientre.

—Bueno, están más interesados en nuestra relación poliamorosa —soltó. Scorpius volvió a poner los ojos en blanco. Al principio, cuando debieron buscar la palabra, se habían muerto de vergüenza. Además, Merlín ¡Rose es su prima sanguínea!

¿Era extraño un hombre embarazado pero no una relación con su prima? Ajá.

Scorpius le había explicado por qué, resultó que durante años magos y brujas, los más tradicionales, se casaban entre primos y primas, hasta habían registros de matrimonios entre hermano y hermana, solo para mantener la pureza de la sangre. Así que muchos, si mañana decía que estaba enamorado de Rose, no dirían nada.

Pero con los días, Albus empezó a reírse. Es que vamos, ¿cómo podían pensar semejante cosa? Recientemente, de todas formas, empezaron a surgir otros rumores, que Rose Weasley, antes de conocer la historia de Theo y su novio Ryan, tenía un juramento inquebrantable con ellos de que sería la madre sustituta del futuro Potter-Malfoy, es decir, aquella que llevaría su hijo. Albus empezaba a cuestionar la mentalidad del mundo mágico.

—Ojalá alguien saliera a revelar que tiene ese tipo de relación y dejarán nuestra amistad en paz —concluyó Scoropius—. Con lo que me está costando volver a la normalidad con Rosie. El otro día vi a Fred enseñarle a volar, se veía seria. Parece que va en serio.

—Sí, también los vi. Pero creo que ella está menos rara que antes —Scorpius se mostró de acuerdo con eso.

***

Draco tomó las vendas y pociones que su elfina Prim les trajo y se acercó a Greg para limpiarle la sangre de la cara.

—Greg, tienes que denunciarlos —dijo cuando vio a su madre tratar las heridas en la mujer de Greg.

—¿Para qué? —preguntó su amigo toscamente—. Nunca hacen nada.

—Las cosas han cambiado —la mujer de Greg gruñó a sus palabras—, un poco —admitió Draco —. Han destruido gran parte de tu casa, Greg. Casi mandan a tu mujer y a ti a San Mungo.

—No hubiésemos ido tampoco.

—Sabes que han empezado a atendernos, ¿verdad?

—No, te atendieron a ti porque estabas con Potter.

Draco apartó sus manos de repente, levantando las cejas, impactado por las palabras de su amigo.

—¿Estás insinuando lo que ese periodico de pacotilla dice? ¡Merlín, Greg! Dale crédito a Vincent que te defiende con uñas y dientes.

Las mejillas de su amigo se sonrojaron y la expresión en su rostro se relajó.

—Lo siento —murmuró—. Sé que no eres... eso...

¿Eso?

—No se trata de lo que sea o no, se trata de que... es Potter, Greg. Y creas o no, aun estoy llevando el duelo de mi mujer... —llevó una mano a su pecho, de repente sintió que le faltaba el aire. Mierda. Nunca lo superaría.

—Lo siento, no debí... ¿estás bien?

Draco respiró hondo y asintió

—Si no quieres ir con Potter ni su puñado de Aurores, al menos déjame curarte.

Viendo como estaban las cosas con Greg, decidió no contarle que había sido invitado a formar parte de una posible resurrección de la vieja Orden del Fénix por sospechas que Lewis estaba dentro del Ministerio.

—Llamaré a Nott y Flint para ayudarte a levantar tu casa y con nuevas protecciones.

—Gracias, Draco. Eres de verdad un gran amigo.

—Sí, bueno... Lo mejor que podemos hacer es apoyarnos entre nosotros.

Lo mejor que podía hacer era mantener a sus amigos, especialmente a Greg, con vida.

—¿Tu padre, Draco? —preguntó entonces Greg.

Draco miró a su madre. Desde que cedió el control de la casa, el hombre se la pasaba en su propio estudio. No sabía qué hacía allí, pero parecía estar estudiando.

—En su despacho, ya no sale de ahí. No lo sé, creo que consulta libros y pergaminos viejos. No sé qué busca.

***

Cuando Harry llegó a casa de Hermione, vio que ya estaban allí varios ex miembros del ED, entre ellos Luna Scamander, Hannah Abbot, Lavander Brown, las Hermanas Parvati que hacía años Harry no veía, Seamus y Dean. También habían unas nuevas incorporaciones, como Teddy y Voctoria Weasley, su novia. Harry les sonrió.

—Tío Harry —saludó Victoria, tan parecida a su madre y con poca herencia Weasley. Teddy, a su lado, la miró como si fuera su todo, hasta su cabello azul brilló un poco más. Nada tenía que ver con que la chica tuviera algo Veela. Hermione le había explicado que para esta generación, no habría nada Veela.

Se alegraba de ver a su ahijado y sobrina felices. Cuando habían empezado a salir tuvo miedo de que las cosas se complicaran y por alguna razón las cosas con la familia Weasley se rompieran. Aparentemente, sus miedos habían sido solo eso, miedos sin sentido.

Miró el reloj, entonces llegó Ron. Faltaban solo dos minutos para la hora acordada y no había señales de Malfoy.

Mierda.

El hombre siempre era puntual. Hermione se acercó, con la interrogación en el rostro.

—Harry, ¿Malfoy vendrá?

—Ahora no lo s—

Alguien llamó a la puerta. Su amiga saltó y fue abrir mientras Ron se le acercaba.

—Espero sea Malfoy —le dijo. Harry aun no se acostumbraba a que sus amigos de verdad lo quisieran en la Orden, pero se alegró.

Definitivamente era Malfoy. El corazón de Harry tiró un poco, entonces lo vio detener sus pasos y mirar a todos. Fue cuando Harry se dio cuenta que todos lo miraban mal y empezó a caminar a Draco.

—Malfoy —estiró su mano—. Que bueno que viniste —Draco miró su mano y la tomó, fue la hora de mirar a todos—. Personalmente recluté a Malfoy para la formación de esta Orden del Fénix.

—Potter —Draco le habló bajito. Le prestó atención—. Hay algo que quiero mencionarte antes de empezar esta reunión, ¿puede ser?

—Claro. Hermione, ocuparemos tu cocina un momento. Ahora regresamos.

Draco entonces le contó el ataque a casa de Greg y como su amigo no quiere decir nada porque sigue sin confiar plenamente en él.

—El grupo de Lewis. Están perdidos sin un líder y dan manotones, en este caso ataques de ahogado —susurró Harry, llevándose las manos al centro de su frente—. He tratado de convencer al Ministro de que necesitan control, pero... creo que confirmamos que no es el Ministro. Vamos, ahora explicaremos qué sucede. No te preocupes, intentaré buscar al culpable de los destrozos en casa de Goyle.

***

Albus empezaba a darse cuenta que las bases de fans no estaban solo fuera del colegio, sino dentro. Varias personas, no necesariamente de Slytherin, se le habían acercado a darle ánimos a su supuesta relación con Scorpius y Rose a raíz de la noticia de Theo. Se aburrió de explicarles que ellos solo eran amigos después de la quinta persona. Estaba camino a su clase de Cuidado de Criaturas Mágicas con una Sophie y Thomas que se reían de él.

—No es gracioso, ¡Basta! —les dijo empezando a enfadarse—. Así nunca podré salir con nadie porque nadie querrá acercarse por mi... —respiró hondo—, relación amorosa inexistente.

—Oh —Thomas pareció sorprendido—. No sabía que querías salir con alguien.

—No lo estoy, pero a este paso, cuando quiera, nadie me mirará. De hecho, ni me miran.

—Por favor —exclamó Sophie, y Al vio su rostro enojado y se alejó dos pasos ¿por qué estaba enojada?—. Eres tan... Merlín, Louis tiene razón, es que eres tan ciego.

—¿Sabes que no entiendo, verdad? —reclamó. Su estado de ánimo se fue en picada desde que escuchó el nombre de su primo rubio con herencia francesa y veela. Carajo.

—¿Por qué carajos crees que Marietta busca hacer equipo contigo en Cuidado de Criaturas Mágicas? Porque quiere salir contigo, cabeza de Gusarajo —dicho eso, Sophie decidió adelantarse.

Albus no fue capaz de decir nada ni pensar, agradeció que Thomas solo lo acompañó en silencio. Cuando llegaron, Sophie estaba lejos del lugar donde solían pararse los tres. Miró a Marietta. La chica ya se acercaba a ellos, bueno, ¿a él?

Se rascó la nuca.

***

Scorpius se asustó cuando vio a Emily acercarse a su mesa de Slytherin a la hora de la comida, poco le importó que se acercara con Rose. Él solo se levantó, tomó su mochila y se fue de allí. Alcanzó a notar la confusión en la pelirroja amiga pero ignoró la culpa. Era más importante evitar a aquella chica que buscaba confesarle sus sentimientos.

Estaba saliendo, doblando, pensando tal vez refugiarse en la biblioteca cuando se estampó contra alguien más alto, más ancho y fuerte, casi cayendo al suelo cuando alguien lo tomó por la espalda.

—Cuidado, Malfoy —se separó de inmediato. Se trataba de James.

—Lo siento —miró adelante. Se había estrellado contra Michael. Carajo—. Perdón —dijo sin perder la dignidad. Michael tenía tres chicos detrás suyo, uno más grande que otro, los cuatro le dedicaron una mirada, pero Michael se centró más en James.

El chico lo odiaba, eso Scorpius lo sabía bien. Era de los pocos que aún solía llamarlo mortífago cuando nadie escuchaba, ni siquiera Al. Y sabía que tenía un pequeño grupo de seguidoras, en su mayoría, hijos o familiares de los ex miembros del grupo que creía seguir a Catherine Jones y seguían a Lewis en realidad.

—¿Tienes algo que decir, Michael? —preguntó James. Scorpius sintió su mano en su hombro, dándole una sensación de comodidad.

—No —miró a sus tres amigos—. Vamos.

El chico estaba en su último año. Después no volvería más y Scorpius no estaría más que agradecido entonces. James siguió a los cuatro Gryffindor con la mirada antes de mirarlo, sin retirar su mano.

—¿Estás bien? —le preguntó. Parecía preocupado de verdad.

—Sí, no hacía falta. Más allá de decirme algo que creerá me duele, no creo que se haya atrevido a otra cosa.

—¿Te está diciendo cosas? —Scorpius apartó la mirada de aquel océano que eran sus ojos—. Deberías decirle a la directora, se supone que está condicional en el colegio, Sco—Malfoy.

Tum Tum

su corazón hizo una cosa rara y su cuello casi se quebró para mirar a James y casi escucharle decir su nombre.

—Puedes llamarme Scorpius si quieres... —iba a decir James, pero se sintió avergonzado. James le sonrió y Scorpius debió apartar la mirada de nuevo.

¿Sus mejillas se estaban sonrojando? Las sentía hervir.

—De acuerdo, pero solo si me llamas a mi también por mi nombre —hizo una pausa—, Scorpius.

Las piernas casi le fallaron pero se recuperó lo suficiente para asentir y poder hablar:

—Trato, James

Finalmente, James apartó su mano y se la llevó para mover las olas en su cabello.

—De—debo ir a clases —tartamudeó James antes de irse sin más.

A Scorpius le llevó un par de minutos recordar que se dirigía a la biblioteca para estudiar y esconderse. No salió de allí hasta que estuvo seguro que Albus ya estaría en el castillo a su próxima clases juntos.

A medida que se acercaba a las puertas del Gran Salón en busca de su amigo, notó que todos se amontonaban alrededor de algo. Vio la espalda de Albus estirarse ya que se ponía en punta de pies para ver. Se acercó y pasó una mano detrás de su espalda y la colocó en su hombro.

—¿Qué sucede? —preguntó mientras intentaba ver—. ¿Qué carajos?

—Eso mismo —respondió Al justo cuando Sophie se tapaba la cara y Vincent la corría de allí "vete, vete, Sophie". En realidad, todas las chicas y algunos chicos empezaron a irse gritando de horror—. ¿Qué carajos?

En medio de la sala estaba Michael con su miembro al aire meando sobre una pequeño asiento y se reía como idiota. Uno de sus amigos estaba con sus pantalones bajos sentado en un florero. Se escucharon sonidos que la verdad hubiese preferido no oír. Michael miró alrededor.

—¿Por qué hay tanta gente en el baño? —Preguntó torpemente el muchacho.

—Tal vez todos tuvimos ganas de mear y cagar —respondió su amigo.

—¡Basta! —intentaba decirle otro de sus amigos, uno cuerdo al parecer. Los otros, debía reconocer Scorpius, parecían poseídos. El tercer amigo, meaba a pared.

—¿Le habrán tirado un confundus? —preguntó. Vincent, que estaba a su lado, hizo una expresión de asco a otro sonido.

—No sé, pero debió ser uno muy potente. Parecen fuera de sí.

Scorpius no quería mirar más y Albus tampoco. Aquello ni siquiera daba risa. Michael estaba siendo un maldito imbécil pero parecía de verdad víctima de un hechizo.

—¿Por qué no nos vamos, Al?

—Sí, a ver si todavía nos quieren echar la culpa a nosotros.

Estaban por irse cuando vieron a la Directora McGonagall venir con expresión severa. Su voz, cuando vio la escena, no necesitó vociferador.

—¡PERO QUÉ ES ESTO! ¿JÓVENES?

—Están bajo el efecto de un hechizo, directora —defendió el cuerdo.

—NADIE SE MUEVA —Volvió a gritar la directora y Al y él debieron quedarse.

—Demasiado tarde —le susurró Vincent. Thomas parecía asustado.

Tardaron un momento en hacer que Michael y su amigo dejaran de marcar el pasillo, aunque no logró ponerlos en sus cabales, los examinó y asintió.

—Envenenados con Poción para la confusión. Llévenlos a la enfermería. Luego veremos quién es el culpable.

—¡FUE ELLA! —Gritó el amigo que estuvo hablando todo ese tiempo, apuntando en dirección cercana a Scorpius. Miró, la gente empezó a apartarse, fue cuando vio a su hermana y a su lado a Hugo Weasley y Lily Potter.

En automático, se alejó de sus amigos buscando cuidar a su hermana, pero alguien lo sujetó de la túnica. Estaba por decirle que se perdiera cuando se dio cuenta que era James.

—Tranquilo —le dijo—. Está con Lily, no dejará que se metan con tu hermana —Scorpius volvió a mirar a Merlina.

Su hermana no parecía alterada. Tenía los brazos cruzados sobre su pecho y una mirada aburrida mientras Lily, con mirada feroz, se paraba por delante.

—Estás tonto. ¿Cómo es que una estudiante de primero les ha hecho algo?

—Por favor, señor Pheokly —regañó McGonagall al chico cuerdo—. La joven Zabini Malfoy es una estudiante de primer año.

—¡ELLA PASÓ POR NUESTRO LADO, Y ELLOS EMPEZARON A ACTUAR ASÍ DE INMEDIATO. Y ELLA ESTÁ MALDITA!

Lily tomó una vez más la palabra, con unos ojos que brillaron en enojo por la injusticia.

—Merlina ni siquiera fue la única que caminó cerca de ustedes, medio castillo lo hizo. Por si no te has dado cuenta, somos estudiantes en un colegio.

Todos empezaron a reírse y Scorpius logró relajarse. Fue cuando McGonagall notó que tenerlos a todos allí no era buena idea y decidió dejarlos ir, prometiendo que llegaría al fondo de este hecho.

Scorpius se dijo que no culparían a su hermana, no la directora al menos, pero cuando vio la mirada del amigo cuerdo de Michael le dio , se dio cuenta que ellos sí. Se acercó a Merlina seguida de Albus, sus amigos, Sophie, ahora estaba Rose, y James.

—Mer —llamó. Su hermana le miró y algo no le gustó. La conocía, había orgullo en esa mirada.

Merlin, sí fue ella.

Tragó, se acercó y la abrazó, susurrando al oído.

—Te dije que no te metieras en problemas.

—¿Quién se ha metido en problemas? —le preguntó, moviéndose incomoda por el contacto, pero sin apartarlo.

—Ellos pueden querer vengarse, Mer.

Entonces, notó a Hugo mirando el cielo, perdido, y a Lily frunciendo el ceño.

—No tienen de qué. Merlina no ha sido.

Merlina, en cambio, se encogió de hombros.

—Que lo intenten, podría perder el control de mi varita si lo hacen. Al menos, si van a acusarme, que sea por algo que sí haga.

Scorpius respiró hondo cuando vio a su hermana alejarse.

—Al —llamó. Su amigo lo miró—. Creo que si fue ella.

Su amigo abrió los ojos como platos.

—¡Bromeas!

—No. No lo hago.

—Bueno, pero la directora no lo cree, no le pasará nada. Si no expulsan a Michael, no lo harán con Merlina, Scorp.

—Eso espero. 

 

Chapter 14: Capítulo trece Merlina y Hugo

Summary:

Merlina no entiende a Hugo Weasley.

Chapter Text

Capítulo trece 

Merlina y Hugo

Era ya mediados de noviembre y se estaban dando los fríos con más baja temperatura en años. De hecho, se dieron las primeras nevadas a principio del mes nada más. Eso no hacía caer el ánimo de los estudiantes, especialmente para aquellos alumnos y alumnas de tercero ya que era su primera tan esperada visita a Hogsmeade. 

Albus logró convencer a Scorpius de intentar entrar en Las Tres Escobas. Una vez que mostraron sus permisos firmados por sus padres a la profesora que estaba en la entrada del castillo, emprendieron su camino. Había tanta nieve que fue hasta divertido. A Albus no le importaron las bolas de nieves ni que lo poco que quedaba expuesto de su rostro se enfriara, él solo quería llegar al pueblo y pasarla bien con sus amigos. 

Scorpius poco a poco había dejado de llorar por las noches, aunque a veces lo veía un poco apagado, pero estaba mejorando. Tampoco sufría aquellos mareos que lo atormentaron casi todo estos meses. Se veía mejor desde que bebió el antídoto en clase de pociones. Una tarde, Rose le contó seriamente que creía que Scorpius podría estar siendo envenenado. Por algún motivo, ella creía que la causa era alguna de las cartas de sus fans. De hecho, había estado aplicando hechizos tras hechizos una vez que estaban todos juntos y Scorpius recibió un par en medio del patio, pero no, ninguna carta venía ni con veneno ni hechizos. Ok, a veces tenían veneno , solo que expresado en palabras con frases hirientes, pero nada a nivel físico. Scorpius había respirado tan aliviado al verse no envenenado, porque incluso él mismo se había formulado a la posibilidad. 

Así que, allí estaban, caminando los tres detrás de Vincent y Thomas. Más adelante, Albus pudo ver a Louis y Sophie. Albus evitó mirarlos. Sophie ya casi no pasaba tiempo con ellos ya que andaba por ahí con su primo Weasley.

Argh

—Pensé que estabas contento, ¿qué pasó? —preguntó desconcertado Scorpius. 

—Nada —respondió y escuchó a Rose resoplar. ¡Que le den! 

Empezó a caminar mirando sus pies cuando escuchó a Scorpius:

—¡Ay, no! ¿Por qué viene? 

Levantó la cabeza. 

—No —dijo también. Marietta y Emily se acercaban sonriendo—. ¡Iban adelante! —se lamentó. 

—Malditas estupidas —la escuchó decir entonces a Rose y la miró, casi sintió que se le salían los ojos de las cuencas por la sorpresa de sus palabras—. Ellas solo quieren—

—¡No lo digas! —le pidió Scorpius quien lo tomó de la túnica de abrigo y lo arrastró—. Vamos, Al. 

—Oigan, no, esper- ¡Ah! Hola, chicas —Rose no pudo escaparse. 

Scorpius le sonrió, o eso podría decirse, mientras seguía tirando de él, a Emily y Marietta. Sortorearon incluso a  Sophie y Louis. 

—¿Qué? —Albus si bien lo seguía, estaba un poco confundido—. Scorp, ¿qué pasa? O sea, gracias. No quiero hablar con Marietta, de hecho, solo quiero huir de ella, pero ¿cómo sabes eso?—¿Se lo habría contado Sophie? se preguntó. No quería hablar mucho de Marietta. 

Scorpius finalmente se detuvo y lo enfrentó. 

—¿Quieres huir de Marietta? ¿Por qué? Yo solo quería huir de Emily. 

—¿Por qué? 

—Oh, no, Al. Yo pregunté primero. 

Caminando ya a un ritmo normal, Albus miró al frente.  Argh . ¿Por qué tenía tanta mala suerte? Delante suyo estaba su hermano con Fred y dos chicas. 

Mierda

Lo que menos quería era ver a su hermano y a su primo coquetear . 

Carajo

Aun así, bajó la voz y le contó  a su amigo lo que le reveló Sophie, eso de que Marietta andaba detrás suyo. 

—Bueno, pero está detrás tuyo desde primero, ¿recuerdas? —Scorpius se encogió de hombros—. Se enojó porque la ignoraste. Eso ya lo superó, ahora la ignoras y sigue intentándolo —Albus se había olvidado de primero—. Le gustas, eso seguro. Tres años, Al, detrás tuyo. Yo ya me hubiera rendido —se rió.

En respuesta, Albus puso los ojos en blanco. 

—Ahora dime tu. 

—Simple, Emily se quiere declarar. Lo intentó pero tu hermano la interrumpió gracias a Merlin. 

Albus asintió. Estaba huyendo de lo mismo. Podía entender a Scorpius ¿Cómo carajos decirle que no a alguien?. Además, la verdad es que no tenía idea si le gustaba alguien, pero estas chicas sí sabían. 

—¿A ti te gusta alguien, Scorp? 

—Creo que no. No lo sé. Sé que no estoy actuando como ellas, ¿podría decir que no? —Bien, su amigo tampoco tenía idea—. ¿A ti?

—Tampoco lo sé, ¿cómo lo sabrán ellas?

—Ni idea. 

Albus miró al frente. Si su hermano y su primo habían escuchado su conversación no dijeron nada. Esperaba que siguiera así porque podía verlos burlándose en cuanto pudieran. Su hermano ya había tenido dos parejas, una novia y un novio. De Fred no estaba seguro. 

Cuando llegaron al pueblo, fueron primero a Las Tres Escobas. Notó que Scorpius estaba nervioso, incluso se detuvo en la puerta. 

—No lo sé, Al. No tengo ganas de que me echen. 

—No creo que lo haga, Scorp. La señora Rosmerta debe saber que eres mi amigo, vamos. ¿Si? —intentó poner ojos de elfo. Su amigo cayó rendido. 

—De acuerdo. 

—Oh, no —dijo alguien empujando a Scorpius, con sus cabellos rojos en frizz. Rose—. No van a entrar sin mi. Me deben una cerveza de manteca por dejarme atrás con esas… esas… —respiró hondo—, adolescentes fatales. 

*** 

Querido Padre

Espero que estes bien y que no estés rompiendo ningún Profeta. Yo estoy cada vez mejor. Extraño mucho a madre, no mentiré, pero mi sueño está mejorando al punto que si no tengo entrenamiento de Quidditch puedo dormir al menos varias horas y tener energías al día siguiente. 

¿Sabes? Los de tercero tuvimos nuestra primera salida al pueblo. Fue muy divertido. Albus insistió en ir a Las Tres Escobas pese a que le dije que ningún Malfoy tenía la entrada permitida, pero… ¡Si pude entrar! La señora que lo atiende fue muy amable y nos regaló a Albus, Rose y a mi una tanda de Cerveza de Manteca. Pasamos allí una hora. Es un lugar muy concurrido, me gustan más tranquilos, pero al estar con mis amigos fui capaz de disfrutar. 

Luego, visitamos algunas tiendas. No te preocupes, no compré nada por lo que pudieran castigarme. Tampoco compré chocolates (Ya no me apetece comprarlos como antes)

También fuimos a ver la famosa casa de los gritos (desde afuera, no te preocupes). Tiene muchas maderas ya colgadas, pero no escuchamos nada. ¿Tu tienes idea si alguna vez de verdad se escucharon gritos?

Espero que estes comiendo tus comidas, padre. Quiero que para las vacaciones de invierno te encuentres bien. 

Te quiere, 

Scorpius H. Malfoy. 

Pd: Habla con Mer. Creo que está haciendo travesuras peligrosas. 

*** 

Merlina tenía en vista el armario del aula de Pociones ubicado en las mazmorras. Ya sabía cuándo y a qué hora ir para que nadie se diera cuenta. Esa semana, sin embargo, tenía un nuevo objetivo, una de las salas en el invernadero donde escuchó decir al profesor Longbottom que habían tentáculas venenosas. Se le hacía agua la boca con lo que podría hacer con ellas. 

Logró salir del castillo sin ser vista. La tarea era muy fácil. Le sorprendió la inutilidad del personal de profesores y profesoras. ¿Cómo había gente que pensara que este era de los mejores colegios? ¿Habrá sido mejor cuando sus padres venían? 

El frío de la noche era vida para ella. Iba imaginando a quien podría ser víctima de sus nuevos trucos cuando notó una figura delante suyo. Se detuvo sin mostrar una sola pizca de nervios o miedo. Frente a ella estaba la directora McGonagall. No la había escuchado. Ni pensó en la posibilidad de encontrar a alguien. Sintió sus mejillas peleando por sonrojarse por su error.

La mujer anciana la miraba decepcionada, eso fue suficiente combustible para que el orgullo de Merlina se elevara. ¿Nadie entendía aún que mirarla así la alimentaba? 

—Directora. 

—Espero tengan —¿ Plural ?— una buena excusa para estar a estas horas fuera del castillo, joven Zabini Malfoy y joven Weasley. 

Merlina miró a su lado. Hugo Weasley estaba allí, rascándose la cabeza con una expresión de no saber realmente qué hacía allí. 

¿ Cuándo ?

¿ Cómo ?

Este Weasley no era normal. 

—¿Estábamos paseando a la luz de la luna, directora? —dijo Hugo tocando el desordenado cuello de su camisa.

No, definitivamente no era normal. Pero solo era un completo estupido. 

—Claro, joven Weasley —dijo con sarcasmo la directora—. Vayan a sus camas, luego serán notificados de su castigo. 

Cerca de la entrada, Merlina miró furiosa al pelirrojo. 

—Arruinas mi reputación —lo acusó. 

—¿En serio? —Hugo volvió a rascarse la cabeza—. Acabo de hacer que solo nos castiguen. Si le hubiéramos dicho que íbamos por los testículos venenosos podría haber sido peor. 

Tentáculas , no testículos —Merlina se mordió la lengua. ¿En serio acababa de decir…? Argh. Maldito Weasley.  

—Como sea —Hugo se encogió de hombros—, nos podría haber expulsado, no estamos en el último año como Michael de Gryffindor. 

—Y no íbamos , tú jamás… ¿Y tú cómo sabes qué iba a…? 

Merlina había aprendido que este chico la sacaba de maneras que nunca nadie jamás la sacó. Ni siquiera los asesinos de sus padres. En respuesta a su pregunta sin terminar, Hugo se encogió de hombros y se rascó la nariz. 

—¿De verdad eres un Weasley? —preguntó de repente Merlina. 

El chico pareció ofendido. Bien , se dijo ella. Se lo merecía. 

—Creo que sí, soy pelirrojo, eso no se puede negar, ¿no?

Era el colmo. 

—No tienes cerebro —y se adelantó. Pensó que había dejado a Hugo cuando al llegar a la sala común descubrió que estaba a su lado. 

¿Ser estupido le daba la habilidad del silencio?

*** 

Querida Merlina. 

¿Cómo es eso que te encontraron caminando en las afueras del castillo una noche de luna llena en compañía de un amiguito? 

¿Quieres matar a tu pobre padre Draco de un infarto o qué? 

¿Sabes cómo me siento? 

Podría haberte pasado algo. 

No quiero que andes sola en medio de la noche, ni de madrugada. Ni mucho menos que te lleves a otros niños contigo. 

Tú y Scorpius son todo lo que tengo. 

Con preocupación y amor, 

 

Draco Malfoy. 

*** 

Michael dejó de molestar a Scorpius después de que alguien, no se atrevía a pensar quién, le diera una poción de confusión y junto a uno de sus gigantes amigos creyeran que el pasillo de Hogwarts era el baño. De hecho, ahora casi ni se los veía por los pasillos. En su gran mayoría los estudiantes estaban contentos, al parecer Michael se había transformado en una especie de matón del cual acababan de librarse gracias a alguien anónimo, por lo que una tarde, en el horario libre que tenía, cuando Rose se sentó con él en la biblioteca, y les dijo que Hugo estaba castigado con Merlina, Scorpius se asustó. 

—¿Qué? ¿Con Mer? ¿Por qué? Rose, ¿qué sabes? Esa Mer no me dijo nada —lloriqueó bajito para que la bibliotecaria no lo escuchara. 

—Estaban caminando en los jardines, cerca a los invernaderos, y los encontró la misma directora. Intenté que Hugo me dijera que hacían allí, pero solo me dijo que habían salido a caminar, ¿quién camina a esa hora? Fue casi a las tres de la mañana. 

—Ah —Scorpius frunció el ceño—. Bueno, a Mer le gusta la noche —Rose lo miró en shock—. Es cierto —se defendió—. Para ella la noche es como el día —se encogió de hombros—. Escucha, sé que es rara, pero… es mi hermana. 

—Lo sé, no pienso mal de ella, Scorp. —Rose le dedicó una sonrisa que hacía mucho no le dedicaba. Para Scorpius fue natural devolvérsela. 

—¿Sabes cuál es el castigo?

—Sí, limpiar  de forma muggle tres noches la zona de trofeos de los alumnos. 

Bien , no era ir al Bosque Prohibido. Aunque estaba seguro que a Merlina le hubiera gustado ir al bosque. 

*** 

Draco estaba en casa de Granger-Weasley, otra vez. No, no había reunión de esta nueva Orden del Fénix, sino que estaba allí porque había dejado claro que no creía que los Inefables no hubieran descubierto nada de la poción en el cuerpo de Catherine Jones, y aunque la amiga de Potter no le tomó la palabra, resultó que Potter sí, y lo que Potter decía los demás lo terminaban considerando. 

En otras palabras, estaba en esta casa, demasiado muggle para su gusto para trabajar en la dichosa poción con las notas que tenía la mujer. Aun así, se las arregló para preguntar por información. 

—¿Los planes de ese Torneo de Magos siguen activos?

—Sí, Malfoy. El Ministro está casi 100 % en ese proyecto, lo que hace todo más sospechoso aún. 

—El colegio no será seguro.

—Suenas como Harry, Malfoy. 

Draco no supo si sentirse ofendido o no. No , sí se sintió ofendido pero no dijo nada. 

—Tu no piensas lo mismo.

—Es cierto que Hogwarts correrá riesgo, sus alumnos también. Pero sigue siendo más seguro que estar caminando por la calle o yendo al Ministerio sin saber a quién tienes al lado tuyo.

—Scorpius y Merlina son todo lo que me queda, Granger… Weasley —respiró hondo—. Pero tienes razón. Si atacaran Malfoy Manor… No quiero a mis hijos allí. 

—Por cierto, ¿Goyle no le contó nada a sus hijos del ataque, verdad? 

—No, él cree que están mejor así. Creo lo mismo. ¿Por qué?

—Porque Rose no me contó nada.Y ella usualmente me lo cuenta todo. 

Draco asintió, tomando por primera vez las notas que la amiga de Potter tenía. Empezó a leerlas cuando sintió que era taladrado con la mirada.

—Weasley, puedo escucharte pensar. Apenas empecé a leer estas notas.

Las mejillas de la chica se pusieron rojas. 

Draco volvió a intentar leer las notas. Media hora más tarde, Draco había descubierto más de la mitad que los Inflables. 

—Te dije. O no están haciendo su trabajo, o se lo están guardando. Me gustaría poder realizarla en mis mazmorras —notó la desconfianza en la mujer—. Puedes mandar a alguien a supervisar. A Potter por ejemplo. 

—De acuerdo, hablaré con él.

Mierda , Draco solo tiró el nombre por lanzarlo, no esperaba que de verdad le pusieran a Potter como guardián. 

***

El Profeta: NUEVA LEY CONTRA MARCADOS 

El Ministro habló hoy de la nueva ley que entra en vigencia. En ella, queda establecido que cualquier marcado o familiar suyo tienen prohibido salir del país por cualquier medio. 

*** 

Harry estaba con Ron en la oficina. Querían hablar, pero temían que el Ministerio ya no fuera seguro. Sin embargo, con solo mirarse, Harry entendió que su amigo pensaba lo mismo. La ley del Ministro era estúpida. No había ningún ex mortífago que buscará salir del país. Esta ley, era una suma más a las razones para creer que este no era su Ministro. Iban a tener que buscar al verdadero. Harry no creía que fuera demasiado tarde aun. 

 

 

Chapter 15: Capítulo catorce Última cita

Summary:

Porque finalmente, los Malfoy entendieron todo.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Capítulo catorce

Última cita

Las fiestas pasaron casi como un borrón para Harry. Un día tenía a sus tres hijos con él en casa, con Kreacher loco de felicidad por tener cosas que hacer,  al siguiente estaban en La Madriguera y al siguiente estaba viendo a sus hijos partir otra vez a Hogwarts. 

A una semana de quedarse otra vez solo, la única expectativa era su visita programada a Malfoy Manor. Se supone estaría allí para supervisar que Draco no hiciera nada indebido con la poción, si lograba hacerla, o que no pasara nada como un accidente, pero cuando lo vio, se le hizo agua la boca. 

Mierda

Hacía meses, muchos, que no follaba. 

Draco vestía una camisa muggle manga larga de color negra que en la parte de sus hombros le quedaba bastante suelta, lo omplementaba unos pantalones de vestir que acentuaban su cintura donde la camisa estaba por dentro. 

Delicioso

Mierda

Algo estaba despertando. Fue peor cuando Draco le pidió que lo siguiera a una mazmorra donde estaba su laboratorio. 

—Imagino que has traído los ingredientes clave, Potter. 

—Sí, pero solo podré dartelos cuando creas que has encontrado la fórmula en su totalidad. 

—Bien. No he trabajado en ello en papel porque se lo prometí a tu amiga, y no deseo traicionar a la Orden antes de siquiera ser oficial. Pero en mi cabeza ya la tengo, Potter. Te digo, los Inefables se las están guardando, o no les interesan, o son del bando de Lewis, o no sé. Inútiles no creo que sean. 

Efectivamente, en menos de una hora Draco estaba convencido que tenía la preparación de una de las versiones de la poción multijugos que Lewis usó. Paso siguiente, Harry sacó los ingredientes y Draco empezó la preparación.  Una parte de la  poción, ya que no se preparaba en un día, sino en semanas. Eso significaba citas aseguradas a Malfoy Manor. Harry ese día tuvo una cosa segura, antes de su segunda cita tendría que follar a alguien, porque ya no sabía como estaba haciendo para controlar la dureza entre sus piernas ni escondiendola.  

Pronto, la mazmorra se llenó de humo. Harry era un inutil. Intentó ayudar a cortar ciertos ingredientes, pero Draco se exasperó y le terminó sacando el cuchillo de las manos. El leve contacto entre sus manos en ese momento le hizo palpitar el miembro. 

Oh, Joder.

—Por favor, Potter, dime que jamás sacaste más que un aceptable en pociones. Un aceptable ya creo que era nota regalada. 

No confiaba en su voz así que solo soltó un mmh indefinido. Eso tampoco fue buena idea. No tuvo que esperar a la siguiente fecha para follar, porque al salir de allí corrió casi a buscar a alguien, no le importó a quién. Solo necesitaba follar. Se corrió solo porque cerró los ojos y vio a Malfoy en el rostro de un desconocido. 

Qué jodido qué estoy pensó al llegar a su casa.

*** 

Scorpius nunca había prestado atención al catorce de febrero. Apenas si sabía de la fecha. Este año, sin embargo, claramente sabía que era catorce de febrero. En su lugar en la clase de encantamientos le esperaban cinco tarjetas. Albus tenía siete. Vicent levantó dos tarjetas rojas de su lugar con mucha desconfianza.Thomas tenía tres, él fue el único que las tomó y las abrió, empezando a leerlas de inmediato. 

La hora del almuerzo fue un caos. En la mesa de Slytherin demasiadas lechuzas se peleaban entre ellas para entregar sus cartas y tarjetas. En su siguiente clase, DCAO, más cartas estaban sobre su banco. Luego, a Scorpius le llegó una tarjeta roja, volando como un memorándum. La tomó. Hasta ahora, le pareció la más original. 

—Esta sí tengo ganas de abrirla —le comentó  a Al cuando salían al patio donde pasarían unos minutos. 

—Hazlo. 

Scorpius la abrió. Era un pequeño verso:

 

Tu sonrisa me embriaga

tu nombre también

tus ojos luna iluminan mi amanecer” (*)

 

Por alguna razón, Scorpius esbozó una sonrisa. Intentó leer la firma, ya que muchas de sus tarjetas llegaron firmadas. 

—Esta no está firmada

—Alguien tímido entonces —dijo Albus—. Te gusta esa tarjeta —no era una pregunta. Scorpius debió reconocerlo. 

—Sí, me gustaría saber quién la envió.

Una chica de su clase se acercó a ellos y ambos chicos se pusieron tensos, ella sin embargo, miró primero a Albus:

—Albus, ¿Sophie Goyle o Rebecca King?

—¿Qué? 

—¿Sophie o Rebecca?

¿Quién carajos era Rebecca?

—Sophie —dijo.

—Bien, Scorpius. 

—¿Sí? —preguntó inseguro. Él también diría Sophie, no ubicaba a ninguna Rebecca.

—¿Rose Weasley o Lidia Montage? —le preguntó su compañera, sorprendiéndolo. 

Scorpius miró a Albus. Conocía a Lidia Montage, alguna que otra vez la había visto ya que sus padres a veces se detenían en un saludo cordial, pero no había amistad con ella.  

—Rose Weasley —respondió finalmente, casi con obviedad. 

—Sin novedad —dijo ella—. Adiós, chicos. 

—¿Qué fue eso? —preguntó en cuanto su compañera se alejó lo suficiente. 

—No tengo idea. —le dijo Albus.

La respuesta vino a la tarde, cuando un folleto de cuatro hojas llegó a la mesa de los estudiantes de tercero durante la cena. Era un ranking, Scorpius estaba bebiendo jugo de calabaza cuando se ahogó. 

—¿Qué rayos? —Era un maldito ranking con el título: lista de popularidad

Scorpius descubrió su nombre en el primer renglón de la lista y estaba con una foto suya actual, porque se veía con el cabello largo en una coleta mientras sonreía a alguien. En el número dos estaba Albus. 

—¿Qué es esto? —preguntó su amigo.

Sophie, que estaba frente a ellos, los miró sorprendida. 

—¿En serio no saben? —negaron—. Es el folleto de suplemento de la revista de tercero. ¿Si saben que tercero tiene una revista, verdad? —negaron—. ¿En serio vienen al colegio? 

Scorpius tomó la lista y buscó el nombre de sus amigos. Vicent estaba en el puesto 8 y Thomas en el 15. Hojeando, vio que había nombres de otras casas. Buscó el de las chicas. 

—¡Sophie! —gritó Albus—. ¿Por qué estás en el número 35? Eres más linda que muchas —sus mejillas se pusieron rojas y Sophie se rió. 

—Es por su culpa. Mira, Rose está 40, y como mínimo, ella debería de estar en el top 5. Pero como ella es amiga de Scorpius, la gente en el colegio la odia.  Y como soy amiga de ustedes, la gente me odia. Y no digan que dije lo que voy a decir, porque es sexista, pero el odio viene casi todo de parte de las chicas. 

Bueno, Scorpius estaba de acuerdo en algo, los rankings eran estúpidos. Para él también Sophie y Rose deberían estar más arriba en ese ranking. De repente, sintió un escalofrío y miró a la mesa de Gryffindor. En efecto, unos ojos azules le miraban. Scorpius le sonrió y James le devolvió aquella sonrisa y algo se agitó en su pecho. Entonces, fue cuando se dio cuenta.

No .

No puede ser. 

No, mierda. 

—Scorpius —le gritó Albus, sacándolo de su miseria. 

—¿Sí?

—Creo que esa chica, la que nos preguntó por una y por otra, era para esto, el estupido ranking. 

Sí, Scorpius lo recordó. 

—Eso no fue justo. Además solo nos preguntó por chicas. 

—Argh —aportó Sophie—. Creo que ya se quien les hizo la encuesta. Ella quiere prohibir Corazón de Bruja en el colegio y con su mamá están viendo si pueden censurarla.

Albus tomó la lista, la arrugó, y la dejó en la mesa, olvidada.

*** 

Querido Scorpius

Me llegó un volante del famoso ranking de tercer año en el colegio. Te ves tan hermoso con ese cabello. Muero por verte en el uniforme personalmente. Me enteré que el próximo fin de semana andarán por el pueblo, en su visita permitida, me estaba preguntando si te gustaría que nos conocieramos. Sé que nunca respondes mis cartas, pero estoy casi seguro que las lees. Quisiera sacarte fotos, como fan, claro está. 

Fary  Bafernk. 

***

Se habían visto ya diez veces en estas condiciones. A partir de la tercera, Harry empezó a considerar aparecer en Malfoy Manor como potenciales citas. Draco había bajado las defensas de su casa para él y tenía acceso sin restricción vía red flú. En muchas de las sesiones donde se supone estaba controlando la cocción de la poción multijugos con los ingredientes que alargaban su tiempo un mes, ellos hablaban de todo menos de la poción.  A veces hablaban de sus hijos y sus cartas. Harry se enteró que Merlina fue castigada, algo que ya sabía porque Hugo fue castigado con ella. También comprendió que a la niña no le molestaban los rumores de que estaba maldita. 

—Mis hijos han crecido creyendo que los Malfoy estamos malditos, Potter —le comentó Draco una vez—. Lo que, no te voy a negar, me preocupa. Merlina y Scorpius son Greengrass, pero la maldición que se llevó a Astoria jamás la contrajo un hombre, porque lo que Merlina ha sido criada con personalidad fuerte, por las dudas. Ella sabe que puede que los rumores sean ciertos, que esté maldita, aunque no de la forma que dicen. 

En esa sesión, a Harry se le estrujo el corazón. Pero también se dio cuenta de algo más, Draco ya podía hablar de Astoria sin hacer pausas. Sonrió y pidió perdón en su memoria por estar tan feliz y cómodo alrededor de Draco. 

En otras sesiones, hablaban del maldito Torneo de los Magos, el dinero que estaban colocando ciertos magos y brujas y las reglas que estaban formulando. 

—Quieren que participen cinco colegios —le dijo Harry, sin esperar a una reunión de la nueva Orden del Fénix ni consultar con Hermione y Ron—. Y no desean un representante por colegio, sino dos.

—Eso se oye muy raro. Serán muchos en diferentes pruebas.

—También lo encuentro raro. Como primera prueba quieren reciclar alguna de Torneos pasados. 

—En muchos ha habido muertes, Potter. 

—Lo sé. Eso me preocupa también. 

Ni a Hermione ni a él le gustaban ninguna de esas ideas. De hecho, Ron estaba casi paranoico. Percy llegó a su oficina una vez llorando cuando se enteró de los planes para la primera prueba, y fue cuando, dicho sea de paso, Harry se dijo que podía ser un miembro de la Orden del Fénix. Percy trabajaba en un buen departamento. 

A Harry le ayudaba conversar de eso con Draco porque él también tenía el corazón en la boca por Scorpius que estaría en cuarto como él lo tenía por James y Albus.

—Maldición, Potter. Recuerdo tu estupido Torneo y me entran náuseas imaginando a Scorpius allí —Draco se había sacudido un escalofrío—. No quiero pensar cómo estás tú que lo viviste —le dijo en esa sesión. Entonces había despegado los ojos de la poción y sus orbes grises se centraron en él—. ¿Debería disculparme por lo imbécil que fui contigo en cuarto año? 

El corazón de Harry se derritió en ese momento. 

—No. Todos eramos niños, no hay nada de qué disculparse y no tengo nada por lo que guardar rencor —mentía un poquito. Malfoy en esa época era más que un imbécil. Pero lo quería tanto en estos momentos que su respuesta casi fue sincera.  

En otras sesiones, las conversaciones empezaron a ser casuales, Harry se dio cuenta que esto empezó cuando Draco dejó sus ropas de duelo. Un día, Draco le criticó su camisa. Otro, sus zapatillas. Su cabello era su blanco favorito. 

—Ya sabía yo que me estabas mirando, Malfoy —disparó él una tarde. Grande fue su sorpresa al ver que este comentario le calló la boca al rubio. 

—Yo no… Vaya, en estas sesiones estás aprendiendo mucho, Potter —No, a Draco no le gustaba perder. Esa noche, sin embargo, cuando volvió a Grimmauld Place y recordó ese instante, debió confesar que se rió mucho. 

Hoy era la última de las sesiones porque Draco acababa de anunciarle que eran los últimos momentos de cocción de la poción. Harry debería de estar mirando la poción, pero en cambio, estaba mirando a Draco. 

Malfoy hoy tenía una camisa blanca con mangas largas y unos pantalones marrones oscuros. Ya no presentaba aquellas sombras negras debajo de los ojos, y los pantalones le quedaban un poco más ajustados acentuando ciertas zonas. Se lamió los labios.

—Potter —escuchó entonces. 

—¿Sí? —intentó mirarlo a la cara. Un error. Draco tenía algo, tal vez fuese que estaba mejor y que empezaba a componer su vida, pero estaba hermoso. 

—Siento que no me escuchas, qué no miras la poción, pero que no me sacas los ojos de encima. Mira, sé que soy atractivo y que nadie puede quitarme la mirada de encima, pero…  ¿en serio estás mirándome solo a mí, Potter?

—Sí. 

Silencio. El corazón de Harry cayó a sus pies cuando se dio cuenta de lo que acababa de decir. El pánico se apoderó de él cuando notó los hombros tensos de Draco. ¡Merlin, era un auror! Esto no debería paralizarlo. 

—Sé que soy atractivo, Potter, pero… 

—¿Pero?

Draco había apartado su vista de la poción y lo miraba a él, con la boca un poco abierta, pestañeando. 

—Por Merlin, hablas en serio —susurró. 

—Sí, hablo en serio. Yo… —Ok, ya la había embarrado, así que solo hizo lo que hacía meses se moría por hacer. Se levantó de su taburete, se acercó a Malfoy, tomó su rostro y lo besó. 

Cerró los ojos. 

No quería ver el rechazo en el rostro de Draco cuando se diera cuenta lo que él estaba haciendo. Se dijo que disfrutaría unos segundos de esos labios. Entonces, los labios de Draco empezaron a responderle, sintió sus manos alrededor de su cuello, no empujando, sí tirando, acercándolo, profundizando el beso. 

Duró unos segundo, cuando se apartaron fue por aire, pero Draco pegó su frente a la suya y Harry se llenó de ilusión. 

—Potter —dijo aún agitado. 

—Harry, dime Harry. 

—Harry —respiró hondo, empezando a apartarse—. Sin comentarios, espérame un segundo. 

Draco colocó sus manos sobre la mesa y se agachó, respirando hondo. Harry no estaba mucho mejor. Aquel beso… guau. 

—Draco —susurró. Draco gruñó—. ¿Quieres que me vaya?

—Sí. No. No. ¡Oh, Merlin! No, es solo que…Mierda. 

Draco se enderezó y lo tomó del cuello de su camisa desastrosa y le propinó un beso, pegándole a su cuerpo. 

Oh. 

Oh. 

Harry avanzó un paso más allá, tal vez porque había imaginado incontables veces este momento. Colocó las manos en sus nalgas. Draco se tensó un poco pero segundos después estaba metiendo su lengua en su boca. 

Oh. 

Sus pollas duras empezaron a frotarse. Oh, Draco tenía una erección. No podía creer lo que estaba sucediendo. Harry, sin poder evitarlo, movió sus caderas casi con desesperación y le acariciaba las nalgas. 

Sí, Draco tenía una erección. 

Dejó un momento sus labios y recorrió con los labios su cuello. 

Supo que necesitaba correrse.

Maldición. 

Draco, sin embargo, con sus ojos cerrados también había empezado a mover sus caderas por contacto, para que sus miembros se encontraran y frotaran más. Escuchó un suave gemido salir de su boca. 

—Maldición, Potter —le escuchó decir enojado—, no somos malditos adolescentes —y Harry sintió sus manos desprendiendo sus pantalones.

—Oh —se le escapó cuando sintió la mano de Draco alrededor de su duro pene. Sin pensarlo, él también empezó a desprender el pantalón de Draco y liberó aquel pene erecto. Sacó la mano que lo acariciaba y él mismo envolvió ambas pollas, empezando a acariciarlas juntas. 

—Oh, Merlin —escuchó susurrar a Draco, pegando la frente contra su cuello, respirando con dificultad—. Oh, carajo. 

Harry usó el propio presemen para aumentar la fricción entre los penes, ambos ya balanceaban un poco más sus caderas. Draco no levantó su rostro, pero Harry lo escuchaba. Sus gemidos le decían que estaba disfrutando como él. Eso lo encendió. 

—Voy a correrme —le anunció Harry—. Voy a correrme —empezó a acelerar más el movimiento de sus caderas y la velocidad con la que estaba masturbando ambos penes. Sintió a Draco apoyarse contra su cuerpo mientras sus gemidos se ahogaban contra su cuello. Era una invitación a correrse. Mierda. 

Pronto, sintió disparar el semen y un fuerte grito a su lado. Draco también acababa de correrse. 

Maravilloso , pensó con la respiración agitada, el cuerpo hormigueando. 

Maravilloso

*** 

Draco y él volvían a tener sus pantalones puestos, respiran más tranquilos, estaban llenos de sudor pero no había ni una gota de semen ni en sus ropas. Alguno de los dos, Harry no estaba seguro, había invocado un hechizo limpiador. Draco, eso si lo podía ver, tenía las mejillas rojas y los labios algo hinchados.  Él no debería estar muy diferente

—¿No deberíamos ver qué hacer con la poción? —preguntó Draco, huyendo a su mirada—. Dudo que alguien quiera probarla, dudo que Granger acepte algo así. Pero hay que comprobar su funcionamiento y partir de ahí ver cómo la perfeccionaron, ya que según lo que dicen, puede que tenga una duración permanente. En realidad, podría trabajar en cómo detectarla. 

Harry le estaba costando concentrarse en la poción. De hecho, se acercó a Draco y puso su mano sobre su espalda, acariciándolo, invitadolo que le dijera algo. 

¿Le había gustado?

¿Podrían tener una relación?

—¿Harry? —sonó más a una advertencia. 

Toda la imaginación de un futuro juntos se vino abajo. 

—Lo siento. Tienes razón. Lo hablaré con Hermione. Aunque está muy ocupada en este momento con esto de Theo y San Mungo —Draco se movió, incómodo a la mención, sin saber bien por qué—. Tal vez deba hablarse de esto en una nueva reunión de la Orden, porque con esto definitivamente los convencerás que los Inefables no han trabajado un solo día en ello. 

*** 

El Profeta: MINISTERIO RECHAZA LA IDEA DE INVESTIGAR A LA PAREJA DE THEO. 

El Ministro declaró que llegaría al fondo de la situación antinatural de Theo y pareja, sin embargo, Hermione Weasley intervino con el Departamento y se negó a dejar que se le practicarán pruebas que pudieran poner en riesgo el embarazo, para muchos antinatural, de su pareja. 

“No es que no se hayan hecho ciertos estudios” declaró “solos los necesarios para dejar claro que no se trata de magia negra. Y dejen de llamarlo antinatural porque se ha comprobado que es un bebé saludable”

***

Era una tarde de esas que Scorpius, junto a Albus y Rose coincidían en tener el periodo libre. Podrían estar disfrutando del sol. Había llovido una semana entera y hoy el sol estaba sonriendoles, pero no, estaban en la biblioteca. Y ni siquiera había sido idea de Rose. Scorpius y Albus sabían muy bien que debían hacer sus malditas deberes porque durante la noche tenían entrenamiento de Quidditch. 

—Pensé que al tener horas libres íbamos a disfrutar más —refunfuñó Albus. Rose le puso los ojos en blanco. 

—Pues pensaste mal. Cada hora libre de acá a séptimo son para estudiar. 

Scorpius hizo una mueca. Le agradaba que su amiga volviera a ser la misma de siempre, pero a veces dolía un poco. Que en ocasiones buscara hablar del clima no le estaría molestando hoy. 

—El pobre Vincent sigue en la enfermería —le dijo—. Tiene un ataque de estrés. Tarón estará de los pelos hoy. 

Rose emitió un sonido de rechazo. 

—¿Todo debe relacionarlo al Quidditch? Vicent debería renunciar al equipo y ponerse solo a estudiar, eso resolvería su estrés. 

Scorpius sintió que se le desencajaba la mandíbula. 

Sí, hoy quería un poco de Rose hablando del sol, las mariposas, cosas lindas de la vida. Albus, por otro lado, parecía enojado, de hecho, se puso de pie, cerrando su libro de golpe y la miró lo peor que pudo, esa mirada que reservaba últimamente para su primo Louis y Marietta. 

—Deberías dejar de querer parecerte a tu madre y superar sus logros. Consíguete una maldita personalidad —y se fue. 

Okey, Scorpius no vio venir eso. ¿Desde cuándo Albus estaba tan enojado? A su amigo ni siquiera le importó cuando la bibliotecaria lo regañó por perturbar el silencio sagrado del lugar. 

Rose, entonces, también se puso de pie. Scorpius notó que le brillaban mucho los ojos. 

—Rose —susurró. Pero se calló cuando ella lo miró como si todo fuera culpa suya. Eso no era justo, él no la había ofendido esa vez. 

—A ustedes le hablan mal de su estupido deporte y sacan su maldito  veneno. Esta es mi maldita personalidad, si no les gusta, no me hablen más. 

Y se fue, dejando a Scorpius y a la bibliotecaria libidos porque la chica, por primera vez, había violado una regla en la biblioteca. Él miró sus deberes y pensó en irse. Quería hacer sus ensayos, pero ahí afuera estaban Albus  y Rose enojados. Debería ir con uno de ellos, ¿no? Sí. Empezó a cerrar las cosas, pensando que iría primero con Albus ya que sería más fácil de tratar. 

Estaba caminando por el pasillo, hacia su sala común cuando se encontró con James. 

—Scorpius.

Ante su nombre sintió sus piernas de gelatina. 

—Po- James —no supo qué hacer con sus manos. James pareció no darse cuenta. Al contrario, parecía preocupado. 

—¿Pasó algo con Al? Lo vi como Peeves lleva a la directora. 

Scorpius se rió por eso y creyó ver un sonrojo en las mejillas de James mientras empezaban a caminar uno al lado del otro. 

—Tuvo una pelea con Rose —se encogió de hombros. James reaccionó como si le hubiera dicho que Rose desaprobó todas las materias. 

—¿Con Rose? Oh, ¿Albus dijo algo de Quidditch? 

—Algo así. No sé muy bien qué pasó. Albus de repente le dijo algo de su personalidad y Rosie se ofendió demasiado. Salió llorando de la biblioteca.

—Ah. Es que a Rose aún le cuesta volar y bueno, se encontró con todos los exámenes a la vuelta de la esquina y algunas de sus notas creo que están por debajo de lo que esperaba.  Al menos más bajas que las de su mamá en su tercer año. ¿Sabías que mi tía Hermione cursó todas las materias opcionales y pudo con todo? 

—Sí. El profesor de Encantamientos siempre habla de ella y sus logros, pero para mi Rosie estaba actuando ya más como la vieja Rose. Ya sabes, preocupada por las notas, estar todo el día en la biblioteca. No me había puesto a pensar que estaba compitiendo con su madre y que le sienta mal no poder volar, cuando jamás se le dio para empezar. 

—Sí, pero  está bastante alterada —dijo James—. Está volviendo loco a todo Gryffindor. Anoche repartió horarios de estudio, ¿puedes creerlo? No tenían ni un solo momento para salir afuera o hacer algo que no fuera estudiar —se encogió de hombros—. Aunque alguien dijo algo de días, sus días, no sé bien qué.

Scorpius hizo un mohín. Ahora tal vez estuviera entendiendo la sensibilidad de Rose. Le extrañaba que James teniendo una hermana y tantas primas no lo captara. 

—Tal vez está estresada, como Vincent, pero es su forma de llevar el estrés —decidió decir. 

—Sí, estresada —repitió James, no muy convencido—. Oh, ese es el camino a Slytherin, ¿no? —Scorpius asintió—. Bien, nos vemos por ahí, Scorpius. 

—Sí, nos vemos, James —se quedó mirando como se alejaba mientras lanzaba un profundo suspiro. Estaba en problemas. Muchos problemas. ¿Qué pensaría Albus de esto? 

Albus , recordó, y se apresuró en llegar a su sala común.

Notes:

He estado enferma, de nuevo, estos días. La fiebre y al tos me tienen a mal traer. Este invierno la estoy pasando muy mal. Leerme me distrae y escribir también, pero la fiebre y el dolor de cabeza esta vez me dejaron en cama.

Respecto al fic: Yes, finalmente Drarry/Harco.

Chapter 16: Capítulo quince Problemas

Summary:

Draco y Harry no saben muy bien que tienen, pero tienen algo.

Notes:

¿Cómo les explico que cambié la cantidad de capítulos porque sí, tiene 16, pero jamás conté el prólogo cuando lo subí, por lo que en cantidad de capítulos debía poner "17"? Bueno, así. El contador de capítulos cambió porque nunca contabilicé el prólogo jajaja.

Chapter Text

Capítulo quince 

Problemas

Una tarde libre, James se encontraba sentado en los sillones de la sala común de Gryffindor frente al fuego apagado. A su lado estaba Louis, su primo. Sobre el piso, Rose hundía su cara en un libro y su mano se movía sobre un pergamino, a su lado, en el suelo también, estaba Fred II, que la miraba con los ojos abiertos. Entonces, la tranquilidad de la sala fue interrumpida por una lechuza que golpeó  la ventana. Solo los tres chicos giraron para mirar. 

—Louis, te toca —gruñó James, dándole un suave toque a su pierna con el pie.

—Fred —dijo Louis—, te toca. 

—No, te toca a ti, Louis. 

—¡Oh, no! Yo desaté una carta la semana pasada. 

Gruñendo, Fred se impulsó hasta ponerse de pie y caminó a la ventana. La lechuza no hizo amagó de querer entrar, estaba acostumbrada a que Rose no fuera quien tomara su carta, así que solo estiró la pata y esperó a que Louis desatara el lazo rojo y retirara el sobre antes de irse. 

—¿Sabes? —preguntó Fred, dejando la carta al lado de Rose y sentándose de nuevo—. Creo que por lo menos deberías leerlas. Esa gente te quiere, Rose. 

Fred dejó el lazo rojo en el piso. La respuesta que obtuvo fue un gruñido. James la estaba observando. Él tampoco entendía porqué solo las tomaba, las guardaba y ya. Si él tuviera un fan tan fiel, caray, hasta tal vez le respondería la correspondencia. 

—No, no es así —Rose levantó la vista, solo un segundo, para mirar a su primo Fred—. Quieren a una Rose que han formado en su mente. Muchos quieren que esté al lado de Scorpius, ¿saben que me hablan mal de Al? 

James notó que Louis y Fred se miraron.

—Lo que tu no quieres es leer sus consejos, porque crees que puedes conquistar a Scorpius por ti misma —dijo Fred. James apretó sus labios, formando una línea recta. Él también creía que a Rose le gustaba Scorpius, ¿lo peor? sentía que Scorpius podría darle una oportunidad—, pero Rose —siguió Fred—, debo decirlo, los consejos de tía Hermione no te sirven. El pobre chico no sabe reaccionar a esas cosas. Si sigues así solo será tu amigo, que es como te ve. Deberías ser más tú. Algo en esas cartas puede ayudarte más que tu madre. 

¡Oh! James recordó que no les contó la pelea de Rose y Albus por asuntos de su personalidad. Se movió sobre el sillón, sin saber qué esperar. Rose estaba de pie, roja de furia.

—¿Sabes cuáles son sus conejos? —preguntó ella—. Que llene la cara de Al de forúnculos. ¡Por favor! Y ni siquiera quiero conquistar a  Scorpius. Es cierto que este año está muy lindo, con su cabello largo y todo, pero no es así como me gusta. 

Fred puso los ojos en blanco murmurando un suave " claro que no " que James escuchó. Louis se movió nervioso.

—Rose, hasta yo he podido acercarme a Sophie y no le he hablado ni una sola vez del clima —Rose  estaba más roja—, solo... mira, si él en verdad te gusta, deja de hacerle caso a tu mamá. Así no conquistó a tío a Ron, mi madre me lo contó. En este momento hasta Albus podría ser un potencial novio para él, y tú la eterna amiga. 

—¡Basta! —gritó la chica—. ¡Scorpius es... es... solo mi amigo! Pensé que me gustaba, pero no es así —Si no hubiera estado sentado, James se hubiera caído ante esa revelación—. Y… Y… —Rose entonces vio el suelo, su ceño se frunció, se agachó, tomó la cinta roja de la carta de su fan y se fue. 

James tenía algo pesado en el estómago. ¿Sería cierto que entonces a Rose no le gustaba Scorpius y por eso volvía a ser la loca estudiosa de siempre?  Fred se puso de pie y se acercó a él, mirándolo extraño. 

—¿Qué? —preguntó a la defensiva.

—Y tú, si no haces algo, hasta Emily puede ganártelo. 

—No sé de qué hablas —Louis y Fred volvieron a hacer esa cosa, mirarse, comunicarse—.  ¡Hey! ¡No! No hagan eso. 

—Tienes que dejar de ser tan terco —Louis se levantó—. Iré a la biblioteca, porque a diferencia de ustedes, yo sí sé acercarme a alguien. Quedé de enseñarle a Sophie. Nos vemos. 

—¡No! —gritó James, poniéndose de pie—. ¿En serio estás saliendo con ella?

Louis lo miró con curiosidad. 

—No, aún no —respondió su primo despacio—, pero ella me gusta. 

—No la lastimes, es la amiga de Al, y ya sabes como se pone cuando tocan a sus amigos —carajo. James sintió sus mejillas arder al decir esas palabras. Había querido agregar a sus razones que Sophie era casi una hermana para Scorpius.

Louis suspiró.

—Ves, eso debes decir cuando estés alrededor de Scorpius. ¿Sabes lo que sentirá cuando vea cómo te preocupas por tu hermano y su amiga Sophie? Caerá rendido. 

—¡Oh, cállate! 

James se sentó otra vez en el sofá. ¿Tan evidente era? 

Mierda

Pero Scorpius no lo miraba de esa forma. 

Carajo

¿Mostrar cariño por Al publicamente? No, eso iba contra el código de hermano. No, y no.

***

Draco llegó a casa de Hermione demasiado temprano para la reunión acordada. De hecho, ella estaba sola. 

—Malfoy, puntual como siempre. —Ella le sonrió. 

—¿Y los demás? —preguntó, no muy seguro. 

Hermione le sonrió. 

—Tarde. Que hayan llegado a tiempo la primera reunión fue un logro. Pero no volverán a hacerlo, ya verás. Ven, estaba trabajando en algo. Ya lo termino. Trae esa poción. Harry me habló de ella pero quiero verla por mi misma. 

—La impuntualidad es un mal hábito, ya veo —comentó y Hermione se rió. 

Draco fue guiado a una sala debajo de la casa estilo muggle. En una mesa, un caldero humeaba y Hermione sacaba un líquido espeso y lo colocaba en un tubo de ensayo. Él se acercó y sacó la poción, dejándola sobre la mesa y echando una mirada al mejunje que estudiaba la mujer. Ella hizo lo opuesto, miró el caldero que acababa de dejar sobre la mesa. 

—Harry se quedó cortó. Parece la correcta, Malfoy. 

—Por supuesto que lo es, ¿por quién me tomas? Tú lo dijiste una vez, soy bueno en esto, no lo aplico porque me meterían en Azkaban con evidencia circunstancial. 

Hermione ignoró sus comentarios. Draco frunció el ceño,  seguía mirando el mejunje. ¿Por qué Granger estaba estudiando eso? Era tan minúsculo. 

—¿Funciona? —la escuchó preguntar. 

—Bueno, si me dejaran probarla en alguien, lo sabremos, pero yo creo que sí, funciona. Si me permites, Granger-

—Weasley —le aclaró la mujer.

Draco puso los ojos en blanco. 

Weasley , ¿puedo preguntar por qué estudias una cantidad mínima de veneno hipnotizador? 

La mujer se apartó del caldero y lo miró horrorizada. 

—¿Cómo? ¿Veneno has dicho? 

—Sí, eso —señaló lo que estudiaba—. Prueba que hay una cantidad de veneno, muy pequeña,  en lo que sea que estés investigando. 

La mujer movió la mano y tomó un pergamino de la mesa. Parecía una carta. Se dedicó a leerla y después lo miró. 

—Merlín, Draco. Solo estaba siguiendo una corazonada de mi hija. ¿Cuántas dosis de este mismo tamaño necesitaría una persona para que el veneno pueda tener efecto?

Draco entonces se dio cuenta de algo peculiar. Granger acababa de llamarlo Draco

¡Merlín! Harry no podría haberles contado lo que sucedía entre ellos, ¿no?. Desde aquella vez en su mazmorra, ellos no habían parado de verse y… besarse y frotarse otro poco.

 Sacudió esos pensamientos, centrándose en su pregunta. 

—¿Un año? Sin interrupciones, claro. ¿Por qué? 

—Draco, han estado envenenando a alguien con los lazos con los que algunos atan sus cartas a las lechuzas. 

—Quien sea que lo esté haciendo, está tomándose su tiempo. ¿A quién están envenenando de esta forma? 

Granger lo miró con pena. 

—A Scorpius y tal vez a mi hija. 

A Draco casi se le fue el alma. Él mismo había revisado muchas veces el maldito correo de su hijo, pero jamás había encontrado nada. Incluso había tomado una hoja de pergamino y realizó el mismo método que Granger. Entonces, se dio cuenta que jamás inspeccionó el maldito lazo rojo. 

Hijo de puta. 

*** 

Hogwarts fue un caos durante dos días. Se corrió la noticia de que varios estudiantes podrían haber sido envenenados de una manera muy sutil a través de las sogas con las que algunos atan sus cartas a las lechuzas. Se corrió el rumor de que el mismo Harry Potter llegó al castillo para contarle la noticia a la directora McGonagall. 

Scorpius, Albus y Rose sabían que no solo era un rumor, sino la mismísima verdad. De hecho, ellos junto a otros Weasley habían sido llamados. Scorpius se sorprendió al encontrarse a su padre con el señor Potter y la señora Granger-Weasley. Se sorprendió aún más al saber que él era uno de los que estaba siendo envenenado por un fan. 

Bueno, no era uno cualquiera en realidad. 

—Por eso fue que cuando bebiste el antídoto que el profesor Slughorn te hizo tomar, te sentiste mejor, Scorp. —dijo de repente Albus, al terminar de escuchar la historia de su padre. 

Scorpius sintió la mano de James sobre su hombro, dando un suave apretón. 

—Yo tenía razón —se acercó Rose, severa—. Por eso hice bien en nunca tocar esas malditas cartas. 

—Sí, bueno, al menos Scorp. no envenenó a todos —soltó sin filtro Albus—. James, Fred, Louis, Roxanne, Molly, todos te han estado desatando las malditas cartas —las mejillas de Rose se pusieron tan rojas que a Scorpius le fue imposible no defenderla. 

—Albus —dijo de la forma más suave posible—, ella no lo sabía. Y como acaba de decir tu papá, son dosis casi microscópicas. Solo a mi me han afectado. Rosie no puso en peligro a nadie —James sacó su brazo, a Scorpius le hubiera gustado que lo dejará allí un poco más.

A la mañana siguiente, durante el desayuno, porque no se sabía cuánta más gente podría haber estado siendo envenenada, debieron beber el antídoto. Scorpius se dio cuenta que había sido envenenado otra vez porque al beberlo su cuerpo se sintió relajado, su mente despejada y despierta. 

El veneno, según su padre, era una especie de poción hipnotizante. A Scorpius le dio un poco de pena, y no dijo que durante el tiempo que había estado enfermo escuchaba a alguien llamándolo, pero ahora se sentía mal de haberlo ocultado. Le mandaría una carta a su padre. Además, tampoco estaba feliz con el contenido de esas cartas, tal vez debería de contar eso también. 

¿Se trataría de un pervertido que quería secuestrarlos?

Preocupado, después de beber el antídoto, miró a su hermana. Merlina se veía igual que siempre. Al menos, nadie la envenenó. 

*** 

Querido padre, 

Sé que me regañaras por no haber dicho esto cuando estuviste en el colegio junto al Señor Potter, padre, pero debo decirlo: 

 Creo que me dio algo de vergüenza saber que estaba siendo envenenado sin enterarme, pero hubo momentos en los que me sentía mareado o con mucho sueño, y cuando cerraba los ojos escuchaba la voz de alguien diciendo mi nombre. Al principio, pensaba que era el sueño. No estaba durmiendo bien en esos momentos. Ahora, creo que era por la poción hipnotizante. Además, te mando una de las tantas cartas que esta persona me escribió. Lo encuentro algo pervertido. 

Te quiere, tu hijo. 

Scorpius H. Malfoy.

***

Era una noche de luna llena cuando Harry, Ron y Teddy aparecieron en la dirección del fan de Scorpius y Rose. Era una casita en las afueras de Hogsmeade. 

Harry sintió un escalofrío recorriendole la espalda. Este sujeto estaba muy cerca del colegio. 

Mierda

Draco ya le había comunicado que a través de las cartas, este sujeto había querido acordar una cita con Scorpius. 

—Ron —dijo. 

Ron se adelantó y apuntó con la varita. 

Revelio  

Nada. No había barreras alrededor de la casa, pero había algo en el aire, algo que le ponía los vellos de la nuca de punta. 

—Teddy, quiero que te mantengas a nuestro lado. 

—Sí, Harry. 

Los tres fueron hasta la casa. Harry estaba por llamar a la puerta cuando la luna llena quedó expuesta en el cielo despejado. De pronto, el silencio fue roto por el aullido de un lobo salvaje. La puerta frente a ellos se rompió en miles de pedazos y los tres salieron despedidos con fuerza hacia atrás. Harry alzó su varita y buscó estabilizarse. Frente  a él, se alzaba un lobo fornido, con babas corriendo entre sus dientes. Sin duda, salvaje. Lavander era una ternura de lo que era este enfrente a este. El lobo pareció intuir el peligro, aulló y corrió rumbo al bosque. Harry no podía dejar que escapara. 

—Teddy, te quedas —alcanzó a decir—. ¡Ron! —Ron ya estaba a su lado. Ambos sacaron una escoba de un bolsito en su cintura. 

—Harry —le llamó Ron cuando se adentraron a un bosque. El lobo aullaba y a lo lejos vieron a un señor. 

No,  dijo Harry. Si no hacía algo, el señor sería una víctima. Alzó su varita. 

*** 

—Harry —era Ron. Frente suyo, habían capturado al Lobo que los miraba y babeaba—. ¿Te das cuenta quién es? —le preguntó. 

Harry lo miró. 

—No. —respondió de forma sincera. 

—Harry, es Fenrir Greyback. 

—Ron, eso es imposible. Él está en Azkaban. Créeme, fui allí con las muertes de los presos, y estaba allí, en su celda. 

Pero Ron se dedicó a negar. 

—No, Harry. Recuerda, hasta donde sabemos, tal vez solo vemos a Fenrir Greyback, no quiere decir que sea él.

—Ron, eso es… — Oh, mierda —. Tenemos que hablar con Hermione. 

***  

Cuando llegaron a casa de Hermione, Draco estaba allí. Harry no dudó y caminó en su dirección, abrazándolo fuerte. La única razón por la que no lo besó, fue porque aun no le decía a sus amigos que estaba en una relación Malfoy. Ok. La verdad es que Draco  y él no habían hablado de eso en realidad, pero él sentía que estaban en una relación. Punto. Harry sabía bien que Hermione estaba enterada. 

Harry sólo había restringido los besos, no los toques en la espalda de Draco ni los abrazos como el que acaba de darle. Solo se separó cuando sintió que el cuerpo tenso de Draco bajó el suyo se relajó y le devolvió  suavemente el abrazo. 

Hermione escuchó atentamente lo que entre Teddy y Ron le decían. El primero, le contó cómo revisó toda la casa y encontró un cuarto con un niño Squib de 13 años, que ya estaba en San Mungo. Entonces, Harry se apresuró en contarle las sospechas de quién era el hombre lobo. 

—No son sospechas, amigo. Sé que es él. —Interrumpió serio Ron.

—Pero —Draco interrumpió por primera vez—, está en Azkaban. 

Hermione respiró y contuvo el aire, soltandolo en un grito. 

—¡No, Merlin! —se llevó las manos a la boca, alejándose para decir—: Nosotros solo vemos que está en Azkaban. 

Harry respiró hondo y la miró:

—Los hechizos detectores no funcionan con esta poción, Hermione. ¿Cómo podemos saberlo? 

—Las notas que usó Draco para realizar la poción fueron hechas con experimentos que yo hice con sangre de Catherines Jones. Harry, solo podemos darnos cuenta con sangre y estudios. Debemos sacarle sangre a la persona que esté en Azkaban en la celda de Fenrir Greyback. 

*** 

Draco estaba totalmente agotado. ¿Fenrir Greyback estaba libre? ¿Y había estado envenenando a su hijo? ¡Merlin! Recordó que Teddy contó sobre el niño de trece años en su sótano. Podría haber sido Scorpius, el maldito ya había invitado a su hijo a encontrarse. La poción hipnotizante era para llamarlo si se rehusaba.  

Granger estaba hablando, pero Draco escuchaba sus voces muy lejos. Entonces, una mano cálida se posó sobre su espalda y empezó a moverla. Poco a poco, Draco sintió que respiraba mejor. Harry .

—Está bien, Draco. Scorpius está bien —le susurró Harry—. Te dije, Hogwarts es un lugar seguro. Fenrir Greyback no logró hipnotizarlo, no logró llamarlo. Scorpius también es un niño inteligente, él jamás le respondió, él sabía que las cartas sonaban mal. Está bien. Ya no volverá a ser envenenado. 

Asintió. Harry tenía razón. El viejo Slughorn del que todos dudaban que pudiera dar clases había salvado a su hijo. Se estaba tranquilizando cuando de repente, una sensación de hormigueo jugueteó con su magia. Se apartó de Harry. 

No

No , pensó. 

—¿Draco? 

Estaba seguro de que tenía los ojos desorbitados. La magia cosquilleó, jugó sobre su piel. Tragó con fuerza mientras el pánico se apoderaba de él. Alguien acababa de bajar las protecciones del lugar donde escondía todos los artefactos oscuros. Miró a Harry. 

Harry no sabía nada de ese lugar. 

¡Oh Merlin! Nadie sabía nada de ese lugar, pero entonces, ¿quién? 

Harry iba a juzgarlo. No pudo evitar apartarse de él. Tenía que salir de allí. Las barreras seguían jugando con su magia. El intruso estaba allí. 

—Debo —dijo, sin ser capaz de formar una oración completa, y se apartó, listo para aparecerse. Cuando estaba girando, sintió la mano de alguien tomar la suya. Al aparecer en aquel acantilado, vio a Harry mirar a todos lados. 

—¿Draco? ¿Qué es este lugar? 

Draco decidió que no podía responderle en ese momento por lo que empezó a caminar con Harry sobre sus talones. Hizo todo el camino sin hablar. Las barreras no estaban. Alguien no solo las había atravesado, las había destrozado. Llegó al lugar, escuchó a Harry sorprenderse al ver una versión más pequeña de Malfoy Manor. Volvió a preguntarle qué era aquel lugar y él volvió a ignorarlo. 

Quedó claro que Harry entendió qué era aquel sitio cuando entraron. Draco no se detuvo a ver su cara de decepción. No se detuvo a ver como su mirada se endurecía. No. Draco revisó objeto por objeto. Supo, por los sonidos allí tan audibles, que Harry o se había ido, o se había quedado quieto. 

Si Harry se fue, ¿volvería con un par de aurores para arrestarlo por posesión de objetos oscuros? ¿Eso es lo que duraría su relación con Potter? ¿Siquiera era una relación? 

Entonces, vio lo que le faltaba. 

—No —susurró—. El espejo no está. 

Silencio. Solo los latidos de su corazón, avecinando el pánico que estaba apoderándose de él. Tenía que irse, tenía que averiguar quién se podría haber robado el espejo, tenía que averiguar quién había entrado a este lugar. No podía esperar a que Ha —Potter viniera a arrastrarlo. Debía controlar su pánico. Levantó la mirada y se sorprendió de ver a Harry, Potter se recordó, aún allí. No se había movido, pero le dedicaba la mirada que esperaba: Decepción. 

—No es lo que crees —se encontró diciendo. 

—¿No? ¿No es una habitación llena de objetos oscuros que deberían estar confiscados por el Ministerio? 

Draco frunció el ceño. Eso era muy injusto. 

—Claro —dijo con un tono que hace siglos no usaba, no con Harry, Potter se pegó mentalmente—, porque el Ministro, que no es el Ministro, los tendría así —bailó su brazo por la habitación—, dentro de protecciones, desactivados. ¡Porque claro! Es tan bueno y benevolente nuestro Ministro, que al parecer es otra persona, que no osaría usarlos —En cuanto había dicho las palabras protecciones y desactivadas , la mirada de Potter registró el lugar una vez más. 

Era tan fácil ser juzgado que dolió. 

—Me he dedicado años  a esto, Potter.  A sacarlos de circulación para que no caigan en las manos de otro posible Voldemort o algún seguidor suyo. Me las arreglé para que la poción de la verdad no me sacara esta información. A diferencia de ti, no confío en el Ministerio, nunca lo hice, Potter.

  Cuando la reacción de Potter dolió, supo lo mal que había hecho al abrir su corazón un poquito. Astoria jamás le había mostrado esa mirada. 

Mierda

Le picaban los ojos. 

—Potter —dijo con un terrible dolor en el pecho—, falta algo. Algo muy peligroso, Potter. Si quieres arrestarme, bien —se negó a mirarlo—. Se trata de un espejo, los rumores… —respiró hondo—, los rumores dicen que es una réplica de algo que tienen en el departamento de misterios. Algo que conecta la vida y la muerte. 

Esperó, entonces escuchó que Potter finalmente se movía. ¿Iba a arrastrarlo? Mierda, él no tenía ganas de pelear. De repente, sintió unos brazos rodeándolo. Draco buscó apartarlo. 

—¿Qué carajos, Potter? 

—¿Por qué es Potter, ahora? 

—¿Por qué? —Draco no daba crédito a lo que escuchaba—. ¿Será por qué no me preguntaste qué era este lugar antes de mirarme como si fuera un maldito mortífago? ¿Será porque el Gran Niño que Vivió sólo me juzgó sin dejarme decir nada? Potter, si no me vas a arrestar, al menos ayúdame a buscar quién entró y quién se llevó el espejo. Nadie conoce este lugar… nadie conocía —corrigió— este lugar. 

—Draco 

—Malfoy —le dijo—. Soy Malfoy, Potter. 

Harry no fue capaz de responder nada cuando una nutria plateada corrió a su lado. 

—Harry, el fan de Scorpius escapó. Murieron tres aurores que lo confiscaron. 

Chapter 17: Capítulo dieciséis 

Summary:

Scorpius le confiesa a Albus lo que siente por su hermano.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Capítulo dieciséis 

El profeta: ENCUENTRAN A SQUIB SECUESTRADO EN UN SÓTANO 

Un niño squib fue encontrado en el sótano de una casa a las afueras de Hogsmeade. Las condiciones en las que estaba eran deplorables, débil, febril al borde la muerte. Los rumores que circularon crecieron cuando el cuerpo de Aurores se rehusó a hacer declaraciones son de que trataría de la casa de un hombre lobo amante de los niños. 

Otras fuentes, aseguran que el mismo hombre envenenó a dos estudiantes de Hogwarts con una poción hipnotizante para hacerlos sus presas. 

¿Enfrentamos un segundo caso de Fenrir Greyback que pasa sus días en azkaban? Recordemos que él era amante de morder a niños y niñas. 

Ver también: Sale a la luz la desaparición de cinco niños squib.  

***

Corazón de bruja: Bienvenido Lancelot. 

En contra de los pensamientos de  muchos sin corazón, la pareja de Theo, Ryan, dio a luz a su hijo sano y salvo en un cuarto privado en San Mungo protegido por Hermione Weasley, quien no dejó que cualquier sanador interviniera en esta situación. Y quien no dejó que está información salga a luz ahora. 

Theo, sin embargo, atendió a nuestro periodista. 

“Sí, mi hijo ya nació, un varón, junto a mi pareja estamos muy felices y agradecidos con la señora Weasley por todo su apoyo y ayuda en lograr que nadie con malas intenciones se nos acerque. Les aseguro que no hay magia negra involucrada. También me gustaría agradecer a aquellos fans que me siguen apoyando y a los miembros de mi banda. “

*** 

Finalmente, la noticia alrededor de Theo y su pareja impactó en Hogwarts. Jenna seguía siendo fanática y una tarde en la sala común de Slytherin juró en su nombre que no había nada oscuro en su bebé. 

—¿Cómo puedes jurar en su nombre? —le preguntó un chico—. Sólo ves la imagen que él quiere dar, no ves la realidad.

—Por eso mismo —dijo Jenna—. ¿Por qué haría algo que pondría a toda la gente que lo sigue en contra?  

—¿Y qué opinan de ese rumor, el que dice que su novio no es un chico, sino una chica? 

Jenna en ese momento dudó. 

—Bueno, si fuera el caso, a nadie debería importarle. Lo único por lo que la gente debería quedarse tranquila es que en su bebé no hay nada oscuro. 

Esos rumores los propagó Rita Skeeter en un artículo en El Profeta, donde daba la supuesta primicia de que el novio de Theo engañó al público porque no era un hombre sino una mujer. Incluso se atrevió a decir que Theo no sabía de esto y que transformaba partes de su cuerpo para engañar a Theo. 

A Scorpius la verdad no le importaba demasiado ningún tipo de rumor. El hombre acababa de ser padre, bueno, los hombres, y el bebé estaba sano. Sophie en cambio soñaba despierta, encantada con toda la historia de un milagro. Merlina, esa noche, se unió a ellos en la sala común para escuchar sus versiones. 

—Están todos equivocados —les dijo, sentada derecha sobre una silla en la sala común—. Siempre han habido unos cuantos casos de hombres dando a luz. Lo que sucede es que el mundo mágico siempre fue retrógrado. Magos y brujas siempre han pensado que un hombre dando a luz era oscuro. En el siglo XIII los propios hombres que daban a luz se comían a sus hijos para que nadie lo supiera. Los matrimonios heterosexuales se hicieron obligatorios porque no querían niños malditos. Algunos, aquellos que no se atrevían a comerse a sus hijos, los abandonaban. Se dice que esos bebés siempre terminaron siendo magos oscuros. 

Sophie estaba espantada con aquella leyenda. Jenna la miraba raro. Thomas temblaba. Vincent no le daba importancia y siguió haciendo un ensayo para una materia de tantas. Albus la miraba con los ojos abiertos. Hugo, que Scorpius no supo cuando se unió al grupo, se rascaba la nariz y miraba el cielo. ¿Scorpius? A Scorpius se le escapaba el alma del cuerpo. 

¿De dónde sacó esa historia su hermana? 

—Mer, ¿de dónde sacas eso? —preguntó con un hilo de voz 

—De un libro en la biblioteca de Malfoy Manor. Está en el fondo de unos baúles abandonados donde ni los elfos limpian. 

—¿El baúl que dice Peligro? —preguntó. No entraba mucho a la biblioteca personal de Malfoy Manor, pero conocía esos baúles, porque una vez intentó ver qué había, hasta que uno de esos libros se quemó casi en sus manos. 

Merlina se encogió de hombros. Scorpius se levantó a escribirle a su padre. 

 No sabía si la historia que contaba Theo era cierta, pero estaba seguro que la de Merlina no podía serla. Aquel libro debía de haberla engañado.  Scorpius quería creer más en la historia de Sophie. Es más, le parecía más sensato que el milagro se relacionara al cambio que estaba experimentando estas nuevas generaciones, generando algo a sus cuerpos, y el caso del novio de Theo fuera el primero de muchos. 

—El poder del amor —susurró sin darse cuenta. 

 El poder de que las parejas del mismo sexo pudieran tener herederos haría que los matrimonios arreglados sucedieran menos y cada uno pudiera expresar sus sentimientos. 

Los únicos sentimientos que Scorpius no quería que se expresaran eran los de Emily. La chica había llegado hasta acompañarlo a la puerta del baño. Un día, Emily lo invitó a ir juntos a su visita al pueblo. Ese día, Scorpius respiró hondo y la miró a la cara y le dijo:

—La verdad ya quedé con alguien. 

—¿Con quién? 

—Con mis amigos. Solo quiero pasar tiempo con mis amigos —y huyó.  

Bien , se dijo, concentrándose en la carta que le escribía a su padre 

***

Hermione y Ron escucharon atentos la historia de Draco del espejo perdido. Draco levantó las protecciones una vez más del lugar donde tenía todos aquellos artefactos, los guardó bajo un fidelio, donde el guardián, a regañadientes, fue Harry. De eso, ya habían pasado unos días. 

Harry, que tenía un vacío tan grande en el pecho que durante una semana se dedicó a no dormir, descubrió que Draco le negó el acceso a Malfoy Manor por red flú. Intentó verlo, anunciarse con la elfina Prim o Grip, quien lo recibiera, pero siempre volvían con la noticia de que su amo no podía recibirlo y fuera otro día. 

La había cagado. Lo sabía. Lo supo cuando vio el dolor en la mirada de Draco por su falta de confianza. No podía discutirle, Draco tenía razón. Lo primero que su mente hizo fue sentirse traicionado y engañado, pensar  que Malfoy seguía siendo  el chiquillo de la escuela. Cuando se dio cuenta de su error, cuando notó la forma en la que lo lastimó, fue tarde. 

Por ello, cuando Draco se presentó en la reunión improvisada de Hermione, que quería seguir discutiendo sobre este espejo, pensó en las formas en las que podía llevarlo un rato y hablar con él.

¿Qué tan mal podía estar que hablar con Draco le importaba más que el espejo perdido?

—Potter —lo llamó Draco. El corazón de Harry saltó—. Creo que mi padre tiene que ver en el robo del espejo —Draco volvía a tener sombras debajo de sus ojos y vestía otra vez camisetas de duelo. Harry quería castigarse como un elfo doméstico—. Pueden seguirlo si quieren —esta vez le habló a todos—. Lo haría yo, pero… terminaría arrestado. 

Harry estaba dispuesto a discutir esa indirecta cuando una lechuza llegó volando. 

—Es una carta de Percy —dijo Ron, que había estado muy callado. Buscó la carta rápido—. Oh, mierda. 

—¿Qué? —preguntó Hermione. 

Ron levantó la mirada y los miró a todos.

—Dice que el Ministro se reunió con Wizengamot 

—No fuimos notificados —reclamó Hermione. 

—No, porque se trataba de ustedes. Hermione, van a ponerte a prueba un mes. Harry, lo siento, te darán solo dos semanas. Ya saben lo que harán, te desvincularán del Ministerio, pero no quieren hacerlo obvio.

*** 

Scorpius jamás había estado tan nervioso para un partido de Quidditch. Se enfrentaban a Gryffindor, y aunque todo el equipo estaba positivo por la victoria del año anterior, nadie sabía que Scorpius tenía un problema. Uno muy grande. 

Ató su coleta por quinta vez cuando Albus se le acercó. 

—¡Merlin, Scorp! Cualquiera pensaría que es tu primer partido, ¿qué sucede? 

Scorpius miró alrededor. Algunos ya estaban saliendo de los vestidores. Negó. No se atrevía a decirle la verdad a su amigo. No era el momento, no sabía si algún día sería el momento. 

—Estoy bien. 

—No, no lo estás. Nunca te he visto así —Albus tomó su brazo y lo arrastró a los baños, revisó los lavados y cuando al parecer vio que estaban solos lo enfrentó—. Dime, ¿qué sucede? No paras de temblar, Scorp. No puedes decirme que Gryffindor son algo. Eres mil veces mejor buscador que el idiota de mi hermano. 

—Deja de decirle idiota —susurró él, pero Albus lo había escuchado y ahora mismo le devolvía una mirada como si le hubiera crecido un cuerno en medio de la frente. 

—¿Qué? Pero es un idiota —explicó Albus como si fuera obvio. Scorpius se mordió los labios y miró el suelo—. ¿El idiota te ha hecho algo? 

—No. 

—Scorpius. 

Scorpius no lo resistió más. 

—Me gusta tu hermano, Al. 

Albus empezó a reírse como si acabara de decir el mejor chiste, como si acabara de hacer una travesura de esas que hace Peeves. Le llegó a doler el estómago, hasta que empezó a limpiarse las lágrimas y vio que él no se reía. 

—No —dijo Albus. 

—Sí. 

—No vamos a perder porque  creas que te gusta el idiota de mi hermano. Por cierto ¿por qué te gusta el idiota de mi hermano? no ha sido más que un grano en culo para ti. 

Scorpius se movió nervioso y acalorado.

—Yo no dije que fuéramos a perder el partido porque me gusta tu hermano. Y no creo que me guste, me gusta. Punto. No ha sido siempre malo conmigo, en primero me salvó, en segundo tuvo sus puntos altos, y este año protegió a Merlina, me ayudó cuando me sentia mal, me defendió del idiota de Michael.  Y no puedo dejar de perderme en esos ojos azules suyos, y te juro que hasta me gustaría tocar las olas en su cabello a ver si se sienten como el mar o no. 

¡Oh, Merlín! ¿de verdad acababa de decir todas esas cursilerias? Cuando miró a su amigo, el pobre Albus tenía cara de estar asqueado y perdido. Y muy confundido. 

—¿Las olas de qué? —le preguntó—. Mira, todo lo que importa es que dijiste que no perderíamos el partido por ese idiota, si es así, ¿entonces cuál es el problema? No te vas a declarar en medio del partido, Scorpius. ¡Merlin! ¿Lo vas a hacer?

—Las olas de su cabello —lo corrigió Scorpius—. Su cabello forma olas como las del océano —apuntó—. Y no, no se trata de perder. Se trata de que… bueno…James me está poniendo muy nervioso. Y no, no me voy a declarar. A James le gusta otro tipo de estereotipo. 

—Sí, débiles y frágiles —apuntó Albus, enfatizando ambas palabras. 

—¡No me voy a dejar ganar a propósito! —reclamó. 

—Bien. Si llegamos a perder… le cortaré las bolas a mi hermano. 

—¿Al? 

—¿Qué?

—¿No tienes ningún problema con que me guste tu hermano? James es… un chico, ya sabes. 

—Sí, tengo un problema. Te puede pegar su estupidez. Y, oh, sí. Lo sé. Créeme, sé que es un chico. 

Scorpius sonrió y se relajó. Que Albus aceptara sus sentimientos le hacía sentirse mejor. Tal vez no le estuviera molestando que le gustara James Potter, sino solo ocultárselo a Albus. 

*** 

Prim estaba tocándose las manos frente a él, esperando una respuesta. Potter acababa de llegar a los terrenos de Malfoy Manor. Draco estaba tentado a negarle la entrada, pero entonces pensó que podía ver a darle noticias de su padre. No podía  esperar sacar conclusiones de su ropa, ya no era un auror. Bueno, aún lo era, por unos días más según los informes del Weasley. 

—Guialo a mi oficina —se arriesgó. La elfina desapareció enseguida y diez minutos más tarde Potter entraba a su oficina. 

Mierda

Se veía a la miseria. 

—Potter, ¿hace cuánto no te sacas esa camisa? —quiso llorar por semejante ropa en mal estado. Entonces lo miró a los ojos, sus malditos ojos esmeralda, y su mundo se cayó. El hombre estaba en la ruina. Respiró hondo. ¿Desde cuándo era un hombre tan débil?—. ¡Merlin, no me hagas arrepentirme de esto! —susurró, acortó la distancia con Harry, rodeó su cuello con sus brazos y lo besó. 

Fue un beso lento y Harry respondió de inmediato. 

—Draco —susurró entre sus labios—. ¡Oh, Draco! —lo abrazó. Sintió sus sollozos—. Perdón. Perdón. 

—No me hagas arrepentirme. Te juro —no podía creer lo que estaba haciendo, suplicando a Potter. A Harry —, que no te perdonaré una segunda vez. 

Harry fue quien lo besó esta vez. El beso se fue haciendo más intenso. Draco se olvidó de su padre, el calor fue intensificando. 

—¿Quieres ir a mi habitación? —preguntó Draco. 

—Oh, sí, Draco. 

***

Las nubes habían aparecido por sorpresa, nublando el campo. A mitad del partido, las gotas de lluvia empezaron a caer. Aun así, Scorpius siguió buscando la snitch. James hacía lo suyo, deambulando entre los jugadores. A diferencia del año pasado, James no estaba volando tan rápido. Parecía precavido. Scorpius notó también que su posición sobre la escoba era más firme. Era un mejor rival que el año anterior. 

Michael ya no formaba parte del equipo de Gryffindor. Eso no quería decir que no fueran agresivos. Sin embargo, Albus era bueno en los choques. Tenía fuerza y se defendía bien, el pobre ya había tenido su buena experiencia el año anterior con golpes en sus hombros. 

La verdad, estaban igualados, la diferencia la marcaría James o él. Estaba lloviendo más cuando algo llamó su atención. Entrecerró los ojos. Parecía una pelota, pero estaba muy lejos del campo. No podía ser la snitch del partido. ¿Algún idiota habría soltado una por ahí? Intentó ignorarla, pero el destello brillante de las alas lo distraía. James voló cerca. 

—¿Qué mierda es eso? 

—Creo que nos quieren distraer —alcanzó a decir Scorpius cuando una luz verde se aproximó hacia ellos. Esquivando, casi se cae de la escoba, pero en ese momento, una bludger golpeó su escoba y se resbaló—. ¡Mierda! 

Por un segundo Scorpius pensó que iba a caer al vacío, pero las manos de James lo abrazaron por la espalda y lo estabilizaron. Su corazón empezó a latir de forma anormal. Escuchó la voz de Albus en su cabeza diciendo que se negaba a perder porque le gustaba su hermano y se estabilizó, rojo. 

—Gracias —dijo—, pero no te dejaré ganar. 

James rió, sacudiendo la cabeza. 

—No quiero que me dejes ganar, ¿qué sentido tendría eso? 

Ahora, sin la distracción del aleteo de una Stitch fuera del campo, Scorpius escuchó murmullos de parte de las gradas. Alguien hizo un tanto. Las gradas de los leones se pusieron locos y Scorpius hizo un mohín. 

Luces se abrieron en la tribuna. Gritos. ¿Qué carajo estaba pasando? ¿Se estaban haciendo maldiciones en las gradas? Entonces, esta vez, sí la vio. Las alas de la Snitch que debían capturar. La cosa fue que James también la vio. Uno de los dos atraparía la snitch para cerrar el juego y se llevaría Copa de Quidditch. 

*** 

¿Qué carajos había hecho? 

Draco miró a Harry que dormía en su cama.

¿Acaso se había acostado con Potter? Es decir, ¿ Harry ?

Carajo. Se abrazó a sí mismo y caminó. Lo mejor iba a ser despertarlo. Una lechuza se acercó a su ventana. Draco la reconoció enseguida, era su hijo. Agradeció la distracción y caminó para tomar su carta en sus manos. Estaba por abrirla cuando Harry se removió en su cama y empezó a despertar. 

—¿Draco?

Se acercó y se sentó en la cama. 

—Harry 

Harry estiró su mano y tomó la suya, empezando a acariciar su palma con una sonrisa muy boba en su rostro. 

Mierda .

En verdad sentía cosas por este hombre que durante años fue su némesis. 

—La pasé muy bien. Fue increíble —empezó Harry. Draco se sintió cohibido. 

¿Qué mierda? ¿Cuando un Malfoy se sentía cohibido? 

—Sí —se encontró diciendo sin saber qué más podía decir—. ¿Crees que…?

¿Qué quería preguntarle exactamente? Realmente no lo sabía. A Harry tampoco le importó por lo que tiró hasta que cayó sobre él y buscó sus labios, empezando a besarlo. Draco se dejó ir. 

Reconocía que Harry besaba diferente a Astoria. Ni siquiera le gustaba comparar y la verdad, no tuvo necesidad, hasta ahora que se daba cuenta de esta particularidad. 

Harry se lo dijo una vez, no era como si la estuviera engañando. Astoria quería que él siguiera con su vida. 

No pudo evitar empezar a sentir la excitación otra vez. 

—Harry —dijo. Harry se removió, poniendo las manos en su cintura, por arriba de su camisa. 

—¿Puedo… ? —le preguntó Harry rojo, duro—. ¿Puedo entrar en ti?

Draco abrió los ojos como plato, sintiendo como su cuerpo le respondía. Asintió.

Sí, quería probar eso también. 

***

Harry no había ido allí por ninguna información, pero en cambio, ambos terminaron reconciliándose, definiendo esto como una relación. Aunque quedaron de llevarla con calma, con sus hijos al menos, a quienes vería cuándo y cómo se lo decían. 

 

***

Los festejos seguian en la sala común de Slytherin pese a que eran las tres de la mañana. Scorpius estaba disfrutando mucho aquel festejo aunque a veces se le venía la imagen de James derrotado. Jenna puso toda la discografía otra vez de Theo mientras Kate entraba con más comida y bebidas de las cocinas del castillo. Entonces, Scorpius se vio arrastrado hacia las habitaciones. 

—Espera, Al. ¿Qué sucede? 

—Quiero hablar contigo. 

Su estómago se revolvió un poco. ¿Querría hablar de James? Esperaba que no. ¿Y si hubiera cambiado de opinión? Sin embargo, cuando Albus se sentó en su cama y lo invitó a lo mismo, le preguntó:

—¿Cómo sabes que te gusta el idiota de mi hermano, Scorp?

Oh. Scorpius supuso que Albus nunca dejaría de decirle idiota. 

—Bueno —pensó, era una buena pregunta—, me gusta mirar sus ojos —si Scorpius lo pensaba bien, eso era algo que llamó su atención desde que entró en Hogwarts—, su cabello me parece asombroso —era cierto. Le encantaba ver el mar en esas olas color zanahoria—. El corazón se me acelera cuando se acerca, cuando me roza, cuando me ayuda o cuando ayuda a mi hermana —de hecho, un gran punto de inflexión era ese—. Además, creo que te cuida, a su manera. Es buen hermano mayor, los conoce bien a Lily y a ti. Se preocupa por ustedes.

Albus volvió a hacer una mueca de no entender nada. 

—No puedo creer que creas que su cabello luce como el océano. 

—No te burles —le pidió. 

—No lo hago, solo es extraño. ¿Te vas a declarar?

Scorpius abrió los ojos como platos. ¿Su amigo estaba loco?

—No. Tú mismo lo dijiste, le gusta otro tipo de persona. Otro estereotipo. No me parezco ni a Henrietta ni a ese chico, nunca me aprendí su nombre —reconoció en apenas un susurro—. Soy más…—hizo seña a sus hombros—, por el Quidditch creo. Y hemos ganado por dos años consecutivos. 

Albus se rascó la nuca. 

—Mira, lo vengo pensando del verano, pero —su amigo lo miró a la cara, un gesto de disculpa se marcó en sus facciones y sus ojos verdes brillaron en algo que por primera vez tal vez no entendió—, creo que le gustas —se acomodó sus anteojos—, pero es tan estupido —su voz fue perdiendo fuerza—, que salió con el fulano este que se asustó de Merlina. 

A Scorpius le tomó muy poco tiempo entender lo que Albus le estaba diciendo. Su corazón se revoleó y tragó fuerte. 

—¿Intentas decir que le gusto a James? —su amigo asintió—. ¿Estás seguro?

—Bueno, no me lo dijo. Es mi hermano, no creo que me lo diga alguna vez, pero creo que sí. 

Ambos guardaron silencio. Scorpius pensó en lo que su amigo le decía. ¿Le gustaba a James? Bueno, podría tener sentido. James había cambiado mucho desde que terminaron el ciclo anterior. Durante el partido de Quidditch en el verano se la pasó muy cerca suyo, le colocó las manos en la cintura, lo esperó cuando sucedió el ataque a los que pensaban eran mortígafos. Le defendió de Michael. 

Mierda , se dijo. Le gusto

Miró a Albus.

—¿Me dirás que siga a mi corazón? —Albus tomó un almohadón y se lo tiró en la cara, pero cuando levantó la vista lo encontró riendo—. Lo siento. 

Tendría que estar feliz, en cambio, sus manos de repente estaban temblando. 

¿Emily se sentía así cuándo se le acercaba para confesarle sus sentimientos? Tal vez había sido algo malo con ella. 

***  

Scorpius no se había podido confesar. Quería echarle la culpa a las pocas veces que volvió a ver a James después del partido. No solo porque él estuviera estudiando para sus exámenes, sino también porque James mismo pareció dedicarse a estudiar. 

Pensó que podría hacerlo en la visita al pueblo programada, pero fue suspendida cuando salió a luz que un hombre lobo andaba suelto. Los medios no hablaron más de eso ni de la desaparición de los niños Squib, pero su padre le mandó una carta contándole que el chico de 13 años falleció después de semanas en San Mungo. La directora, por los rumores, que al parecer no eran rumores sino falta de información oficial que el diario no quería compartir, terminó cancelando las visitas a Hogsmeade.  

Rose, ya haciendo como si jamás hubiera pasado algo entre él y Albus, los ayudó a hacerse un horario con dos tiempos libros en la semana que podían usar para lo que quisieran. Las primeras veces, Scorpius caminó por los pasillos para encontrarse con James. Jamás tuvo suerte. Albus le dijo en broma que tal vez Rose lo hubiese hecho a propósito. Una tarde, medio en broma, Scorpius le preguntó directamente a su amiga. Esperaba no haber sido obvio, tenía suficiente con Albus sabiendo la verdad. 

—Claro que no —le respondió Rose, con su rostro internado en un libro—. Pero está usando sus horas libres para seguir estudiando —se encogió de hombros. 

Desde ese momento se rindió. La verdad, él también se estaba estresando y al igual que Vincent terminó en la enfermería por un ataque de estrés debido a su mala alimentación. Al parecer, comer con los nervios a flor de piel te agujereaba el estómago. Por suerte, Madam Pomfrey se lo curó con una poción. 

Así pasaron los exámenes y pronto estuvieron en el expreso de regreso a casa. Ni así tuvo suerte. James no se mostró. Pensó que tal vez, como al comienzo del año, James aparecería por su vagón. Eso tampoco pasó. Estaba por susurrarle a Albus que se había equivocado. Entonces, triste, se puso a pensar que volvía a casa, donde la ausencia de su madre sería notoria otra vez. 

Se puso bastante nostálgico. Sentía la vista empezar a picarle cuando decidió que lo mejor sería mojarse un poco la cara. 

—Ahora vengo —le dijo a los chicos. Thomas estaba jugando ajedrez con Sophie. Albus le decía qué piezas mover y Vincent ayudaba a su hermana. Rose miraba todo con mirada evaluadora. 

Caminó despacio por el corredor del tren, evitando mirar dentro de los vagones por si se encontraba con James. Aunque no hizo falta, porque cuando llegó a los dichosos baños, James salía de uno de ellos. 

—Scorpius. 

—James. 

Ninguno de los dos dijo más nada. Scorpius peleó, de verdad que sí, con apartar sus ojos del océano en los de James.

Creo que Albus se equivocó, pensó cuando no hubo señal alguna de nada. Estaba por pedirle que le dejara pasar cuando James finalmente dijo algo. 

—Rose me dijo que estuviste en la enfermería por estrés — oh

—Sí, hace un siglo —dijo algo decepcionado. 

—Cuando me enteré, me acerqué para verte, pero ya te habían dado el alta. 

Oh .

—¿Fuiste… a verme? —James asintió—. ¿A la enfermería? —claro que sí, idiota, se dijo. 

—Sí, a la enfermería. ¿Ya te encuentras mejor? 

Scorpius asintió, pensando que debia de verse medio tonto. 

—Sí, sí. Como dije, fue hace un siglo. ¿Tú? Es decir, ¿estás bien? también debiste tener muchos exámenes. 

—Ah, sí —sus mejillas se sonrojaron, pese a las pecas Scorpius lo pudo ver—. Creo que alcancé un aprobado en algunas, o eso espero… —su voz perdió fuerza. Se veía cansado, devastado. El corazón de Scorpius no lo soportó más. 

No tenía idea de cómo besar, pero eso no lo detuvo cuando, con sus manos temblando, cerró la distancia entre ambos, se puso en punta de pies y apretó sus labios contra los labios de James por unos segundos antes de apartarse. 

¿Podía pararse el corazón y seguir respirando? Porque Scorpius creyó que en ese momento su corazón se detuvo, pero seguía vivo. James lo miraba como si se hubiera convertido en un gusarajo mocoso.

Creo que Albus se equivocó , lloró. 

¿O tal vez eso no era una confesión? 

El miedo activó nuevamente los latidos de su maldito infame corazón. Entonces, James gimió, cerrando los ojos y… posó los labios sobre los suyos, pero no se quedaron quietos. Los movía y él se acopló sin esfuerzo a ese movimiento. Su aliento chocó contra su boca. 

¿Esto era un beso?

Scorpius quería besar por siempre. Aunque segundos después descubrió que debía respirar. 

Estaba agitado. 

—Me gustas —le dijo a James con el poco aliento que recuperó. Carajo, las mejillas de James se pusieron muy rojas. Su respuesta fue otro beso. 

Scorpius no se hubiera movido de allí sino fuera porque el tren poco a poco empezó a frenar. Scorpius miró a James, esperando algo. Llegó, por suerte. James tomó su mano y le acarició el pulgar.

—También me gustas. 

Mierda

Sentía que se había comido una caja de los mejores chocolates de la señora Weasley.

 

 

 

Fin de la tercera parte.

Notes:

Gracias por leer esto mal hecho, sigue siendo mi fic desestresante. Aquí pongo todo mi estrés jajajaja

En mi cabeza, quedan dos partes desestresantes más. La siguiente, cada uno con su relación, sus reacciones, y el Torneo de los Magos.

Notes:

Y así empiezo esta parte.

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