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Miguel se encontraba sentado frente a su gran computadora, observaba que todo estuviera en su lugar, que no hubiera anomalías, miraba con tanta determinación mientras acariciaba su abultado vientre. Estaba gestando, próximamente tendría a su cachorro y estaba tan ansioso de tenerlo entre sus brazos para darle todo el amor que merecía.
—Miguel, será mejor que descanses, a tu cachorro le vendría bien estar con su Padre Alfa. Creo que a ti también te vendría bien estar con tu Alfa. —Lyla, su asistente personal, sugirió mientras flotaba frente al Omega, ella se preocupaba mucho por la salud de su creador.
Soltando un cansado suspiro se estiro para apagar la computadora, dejar sus cosas en orden y ponerse de pie. Sintió una pequeña punzada en su espalda, ni el ser un Spider-Man con mucha fuerza lo libraba del dolor lumbar, tomaría algún medicamento que lo ayude a bajar la inflamación cuando llegue a su habitación.
—Hasta mañana, Lyla, descansa.
El moreno caminaba lento por el enorme pasillo, se topo con algún que otro miembro de su equipo recibiendo pequeños saludos, nadie se atrevía a mirar por mucho tiempo al jefe, todos sabían que el entablar una platica o con tan solo atreverse a mirarlo por más de quince segundos significaba la muerte, en cualquier otro caso un Omega embarazado significa tener que lidiar con el mal genio del Padre Alfa pero en este caso el problema mayor era el Padre Omega. Miguel era conocido por su mal carácter y su agresiva forma de enfrentar los problemas, y desde que se entero de su embarazo nadie podría acercarse sin sentir que perdería alguna extremidad, el Omega se volvió tan sobreprotector con su cachorro, el pobre Alfa siempre se la pasaba pidiendo perdón y sonriendo amablemente a quien su pareja pudiera intimidar o herir. En definitiva, no eran una pareja convencional.
—Amor, estoy aquí. —al entrar a la recamara que compartía con su esposo comenzó a deshacerse de su traje, sentía que le apretaba al grado de dejarle marcas en sus caderas.
Nunca le mencionó a Peter eso, pero él se sentía poco atractivo, amaba su pancita abultada pero le ponía mal recordar que perdió su esbelta figura.
—Hola, bebé.
Miguel giro sobre sus talones para mirar a su Alfa, el olor dulce que emanaba Peter lo volvía loco, sentía como su mandíbula se aflojaba, tenía que recordar pasar saliva si no quería verse como un tonto salivando como un perro sediento, pero la provocadora imagen ante él no le ayudaba en nada, su marido estaba con el cabello escurriendo en gruesas gotas de agua, con una mano sostenía la toalla de su cintura y con la otra cepillaba sus dientes, mirar esa blanca espuma que se escapaba de entre las comisuras de los labios de su amado hombre lo hizo gemír con fuerza. Recordó como en la mañana sin haber despertado completamente, sintió una placentera humedad en su miembro, era glorioso, sentía que explotaría, moviendo sus caderas llegó al orgasmo, al abrir los ojos vio a su Alfa chupando su sensible miembro mientras tragaba su espesa corrida.
—Alfa.
Al estar completamente desnudo fue perceptible como de entre sus gruesos muslos chorreaba el brillante fluido, el embarazo no sólo le causaba dolores musculares, también lo volvía ultra sensible al estar cerca de su pareja, por eso Lyla le tenía prohibido a Peter estar cerca del Omega cuando este se encontraba trabajando.
Peter gruñó de placer, sus fosas nasales fueron invadidas por el exquisito olor a menta con chocolate que surgía de su adorable Omega. Volvió a entrar al cuarto de baño para enjuagar su boca y volver rápidamente hacia donde Miguel lo esperaba, tomándolo por la estrecha cintura el Alfa beso con dulzura los carnosos labios, mientras su compañero soltaba leves ronroneos.
Caminando hacia enfrente, el moreno comenzó a empujar con sus manos el torso de su pareja para hacerlo caer lentamente sobre la amplia cama, abrió la toalla que estaba en la cintura ajena y se sentó sobre las piernas abiertas, dio un lento masaje al grueso miembro de su Alfa, su abultado vientre le impedía ver con claridad y eso lo enojaba, no podía tocarse ni así mismo, soltó un leve lloriqueo e hizo un pequeña mueca de frustración. Peter entendió su enojó y le sonrió con ternura, sostuvo ambos miembros y comenzó a frotarlos al mismo tiempo, su otra mano viajo hasta la parte trasera del Omega buscando su apretado agujero, frotó por unos segundos para después penetrarlo, el fluido chorreo en cuanto un segundo dedo entró, usaba ambos dedos separandolos para dilatar la entrada. Saco ambos dedos y los llevo frente a él, los acerco a su nariz e inhaló el dulce aroma de su Omega.
—Tan mojado, tu culo esta listo para ser penetrado por mi verga. —acercó sus dígitos hasta los rojos labios del moreno introduciéndolos en la cavidad bucal, gimió con gusto al probar su lubricante natural.
El hombre mayor bajo su vista hasta los grandes senos que tenía su pareja, se veían tan hinchados y rojos, de las glándulas chorreaba ese delicioso elixir que tanto le encantaba, tomó el pezón derecho retorciéndo entre sus dientes de forma lenta haciendo que Miguel soltaba un grito de placer puro echando su cabeza hacia atrás mientras succionaba con fuerza los dedos que aún según dentro de su boca. El placer lo hacia temblar, tuvo que sujetar el cabello de su esposo para evitar caer de espalda acercándolo más a su pecho, Peter chupaba con violencia mientras tomaba todo lo que salia de su endurecido pezón gruñendo al notar como el endulzado sabor de la leche bajaba por su garganta, se giro para tomar el segundo seno entre sus labios, marcando la zona con sus dientes, quería dejar su marca en ellos, amaba ver las marcas que él dejaba en el cuerpo contrario.
—Me encanta ese par de tetas que te cargas, bebé. Pasaría mi vida recostado entre ellas. —frotaba su nariz entre el pequeño espacio que había entre sus hinchados pechos.
Miguel se sonrojo, su piel ardía y su corazón latía con fuerza, realmente necesitaba a su Alfa, lo necesitaba dentro de él. -Alfa, por favor.
Peter no necesito que le rogara más, su propia polla estaba tan dura que no soportaría por tanto tiempo estar fuera de ese perfecto culo así que posicionó su miembro con el lubricado agujero sintiendo como de este escurría hilos de fluido, la calidez se impregnó en él cuando de forma lenta se introdujo dentro del estrecho canal. Puso ambas manos sobre la cama, a los costados de su propio cuerpo, separó las piernas apoyando firmemente sus pies sobre el frío suelo, se acercó a la oreja de su Omega y susurró con dulzura que pusiera sus manos sobre los hombros de él. El Alfa sabía de lo brutalmente fuerte que era su Omega y que no necesitaba ser tan cuidadoso con él, pero su instinto protector le reprendia cada vez que tenían un encuentro sexual.
Comenzó a penetrar de forma lenta usando sus piernas y brazos como apoyo al momento de subir y bajar sus caderas, sus movimientos fueron más rápido y constante en cuanto dio con el punto dulce de Miguel haciendo que diera pequeños saltos sobre su miembro, eso fue una motivación para seguir arremetiendo con rudeza contra el gran trasero.
—Peter, Peter ¡Ah! —las embestidas se volvieron salvajes, el Alfa gruñía cada vez que su Omega apretaba su polla en su interior, mientras su compañero no paraba de gemír y lloriquear. Su vista se nubló, sus labios se separaron dejando caer de entre ellos un hilo de saliva, su lengua se asomaba obscenamente y Peter aprovechó para pasar la suya sobre ese miembro húmedo jugando con él, compartiendo saliva.
—Tu culo toma mi verga con mucho gusto, te miras tan necesitado. —soltó una fuerte cachetada en el trasero del Omega tomándolo desprevenido- ¿Quieres sentir mi semen dentro de ti mientras aprietas mi gordo nudo?
—¡Alfa, si!
Sus caderas se movieron sobre la gruesa polla Alfa, amaba sentir ese grande y gordo miembro profanar sus entrañas, amaba sentir su caliente corrida mientras lo anudaba. Sentía como sus tetas comenzaban a brincar sobre su pecho, las sentía pesadas pero sabía que eso a Peter le ponía muy caliente, lo corroboró cuando le susurró al oído: —Dios, mi amor. Esas grandes tetas tuyas me encantan, amo ver como brincan cada vez que te la estoy metiendo. ¡Carajo!
Las embestidas se volvieron erráticas, ambos hombres estaban sudando, Peter sentía como sus bolas se contraen y notaba las vibraciones que había dentro del Omega, sabía que se correría en cualquier momento. Su nudo comenzó a formarse, sentía como estaba siendo dilatado con brutalidad, sus entrañas se abrieron paso para recibir esa gran carga de semen caliente, la hinchazón del nudo sobre su próstata lo hizo girar los ojos, no aguanto más y soltó su propio semilla entre su abultado vientre y la perfecta pelvis de su Alfa. Se dejó caer sobre él hombro de Peter, acercó su nariz hasta esa marca en el cuello que tenía, una que se parecía a la que el mismo tiene también sobre su cuello, e inhaló con gusto en esa zona.
—¿Alguna vez mencione que hueles a churros recién hechos?
—¿Churros?
—Sí, cuando mamá me llevaba de visita con la abuela, íbamos a una feria que se ponía en el pueblo, ahí vendían unos churros deliciosos. Amo los churros con Lechera, son mis favoritos. —Miguel ríe por lo bajo guiñando un ojo y mordiéndose el labio.— Que maravilla.
