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Luna de miel en la mano

Summary:

Pasar a la final de un mundial es algo importante, pero enseñarle a tu compañero a besar bien lo es más.

Notes:

buenaasss, este os es medio una disculpa de la falta de actualizaciones tanto de la propuesta como de caucho y nitro, estoy re trabada con esos dos fics y con mi último año de facultad está medio complicado, así que les pido perdón a las tres trastornadas que me leen y disfruten este os tanto como me encantó escribirlo a mi jeje, y si, tengo una fijación con virus, y no, no pienso parar.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:


 

Los gritos de adolescentes desaforados retumbaban por los anchos pasillos del hotel, en el país malasio. El compás de voces en plena etapa de cambios acompañaban las canciones de cancha y propiamente argentinas. Esto ya comenzaba a molestar a los encargados del establecimiento, pero no podían objetarse ante estos sucesos que comenzaban a ser costumbre luego de cada partido, ya que era más que entendible la razón del por qué lo hacían. Eran adolescentes, y se comportan como tal.

Porque, después de haber pasado a la instancia final del mundial sub-20, los jóvenes jugadores decidieron festejar, algo que no venían haciendo con frecuencia por la propia exigencia del campeonato, y el llegar hasta la final era un evento muy importante para todos

Y si había algo que no iba a faltar esa noche, era alcohol. Cantidades exorbitantes de alcohol.

Por supuesto, todos habían bebido, ninguno quedó exento. Pidieron prestado el salón del hotel para realizar aquel festejo, porque nunca sabrían si este sería el último partido que ganarían, así que mejor aprovecharlo entre todos. 

La música era fuerte, pero con las varias quejas la bajaron… sólo un poco. Todos bailaban, hacían pogo, cantaban de vuelta canciones de la cancha. Jodían entre ellos empujándose o amagando con llevarlos a la pileta interna. Las risas iban y venían, también así los vasos llenos de líquidos varios, había tanto fernet como cerveza para que ninguno se le ocurriera estar sobrio aquella noche.

Pasadas las doce de la noche, el entrenador de ellos apagó la música de repente y prendió las luces comunes. Todos putearon a José, quien prácticamente los sacó cagando de allí.

— Si quieren seguir de joda, van y lo hacen arriba, pero ni se les ocurra gritar o poner otro CD más en cualquier reproductor, si no, comen banco en la final. Y no me va a importar quien sea, ¿estamos?

Las quejas de adolescentes embriagados cesaron de inmediato, se escucharon varios “si, José”. El miedo de no jugar una final era mayor que el de no poder festejar.

— Ya bastantes quejas recibí de parte del hotel con su griterío. Estamos en un mundial muchachos, no en un viaje de egresados. 

Y con aquel ultimátum, el plantel se dirigió callado a sus respectivas habitaciones, algunos más tambaleantes que otros.

Pablo era uno de esos, había decidido que era suficiente alcohol por esa noche, tenía que dejar un poco para post-final, ya sea por festejo o para ahogar las penas. En el camino hacia el ascensor vio como iban casi corriendo en silencio entre varios, intentando primerear un lugar dentro de ahí, y por supuesto llegó tarde gracias a su andar, muchos habían llenado aquel espacio.

— Da’ Pablo, vos que sos chiquito entrás.

Le dijo el rubio Cambiasso al riocuartense, otro más que por poco no se caía al piso, gracias a las cantidades de alcohol que había consumido en menos de dos horas. Su compañero, Scaloni, quien se encontraba prácticamente casi fuera del ascensor, al escuchar el nombre del más bajo sintió una punzada en el pecho, giró su cabeza para verlo, intentando no hacerlo muy rápido para no marearse. Pudo verlo parado y solo en el pasillo, apoyado sobre la pared con una de sus manos, parecía que su cuerpo casi no podría sostener por mucho el propio peso de la gravedad.

— ¿So’ boludo? no entro acá ni en pedo.

Dijo Pablo entre risas, consciente de la ironía de sus palabras, porque de hecho, estaba bastante en pedo. La viveza que le propiciaba el alcohol, que de por sí Scaloni ya poseía naturalmente, le prendió una lámpara en su cabeza. Entonces, Scaloni sale del ascensor con un pequeño salto, quedando así al lado del más pequeño. 

— Yo lo acompaño en el otro ascensor, acá no se puede ni respirar del olor a bola que hay.

Le llegaron muchos comentarios casi ofendidos y risas, que se perdieron cuando las puertas metálicas se cerraron enfrente de los dos jóvenes. Y allí es cuando llegó el silencio inevitable entre ambos, las palabras que habían cruzado en aquel mundial habían sido bastante pocas. Pablo no era precisamente un tipo extrovertido como Scaloni, y sacarlo de su círculo de amigos más cercanos era casi imposible, y Lionel había remado en dulce de leche para mantener una charla que no fuera un “hola, ¿cómo estás?” o “estuvo duro el entrenamiento hoy, ¿no?”

Aunque esa noche en particular, gracias a los varios fernets que tenía en su sistema, Pablo estaba algo charlatán y más sonriente.

— ¿Y… qué van a hacer los otros ahora?

— ¿Ahora?

— Si, ahora.

El menor sonreía ampliamente, producto del alcohol en sangre, y eso lo hacía sonreír sin quererlo. Hace varias semanas lo veía reír con sus amigos, y él solo quería ser dueño de ese sonido tan melodioso, que le dedicara al menos una risa. Tocó el botón rojo para llamar al ascensor, pero sin dejar de mirar al chico a su lado.

— Creo que decía Cufré que vayamos a su pieza, es bastante grande comparada con la de los otros.

— Ah.

El chico de rulos se giró para ver el pasillo iluminado por tenues luces cálidas, no había nadie a sus alrededores, ni siquiera los empleados podían percibirse a esas altas horas de la noche. Cruzó sus brazos por detrás de su espalda y volvió a ver al chico casi pelado, bastante más alto que él, ahora con una sonrisa de costado.

— ¿Vas a ir?

— Eh… ¿yo? 

Vio como el chico de enfrente asentía lentamente, todavía mirándolo con esa sonrisa que sentía que lo sacaría de quicio.

— Si, puede que si… si.

— Bueno, ¿me acompañas antes a buscar algo a mi pieza? así llevo a lo de Cufré.

La expresión pícara del más bajo se acentuaba con aquellos párpados un poco caídos por el alcohol, unos ojitos que ahora aparentaban inocencia, pero sentía que lo invitaban a algo más, y como pudo, contestó por lo bajo.

— Obvio.

Apenas terminó de hablar, sintió como su garganta se asemejaba a un desierto. Hasta ahora, ese momento era lo más que había charlado con Aimar por mucho tiempo, y esa faceta de nene buenito, de esos que no romperían ni un plato, no se encontraba disponible en ese momento. Él tendía a ser el chamuyero, el que daba el primer paso, el que se animaba a arriesgarlo todo, y ciertamente se encontraba un poco descolocado, pero se dejaría llevar para ver en que resultaba todo eso, porque tampoco quería aprovecharse de la ebriedad de su compañero, tantear terreno era lo mejor.

Cuando llegó el ascensor, ambos subieron. Era un espacio bastante grande, no podía entender como pretendía caber entre diez monos sudados, y menos que Pablo hubiese intentado hacer lo mismo. 

El menor se paró frente suyo, algo distante. Sus flacas piernas se encontraban en una posición que muy pocos definirían como masculina, pero no podía dejar de ver, era bastante atractivo de ver. Apoyado sobre el barandal de oro intentaba pretender que se encontraba perdido en los números de los pisos que indicaba aquel gran aparato, que subía demasiado lento, y quedaban siete pisos más todavía. Sentía que se moría.

Podía sentir como una vena de su cabeza palpitaba, explotaría en cualquier momento, porque si seguía compartiendo ese gran pero asfixiante espacio con el chico más lindo de todo el plantel, pararía el ascensor y le partiría la boca con un beso.

— Medio que se fue a la mierda Peckerman ahora, ¿no?

La voz del menor con poca reverberación gracias al espacio reducido, llegó rápido a sus oídos cortando el silencio algo ensordecedor. Sonrió ante la frase y acotó a lo mencionado, girando su cuerpo para que quedara enfrentado con el del chico.

— No nos dijo pendejos del orto solo porque no puede.

— Mal.

Ambos rieron al mismo tiempo, mirándose a los ojos. Volvieron a ese silencio conocido entre ambos, pero Pablo parecía dispuesto a seguir esa pequeña conversación.

— Pero igual yo quiero seguir la joda, o al menos tomar algo. La estaba pasando bien.

— ¿Si?

— Re, me encanta poder bailar algún cuarteto con alguien que sepa, con un fernet en mano. Me hace acordar a Río cuarto.

La última frase terminó saliendo algo más acorde a como hablaba Aimar en su día a día, su energía había cambiado totalmente. Él era uno de los que animaba a cada compañero que veía bajoneado, sabía lo duro que era estar tan lejos de su propio país, pero nunca había tenido que asistir al más pequeño del plantel hasta ahora.

— No, no, no, pará. No permito que te bajonees. 

Entonces, con un paso se acercó a él y apoyó su mano sobre el hombro del menor, acariciando un poco la zona. El más bajo, quien había permitido que sus ojos vagaran en melancolía, levantó su mirada para mantener contacto visual, y al estar bastante embriagado, su piel sonrojada se acentuaba más, pero debía mantener la “compostura”.

— Pablito, esto ya casi termina, hay que disfrutarlo mientras estemos viviendo esto, acá. 

Pablo tenía los ojos brillosos, y una sonrisa no estaba ni cerca de aparecer, por lo que se le ocurrió un comentario para, al menos, ver una mueca de lo que podría parecerse a una sonrisa.

— Es una oportunidad única en la vida, ¿quién sabe cuando vamos a volver a estar en la final de un mundial vos o yo? Además, ya vas a volver a… ¿Río segundo?

Sabía bien que no era de allí, pero quería verlo sonreír, sacarlo de ese pensamiento de añoranza. Su cometido se cumplió, ya que Pablo le golpeó el hombro muy suavemente mientras volvía a sonreír, para corregirlo, luego dejando su mano apoyada en aquel antebrazo.

— Río cuarto, boludo.

— Bueno, bueno, perdón. Vas a volver y esto ya va a haber terminado. Entonces, ¿querés disfrutar lo que queda o seguir lamentándote de que estás lejos?

— Quiero disfrutar, obvio.

— Y hacelo.

— Igual, quiero disfrutar lo que queda a mi manera.

— ¿Cómo querés hacerlo?

Pablo se quedó callado ante el susurro grave de Lionel, todavía acariciando el mismo lugar donde posaba su mano, una sonrisa era contenida por sus dientes, que mordían su labio inferior.

— ¿Te puedo contar algo?

Lionel tragó saliva despacio, pero intentando parecer lo más normal posible. Acomodó un poco su postura, pero ahora acercándose al chico. El acercamiento es muy ínfimo, pero notorio entre ambos. Antes de que Pablo pudiera abrir la boca, las puertas del ascensor lo hicieron primero, y se bajó sonriente.

— Te cuento en mi pieza, pero con un fernet de por medio.

— Obvio.

El menor toma de la mano al mayor, quien se deja llevar, para escabullirse a la pieza de Cufré, robando así un fernet sin que nadie los viera. Tampoco había mucha posibilidad de que los vieran, la borrachera de todos se había extendido por las cantidades de alcohol. 

Se van corriendo, entre risas y tambaleos, a la habitación de Pablo, una individual que se conectaba con otra de sus compañeros, era un poco pequeña pero había zafado de compartir pieza. El menor al entrar a su pequeño espacio, prendió la luz de un viejo velador, cálida y poco luminosa, pero suficiente para poder saber dónde estaba cada uno. 

Pablo, con el vaso todavía en mano, comienza a tomar del fernet dando tragos largos, pero dejándole también a su compañero de plantel, le pasó el gran vaso a Lionel, quien cómodamente se sentó en el borde de la cama de piernas abiertas. 

El menor se acercó para intentar hacerse paso entre aquellas piernas, manteniendo una distancia prudente. Lionel lo mira por sobre sus pestañas, bebiendo del oscuro líquido, el amargor era casi imperceptible para ambos.

— ¿Qué era lo que me querías contar?

Pablo vuelve a sonreír, pero ahora se tapa la cara con ambas manos, riendo por lo bajo.

— Es que… hay algo que te quiero pedir.

— ¿Y qué es?

Pablo se da la vuelta, intentando tomar envión para confesar algo, no sabía que era, pero fuera lo que fuera, alguna idea poco inocente se hacía, el problema es que no tenía forros ahí mismo… ¿por qué se preocupaba de antemano?

El menor comenzó a dar vueltas por la habitación, dándole la espalda, o intentando no verlo a los ojos, y él lo seguía con la mirada, sonriendo divertido.

— Me da un poco de vergüenza contarte.

— Da’ Pablo. No seas boludo, contame.

— Te vas a reír y no quiero que te me rías.

— Me hiciste venir hasta acá, decímelo.

Vio como Pablo se cruzaba de brazos y dejó de contestar, apostaba a que su rostro estaba del color de una madura frutilla. Para tranquilizarlo, le susurró su más sincera respuesta con una sonrisa.

— No me voy a reír, te lo prometo.

Pablo le estaba dando bastantes vueltas para decirle y eso lo estaba poniendo bastante nervioso. Lo escuchó soltar un audible suspiro, porque claramente falló para hacerse el duro y misterioso.

— Hace mucho, bah cuando arrancamos el mundial, estaba pensando en pedirte esta ayuda, porque yo se que- no se, capaz me podrías dar una mano con… esto que me pasa, y no sé, yo quería saber si vos- eh… 

Cuando Pablo se dio la vuelta, vio como Scaloni se estaba terminando de sacar su remera quedando en short deportivo, ahora, sonrojado hasta el cuello. Serio y avergonzado, Pablo le preguntó por lo bajo, arrastrando un poco las palabras:

— ¿Qué haces?

— ¿Eh?

— Que qué haces.

— Ah, ¿yo? nada, nada. Eh, tenía calor nomás…

Había interpretado todo como el orto.

— Ah.

— ¿Y? ¿En que necesitas ayuda, Pablo?

— Quiero que… me enseñes a besar... pero besar bien.

Ah, con que esa era la ayuda. Lionel parpadeó varias veces, asimilando la propuesta del menor. Nunca había dado su primer beso y le pedía ayuda a él, el mismísimo Pablo Aimar le pedía a él, Lionel Scaloni, ayuda para saber cómo dar un primer beso.

— ¿Eso era?

— Si… obvio si te jode, sabes que no tenés por qué decir qu-

— No. No, obvio quiero ayudarte, Pablito. Lo que sea por vos.

La respuesta le sacó una gran sonrisa al menor, quien lo vió con los ojos abiertos en emoción.

— ¿Posta?

— Obvio. Vení, sentate.

Le indicó con su mano al lado suyo, moviéndose un poco al costado para dejarle espacio al chico contrario, quien se sentó tímido a su lado, pese a haber estado casi tirándose encima de él. No podía creer lo que le estaba pidiendo, pero algo le podría “enseñar”.

— Pará, ¿por qué me pediste ayuda a mi?

— Porque… ¿si?

— Esa no es una respuesta válida, Pablito.

— ¿Me vas a ayudar o no? Si no, sabes que puedo fácilmente sacarte cag- 

— Si, si. Si te voy a ayudar, ya. ¿Es tu primer beso?

Pablo, con su ceño fruncido, rodó los ojos sonriendo ante la respuesta, sus mejillas se tornaron de un color carmesí.

— Creo que es bastante obvio.

— Bue, si te vas a poner así…

Lionel amagó con levantarse de donde se encontraba, no quería que su sonrisa develara lo dispuesto que estaba a quedarse y mostrarle cómo besar, más si era su primer beso. Pablo, todavía colorado y con el ceño fruncido, lo tomó del brazo y lo empujó, para que se sentara de vuelta. El más alto lo miró divertido, sonriendo, sin decir nada.

— Quedate… por favor.

Rogar no era algo que le gustara al menor, pero hacía excepciones. Una risa salió de los labios del más alto. Terminó acomodando su cuerpo para quedar enfrentado al menor, quien copió su posición. Ambos se miraban a los ojos, un poco perdidos por el alcohol en sangre.

— La cosa es así, ¿viste alguna peli donde se den un beso?

— Y si, boludo.

— Bue, es así pero no es tan así, ya vas a entender por qué. Verlo y hacerlo son dos cosas distintas.

— Ajá.

— El ritmo del beso podes marcarlo vos o la otra persona, depende lo que te guste. Y la lengua igual, pero eso se da… natural, es progresivo además, ¿entendes? si no, puede parecer asqueroso para el otro u otra.

— Eh… me perdí un poco.

— Si, tenés razón, mucha info. Pero tranquilo, te vas a dar cuenta que sabés como, solo necesitas práctica, y tenés suerte de tenerme acá.

Le guiñó el ojo intentando alivianar el momento con algún comentario cómico, pero ahora lo lo veía concentrado, como tomando notas mentales de qué hacer y qué no.

— ¿Y si lo hago mal?

Le parecía hasta tierno que se preocupara tanto por un beso. Llevó su mano hacia la mejilla del contrario y la acarició.

— Primero, relajate. Segundo, así se aprende, vas a ver que no es la gran cosa, tenés un buen profe.

Una afirmación salió de la garganta del menor. Rió por lo bajo, todavía encantado por aquella inocente preocupación. Bajó su mano hasta la barbilla del contrario para acercarlo hacia sí tortuosamente lento, casi a propósito. Pablo se encontraba hecho una bola de nervios por la situación, sus ojos estaban cerrados con fuerza y su expresión denotaba aquellos sentimientos a flor de piel. 

Rió por lo bajo al ver el rostro angelado del menor tan tenso. No sabía si era por la situación o si era porque él era el que lo hacía sentir así o qué era lo que pasaba realmente por la mente del menor, pero se notaba por la su preocupación de hacerlo bien.

Cuando Lionel se encontraba a centímetros del rostro de su compañero, abrió su boca para poder susurrar sobre los labios carnosos del menor, soltando aire caliente de por medio.

— Relajate.

Lo que Pablo sintió cuando los finos labios de Lionel tocaron los suyos con sumo cuidado, fue el equivalente a subirse a una montaña rusa mientras habían fuegos artificiales estallando de fondo. Le había costado demasiado tomar aquel primer paso con el morocho, y mucho más mentirle.

Porque este no era el primer beso de Pablo.

Lo había dado hace un par de años con una de sus compañeras del colegio, ya ni recordaba quien. Pero, de que no sabía besar era totalmente cierto. Muchas veces se lo habían dicho y recriminado que no era “buen besador”, pero él no sabía qué era lo que hacía mal, solo simplemente se lo decían después, dejándolo bastante malherido.

Automáticamente atinó a abrir la boca demás, y cuando aquello pasó, Lionel negando con un sonido de garganta se separó solo unos centímetros, los suficientes como para poder hablar con claridad, pero también para quedarse cerca de Pablo y poder susurrar su respuesta. 

En los ojos de ambos había un destello particular, que ninguno podía descifrar… por ahora.

— Primer error, no abras tanto la boca. No me estás por comer, es un beso nomás.

— Okay.

— Tenés que separar la jeta un poco nomás, son movimientos como de…¿pescado? pero un poco más sensual. 

La risa de Pablo se coló entre medio, aunque también reía gracias a los nervios que todo aquello implicaba, el estar con Lionel de esa manera y… todo.

— ¿De pescado? ¿me decís en serio?

— Si, en serio. Además, podes ir variando la presión con la cual besas, más suave o más duro, anda variando.

— Okay...

— ¿Querés intentar de nuevo?

— Si, pero no vayas a interrumpir tanto.

Ver como Lionel arqueaba una ceja, con esa sonrisa de costado y su mano todavía en su rostro le removió todos los sentimientos habidos y por haber. Sentía como se sonrojaba otra vez, tenía tanta vergüenza, pero no podía hacerse para atrás, menos en las condiciones que estaban.

— Pablo, ¿quién es el experto acá?

Un gruñido salió de su garganta, frunció sus cejas, sabía que tenía razón. Sus gestos hicieron reír a Lionel, quien sin perder mucho tiempo volvió a besar los labios del menor. 

Pablo estaba totalmente concentrado en poner en práctica lo que Lionel le había enseñado, presión, pescado, sensual… ¿eh? estaba perdidísimo, se sentía bastante abrumado, y parece que su compañero lo notó, bajo su mano podía sentir los músculos tensos del menor. Volvió a separarse y ahora tomó su rostro con las dos manos.

— Pablo, es muy importante que te relajes. Si no lo disfrutas, me avisas. Y más si no querés.

— No, no, sí quiero, y me gusta. Es que… es mucho, no sé si lo estoy haciéndolo bien.

— Que estés queriendo aprender es un gran paso. Nunca se nace sabiendo, ¿o si?

— No…

— ¿Entonces?

Lionel le sonrió, acariciando con vehemencia sus cachetes, rojos y calientes bajo su tacto.

— Relajá, soy yo nada más. No pasa nada.

Justamente lo que lo ponía nervioso era él.

— Mhm, bueno.

— Mirá, tomá un poco, capaz se te va la vergüenza así. A mi me ayuda.

El mayor tomó el gran vaso, ahora sudado por el calor, con fernet, y entre ambos lo terminaron sin chistar. Sus cabezas ya no eran tan racionales, Lionel no podía jactarse tanto de aquello pero algo de liviandad sentía en su cabeza. Con el vaso, ahora sin liquido, en el piso, miró a Pablo con detenimiento entre sus ojos entrecerrados, a lo que Pablo preguntó divertido.

— ¿Qué?

— No entiendo como nadie te dió un beso antes.

El menor rió por lo bajo, desviando totalmente aquel comentario con otra pregunta, aunque acercándose un poco más al rostro del chico debajo de él.

— ¿Y con las manos que se supone que tengo que hacer?

Lionel, sonriendo de costado, aprovechó su pequeña oportunidad para seguir dejando en vista su personalidad de chamuyero.

— Lo que vos quieras.

Los dos vuelven a retomar el beso bastante interrumpido, pero ahora incluyendo más que solo besos. El mayor intenta meter su lengua dentro de la del más chico, encontrando ningún problema al hacerlo, porque Pablo le da total acceso a su cavidad.

Varios sonidos sugerentes surgían entre los labios de ambos, comenzando a tornar el beso un poco mojado gracias a la poca saliva que empezaba a meterse entre ambos. Suspiros iban y venían. Pablo acariciaba los brazos de Lionel con mucho cuidado, apretandolos cuando el beso amagaba con descuidarse a algo que pasara a mayores.

Las piernas de Pablo comenzaron a acercarse más a las de Lionel, acariciándose con algo de complejidad por la posición en que estaban, quien no tardó en entender las intenciones de su compañero, pero dejó que intentara por su cuenta lo que buscaba, sonriendo de por medio ante sus esfuerzos. 

— Vas re bien, ¿sabes?

Le susurró mientras el menor terminaba encima suyo (con un poco de ayuda), sin cortar el beso, sintió la sonrisa del contrario sobre sus labios. El pecho le comenzaba a pesar al mayor, sintiendo la necesidad de respirar con un poco más de fuerza. Para calmar un poco su ansiedad, guió sus grandes manos a la angosta espalda del chico encima suyo, arrancando desde arriba, y con una lentitud desesperante yendo hacia abajo, parando por encima del comienzo de sus glúteos. 

Los suspiros del menor se escucharon sobre su rostro y Lionel, ahora sintiendo que su corazón se dispararía de su pecho, volvió a alejarse, mirando al menor entre respiraciones pesadas. La cara de Pablo tenía una gran expresión de impaciencia, sus labios estaban levemente partidos, soltando aire mientras intentaba recuperar al mismo tiempo por ahí. Con el ceño fruncido, mira a Lionel, preguntando.

— ¿Qué pasa ahora?

Los ojos de Lionel se dispararon hacia los labios de Pablo, que además de verse más rojos que nunca, ahora brillaban con la saliva, como un gloss natural. La sangre que le restaba en su cerebro fue demasiado rápido al sur. No sabía qué decir realmente, su cabeza se tornó en blanco ante la imagen frente suyo.

— Nada, es que… eh, la eh- la saliva…

— ¿Qué tiene la saliva? ¿Te da asco? ay Lionel…

— No, no. No es eso, no.

Lionel no sabe bien qué decir porque no puede parar de ver los labios de Pablo, brillosos por la fina capa de saliva de ambos. Su vista iba de los labios de Pablo a sus ojos, y viceversa. Sus manos se encontraban en pausa, deseosas de bajar más de lo permitido.

— ¿Qué pasa entonces?

Y entonces un silencio particular se instaló entre ambos, donde solo se escuchan las respiraciones de ambos, se dedicaban a mirarse a los ojos y a los labios. Aquel brillo que habían notado en sus ojos previamente, ahora estaba totalmente presente. 

En ese momento hubo algo no hablado entre ambos, que pudieron entender sin necesidad de palabra alguna. Lionel relamió sus labios, sintiendo el presente sabor del fernet, tragando con dificultad. Estaba bastante nervioso ante lo que podía pasar, pero decidió no escuchar a su cabeza, y Pablo, estaba atento a cada movimiento de él, mordía su labio inferior con suavidad, esperando una señal. 

Y cuando Lionel sintió que Pablo tácitamente le dio el okay , se abalanzó contra sus labios, el contrario haciendo lo mismo. Ambos se besaron con una desesperación que en su vida habían conocido, sin dejar espacio para respirar. Lionel sintió como su pecho se infló ante la emoción, el cual luego soltó en forma de suspiro, la emoción de lo que estaba pasando lo sobrepasaba, realmente no lo podía creer. 

Pablo, ahora sintiendo todo el cuerpo caliente, y más en zonas específicas, pretendió potenciarlo totalmente a propósito, comenzando lentamente a rozar su entrepierna contra la de lionel, quien ante aquella acción bajó ahora sus manos hacia los glúteos de su compañero, apretandolos con fuerza bajo su tacto, sintiendo la piel por sobre la tela del short, sacándole a Pablo un quejido de placer. Lionel, ahora sonriendo, se alejó de su rostro para decir por lo bajo mientras tomaba su rostro con una mano.

— Me vas a volver loco, pendejo.

— Eso trato.

Replicó con rapidez el menor, igualando la intención, aunque se estaba realmente muriendo por dentro ante la frase del mayor.

Lionel le sacó la remera a Pablo con rapidez, dejándola a un costado. Sus manos viajaron hacia el frente de su compañero, comenzando a acariciar el comienzo de una erección. Era un poco más difícil estando ambos ebrios, pero no imposible. Pablo, ante el tacto sobre la tela, reaccionó respirando pesado por su nariz, eventualmente separándose del beso para jadear sobre los labios del chico. 

Pablo, como pudo, estiró su mano hacia el miembro contrario, copiando sus acciones, porque si era disfrute, quería que fuese mutuo. Además, era una de sus primeras experiencias con un chico y realmente no sabía que hacer, solo optaba por seguir aquel instinto animal de querer comerse a su compañero.

Ambos siguieron con las mismas acciones tortuosamente lentas y provocativas. Era satisfactorio tanto para Lionel como para Pablo escuchar los pequeños sonidos que soltaban ante el mínimo estímulo. La excitación era casi como el aire que respiraban, sus manos se sentían como fuego que calcinaba sus pieles y no pretendían parar aquellas sensaciones.

Luego, metieron las manos en los shorts de cada uno para llegar de manera más íntima a sus miembros, los pechos de ambos se movían de arriba para abajo al igual que sus manos, aunque sintiéndose un poco incómodos por la interrupción de la tela. El beso había dejado de tener razón de ser hace unos segundos, ya que, los gemidos ocupaban lugar en las bocas de cada uno. Pablo tironea un poco del short de Lionel, y susurró cerca de sus labios su pedido.

— Bajálo.

— ¿Y el por favor?

Con una pícara sonrisa atravesada, Lionel obedeció sin chistar, aunque haciendo lo mismo con el de su compañero. Las manos de ambos se mueven con rapidez en dirección vertical, arrancando suspiros y gemidos de la garganta del otro. 

Lionel ahora giró su rostro hacia el cuello de Pablo, besando y mordiendo de vez en cuando. El menor, quien estaba totalmente pegado al cuerpo de su compañero, se encontraba más que encantado de sentir el calor corporal que emanaba su compañero debajo suyo, perdiéndose en el placer del momento. 

El mayor al sentir los movimientos algo erráticos del menor sobre su miembro decidió tomar cartas en el asunto. Movió, con mucha bronca ante su propio incentivo, la pequeña mano de Pablo sobre de su miembro y lo mismo con su propia mano, algo mojada por el líquido preseminal que brotaba de las puntas de ambos falos. 

Lo tomó con una mano por la cadera para pegar esta contra la suya. Subió su otra mano a la altura de su rostro, lo miró a los ojos sin soltar el contacto, para realizarle un pedido con una voz bastante grave, que provocó un escalofrío en la longitud de su espalda. 

— Escupí.

— ¿Y el por favor?

Volvió a retrucar Pablo, quien estaba sintiéndose bastante desvergonzado y en confianza. La sonrisa en el rostro de Lionel lo era todo. Tomó la mano del mayor para lamerla de abajo hacia arriba con lentitud, terminando tortuosamente en sus dedos con un pequeño beso. Obviamente Lionel miró aquella acción con unos ojos que hicieron vibrar los interiores de Pablo, aumentando el cosquilleo en su parte baja. 

Lionel terminó tomando ambos miembros con su ahora mano mojada, comenzando a masturbarlos con rapidez. Pablo, ahora pegado al cuerpo de su compañero, rodeó sus brazos sobre los hombros del mayor, aferrándose a su piel con uñas incluídas, dejándola roja bajo su tacto, ¿hacía falta explicar la cantidad de cosas que le provocaba Lionel a Pablo? el menor no entendía cómo había pasado todo el mundial sin esto.

El mayor lo volvió a besar con hambre, mordiendo sus labios con delicadeza, aunque todo lo que le quería hacer a Pablo no tenía nada de delicado. El beso denotaba las ganas de ambos, agradecían que aquello que estaba sucediendo fuese mutuo. 

Entre tantos ruidos sin palabras de ambos y movimientos con sonidos mojados, Pablo no llegó a avisarle a Lionel lo que sucedió momentos después, manchando los dos pechos de diferentes tamaños, aunque Lionel tampoco se quedó mucho tiempo detrás, empeorando la situación blanquecina que los ensuciaba.

Lionel se grabaría a fuego en su cerebro aquel pequeño susurro momentos antes de que Pablo se corriera, soltando entre sutiles lloriqueos su nombre: “Lio, lio”. Era más que certero que jamás lo olvidaría. Si fuese posible enmarcar un momento, lo haría sin pensarlo dos veces. 

Ese mundial tenía muchas cosas de las qué acordarse con mucha vividez, y ese momento entre ellos dos era el primero en su ranking mental. Sería muy difícil bajarlo del podio.

Separarse se les hizo algo complicado, tenían pocas ganas de hacerlo, por lo que ambos se quedaron juntos por un ratito, calmando sus respiraciones con sus cabezas apoyadas en el hombro del otro, descansando. Hacer algo más implicaba un desgaste de energía más grande que ahora mismo no pretendían gastar, una semifinal cansaba más de lo que les gustaría.

Cuando sintieron que ya podían volver a la realidad, Lionel comenzó a darle pequeños besos sobre el costado descubierto de pablo, haciendo hincapié en aquel lunar que tanto se veía cuando giraba su cabeza para ver la pelota. Ante sus besos que Pablo sentía a flor de piel, sonreía como un tarado con los ojos cerrados. Su cansancio comenzaba a ganarle por lo que cosquillas no era capaz de sentir. 

El gesto del mayor le enterneció en sobremanera, por lo que giró su cabeza hacia el costado sintiendo mucho más los labios del mayor. Una de sus manos fue a parar al comienzo de su cabello totalmente rapado, dejando caricias con sus dedos para después escuchó la voz de Lionel sobre su cuello, quien entre algunas palabras le dejaba un beso sobre esa zona.

— Este no es tu primer beso, ¿no?

El chico de rulos cortos rió algo nervioso por lo bajo, se alejó del íntimo tacto para ver al mayor a los ojos con una gran sonrisa. 

— Puede que no...

— Que pendejo mentiroso.

Lionel tomó su pelo corto y lo jaló, sin ejercer mucha fuerza, riéndose.

— Ay, pelotudo de re mierda.

— Che, la boca.

Entre risas compartidas, Pablo tomó los costados del rostro de su compañero con ambas manos, mirandolo de otra manera. Ese brillo ahora era distinto, pero no solo estaba en los ojos del menor, pero eso es otra historia.

El menor dejó varios picos sobre sus labios, las sonrisas de ambos se podían sentir en cada pequeño contacto entre sus labios. Cuando se separó el mayor lo bajó con toda la delicadeza del mundo de sus piernas, dejándolo sentado en el borde de la cama. Se paró y acomodó su short, Lionel le tendió su mano y le dijo:

— Vení, acompañame al baño.

El menor, que volvía a sentir una ola de emoción recorrer su cuerpo, sonriendo tomó la mano del mayor, y juntos se acompañaron a limpiarse. Por más inocente y dulce que fuera esa muestra de cariño, no se puede prometer que algo más pasó en ese pequeño espacio, en el país malasio.



 

 

Notes:

el verdadero ME PUEDO ESTIMULAR CON MÚSICA Y ALCOHOL PERO ME EXCITO MÁS CUANDO ES CON VOS!!!!!!!