Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Collections:
AGOSTO DE MPREG 2023
Stats:
Published:
2023-08-31
Updated:
2023-08-31
Words:
2,514
Chapters:
1/?
Comments:
2
Kudos:
6
Hits:
87

Mírame

Summary:

Una noche de copas da un vuelco a la vida de Harry Potter y Severus Snape.

Notes:

Aviso de Mpreg.

Gracias a Lila Negra por sus consejos y revisiones en su taller, y a Luna que siempre me inspira a seguir escribiendo.

Va dedicado como siempre a Sofi, quien me metió de nuevo en Harry Potter :D

Este trabajo surge del evento de Agosto Mpreg de Ilitia, aunque no llegué con el tiempo.

Prompt 1- A odia a B, pero una noche salvaje de copas terminan juntos, y no se cuidan, así que A queda embarazado de B, y no sabe como decirle.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

No, no, no es que odiara que un nuevo profesor, joven, recién egresado, se lleve la titularidad en Defensa Contra las Artes Oscuras, no. Como profesional, puedo dar fe que el concurso había sido transparente, mucho más de lo que podría haber sido si Albus Dumbledore estuviera aún en la dirección. No había forma de que no pudiera reconocer que la propuesta que había presentado mi contrincante era, a pesar de todo, bastante decente y competente.

No, no era la profesionalidad o la capacidad académica del profesor lo que hacía que tuviera ganas de arrastrar mis dientes hasta que solo quedaran astillas, y me aferrara a la varita resguardada bajo la manga de mi capa, con la magia quemándome los dedos. No.

Cada vez que estaba en la sala de profesores, cada vez que caminaba por los pasillos o me sentaba a comer una cena decente, tenía que cruzarme nuevamente, con aquellos malditos ojos verdes. ¡Después de todo, como si no hubiera tenido suficiente!

¿Acaso no tenía ningún mago oscuro que cazar? ¿Qué se supone que hacía aquí en vez de estar jugando con los aurores? ¡Si tan solo se hubiera quedado tranquilo, cazando magos oscuros por ahí con sus compinches, yo no tendría que estar sufriendo nada de esto!

—¡Potter!—llamé a mi pesar, con la voz ronca. No importaba, no importaba nada de todo aquello, ni lo que pudo o no haber sido. Ahora mismo había cosas más urgentes que atender. Como por ejemplo, por qué el nuevo profesor de D.C.A.O, había comenzado a jugar a las malditas escondidas y llevaba evitando las últimas reuniones en la sala de profesores.

—¡Señor S-Snape!—tartamudeó, agitando las manos de arriba a abajo, cuando lo sorprendí en medio de unos de los pasillos secretos que llevaban a la torre de Astronomía, como si aún fuera el chiquillo que merodeaba con sus amigos en busca de problemas.—¿Qué le trae por aquí, señor?—farfulló, mientras se acomodaba la capa, abrazandose por sobre el abdomen.

Cuadré los hombros, disgustado cuando se atrevió a mirarme a los ojos, sin pudor, a pesar de que trataba de disimular con manos temblorosas el hecho que llevaba un vulgar short de pijama y una remera con tirantes bajo la capa, nada apropiado para un profesor, menos con este frío.

—¿Qué hace en medio de la madrugada, acaso no está muy grande como para meterse en problemas, Potter?— le contesté con una mirada aburrida, mientras volvía a aferrarme a la varita bajo mi manga. Merlín, ¿por qué ahora venía y empezaba a comportarse como un chiquillo y no como el profesor de los últimos meses?

Nunca me equivoco, nunca. Potter era insoportable, un descarado busca pleitos, hambriento de atención, pero jamás un profesor irresponsable. ¿Cómo se atrevía a empezar a dejar de lado las reuniones con los demás? ¿Era posible que se hubiera olvidado de cuán importante era acordar los nuevos planes de estudios para el próximo año?

¿Y qué importaba si aquella noche entre los dos había sido un accidente? ¿Acaso Potter no venía demostrando que era un profesor competente y que sabía poner límites entre su trabajo y lo personal?

No, esto se terminaba acá. El jueguito del gato y el ratón se terminaba aquí y ahora, quisiera o no. Lo que pasó, pasó. Me tenía harto que me evitara solo por un desliz que ya tenía un buen par de meses. ¿¡Ahora, justo ahora que están atareados con los nuevos planes de estudios se le daba por ponerse incómodo!?

—Maldición, sólo escúpelo ya. Los mocosos están por volver la semana que viene, y usted no se ha presentado a ninguna de las reuniones con el profesorado. ¡Es debido a mi presencia, no es así!— Terminé levantando la voz, agitado. Potter dio un paso atrás, sorprendido por mi pérdida de nervios. No me amedrenté ante su escalofrío, ni siquiera cuando noté que encogía los hombros e intentaba hacer el ademán de levantar los brazos para protegerse, Merlín sabe de qué.

—¡Es que no tiene ni un ápice de responsabilidad! Apenas la mitad de un año, Potter, y ya está relajándose con sus deberes!—gruñí, mientras apretaba aún más fuerte mi varita, y lo acorralaba contra la pared del pasillo.

—¡Profesor, por favor, cálmese! ¡No entiendo de qué está hablando!—intentó apaciguarme, tratando de poner una mano sobre mis hombros, mientras hacía equilibrio de puntillas. La realización de la diferencia de estatura hizo que sintiera que el aire se me escapaba, e instintivamente empujé aún más al joven profesor contra la pared, poniéndo una mano por sobre su cabeza. Valió la pena el movimiento, porque Potter, de pronto demasiado consciente del espacio personal, buscó mis ojos con una mirada perpleja y la boca entreabierta.

—Te estoy diciendo, Potter, que estoy harto de que evites tus responsabilidades solo porque me tienes miedo. Hace que enloquezca, ¡No soy un monstruo!— gruñí cerca de su rostro. Su mirada perpleja desapareció en el momento en que mi aliento acarició sus mejillas. Whiskey de fuego. No era mi favorito, pero había sido la única forma de desahogarme ante el estrés al que me había orillado tener que lidiar con su actitud

—¿Qué, estuvo b-bebiendo?!— respondió, con la cara descompuesta. Fue allí donde salió el Potter que había conocido durante los seis años que había durado como mi alumno en este maldito castillo. Se paró recto, los hombros rígidos ante la realización, y a pesar de la diferencia de estatura, me miró fijamente con aquél brillo en los ojos que me vaticinaba un dolor de cabeza.—¡Estuvo bebiendo!— gruñó, finalmente empujándome a un lado.

—¡Y tú te la pasaste huyendo!—contraataqué, empujándolo de nuevo. Podía sentir cómo su calor irradiaba a través de la capa, que se había movido entre nuestro forcejeo, dejándome ver parte de la piel morena que había estado tratando de ocultar hasta hace rato. —¿Qué te hace pensar que voy a dejar que un malcriado como tu ande holgazaneando mientras cada uno de nosotros trabajamos sin descanso? ¡Preséntate de una buena vez a las reuniones o haré que te echen! ¡Cogimos una sola vez, Potter, una sola hace dos meses, superalo de una vez y haz tu maldito trabajo!

—¡Basta!, es justamente eso ¿¡Qué tal si no quiero que sea una sola vez!?

—¿Disculpa?

—¡Qué tal si quiero probarlo de nuevo!

—Escuchate, mocoso.

—No soy un mocoso, y creo que ya lo demostré con creces.

—Cierra la boca. Ahora eres valiente, ¿dónde estaba ese arranque en la reunión del jueves? ¿Te recuerdo cómo saliste casi corriendo del pasillo cuando me viste? ¡Si tan repugnante fue que hayas tocado a este viejo, superalo de una vez, olvídalo y ocúpate de mejores asuntos!

—¿Te estás escuchando? ¿Me estás escuchando? ¡Que no me repugna!

—Entonces ¿por qué pones cara de haber mordido un limón agrio cuando me ves?

—¡No, yo solo, yo solo…!

—¡Solo qué!

—¡Merlín! ¡Ya cierra la boca!— Y antes de que pudiera responderle, dejó caer su capa, levantó sus manos hacia mi rostro, y luego tiró obligándome a bajar para encontrarme en un beso inesperado, abierto, desordenado y salvaje. Potter mordió mis labios con enfado, y luego tiró de uno de mis mechones que logró alcanzar.

Mis brazos de repente pesaron como dos bloques de cemento, y mis ojos comenzaron a lagrimear. “¿Qué mierda?”, pensé. Pero no tuve tregua, y antes de que pudiera empujarlo, Potter se separó, me agarró con brusquedad de los codos y me empujó hasta que los ladrillos viejos y húmedos se clavaron en mi espalda.

Aspiré una bocanada ante el repentino movimiento, y el aliento se me escapó en una nube vaporosa. “Santo Merlín, nadie puede tropezar con la misma piedra dos veces”, pensé antes de devolver el beso de forma automática.

Cuando sentí su lengua tantear una entrada, finalmente caí en cuenta de que su pesada mano se había aferrado por debajo de mis codos. De repente, el recuerdo de aquella noche, la fatídica, cayó como un balde de agua fría y cualquier rastro del incendio que había dejado el Whiskey de fuego y el calor de Potter se desvanecieron como un puñetazo en el estómago.

“Nadie puede tropezar con la misma maldita piedra”, me repetí antes de reunir la suficiente estabilidad como para empujar al muchacho y apartarlo de mí, ignorando olímpicamente el pequeño quejido que se escapó de sus labios que viajó directo al sur de mi cuerpo. Traté de respirar, y de encontrar mi maldita varita, pero al parecer entre nuestro forcejeo y aquél beso robado, la había dejado resbalar hacia el frío suelo. Una, dos, tres aspiraciones cortas me bastaron para lograr agacharme en un rápido movimiento, recuperar mi varita, y hacer una retirada estratégica.

“No estoy huyendo, en absoluto”, me dije. Solo estaba poniendo la suficiente distancia entre mi cuerpo con un repentino libido y un par de ojos verdes. Malditos ojos que no deberían estar aquí, en primer lugar. Ojos que trataban de suplicar como un pequeño cachorro terrier.

Severus Snape nunca huía. “Al menos de las batallas”, pensé. Pero esto se sentía diferente. Me llevé una mano a la boca, apretando con fuerza mientras avanzaba con largas zancadas por el pasillo.

Maldito Potter. Malditos ojos. Maldita capa que se enreda con todo. Maldito whisky de fuego. No volveré a tomar una sola gota de alcohol hasta que me muera o de viejo, o de un infarto culpa de…

—¡Mierda!— gruñí, mientras tomaba aliento en una esquina, cuando los recuerdos nuevamente me golpearon. Unos ojos de mirada firme, agudos, con aristas de cicatrices de viejas batallas. Unos ojos entrecerrados, con picardía, mientras una voz melosa, pero repleta de tartamudeos, preguntaba si lo estaba haciendo bien. Una lengua rosada, pequeña y escurridiza, lamiendo un pequeño camino desde el estómago hacia…

“Severus”, gimió la voz en mi recuerdo, y volví a la realidad cuando lo escuché por segunda vez.

—¡Profesor Snape!— gritó Potter, que venía detrás de mí. Había dejado atrás la precaria capa y la pequeña remera se había levantado por sobre el abdomen. Traté de no mirar, y me repetí como un mantra que no puedo tropezar con la misma maldita piedra dos veces. Había ido a buscar al joven profesor para hacerlo recapacitar, para encauzarlo de nuevo a los deberes y así aligerar el trabajo del profesorado.

Gruñí, pasando una mano por mi frente, anticipando la nueva migraña que sería una bruja puta en la mañana, aún con la mejor poción de todas.

—¿Qué quieres, Potter? ¿No ha sido suficiente burla ya? Déjame.— logré decir sin que la voz ronca se me quebrara. No sentía las piernas, entumecidas entre el frío y la sensación de irrealidad que había empezado a sentir que escalaba por mis brazos. Giré levemente el rostro, tratando de apartar la mirada, sin éxito, de la piel acaramelada que había quedado al descubierto. Tonto viejo. ¿Hace cuánto nadie encendía su líbido? ¿Cuántos años tenía como para comportarse como un quinceañero en celo?

—No—sentí que medio me gruñó en respuesta.

—¿No?— Tropecé un poco con mis pies para enfrentarlo. Mierda. No más whiskey de fuego.
—No estoy huyendo de usted. No me repugna haber pasado la noche con usted. ¡No es nada de eso!—farfulló mientras avanzaba hacia mí.

Una antorcha parpadeó al otro lado del pasillo, con la llama moribunda, cuando un pequeño viento helado se coló entre los ladrillos. Pude ver el momento exacto en el que los vellos de sus brazos se erizaban y la piel de gallina se le extendía. Apreté mis manos con fuerza a cada lado de mi cuerpo, hipnotizado, dejando que otra vez invadiera mi espacio personal.

-No estoy huyendo-repitió, dejando salir un aliento caliente a pocos centímetros de mi pecho— Solo, no quería causarle problemas y exponerlo…

—¿Exponerme…a qué?— susurré, con la cabeza gacha, mirando fijamente hacia sus labios. Maldita diferencia de estatura.

—¿Su reputación? ¿No he sido bastante evidente? ¿Qué diría el resto si ve cómo observo con hambre al futuro director de esta escuela?— tragué pesadamente, sintiendo su calor irradiar hacia mi pecho. Un sonido sordo invadió mis oídos, y de pronto, lo único que podía escuchar era el retumbar de un corazón. Por la distancia entre ambos, no podría decir con certeza si se trataba del mío, o del suyo.

—Eso…ni siquiera es oficial…¿y por qué habría de importar?— repliqué pausadamente, entre dientes. Una de las tiras de su remera se había deslizado hacia un costado por su brazo mientras hablábamos. Apreté con más fuerza mis manos, clavando mis uñas en la carne sintiendo de pronto la necesidad física de levantarlas, llevarlas hacia aquella tela y volverla a acomodar, o sacarla por completo de su dueño. Cualquiera de las dos opciones sería mucho mejor que solo ver la disparidad entre una y otra bien acomodada.

“Ninguna de las dos. No debería estar pensando en nada de eso.”
Más importante, debería estar enfocado en las palabras del joven profesor. Es cierto que Mcgonagall había estado hablando con el resto de la posibilidad de pasarme nuevamente el puesto de director, principalmente, porque objetaba ser la idónea para el rol.

Extraoficialmente, sabía que era para poder compensar de algún modo el hecho de que Potter se quedara como profesor de DCAO. Pero aquello había sido solo una conversación pasajera, apenas un chisme, una broma que se compartía en medio de los descansos en la sala de profesores. ¿Por qué Potter se obsesionaría con ello y las supuestas apariencias?

Gruñí. La frente y el comienzo de la nuca habían comenzado a palpitarme de forma dolorosa. Levanté de forma automática una de mis manos para llevarla a mi sien, olvidando que tenía al joven casi pegado como lapa a mi pecho, y terminé rozando accidentalmente un poco de aquella piel expuesta en el camino.

Un calor abismal, como cuando trabajo con una poción en el caldero, se extendió desde las puntas de mis yemas hacia el resto de mi brazo, y mi cuerpo. Traté de disimular la inesperada reacción tocando mi sien. Pero nada pudo salvarme de ver su escalofrío, y la forma en que Potter levantó sus manos para abrazarse, obviamente consciente de aquél pequeño toque. Quizás si estoy lo suficientemente borracho.

—Tal vez si estoy en verdad borracho…—susurré, para mí pesar, reconociendo que mi vista se ondulaba un poco más de lo normal.—Esas tonterías no importan en absoluto. ¿Sabes lo que me costó reconocer que eres un buen profesor? ¿Y de qué hambre hablas? Lo único que he visto de ti los últimos días es que me evitas como si fuera un ave de mal agüero…Solo, solo deja de salir corriendo cada vez que entro a la sala de profesores…— alcancé a decir, antes de tambalearme hacia un costado. La mano firme de Potter se asentó en uno de mis codos, con total familiaridad, dándome un poco de estabilidad.

—¿Estás bien, Severus?

“Mocoso, ¿Cuándo te di permiso para llamarme así?” pensé, poniendo una mano sobre la suya ante el inesperado mareo.

—¿Severus?—repitió el joven.

—Sigue siendo Profesor, para ti…— susurré, antes de dejarme caer, mientras todo se ponía negro.

Notes:

Gracias por leer. Apreciaré los comentarios para poder mejorar.