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El Sunny estaba silencioso y nadie movía un músculo entre la tripulación. Venían soportando desde hace algunas semanas un clima inhóspito, sofocante por las altas temperaturas, y ese día hacia un calor tan infernal que parecían estar a los pies de un volcán en erupción, o sobre las brazas de una parrilla encendida hace al menos cincuenta años. Todos estaban demasiado agotados para hacer cualquier quehacer, resultando en solo quejidos y murmullos entre ellos.
Nami había estado revisando la ruta al no poder dejar su trabajo de navegante. Al percatarse de una isla cercana dio indicaciones para atracar en ella con urgencia. Luffy no se quejó al estar tendido al igual que los demás, ni tampoco cuando avisó iría al pueblo por algunas compras, así que comenzó a alistarse para la travesía. No había nada que un poco de bloqueador y una sombrilla no pudiera arreglar, y aunque pensó iría solo con Robin; quien se integró al necesitar hacer algunos recados, todos terminaron decidiendo salir también después de meditarlo con detención. Al ser la única isla visible en quién sabe cuántas millas, era además la única oportunidad de abastecerse, y quedarse en el Sunny no era ni cercano a un oasis. Dondequiera que pisaran haría el mismo calor.
Zoro desde el comienzo dijo que no iría. Estaba fatigado, sin un poco de energía para salir a caminar. No le hacía falta nada, y menos ganas le daban ir sin una razón mayor. Ya era suficiente tortura mantenerse despierto. Las ganas de dormir una siesta lo tenían más que aturdido.
A los demás les pareció bien. Alguien debía quedarse en el barco y Luffy no era una opción al ser el que faltaba por decidir. Quien sabe qué pasaría si se quedaba solo. De guardia mejor ni pensarlo.
—¿Vas también? —le preguntó Nami antes de irse. Él volteó la cabeza e hizo una mueca de disgusto. Se le sacaría el cerebro.
—No tengo ganas. Moriré en el camino —balbuceó.
—Está bien, pero procura no meterte en problemas mientras no estamos. Zoro, vigílalo. Eres el único que quedará aquí —le indicó, respondiendo con un murmullo al no poder siquiera formular otra respuesta.
Ya todos listos salieron en marcha. Zoro hizo un esfuerzo sobrehumano por levantarse a buscar algo para beber a la cocina. Llenó el vaso a tope de agua y lo bebió de un impulso, repitiéndose un par más para despertar con rapidez. Al estar más lúcido volteó para ofrecerle a Luffy, y lo llamó un par de veces antes de asomarse con un jarrón en la mano para él, sin encontrarlo. No tuvo idea en qué momento se había ido, pero no se preocupó. No podía haber ido tan lejos en solo unos minutos. Con tal calor ni él sería capaz de salir corriendo.
Luffy se había quedado además para pasar algo de tiempo con Zoro. Al perderlo de vista por estar somnoliento había salido a buscarlo sin siquiera corroborar si estaba aún ahí. Sabía estaba sofocado por el calor y no había forma de que estuviera entrenando en el escondite o tomando una siesta en cubierta, así que debía estar en el acuario. Iba a veces a refugiarse del clima al ser fresco por el agua del estanque y la ubicación, y era el lugar más acertado del barco en ese momento.
No le tomó mucho salir del comedor a pesar de andar aletargado, incluso aceleró el paso para ir lo antes posible, solo que entre más caminaba y se esforzaba por avanzar, menos parecía moverse. Apenas había bajado las escaleras y ya sentía la suela de las sandalias prontas a derretirse. Cuando llegaba al primer mástil solo unos metros más allá, siquiera estaba seguro de hacia dónde debía ir. La cubierta estaba tan caliente y el sol le golpeaba el rostro con tanta fuerza, que aunque hubiera llegado casi a tomar el picaporte, terminó cayendo enfrente al no poder dar un paso más. El suelo ardía, y la madera le quemaba la piel de solo tocarla, hiriéndolo por la fricción al intentar levantarse. Terminó quedándose ahí, inmóvil y adormecido a pesar de luchar, y un sueño profundo lo inundó con rapidez en cuanto perdió la batalla.
Imágenes en su memoria destellaron, hasta volverse un solo recuerdo. Un lugar en donde no había nada más que un vasto suelo de baldosas, y un profundo silencio que comenzaba a hacer notar sus propios latidos. Nadie estaba ahí más que él, y volteó buscando algo que le hacía falta, algo que le había sido arrebatado, más no sabía qué era. Al ver adelante sintió una cálida mano sostenerle el hombro, luego el calor se intensificó a su pecho y aferró a su espalda. Unas pequeñas cuencas rojizas cayeron alrededor, haciendo un ligero golpeteo a medida que rodaban hasta perderse en el infinito, solo que el sonido se mantuvo en su cabeza, provocando que todas las sensaciones perdidas volvieran causando un inmenso dolor.
—Ace —susurró aterrado, pero ningún sonido salió de su boca.
Aferró sus manos e intentó moverlo, hacer que reaccionara. Tan solo se desplomó rendido sobre su cuerpo, presionado su peso de lleno y obligándolo a caer con él. Aunque no quería hacerlo, alzó las manos buscando fuera una mentira. Al verlas ensangrentadas, todo el ruido que se había mantenido en silencio volvió de una estocada. Aquella batalla, los gritos, el sonido de su corazón pronto a desprenderse. Todo era ensordecedor, obligándolo a cubrirse los oídos con fuerza para ya no escuchar. Abrió los ojos unos segundos. Al percatarse que Ace había desaparecido, despertó de golpe.
Tomó una bocanada desesperado, aferrándose con las manos al pecho, apretando. El zumbido aún estaba. El sol golpeándolo no lo dejaba escapar de esa pesadilla. Lo tenía adormecido y seguía consumiéndolo al no poder despertar de ella.
No otra vez. Todo volvía. Se sentía real.
Vio en la lejanía a alguien acercarse, y se levantó desorientado e intentó caminar. Debía dejarlo ir. Había sido solo un sueño. Tenía que reaccionar.
—¿Luffy? —llamó Zoro, tomándolo del hombro.
Luffy desesperó al ser tocado en ese mismo lugar. Se apartó raudo, cayendo al no poder sostenerse. No podía respirar. Ace seguía aferrándose a él. La sangre aún goteaba en sus manos.
—¿Luffy? ¡Luffy! —gritó, pero él no podía escucharlo. No sentía más que el sonido de su corazón palpitando con fuerza, bombeando con intensidad, con una rapidez asfixiante y dolorosa, hasta que se detuvo.
Zoro lo alcanzó y atrajo a sí, sosteniéndolo contra su pecho. Estaba inconsciente. Tenía el cuerpo caliente y la piel enrojecida. Acercó los labios a su frente para corroborar. No le pareció tuviera fiebre, pero tenía que sacarlo de ahí y rápido. No podía esperar a que empeorara y ocurriera algo peor.
Lo cargó y en cuanto lo hizo, Luffy lo sostuvo de la ropa, aunque muy leve al estar debilitado.
—Estoy bien —murmuró, esforzándose en despertar.
Entendió que era Zoro. No tenía que escapar de él. No tenía que hacerlo, solo debía mentir. Tenía que buscar la manera.
—¿De qué estás hablando? Te acabas de desmayar —reprochó, llevándolo aprisa al interior del comedor, dejándolo sobre el sillón. Fue a buscar un vaso de agua sin quitar la vista de él, y volvió raudo intentando no derramar el agua de camino.
—Solo me quedé dormido. Hace… mucho calor.
—Está bien, no hables. Bebe esto —indicó, acercándole el vaso.
Luffy lo alcanzó con los dedos, pero no pudo sostenerlo. Temblaba. No tenía fuerza en las manos para siquiera soportar el ligero peso del cristal. Al ver que no podía, Zoro lo acercó a su boca e inclinó, dándole a beber pequeños sorbos.
—Hazlo despacio —indicó, ayudándolo con una mano tras su cuello.
Al haberla acabado se sintió mejor. La cabeza ya no le daba tantas vueltas. Creyó podría levantarse sin problemas, solo que al poner un pie en el suelo y tropezar de inmediato, entendió que no tenía fuerza tampoco en las piernas ni en ninguna de sus extremidades. Todo su cuerpo estaba adormecido todavía, y no parecía pronto a reaccionar por más que lo intentara a la fuerza.
—No, quédate aquí —le ordenó, haciéndolo sentar—. Estás débil.
—Estoy bien Zoro —murmuró.
—No me vengas con estupideces. Te quedas aquí lo quieras o no. No te voy a dejar ir aunque busques pelea —amenazó, aún sabiendo que era imposible en la condición en la que estaba.
—Estoy bien —recalcó, hincando un tono más severo.
Alzó la vista con el ceño fruncido, más no pudo sostener esa expresión. Tenía mucho sueño, y aunque luchara por mantenerse despierto, terminó cayendo rendido por el cansancio. Zoro se apresuró en sostenerlo al estar seguro que pasaría, y lo mantuvo un momento contra su pecho al necesitar pensar en lo que debía hacer.
Sabía que si lo dejaba dormir en el sillón no descansaría, por lo que lo cargó y dejó sobre la cama de enfermos. Buscó en el botiquín de Chopper una compresa fría y la pegó en su frente. Procuró además quitarle algo de ropa y enfriarlo con un paño humedecido. No estaba seguro si todo eso le ayudaría, pero siguió intentando al no poder hacer nada más. Al tiempo después la temperatura corporal bajó, comprobándolo esta vez con un termómetro para estar seguro.
Luffy parecía dormir en calma, aunque con el rostro aún algo agotado. No le gustaba nada esa sensación.
Guardó lo que había utilizado y se sentó un momento junto a la cama. El corazón le latía aprisa. Tenía mil cosas rondándole la cabeza, más no alcanzó a pensar en nada al escuchar a la tripulación llegar. Al ver a Luffy durmiendo en la enfermería se sobresaltaron y corrieron a preguntarle al ser el único que estaba ahí. Los hizo callar para no despertarlo. Cerró la puerta con cuidado al regresar al comedor. Allí se dirigió a la mesa antes de hablar.
—¿Qué pasó Zoro? ¿Hubo algún problema cuando no estábamos? —le preguntó Chopper.
—Se quedó dormido en cubierta. Estaba insoportable. No sé cómo se le ocurrió dormir ahí.
—Entonces debió ser un golpe de calor —murmuró, pensando en los síntomas—. ¿Tuvo temperatura?
—Estaba muy caliente, pero no parecía ser fiebre. Le di agua y lo atendí. Después lo comprobé. Está bien ahora.
—Era lo mínimo que podías hacer —refunfuñó Sanji, dándole una mirada tosca por sobre el hombro.
—No sabía dónde estaba. Desapareció en cuanto se fueron y cuando lo encontré ya estaba así.
—Solo tenías un trabajo, y ni eso pudiste cumplir.
—Hice lo que estaba a mi alcance. No reclames algo de lo que no tienes ni idea.
—No necesito saber. Podría haber sido grave.
—Actué con rapidez por si ocurría. Fui yo quien lo sacó del peligro.
—Ya déjense —reclamó Nami—. Fue algo ligero, no es para ponerse a discutir.
—Es verdad, fue solo un accidente —agregó Chopper, dirigiéndose a Sanji—. Luffy es difícil de controlar sin importar lo que esté haciendo. Solo hazle una comida más ligera hoy por si acaso.
Él masculló a Zoro antes de contestar, y cambió el tono al dirigirse a Chopper.
—Está bien. Haré un estofado de vegetales, aunque sé que no le va a gustar la idea.
—Solo será un día. Mañana podrá comer lo que quiera si se siente bien.
