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Es martes, y la noche caía sobre el mítico Maracaná con la figura imponente de Lionel sumido en un coloso de emociones.
En el estadio flotaba la tensión y volvía mucho más denso el aire mientras los reflectores proyectaban sombras inquietantes sobre el rostro del pelinegro, reflejando la inquietud que anidaba en su interior.
La atmosfera vibraba con turbulencia, mientras hinchas argentinos y brasileros generaban un ambiente cargado de rivalidad. El ruido ensordecedor de cánticos y gritos atravesaba el estadio.
Pese a la majestuosidad del lugar, Lionel sentía un nudo en el estómago, un presentimiento sombrío que le susurraba sobre el peligro latente en aquel ambiente crispado. Las miradas desafiantes, y los gestos cargados de hostilidad cual tormenta a punto de estallar le hacían saber que nada iba a salir bien.
Y toda esa tensión que se vive puede compararse con la que Lionel y Pablo vienen teniendo desde el partido contra Perú en octubre.Principio del formulario
Tensión que se incrementó con la derrota contra la provincia rebelde.
Hablaban poco y nada, solo lo hacían cuando estaban junto al resto del cuerpo técnico, pero luego, no se dirigían la palabra.
Para contextualizar, Lionel y Pablo llevan juntos hace siete años. mantienen su relación en secreto para el mundo exterior, sabiendo solo su círculo de trabajo y familiar, pero no es un problema para ellos. Nunca han sido fanáticos de la exposición y están bien con el perfil bajo.
Sin embargo, han estado ocurriendo cruces entre ambos, que se han ido intensificando.
Todo comenzó cuando Scaloni le propuso a su esposo la idea de adoptar algún día un niño. La idea de ser padres lo ilusionaba, pero Aimar no le contestó. El nerviosismo lo consumió, cambió el tema y decidió hacer oídos sordos a esa propuesta.
Aquello extrañó por completo a Lionel, sabiendo que siempre que ambos querían expresar su inconformismo lo hacían sin problemas. Pero esta vez, no comprende por qué su pareja reaccionó de esa manera.
El cordobés empezó a ser más cortante y a no dar respuestas claras, por lo que el santafesino decidió pasar unos días en Pujato junto a sus padres y darle unos días solo, en la casa que tenían en Buenos Aires.
Cuando la doble fecha FIFA se acercaba, claro estaba que Lionel debía volver, y tarde o temprano iba a hablar con Aimar pues también eran compañeros de laburo.
Al llegar al predio de la AFA se encontró con algunos de sus colaboradores, y cuando vio a su esposo, sintió unas ganas inmensas de abrazarlo y llenarlo de besos. Por lo que, sin dudarlo, eso hizo.
—Amor, cuanto tiempo. —El azabache ya se encontraba rodeando sus brazos sobre el cuerpo del castaño y posando sus labios en la mejilla del contrario. Dentro del predio no tenían problema de demostrar su afecto de vez en cuando, debido a que nadie iba a mandarlos al frente.
—Ay, Lionel, me asustaste. —Pablo se dio vuelta, nervioso, y retirando las manos de Scaloni de su cintura.
—¿Cómo estás?
—Bien, ¿Por?
—¿Cómo que por? Gordo, no nos vemos hace dos semanas. —El DT sonreía, aunque comenzaba a sentirse incómodo.
—Ah, sí. Estoy bien, tranqui. Te dejo porque tengo que ir a revisar con Mati unas planillas de los juveniles. Después hablamos. —Y dejando un beso en su mejilla, se alejó, dirigiéndose a las oficinas del predio donde en la puerta lo esperaba Manna.
—Los juveniles están en Indonesia. —Musitó a lo bajo, y luego con el bolso en la mano, caminó hacia las habitaciones, sintiendo sus ojos ligeramente aguarse. Odiaba ser tan sensible.
Frente al resto disimulaba sin problemas, pero para sí mismo, vamos a ser sinceros; a Scaloni le caía para la mierda Matías Manna.
Compartía con el rubio desde 2018 cuando el lugar de entrenador lo ocupaba cierto tobogán de piojos, y habían formado una buena relación de compañeros de trabajo.
Pero eso comenzó a cambiar ligeramente, aunque solo en la percepción de Lionel cuando se renovó el cuerpo técnico y lo integraron quienes ya conocemos.
Pablo se había vuelto muy cercano a Matías, compartían varios momentos juntos y en eso no había problema alguno, Lionel también tenía sus amistades y estaba más que perfecto. Pero notaba algunos toques de más que Aimar no reclamaba porque pensaba que era un toque de amigos.
Y es que así era, Matías no era más que un amigo para Pablo y no había segundas intenciones.
Pero, a Lionel le jodían. Cuando le comentó de esta incomodidad a su pareja, Pablo solo atinó a reírse, a llenarlo de besos y decirle que el rubio era un amigo y no había nada más.
Aunque claro, ahora que las cosas estaban mucho más que extrañas entre los dos, los celos circulaban por las venas de Scaloni y no tenía intenciones de detenerlos.
Cuando llegó a su habitación, acomodó la ropa que había traído, se puso cómodo y se recostó en la cama, pensando cómo hablar con su pareja en estos días.
Hasta que lo supo. Él y Pablo compartían habitación siempre, esta noche antes de irse a dormir iba a pedirle por favor que encaren el tema, que puedan llegar al inicio de esa falta de comunicación y listo. Todo arreglado, se reconciliaban, besito va, besito viene, y capaz Lionel ligaba una linda noche.
—Listo que capo que soy. —Dijo, hablando solo mientras sonreía y se ponía a ver boludeces en su celular.
Pasada una hora, escuchó la llave colocarse en la puerta y se sentó en la cama, ansioso por ver a su novio.
Pero cuando se abrió, vio muchas diferencias.
Pablo no era pelado.
Pablo no tenía ojos celestes.
Pablo no era grandote.
—¿Qué hace’ acá walter?
—Sopermi, me vengo a instalar. —Responde el ex defensor de Boca.
—No hay lugar, acá dormimos con Pablo. —Contesta, lo último que quería era un tercero.
—Me dijo que venga a hacerte compañía porque él se va a quedar hasta tarde con Mati en su pieza planificando un par de jugadas para el partido del jueves, no quiere que andes trasnochando.
Si en Scaloni una ligera tristeza andaba dando vueltas, ahora también se sumaba el enojo y claro, los celos.
—¿Me estás cargando? —Es lo primero que atina a decir el santafesino.
—No gringo, eso es lo que él me dijo.
—El pelotudo de Manna me va a escuchar, me tiene las bolas por el piso. —Sentencio Lionel, acercándose a la puerta, pero Samuel obstruyó su paso.
—Che, bajá un cambio loco. Es un compañero de laburo no podés hablar así de él. ‘Cuchame, mañana temprano hablas con Pablo, no hagas un escándalo y una escenita de celos ahora.
Después de muchas insistencias, Walter logró convencer a su amigo de irse a dormir para poder levantarse renovados.
El día del partido contra los charrúas en La Bombonera solo logró incrementar la tensión.
Comenzando primero cuando el cuerpo técnico salió al campo de juego. Todos excepto Lionel que se había quedado en una oficina hablando con Tapia por pedido de este.
Lionel salió de aquella oficina pegando un portazo.
Claudio le había hecho la petición de juntar al seleccionado argentino con el candidato a presidente de Unión por la Patria y también pronunciarse en contra de las Sociedades Anónimas Deportivas.
De más está decir que esto disgustó por completo al santafesino, que lo que siempre priorizó para el grupo fue la evasión de escándalos y de la toma de posturas políticas partidarias para no transformar el fútbol y la selección en uno de los otros tantos factores más generadores de una grieta.
Caminando por los pasillos intentó calmarse y volver a sumergirse en el ambiente futbolístico.
Antes de esa charla se encontraba emocionado por jugar en aquella cancha del equipo de sus amores, e intentó motivarse saliendo al campo de juego.
Sin embargo, la cólera otra vez volvió a recorrerle el cuerpo cuando presenció el momento exacto en que Román abrazaba a su pareja.
Otro más que le tenía las bolas por el piso. Principalmente porque entre ellos dos había existido una relación cuando eran jóvenes.
Quiso arrancarse con las uñas que no tenía los ojos y no ver como el ídolo Xeneize se pegaba al cordobés.
Iba a estallar, eran demasiadas cosas acumulándose y para sumar se venía un partido importante, de desgaste.
Suspiró, tomó de su botellita de agua y decidió caminar hacia el banco.
Finalizados los noventa minutos Lionel comienza a creer que se le vienen unas semanitas potentes y que nada puede empeorar para su estabilidad emocional.
Lo poco que habló con Aimar durante el partido fue para pedirle consejos sobre los cambios, pero el cordobés estaba igual de descolocado ante el esquema táctico que el Loco Bielsa les había puesto y casi nada pudieron hacer.
Las presiones constantes sobre Alexis y Enzo no permitieron que Leo recibiera pases limpios y poder atacar con claridad. Eso y contando las rápidas salidas de la celeste en el contraataque.
Luego de dar la conferencia de prensa, Scaloni se dirige al vestuario para pegarse una ducha y que esta logre llevarse la tensión y la bronca que Darwin Núñez le había proporcionado.
Cuando termina tiene la idea de proponerle a Pablo hablar, por eso cuando se lo cruza en los vestuarios aprovechando que no hay nadie decide encararlo
—Gordo, ¿Cómo estás?
—¿Cómo querés que esté Lionel? —Contesta el cordobés con un tono de molestia, zafándose del abrazo que su pareja le había brindado —Nos pegaron un baile todo el partido, no hubo nada que pudiéramos hacer.
—Bueno ya pasó, eso te pasa por andar a los abrazos con el mufa de Román. —Lionel intenta ponerle un poco de humor a la situación, sabe cuánto le divierten esos chistes a Pablo sobre que la cancha del Xeneize da mala suerte.
Pero se dio cuenta que en ese momento a Aimar lo que menos le causó fue gracia.
—¿Sos o te haces?
—Disculpá, te quería hacer sentir un poquito mejor. —Contesta.
—Lionel, no lo empeores que bastante tengo pelados los cables como para que vengas vos y me saques. —Pablo usa un tono despectivo, está molesto y comienza a encaminarse hacia la salida de los vestuarios, pero el agarre en su mano lo detiene. —¿Qué te pasa?
Le duele, ese tono le duele a Lionel, pero no se da por vencido.
—¿Podemos hablar?
—¿De qué quere’ hablar?
—Pablo, no me dirigís la palabra hace dos semanas. ¿Te molestó lo del nene?
—¿Del nene? Mirá estoy muy nervioso, tenemos cosas más importantes que atender ahora. Después hablamos.
Y sin dar pie a una respuesta, el cordobés se va.
El corazón de Lionel comienza a doler.
Sus ojos amenazan con liberar el llanto, su sensibilidad se lo pide a gritos. Pero su parte firme y terca tan característica de un nacido con el Sol en Tauro se lo prohíbe.
Lionel cree que no hay amor en el diario de hoy.
Termina de juntar sus cosas y se dirige al micro para regresar al predio.
. . .
Los cuatro días previos al encuentro con la verdeamarela el oriundo de Pujato no encontró un momento para charlar con Pablo.
Obligó a su mente a enfocarla por completo en el partido, en su laburo. Todos hicieron lo mismo.
No sabe de dónde consiguió la fortaleza para no mandarlo a la mierda a Tapia que seguía insistiendo con el apoyo del seleccionado al candidato, incluso el mismo día que se llevaron a cabo las elecciones.
Sumándole a eso, hablaba poco y nada con su pareja quien pasaba cada vez más tiempo con Manna.
Lionel cree que, si perdieron la pasión en un remate de dolor, a destiempo van sus corazones.
Solo desea que todo termine rápido, no sabe cuánto más puede aguantar reprimiendo y mascando tanta bronca.
Tampoco le contó al cuerpo técnico lo ocurrido con el presidente, sabía que era importante y que iban a querer acogotarlo cuando sepan que se guardó todo eso durante días.
El día del partido llegó, luego de arduos entrenamientos y charlas llegaron al mítico Maracaná con dos objetivos; ganar y quitarle ese invicto a los inventores del jogo bonito.
Luego de la charla técnica, los jugadores salieron a calentar mientras él se quedó en el vestuario, haciendo ejercicios de respiración para poder afrontar de la mejor manera los siguientes noventa minutos.
Abrió sus ojos cuando escuchó que alguien entraba, encontrándose con Walter.
—¿Qué te pasa a vos que andas muy en una últimamente?
—¿A mí? Nada loco.
—No nací ayer te aviso. Dale, Contame. —Samuel sabe que algo no anda bien, conoce a su compañero que también es su amigo, por lo que se sienta a su lado, dispuesto a escucharlo.
—De todo me pasa. Pablo me evita, tenemos un tema pendiente a hablar y no lo hacemos, se volvió incómodo, no podemos comunicarnos bien cuando tenemos que organizar los esquemas, y para colmo Tapia me sigue rompiendo las pelotas con la falta de apoyo a los políticos.
—Para, para, ¿Cómo es eso de los políticos? ¿Qué te pidió?
Lionel no se había dado cuenta lo que había soltado y claro, ahora no había marcha atrás pero solo atinó a quedarse callado.
—Gringo no te hagas el boludo, ¿Qué te dijo Tapia? —Insistió Samuel.
—Me pidió que nos pronunciemos en contra de las SAD y que apoyemos la candidatura de Massa. Al pedo porque ganó el otro al final. —Contesta, tapándose la cara con las manos mientras suspira, como si eso fuera a tranquilizarlo.
—Me imagino que lo mandaste bien a la mierda, ¿No?
—Y más vale, ya bastante hinchó las pelotas en diciembre cuando volvimos de Qatar.
—¿Querés que lo comente con el resto?
—Si podés sería un golazo, tengo la cabeza abombada y quiero concentrarme un toque.
—Dale yo lo hago, y con Pablito cuando termine el partido hablan.
—Rezá para que me dé bola.
—Ahora con el Ratón y Luifa vemos que podemos hacer. Vos no sigas maquinando.
—Gracias, loco. —Ambos se sonríen, Lionel está agradecido y ligeramente alivianado. —Ah, Walter.
—¿Qué pasa?
—Perdoná si no les conté nada, imagino que cuando los otros se enteren me van a querer acogotar.
—De eso se va a encargar tu marido después seguramente.
Los dos ríen sonoramente. Cuando Samuel abandona el vestuario el azabache aprovecha para respirar con más tranquilidad y lavarse la cara.
Después de unos minutos decide levantarse y encarar para el campo de juego sabiendo que faltaba pocos para iniciar el encuentro y los jugadores debían cambiarse.
Cuando llega al banco se encuentra con Pablo.
Lionel se siente ligeramente intimidado por lo que agacha la cabeza y se sienta, buscando su botella de agua, pero no la encuentra.
—Tomá.
Levanta la mirada, para así conectarla con esos ojitos avellana, mientras el cordobés le extiende una botella.
—Gracias. —Responde, aceptándola y abriéndola para así beber su contenido mientras por el rabillo del ojo nota que Aimar se sienta a su lado.
Cuando termina de beber intenta cerrar la botella, pero el ligero temblor en sus manos por los nervios no se lo permite.
Inesperadamente, la mano del riocuartense se posa sobre la suya.
Ambos se miran.
Lionel recibe aquello que tanto anhelaba: una sonrisa.
Y una mirada que le transmite todo lo que necesita saber. Una mirada que vuelve a penetrar sus pupilas lejanas.
A veces no pueden darse el lujo de hablar con detenimiento lo que ocurre debido a la situación que los rodea.
Es por eso que, devolviéndole la sonrisa a su amado, sin emitir palabra alguna se transmiten que todo está bien y que luego de que el evento finalice, todo será hablado.
El resto del cuerpo técnico comienza a llegar y pasados unos minutos ya se encuentran cantando el himno junto a los jugadores y todos aquellos hinchas presentes en el estadio.
Finalizado ambos himnos el partido no pudo dar inicio.
Lionel visualizó como en uno de los sectores populares la policía comenzaba a golpear y a reprimir a los fanáticos argentinos.
La impulsividad recorrió el cuerpo de Lionel que estaba a punto de ir junto al seleccionado para detener aquella violencia, pero Aimar tomando su brazo lo detuvo.
—Vamos a hablar con la dirigencia y la seguridad, no te metas ahí.
—Pablo, los van a hacer mierda, no podemos quedarnos acá sin hacer nada. —A Lionel le recorre la bronca, e intenta ir hacia donde nace el conflicto, pero el contrario, a pesar de ser flaquito, tiene fuerza, mucha.
—Si vamos a hacer. Dale, vamos para adentro.
Intentando respirar con más normalidad, Lionel asintió e ingresaron al túnel, buscando hablar con algún representante.
No era justo, siempre pasaba lo mismo, estaban hartos de que estos episodios de violencia y represión se repitieran constantemente con los visitantes.
Observaron cómo los jugadores después de varios minutos regresaban con ellos, insistiendo en que no podía jugarse así.
—No, ya está, no jugamos. Vamos para el vestuario, es una vergüenza esto. —Espetó Lionel, llevando al equipo hacia donde mencionó.
—Llevalos y tratá de calmarlos, yo voy a ver qué se puede hacer con estos impresentables. —Menciona Aimar, que en cualquier momento empezaba a echar humo por la cabeza.
Lionel se quedó en el vestuario apaciguando la calentura de sus chicos, especialmente las del Dibu, Cuti y Ota que querían salir a toda costa para agarrar a la seguridad brasileña.
—Nos calmamos, no vamos a salir a jugar en estas condiciones y nos quedamos acá hasta que podamos salir. —Lionel utiliza un tono firme y calmado, sabe que no puede descolocarse y debe transmitirle un clima de tranquilidad a sus jugadores aunque no lo logra.
—¿Pero vos viste como los agarraban? Son unos hijos de mil puta. —Reclama Emiliano.
—Son unos cagones, eso es lo que son. —Espeta Otamendi.
—Después la Conmebol no va a hacer una mierda, son así de forros. —Añade Romero, pateando una botella.
Los murmullos y puteadas seguían hasta que la puerta del vestuario fue tocada. Lionel abrió, poniendo su mejor cara de orto cuando el presidente se encontraba allí en frente suyo.
—Vamos, ya hablé y se calmó todo. Salgan chicos, a jugar.
—¿Me estás cargando? —Scaloni cierra la puerta detrás suya para que los muchachos no escuchen y así poder hablar mejor. —No vamos a salir así. El clima de concentración se perdió por completo, algunos de los chicos tuvieron cruces con los jugadores de Brasil, es una falta de respeto salir así.
—Tienen que jugar, no se perdió nada.
—Claudio, se van a matar en la cancha, en estas condiciones no dirigimos el partido. Ni yo ni el cuerpo técnico. —Reclama.
—Van a jugar o van a jugar, es así. Y ustedes van a dirigir. No me des más quilombos de los que ya me diste Lionel, haceme el favor ¿Si?
—¿Eh? ¿Qué te pasa? Yo te dije que el grupo no iba a hacer política, te lo repetí miles de veces.
—Permiso, después arreglamos esto. —Tapia corrió a Lionel y abrió la puerta del vestuario. —Vamos chicos, a jugar que ya está todo arreglado.
Lionel bufó y con una rezongada se dirigió hacia la salida del túnel, puteando a lo bajo.
—Eh, ¿Qué pasó? —Pablo se había acercado cuando estaba por bajar las escaleras.
—Me tiene las bolas por el piso. Le dije que no íbamos a jugar en estas condiciones, le chupó un huevo y les ordenó a los chicos que salgan a jugar. Estoy podrido que me pasen por encima y no me den ni cinco de bola. —Responde.
Lionel tiene bronca, pero también tiene tiempo, no se cree el cuento.
—La puta que lo parió… —Aimar ya empieza a ponerse de mal humor, pero sabe que no puede perder los estribos, necesita que su esposo esté calmo. —Bueno, ya está, juegan y después esto lo vamos a hablar con la dirigencia. Siempre hacen lo mismo.
—Termina el partido y aviso que renuncio, yo así no quiero seguir. —Suelta de repente el santafesino, tomando por sorpresa a Aimar.
—Pará, pará. Lionel, ¿Vos escuchás lo que decís? Vení para acá. —Bajando el tono de su voz Pablo lo tomó del brazo y se alejaron de algunas personas de seguridad y la cámara.
—¿Qué otra cosa querés que haga? Pablo te juro que estoy cansado, la cabeza no me da para más y siento que voy a colapsar, no me siento escuchado.
—Lo sé, y vos sabes que en el cuerpo técnico a veces nos sentimos igual. Mirá, yo digo que le des un ultimátum a Tapia por conferencia de prensa. Decí algo fuerte, que dé para hablar, no te vayas tan a la mierda. Nosotros te hacemos el aguante y a ver si con eso lo podemos apretar un toque. —Explica el cordobés que aún no había sacado su mano del brazo de su pareja. —Pero ahora yo necesito que te calmes, para que puedas estar lúcido.
Lionel asiente, apoyándose en la pared mientras suelta largas exhalaciones, sintiendo cómo el mundo gira a su alrededor. La confusión lo envuelve, su cabeza está llena de pensamientos que se agitan como un torbellino imparable. Cada latido de su corazón resuena fuertemente y parece llevarlo más cerca del borde, al límite de perder el control.
Pero entonces, al levantar la mirada, encuentra su cable a tierra. Los orbes avellana de Pablo se encuentran con los suyos, transmitiendo una serenidad que parece detener el vaivén frenético de sus pensamientos. En ese instante, el caos se disipa, reemplazado por una sensación reconfortante de calma.
El corazón de Lionel, que latía con descontrol, comienza a encontrar un ritmo más apacible, sincronizándose con la tranquilidad que los ojos de su pareja parecen irradiar.
—¿Vamos?
—Vamos.
Juntos regresan al campo de juego, sentándose en sus respectivos lugares.
El partido se vivió con tensión desde el principio hasta los últimos seis minutos adicionados. Si bien el golazo de Otamendi causó satisfacción, las faltas tácticas como patadas, empujones y manotazos no faltaban, y quién más lo sufrió fue el mediocampista del Sevilla.
Todo finalizó en un merecido 1 a 0 por parte de la albiceleste, con los jugadores del seleccionado festejando junto a los hinchas que cantaban eufóricos y emocionados.
Era una victoria histórica al quitarle el invicto por eliminatorias en el Maracaná a la verdeamarela, y claro que ganarle a Brasil siempre iba a ser completamente satisfactorio.
Mientras los jóvenes saltaban y cantaban, el pelinegro se va hacia el espacio de conferencia, pero antes de irse, ahí estaba Pablo.
—Tranqui, ¿Eh? Acá estamos todos.
—Gracias. —Una sonrisa aparece en los labios de Lionel y él no lo sabe, pero Aimar está contento de volver a hacerlo sonreír.
Una vez en la conferencia, las preguntas parecen embestirlo una tras otra, como olas implacables rompiendo en su mente. Las cámaras, como intrusas indiscretas, lo rodean con sus lentes expectantes, capturando cada expresión, cada gesto cansado que intenta ocultar.
Cada nueva pregunta es como un peso adicional sobre sus hombros, cargando su espalda con una fatiga creciente. La presión se acumula, su mente se siente abrumada, con la sensación de estar atrapado en un laberinto sin salida. Su cabeza, pesada como una roca, parece inclinarse cada vez más hacia el suelo, como si el peso de las interrogantes y las miradas furtivas lo estuviera hundiendo lentamente.
El cansancio se dibuja en cada línea de su rostro, en cada pausa antes de responder. Sus ojos, una ventana a su agotamiento, intentan esconder la falta de energía que siente en lo más profundo hace meses.
Cada vez le cuesta más mantener la compostura, y aunque trata de mantenerse firme, la inclinación de su cabeza revela la carga que lleva sobre sus hombros.
—Toca parar la pelota, ponerme a pensar, tengo muchas cosas qué pensar, en este tiempo… Estos jugadores me han dado un montón, nos han dado un montón a todo el cuerpo técnico, y necesito pensar, necesito pensar mucho, qué voy a hacer. No es un adiós ni otra cosa, pero necesito pensar porque la vara está muy alta y está complicado seguir y está complicado seguir ganando y estos chicos lo ponen difícil.
Mientras las palabras fluyen de sus finos belfos, Scaloni se sumerge en las dudas. Cada frase pronunciada parece desencadenar una cascada de interrogantes que danzan en su mente. ¿Está tomando el camino correcto? ¿Es esta la elección que realmente desea? La incertidumbre, como un eco constante, resuena en cada rincón de su ser.
Mientras lucha por expresarse, los recuerdos comienzan a proyectarse como un filme. Como si el pasado estuviera intentando interrumpir su presente.
Revive momentos imborrables junto a la selección, esos instantes llenos de gloria que se aferran a su memoria. Cada charla técnica compartida, cada victoria celebrada, cada derrota afrontada, todo eso se proyecta en su mente como destellos de luz en medio de la neblina de dudas que lo rodea.
Pero a pesar de la inmensidad de esos recuerdos gloriosos, la indecisión persiste. La nostalgia choca con el peso del presente, y el pujatense se encuentra en un cruce de caminos, cuestionando si seguir adelante es la decisión que lo llevará hacia su verdadero destino. En medio de sus palabras, su voz lleva el eco de sus dudas, un susurro apenas perceptible que refleja la batalla interna entre el deseo de continuar y el temor a equivocarse.
Sabe que solo es para presionar, pero en el fondo de su mente y sentimientos, considera renunciar en un futuro no muy lejano.
—Entonces toca pensar este tiempo, se lo diré al presidente, se lo diré a los jugadores después, porque esta selección necesita un entrenador que tenga todas las energías posibles y que este bien. Buenas noches.
Habiendo soltado todo eso, se levanta del asiento y regresa al campo de juego que ya está prácticamente vacío a excepción del cuerpo técnico que sigue allí
—Bueno, listo.
—¿Cómo que listo pelotudo? ¡Lionel, amenazaste con renunciar! —Espeta Pablo que ya tiene los cables bastante pelados.
—Dijiste que tenía que ser algo fuerte —Intenta defenderse el azabache.
—¡Si, pero tampoco algo así!
—Bueno, pero está bien, ¿No?
—¡Si querés dejarnos sin laburo sí!
—Eh, che, che bajen el tonito si no quieren que medio Rio de Janeiro los escuche. —Interpone Walter que ya se encontraba bastante hinchado las pelotas.
—¿Pero no ves que este acaba de tirar la de renunciar sin consultarnos? —Reclama el cordobés.
—Sí, ya sé, pero no sirve de nada ponerse así, ya vamos a tener tiempo de sentarnos y hablarlo en frío.
—Tal cual, por ahora van a tener entretenimiento para rato con tantas especulaciones que van a hacer. —Acota el ratón haciendo coincidir y reír al resto. —Así que actuemos en la misma sintonía.”
—¿Y qué tipo de sintonía? —Inquiere el riocuartense.
—En la de Lionel. —Aporta Luifa.
—Ah como un boludo, joya.
—Ponele voluntad, dale nene. —Lo anima Matías palmeándole el hombro y alargando la última palabra. —No la sigas cagando, pelotudo. —Le susurra.
—Bueno, bueno, está bien. Vamos a sacarnos una última foto. —Propone Pablo en un tono de voz alto cuando visualizó que un periodista los estaba observando.
Todos estuvieron de acuerdo, y luego del abrazo y la foto volvieron a los vestuarios.
Allí, los jugadores esperaban a Scaloni expectantes, pero este no dice nada, solo se va a duchar, dejando a todos con los jóvenes con la duda.
Bajo el chorro caliente de la ducha, su cuerpo está tenso como un resorte a punto de soltarse. Sin embargo, las gotas de agua, cálidas y reconfortantes, caen sobre su piel como una suave caricia, como esas caricias que solo Pablo sabe proporcionarle, disolviendo la tensión que había acumulado en sus músculos, mientras el vapor perfuma el aire, envolviéndolo en una atmósfera de tranquilidad.
Su cabello azabache gotea con cada mecha mojada, las gotas resbalan desde sus puntas hasta su frente, formando diminutos ríos que recorren su rostro. El agua acaricia sus largas pestañas, dibujando caminos húmedos en sus mejillas. Una corriente descendente se desliza por su cuello, explorando la curva de sus hombros, siguiendo la línea de su espalda.
El líquido transcurre con gracia por su torso, trazando surcos sobre su piel ligeramente bronceada, resbalando por sus pectorales con una cadencia casi hipnótica. Gotas transparentes dibujan un recorrido sinuoso sobre sus abdominales. La tensión, poco a poco, se desvanece, diluyéndose entre el agua que se desliza por su cuerpo.
A medida que el calor y la humedad lo envuelven, Lionel siente cómo la ducha se convierte en un santuario de serenidad. Cada gota que recorre su anatomía parece llevarse consigo un trozo de la tensión acumulada, dejándolo más liviano, más relajado.
La ducha se convierte en un refugio, donde el agua es su confidente, disipando las preocupaciones y dejando solo la paz y el renuevo que trae consigo.
Cuando termina de bañarse, luego de secarse y vestirse, con su respiración más acompasada, decide quedarse un rato más sentado aprovechando que ya está todo vacío y así poder relajarse.
A los pocos minutos, sus ojos visualizan al cordobés llegar y sentarse a su lado.
—¿Cómo estás?
—Más relajado, gracias.
—Quería pedirte disculpas, por todo, y porque me comporté como un boludo todas estas semanas.
—Pablo, no quiero obligarte a hablar de esto acá, podemos hacerlo apenas lleguemos al hotel y-
—No, Lio, está bien, no quiero seguir pateando el problema.
—Te escucho entonces.
—No sé por dónde empezar porque son muchas las cagadas que me mandé. Pero quiero empezar disculpándome por haberte estado evitando todo este tiempo, por si te di alguna idea errónea con Mati, necesitaba hablar con alguien para que me ayude a enfrentar todo esto.
—Pero yo no pensé mal de Matías en ningún momento
—Lionel, te conozco hace veintiséis años. Aparte Walter no se guardó ningún detalle.
—Qué hijo de mil…
—Pero está bien, lo entiendo. A lo que quiero ir es que cuando tiraste la propuesta del nene, a mí me tomó muy por sorpresa y…
—No hace falta hablar de eso, dejalo así.
—Sos terco eh, ¿Me vas a dejar terminar de hablar?
—Pero…
—¿Me vas a dejar terminar de hablar? —Repite, arqueando una de sus cejas. La cara del cordobés ya iba transformándose.
—Si gordo, perdón. —Contesta, como todo varón arrepentido.
—No es que no quiera, al contrario, Lio, me encantaría formar una familia con vos. El problema es que me asusté, tengo miedo de decepcionar, de no ser un buen padre e incluso un buen esposo, de no ser lo que vos esperas o ese niño espere. Me asusta.
Lionel ve que los ojitos de su amor se cristalizan, sabe que esto realmente le afectó. Por lo que sin dudarlo sus brazos se dedican a envolver el delicado cuerpo del contrario, mientras sus belfos besan su cabellera.
—Vos no vas a decepcionar a nadie, mucho menos a mí. Yo también tengo miedo a veces, pero me impulsa tu amor y el amor que siento por vos. Estamos juntos y con eso sobra y alcanza. Pablo, cuando nos comprometimos te lo dije, yo con vos quiero todo, no solo momentos felices sino también los difíciles. Quiero compartir sueños, metas, alegrías y tristezas. Y eso no lo va a cambiar nada ni nadie.
—Sos un meloso y así te amo, Lionel, gracias. Yo también quiero todo con vos, sos el Sol en mi cara cuando me levanta, sos la vida que tengo y la que me falta. No te das una idea cuánto te amo, sos el compañero que quiero para toda mi vida. —Menciona, ambos ya con varias lágrimas deslizándose por sus mejillas, y Lionel no puede sentirse más afortunado por tener a un hombre tan amoroso y único como lo es Aimar en su vida. —Perdoname otra vez si me porté como un boludo, no hablamos, no tuvimos casi nada de comunicación para los partidos, generé dudas en las tácticas, era todo incómodo, y la pagamos caro con Uruguay, perdoname. Tampoco me di cuenta o me puse a pensar lo que estabas pasando y te traté para el orto.
—Ya pasó, me alegra que lo hayamos hablado, yo también te amo, y mucho más de lo que puedo llegar a demostrarte. —Musita, limpiando con sus pulgares las lágrimas del cordobés.
—Perdoname, Lio, fui un pelotudo.
—Te perdono gordo, no sigas mortificándote, estamos juntos en esta. Ahora solo quiero tener este tiempo para nosotros, para estar juntos. Nos vamos a Pujato, pasamos un finde tranquilos con mis viejos y también con tu familia en Córdoba, ¿Querés?
—Con vos siempre voy a querer.
Después de haber compartido sus cargas y desahogado sus almas, los latidos agitados que habitaban los corazones del santafesino y del cordobés comienzan a encontrar una armonía reconfortante.
En el silencio lleno de significado, se miran con una intensidad que va más allá de las palabras, encontrando en las profundidades de sus miradas una comprensión mutua y una conexión que trasciende todo ese tumulto emocional.
Las tonalidades tan bellas del otro se revelan en cada matiz de sus ojos avellana y negro, reflejando no solo el amor que comparten, sino también la paz que han encontrado en ese momento de honestidad y vulnerabilidad. Un sosiego se posa sobre ellos, como si el peso que habían llevado por tanto tiempo hubiera sido levantado de sus hombros.
Y en ese espacio impregnado de entendimiento y cariño, sus labios se acercan con suavidad en un beso que trasciende lo apasionado para convertirse en un abrazo delicado y calmo. Es un encuentro de almas, un gesto que sella la comunión de sus corazones, uniendo sus mundos en un momento de serenidad y complicidad.
El ósculo no solo es un gesto físico, es la manifestación de la paz encontrada entre ellos, una promesa de apoyo mutuo y de caminar juntos hacia adelante, dejando atrás las tormentas que habían oscurecido su horizonte.
El universo que ambos construyeron durante tantos años parece sostenerse en el hilo invisible de su amor. Cada sonrisa compartida es un cimiento más que fortalece su relación, cada palabra de afecto es el tejido que une sus mundos. Cuando el amor titubea, se siente como si el aire mismo se volviera denso, como si la esencia de todo lo que los rodea se tambaleara.
Si el amor se cae, todo alrededor se cae. Si no están juntos, si no tienen una comunicación fluida todo su entorno puede verse afectado y llevar a decisiones extremas como las de esa noche.
Saben que de los errores se aprende y lo sucedido va a servirles para poder seguir construyendo su lazo.
No saben qué va a ocurrir de acá en unos meses en su futuro laboral. Pero lo que si saben, es que son la mejor decisión que han tomado en sus vidas. Prometer amarse hasta el final es la elección de la que nunca van a arrepentirse ni a dudar de ella.
La comunicación entre ambos es el lazo invisible que mantiene equilibrado el fuerte ecosistema que han creado. Cada palabra, cada gesto de complicidad es como un viento suave que acaricia su realidad, manteniendo en movimiento los engranajes de su mundo compartido. Pero si esa conexión se resiente, si las palabras se vuelven escasas o cargadas de distancia, el entorno también se ve afectado.
—Lio. —Musita Aimar.
—¿Mhmm? —Contesta, mientras reparte besos por el cuello de su esposo.
—Gracias.
—¿Por?
—Por existir.
