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La rutina siempre es la misma, levantarse a las 5:00 a.m. para ducharse, vestirse y, siempre y cuando no este tan cansado o decaído, prepararse algo para comer y merendar en la tarde. El camino a la universidad siempre es el mismo, tomar el autobús de las 6:05 a.m., poner todo su esfuerzo en no quedarse dormido en el trayecto (la ultima vez despertó al final de la ruta y básicamente se perdió en la ciudad) y prepararse mentalmente para la primera clase del día.
Alexander estudia psicología, algo que le causa gracia dado que él no se percibe como una persona sana y equilibrada, sino todo lo contrario, es ansioso, tiene episodios depresivos y según su psiquiatra posiblemente sea bipolar, un joven normal en la actualidad, por decirlo de cierto modo. Las clases son algo cansadas, la mente humana es tan compleja, el como percibe las cosas, como maneja o produce las emociones, como pueden ser tan iguales entre todos pero a la vez son completamente diferentes, un todo y un nada tan maravilloso, tan extraño y bello que cautiva a Alexander cada vez más.
Sus horario de clases no excede las 4 horas, algo que a muchos puede parecerle bueno y relajante cuando la realidad es otra, verán, el joven no descansa siquiera un minuto durante esas horas, su mente esta constantemente ocupada, tomando notas, prestando atención a la clase, haciendo sus tareas para no retrasarse y poder llegar a tiempo a su turno nocturno en la cafetería a 2 cuadras de su apartamento, famosa por funcionar hasta altas horas de la noche, llena de almas cansadas, por estudios y trabajo o por la simple dificultad que conlleva vivir en la actualidad, quienes le dan un respiro a su ser acompañados de una agradable taza de café o té, algún postre o comida ligera y la amena charla del joven barista quien siempre esta dispuesto a escuchar sus problemas y aconsejarles sin importar que tan cansado se encuentre.
Entrada la madrugada e cuando finalmente regresa a su hogar, cansado, adolorido, hambriento y, la mayor parte del tiempo, extrañamente feliz, su pequeño hogar es su fortaleza, un apartamento de 3 habitaciones tan simple y con solamente lo necesario puesto que no puede darse el lujo de ser caprichoso, tener donde dormir y que comer es mucho mas que suficiente, mucho más que algunos de sus compañeros de la universidad tienen o que la gente que ve en las calles algunas veces podrá llegar a tener en su vida.
Su rutina es normal y cotidiana, el vals de un joven soñador quien se desvive por cumplir sus metas por si mismo, por su propio cuerpo cansado, por sus propias manos torpes y por su propia mente, aun cuando esta supuestamente rota y no funciona de forma correcta, de la forma que los mayores quieren que funcione, que perciba y que resista, que no se rompa como la porcelana, que se mantenga firme y dura como una roca. Alexander sigue su baile, aunque tropiece o se equivoque en el paso siguiente él continuara hasta que la melodía que suena al fondo de su cabeza se detenga finalmente.
...
La puerta cruje levemente cuando la abre, un recordatorio diario de que debería engrasarla para evitar que el ruido moleste a sus vecinos pero que no ha hecho pues nadie se ha quejado y ya esta acostumbrado al sonido. Sus pasos son suaves y silenciosos, deslizando los pies por el vitro piso gris que hace la base de su hogar, tan frio y limpio como siempre, tan común e increíblemente cómodo para él, aun más cuando ha tenido un día pesado y sus pies duelen como si los hubieran quemado, haciéndole sentir un leve cosquilleo antes de que la incomodidad desaparezca. Alexander sonríe, respira profundo y con pasos mas alegres se encamina a la cocina, su sonrisa se hace más amplia y su mente se siente en paz al ver las cosas en orden, los platos están limpios y en su respectivo lugar, lo que significa que podrá dormir un poco más esta noche, una preocupación menos.
Por el rabillo del ojo puede verle, tomando forma lentamente, le nota algo indeciso por lo que respira profundo y cierra los ojos, apagando sus pensamientos por un momento hasta que puede sentir un par de cálidos brazos envolverle por detrás y presionarlo contra una superficie suave. Una respiración fría choca contra su cuello antes de sentir un leve roce rítmico contra la parte superior de su cabeza, como un gato frotándose contra la pierna de su dueño. Un gesto cariñoso, una bienvenida.
"Lerne." El joven pronuncia con una sonrisa, acurrucándose contra el ente a sus espaldas, dejando que sus manos acaricien levemente las manos del contrario.
"Al..." La criatura pronuncia con una voz baja y ronca, siguiendo con un sonido parecido al siseo de una serpiente pero que la mente del joven puede interpretar de alguna forma que aún no entiende. "Llegas 10 minutos tarde." Lerne se queja, frotando su mejilla contra el cabello del chico, una leve continuación a su protesta.
"Hoy fue un día ocupado, lo siento. Pero ya he vuelto." Alexander responde con una voz suave, dándose la vuelta y mirando directamente a los cuencos vacíos de la criatura, que de cierta forma muestran preocupación y anhelo, Su diestra sube y trata de tomar la mejilla de la sombría criatura, agradece que hoy haya decidido verse mas antropomórfico y que no se le hará difícil el encontrar las zonas correctas donde acariciarle. El ceño se frunce y su mirada denota tristeza y culpa cuando su mano atraviesa la figura y se pierde entre la oscuridad que conforma el cuerpo de su amado, sin tocar fondo alguno.
"Lerne." Llama nuevamente, pues parece que la atención de su querido se esta perdiendo, esta cansado, hambriento pero es demasiado testarudo para admitirlo. "Lerne, aliméntate."
La criatura gruñe y niega levemente, encorvándose un poco hasta esconder lo que hoy es su rostro en el cuello del joven, respirando su aroma, dulce y suficiente para mantenerlo con cuerda y alejar sus instintos primales de beber la vida del joven en sus brazos, no puede, no debe, no cuando sabe que Al esta más cansado de lo normal hoy.
"Lerne." La voz de su querido humano suena nuevamente, él gruñe y niega otra vez, Alexander suspira y simplemente se encamina hacia su habitación, Lerne se vuelve ligero y se impregna en el, desapareciendo momentáneamente hasta que el joven se recuesta en su cama, ahí nuevamente se materializa, bajo las sabanas bañadas en el olor del chico, cálidas y familiares, enredando su figura con el cuerpo del muchacho, como una serpiente tratando de asfixiar a su presa, aunque la criatura no tiene intención alguna de matarlo, solo quiere sostenerlo, sentirlo, vivo y tan propio, simplemente suyo y de nadie o nada más.
"Puedo sentir que estas cansado y hambriento, algo gracioso dado que mis manos te atraviesan y realmente no puedo sentirte al tacto." Alexander dice, en parte bromeando y en parte serio, Lerne conoce a la perfección las próximas palabras que saldrán de la boca de su amado, adora el tono tan hipnotizante con el que las pronuncia, se siente como esa cosa que llaman terciopelo, jamás lo ha sentido en realidad pero esta seguro que debe ser igual de agradable que la voz de Alexander.
"Lo diré cuantas veces sea necesario..." El joven comienza, relajando su cuerpo y cerrando los ojos, tomando un respiro profundo y sonriendo. "Come de mi, Lerne. Mi alma, mi mente, la carne de mi cuerpo son tuyas, un festín bien merecido. Consúmeme hasta que estés satisfecho, hasta que mi cuerpo no de para más, sabes bien que no me molesta, se que lo necesitas."
Esas palabras resuenan en la consciencia de la criatura, lo tientan a devorarlo completamente, a cortarlo en pedazos pequeños y comerlo poco a poco, saborear su carne, jugosa y tierna, beber su sangre como si fuera el elixir más raro del mundo entero, consumirlo hasta que no quede nada de él, siquiera el recuerdo. Si lo devora, Alexander no morirá, simplemente ahora se encontrara dentro de Lerne, no será digerido, no será olvidado, al menos no por la criatura quien lo ama demasiado como para dejar ir el recuerdo del dulce joven quien sin miedo alguno le acepto, lo amo y l dejo alimentarse de él, de su energía y de sus sueños aunque su vida fuera difícil y esto significara arrebatarle la poca probabilidad de tener momentos efímeros pero felices durante el día.
"No es momento, aún no." Lerne gruñe levemente pero Alexander registra sus palabras in problema en su mente. "Después, cuando no quede nada más, cuando Al este completo será el día que finalmente probare su carne y lo guardare en mi interior." El muchacho se sonroja por primera vez en mucho tiempo, Lerne finalmente acepto consumirlo cuando llegue la hora, y para él no hay acto de amor más grande, el querer comer de tu amado, el desear meterse bajo su piel y sentir la calidez interior de su cuerpo, de su carne tierna y suave. Se siente amado y pleno, sin importarle que lo que el percibe como una metáfora es nada mas y nada menos que una realidad para la criatura que lo abraza con tanta delicadeza.
"Dormiré entonces, así al menos tendrás una pequeña merienda." Alexander habla por ultima vez, sonriendo mientras gira la cabeza levemente y presiona sus labios con lo que parece la nariz de la sombra, cerrando los ojos y dejando que su cuerpo de hunda en la vieja cama, envolviéndose en la calidez de sus sabanas y su extraño amante quien no tarda en sonreír de forma boba, mostrando filas de colmillos retorcidos al ver como su querido cae dormido en menos de un minuto, cansado pero feliz. Lerne se posa sobre el y le mira durante un tiempo, sus manos ahora mas distorsionadas acariciando el rostro del muchacho de forma gentil, teniendo cuidado de que sus garras no rasguen la delicada piel, aspirando su aroma una ultima vez antes de tomar su comida del dia.
La cara se le distorsiona y toma una forma algo humana, buscando lo más cómodo para Alexander, lentamente se agacha hasta que sus labios se encuentran con los del joven, bebiendo, consumiendo, saboreando la suave carne sin tener que devorarlo literalmente, alimentándose de los sueños de la noche, de las memorias malas o no tan importantes, llenándose con la vida tan cotidiana de su amado, mezclándose con su alma, enterrándose en su mente otra vez, otorgándole la dicha de verlo con claridad cuando la luz opaca la oscuridad, de sentirlo y de entenderlo aún cuando no este soñando, de manipular su forma y sus sentimientos, su corazón (si es que tiene uno), su ser entero, de él y nadie más.
La noche pasa nuevamente tranquila, cálida, ahogándolos en sentimientos y reforzando conexiones, compartiendo cuerpo y alma, mente y sueños, alimentándose el uno del otro, Lerne llena su estomago y Alexander su solitario corazón, un contraste al primer encuentro que tuvieron, cuando el muchacho pasaba por un mal momento, estrés y confusión, sin aceptación propia o familiar, solo él y su mente rota que insatisfecho con la miseria que vivía en ese momento decidió atormentarlo 'imaginando' una temible figura que le quitaba el sueño, que lo hacia preguntarse en que momento se rompería finalmente. Tiempos y memorias lejanos que ahora no eran nada más que anécdotas graciosas y el inicio de esta relación amorosa tan extraña que tenían.
...
"¿Te vas ya?" Lerne gruñe, molesto, haciendo que si figura pierda forma por un moment.
"Tengo clase en unas horas." Alexander contesta con un bostezo, levantándose lentamente y estirando su cuerpo.
"Has dormido menos de 4 horas." Protesta, tratando de recostarlo nuevamente, atraparlo en sus brazos y obligarle a descansar, una acción amable que esconde su capricho de tenerlo cerca.
"Así es la vida, Lerne, dormir poco es parte de mi rutina." El muchacho dice con una leve sonrisa, la preocupación de su amado pareciéndole tierna.
"No me gusta tu rutina."
"Pero te gusto yo, ¿No es así?" El silencio sigue su declaración y Alexander sonríe triunfante mientras Lerne gruñe y con pesadez se levanta de la cama y se adentra en las sombras restantes de la habitación, murmurando algo que no alcanza a escuchar.
Alexander se levanta y se encamina a la ducha, toma un baño y se viste, prepara sus cosas y después de despedirse de su amado continua su rutina diaria, dando lo mejor de si durante el día y esperando con ansias la que le permite volver a aquella dulce pesadilla que se termino convirtiendo en su sueño más agradable.
