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Language:
Español
Stats:
Published:
2024-01-01
Words:
879
Chapters:
1/1
Kudos:
24
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1
Hits:
237

Noches de Onigashima

Summary:

Yamato y Ace comparten un momento especial alrededor de una fogata.

Work Text:

La pira se encendió en llamas, y Yamato inmediatamente sintió como el calor recorrió su cuerpo. Ace sopló su dedo, el cual aún desprendía el fuego con el que iniciaron la fogata, y luego le sonrió. Aun le resultaba extraño que el joven viajero anduviera por ahí con el torso desnudo con el clima que hacía, pero de nuevo, era un hombre hecho de fuego, así que posiblemente el frío le importaría poco.

-Bien, Yamato -le dijo Ace, sonriéndole ampliamente, haciendo que las pecas en su rostro se movieran torpemente -ya nos escabullimos por la capital de la flor, visitamos a los herreros de ebizu, y tenemos una botella enorme de sake de Ringo, ¿Qué más quieres hacer?

Yamato se sentó, y se llevó las manos a las mejillas. ¿Qué más quería hacer? Quería hacer tantas cosas, pero no podía hacerlo todo en una sola noche. Se frustró, y comenzó a agitar su cabeza, haciendo que los grilletes en sus muñecas tintinearan.

-Hey, no te estreses -Ace se sentó a su lado, era pequeño a comparación de ella, aunque a la vez… Era la primera vez que estaba fuera de onigashima desde que era una niña, no parecía que los demás fueran más pequeños, al contrario, ella parecía ser quien era increíblemente alta -¿Quieres que te sirva una copa?

-¡Si! ¡Por favor!

Ace destapó la botella, y el olor a fermentado le inundó la nariz. ¿En serio eso era algo que la gente tomaba para estar feliz?

-Ten -le dijo, pasándole una pequeña copa roja con el licor. La vio, y se vio reflejada en ella. Su rostro había madurado, se había alargado, y sus cuernos también. El choque de la copa de Ace la regresó a la realidad.

-¡Salud! -Le dijo Ace, riendo como solo a él le había visto hacer.

-¡Salud! -Yamato gritó, intentando sonar alegre, imitando la actitud de Ace.

-De donde vengo, compartir una copa de sake es algo sagrado -le dijo Ace -es algo que solamente haces con las personas que más te importan, Yamato.

-¿Eh? ¿Entonces por qué la compartes conmigo? Si apenas nos conocemos.

Ace sonrió. Y luego tomó su copa de un largo trago. Yamato lo imitó. El sake ardía en su garganta, pero inmediatamente le calentó el vientre.

-¿Qué más quieres hacer, Yamato?

-No lo sé, es solo que…

-¿Qué pasa?

-Todo esto es muy lindo, Ace, pero sé que es temporal, tu tienes que salir al mar, y yo tengo que regresar con mi padre. Si no fuera por estos tontos grilletes…

Ace la tomó de la mano, y la acercó a él, luego apretó los grilletes, molesto.

-Si es necesario, puedo pelear con tu padre por ti.

-Ace, gracias, pero no. Mi padre es alguien contra quien no debes pelear.

-Soy el segundo comandante de barbablanca -le dijo, con el tono de voz confiado que solía usar cuando hablaba de su capitán -no le tengo miedo a una mera bestia como lo es Kaido.

-Eres un solo hombre, Ace, contra toda una isla llena de monstruos, no es algo tan sencillo. Pero aprecio la intención, de verdad. Además, tienes que volver a tu tripulación. Ya te he retenido mucho, y ya conseguiste lo que querías. Recuerda lo que me dijiste, tu tienes que preocuparte por barbanegra, yo me preocuparé por mi padre.

Ace apretó los labios, y luego se permitió relajar su expresión. Se quitó su sombrero y se removió el cabello. Debajo de la luna, ante la luz del fuego, la imagen de Ace era una como nunca había visto.

-Bien, pero cuando me encargue de barbanegra, volveré aquí y te llevaré conmigo.

-¿Contigo?

-¡Si! Hay que salir al mar juntos, Yamato.

Siempre había querido salir al mar, desde que comenzó a leer el diario de Oden. Salir con Ace a navegar parecía un sueño en sí.

-Ace.

-¿Si?

-Hay algo que, si puedes hacer, si tú quieres.

Ace era guapo, joven, poderoso, y viajaba por todo el mundo con una reputación enorme, de seguro estaba acostumbrado a estar con mujeres de todo tipo, más bellas, ideales para él. Ella ni siquiera sabía si se podía considerar una mujer, cuando a veces, no se veía a ella misma de esa manera, y se sentía más cómodo cuando se le referían como un varón, pero nunca había experimentado lo que era el afecto de otra persona.

-¿Qué es?

-Un beso.

-¿Un beso?

-¡Si! ¡Un beso! ¡Como en los libros!

-¿En serio eso quieres? -Le dijo, y sus mejillas se pusieron coloradas. ¿Cómo podía subirle la temperatura, si era un hombre de fuego?

-Si quieres, claro -le dijo, desviando la mirada, juntando sus dedos, intentando ocultar su nerviosismo.

Sintió el gentil y cálido toque de la palma de Ace sobre su mejilla, y esta la obligó a voltear a verlo.

Su rostro era regio, firme, y aunque sonrojado, seguro de sí mismo.

Juntó sus labios con los de ella. En un inició fue casi violento el gesto, pero después, en cuanto sintió que la calidez no solo venía de sus manos, sino de sus labios, de su respiración, de todo su ser, se dejó guiar por él, y se permitió cerrar los ojos.

No estaba seguro de cuanto tenía que durar, pero cuando se separaron, lo volvió a besar.