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A ver, era lógico. Dieciséis personas, prácticamente de la misma edad, casi todos solteros y salidos como el pico de una plancha. Era obvio que en algún momento u otro acabarían jugando a la botella. Sólo era cuestión de tiempo, y ese tiempo fue relativamente breve, porque ya en la segunda semana acabaron en la habitación, sentados como podían y con la cantimplora de Naiara en medio.
(A decir verdad, Paul ni se acuerda de quien lo había propuesto. No era eso lo que importaba.)
Hubo una discusión por quién empezaba.
-Dale boludo, no es para tanto - dijo a alguien Lucas, tumbado en la cama más cercana. Todos habían encontrado comprensible que el uruguayo no quisiera jugar, aunque Bea sí lo hiciera.
Paul supone que fue Álex a quien hablaba Lucas, porque sí que recuerda que fue él el primero en hacer girar la cantimplora. Paul también recordó después que Álex tenía novia, pero no preguntó por ello.
Después de un morreo con Denna que duró definitivamente más que el pico que habían pactado como mínimo, le tocó a Juanjo. Paul duda a ratos que la botella no estuviera trucada, porque quizás fuera mucha casualidad que acabara mirando en dirección al chico vasco con el que llevaba intercambiando miraditas desde los castings. Ese beso también duró más de lo estrictamente necesario.
Se acuerda bastante bien de la tensión después del beso entre Naiara y Omar, porque le tocó a él justo después. Siendo idealistas, esperaba que le tocara Chiara. Se había fijado en ella desde los castings, y cuanto más la conocía más interesante le parecía. En ese momento no sabía nada de su orientación sexual, pero por si acaso tampoco había querido intentar nada, ni siquiera hablaba demasiado con ella. Era el miedo al rechazo, con el que ya tenía experiencia, el que le impedía relacionarse con naturalidad con el resto, especialmente con ella.
Pero cuando giró la cantimplora no acabó apuntando a Chiara, sino a Álvaro.
Y vale, Paul no es ciego. Sea cual sea tu tipo, Álvaro es guapo. Es como, objetivamente guapo, piensas en belleza y se te viene una imagen de la cara de Álvaro Mayo a la cabeza. Y además es carismático, sin vergüenza aparente, siempre de buen humor o preparado para vacilarte. Y muy dado al contacto físico siempre que pudiera. Y para coronar todo eso, Paul todavía estaba dudando de su sexualidad. Maravilloso.
Nada de eso pasó por su mente en aquel momento, salvo ‘mierda’. Y después otra vez, porque Álvaro le estaba mirando con una sonrisa divertida, traviesa, y él se estaba poniendo muy nervioso.
Se inclinó hacia él. Estaban lo suficientemente lejos para que la posición fuera algo forzada, pero no del todo incómoda. Cuando sus rostros estaban ya muy cerca, Álvaro seguía teniendo la sonrisita en los labios. “Vamos, joder, sólo tiene que ser un pico” pensó, o quizás alguien lo dijera en voz alta, porque en ese momento Álvaro acortó el espacio entre ellos y le besó.
Sí, fue corto. Un abrir y cerrar de ojos, prácticamente, y luego volvieron a sentarse y allí no había pasado nada.
(Salvo porque algo de sonrisa quedaba y no se iba de los labios de Álvaro, y el rojo de las orejas de Paul tampoco.)
Hubo más besos, ninguno más con Paul, hasta que dieron la noche por terminada y durmieron algo, poco. Muy poco en el caso del granadino, que no podía evitar rememorar cierto momento en su cabeza una y otra vez. Había sido tan breve, ¿por qué no podía dejarlo de una vez? Le gustaba Chiara, eso lo tenía claro. No le gustaba Álvaro. Había sido un beso y ya. Tan insignificante como eso, pero no dejaba de dar vueltas por su mente.
Habría sido fabuloso que aquello acabara con una noche de insomnio y punto, pero no, siendo Paul no iba a tener tanta suerte. De repente, era mucho más consciente de la presencia de Álvaro. Se encontraba a sí mismo mirándole en las clases, atento a lo que hacía, riéndose de sus bromas. Y quizá fuera paranoia suya, alguna ilusión mental, pero tenía la sensación de que Álvaro también le buscaba mucho más a él. Eran manos innecesarias, abrazos esporádicos y toques casuales mucho más frecuentes que antes. O eso le parecía.
Fuera como fuese, el concurso continuaba, y semana tras semana practicaban las canciones y convivían todos juntos. A decir verdad, fue un alivio poder salir en Navidades, poder desconectar un poco de aquello, estar con su familia y no con quince chavales dando saltos y gritos todo el día. Sí, se enteró de alguna cosa. Siendo completamente sincero, no le sorprendió del todo lo del shippeo con Álvaro, sino que le confirmó todo lo que él había notado. No le dio tanta importancia, porque sabía que era algo completamente imposible. Simplemente rezó para que las cosas no fueran incómodas a la vuelta; probablemente Álvaro le evitaría a partir de ahora, sería mucho más cuidadoso con su forma de tratarle. Intentó asumirlo, porque aunque le rompiera un poco sabía que era el precio a pagar por estar en un reality show. Lo tuyo ya no es tuyo, sino de cualquiera que lo vea.
En el momento del reencuentro, cuando Paul iba a abrazarlo, el otro le paró.
-¿Lo has visto?
Paul no tardó mucho en adivinar a qué se refería, porque era lo mismo que le llevaba dando vueltas en la cabeza todo el avión.
-Sí - asintió.
La sonrisa de Álvaro fue preciosa. Divertida, pero menos burlona que el día del beso. Alegre. Retomó el abrazo que él mismo había cortado.
-Somos novios, ¿vale? - dijo, y podía notar en su voz la sonrisa que todavía tenía en los labios.
“ Me cago en el putísimo Mayo” , pensó Paul mientras le abrazaba riendo y tambaleaban dando vueltas juntos.
-Somos novios.
Pues nada, iba a ser una coña. Una broma no tan privada. Sí, saliendo, ja, ja. ¿Te imaginas?
(No ayudaba que Álvaro hubiera vuelto más guapo de lo que se fue. En serio, ¿qué les daban de comer en Sevilla?)
-En plan, en qué momento - dijo Álvaro en algún punto del día, y a Paul le dieron ganas de pegarle. “Pues mira, aquí, aquí y aquí. Cuando colocamos la decoración de Navidad juntos. Cuando esperaste a que terminara de hablar con Álex para darme un abrazo. Cuando me pasé toda la clase mirándote. Cuando nos besamos jugando a la botella, ¿te acuerdas de eso? Porque yo sí, más de lo necesario” .
Por el resto, el concurso seguía. La broma murió un poco, aunque Álvaro seguía tan cercano con él como siempre, y eso no ayudaba demasiado a que Paul pusiera en orden sus sentimientos.
(Sólo sabía que no quería que se fuera.)
Componía, eso le ayudaba. En la clase de composición con Bea tal vez se delató un poco, pero con algo de suerte Bea no lo relacionaría con Álvaro y no se lo contaría.
(Un ‘a menos que…’ le rondaba la cabeza. Si Bea se lo contaba a Álvaro, quizá era porque a él le interesaba saberlo. O tal vez era él dándole mil vueltas a todo.)
Llegó Nochevieja, habiendo sobrevivido a unas cuantas menciones aleatorias más a ‘polvorón’ (Paul no podía decidir si odiaba el nombre o le hacía mucha gracia). Lo peor era que, aunque él no se había aclarado del todo, Álvaro tampoco parecía seguir ningún tipo de orden lógico para hacer bromas o para sacar el tema. Era confuso cuanto menos y desesperante en ocasiones. Paul había optado por simplemente reírse y ya.
Y en la cena de Nochevieja, Salma propuso jugar a la botella (“ en directo ”, aun encima) y a él se le fueron los ojos hacia Álvaro, que estaba colocando las cadenas de su camisa, en busca de una reacción. “ ¿Te acuerdas? ”, le daban ganas de preguntarle, “ ¿piensas en ello todavía? ”.
La noche transcurrió sin más incidentes que el grito de ‘polvorón’ al hacerse una foto juntos (y los habituales toques casuales), hasta que fueron a la sala de ensayos a bailar y hacer el tonto. Paul estaba muy cómodo, con cada uno a su bola, cantándole a quien le diera la gana…
( Unholy , tenía que ser Unholy . Como si no hubiera sido suficiente ya aquella semana.)
Lo vio venir. Literalmente, vio cómo caminaba elegantemente hacia él, con largas zancadas. Mirándole fijamente. Fingió que no hasta que fue demasiado tarde y lo tuvo prácticamente encima.
Sabiendo el poder que tenía, Álvaro se agachó y acercó el rostro al suyo en un movimiento tan sensual que el corazón y otras partes del cuerpo de Paul sufrieron una fuerte reacción.
Fue sólo un instante, igual que el beso. Y después Álvaro continuó a lo suyo, igual que con el beso. Pero exactamente igual que entonces, Paul sintió que aquello acababa de cambiar algo.
Quería agarrar a Álvaro de los hombros y zarandearlo para pedirle explicaciones. “ ¿Qué es lo que quieres? ¿A qué coño juegas? ”.
Continuaron cantando y bailando, y ya tarde, recogiendo el salón, pasó aquello de:
-¿Te duchas conmigo, bebé?
Así que otra vez tocó seguirle la broma al puto Mayo. Y lo hizo. Si lo que tenía que hacer Paul era seguirle la broma, lo haría, porque no quería perder a Álvaro como amigo, ni la naturalidad que tenían entre ellos. Lo de ‘polvorón’ era sólo un componente más de ese juego amistoso que tenían entre ellos. Punto.
(Y si Paul tenía perfectamente claro lo que quería de Álvaro, eso no lo tenía que saber nadie.)
Eso fue, hasta que llegaron a la habitación, y cuando Paul ya iba a cambiarse para dormir, Álvaro le miró desde la puerta, con la toalla en la mano.
-¿No vienes?
El tono incierto, vacilante, fue lo que hizo que Paul girara la cabeza hacia él. Parecía casi triste. Paul no entendía nada, pero quería entenderlo.
-Voy.
Rezando por que la cámara estuviera en otro lugar, si no las habían apagado ya, siguió a Álvaro al cuarto de las duchas.
Paul se apoyó en la puerta cerrada, mirándolo expectante, pero el otro evitaba el contacto visual.
-Álvaro.
El sevillano se mordió el labio sin decir nada.
-Álvaro, ¿qué pasa? ¿Qué quieres?
-Nada, perdona - negó con la cabeza al tiempo que dejaba la toalla en el lavabo, y el granadino sintió cómo se le caía el alma a los pies-. Nada, no debería… perdón.
Paul le miró expectante durante unos segundos mientras se quitaba la chaqueta, todavía mirando al suelo. Sin ánimo de resolver nada, ni siquiera de aclarar lo que estaba pasando. Era confuso. Era exasperante. Le daban ganas de gritarle.
-No te entiendo - dijo en un susurro, casi más para sí mismo que para Álvaro, quien tragó saliva.
Vio cómo abría la boca para contestar, pero antes de que pudiera hacerlo Paul acortó la distancia entre los dos y le besó.
(A la mierda con todo.)
Por unos instantes, se dio cuenta de lo que estaba haciendo y quiso retroceder, disculparse por haber malinterpretado todo y esconderse debajo de las sábanas hasta el año siguiente. Pero entonces Álvaro le puso la mano en la mejilla, presionándolo contra su boca con una fuerza tímida, y todos esos pensamientos se disiparon.
Paul no sabe cuánto rato estuvieron así, ni en qué momento apareció esa segunda lengua en su boca ni esas manos debajo de su camisa, sólo agradece que nadie les interrumpiera hasta que se separaron, respirando agitadamente en los labios del otro y con el corazón a mil. Álvaro juntó sus frentes, mirándolo con ternura infinita. El peso sobre sus hombros había desaparecido por fin; Paul sonrió al verle así.
-¿Entonces era eso? - bromeó - Ya podrías haberlo dicho antes…
La risa de Álvaro era preciosa, y lo único que Paul querría escuchar por el resto de su vida.
-Perdón. No sabía si… - dejó la frase en el aire, haciendo un vago gesto con la mano entre ellos. Ellos.
-La respuesta es sí, a lo que sea.
Álvaro rio suavemente y le volvió a besar, más lentamente esta vez.
( Si el mundo se acaba ahora, estoy en el lugar correcto. )
