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Language:
Español
Stats:
Published:
2024-02-14
Words:
1,189
Chapters:
1/1
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7
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60
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371

Flechazo de superclásico

Summary:

Cupido tiró la flecha y la cagó

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

El Sol comenzaba a descender de a poco en Buenos Aires, dando paso así a una cálida tarde de San Valentín.

Cupido y su hermano Anteros se encontraban boludeando en las nubes, ya habían enamorado a algunas parejas por el microcentro, y luego se trasladaron a La Boca para seguir con su labor, y mientras en la cancha de ese barrio se disputaba el Superclásico entre Boca y River, escuchándose por todos lados los cánticos, los hermanos estaban discutiendo sobre quién debía disparar las flechas de amor en aquel lugar.

—El que tiene la puntería fina para los corazones soy yo, dejá de joder y andá a jugar con tu arco y flechas de mierda a otra parte. —Argumentó Cupido, mientras preparaba sus objetos.

Anteros, terco como un burro, le respondió con picardía —Che, che, no me vengas con esa, yo también tengo mis dotes para enamorar. Además, te recuerdo que tu flechita no siempre da en el blanco.

—¿Ah sí? ¿Querés ver como mi flechita da en el blanco?

—Yo veo, pero te aviso que no tengo mucha paciencia, seguro tardás siglos.

—Cerrá el orto y mirá.

El muchacho se acostó sobre la nube para estar más cómodo y con su mirada buscó entre las personas que habían dando vuelta.

—Vos no sos de River, ¿No? Porque acá sino te linchan. —Acotó Anteros.

—Callate necesito concentrarme.

Cupido encontró a dos adolescentes, un chico y una chica, caminando en distintas direcciones, pero que en cuestión de minutos iban a verse las caras. Eran perfectos.

Se acomodó, suspiró, y apuntó hacia el muchacho. Relajó su pulso y puso total concentración, dándole sus mejores deseos a la flecha antes de dispararla, para que sea un amor sólido, sano, lleno de plenitud y claramente, único.

—¡NOOO LA CONCHA DE LA LORA!

El grito desaforado de Antero sobresaltó a Cupido, haciendo que el proyectil amoroso, zigzagueando por el cielo, se dispare en la dirección incorrecta, dando muchas vueltas, hasta interceptar en dos personas.

—¡Pelotudo de mierda qué te pasa! ¡Me desconcentraste! —Espetó Cupido.

–Pero boludo se me fue la señal en futbol libre y justo el pipa encaraba para el arco. —Explicó Antero, mostrándole su celular donde la página parecía haberse caído. —¿Y? ¿A dónde disparaste?

Los dos hermanos se asomaron por las nubes para ver a quienes impactó la flecha.

—No puede ser...

—La cagué...

Dos hombres, a las afuera de la cancha de Boca, se miraban fijamente, asombrados.

Uno de ellos era Lionel Scaloni, que portaba orgullosamente los colores azul y oro de su amado club, sintiendo un cosquilleo extraño en el corazón.

Y el otro era Pablo Aimar. Que llevaba puesta encima una campera deportiva, pero se lograba divisar una banda roja cruzándole el pecho gracias a que el cierre no estaba del todo arriba, mirando a su eterno rival con ojos que ahora reflejan algo distinto.

Ambos, confundidos y aturdidos, se dan cuenta de que algo raro está pasando.

Pablo siente que en cualquier momento va a vomitar cuando encuentra un gran atractivo en ese bostero.

—La puta madre, ¿Qué carajos pasa? —Lionel comienza a caminar solo hacia el castaño, no es capaz de controlar sus acciones, quiere detenerlas, pero no lo logra.

Al de rulos le ocurre lo mismo. Ambos se acercan sin desearlo, sintiendo una atracción que los obliga a estar cerca del otro.

Cuando están frente a frente, las manos de Pablo quieren acunar el rostro de Lionel, pero hace sus mayores esfuerzos para no concretarlo.

La atracción, el gusto y el deseo por el otro se incrementa. Y en ese momento los dos comprenden lo mismo.

Fueron flechados por Cupido.

—¡Que mierda! ¡No voy a tocar a este bostero! ¡Nunca en mi vida voy a tocar a uno, ni con un palo! —Exclama el de tonada cordobesa, que exageradamente toma su mano con fuerza para detenerla.

—¿Qué haces por acá si no sos de Boca flaco? —Inquiere con dificultad Lionel, mientras intenta no mirarlo a los ojos, pues si lo hace, solo logra sentirse más enamorado de ese chico.

—Vine de infiltrado a la cancha y llegué tarde.

—¿Sos de River?

—¿Te lo tengo que dibujar que lo entiendas? Al final es cierto que ustedes parecen monos.

—¡La concha de tu madre Cupido que puntería de mierda tenés! —Se quejó Scaloni mirando a las nubes.

Anteros empezó a reírse por la escena, totalmente entretenido mientras su hermano estaba a punto de entrar en una crisis.

—Mirá me chupa un huevo lo que ese enano en bolas haga, yo con un bostero no voy a estar nunca en mi vida. —Aclaró Pablo, dando media vuelta con todas sus fuerzas e irse.

Lionel lo miró marcharse. Le costaba, pero lo hacía. Y no es que esa gallina le pareciera lindo, para nada ‐o si‐, pero le encantaba hacerle la vida imposible a las personas y eso es lo que ahora mismo iba a hacer con Aimar.

Como si toda la adrenalina y una gran avalancha de emociones lo cubrieran, corrió hacia Pablo, parándose en frente de él.

—¡Correte idiota!

—¿O sino qué? —Inquiere Lionel, esbozando una sonrisa maliciosa, acorralando al cordobés contra una de las paredes del exterior del estadio.

—Te rompo la cara.

—¿Ah sí? ¿Estás seguro...? —La mano de Lionel tomó el cierre de la campera, y comenzó a bajarlo hasta dejar la camiseta a la vista por completo.

—¡¿Qué te pensás que haces pelotudo?!

—Yo te hice una pregunta antes, contestame. —Lionel no dejaba de usar su tonito de canchero, sintiendo como el deseo y el gusto se incrementaban.

Y, por otro lado, Pablo sentía que su corazón iba a salir disparado en cualquier momento a causa de la fuerza con la que se encontraba latiendo.

—¿No vas a contestar?

—Cerrá un poquito el orto, ¿Querés?

Y diciendo aquellas palabras, Pablo selló la boca tan insoportable de Lionel con un beso, que inmediatamente fue correspondido.

El flechazo de Cupido cobró sentido en ese momento mágico, cuando sus destinos convergieron para formar uno solo.

En el calor de sus abrazos, en la suavidad de sus suspiros, descubrieron la esencia misma del amor: la conexión profunda que los unía más allá de las palabras, más allá de las apariencias y más allá de cualquier equipo.

Nunca habían tocado el cielo, pero podían asegurar con firmeza, que el tacto de los labios del otro era parecido o mucho mejor a eso.

Cuando se separan por la falta de aire, las mejillas de ambos están rojas, no pueden creer lo que está ocurriendo.

Sin embargo, el deseo y amor por el otro está allí y no puede ser ignorado.

—¿No habías dicho que nunca en tu vida ibas a tocar a un bostero? —Pregunta pícaramente el azabache, haciendo referencia a las manos de Aimar que se encuentran en sus mejillas.

—¿Y vos siempre sos así de hincha pelotas?

—Con un beso o dos me calmo.

Desde las nubes, Cupido y Antero observan a los dos jóvenes besarse apasionadamente, con cara de satisfacción y alivio dejando libre paso al amor en todas sus formas.

Al final, su disputa por las flechas resultó en un golazo inesperado en el Superclásico.

Notes:

hola otra vez jaksja one shot medio falopa que se me ocurrió anoche y en treinta minutos lo escribí, no tengo mucho que acotar solo espero que les guste etc etc aksdaj <3