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Insomnio

Summary:

Es una noche tranquila, sin embargo también es una noche con problemas para dormir. Roier observa por el balcón y se relaja lo suficiente hasta que siente que por fin puede descansar, pero los deseos de su marido interrumpen su sueño y Roier no se niega a complacerlos no sin antes asegurarse de que ambos estaban bien con ello.

Notes:

¡Hola! ¡Por favor, lee las etiquetas! No está de más aclarar que en este oneshot solo participan los personajes (cubitos) de los creadores de contenido, no las personas reales.
Este contenido es hecho únicamente por y para la comunidad.

Dicho esto, disfruta tu lectura.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Las manos de su esposo rodeaban su cintura en un abrazo cálido estando en la posición de "cucharita", así le gustaba a Roier cada que tenía la oportunidad de dormir con Cellbit.

Desde que se casaron, las noches que Roier ha visto dormir a Cellbit se pueden contar con los dedos de una sola mano. Preocupante, pero era algo a lo que ambos estaban acostumbrados. Sin embargo, Roier en verdad disfrutaba esas noches con él, ver descansar a su marido era reconfortante y más al acompañarlo.

Roier aún no había logrado conciliar el sueño. Era media noche, su vista cansada estaba sobre las vistas que tenían en el balcón de la habitación mientras sentía la suave respiración de Cellbit en su nuca, era tan relajante que se encontraba en un estado de paz que no podría conseguir de ninguna otra manera. Cuando sintió que por fin podría dormir cerró sus ojos, esperando con paciencia.

Lo único que pudo perturbar su calma fueron algunos movimientos de Cellbit; se acurrucó aún más pegado a su guapito, subiendo una de sus manos hasta el pecho de este para dar caricias. Las "caricias" no eran como cualquiera imaginaría, la realidad era que había empezado a amasar con sus manos imitando casi a la perfección a los gatos... Nada sorprendente, Cellbit era prácticamente uno. Su mano izquierda se mantuvo en el abdomen de Roier donde también empezó a amasar.

Como era de esperar después de un rato esto le trajo cierta molestia a Roier y no dudó en hacerlo notar.

—Mmh... Cellbit, ya...— Murmuró a la par que flojamente intentaba quitar las manos de su esposo de su cuerpo. —Tienes las cobijas para eso.

La respuesta de Cellbit fue aferrarse todavía más y empezar a ronronear cerca del oído de Roier. Hacer eso era jugar sucio para el arácnido pues no había forma de que pudiera negarle algo a Cellbit al escuchar su ronroneo.

Sencillamente Roier dejó de quejarse y su ceño volvió a suavizarse, aguantando para intentar dormir.

Todo bien... Hasta 30 segundos después. Cellbit sacó sus garras y pellizcó el cuerpo de su amado.

Roier ahogó un quejido y se retorció un poco.

—Cellbit...— Sentía su piel ser acariciada de una manera dolorosamente placentera, quería ponerle un alto antes de que eso escalara a más... "Quería" porque no lo hizo, solo se limitó a mantener su boca cerrada.

Cellbit había despertado ya... Más o menos, estaba lo suficientemente consiente de lo que hacía. Aprovechó la cercanía para hundir su rostro en el cuello de Roier donde, después de plantar un beso, lamió lentamente.

El cuerpo de Roier fue recorrido por un escalofrío tras sentir la áspera lengua de Cellbit, le obligó a abrir los ojos y volver a retorcerse, moviendo su cuerpo con inquietud por cada lamida que recibía. No hizo nada por detenerlo, no tenía razones, al contrario, lo estaba disfrutando y lo incitó a que siguiera ladeando su cabeza para darle más espacio en su cuello.

Las manos de Cellbit dejaron de amasar y sus garras volvieron a esconderse, dándole un poco de paz a Roier... Por poco tiempo, pues su izquierda bajó hasta entrar en los shorts y boxers de Ro.

La primera reacción de Roier fue sujetar la muñeca de Cellbit.

—¿Qué pasa? ¿No quieres?— Susurró contra su oído, preocupado por haber actuado de más.

—No, no... No me malentiendas, sí quiero.

—¿Entonces?— Aún inseguro de escucharlo Cellbit no movió su mano ni un centímetro.

—Se supone que deberías aprovechar esta noche para dormir, nunca lo haces y no quiero quitarte la oportunidad de hacerlo hoy.

Cellbit sonrió con alivio y ternura. Su insomnio y trabajo nunca le permitían dormir, pero cuando esa noche se le presentó la oportunidad después de varios días prefirió invertir el tiempo con su pareja. Aún así entendía y apreciaba la preocupación de su marido.

—Está bien, Roier, quiero esto más que dormir.— Aseguró con una voz suave, volviendo a besar su cuello. —Y si tú me permites, podemos continuar, ¿qué dices?

—Está bien, pero que sea rápido.

Roier no necesitó decir mucho, su esposo lo había convencido y como respuesta adicional soltó su muñeca casi de inmediato para dejar que siguiera con su plan, incluso levantó su pierna izquierda ligeramente para proporcionarle más espacio.

Cuando Cellbit tuvo libertad de movimiento en su mano se apresuró a tomar el miembro medio duro de Roier. No era una sorpresa, sabía lo hormonal que podía llegar a ser su esposo y lo rápido que se calentaba. Solo necesitó un par de caricias más directas para tener una erección completa y poder envolverla con su mano.

La respiración de Roier se aceleró en cuanto los movimientos arriba-abajo empezaron, eran lentos pero se disfrutaban de igual manera.

—Cellbit...— Jadeó. Roier arqueó su espalda, pegando más su espalda baja a la pelvis de su marido. —Más rápido.

Siguiendo su orden, la mano de Cellbit se movió con más velocidad y firmeza. Pronto se dio cuenta de la presencia de líquido preseminal y lo aprovechó de la mejor manera; hizo que su pulgar quedara sobre el glande para empezar a masajearlo, utilizando el líquido como lubricante y facilitando el movimiento.

Los sonidos provenientes de Roier se hicieron más notorios. La sensación de presión se sentía deliciosamente bien. Solo Cellbit, ni siquiera él mismo, sabía cómo convertir algo sin mucha ciencia en algo magnífico sobre su propio cuerpo.

—No pares, falta poco...

Por un instante Cellbit lo hizo más rápido, pero tras escucharlo pareció que Ro le dijo todo lo contrario pues su mano se detuvo en su totalidad.

—E-Ey, cabrón.— La molestia en la voz de Roier era más que notoria, le habían prohibido el orgasmo así que estaba más que justificado. —Eso no se hace.— Soltó un gran suspiro para regular su respiración.

—Sé paciente, Guapito.

Cuando Cellbit se separó, Roier se giró para quedar bocarriba y mirarlo.

Cellbit estaba de rodillas sobre la cama, aún en el centro, se quitó su playera para dejar su torso al desnudo. Ante esto, Roier mordió su labio inferior, abrió sus piernas y extendió sus brazos hacia él queriendo recibirlo de la mejor manera. Por supuesto, Cell no pudo ignorar el gesto y se inclinó para ser abrazado y besado.

—Esto es lindo Guapito, pero...— Interrumpió a Roier no sin antes corresponder a un beso. —Tenías que ponerte de espaldas.

—Oh, claro.— La sonrisa pícara de Roier se ensanchó y dejó que Cellbit se alejara de nuevo, así pudo darse media vuelta para darle la espalda. —¿Así está bien?

—Sí, justo así.

—¿Seguro?— Preguntó con un tono persuasivo. Giró un poco su cabeza, lo suficiente para poder verlo de reojo, esto con la intención de ver su reacción; apoyó sus rodillas sobre la cama, levantando la parte trasera de su cuerpo. Sabía lo bien dotado que estaba y cada que podía lo hacía notar sin tener una pizca de vergüenza, mucho menos con su esposo. —¿No te gusta más así?

Cellbit sonrió de lado, tragando saliva ligeramente nervioso. Más que gustarle, le encantaba, pero no era capaz de decirlo.

—Yo sé que te gusta, solo dilo, admítelo.— Roier continuó con su jugueteo, moviendo sus caderas y sonriendo victorioso por conseguir esa reacción de Cell.

—C-Calma, calma...— Apartó la vista con la intención de distraer sus nervios. Casado y todo, pero se seguía poniendo nervioso ante ese tipo de acciones.

Roier rió y dejó de moverse para no atarearlo de más. Lo único extra que hizo fue separar sus rodillas, dejándole el espacio necesario.

—Está bien.

Cellbit regresó su vista agradeciendo lo comprensivo que era. Quedó entre sus piernas y volvió a pegarse de nuevo a él.

—¿Puedes-

—¿Qué? ¿Esto?— Sin mucho esfuerzo y sin moverse mucho de su posición Roier se quitó su playera de tirantes, botándola por ahí.

—Sí, eso.— Cellbit puso los ojos en blanco y soltó una risa suave, en ese tipo de cosas Roier siempre iba un paso adelante de él y no era ni un poco modesto, su sonrisa lo delataba.

Las manos de Cellbit fueron desde su cadera hasta su pecho, lugar donde comenzó a estimular sus duros pezones, presionándolos entre sus dedos.

Roier abrazó una almohada para poder apoyar su cabeza. Suaves suspiros salían de su boca, manteniendo la excitación viva en ambos. Movió su cuerpo contra el de Cellbit, buscando sentir la creciente erección debajo de los pantalones de su esposo.

Cellbit ocultó su rostro en su espalda, dejando algunos besos por la zona y sobre sus hombros. También empezó a suspirar en cuanto los roces se intensificaban, dejándolo cada vez más deseoso. Dejó un último beso antes de enderezar su cuerpo. Tomó el borde de las últimas dos prendas que quedaban en Roier y no esperó en bajar ambas para quitarlas al mismo tiempo, dejando finalmente su cuerpo al total desnudo.

Roier no tenía vergüenza ni pena por mostrarse así ante Cellbit, al contrario, le gustaba que lo viera no importa cómo, exhibirse por y para él era de sus formas favoritas para tener toda su atención.
Pese a su situación, estuvo tranquilo hasta que las manos de su esposo actuaron y este dejó caer cierta cantidad de saliva en su entrada, tomándolo por sorpresa.

—Ayúdame aquí atrás, ¿sí?— Pidió Cellbit.

—Para la siguiente córtate las uñas.— Dijo Roier en forma de queja pues hubiera preferido que Cellbit fuese el que lo preparara. Sin opciones, llevó una de sus manos hasta la zona recientemente humedecida para empezar a tentar con las yemas de un par de dedos.

—No planee que esto pasara.

Luego de la respuesta de Cellbit, Roier continuó con su trabajo, batalló un poco para hacer que sus dedos entraran, hacerlo desde ese ángulo era difícil.

Al igual que Roier, Cell prefería prepararlo con sus propias manos, sin embargo sus uñas estaban demasiado largas como para hacerlo sin correr riesgos. La desventaja que tenía era que le crecían muy rápido y de forma puntiaguda. De haber sabido momentos antes se habría hecho la manicura con un cortaúñas y una lima. Por el momento solo se dedicaba a mirar, lubricar si es que hacía falta y darle apoyo moral a su guapito.

Por su parte Roier reaccionaba dando jadeos pero principalmente quejidos, en parte porque no se sentía satisfecho de hacerlo él mismo, pero no podría molestarse con Cellbit, sabía que dentro de poco se lo iba a recompensar. Movió sus dedos un poco brusco, queriendo apresurar la dilatación.

—Roier, no-

—Estoy bien.... Está bien...—Interrumpió entre suspiros largos y pesados, intentó continuar pero la desesperación le ganó, haciendo que retirara sus dedos para darle paso a Cell. —Mierda, Cellbit, no puedo más. Mételo ya.

Tras las exigencias de su esposo, Cellbit accedió, no estaba muy convencido por la falta de preparación, pero se las arreglaría. Estaba por quitarse la última prenda de su pijama y su boxer cuando escuchó a Roier quejarse de nuevo.

—Cellbiiit...— Desesperado, Roier lo vio de reojo con una mirada que expresaban lo mucho que necesitaba de él; sus párpados caídos, sus cejas fruncidas, su boca entre abierta y manos inquietas dejaban a Cellbit en un estado de vulnerabilidad.

Si aún no estaba lo suficientemente prendido, la expresión y voz del arácnido hicieron que el calor en su cuerpo subiera un 100%.

En cuanto estuvo listo nuevamente quedó entre las piernas de su amado, no se atrevió a hacerlo esperar más y alineó su miembro con la entrada de su Roier.

—Relájate, ¿sí?

—Sí, sí, estoy relajado... Entra ya.— Ignorándolo, movió su cuerpo para crear un roce.

Cellbit lo tomó de la cadera firmemente, impidiendo que siguiera moviéndose. Dejó caer saliva en la unión de sus cuerpos e hizo presión hasta que logró entrar, tomó precauciones; hacía pausas constantes y lentas para dejar que el cuerpo de su marido se acostumbrara.

Roier estrujó la almohada entre sus manos y mordió su lengua en un intento de callar el dolor que sentía, rogaba internamente para que dejara de moverse, pero no quería pedírselo, sabía que si lo hacía Cellbit le obligaría a esperar más tiempo.

—¿T-Todo bien?— La voz de Cell fue interrumpida por jadeos. Lo apretado que se sentía el interior de Roier era exquisito y placentero.

—Sí...— Roier ahogó su voz mordiendo su labio inferior. Una pizca de alivio llegó cuando sintió que Cellbit al fin había entrado por completo, la quietud de sus cuerpos lo hacía más fácil de sobrellevar. Empezó a hacer técnicas de respiración para aliviar el dolor. —No te muevas todavía.— Advirtió.

—Tranquilo, lo haré cuando tú me digas.— Respondió Cellbit con una voz suave y reconfortante. Sus manos acariciaron la curva más llamativa en el cuerpo de Ro, subiendo desde el final de sus glúteos hasta el inicio de su cintura.

Estuvieron aproximadamente dos minutos sin movimiento alguno, ninguno de los dos parecía desesperado en ese momento; Roier porque era la razón de estar así y Cellbit porque era muy paciente, especialmente en ese tipo de situaciones.

Ro tragó saliva y movió su cadera levemente, el dolor volvió, pero mucho menos molesto que antes, bastante soportable, vaya.

—Calma Guapito, calma.

Esas palabras siempre hacían a Roier sonreír y esa no fue la excepción, lo hacían sentir seguro y en las manos correctas, definitivamente no se equivocaba. Después de suspirar y asegurar de que todo estaba bien, le dio luz verde a su esposo.

—Ya puedes moverte.

No necesitó dar más indicaciones, Cellbit sabía perfectamente cómo proseguir.

Cell proporcionó movimientos finos y suaves, muy suaves, recibiendo a cambio jadeos inevitablemente dolorosos aún. Un par de movimientos similares bastaron para que el interior de Roier terminara de acostumbrarse al invasor, olvidando el dolor para darle paso al gusto y placer que ya comenzaba a sentir.

Roier tragó saliva y se preparó para lo que venía. Giró ligeramente su cabeza y de nuevo puso esa mirada llena de deseo única y exclusivamente para su amado.

Cellbit sonrió de lado, afirmando que había captado los deseos del arácnido, y por qué no, los propios también. Al final, ambos querían lo mismo.

Sus manos se sujetaron de la cadera de Roier, fue cuestión de tiempo para crear una sincronización armoniosa en las estocadas que ya empezaban a ser rápidas y con la fuerza suficiente para que el choque de sus cuerpos fuese notablemente ruidoso al igual que la humedad entre la cavidad y el intruso.

Roier nunca tuvo vergüenza al expresarse, eso incluía hacerlo con gemidos sonoros y sincronizados con el empuje que había dentro de él.

—M-Más fuerte...— Murmuró contra la almohada, fue casi inaudible, pero gracias al agudo sentido de la audición que poseía su marido, su petición fue acatada sin rechistar. Sintió como su próstata era golpeada una y otra vez, por cada estocada era un golpe, y por cada golpe un gemido de puro gozo.

Por la presión que hacía con sus manos, las garras de Cellbit salieron, enterrándose en la piel de Ro antes de obtener un quejido placentero. Por un momento había olvidado el extraño gusto de Roier por el dolor, Cellbit nunca se quejó de eso, por el contrario, le encontraba lo atractivo.

—Cellbit... Cellbit no pares, estoy cerca...— Su respiración se aceleró producto del éxtasis que había empezado a sentir en todo su cuerpo, estaba tan cerca de llegar a su límite... Y lo habría logrado de no ser porque Cellbit se detuvo en seco, bajando esa aceleración que tenía en su cuerpo. Por supuesto, fue algo molesto para Ro y vaya que se lo hizo saber. —¡Cellbit, deja de hacer eso, cabrón! Si vuelves a hacer eso te-

—Shhh, shhh... Calma, sé lo que hago.— Interrumpió, manteniendo una voz calmada. —Solo sé paciente, ¿sí?

—No sabes lo culero que se siente... Déjame terminar en paz, ¿quieres?— Roier llevó su derecha hasta su miembro donde apenas tocarlo sintió todo el líquido preseminal que había estado saliendo de él. De un momento a otro, sintió su mano ser forzada para alejarse.

—Deja ahí, ya te dije, sé lo que hago. Regrésala a la almohada.— Ordenó Cellbit.

Roier solo lo miró con una expresión de inconformidad, obedeciendo de mala gana. Ya no quiso mirarlo, por lo que su mentón quedó sobre el cojín que había vuelto a abrazar.

Después de soltar un suspiro, Cellbit volvió a embestirlo con la misma intensidad de antes. Al principio, Roier se negó a seguir dejando salir su voz, pero era algo que no pudo controlar por mucho tiempo. Ser penetrado de esa forma tan brusca pero con una técnica increíble pudo con él y su orgullo, dejándolo vendido y vulnerable.

La sonrisa victoriosa de Cellbit no se hizo esperar. Movió sus dedos para rasguñar suavemente sus caderas, viendo cómo un escalofrío erizaba la piel de Ro a raíz del disfrute del dolor.

La vista de Cellbit era maravillosa; tenía a Roier debajo suya, con unas curvas delicadamente talladas y con atributos que nadie más tenía pero sin dejar su masculinidad de lado, era un perfecto equilibrio. El deleite visual del trasero de Ro golpeando su pelvis cada que su pene entraba y salía de él era indescriptible. No solo se veía bien, se sentía extremadamente bien; las paredes húmedas y calientes rodeando su longitud y la fricción haciendo lo suyo era exquisito, sacándole varios gemidos al tan discreto Cellbit.

—Puedes morder.— Soltó Roier de la nada en un tono permisivo, sabía que a Cellbit era algo que le gustaba, especialmente por sus instintos y costumbres.

Y Cellbit no lo desaprovechó. Por más que amaba la vista que tenía desde esa posición, su tentación ganó y lo obligó a inclinarse hacia él, relamió sus labios antes de morder el hombro de Ro, clavando sus colmillos en su piel.

El dolor agudo causó que una corriente eléctrica recorriera su cuerpo, ahora las piernas de Roier temblaban inestables por los espasmos en su abdomen bajo y sus dedos se clavaron en la suavidad de la almohada, listo para llegar a su punto más alto.

—C-Cellbit, Cellbit...— Lo llamaba desesperado, deseoso y con la necesidad de hacerle saber lo bien que se sentía.

Cellbit lo sabía, literalmente sentía cómo las paredes de Roier se encogían por las contracciones estrujando aún más su pene, haciéndolo salivar, pero se aferraba a seguir mordiendo.

—Cell-— No fue capaz de terminar de pronunciar su nombre antes de que una descarga de semen saliera de él. Su cuerpo se tensó ante el mejor orgasmo que había tenido hasta el momento, después de estarlo deseando tanto y que se le negara, finalmente pudo vaciarse y se sintió como el mismo cielo. Su voz se mostró a base de gemidos fuertes y entrecortados al ser un placer bombeante y potente.

Cellbit se detuvo por un instante, intentando formular el placer que sintió a la par de Ro, pero tan pronto pudo volvió a embestirlo como antes.

Roier apenas y pudo tomar un pequeño respiro para recuperarse de su extasis cuando volvió a sentir ese placer dentro suyo acompañado de los golpes en sus puntos débiles. Sentía que se estaba derritiendo.

—Cell... Cellbit, ya no puedo más...— Murmuró, apenas audible para su esposo. —Por favor, ya-— De nuevo fue interrumpido por otro orgasmo, esta vez sintiendo cómo con una última y profunda estocada Cellbit terminaba dentro suyo, siendo llenado de ese líquido espeso y blanco. Fue capaz de sentir hasta la última gota invadiéndolo.

—Carajo...— Gimió. Cellbit dejó de morder, dejando un hilo de saliva entre su boca y la marca en la piel del arácnido. Enderezó su cuerpo y soltó un fuerte jadeo, satisfecho salió del cálido interior, logrando relajarse. Cerró sus ojos por unos segundos antes de prestarle atención a su marido.

Ro seguía en la misma posición pero sus piernas continuaban temblando, sus caderas tenían rasguños, en su espalda tenía una mordida de la que inevitablemente brotó algo de sangre. Su mirada estaba perdida con sus párpados caídos y ojos desorientados, como si todavía no pudiera asimilar la cogida que le acababan de dar. Si algo era seguro, es que se sentía en las nubes, en un paraíso creado por Cellbit únicamente para él.

Lo que le hizo volver en sí fue la voz de su esposo.

—Guapito, ya puedes ponerte cómodo.

Roier asintió y lentamente se recostó, de inmediato su cuerpo se relajó al igual que su respiración. Cellbit también se acostó y lo primero que hizo Ro fue acurrucarse lo más pegado que le fuera posible a él, recibiendo un beso en la frente después de tapar a ambos con una sábana.

—Vuelve a hacer eso...

—¿El qué?— La mano de Cellbit acariciaba las hebras castañas de su esposo.

—Eso que... No me dejaste terminar hasta cierto momento, no lo sé, lo que sea de lo que se trate quiero que lo vuelvas hacer para la siguiente.

Cellbit respondió solo asintiendo luego de soltar una risa suave, podría molestarlo un poco con eso y cómo anteriormente Roier se molestó dos veces por hacer lo mismo que ahora le pedía, sin embargo solo decidió dejarlo así por el momento.

—Descansa, Guapito.

Roier no pudo escucharlo, él ya estaba en su fase de sueño más profunda. Cell volvió a besar su frente y suspiró para dejarse llevar por la tranquilidad de la noche.

Ambos estaban más que satisfechos, eso se veía en sus expresiones luego de que el cansancio los venciera. Cellbit podía tener el resto de la noche para descansar y Roier tendría el alivio de que durmieron juntos. También se notaría en su estado de ánimo del día siguiente, delatándose ante los ojos de los más observadores.

Notes:

Hola otra vez. ¡Espero hayas disfrutado leerlo tanto como yo disfruté escribirlo! Es mi primera vez compartiendo algo de mi hobby, así que fue algo difícil para mí ordenar todo esto, especialmente las etiquetas.

Este oneshot fue hecho hace aproximadamente seis meses, no es mi obra más reciente por lo que puede tener muchos errores. Estoy nerviosa.

¡Gracias por leer! <3