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Los primeros rayos del amanecer se habían asomado débilmente en un pueblo perdido con sus habitantes comunes guiados por sus rutinas diarias en Sedona, pero la destacable diferencia que marcaba aquel día por sobre otros era la pesadumbre que se hallaba en la mayoría de familias. Poco después de que el sol se dignara a aparecer después de un período continuo de lluvias y tormentas se anunció públicamente, durante la cumbre del amanecer, que Park Ji Sung había fallecido.
La noche anterior, la señora Park yacía recostada junto a su esposo, ella fue la única persona con la que él compartió sus últimos suspiros en este mundo terrestre. Las lágrimas brotaban una tras otras, su rostro escondido entre sus brazos aun tomando la mano del fallecido sintiendo el desconsuelo y melancolía apoderándose de todo su ser la alejaron del hoy. Los minutos pasaban sin importancia, la ligera lluvia que caía sobre el hogar fue testigo del desfallecimiento del poderoso hombre, cuando el sonido de los grillos se infiltraron dentro de la habitación fue cuando por unos segundos su cordura volvió a su presente, un delicado beso con devoción junto a unas suaves palabras de amor fue lo que concluyó la historia de amor entre los dos viejos amantes.
Un suspiro desconsolador brotó de sí misma un momento antes de tomar obligadamente las fuerzas para encarar y no desmoronarse.
La primera en enterarse fue Park Jiyu, la primogénita de la familia Park, quien recibió con brazos abiertos a su madre quien dejaba en evidencia con sus ojos llorosos el dolor interior. Por el contrario, su hija, reflejaba compasión y lamento por lo ocurrido con sus expresiones, lo único que realmente transitaba entre sus pensamientos era en los siguientes preparativos y pasos a cumplir que debía realizar como persona a carga de su difunto padre.
Durante la privacidad que les brindaba la noche Jiyu ayudaba y atendía a los hombres que trasladaban al cuerpo, antes había dado la orden a la servidumbre de retirarse temprano de la estancia pero haciéndoles saber de las determinadas tareas y trabajos en los que cada grupo sería asignado. a cumplir.
La casa estaba en movimiento, a mediados de las nueve de la noche el abogado de su padre se encontraba hablando con ella con respecto a la ceremonia que se realizará en dos días, e inesperadamente, papeles surgieron con respecto a los deseos del difunto y en la forma en la que se ejecutarán, incluso aquellos momentos a solas con los cinco miembros de la familia Park, todo ya apareció escrito. Tras de ellos apareció Park Seoyun, última hija de la familia, que bajaba las escaleras caminando con una dirección clara.
- ¿Cómo está madre? -Pregunta Jiyu mientras firma por segunda vez en la misma hoja al tiempo que su mano derecha sostiene el molesto mechón de cabello que le estorba su vista.
- Se encuentra bien, pero debe tomar un poco de agua -Seoyun comenta sin mirarla, solo baja un poco la velocidad en la que camina para saludar cortésmente al grupo de personas detrás de su hermana que se encontraban rodeándola desde hace una hora, el saludo es devuelto pero realmente ella no toma mucho interés, quiere pasar inadvertida en su regreso con su madre ya que no solo le hace falta líquidos sino también comida. Espera que su hermana haya podido captar su actitud atajante.
Al escuchar la respuesta Jiyu solo atina a observar como el vestido de su hermana desaparece en segundos, no agradándole el tono implementado, decide tomar los papeles casi aburridamente de la mesa en la que estuvo trabajando y con comentarios aleatorios disimuladamente logra trasladar a todas las personas del vestíbulo a la sala principal.
En un ambiente más práctico y cómodo, todos los hombres toman un lugar para sentarse o quedarse cerca de la hija mayor, el eco de las charlas entre ellos resonaban por la planta baja. Seoyun, con una charola en sus manos, se procuró de observar en secreto por aquellas presencias para ir en camino nuevamente hacia los cuartos del primer piso, al no encontrar a nadie a la vista pudo marchar tranquilamente. A la mitad de su recorrido por las escaleras pudo escuchar el débil sonido de una risa, generando que su mirada se quede clavada con descontento por unos segundos en la dirección de donde provino, realmente no soportaba la situación actual, deseaba que los próximos días transcurriesen de forma inmediata para así ya no tener que encontrarse con estas personas por el resto de su vida.
Aproximadamente a las once de la noche se propuso un brindis en nombre de Park Ji Sung, se escucharon las palabras y discursos de todos aquellos que se encontraban, siendo cercanos o no. A lo último Jiyun dio las palabras de cierre en honor a su aclamado y respetado progenitor, conmoviendo a algunos a su alrededor y recibiendo una ronda de aplausos, el agudo choque del vidrio de las bebidas dio por finalizado el acto dando paso a la degustación del licor favorito del finado patriarca, palabras de consuelo hacia ella nuevamente eran repetidas mientras las exclamaciones de vehemencia por su padre no cesaban. Acompañando a todos los presentes para despedirlos de la residencia aún se hablaba de los procesos y tramitaciones que deberían hacerse mañana temprano, incluso el médico de la familia le comentó sobre los próximos tratamientos que tendrían que realizar su madre. El momento en donde se brindó la paz en la casa Jiyun pudo sentirse agradecida por unos momentos, unas cuantas horas fue lo que necesito para saber que su presencia sería exigida en cada mínimo detalle desde el día de mañana, anhelaba que los días pasaran rápidamente. Con una caminata laboriosa hacia su recamara pudo notar la luz saliente de la puerta entreabierta, sin necesidad de preguntar quién se podría encontrar, se adentro y se dejó caer boca abajo en su cama.
- A este paso podrías convertirte en papá, se ve que ellos te respetan.- Soltó en comicidad Seyoun mientras observaba a su hermana. Se levantó de su cómodo lugar del colchón tras escuchar el quejido lamentable en respuesta para cerrar con cuidado la puerta. Volviendo al lugar para recostarse junto a su hermana se dejó envolver por el abrazo de la mayor a la que le devolvió con más entusiasmo el gesto.
- Jiyun -Llamó con cuidado mientras le sobaba con cariño la espalda, recibiendo con la misma calidad un sonido afirmativo a su llamado.- Sé que has estado ocupado pero me preguntaba si pudiste comunicarte con Jimin.-Consultó sin querer fastidiar más el humor de la contraria. Pudo sentir la cabeza negar junto a una fuerte exhalación.- Debes avisarle, mientras más rápido lo sepa será mejor.
- ¿Crees que vendrá?- Indaga aún sabiendo la respuesta. Ahora puede sentir su cuerpo un poco más pesado que antes cuando se mueve para ponerse de pie, ni siquiera tenía pensado cambiarse por otra muda de ropa para poder dormir por la noche, sus pantalones de vestir ya le incomodaban y ni hablar de su suéter que la sofocaba junto a su jersey, por lo menos pudo quitarse sus zapatos de punta.
Una sonrisa surcó los labios de Seohyun al escucharla.- Creo que incluso había jurado, por su vida, volver si algún día esto pasaba.-dijo aun recostada acogiendo a su hermana a su costado, Jiyun, con su celular en mano, deja a la vista sus movimientos táctiles, ambas observan por unos largos segundos la pantalla cuando el nombre del muchacho aparece en la búsqueda de contactos, la hermana menor se deja reposar entre medio del hueco de la cabeza y hombro de la joven mayor, acurrucandose más cerca.
Jiyun solo atina a cerrar los ojos mientras las reflexiones en su cabeza revuelan por última vez en el día teniendo a su hermano como el centro de su preocupación. Con la esperanza de que se conteste su llamado prepara sus palabras. Observa con detenimiento los detalles del techo de su alcoba, el tapiz color crema con detalles curvos en forma delicada y sin realmente significar algo la distraen mientras apoya su mano derecha por sobre la de su hermana. Cuando los que supone serán los últimos pitidos antes de que la llamada sea declinada y reciba en respuesta a la contestadora se escucha la voz del segundo hijo de la familia Park. Recibe un saludo preocupado resultado por ser llamado a altas horas de la noche de un día Viernes cualquiera.
- Jimin, ¿Estás en casa? -Cuestiona antes de contestar la interrogatoria de su hermano por su llamado.- Es papá.
- ¿Qué sucede con él?. -Pregunta, casi sin emoción en su voz.
- Murió, hace unas horas.- Explica expectante a la respuesta del otro.- Necesito saber si puedes regresar a casa mañana.
