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Jakurai se ha acostumbrado a su vida con Samatoki. A pesar de lo que cualquiera creería, la vida junto al yakuza es de lo más hogareña. Ser recibido por el aroma de una cena casual, pero no por eso simple, con algo de música ambiental y la vista de Samatoki aun con el delantal, tarareando al ritmo de los instrumentos mejora el humor de Jakurai luego de un pesado día de trabajo.
Es por eso que los días que lo recibe un apartamento solitario, una sensación de desamparo llena el corazón del doctor. Samatoki duerme con él tres o cuatro días a la semana, dependiendo de qué tan ocupado está en Yokohama, por lo que a pesar de haber dado un gran paso en su relación, moviendo varias de sus cosas al apartamento de Jakurai en Shinjuku, ninguno de los dos consideraría esto como “vivir bajo el mismo techo”.
Claro, se mantienen en contacto durante los días que no se ven. A pesar de que ninguno de los dos es especialmente dado a la comunicación, siempre encuentran tiempo para mandar un “buenos días”, avisar de alguna actividad fuera de lo común en su horario o, en el caso de Jakurai, recordar a Samatoki tener una buena alimentación, o tener cuidado durante las peleas.
En lo que respecta a ellos, sus vidas están entrelazadas al punto de poder considerar que la están viviendo con el otro. Son adultos que han pasado por bastante, entienden de responsabilidades y compromisos. No pueden pedir que el otro abandone la vida que ha formado para dedicarse a aquella relación que se supone debe beneficiarlos, hacerlos sentir mejor.
Jakurai ha cambiado ya su ropa de trabajo por algo más cómodo y se encuentra sentado en el sofá, terminando unos documentos que necesita entregar antes del fin de semana cuando escucha el sonido de unas llaves en su entrada. Aparta la vista de la computadora y observa la puerta principal abrirse, revelando a un Samatoki con aspecto desanimado.
Jakurai retira los lentes de lectura de su rostro y los deja, igual que su computadora portátil sobre la mesita del centro para acercarse a recibir a Samatoki. Echa un vistazo rápido, aliviado de no ver herida alguna en su pareja. Extiende la mano hacia el albino el cual la acepta, dando un permiso no verbal para que Jakurai lo atraiga, abrazándolo.
“No esperaba tu visita, Samatoki-kun, ¿puedo preguntar a qué se debe?”
El yakuza se mantiene en silencio, recibiendo el abrazo que comienza a calentar su cuerpo helado luego de haber viajado desde Yokohama hasta Shinjuku durante una noche de otoño sin abrigo alguno. Unos minutos en un cómodo silencio son suficientes para que su ceño fruncido se relaje.
“No quería dormir solo esta noche” Fue toda la respuesta que obtuvo Jakurai. No necesitaba más.
Jakurai sabía de las pesadillas que atormentaban a Samatoki de vez en cuando. Si se guiaba por los murmullos que se le escapaban mientras dormía, suponía que tenían que ver con eventos pasados. Su familia, antiguos compañeros, situaciones que aún vivían pesando en su corazón. Era desesperanzador pensar que alguien tan importante para él se encontraba sin ser capaz de superar aquellos malos tragos y que Jakurai no pudiese salvarlo de estos, pero sabía que se le hablaría de ellos una vez que Samatoki estuviese listo.
“Eres más que bienvenido en mi cama si así lo deseas” Acarició su cabello fuera de su frente y depositó un pequeño beso en esta. Samatoki lo recibió con un mudo agradecimiento. Se separó y comenzó a desatar los cordones de sus botines, para dejarlos en la entrada junto a los zapatos de su pareja.
Jakurai volvió al sofá y, luego de colocarse los lentes, retomó su trabajo mientras Samatoki ingresaba a la habitación para cambiar su ropa por alguna de las pijamas que había guardado ahí.
Minutos después, ya cambiado, salió y aún sin hablar se dirigió a la cocina, preparando una taza de café tanto para él como para el doctor, quien tecleaba a un ritmo constante. El mayor agradeció la bebida con un asentimiento cuando Samatoki la dejó frente a él en la mesita, luego dio la vuelta al sofá para sentarse a su lado, con las rodillas cerca a su pecho, en una posición que lo hacía ver bastante pequeño.
Ninguno de los dos habló por un momento, Jakurai ocupado en su trabajo y Samatoki vaciando su taza de café. La compañía mejoró el estado de ánimo de los dos de manera considerable.
“Es hoy. El aniversario de su muerte. De mi madre”
Las palabras surgieron tan pronto como Jakurai cerró su portátil, habiendo terminado su trabajo. No le costó trabajo entender que Samatoki había esperado a que terminara para no interrumpir sus pendientes.
Lo miró con comprensión, dándole la libertad para continuar.
“Aún puedo recordarlo con exactitud. Fui yo quien la encontró. A ella… y a mi viejo.”
Jakurai conocía lo básico del suceso. Un padre abusador y una madre que, desesperada por salvar a sus amados hijos decidió sacrificarse. Mató a aquel abusador y se suicidó después. Detalles más, detalles menos.
Colocó su mano en el hombro más cercano de Samatoki y su voz salió con suavidad, tratando de demostrar su entendimiento de la situación.
“Debió ser difícil. Una escena así no puede olvidarse sin más. ¿Qué puedo hacer para ayudarte, Samatoki-kun?”
Él negó, antes de enterrar el rostro entre sus brazos. “No quiero estar solo. Ya no…”
“Por supuesto, sabes que estoy aquí. Si quieres hablar, o si solo quieres compañía, estoy para ti cuando me necesites,mi querido.”
Notó que un ligero temblor recorrió el cuerpo de Samatoki. Jakurai se deslizó del sofá, arrodillándose frente a él y tomó el rostro de su pareja entre sus manos. Samatoki no estaba llorando. Simplemente se veía… agotado. Jakurai besó su rostro un par de veces antes de que Samatoki cambiara su expresión a una más serena.
El yakuza se estiró, recordándole a Jakurai a un minino de pelaje blanco y facciones hurañas. El doctor no era alguien que buscase el contacto físico por sí mismo, pero había descubierto que, a pesar de tratar de no demostrarlo, Samatoki lo disfrutaba. Es por eso que Jakurai siempre trataba de iniciarlo, feliz de complacer a su novio. Extendió sus brazos para abrazar a Samatoki. El menor respondió con rapidez, refugiándose en el cuello de Jakurai con un suspiro.
“No recuerdo la última vez que estuve con mi madre antes de eso. Y Nemu… ya creció y no me necesita. Pero estar aquí, me hace sentir que tengo un hogar. Gracias, Sensei.”
“Jakurai, solo Jakurai, por favor.”
“Tu sigues diciéndome ´-kun´.”
Jakurai sonrió. “Admito que algunos hábitos son difíciles de cambiar.”
Samatoki tarareó de acuerdo. “¿Trabajarás mañana?”
“Puedo llamar para pedir el día si deseas que te acompañe”
El yakuza levantó la cabeza de inmediato, frunciendo el ceño. “No vas a faltar al trabajo por una mierda como esta. Es solo… ugh, estoy exagerando un poco, ¿entiendes? No es necesario que hagas tanto… oye, estoy siendo serio. ¡No comiences a reírte!”
Jakurai cubrió su boca con una mano y respiró para tranquilizarse. “Mis disculpas, no era mi intención. Siempre fingiendo que estás bien. Samatoki-ku-, no, Samatoki, querido. Eres mi novio, cualquier cosa que te aflija, por pequeña que sea, merece mi atención. Por favor, permíteme realizar la llamada para que mañana ambos tomemos un descanso.”
Un sonrojado Samatoki asintió, sin atreverse a mirarlo. ¿Estaba avergonzado por el apodo? Tendría que perdonar a Jakurai, pero usaría nombres así más seguido solo para ver su rostro con ese hermoso color.
“Tengo sueño.”
Jakurai no pudo reprimir una sonrisa. Este lado infantil de Samatoki le gustaba tanto como los otros. “Muy bien, por favor ve a la cama. Te alcanzaré en cuanto termine la llamada.”
Dicho y hecho, cuando Jakurai regresó a la habitación luego de conseguir su día libre, Samatoki aún no se había acostado, pero estaba en proceso de.
Sentado a la orilla, observando la ventana que dejaba entrar una tenue luz gracias a sus cortinas ligeras. Debió escuchar a Jakurai entrar, sin embargo, no hizo el intento de voltear.
“Yo… he pensado en nosotros. Sensei siempre está al pendiente de mi, cuidando mi cuerpo, pero también mis sentimientos. Debe ser agotador tener una pareja como yo.” Antes de que Jakurai pudiera interrumpirlo, Samatoki volteó a mirarlo, con un gesto avergonzado en su rostro. “Si puedo ser egoísta, quiero seguir así. Ha pasado mucho tiempo desde que me sentí cómodo con alguien tan cerca de mi, y no quiero perderlo.”
Jakurai, quién ya había recorrido la distancia hasta su cama, se sentó a su lado, tomando la mejilla de Samatoki con una de sus manos, mientras la otra cubría las manos de Samatoki que habían estado sobre su regazo. “Yo también seré egoísta entonces, pues disfruto de cuidar de ti incluso desde antes de formalizar nuestra relación. Déjame seguir haciéndolo.”
Samatoki ya no respondió. Se inclinó, buscando besar a Jakurai en los labios. El mayor correspondió complacido, disfrutando de un beso lento y sin otra intención más allá de expresar el amor que Samatoki encontraba difícil demostrar con palabras. Pero estaba bien, porque Jakurai lo amaba de esa manera.
Ambos se recostaron, y luego de cubrir a Samatoki y a sí mismo con las sábanas, Jakurai cerró los ojos, disfrutando de la sensación de la espalda de su pareja cerca de su pecho. No pasó mucho tiempo antes de que ambos terminasen dormidos. Y esa noche Samatoki no tuvo pesadillas que interrumpieran su sueño, el cual duró hasta la mañana siguiente.
