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Estelle estaba algo preocupada por su novio; no contestaba sus mensajes y estaba llegando tarde a su cita, cosa que era inusual en él, ya que siempre se encargaba de incluso llegar antes de lo planeado a sus citas. Sin mencionar que jamás ignoraba sus mensajes como lo estaba haciendo ahora mismo.
Algo le daba mala espina con todo esto, y esperaba estarse equivocando.
Miro a su alrededor nuevamente, apretando con ambas manos su bolsa de mano. La gente pasaba y pasaba, pero no habia rastro del britanico y eso le ponía cada vez mas nerviosa.
Habia estado esperando mas de medía hora fuera de la cafeteria a la que se le fue citada.
Decidió tomar nuevamente su celular, esta vez para llamarlo, al menos oara verificar que el otro estaba bien y ninguna tragedia había retrasado su llegada.
Marcó con algo de dificultad el numero, puesto que sus manos temblaban y sus dedos estaban algo sudados por el largo tiempo que sostuvieron la bolsa.
Finalmente logrado su cometido se llevo el aparato a la oreja y enfoco toda su atención en los pitidos que indicaban que aun no había sido atendida la llamada.
Uno, dos, tres... Estaba tardando mucho.
Tal vez tendría que llamar a su padre... O al hospital. Dios no lo permita, pero tal vez habia ocurrido algo con Ollie.
No, no... Qué se suponía que haría ahora... Qué-
"¿Hola?" Finalmente los pitidos cesaron y del otro lado se escucho la voz de Bearman. El alivio que recorrió su cuerpo fue como si volviera a nacer.
"Oh, Ollie... Qué alivio" Una pequeña risa salio de sus labios al notar como su cuerpo comenzaba a relajarse. Al no oír respuesta del otro lado, continuo: ". Creí que te habia ocurrido algo. Ahm, estoy esperando fuera de la cafeteria en la que me dijiste para vernos"
Nuevamente silencio. Quitó el celular de su oreja para verificar que la llamada no se había cortado sin querer, pero seguía allí.
"¿Ollie?" Insistió.
"Ah, si, la cafetería.." Un suspiro algo tembloroso salió de los labios del chico. Parecía estar haciendo alguna clase de esfuerzo ". No- no voy a ir. Vuelve a tu hotel- o quédate ahí, no sé. Has lo que quieras"
La voz le salía agitada, como si estuviera corriendo mientras hablaba. Pero Estelle sabía que no era eso lo que estaba haciendo.
Siempre tuvo la leve sospecha de que esto estaba ocurriendo. Ella sabia que Oliver Bearman no era el dulce chico de la academia Ferrari que todos los demas creían.
Era un sucio y vil infiel. Era como si eso fuera un requisito para manejar en Ferrari.
"¿Dónde estas?" Intentando sonar como si aún no hubiese entendido ya la situación. Quería estar segura antes de hacer lo que sea que vaya a hacer. Estar frente a la cafetería claramente ya no era parte de sus planes, así que decidió dirigirse al hotel en el que se hospedaba su "novio" allí en Austria.
"En el gimnasio. Ah, ¿Te parece si te llamo luego? Estoy-"
"Oh, ¿en el gimnasio? Estoy pasando justo frente al que te acompañe ayer" Realmente lo estaba haciendo, ya que estaba camino al hotel en el que se hospedaba. ", y no estás aquí"
"No, no, ese no" Sus palabras comenzaban a carecer de modulación y comenzaban a parecer una sarta de gruñidos sin sentido ". Estoy en el gimnasio de- de aquí... Del hotel"
Una risa sarcástica salio de los labios de la rubia, pero un muy suave y repentino gemido del otro lado de la línea le hizo quedarse helada en su lugar, dejando de avanzar y ganándose vários insultos por ello.
No fue precisamente el confirmar que le estaban engañando lo que la desconcertó, eso lo sospechaba hacia ya un tiempo y le alegraba saber que siempre tuvo la razón. Fue el descubrir a quién le pertenecía aquel sonido lo que la dejó sin habla.
Mierda, se sentía tan humillada ahora mismo.
"¿Ese es Franco?" Logró decir.
"Si, hah" Ya consciente de que los descubrieron, se lo escuchaba mas calmo, casi sarcastico ". Estamos entrenando juntos- ah... Ya sabés... Tenemos muchas cosas en común"
"Son unos malditos asquerosos. Basura es lo que son" Las lagrimas comenzaron a correr por las mejillas de la rubia. No podía creer la impotencia que corría por su cuerpo.
La gente se le quedaba mirando, algunos parecían intenciones de acercarse, pues ver una chica linda llorando era algo que pocos estaban dispuestos a ver. Pero la arruga en su entrecejo era aterrador.
Se sentía tanta humillación que se sentía una idiota. Era una idiota.
Oliver sabía que había estado con Franco antes que él, también sabía que había engañado al argentino con él. Pero tenía la leve sospecha de que habia descubierto que estaba hablándose nuevamente con él, y por eso sus nervios al encontrarse en la cafeteria, temía que le dijera lo que ya sabía. Pero aparentemente eligió metodos menos ortodoxos para castigarla.
"¿Quieres hablarle? Nos estamos divirtiendo mucho" Rió entre jadeos ", ojalá pudieras vernos, amor... Ah, te haria tan feliz ver a tus chicos llevándose tan bien"
Se escuchó hablar al otro chico, pero Estelle no logro descifrar lo que decía. Por suerte ahi estaba Oliver para traducirlo.
"Dice Colapinto que te vayas a la mierda, hah" Parecía cada vez mas agitado ". Debemos seguir entrenando" Se oyeron risas ". Es todo. Hazle caso a Franco y vete a la mierda, Estella. Adiós"
