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Había Sido un día agotador y ya se estaba acabando, el sol se ocultaba y daba lugar al anochecer. Tomioka estaba agradecido de que ya se acabaría e iba directo a acomodar su futón para dormir, pero en su camino se encontró con Sanemi, el cual no estaba de muy buen humor.
Pensé que sería mejor no hablarle para que no se molestara, pero Sanemi lo miró expectante, como si esperara algo de él.
Sanemi no dejó de mirarlo hasta que estuvo detrás de él, y dejó salir lo que estaba pensando.
-¿Acaso ahora eres tan egocéntrico que ni siquiera sabes saludar?-
Tomioka se quedó helado al escuchar esas palabras, pero se dio la vuelta sin mostrar ninguna emoción y trato de calmar el asunto.
-No pensé que fuera necesario saludarte.- Exclamó y enfocaba su mirada hacia el otro lado. En cambio, Sanemi ardía de rabia.
- Que considerado de tu parte,eh.- Sanemi miró directamente a los ojos del otro cazador de demonios, con cero intenciones de romper el contacto visual. Tomioka notó el sarcasmo intencional de parte del peliblanco y su corazón también se aceleró. No había humor para estar aguantando a ese tipo.
Tomioka empujó su cuerpo contra el de Sanemi, quedando con sus pechos presionados juntos -¿Tan necesitado de mi atención estás que por un simple saludo ya te pones tan sensato? No sabía que fueras así Shinazugawa.- Articuló Giyuu, acercándose de manera peligrosa a sus labios al contrario.
- Tú... ¿Quién crees que eres para hablar como si me conocieras?- Sanemi fijaba su vista en los labios carnosos del otro hombre, el cual no estaba teniendo ningún respeto por su espacio personal.
Sanemi estaba dispuesto a pelear, pero el escenario en el que se encontraban ambos no parecía el de una pelea. Aún así, la rabia que había entre ambos se sentía y formaba una tensión formidable.
Giyuu, por su lado, tampoco se dejaría pisotear, pero no sé quejaría por la cercanía que ambos mantendrían. Desde ese ángulo podía apreciar perfectamente las pestañas y cuello descubierto del otro hombre, cosa que era favorable a la vista.
Manteniendo la calma, el pelinegro posicionó su brazo alrededor de la cintura del otro hombre. Mirando a Sanemi directamente a los ojos, el sentimiento de enojo por la discusión se iba a convertir en una lujuria peligrosa.
-Sos un pajero.- Exclamó Sanemi, con un leve sonrojo sobre sus mejillas al tener el brazo del otro hombre sobre su cuerpo. Rodeo el cuello del pelinegro con sus brazos y deshizo la distancia que sobraba entre ellos.
Sanemi conecta sus labios con los de Giyuu en un beso gentil y tierno. Tomioka por su parte correspondió el beso y apretó más la cintura del otro hombre, comenzando a bajar una de sus manos para manosear el trasero del otro hombre.
-¿¡Qué demonios haces!?- Sanemi rompió repentinamente el beso y alejó a Tomioka de sí mismo.
-¿No se supone que es lo que prosigue después de un beso?- Giyuu ya estaba harto, pero no podía actuar demasiado con el hombre frente a él.
-Pero... ¿Entonces yo soy el de abajo?- El peliblanco miraba hacia otro lado avergonzado, pero no terminaría de hablar ahí. -No quiero ser el de abajo.-
- Y yo tampoco.- exclamó Giyuu.- ¿Te parece bien si lo decidimos apostando?-
Sanemi asintió sin escrúpulos, era bueno en las apuestas y no quería tener el culo roto para mañana.
-Bueno, el que eyaculé primero será penetrado.- El pelinegro dejó salir una sonrisa escalofriante.
La cara de Sanemi rápidamente decayó al escuchar esas palabras, pero no sé rendiría ante Tomioka. Debía salvar su preciada cerradura celestial.
Tomioka estaba postrado sobre el futón, habían conseguido una habitación y habían acomodado las cosas rápido. Se había quitado toda su ropa y esperaba con grandes expectativas a Sanemi.
Sanemi, por su parte, estaba horrorizada al ver la polla de Giyuu. ¿Cómo se suponía que haría ese tipo, que es imposible sacarle una sonrisa, eyacularía?
-¿Y? Si te tardas demasiado perderás. - Tomioka había sacrificado su horario de sueño por este hombre que parecía terriblemente aterrado por su polla. No era tan grande, así que no debería asustarle.
El peliblanco corrió rápidamente hacia Tomioka y se puso de rodillas, nunca antes había tratado con otro hombre así que no sabía otra forma de satisfacción que la propia masturbación con sus manos.
Puso sus manos sobre la polla de Giyuu y la acarició lentamente, sintiendo que no lograría mucho solo con eso.
-Debes usar tu lengua- Tomioka estuvo a punto de hablar antes de ser interrumpido por el fuerte grito del pilar entre sus piernas.
-¡Yo usaré lo que se me plazca!- Gritó Sanemi, llevándose toda la polla de Giyuu a la boca segundos después.
Giyuu soltó un gemido, pero eso no bastaría para satisfacerle, la inexperiencia de Sanemi aún así era tierna. Mantenía su boca inerte sobre la polla de Giyuu y al metérsela por completo sin tener cuidado había hecho que algunas lágrimas invadieran sus ojos, se había olvidado de su reflejo nauseabundo.
Aún así, no se rindió, trato de subir y bajar sobre la polla en su boca haciendo apoyo con sus manos. Giyuu admiraba la hermosa vista del otro hombre destrozado por su inexperiencia, aunque por fin le generaba algo de placer, bajo una de sus manos y acarició su cabeza suavemente.
Sanemi tenía las mejillas rosas por la vergüenza, estaba teniendo una erección pero Giyuu no mostraba ni un solo cambio en su expresión sería.
Saco la polla de su boca y comenzó a acariciarla con sus manos desnudas, levantándose un poco de su posición arrodillada y acercándose al rostro de Giyuu.
-¿Puedo?- Sanemi trató de hablar entre las lágrimas, trataba de ocultar su erección al otro hombre y a cambio ofrecía sus labios hinchados al pelinegro.
Tomioka no dudó en la propuesta de Sanemi y atacó sus labios con fiereza, mordiendo y lamiendo todo el territorio de su boca.
Shinazugawa sintió que estaba al borde de correrse, pero no perdería contra Giyuu. En unos cuantos movimientos, se sentó sobre el regazo del pelinegro presionando su trasero contra la polla del otro hombre, Tomioka finalmente gemía.
Sanemi comenzó a cabalgar hacia otro hombre, dándole su nombre a todo volumen. Su trasero encajaba perfectamente con la polla de Giyuu y el hombre jadeaba en su cuello, en algún momento sus manos pasaron de estar en el cabello del peliblanco a estar en sus nalgas, apretándolas y masajeándolas con firmeza.
Y entonces Sanemi sintió que algo explotaba dentro de sí, la sensación que invadía su cuerpo lo hacía convulsionar levemente, el placer era demasiado.
Le di el nombre de Giyuu y se aferro con fuerza a su espalda,como si eso fuera a salvarlo de algo.
Su cuerpo cayó rendido sobre el del otro hombre y quedó exhausto por tanta acción, sintiendo como los brazos de Giyuu rodeaban su cuerpo.
Se acabó, finalmente.
Eso decía Sanemi.
Tomioka posó al otro hombre boca arriba sobre el futón y comenzó a lamer su cuello, abriendo sus piernas y acariciando con ternura sus caderas.
-¿Qué haces? Perdiste.- Sanemi habló tras balbuceos, estaba cansado por completo, pero aun le quedaba algo de energía. Tomioka, en cambio, pasó su dedo por su abdomen con semen para mostrárselo a Shinazugawa.
- Esto no es mío.- Y con esas palabras, Giyuu metió sus dedos en la boca de Sanemi. -Lamerlos, el sino te dolerá.-
Shinazugawa los lamió y cuando esos dedos abandonaron su boca inmediatamente comenzó a replicar. -Hiciste trampa, yo nunca me excitaría así de rápido y menos por ti.-
Tomioka junto a las piernas de Sanemi y las levantó, dejando su trasero desprotegido. Y de repente, una fuerte palmada impactó en sus nalgas.
Sanemi dejó escapar un grito ahogado.
-Quedate callado, lo único que te voy a aceptar es que gimas mi nombre.- Giyuu ya no estaba bromeando y la seriedad invadía su rostro, cada vez se hacía más tarde y él solo quería probar una cosa.
"Por-"
Otra palmada resonó, otra tras otra. El trasero de Sanemi se había puesto rojo por los golpes, demasiado sensato.
-Te dije que te callarías.-Tomioka penetró su entrada con un solo dedo, buscando su próstata, mientras tanto masturbaba la maltratada polla de Sanemi.
Sanemi estaba incómodo, no era común para él que le metieran cosas por el culo, aunque sea que lo hicieran un proceso placentero para él.
Su cabeza le decía que pateará a Giyuu y se fuera, pero algo interrumpió sus pensamientos cuando una fuerte descarga de placer le recorrió el cuerpo.
Giyuu había insertado tres dedos de una, encontrando su próstata. Al ver la reacción de Sanemi, siguió atacando ese punto hasta dejarlo temblando.
-No es tan malo mi nombre, gimelo si quieres.- susurraba en el oído de Sanemi mientras acariciaba su polla aún erecta. Según su criterio, Shinazugawa ya estaba listo para la penetración. Aún así Sanemi mantenía la boca cerrada, mirando enojado al otro pilar.
Tomioka abrió las piernas de Sanemi y se posó entre medio de ellas, apoyo su polla sobre la entrada ya estirada del peliblanco y fue empujando de a poco.
Abrazó el cuerpo de su amante del momento y apoyo su cabeza sobre la curvatura de su hombro, susurrándole al oído. "Calmate, dolerá al principio pero luego lo disfrutarás."
"Giyuu, te odio." A Sanemi le costaba hablar, el pene de Tomioka lo llenaba perfectamente, dolía pero el placer era inmenso. Estaba demasiado agitado como para hablar con cordura, el pene de Giyuu entró por completo y él solo podía soltar gemidos lastimeros.
Tomioka al estar completamente adentro, comenzó a llenar el rostro de Sanemi de besos, en su boca, sus cejas, su frente y de a poco bajo a su cuello.
Shinazugawa gemía suavemente, el trato de Tomioka antes de que lo penetrará dejo sus nalgas sensibles a cualquier toque. Dolía de una forma exquisita al sentir como Tomioka se presionaba contra ellas.
Unos minutos más tarde, Giyuu finalmente empezó a moverse, embistiendo a un ritmo lento para no sobresaltar a su amante.
Sanemi gemía suavemente, pero el hambre por más dentro de él comenzaba a surgir.
Tomioka mordía y lamía su cuello mientras lo penetraba, y su dura polla se encontraba presionada contra el duro abdomen del pelinegro.
"Giyuuu, ve más rápido." Sanemi dejo a su lujuria hablar, sintiendo como el hombre dentro de él soltaba una risa ante sus palabras.
Tomioka hizo caso a las palabras de Sanemi y comenzó a embestir con fuerza, haciendo que el cuerpo de Sanemi rebote contra sus caderas. Las piernas de Shinazugawa apretaban con fuerza su cuerpo, sus gemidos eran ruidosos y descontrolados. Giyuu estaba feliz de haberlo satisfecho, el cuerpo de Sanemi era exquisito por fuera y por dentro. "Quizás deberíamos pelear de esta forma más a menudo" pensaba Tomioka.
El rebote del cuerpo de Sanemi contra los empujones de Giyuu causaba que su polla se presionará contra el abdomen del pelinegro, cada vez más cerca de correrse ante tanto estímulo.
Las embestidas de Tomioka eran constantes y profundas, no dejaba un segundo para descansar a Sanemi. Sanemi gemía libremente por el placer proporcionado, de todos modos, nadie les diría nada.
Tomioka embistió justo en ese punto que hacía ver estrellas a Shinazugawa repetidas veces hasta que finalmente, Sanemi se corrió sobre el cuerpo de Tomioka, convulsionando de placer y gritando el nombre de Giyuu.
Giyuu gimió por las réplicas del orgasmo del peliblanco y se detuvo para observar el rostro destrozado de Shinazugawa.
Sanemi dejaba caer lágrimas y su rostro estaba ruborizado por completo, su boca estaba abierta jadeante y su cuerpo temblaba levemente, hermoso.
Tomioka siguió embistiendo hasta alcanzar su orgasmo, eyaculando dentro del peliblanco.
Sanemi lloraba por la sobreestimulación y se aferraba con fuerza al cuerpo de Tomioka, Giyuu al pasar su orgasmo, se derrumbó sobre Shinazugawa y se durmió.
Al final, el sueño era más fuerte.
Cuando Shinazugawa se recuperó por completo soltó una fuerte maldición al hashira postrado sobre él. -¡¡Maldito seas, Tomioka Giyuu!!- Con la intención de que el hombre lo escuchará, pero estaba tan inconsciente que Sanemi simplemente lo siguió, y se durmió en la misma posición en la que habían terminado.
Cuando Sanemi despertó, su cuerpo dolía, pero ya no sentía la viscosidad goteando en sus muslos y el futón en el que se encontraba estaba en mejores condiciones que el de anoche.
Miro a Tomioka que se encontraba en otro futón, durmiendo plácidamente, se veía demasiado solitario pero no iría a acostarse con él, no podía mover su cuerpo en lo absoluto.
Se dio la vuelta para dormirse, y la persona detrás de él se movió para acostarse a su lado. Tomioka abrazó su cintura y lo acercó a él, sin decir ni una sola palabra.
Sanemi no tenía fuerzas para hablar, y simplemente se dio por vencido.
Se sentía bien aún así.
