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¿Quieres apostar?

Summary:

Alastor y Lucifer tienen un acuerdo silencioso, una vez al mes, ambos se encuentran en una habitación cualquiera del hotel para liberar la tensión. Alastor quiere matar a Lucifer y Lucifer quiere follarse a Alastor. Si bien asesinar al rey no es algo en sus posibilidades, el acuerdo al que llegan en esta ocasión es tentador, con tal de ver el verdadero poder del rey acepta jugar su juego.

Día 1 | Miliking

Notes:

Me entretiene escribir obsenidades y mi religión es el Alastor Bottom, así que no podía perderme este reto jajaja, espero que les guste y si quieres ver mis dibujos puercotes de la semana de Alastor Bottom, puedes encontrarme en twitter como @DarthewNSFW.

En fin, en twitter hice un Voxal para el primer día, te lo dejo aquí:

https://x.com/DarthewNSFW/status/1817789114877399411

Buen provecho!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La habitación para ese punto lucía desastrosa, sábanas rotas y desperdigadas por el suelo, varios relojes, libros y almohadas se habían perdido por la habitación y el suelo estaba lleno de plumas que no se sabía si eran de las almohadas o del ángel caído que ahora tenía las seis alas extendidas para hacer frente al pecador irreverente que tenía delante intentando amenazarlo con varios tentáculos negros que salían de su espalda.

—¿Eres consciente que en una pelea física nunca vas a ganarme, no? —Declaró Lucifer viendo sus uñas como si fuera lo más interesante, estando vestido solamente de la cintura para abajo, su camisa había quedado rasgada y olvidada en alguna parte de la habitación, para su suerte, su sombrero, su saco y su chaleco habían quedado asegurados en uno de los sofás de la habitación cualquiera del hotel en la que estaban.

Alastor se arregló la camisa aún completa, pero bastante arrugada, enderezándose en su lugar, se aclaró la garganta y miró al rubio a su frente.

—Claro que lo sé, un simple pecador como yo no podría derrocar al rey del infierno. Serías patético si algo así pasara. —Se desabrochó los botones de su camisa lentamente y con cuidado antes de que tuviera el mismo trato que la del rey. —Pero me gusta ver que terminaste bastante... desordenado tras nuestro pequeño enfrentamiento.

Le dedicó una sonrisa burlesca mientras observaba las varias raspaduras en la blanca piel que dejaban escapar un par de gotas doradas. Oh, como adoraba el aroma de la sangre, en especial la de Lucifer.

—Que quede claro para esas orejas tan grandes tuyas, que si me has llegado a herir es porque lo permito. Sería aburrido que nuestras peleas terminaran tan rápido—Devolviéndole la sonrisa socarrona, le sacó la lengua a su acompañante quien lo miró con ojos entrecerrados y un ceño claro de molestia.— ¿Quieres demostrarme que me equivoco?

—¿A qué te refieres? —Preguntó Alastor, intrigado por la repentina oferta.

Lucifer se acercó al venado para mirarlo con suficiencia con ambas manos tras la espalda, le mostró una sonrisa de diente a diente y finalmente le explicó su idea: —Tenía planeado un pequeño juego hoy. Si aguantas toda la noche con lo que tengo planeado, la próxima vez pelearé en serio contigo, sé que prefieres una batalla de vida o muerte mil veces antes que el sexo, entonces, pelearé con todo lo que tengo.

El ciervo dejó su camisa a un lado mientras la doblaba lentamente, ciertamente en todos sus encuentros anteriores —Que no eran muchos realmente, se encontraban al menos una vez al mes para liberar esa tensión entre ambos, uno con una pelea y el otro con algo de sexo— Lucifer no había luchado nunca con toda su fuerza, el idiota solía transformarse en animales y burlarse de Alastor, a veces intercambiaban un par de golpes que hacían sangrar al venado, pero realmente no luchaba con todo y eso lo hacía frustrante. Así que ante la promesa de una verdadera batalla, sin importar la desventaja que hubiera, consideró seriamente el trato, con suerte podría encontrar alguna verdadera debilidad en él.

—¿Y puedo saber de qué se trata? —Interrogó volteando a mirarlo luego de haber dejado la camisa.

—Eso no sería tan divertido ¿No lo crees? —Lucifer lo miró sentándose en la cama, las heridas que había recibido antes para este momento ya habían sanado, sin dejar rastro de lo que alguna vez sucedió.

Alastor miró al diablo con duda, soportar algo de sexo no le importaba, cada vez comenzaba a sentir muchas cosas por ese idiota rubio que le provocaban más ganas de querer asesinarlo. Si ganaba, al menos con una verdadera batalla podría averiguar si existía algo que usar en contra de su rival alado.

 

-+-+-+-

 

El desorden en la habitación permaneció en todo momento, sin embargo, ahora eso era lo que menos llamaba la atención del ángel caído que tenía la mirada de un niño que hace una travesura, Alastor lo mataría cuando pelearan la próxima vez, claro que lo haría aunque le costara su propia vida por ponerlo en una situación como esta.

—¡¿Qué clase... qué clase de fetiche es este?! —Se quejó Alastor observando a Lucifer de pie frente a la cama, justo frente a Alastor que no podía soltar sus manos, atadas con una cuerda angelical, a la cabecera.

—Estamos en el infierno, Alastor, esto no es nada. —Lucifer, con un simple chasquido de dedos, encendió el aparato vibrante y transparente que cubría la polla del venado para que comenzara a bombear y succionar el glande.

Apenas el objeto fue encendido, Alastor se removió en la cama ante las sensaciones, no estaba familiarizado con ese tipo de instrumentos así que cuando las vibraciones en la punta comenzaron se atragantó con su propia saliva intentando quitar el objeto que parecía inamovible. Vio que el succionador usaba un cable para guiar sus ganancias a algún lugar perdido debajo de la cama, no había tenido tiempo para preguntar entre sus quejas respecto al objeto que Lucifer le colocó luego de atarlo a la cabecera. El rey había tenido que soportar las burlas y quejas respecto a los extraños gustos del rey en el dormitorio, que atarlo era lo que debió hacer con su esposa, tal vez así no habría desaparecido o que tal vez intentaba liberar sus frustraciones de no poder controlar ni siquiera a su hija y sus locas ideas controlando a Alastor. Alastor era bueno sacando de sus casillas a Lucifer.

Pero ahora, cuando vio al rubio rodear la cama siguiendo ese tubo hasta llegar por algo debajo del colchón, sacó un frasco de cristal transparente al que estaba conectado. En una etiqueta blanca con letras rojas estaba escrito «Leche de venado», su rostro se tiñó de rojo al leerlo y miró con molestia al rey que parecía a punto de carcajearse.

—¡Oye, no me mires así! —Dejó el frasco en la mesa de noche a un lado— Quería un recuerdo de mi molesto cervatillo. Además, esa es tu meta.

Lucifer se sentó a un lado de Alastor en la cama, comenzando a acariciar cada una de las cicatrices en su cuerpo con tranquilidad y paciencia, causando escalofríos en el venado nada acostumbrado a toques tan suaves. Cuando notó la mirada de confusión en el cervatillo, sonrió y comenzó a acariciar uno de los pezones del pecador mientras explicaba el juego:

—Si logras llenar ese frasco, ganas. Es todo ¿No es muy difícil, no? —Pellizcó el pezón obteniendo un jadeo del otro. Doblegar pecadores nunca le había sido difícil, llegaba incluso a ser aburrido, pero tener a Alastor doblegado de esta forma no solo era placentero, era una dulce venganza por cada insulto, burla o queja que Alastor siempre tenía reservadas solamente hacia él.

El pelirrojo intentó soltarse en vano, el bombeo lento y las vibraciones que no se detenían en ningún momento comenzaban a hacerle jadear, su miembro antes dormido ahora estaba activo esperando por la liberación y la sensación de succión le hacía sentir que podría correrse aún más rápido aún si ni siquiera estaba cerca del borde. Con una rápida mirada al frasco y luego a su polla siendo ordeñada, dirigió los ojos a Lucifer.

—Exageras... E-Es demasiado. —Dijo intentando alejarse del toque de la mano del rey que ahora había pasado a su otro pezón.

—Nada es demasiado cuando tienes al rey del infierno de tu parte. —Y con esta declaración detuvo todo el contacto que había mantenido con el pecador.

Transformándose en una serpiente, se deslizó por el cuerpo ajeno, pasando entre sus muslos para volver a su forma normal justo entre las piernas del pecador. Lamiéndose los labios, se inclinó sobre el demonio para comenzar a lamer y morder su cuello, acariciando con sus garras los pezones del pecador, dando pellizcos y retorciéndolos en su lugar. Pudo sentir a Alastor pasar saliva y, sin poder resistirse, mordió con fuerza el cuello para poder saborear esa sangre impura que cada vez le parecía más jugosa. El gemido de su compañero casi le hace reír, Alastor tenía cierta inclinación por el dolor —lo que no sorprendió a Lucifer en absoluto— y amaba ponerlo a prueba siempre que tenía la oportunidad. Lamió una gran parte de la sangre y con un beso agresivo y hambriento, dejó que el venado probara su propia sangre.

Las manos escurridizas del ángel caído se desviaron con disimulo hasta las caderas del venado acariciando círculos en la suave piel, al sentir a su amante retorcerse en la cama, clavó sus garras en la cintura para sujetarlo contra las sábanas, impidiéndole moverse. El gemido ahogado en el beso fue una delicia para Lucifer que, como venganza, terminó con una mordida que casi le perfora la lengua. El rey se separó del beso, lamiendo su propia sangre y, con una mirada traviesa, fue dejando besos y mordidas por todo el torso canela, sus pezones, sus costillas, su cintura y sus caderas, marcando cada lugar por donde pasaba, si alguien más quería disfrutar de ese cuerpo, al menos dejaría claro que él ya había pasado por ahí antes.

Al llegar a la erección atrapada, notó que la punta estaba bastante roja y húmeda, sabía perfectamente desde ese momento que Alastor no iba a soportar la noche, aún tenía muchas sorpresas guardadas y el pobre venado ya estaba bastante cerca por la pura máquina en su estado inicial.

Se separó unos momentos para comenzar a dejar su camino de besos y mordidas ahora desde los tobillos, pasando por las pantorrillas y tomándose su tiempo en los muslos del venado, dejando varias mordidas y chupetones que tardarían días en sanar, uno tras otro, poco le faltó para querer escribir y nombre en la piel ajena. Cuando la dermis del pecador terminó rojiza por las manchas de sangre y succiones de piel, se deslizó para lamer los testículos del venado, acariciando con suavidad, como si quisiera palpar el líquido que pronto estaría en el frasco de la mesa de noche. Con una larga lamida, deslizó su lengua de los testículos al trasero del venado que dio un salto de sorpresa en la cama al sentir la lengua rozando su agujero. 

—Lucifer... Eres... un asco. —Declaró sin verdadera molestia, la estimulación en su miembro se volvía imposible de ignorar y, por mucho que quisiera negarlo, las vibraciones de dicho aparato se sentían bien.

El rey ignoró el comentario y, como si fuera un desafío, enterró su larga lengua en el agujero ajeno explorando cada rincón, estirándolo con suavidad y llenándolo de saliva. Las caderas de Alastor intentaron alejarse, pero lo sostuvo con fuerza de las piernas sin darle oportunidad de escape, casi como si fuera un animal hambriento queriendo devorar a su presa. Los jadeos irregulares, sumados a la inquietud del pecador y la tensión en su cuerpo fueron la señal suficiente para Lucifer de que Alastor estaba por terminar, para ayudar a su querido venado, comenzó a hacer movimientos más fuertes y bruscos con su lengua en el interior, alcanzando a golpear la próstata del venado quien, con un balido de sorpresa, terminó corriéndose por primera vez en la noche.

El problema fue que las vibraciones no se detuvieron en ningún momento, al contrario, Alastor hubiera jurado que incluso aumentaron junto con la velocidad del bombeo, intentó removerse en la cama para detener a Lucifer que seguía lamiendo su interior y para deshacerse del objeto en vano, la estimulación comenzaba a volverse demasiado, sin un descanso no iba a llegar muy lejos. Cuando Lucifer se separó de su trasero con un sonido vulgar de la saliva, miró a Alastor con su habitual sonrisa burlona mientras se limpiaba la boca.

—N-necesito un descanso... Quítame esto... 

Alastor se quejó mientras forcejeaba contra las cuerdas que ataban sus manos, su miembro comenzaba a doler por la sobre estimulación, pero no parecía ceder en su dureza.

—¡No, uh! Eso sería hacer trampa, tu puedes, Al. Apenas vamos empezando.

El pecador se retorció cuando sintió dos de los dedos del rey introducirse en él sin previo aviso y comenzar a penetrar con entusiasmo. En un intento de calcular cuanto duraría ese estúpido juego, volteó a mirar el frasco, no era muy grande, gracias a Satán, pero no iba a ser sencillo, apenas había llenado el fondo. Sería una noche larga si quería ganar.

Un golpe a ese punto tan placentero lo sacó de sus pensamientos, los dedos del rey comenzaban a hacer sus maravillas y cada estocada en ese punto le hacía gemir sin filtro. Cuando un tercer dígito se unió no pudo evitar retorcerse en la cama, Lucifer tenía una destreza manual extraordinaria, tal vez tantos años de fabricar patos él mismo habían servido de algo, ahora podría presumir de que era capaz de hacer cantar a los ciervos.

El rubio comenzó a acelerar el ritmo aún más, estimulando la próstata del cervatillo una y otra vez sin descanso, cada vez con más fuerza y brusquedad, Alastor intentó patearlo para que se detuviera, sin embargo, dos cuerdas más aparecieron como serpientes para enredarse en sus piernas y mantenerlas abiertas, atándose a los postes de la cama por los extremos libres. 

—Idiota... Espera un poco... —Intentó razonar con el rey que no parecía escuchar una sola palabra de lo que decía.

Alastor no se sentía capaz de correrse otra vez, admitía que se sentía bien, su polla dolía y se sentía aún mejor, pero en verdad no pensaba que fuera a salir nada más, así que cuando terminó corriéndose por segunda vez se mordió la lengua intentando controlar su voz, una lágrima escapó por la comisura de su ojo mientras se daba cuenta que el líquido blanco era succionado por la máquina para terminar llegando al frasco.

Estaba agotado, usualmente no pasaba de dos orgasmos y solían tener un tiempo de descanso entre medias, pero la máquina no se detenía, seguía vibrando y los dedos de Lucifer seguían empujando en su interior. Con un gemido débil miró al rey que no era capaz de quitarle la vista de encima.

—¡Lucifer! ¡Detenlo! ¡No va a funcionar! —Se quejó al borde del cansancio, su glande debía estar hinchado y a punto de estallar de tanta estimulación, pero al menos para su suerte, Lucifer dejó de golpear ese punto tan adictivo en su interior.

—¡Claro que va a funcionar! ¿O acaso el pobre demonio de la radio no puede contra un poco de placer?

Lucifer se rio para si mismo mientras se acomodaba a sí mismo para penetrar al pelirrojo, rozó la entrada un par de veces, tanteando el terreno con aires juguetones. Cuando metió la punta escuchó el jadeo del venado que había dejado de jalar las cuerdas e intentaba descansar a pesar de la constante estimulación en su polla que ahora se bombeaba más rápido que antes. El soberano volvió a sacar su miembro y a introducir solo la punta un par de veces para molestar al demonio. El solo saber que estaba follándose al demonio de la radio era excitante, era la forma menos agresiva que tenía para poner al imbécil en su lugar y mantenerlo callado.

Dejando los juegos de lado, penetró al otro con lentitud, una velocidad que parecía casi amable. Sin embargo, cuando estuvo enfundado por completo, no le dio descanso ni tiempo para adaptarse, comenzó con embestidas fuertes y profundas en el chico delgado, obteniendo gritos débiles con cada golpe que daba, al final, no hacían eso por amor, lo hacían para liberar frustraciones.

El ritmo que marcó fue áspero y agresivo, la voz débil de Alastor era como música para sus oídos, se volvió el motor para mantener un ritmo acelerado que hiciera llorar de placer al venado. Dio una mirada rápida al frasco y vio que apenas llevaban un tercio del cristal. Con una sonrisa maliciosa, siguió el ritmo un par de minutos más persiguiendo su propio placer, el interior de Alastor, cálido y apretado era como volver al edén, era todo un paraíso y una fantasía. Destrozar al demonio de la radio era una fantasía recurrente y usar sólo su polla era quedarse corto en imaginación.

Continuó con su ritmo agresivo, pero medido, sin embargo, al estar tan sumido en las sensaciones y el cuerpo retorciéndose debajo, un grito agudo y tembloso le trajo de vuelta a la realidad, Alastor se había corrido una tercera vez. Apenas habían pasado un par de minutos, pero pudo apostar que la sensibilidad en cada parte del cuerpo tostado comenzaba a hacer su trabajo. Detuvo su ataque y salió del cuerpo tembloroso debajo, observó la máquina que lo ordeñaba ir más rápido esta vez, tenía cuatro velocidades y ya estaba en el tope. Las piernas de Alastor comenzaban a temblar y sus caderas se hundían en las sábanas intentando alejarse de la estimulación en su polla. Las lágrimas escapaban por sus mejillas por el placer excesivo. Era la primera vez que veía llorar al pecador, y descubrió que quería ver más de eso. Quería hacerlo suplicar piedad al rey del infierno.

—¡Mierda! ¡Lucifer! ¡Es suficiente! —Gritó, más desesperado que enojado. Era un dolor muy diferente al de una herida cualquiera, comenzaba a pensar que prefería ser atravesado por una lanza angelical y sería menor agonizante. Su garganta se sentía seca y su cuerpo temblaba, se sentía atrapado como no habían hecho nunca antes, se sentía débil en manos del rey, usualmente lo odiaría, pero ahora... solo hacía que su polla goteara a pesar de estar siendo exprimida más de lo que había hecho en vida y muerte.

—Oh, no... Tengo una muy buena idea, Bambi. Me rogarás piedad esta noche. —Dijo Lucifer, saliendo del pecador, observando cada detalle como si fuera una pintura.

Cada cicatriz que tenía antes o que Lucifer se encargó de hacer. Las marcas de mordidas y la sangre mezclándose con el sudor se volvían el oleo que cubría un lienzo puro y cuidado antes de la intervención de su pintor. Se miró a si mismo y, con un pequeño chasquido de dedos se encargó de hacer un pequeño cambio a su propia anatomía del que Alastor no se dio cuenta incluso cuando sus orejas se agitaron al detectar el sonido del chasquido, demasiado estimulado para prestar atención a las acciones del rey.

El pelirrojo no imaginaba poder soportar hasta llenar el frasco, apenas iba por la mitad y no creía ser capaz de dar más, pero con cada orgasmo se daba cuenta que su cuerpo podía dar más de lo que nunca imaginó, tal vez eran los beneficios de estar en el infierno, pero sentía que moriría en cuanto Lucifer terminara de sacarle hasta el alma. Cuando sintió la extraña cabeza de la polla ajena presionando su interior cerró los ojos intentando soportar la tortura, no quería darle a Lucifer el gusto de haber ganado en su estúpido juego. 

El problema es que parecía no terminar de entrar e incluso comenzaba a doler de nuevo, se dio cuenta de que Lucifer ahora era más grande, al punto de que comenzaba a sentirlo golpear y abultar su estómago. Antes de que el enano comenzaba a embestir, lo detuvo alarmado.

—¡¿Qué mierda hi-hiciste?! —Cuestionó con la voz rota por las sensaciones, el bombeo de su polla iba a un ritmo frenético, tanto que apenas sentía la polla para ese momento, con un dolor sordo en la zona y mezclado con un toque de placer.

Como si hubiera estado planeando la respuesta, el rubio pasó una de sus manos por el abdomen abultado del pecador, presionando con sus garras y obteniendo un jadeo de ambos.

—Hace unas semanas fui con Ozzie, había negocios que arreglar... Uh,,, M-Me dio un tour por su fábrica luego de años sin vernos y me dio un par de ideas —Y como si le preguntaras a un amigo cualquier banalidad a la hora del desayuno, dijo— ¿Has visto los dildos de caballos?

Alastor abrió los ojos por la sorpresa e intentó alejarse del idiota entre sus piernas, sin embargo, las cuerdas no lo permitieron y antes de soltar cualquier queja, el diablo salió de su interior y embistió con fuerza, casi sacándole el aire y provocándole arquear la espalda de agonía, se sentía bien, se sentía más lleno que nunca, sentía un nudo en la garganta, pero era demasiado, los temblores en su cuerpo empeoraron y su respiración era incontrolable para ese punto.

—Joder... Lucifer, bastardo... —Fueron las últimas palabras que pudo pronunciar antes de perder la coherencia.

Comenzando a embestir a un ritmo brutal, los cuernos de Lucifer asomaron por su cabeza sin darse cuenta, sujetando las caderas del otro, salía casi hasta la punta para volver a encajarse hasta el fondo, viendo como se deformaba el estómago de su acompañante como si estuviera reorganizando sus entrañas, la linda cola de venado que había estado oculta y presionada contra las sábanas intentaba cubrir y proteger su agujero lleno en vano, solo provocando cosquillas en el rey. Sus ojos se tornaron predominantemente rojos y la saliva comenzaba a gotear de su boca, joder, estaba ebrio de placer y poder en ese momento. 

Alastor, que creyó no ser capaz de pronunciar otra palabra antes, ahora se encontraba gritando incoherencias, su voz rota y su cuerpo agonizante no eran capaz de comunicarse con raciocinio. Sus manos se tensaron contra las cuerdas así como sus piernas, se sentía a punto de morir por la estimulación, su cuerpo dolía por todas partes y el placer no se detenía, tal vez ese era el verdadero infierno. No era capaz de decir si quería que se detuviera o que siguiera, así que solo gemía sin ser consciente de que tal vez alguien en el pasillo podría escucharlos.

—¿Se siente bien, cervatillo? —Le cuestionó Lucifer ahora enterrando su rostro en su cuello del otro, la sangre de antes se había secado y la herida de la mordida intentaba cicatrizar.

Lamió un par de veces la zona para deslizarse a su hombro y morder con fuerza, queriendo obtener cada gramo del pecador debajo de él, luego pensaba llenar un frasco con la sangre de Alastor y ponerlo junto al que iba a conseguir esa noche en una de sus repisas. Al ver que el venado no era capaz de comunicarse con palabras, mantuvo su ritmo acelerado, viendo a su compañero con la mirada perdida en el techo por el placer, tal vez iba a romper a Alastor esa noche.

Continuó hablando a los oídos caídos del pecador: —¿Alguna vez has estado tan lleno? ¿Te sientes tan bien, no? Vamos, cervatillo, aún puedes venirte una vez más.

Sus palabras salieron como veneno para dejar paralizada a su presa, metiendo ideas que despertaban el morbo oculto en el demonio de la radio, no, Alastor no iba a durar más de ese orgasmo y lo sabía.

Alastor tardaba mucho en entender lo que Lucifer quería decir, no podía correrse otra vez, su cuerpo no dejaba de temblar, se sentía débil, su cuerpo tenso y casi, pudo jurar, sintió miedo del diablo sobre él, sobre sí, Luciendo grande y aterrador con aquellos cuernos de fuera y los ojos resplandecientes como el fuego del infierno, su voz y sus palabras se atascaban en su garganta comenzando a delirar ¿Iba a morir ahí? ¿Porqué quería que el diablo lo asesinara en esas mismas sábanas? ¿Porqué deseaba sentirse así de lleno siempre? No podía pensar con claridad y se sentía fuera de control total, estaba asustado y más excitado que nunca.

—L-Lu... ¡Ah! Mie- ¡Ahh! —Su primer intento de entablar una conversación fue infructuoso. Fue hasta su siguiente intento, cuando el cosquilleo en su zona inferior comenzaba a dominarlo tanto, que sentía escalofríos por todo el cuerpo, su voz salió en un grito de agonía— ¡N-No puedo! Lucif-¡Aahh! ¡De-Detente!

La risa oscura y sepulcral que salió del diablo casi le hace terminar, no iba a durar más, su polla era estimulada a un ritmo exagerado y la brutalidad de las embestidas del diablo le habían hecho llorar en algún momento, y su saliva no era capaz de mantenerse en su boca, iba a morir ahí, lo tenía seguro.

—Claro que puedes, Bambi, otro más. Suplícamelo. —Le gruñó el rey al oído ante de alejarse para mirar a su venado, las penetraciones ya no salían del todo, solo lo suficiente para volver a insertarse con fuerza en el otro. La voz de Alastor estaba ronca y sabía que el propio Alastor no tenía ni la menor idea.

Respirar por si solo se volvía una tarea casi imposible, Alastor estaba perdido, la visión borrosa y su cuerpo dolorido recibiendo más y más. En su sano juicio, suplicar a Lucifer habría sido un chiste de mal gusto, ahora, apenas escuchó la petición, no tardó en cumplirla intentando acabar con el sufrimiento y el placer.

—¡Por favor! —Gritó, su cuerpo arqueado se contorsionaba en busca de un escape del placer imposible de conseguir— ¡Por-Por favor, ya n-no puedo! ¡¡Ahh!! ¡¡Lu-Lucifer!! 

Lucifer nunca olvidaría el rostro lagrimeante y desordenado de Alastor al decir aquello, fue suficiente para llevarlo a él mismo al borde, clavando sus garras en la piel, obteniendo varias gotas de sangre resbalando por sus dedos, se enfundó a un ritmo frenético y desordenado intentando lograr su propia liberación, como una bestia hambrienta persiguiendo un trozo de carne, el placer lo recorrió por completo y se encorvó en su amante llenándolo por completo con una carga tan grande que ni él mismo había esperado que saliera, un efecto lateral del cambio de su anatomía.

El grito agudo y destrozado sobre él fue aviso suficiente de que su compañero había terminado también, el aparato en su polla flácida seguía funcionando, pero Alastor había quedado destrozado y desmayado en la cama con su cuerpo aún temblando, Lucifer apagó el aparato y lo retiró con cuidado sin querer estimular todavía más a su compañero. Observó el frasco en la mesa de noche y vio que éste estaba lleno al menos en dos tercios de su cantidad, no era suficiente para darle la victoria al venado, pero podría hacer una excepción, había conseguido más que todas las noches anteriores y valió cada gramo la pena. Guardó el frasco en una de sus dimensiones de bolsillo y chasqueó sus dedos para volver su propio cuerpo al usual. Tal vez exageró un poco haciendo caso a las sugerencias de Asmodeus, pero no negaría que pensaba pedirle más sugerencias la próxima vez que se reunieran.

Soltó las ataduras del chico de piel canela y se sentó a su lado, colocó una almohada en su entrepierna y recostó la cabeza del pecador sobre ella, iba a necesitar algo de apoyo emocional luego de tantas sensaciones en una sola noche. Aún sin preguntarle, Lucifer sabía que había sobrepasado una o dos barreras de la dignidad del pecador y tendría que lidiar con ello cuando despertara.

Estuvo a punto de chasquear los dedos para limpiarlos a ambos, sin embargo, no lo hizo. Iba a estar ahí para Alastor cuando despertara, pero también quería molestarlo un poco. Al final, seguían siendo rivales en el mejor de los casos.

 

Notes:

Primer día del Alastor Bottom Week, este fue el más complicado de los siete días, creo, porque llevo como dos semanas intentando pensar en qué escribir y lo acabo de escribir todo hoy JAJAJA. Así que sí, creo que se queda corto con otras cosas que he escrito (porque me toma días escribir cosas decentes), pero cumple con lo de hoy. En fin, si ves errores o así, dime porque no tuve tiempo de darle una segunda revisión por tener hacer cosas de la uni.

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