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Date Dinner (SoaHalo)

Summary:

Dapper no era un niño celoso. Aunque a sus once años aún no tenía clara la idea de que significaba tener una pareja, sabía que ese tipo de cariño no era similar al que tienen un padre y su hijo. Saber que su padre al fin había conseguido a alguien con quien ser feliz le alegraba en sobremanera.

A sus ojos, nadie merecía más amor y cariño que su progenitor.

Work Text:

La primera imagen que una persona tiene sobre los demonios es que son seres despiadados y diabólicos. De complexión robusta, con cuernos y garras tan filosas como navajas y alas prominentes parecidas a las de un murciélago. Criaturas peligrosas que no dudarán en utilizar sus poderes sobrenaturales para engatusarte, robar tu alma y comerse tú riñón izquierdo. O algo así.

Sin duda, personajes a los que hay que tenerles mucho miedo.

Ahora, imagina que tú padre adoptivo es un demonio. Serías la sensación de la escuela, sin duda. Seguro todos te respetarían y te tendrían miedo debido a aquel ser sobrenatural al que llamas “Papá”.

El sueño de muchos.

Una realidad para el joven Dapper.

O eso quería creer.

El chico mitad dragón bajó por las escaleras de su hogar rumbo a la sala de estar, en dónde fue recibido por el dulce aroma a muffins recién horneados que provenía de la cocina.

Hambriento, se dejó guiar por el olor a comida, encontrando a su demoníaco padre retirando una bandeja de muffins de chocolate del horno. Sus ropas negras estaban cubiertas por un delantal rojo que tenía la frase “El mejor papá” bien grabada al frente. Y sus manos con ligeras garras eran cubiertas por unos guantes con forma de garras de gato para protegerse del calor.

Un demonio muy amenazador, sin duda.

Dirigió su mirada a las ollas que estaban sobre la estufa, sus jóvenes fosas nasales percibían el aroma de la pasta y la carne con verduras recién cocinada.

— ¡Ah, Dapper! Que bueno que estás aquí.

Miró de nuevo al mayor, quien ahora se encontraba retirando el nudo que aferraba el delantal a su cintura.

— ¿Podrías ayudarme a poner la mesa mientras subo a cambiarme?

Él niño levantó los hombros con desinterés. — Está bien.

— Gracias, hijo. No me tardo.

Bad salió rápidamente de la cocina rumbo al segundo piso, no sin antes revolver los rebeldes cabellos del menor con cariño. Dapper hizo un puchero mientras se acercaba a la repisa y, con cuidado, tomó tres platos grandes, los cuales llevó inmediatamente al comedor.

Hace un par de semanas, su padre le había contado que estaba saliendo con alguien. Un chico unos años más joven que había conocido en el supermercado.

Siendo sincero, se alegraba por él. Dapper más que nadie sabía lo duró que el mayor lo había pasado cuando rompió con su anterior pareja.

A pesar de haber sido un niño en ese entonces, aún recordaba haber escuchado a su padre sollozar mientras preparaba la cena un día después de romper su relación. Reprimiendo cualquier sonido que pudiese provenir de su garganta para así no preocupar a su pequeño, sin darse cuenta, que este lo espiaba detrás de la encimera. Dapper podía apreciar como las gruesas lágrimas salían de sus ojos y resbalaban por sus mejillas, para después caer tristemente y empapar la madera del piso.

Al ser tan pequeño, no comprendía el dolor por el que su cuidador estaba lidiando en ese entonces. ¿Quién podría ser tan cruel como para lastimar a alguien tan dulce y amoroso como su padre?

No dudó en ir corriendo a aferrarse a su pierna en cuanto lo vió romper en llanto nuevamente. Sin decir nada, Bad se agachó a su altura y arropó al niño entre sus brazos, quien también había comenzado a derramar algunas lágrimas, y tarareo suavemente una canción de cuna para tratar de tranquilizarlo.

Después de ese día, Bad decidió mantener el dolor de su corazón a un lado y enfocarse únicamente en cuidar a su pequeño. Lo que menos quería es que su hijo tuviera que lidiar con asuntos amorosos que no le correspondían a tan corta edad.

Y eso hizo durante algunos años, hasta que conoció a aquel chico.

Dapper no era un niño celoso. En los eventos escolares siempre veía como sus compañeros de clase iban acompañados por sus padres. Algunos de ellos más cariñosos que otros. Tomándose de las manos y dándose besos cada que podían. Él también quería eso para su padre.

Aunque a sus once años aún no tenía clara la idea de que significaba tener una pareja, sabía que ese tipo de cariño no era similar al que tienen un padre y su hijo. 

Es por ello que, después de varios años, saber que su padre al fin había conseguido a alguien con quien ser feliz le alegraba en sobremanera. A sus ojos, nadie merecía más amor y cariño que su progenitor.

Solo esperaba que está vez todo resultase bien.

El timbre de la casa sonó una vez que Dapper terminó de acomodar el último par de cubiertos sobre la mesa. Curioso, se acercó a una de las ventanas de la sala, levantando cuidadosamente la cortina para poder espiar al exterior.

Afuera, frente a la puerta, se encontraba un chico medianamente alto, castaño y de complexión delgada. Llevaba puesta una camisa blanca de botones, con las mangas arremangadas hasta los codos y un pantalón de mezclilla negro. Pero, sin duda, lo que más llamó la atención del menor fue el ramo de rosas rojas y una caja transparente que llevaba entre sus manos.

Algo cursi en su mentalidad de preadolescente, pero suponía que eso era lo que hacían las parejas. O al menos eso había visto en algunas películas.

El timbre volvió a sonar justo en el momento en que el demonio bajaba apresurado las escaleras. Vestido con una camisa de botones color vino, unos pantalones de vestir negros y el cabello amarrado en una coleta baja.

En ojos de Dapper, un atuendo un tanto elegante para una simple cena.

El chico dragón se alejó de la ventana y se acercó a su padre, quien se detuvo una vez estuvo frente a la puerta. Ansioso, alisó la ropa con sus manos, tratando de eliminar las inexistentes arrugas.

— Bien, aquí vamos.

Bad le dedicó una sonrisa nerviosa al menor y, después de inhalar profundamente, abrió la puerta.

— S-Soaring. – saludó, tratando de controlar una risa nerviosa.

Él castaño lo miró de igual manera, manteniendo ambas manos escondidas detrás de su espalda. — ¡Bad! Hola, t-te ves bien.

— Gracias, tú también te ves bien. – ambos se miraron por unos segundos. Segundos que parecieron horas para el joven Dapper.

Ambos adultos se miraban con expresiones bobas en el rostro, cada quien tratando de calmar sus propias emociones. El menor no pudo evitar formar una leve mueca de incomodidad ante aquella escena, si así de tonto se veía alguien enamorado entonces no quería estarlo nunca.

Harto de la situación, Dapper no pudo hacer más que fingir una leve tos para llamar la atención de ambos. Lo cual funcionó, afortunadamente, y las mejillas de ambos adultos se colorearon levemente al notar el estado en el que habían estado.

— L-Lo lamento, Soaring. Pasa, por favor.

Bad se hizo a un lado y el castaño no dudó en dar dos pasos al frente para entrar a la casa. 

— Gracias. Por cierto, Bad, te traje esto. – sacando su mano izquierda detrás de su espalda, le entregó el ramo de rosas al pelinegro, quien no pudo evitar que el sonrojo en sus mejillas se intensificara. — Espero que te gusten.

El demonio tomó el ramo con cuidado entre sus manos y acercó las flores a su nariz, apreciando el ligero aroma que estas desprendían. — Muchas gracias, Soa. Son hermosas.

— No tanto como tú.

Ambos volvieron a dedicarse sonrisas bobas, y Dapper ya estaba más que harto de tanta melosidad. La cena ni siquiera había empezado y ya deseaba ir a encerrarse a su habitación a hacer algo más divertido que ver a dos adultos actuar como jóvenes enamorados de secundaria. ¿Por qué el amor era tan cursi?

— Dapper.

La voz del recién llegado lo sacó de sus pensamientos. Dapper dirigió la mirada hacia el castaño, quien le dedicó una sonrisa cálida.

— Es un gusto conocerte al fin, mi nombre es Soaring y soy… uhm, e-el novio de tu padre. – le extendió la mano con la que antes había sostenido el ramo, y el niño no pudo hacer más que estrecharla cortésmente.

— Hola, soy Dapper. – no era un chico muy hablador, por lo que solo se limitó a saludarlo de esa forma.

Manteniendo la mano derecha detrás de su espalda, Soaring se agachó a la altura del menor, apoyando una rodilla contra el piso de madera. Dapper no pudo evitar fijar su mirada en los ojos bicolor del castaño, era raros pero interesantes.

— Sabes, no quería verme grosero al traerle solo flores a tu padre, así que él me ayudó diciéndome que cosas te gustaban. – con cuidado, Soaring mostró el paquete de galletas con chispas de chocolate que había mantenido escondido desde que entró a la casa. — Sé que prefieres las galletas que tu padre prepara, pero te prometo que la pastelería de donde las compre nunca decepciona en sabor. Estoy seguro que te gustarán.

Dapper tomó el paquete de galletas y lo miró con curiosidad. Sin duda alguna aquel tipo había dado en el clavo al llevarle esas galletas, aunque cualquier otro postre con chocolate habría estado bien de igual manera. Solo esperaba que de verdad estuvieran buenas en sabor, si hablaba de postres, los de su padre eran superiores a cualquier otro.

— ¿Como se dice, Dapper? – su padre intervino al ver que no había respuesta alguna, aunque su mirada seguía fija en las flores que sostenía con firmeza entre sus manos.

— Muchas gracias, señor Soaring.

— Oh, vamos. Solo dime Soaring, tampoco estoy tan viejo. – dijo con diversión.

Escuchó a su padre soltar una leve risita, pero Dapper solo se limitó a sonreír forzadamente para no parecer mal educado.

— ¿Podemos ir a cenar ya? – no era que quisiera cortar el momento, en parte sí, pero la realidad es que Dapper estaba hambriento. Habían tenido que retrasar la cena una hora de la habitual por esperar al castaño y su pequeño estómago ya no podía seguir esperando.

— Oh sí, me muero por ver que preparaste. – Soaring se levantó, dirigiendo su mirada al demonio.

— De acuerdo, vamos al comedor entonces.

Los tres caminaron en dirección a la mesa, en donde dejaron las flores y las galletas en un espacio que no iban a ocupar. Dapper fue el primero en tomar asiento, mientras que su padre fue a la cocina a buscar las ollas con comida. Siendo seguido por el castaño que se ofreció a ayudarlo.

No tardaron mucho en regresar y comenzaron a servir la comida en los platos que Dapper había acomodado con anterioridad, así como una jarra de agua helada con limón para acompañar. Una vez que todo estuvo listo, ambos adultos tomaron asiento y finalmente comenzaron a cenar.

En los primeros minutos de la cena Dapper solo se la pasó escuchando como Soaring elogiaba a más no poder las habilidades culinarias de su padre, haciendo que el rostro de este se sonrojara y soltara risas nerviosas a cada rato mientras le pedía que parara.

Era algo incómodo, a su parecer.

No estaba acostumbrado a tantas muestras de afecto entre dos adultos a su alrededor, ni siquiera con la ex pareja de su padre, pero tampoco es como que tuviera tantos recuerdos de ellos dos juntos. Aún así, siendo sincero, se alegraba de ver a su padre tan alegre con alguien que no fuera él, sus primos o sus tíos. La forma en que lo veía sonreír y mirar al castaño era algo único, sin duda, y el cómo el contrario correspondía esas muestras de afecto solo lo hacían pensar que su padre estaba, al fin, en buenas manos.

Y esperaba que así fuera por mucho tiempo. No soportaría verlo con el corazón roto nuevamente.

La cena continuó con normalidad, de vez en cuando Soaring le hacía algunas preguntas a Dapper para romper el hielo. Como el cómo le iba en la escuela y esas cosas, y Dapper solo daba respuestas cortas y concisas, lo más importante para él era saciar el hambre que tenía desde hace una hora, pero parecía que el castaño no entendía y seguía haciéndole preguntas, mientras que el demonio solo los veía con ternura. Embelesado al ver a su pareja y a su hijo interactuar entre ellos.

Después de un rato, los tres por fin habían terminado el plato principal, por lo que la hora del postre había llegado. Bad entró solo a la cocina a buscar los muffins, dejando a los otros dos solos en el comedor en otra tortuosa ronda de preguntas, al menos para Dapper.

El demonio regresó después de unos minutos, llevando consigo la bandeja de muffins, que ahora estaban cubiertos de betún y algunas chispas de colores. Colocó un muffin en el plato de cada uno, dejando la bandeja con el resto a un lado por si alguien quería más. Dapper no esperó más y le dio un bocado a su muffin, quedando con las mejillas y la punta de su nariz manchadas de betún. Ambos adultos rieron al verlo así mientras mencionaban lo adorable que se veía. Dapper frunció el entrecejo, tenía once años, se suponía que ya no era un niño adorable. Al menos en su mente así lo era.

Soaring se estiró para tomar una servilleta y se giró hacia el menor.

— ¿Puedo? – preguntó, manteniendo la servilleta alzada en su mano.

Entendiendo a qué se refería, Dapper asintió, ya que aún tenía la boca llena de pan, y Soaring no perdió más tiempo y acercó el trozo del papel al rostro del menor, limpiando los restos de betún que aún tenía sobre las mejillas y la nariz. El niño dragón agradeció en voz baja y los tres continuaron disfrutando de los muffins. De nuevo, los halagos al buen sazón de su padre se hicieron presentes, pero esta vez Dapper solo los ignoró mientras disfrutaba de su postre de chocolate.

Después de que cada quien terminó con su primer muffin, decidieron probar las galletas que Soaring le había traído a Dapper. Quien no lo iba a admitir en voz alta, pero estaban deliciosas. No tanto como las de su padre, pero ricas al fin y al cabo.

Unos minutos más tarde, Dapper ya se encontraba en su habitación. No tenía nada más que hacer después de la cena así que su padre le permitió irse para cepillarse los dientes y prepararse para dormir, mientras que ambos adultos se quedaban en la mesa conversando.

Después de ponerse el pijama, no podía dejar de pensar en lo “interesante” que había sido esa cena. Al menos, a sus ojos, Soaring no parecía ser una mala persona, así que se sentía más seguro al saber que era él quien estaba saliendo con su padre, aunque algunos de sus chistes eran algo malos. Aun así, esperaba que realmente la relación que tenían fuera duradera, su padre más que nadie merecía estar al lado de alguien que realmente lo amara y lo respetara.

Escuchó el ruido del cerrojo de la puerta principal abrirse y rápidamente se acercó a la ventana de su habitación, logrando ver a ambos adultos salir de casa y detenerse a unos centímetros de la entrada. Con cuidado de no hacer mucho ruido, deslizó un poco la ventana, tratando de así escuchar lo que hablaban.

— Espero que pronto podamos repetirlo. – comenzó Soaring, sosteniendo con firmeza el tupper con un par de muffins que Bad le había dado. — Me encantó conocer a Dapper, es un niño muy lindo.

— Lamento que no haya hablado mucho, normalmente se pone así con las personas que aún no conoce, pero en cuanto te tenga más confianza se soltará más.

— No te preocupes, es solo un niño, así que es normal que se ponga así. – con su mano libre, tomó una de las manos del demonio, acariciando el dorso de esta con su pulgar. — Te agradezco por todo lo que hiciste hoy, la cena estuvo excelente.

— No tienes porque agradecerme, solo traté de hacer que tuviéramos una velada especial. – Bad entrelazó sus dedos, mientras acercaba su otra mano a la cintura del castaño.

— Fue la mejor cena que he tenido en toda mi vida.

El demonio no pudo evitar soltar una leve risa nerviosa ante aquel comentario. — Qué cursi eres.

— Eso es porque me gustas.

Soaring fijó su mirada bicolor en los blanquecinos ojos de Bad, quien no dudó en corresponder aquel gesto lleno de sentimientos.

— Tu también me gustas.

Sin decir más, acercaron sus rostros lentamente el uno al otro, y Dapper tuvo que apartar rápidamente la mirada para no ver a su padre besarse con su pareja. Simplemente era algo que no quería tener grabado en su mente.

Volvió a cerrar la ventana y se acostó en su cama. No pasaron muchos minutos después cuando escuchó la puerta cerrarse nuevamente y las pisadas de su padre al subir las escaleras. La puerta de su habitación se abrió, dejando ver al demonio que entraba lentamente mientras trataba de ocultar el evidente sonrojo que cubría sus mejillas. Bad se acercó a la cama y se sentó en el borde, mientras acomodaba las sábanas para arropar mejor a su hijo.

— Entonces. – comenzó, con algo de timidez en su voz. — ¿Qué te pareció?

Dapper se acomodó, quedando de lado para mirar mejor a su padre. — Uhm, es algo raro, pero me cayó bien. Las galletas que trajo estaban ricas.

Bad sonrió de forma divertida, era obvio que lo que más le iba a importar a su hijo eran las golosinas.

— Me alegro que te haya agradado, tal vez vuelva a venir pronto y podamos hacer algo diferente los tres.

— Pero traerá más galletas, ¿verdad?

El demonio no pudo evitar soltar una risa, ese niño sí que era un glotón. Se levantó del colchón y depositó un beso en la frente del menor. — Le preguntaré si puede. Descansa, hijo.

— Buenas noches, papá.

Bad se acercó a la puerta, apagó las luces y salió sin decir nada más. Dapper volvió a acomodarse, quedando ahora frente a la pared y cerró los ojos para intentar dormir. Sabía que iba a tomarle algo de tiempo acostumbrarse a la presencia del castaño en su hogar, pero el simple hecho de ver a su padre tan feliz como hace unos minutos solo lo hacía ganar más confianza en si mismo, seguramente aceptaría a Soaring más pronto de lo que esperaba. Aunque algo que tenía bien claro es que nunca llegaría a decirle "papá", se le hacía muy raro de solo pensarlo.

Aún así, haría lo que fuera con tal de ver a su padre feliz.