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ㅤ El gran libertador de América, José Francisco de San Martín, era víctima de muchos factores como lo eran: el estrés, las enfermedades, y el tiempo.
ㅤ Se había trasladado a unos suburbios en París, lejos de casa... y lejos de todo por lo que una vez lucho sin césar.
ㅤ La respuesta era más que simple, se le había asegurado una vejez tranquila con gran parte de lo que quedaba de su fortuna, puesto a que los tres gobiernos de Argentina, Chile y Perú... no le pagaban sus pensiones como se debía, debido a problemas como guerras internas, erán algo con lo que no prefería meterse.
ㅤ A pesar de todo, vivía eternamente feliz con lo puesto, todavía preferiría mil veces su chacra en Mendoza, que vivir de todos los lujos que la misma Europa podía ofrecerle como si nada, contrarrestando como nunca a la América de la que partió. No fuera un hecho que simplemente le desagradaba... pero estar lejos de su Argentina querida, dolía tanto en su alma como lo podría hacer una herida sin sanar.
ㅤ Paso de cruzar los mismísimos Andes con indebidos problemas como son los respiratorios, a solo vivir la típica vida de un abuelo, con hija, yerno y nietas. Además de un pequeño taller de carpintería, y paisajes que iluminaban y desbordaban la comodidad que antes no conocía, al verse rodeado de tantos líos.
ㅤ Podría decirse que se acostumbró a dormir bajo las estrellas como lo hacían sus hombres hombres que ahora vivían con respeto y paz en lo profundo de la mente de alguien quien estaba eternamente agradecido con todos, con cada parte del apoyo y seguimientos que le dieron, hasta sacrificar sus propias vidas en ellos.
ㅤ(...)
ㅤ Durante su residencia, muchas personas populares, mayoría de ellos opositores al gobierno de Rosas, cruzaron el inmenso mar para verlo o simplemente llegaban a encontrarlo en dichas ocasiones, como Juan Bautista Alberdi, (quién en un principio parecía ir de la mano con la definición de un perseguidor de tantas leyendas y cuentos que se escuchaban y relataban de él. Que tan solo al famoso libertador le costo un abrir y cerrar de ojos, para sentir cada gota de toda esa emoción que llenaba por completo las cuatro paredes de la habitación).
« Yo me ocupaba, en tanto que esperábamos la hora de la partida, de la lectura de una traducción de Lamartine, cuando Guerrico se levantó, exclamando: "¡El general San Martín!" Me paré lleno de agradable sorpresa al ver la gran celebridad americana que tanto ansiaba conocer. Mis ojos, clavados en la puerta por donde debía entrar, esperaban con impaciencia el momento de su aparición. »
"UNA VISITA A SAN MARTÍN"
౼ Por Juan Bautista Alberdi.
ㅤ Ese era uno de los tantos fragmentos que le habían enseñado luego de dicha visita, y sin negarlo, quedo encantado y divertido por tales descripciones y cumplidos. Que incluso, la recordaba hasta el día de hoy y podía leerla en su mente con una clara y perfecta presición y fluidez.
ㅤ Pero actualmente, era informado de las situaciones en América por uno de sus grandes amigos, Tomás Guido.
ㅤ Como era de esperarse, las desgracias que estaba pasando su pobre Patria lo habían llevado a la preocupación desde miles y miles de metros cruzando el mar, haciéndolo condenar esas crueles practicas de Rosas contra sus opositores, contra los hombres más honorables del país. La suerte nunca mejoraría en cuanto pasarán los días, por lo que se volverían serían eternos.
ㅤ Y esto, sin apresurar, hizo que el viejo y cansado Padre de la Patria abrazará la timidez de la nostalgia, concediendo a su mente no olvidar sus más merorables recuerdos, tanto horrendos como buenos, a lo largo de su vida como general y su infancia aún batallando a los 12, en los comienzos de su propia asma.
— Mercedes, ¿podrías leerme lo nuevo del diario? El paisaje se siente tan vacío sin escuchar tu voz. — Agregó, casi sonando melancólico.
— Con gusto, padre. — La muchacha, no tardó ni un solo segundo en obedecer, buscando en la sala de estar el diario y tratando de recordar en donde lo había dejado antes.
ㅤ El correntino exiliado, una vez que ella salió de la habitación. No se contuvo de ver el cielo abrumado y grisáceo que adornaba e iluminaba su viejo sentido de la vista, a través de unos grandes ventanales que deleitaban sus ojos con cada parte de la ciudad, miles de departamentos e incluso alguna que otra intrusiva imagen producto de su mente.
ㅤ Pero al ver todas esas nubes... no podía evitar compararlas con sus notables y avanzadas arrugas producto de la edad, y que en su mayoría fueron obsequiadas del estrés, y con lo desalmado que se proclamaba el día, a veces tardaba de quitar su mirada del espejo de su habitación, observando su propio semblante, mientras escuchaba y sentía como la vida poco a poco retomaba la idea de abandonarlo.
ㅤ Por ahora, le hizo caso a la tranquilidad del momento y se dispusó a disfrutar de aquel agradable desayuno como siempre preparado por su encantadora hija, quién ahora se encontraba en la sala atendiendo a las tareas cotidianas de la casa, acompañada de su esposo.
౼ Aquí lo tengo, pero no creo que sea igual de interesante como los otros días ౼ Leer sobre economía y política, indispensablemente se las dejaba a su padre, esperando a que pudiera entretenerse con algo, que estuviese lejos de las ideas que adornaban esa serie de pesadillas sobre su decayente y delicada salud.
౼ Entonces ven, siéntate a un lado y acompáñame a leer juntos. ౼ Su respuesta más que nada fue una idea, pero fue lo suficiente amable para que ella lo hiciera con un asentimiento de cabeza, caminando con cierta prisa para estar ya mismo al lado de su padre, una figura tan sabia y esplendida, con relatos que nadie más podría superar de las batallas.
(...)
౼ Bueno, después de todo diste con la razón... no hay nada interesante que logre llamar tú atención. ౼ Rompió el silencio con unas nuevas risas, recibiéndo de su hija un silencioso bostezo mientras quitaba del hombro de su padre su cabeza que antes permanecía descansando.
౼ Ve con tus hijas, porque estoy segurísimo que han de estar igual de aburridas que vos. ౼ Aseguró el ya anciano patriota, siendo para sospresa de nadie, obedecido el consejo por su hija.
ㅤ Y con el diario en manos, se comprometió en terminar las páginas que esperaban por alguna opinión ajena a los párrafos e imágenes impuestos por alguna orden. Siendo uno de sus pasatiempos como ninguno, pues todavía permanecían en su boca aquellos sabores que podía describir a la perfección como si aún tuviera 34 años, aunque ahora tuviera 72, nada se interponía en su camino por la fantasía de lo vivido en carne y hueso... que se volvieron polvo entre que pasaban y pasaban los años como si nada, siendo para él una eternidad llena de historias por compartir en la noche.
ㅤ Apenas había se había percatado de la poca atención que le había prestado a café, que ya permanecía frío en la mesa de la habitación, esperando a un dueño sumido en los pensamientos, que posiblemente nunca llegaría para terminar lo que empezó.
ㅤ José, por otro lado, iba a levantarse de su sillón... si no hubiera sido interrumpido por un inesperado quejido que quebro cualquier tipo de tranquilidad en la habitación. Esos dolores de estómago habían vuelto... más feroces que nunca, y él lo sabía más que nadie ni nada.
ㅤ Al instante levanto la voz, y de solo haber lanzado su petición de que lo socorrieran para ir hacia la cama, fue completamente ayudado. Este luego permaneció en silencio hasta reconocer lo brutal y ya previsto dolor que emanaba de cada facción de su ser.
ㅤ« Este dolor era el que iba a llevarme al puerto. »
ㅤ Pensó.
ㅤ Con certeza y sin otras alternativas de escape... ¿Finalmente iba a sumarme a sus hombres en el paraíso? Solo Dios podía saber y decretar sobre su destino, pero si ese ya era el momento, agradecía al cielo grisáceo por tal despertar tal magnitud de su nostalgia.
ㅤ Si no fuera por poco, al entrecerrar su ojos por un instante... pudo visualizar al hombre más extravagante y elegante de la época que había podido ver jamás en toda su vida, y sobre todas aquellas descripciones que se le habían puesto. Era el hombre quién le había arrebatado y roto su corazón, era ese mismo hombre con el que había compartido tantos sentimientos más allá, fuera de lo físico.
౼ Belgrano. ౼ Buscó extender su mano para alcanzar lo que ya no existia, pero era donde sus ojos le dijeron que estaba, para sentir más de esa suave y sonrojada piel que adornaba más de las cualidades del abogado. Pero lamentablemento, no encontró nada.
౼ Ma... Manuel. ౼ Su voz trataba de entrelazar melodías con la de ese hombre, que fuera correspondida con ese tono agudo que le daba cierta mezcla de risa y ternura, aunque ahora mismo, el consuelo no era de nada más y menos alguien que había partido hacia la inmortalidad más pronto que él, entre tantas ideas. No podía evitar no darse por vencido e intentar luchar contra esas ideas.
ㅤ Ni bien pudo aclarar su mente, recordó perfectamente cada parte de aquel difunto abogado en medio de su propio sufrimiento: su cabello, su habla, su inteligencia, sus acciones y voluntad al moverse en lucha por la libertad, igualdad y fraternidad, hicieron cada una de ellas que la más extravagante, flexible y lujosa poesía a la hora de escribir no pasará de largo. Ya que era la misma poesía que lo había atraido y enloquecido a más no poder. Recordando que... todavía guardaba sus cartas, en lo más profundo de su corazón.
ㅤ Y ahora, a un lado suyo, en uno de los cajones donde se encontraba una vela usada a la mitad, que había sido reemplazada por el día y la luz de los ventanales, él observo por unos segundos dicho cajón.
౼ ... ౼ Y a diestra y siniestra, le resto importancia a sus dolores, buscando lo que sería el calor de la persona que alguna vez le daba muestras de la escritura más sofisticada habida y por haber, y como si dependiera de su vida, necesitaba encontrar aquella carta que lo había flechazo a sus 30 y pico de años.
ㅤ Un suspiro entrecortado salió de su boca al ver la fina escritura en su mano, a pesar de que llevaba años... la hoja parecía relativamente nueva, como si cuidarla de arrugas fuese una tarde de muerte, de arrugas que ni él pudo salvarse.
« Mi corazón toma un nuevo aliento cada instante que pienso que usted se acerca, porque estoy firmemente persuadido de que, con usted, se salvará la patria.
Empéñese usted en volar, si le es posible, con el auxilio y en venir a ser no sólo amigo, sino maestro mío, mi compañero y mi jefe, si quiere. »
— Su buen amigo, Manuel José
Joaquín del Corazón
de Jesús Belgrano.
ㅤ Nunca supo todavía, lo que le hizo sentir, asimilando con la fiebre que arde sin parar, esperando contar con cada parte de él, hasta el amanecer y lo que quedará de las batallas ganadas y perdidas, ahora siendo parte de nada más que pasado, ¿qué será de nuestros cuerpos helados?
ㅤ La primera y última vez de él, fue en aquella carta, donde su despedida por allá en 1820, apenas llegaba a sus manos. Destrozando su corazón cual fiera.
ㅤ Ese abogado era un camino sin explorar, algo que ni la lluvia podría calmar la sed de volver a sentirlo, volver a comprobar que siempre estuviese para él.
ㅤ Aunque ahora tuviese el alma entre las manos, sabía por mucho que ese abogado inexperto en las batallas, no volvería a dedicarle un cálido y agradable como en... aquel día.
Aquel día.
17 de enero de 1814, La Posta de Yatasto.
ㅤ Manuel sabía que si pisaba su tierra natal, sería enjuiciado por traición a la Patria, y luego de esas dos dolorosas derrotas en Vilcapugio y Ahoyuma... se lo veía venir, y para nada contento con los múltiples cargos por los que seria arrestado si perdía.
ㅤ Pero todo eso cambió, al recibir la noticia de que se iba a encontrar con el mismísimo San Martín, un gran militar... a diferencia de él, aceptando contento a José, como su maestro y sucesor, rápidamente poniéndose a sus ordenes y recibiendo prácticas de táctica y disciplina.
— Esas dos batallas... acabaron con todo lo bueno que veían en mí, finalmente se termino. — Exclamó refunfuñando en la mesa, con un gran mapa encima de esta, observando como ahora dos territorios eran tachados de defender.
— No es solo tu culpa, Manuel. — Agregó el correntino. — Vos mismo me acabaste de explicar, nunca te ayudaron con provisiones... tus hombres morían de hambre, y el fraude es para los que no ayudan en el camino de la libertad.
ㅤ Él también estaba enfurecido, pero lo ocultaba si se trataba de apoyarlo a él.
ㅤ Si bien reorganizar sería algo común para San Martín, no pudo evitar pensar y preocuparse por su compañero, ambos buscaban la libertad, ambos a veces podían desobeder órdenes, pero a fin de cuentas.
ㅤ Los dos eran importantes.
— José. — Habló primero el general, tratando de buscar su atención.
— ¿Si?
— Muchas gracias por todo... la noticia de que llegarías no fue nada más que esplendorosa caricia a mi corazón. — Entre sonrisas, siguió. — Nunca lo voy a negar, pero eres todo un ejemplo a seguir, mi amigo.
— Todavía me falta por aprender mucho, Manuel... pero a fin de cuentas, me alegra saber que saliste ileso de ambas derrotas, ¿qué sería de la Patria nuestra sin ti? Siempre llevo algunas de tus ideas en mente, porque a pesar de todo.
«Eres lo mejor que tenemos en América.»
ㅤ El ajeno sonrojo tiñó las mejillas de Belgrano, bajando la mirada mientras buscaba no parecer emocionado ante tantos halagos.
— Oh, José, ¿qué cosas está diciendo?
— Es la verdad. — Desempeño en continuar, Belgrano parecía más contento.
ㅤ Esa fue la única vez que pudo abrazarlo y mimarlo como a ambos les parecía.
ㅤ Su amor falleció ante la total indiferencia popular y el silencio oficial, y José no pudo hacer nada más que memorar su nombre con múltiples batallas, batallas que solo iban dedicadas a él... a la gran parte de si que solía complementar su corazón. Y ahora lejos de casa, no podía evitar pensar que de verdad lo vería en el más allá.
— José.
ㅤ Una lágrima se escapo, tomando una feroz caída a lo largo de su envejecido y pálido rostro.
— ¿José?
ㅤ Creía que estaba ahí, realmente lo hacía.
— ¡José!
ㅤ Abrió sus ojos de golpe, el tal llamado lo había despertado de un ensueño... o eso parecía, nada era igual que la casa donde se hospedaba.
ㅤ Todo el alrededor de ambos no era nada más que un agradable y suave blanco.
— ¿Qué? ... ¿Manuel?
— ¿Si? — El abogado se veía bien, se veía tal y como lo había dicho en esa pequeña casa, con 43 años de edad.
ㅤ José quedo atónito, antes de simplemente atraerlo en un amoroso abrazo lleno de dolor, melancolía y tristeza. Y aunque al principio el otro soltará un quejido de sorpresa, lo correspondió como si fuese aquel día en Yatasto.
— Te extrañé... te extrañé como nunca. — Manuel parecía reaccionar ante los sentimientos, mostrando un ligero temblor en sus brazos que atrapaban el cuello del más alto. Como si todo fuera el producto de un sueño de José, por más que fuera incrédulo, parecía totalmente real.
— José, amigo... me e–estás por ahogar. — San Martín volvió a la realidad y lentamente, lo tuvo que desenredar a mala gana de sus brazos, pero eso le dio la hermosa vista de aquel seductor abogado que alguna vez batallo poéticamente a su lado por la libertad.
— ¿Dónde estamos?
— Yo... no lo sé. — San Martín levantó una ceja.
— ¿No lo sabes?
— Llevó mucho tiempo aquí.
ㅤ La sangre del correntino se heló por mucho tiempo, quizás segundos largos e silenciosamente incómodos para Belgrano.
— ¿Me estás jodiendo? — Parecía no creer.
— Me gustaría hacerlo pero... es la verdad, permanecí solo por estos rumbos hasta verte tirado aquí.
ㅤ Mientras veía que José parecía conectar cables, Manuel dio un asentimiento con la cabeza acertando a sus dudas.
— ¿Estamos muertos? Oh... cielo santo.
— Tuve la misma expresión que usted. — Agregó con una sonrisa, intento tratar de calmar el ambiente del cual estaba rodeado el otro.
— No se que decir. — Observó detenidamente a Manuel, antes de volver a extender sus brazos hacía él, esperando a que atendiera a su llamado.
ㅤ Sin dudarlo lo hizo.
— Te eche tanto de menos...
— Puedo decirlo con la misma certeza, coronel.
ㅤ Belgrano no tardo en brindarle un seductor y juguetón guiño de ojo, alertando a José, quien tomó con sus engrosados dedos el rostro ajeno, buscando alimentarse de esa fricción que solo él podía darle.
— Al parecer me extrañaste un poco, ¿no es así, José?
ㅤ Él amaba ver sonrojado a Manuel, parecía una estatua más que bien pulida en medio de todo caos.
— Si... extraño todo de vos, empezando por acá. — Acercó el rostro del más bajo en un suave y cariñoso beso, beso que ambos decidieron prolongar por algún tiempo más, solo para demostrar la dolorosa falta que se tenían por productos de la soledad y el estrés acompañado de las guerras.
ㅤ Belgrano murió enfermo hasta las lágrimas, a los 50, mientras que él pudo seguir prolongando su soledad hasta los 72 años, poco común y privilegiado para esa época.
ㅤ Quitando eso de lado, Manuel parecía derretirse en medio del beso que fue bajando con deleite por su mandíbula y cuello, rojo del cariño que se le estaba otorgando.
౼ José... ౼ Buscó llamar su atención, pero él ahora estaba concentrado en adorar su cuerpo, tan frágil cuerpo que le causaba preocupación aunque fuera un solo corte. Pues lo amaba, y ahora que lo tenía entre brazos, se prometio a si mismo cuidarlo... como no pudo hacer cuando aún estaba vivo.
౼ Te amo Manuel. ౼ Antes de por fin despegar sus labios del rostro ajeno, se centro en recordarle lo mucho que era importante para él.
౼ Y yo también a usted, mi jefe. ౼ Soltó unas risas antes de sorprenderse al ser llevado de la mano por San Martín, quien comenzo a correr hacia un lugar que se plasmaba a la lejanía tal cual fuese un retrato de acuarelas... no sabía que esa misma ilusión sería su chacra en Mendoza, y acompañado por Belgrano, que en ese momento parecían dos niños jugando.
ㅤParecía el sueño de toda su vida, y si este era el paraíso... estaba eternamente agradecido con Dios por salvarlo de la tristeza eterna si no lograba verlo una vez más a ese humilde abogado que lo volvía loco.
(...)
Tres de la tarde.
17 de agosto de 1850, Boulogne Sur Mer, Francia.
ㅤEl general José Francisco de San Martín y Matorras falleció, con su nombre pasando a la inmortalidad como el Libertador de América.
ㅤRodeado de su familia y su doctor de confianza, permanecieron incrédulos al verlo irse sin dolor, y con un solo suspiro que dió por fin con todo existente dolor, pero con el crudo precio de que su familia iba a llorar en su nombre... ya no había vuelta atrás.
ㅤ Por que ahora disfrutaba de plena felicidad en el más allá. Con la otra mitad de su corazón, ya completamente sano de sus heridas... y de todo tipo de recuerdo horroroso. Que ahora era parte de huellas en el mar, que iban a marcar ambos espirítus hasta el final de los siglos.
