Actions

Work Header

Fantasía

Summary:

EDITADO: 22/10.

De alguna manera Kirishima había terminado acostándose con el compañero de trabajo de su linda esposa.

Notes:

Siento que debería avisar de algo específicamente; pero no sé por dónde empezar. De igual manera procede con precaución (?).

Edit [22/10] : muchas gracias por las lecturas, los kudos y los bookmarks <3
Si este fic te gusta aunque sea un poco me alegrará un montón.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Kirishima tenía poco tiempo de haber llegado a casa. Lo primero que hizo fue ducharse. Estaba con el torso desnudo, llevando unos pantalones holgados puestos y con una toalla sobre sus hombros para secarse el cabello cuando el timbre de la puerta sonó.
Por la hora que era sabía no se trataba de su esposa. Así que se propuso despachar pronto a la persona para poder prepararse algo de comer porque moría de hambre.

Cuando Kirishima abrió la puerta se topó con un tipo rubio, al que conocía de vista porque cuando los presentaron le dijeron que era un compañero de trabajo de su esposa y si no recordaba mal se apellidaba Bakugo.
Kirishima no tenía idea de por qué estaba frente a él; pero escuchó lo que tuviera que decirle.

La esposa de Kirishima había mandado a este sujeto a recoger unas cosas que necesitaba para su reciente proyecto y ese era el motivo de su inesperada visita.
A Kirishima no se le hizo raro porque ella era olvidadiza a veces, así que dejó pasar al otro y le pidió que lo esperara ahí mismo. Kirishima entonces echó la toalla que traía en los hombros al sillón más cercano y subió a la habitación de ambos para buscar los objetos, porque su primer pensamiento fue creer que ahí estarían. Sin notar que silenciosamente Bakugo iba detrás suyo con un portafolio en las manos.

Kirishima buscó entre las cosas de su esposa; pero no encontró algo que dijera "esto pertenece más a un trabajo que a una casa", se rascó la barbilla. Bajaría para preguntarle a Bakugo si ella le dio alguna pista más que pudiera ser de ayuda; pero cuando se giró vio al rubio detrás de él. Kirishima se impactó por un momento. Recordó que le dijo que lo esperara abajo...
Bueno, Bakugo siempre le había parecido un sujeto raro desde el primer momento que se vieron... Kirishima supuso que bastaría con decirle que llamaría a su esposa para que le explicase mejor la situación —y poder echarlo pronto—. Pero Bakugo no rehusó.

Esto se está poniendo más raro, pensó Kirishima.

Cuando Kirishima caminó hacia la puerta para salir de la habitación Bakugo lo detuvo de repente tomándole por la muñeca.

—¿Qué ocurre amigo? —preguntó Kirishima con calma.

El chico de dientes puntiagudos no estaba nervioso; pero quería saber cómo iba a tener que reaccionar a partir de ese momento todo dependiendo de la respuesta del otro.

Ambos estaban a la mitad de la habitación, con la amplia cama del dueño de la casa frente a ellos. Cama que compartía con una dulce esposa.
Cama que Bakugo también quería compartir con él.

Kirishima intentó soltarse pacíficamente; pero la mano de Bakugo sobre su muñeca no desistió ni un poco.

Genial, el tipo raro no le contestaba ni lo dejaba ir.

—Insisto amigo, llamaré a mi esposa para que ella nos diga dónde puso lo que te mandó a buscar. No tomará mucho, ella es una chica lista así que pronto estarás de vuelta en la oficina; pero necesito que primero me sueltes para ir a... —intentó convencer con esa naturaleza diplomática suya.

La palabrería de Kirishima cesó en cuanto Bakugo lo soltó, sin embargo, este último no le dio tiempo de otra cosa y aprovechó para empujar al pelirrojo a la cama.
Todo esto tomó desprevenido al otro. Repentinamente cayó sobre el colchón y Bakugo no dejaba de verle como si fuera lo único que le importara en ese momento.

¿Qué diablos estaba pasando con ese tipo...? Fue el pensamiento fugaz en la mente de Kirishima.

Bakugo le ofreció una media sonrisa llena de autosuficiencia, para después sin mucha ceremonia subirse a la cama con él. De inmediato se dirigió hacia el pelirrojo para quedar más cerca suyo. Kirishima, por su lado, retrocedió para mantenerse lo más lejos posible; pero no sirvió en realidad.
Bakugo soltó el portafolio, quedando a un costado de ambos, y luego tomó las muñecas de Kirishima para impedir que se resistiera a él. Había algo en su mirada, algo como deseo de control.
El rostro de Kirishima lucía pasmado. Era la primera vez que le pasaba algo así.

—Quita esa maldita cara —empezó Bakugo—. Sólo quiero hacerte sentir bien, así que sé un buen chico y coopera —agregó con un tono de orden en su voz.

El rubio, sin intentar disimularlo, invadió aún más el espacio personal del otro y le olfateó el cuello en cuanto tuvo oportunidad. Su opinión era que Kirishima olía bastante bien, definitivamente sería muy agradable hacerlo con él luego de su ducha. No conforme con ello Bakugo recorrió el torso desnudo del chico frente a él con hambre en sus ojos. Preguntándose cuántas marcas debería dejar para que la esposa notara la infidelidad de su marido.

Contra todo pronóstico el pelirrojo se sonrojó ante esas palabras y esas acciones. Era como si hubieran descubierto sus puntos débiles y los usaran para hacerlo ceder.

Bakugo no sabía que le gustaba más de Kirishima en ese momento: el torso desnudo y el cabello suelto o su expresión tímida que evadía su mirada y las piernas abiertas y flexionadas, indirectamente invitándolo a situarse ahí lo más pronto posible.

Pensándolo mejor escogería eso último.

Así que lo siguiente que hizo, una vez le dejó claro al de dientes puntiagudos quién iba a llevar las riendas, fue soltar el agarre de sus muñecas para luego quitarle sin mucha delicadeza los pantalones holgados y la increíblemente sexy ropa interior debajo de estos.
Kirishima puso algo de resistencia al principio; pero cuando vio que Bakugo estaba dispuesto a usar la fuerza no le quedó más que someterse. Su primer instinto fue cubrir sus partes pudendas; pero el gusto no le duró demasiado cuando el rubio le gruñó para que dejara de hacerlo.

—Quita esa jodida mano de ahí —había ordenado.

Kirishima podía ser alguien extrovertido y sin limitaciones fuera de casa; pero su verdadera cara puertas adentro era dócil y complaciente. Sobre todo cuando alguien más claramente estaba tomando el control.

El descarado vistazo que recibió por parte del otro en esa zona, una vez que dejó a la vista su encantador miembro ya no tan flácido y relajado como al principio, empezó a causar más efecto ahí. Era vergonzoso cómo con sólo la mirada de un extraño se estaba excitando. ¿Era un raro o algo así?

Quizás, porque ese extraño no era su dulce esposa y estaba siendo acorralado por un compañero de trabajo suyo.

Ajeno al dilema de Kirishima estaba Bakugo, quien contemplaba un espectáculo que no se cansaría de ver.
Admiró el pubis del otro y un puñado de lunares que se asomaban por encima de éste.
Se preguntó si podría besar esos y el resto que estaban esparcidos por el cuerpo bien formado del pelirrojo...

El esposo de esa tonta era un placer visual. Aún más cuando Kirishima siguió con la mirada la mano que Bakugo llevó al bulto dentro de su pantalón para acariciarlo.

—Estás tan caliente que ya lo ansías, ¿eh? —inició Bakugo mientras le ponía las manos a los costados de la cintura y lo agarraba bien de ahí—. Pagaría por ver la cara de tu esposa entarándose del hambre que tienes por mi pene, Kirishima —dijo Bakugo con la voz agitada y los ojos brillando de puro gusto.

Kirishima siguió evadiendo su mirada.

—Te gusta que un hombre te domine y no puedes negarlo —había dicho el rubio cerca de la boca del otro, no como una suposición; sino como una afirmación.

Bakugo iba a dominarlo. Iba a divertirse con él.

•°•°•°•°•°•°

Pasado un rato Kirishima tenía a este sujeto apellidado Bakugo encima suyo, haciéndolo gemir mientras metía y sacaba a ritmo constante un juguete sexual de su agujero —juguete sexual que guardaba en el portafolio—. Ambos estaban disfrutándolo; pero más el pelirrojo. Kirishima estaba retorciéndose en la cama de puro placer.
Ni siquiera su joven esposa había querido tocar esa parte de su cuerpo; pero ese hombre lo hacía a su completo antojo. Y lo peor era que lo hacía bien. Más que bien.
A Kirishima no le había quedado más que cubrirse la boca con una mano para amortiguar sus gemidos. Y en un punto dado estaba mordiendo su dedo medio para contenerse. Aún no había salido sangre así que estaba bien.
Bakugo le había dicho muy seguro de sí que si un juguete lo hacía sentir así, el real, el suyo, iba a fascinarle.
Y Kirishima se estremeció de nuevo en respuesta.

Este hombre no le tenía atado ni de pies ni de manos y Kirishima fácilmente podría tirarlo al piso y darle algunos cuantos golpes al menos para amedrentarlo y luego llamar a la policía; pero... Kirishima no quería hacer eso. Quería estar en esa posición, rendido ante ese atractivo sujeto.

Kirishima había notado las miradas que este tipo Bakugo le daba cuando acompañaba a su esposa a las celebraciones de su empresa, como navidad y año nuevo; pero él siempre le ignoró. Él tenía un par de años de casado y amaba a su dulce esposa. De verdad.
Le gustaban los hombres; pero también le gustaba ella.

Le gustaba cuando tenían sexo, aunque fuera esporádico y le gustaba también verla ilusionada revisando su prueba de embarazo —antes de darse cuenta que, otra vez, el resultado había sido negativo—.
Kirishima aún no quería ser padre; pero muy en el fondo quería verla feliz... Sentía que debía aceptar eso por ella.

Era lo mínimo que podía hacer para compensarla porque él no podía dejar de fantasear con gente de su mismo sexo. Porque no podía quitarse del corazón el anhelo de estar con otro.
Tal vez amaba más a los hombres que a su esposa.

Kirishima gimió cuando Bakugo fue un poco más rudo con su agujero.
Era como si hubiera notado que el pelirrojo estaba pensando en su esposa y eso lo pusiera celoso...
A Kirishima le dolió un poco; pero... Lo último que habría en la punta de su lengua en ese momento sería una queja.

—Ni se te ocurra decir el nombre de esa tonta cuando te corras Kirishima —había exigido ahora que acariciaba a buen ritmo toda la extensión del miembro del mencionado.

Kirishima se estremeció más, siendo consciente de dónde estaba tocando ahora el rubio. No conforme con estimular su agujero también estaba dándole atención a su parte delantera... De hecho amaría sentir la boca del otro hombre alrededor de su pene; pero sabía que su petición iba a ser rechazada. Y, en vez de sentir decepción, sentía más placer. Su dulce esposa aún se resistía a verle los genitales con la luz encendida; contrastando completamente con el trato desvergonzado del rubio. Quien incluso aprovechó para decirle que era un desperdicio que tuviera ese miembro siendo que su mejor cualidad era ese trasero carnoso hecho para recibir a hombres como él.

Era la primera vez de Kirishima con un hombre; pero, desde la adolescencia había practicado el recibir placer por la "puerta de atrás"; incluso seguía haciéndolo a escondidas ya como adulto, entonces pensó que recibir a Bakugo no sería complicado... Sólo tendría que esforzarse un poco, relajarse y dejarse llevar.

Sumado a ello, la curiosidad y la anticipación estaban haciendo estragos con lo último que le quedaba de razón y sensatez.
Sólo podía pensar en cómo el rubio iba a estar encima suyo embistiéndolo. En cómo el rubio iba a estar jadeándole en la oreja y ordenándole que apretara más mientras le daba golpes en el nalgas y le decía que era su depósito de semen particular.
Suyo y sólo suyo.

Al final eso era Kirishima, un chico casado que quería servirle a los hombres hasta que eyacularan dentro de él.

O sea, no debería estar dispuesto a acceder a acostarse con alguien que no fuera su mujer a la menor provocación; pero... Necesitaba con urgencia algo real dentro suyo. Necesitaba con urgencia que un hombre fuerte y varonil tomara el control de él y los vecinos se enteraran que había recién descubierto lo mucho que le gustaba el sexo anal y que no iba a parar. Ya fuera con Bakugo o con otro.
Sobre todo desde que su esposa había dejado de mostrar el poco deseo que sentía por él... De por sí su esposa no era muy sexual desde su noviazgo. Ella había sido una florecilla tímida renuente a ser tomada, al menos hasta que tuvo un anillo en su dedo y no le quedó más que cumplir sus obligaciones maritales. Y aún así el sexo era esporádico, sencillo y corto. Y Kirishima lo entendió. Fue buen marido hasta donde pudo.
Ella era inocente y recatada y Kirishima, para su propia mala suerte, todo lo contrario.

Entonces eso le había dado pauta a tener fantasías con otros hombres y se había conformado sólo con eso; pero luego llegaba Bakugo a darle la oportunidad de ponerlo en práctica... Kirishima estaba contra las cuerdas. No era que su único pensamiento fuera coger y coger y ya; pero... Era débil ante la tentación. Era débil ante su escenario deseado.

Aunque ella no iba a perdonarlo de ninguna manera por serle infiel con un bastardo como Bakugo; pero esa no era su preocupación actual porque para este punto ya no estaba pensando claramente.

—¿Ya quieres recibirme aquí? ¿Ya la quieres bien adentro tuyo? —Bakugo preguntó mientras sacaba el juguete y molestaba con la punta de éste la entrada de Kirishima, como si quisiera meterlo otra vez; pero no se decidiera.

Kirishima gimió en respuesta. Quería decir a viva voz "sí, la quiero toda adentro."; pero debía oponerse un poco, al menos para aparentar.

Kirishima por inercia había echado un vistazo al reloj en la pared de enfrente y esto no pasó desapercibido para Bakugo.
Eso no mermó la voluntad del rubio ni una pizca. De hecho una media sonrisa se instaló en su faz.

—Ella está haciendo turno extra —sentenció con gozo cerca del oído del pelirrojo—. Me cercioré que todos mis trabajos pendientes le fueran asignados para tener la casa para nosotros solos. Conociendo lo responsable que es de seguro se quedará hasta bien pasada la noche frente a la computadora haciendo mis proyectos, Kirishima —respondió Bakugo con orgullo.

¿Qué hizo que...? Ese cabrón...

—Es la misma razón por la que tu esposa llega tan cansada y estresada a casa. Yo me encargo de explotarla hasta el punto que no tenga ni energías, ni ganas, de pensar en sexo contigo. Crees que soy un simple compañero de trabajo; pero estoy por encima de ella en jerarquía. Primero le robé el ascenso y ahora voy a robarle a su esposo y la virginidad anal de éste... —para este punto la media sonrisa se había vuelto una cínica.

Su actividad laboral favorita era pisotearla. Y lo mejor era que le pagaban por ello.

Después de esas palabras había enojo en la cara de Kirishima. Así que era culpa suya que ella llorara en las noches cuando creía que él estaba dormido. Así que era culpa suya que se molestara por cualquier cosita pequeña en la casa. Y... Así que era culpa suya que su esposa estuviera tan alejada de sus responsabilidades maritales...

Parte de la excitación se le había ido en ese momento.

Sí, estaba dispuesto a engañarla con ese rubio hijo de puta; pero eso y el que ese rubio hijo de puta fuera un total cabrón con ella eran dos cosas diferentes. O eso le decía su desnivelada brújula moral.
Bakugo era un jefe abusivo e injusto y el pelirrojo estaba muy en contra de eso.

Kirishima se quiso levantar de la cama. Iba a echar a ese maldito de su casa y hacer que su esposa renunciara a su maldito empleo. O ese era el plan, hasta que Bakugo tajantemente le impidió levantarse y se puso encima suyo.
Kirishima recordó en ese momento que quien estaba al mando no era él...

—No vas a moverte de aquí hasta que yo lo diga. Primero voy a hacerte mío y después me iré. En ese orden. Más tarde puedes hacer la cena para tu esposa y contarle cómo estuvo tu día como amo de casa para que después ella te diga que lo siente; pero que esta noche tampoco puede dejar que la cojas. Tú le dirás que no hay problema, mientras recuerdas lo bien que te hice sentir en tu agujero horas antes. Mientras recuerdas lo bien que te hice sentir llenando tu agujero con toda mi carga —agregó Bakugo aún con su sonrisa cínica, tocándose la entrepierna para provocar al de dientes puntiagudos.

Bakugo sacó el lubricante que traía también en el portafolio y se lo untó generosamente en el miembro con ambas manos. No dejó ni un centímetro sin el líquido pegajoso y lo llevó directo a la entrada del pelirrojo. Aún cuando Kirishima quería evitarlo.
Luego de dejar el juguete a un lado; con la carnosa y lisa punta de su pene Bakugo rozó la entrada del pelirrojo y los alrededores dándole suficiente atención al perineo. Y eso bastó para hacer ceder al chico debajo suyo, quien gimió y se agarró de lo primero que tuvo a la mano, las sábanas más cercanas a él.

Bakugo insistió hasta que se cansó de eso y, sin avisar siquiera, se dejó ir poco a poco dentro de Kirishima.
Estuviera de acuerdo o no iba a acostumbrarlo a ese placer a la fuerza porque ya le pertenecía.

Kirishima tenía un par de minutos sin el juguete sexual dentro suyo y aunque ya estaba suave y dilatado aún así sintió raro el miembro de Bakugo abriéndose paso. Y gimió más. Excitado por lo determinado y arrojado que era el otro. Su corazón amaba ese tipo de hombres rudos.
Los ojos de Bakugo brillaron cuando Kirishima lo pudo recibir completo. El rubio pensó que se debía a su buen trabajo preparando —torturando— previamente al de dientes puntiagudos. Y jadeó sin preocupaciones.

Bakugo empezó suavemente con las embestidas. Estaba tan excitado que incluso le comenzó a hablar sucio. Kirishima no tenía manera de contestarle siquiera.

"Vas a amar tanto mi pene que querrás que ella siempre llegue más tarde del trabajo."
"Vas a querer recibirme a todas horas y hasta vas a rogarme por ello."
"Voy a esconderte debajo de mi escritorio mientras me la chupas y más te vale que ella no se dé cuenta."
"Voy a hacer que quieras ser mi depósito de semen personal."

Kirishima se sentía raro. Cuando él se metía algo era a su ritmo, consciente de cuánta fuerza o velocidad usaba; pero siendo Bakugo su "castigador" no podía controlar la intensidad, el movimiento y la cadencia y...
Era como cuando te hacías cosquillas a ti mismo. La diferencia entre eso y que lo hiciera alguien más...
Estaba gustándole más de lo que debería... Tanto así que le estaba siendo difícil enfocar a Bakugo con sus ojos, de manera que se limitó a apartar la vista de él. Incluso cerrando sus ojos en algún momento.
Sus caderas también estaban haciendo lo suyo buscando más contacto.

Kirishima estaba gimiendo bajito y cubriendo su boca como una chica, avergonzado por sentirse bien al disfrutar el insaciable palo de carne de otro hombre. Y Bakugo se dio una idea de que seguramente hacía eso mismo con su esposa. Qué tonto le pareció el pelirrojo.
Con desdén Bakugo le quitó la mano de la cara.
Era un hombre, tenía que gemir como uno. Disfrutar como uno. Y correrse con la fuerza/decisión/ímpetu de uno. Y él iba a encargarse de eso.

Bakugo llevó una de sus manos al cuello de Kirishima y ejerció un poco de presión ahí. Primeramente para ver cuál era su reacción. Su pulgar pudo sentir el pulso agitado del chico debajo de él.
Eso también era más que nuevo para el de dientes puntiagudos. Lo sorprendió un poco; pero Bakugo se encargó de seguir con las embestidas al mismo tiempo. Separando más, con su brazo libre, una de las piernas del pelirrojo desde la rodilla, haciéndose más espacio y dejándose ir con más fuerza. El rubio no podía ocultar de ninguna forma su excitación.
Kirishima jadeó, no sabía que ser un poco ahorcado también era excitante... Él no lo sabía; pero su agujero estaba apretando sin descanso al hombre encima suyo.

Bakugo retiró la mano de ese cuello por un momento y, haciendo presión desde las corvas, elevó las piernas de Kirishima hasta su abdomen lo más que pudo y lo siguió penetrando de esa forma. Kirishima iba a resentirse de la espalda al día siguiente; ¡pero no le importaba porque se sentía increíble!
Probablemente su esposa no se había sentido siquiera la mitad de bien que él con el pene de Bakugo; pero no le dolía en la hombría.

Kirishima estaba más y más excitado. Bakugo podía llegar aún más adentro de él...
Más. Quería más.
Estaba siendo muy ruidoso. De hecho ya había olvidado el cubrirse la boca o morderse algún dedo o los nudillos para amortiguar su voz.
Bakugo se había salido con la suya.

Bakugo le repitió lo mismo de antes; pero más agitado ahora, disfrutando también del placer:

—Ni se te ocurra decir el nombre de esa tonta cuando haga que te vengas...—dijo, con la respiración entrecortada.

Kirishima supo que debía sostener sus propias corvas para que Bakugo pudiera ahorcarlo de nuevo. Porque sí, definitivamente quería correrse mientras eso sucedía.
El ruido y la sensación de su trasero chocando contra las ingles y muslos del rubio volvió locos a ambos.
¡Maldita sea, ese sexo era el favorito de los dos!

—Así voy a tratarte de ahora en adelante... Tú serás la mujer. Y vas a hacerlo como yo diga... Y cuando yo diga... —afirmó Bakugo, con renovados movimientos, sintiendo cerca su límite.

El pelirrojo también sintió un toque apresurado sobre su despreciado y encantador miembro, Bakugo no se había olvidado de esa parte. ¡Iba a eyacular a ese paso!

Kirishima, abochornado, se corrió lo más silencioso que pudo mientras Bakugo seguía entrando y saliendo de su agujero vicioso, conservando la otra mano sobre su garganta. Kirishima no podía contenerse más al ser tratado así... Había semen por todo su abdomen. Y había abierto tanto la boca que pudo asegurar que le quedó doliendo una muela por un rato. Cosa que nunca la había pasado antes.
Bakugo había sido tan implacable e intenso con él. Había sido un espléndido orgasmo.

Bakugo también se corrió, estrepitosa y ruidosamente. Soltando el agarre de Kirishima en ese momento e inclinándose hacia el pelirrojo. Kirishima lo acercó aún más a su cuerpo con los brazos que le puso detrás del cuello. Quería que Bakugo también lo gozara como él.
El rubio había olvidado ponerse un condón viendo lo ardiente y tan en el papel que se había metido el pelirrojo.
Porque sí, todo lo anterior sólo había sido actuado.

—Así que tu fantasía es engañar, ¿eh? —preguntó Bakugo con sorna una vez que se recuperó.

Kirishima lo negó avergonzado. Precisamente porque era un juego de rol fue que pudo dejarse llevar. Él nunca engañaría a su pareja.
Bakugo lo tomó como una verdad y pareció satisfecho con eso.

Cuando Bakugo salió del interior de Kirishima le separó las piernas para no perderse el creampie que le había dejado. Kirishima sonrió un poco al percatarse del vistazo nada disimulado que el otro le había echado a su entrada aporreada.

Le gustaba y a la vez le preocupaba que el rubio sacara ese lado suyo tan desvergonzado...

Por mientras se ocupó de limpiarse lo más que pudo con la caja de pañuelos desechables que Bakugo le aventó a la cama.

Sólo eran dos chicos en sus primeros veintes que cogían de vez en cuando y ya. No más.

O eso pensaron hasta ese momento.

—Oye Bakugo... —empezó Kirishima, decidido, mientras recogía sus pantalones del piso—. Sé que va a ser raro que diga esto; pero... ¿No te gustaría que saliéramos? Ya sabes, como una pareja... —la voz de Kirishima fue muriendo cuando notó la cara indescifrable de Bakugo.

En ese momento exacto el pelirrojo supo que tal vez no había sido tan buena idea abrir la boca... Partiendo desde que Bakugo había decidido desviar la mirada.
Kirishima entonces se convenció que debía "arreglar ese error".

—Si no estás de acuerdo no tengo problema, aunque tal vez sea un poco más difícil coincidir y quizás tengas que buscar a otro chico... —dijo apesadumbrado mientras le "sacudía el polvo" a su ropa para esconder el cómo la había estrujado entre sus dedos, esperando nervioso por una respuesta que no vino—. Lo siento Bakugo —Kirishima al final sonaba súper arrepentido por su confesión.

A ambos les había costado conseguir alguien para acostarse sin compromiso y él lo arruinaba...

Pero Bakugo no lo consideró así en ningún momento.
No tenía idea de quién había caído primero por quién; pero...

—¿Desde hace cuánto te sientes así Kirishima...? —quiso saber, todavía viendo a cualquier otro punto excepto a la cara del chico de dientes puntiagudos.

Kirishima se sorprendió un poco por la pregunta, no obstante se lo pensó un poco antes de contestar, haciendo memoria.

—Hace como dos semanas. Cuando estabas tan cerca de correrte y me besaste desesperado... —reveló con un pequeño sonrojo en las mejillas—. Me hizo súper feliz porque siempre decías que no querías (mis) besos porque esto no iba en serio... Pero ahora no sé cómo sentirme... —dijo un poco herido al recordar eso, llevándose la mano detrás de la nuca en una visible señal de vergüenza.

Bakugo se mantuvo en silencio todavía.

Sí, lo recordaba, su regla de no besar a los acostones de una noche.
Pero, inesperadamente Kirishima se volvió algo de más de una noche. Tenía casi medio año haciendo eso con él a decir verdad...
Estaban bien las salidas como amigos y luego llegar a casa de uno o del otro y tocarse en plena privacidad hasta el cansancio. Y fue en una de esas que Bakugo no lo soportó más y fuera de sí por el placer besó al pelirrojo... Y lo disfrutó. Demasiado.
Kirishima gimió como loco después. Seguramente los vecinos lo oyeron. No iba a negar que era un recuerdo satisfactorio.

Kirishima, creyendo que hasta ahí llegaba esa parte de la conversación empezó a caminar hasta el baño para poder asearse mejor y tirar los pañuelos a la basura. Ya resignándose a que esa sería quizás la última o penúltima vez que se vieran y pues no podía hacer nada al respecto.
Pero Bakugo por fin se dignó a verle.

—No vayas al baño y te vistas todavía —le pidió el rubio de buena manera.

Kirishima se congeló un poco. No entendía a qué venía eso...¿Quería otra ronda o algo así...? ¿En esas circunstancias...?
Bueno, tal vez a Bakugo no le importaba que tuviera sentimientos por él —por ahora—; aunque en el futuro esos sentimientos fueran un obstáculo imposible de evadir.
Igual Kirishima tampoco podía acceder a quedarse sólo para complacer al otro.
No podía ignorarse sólo para complacer al otro... Así que se decidió a abrir la boca.

—No va a ser muy bueno para mí seguir haciendo esto si tú no me ves de la misma manera... Prefiero que esta sea la última vez, ¿de acuerdo? Me gustas. En serio me gustas. Pero es mejor parar aquí —había tristeza; pero firmeza en su voz.

Dioses, de dónde iba a agarrar fuerzas para regresar a su casa sin romperse en el camino.
Era tan tonto por poner sus ojos en Bakugo. Quizás debió ponerlos sobre Sero, al menos él no lo habría dejado encariñarse tanto para después rechazarlo con su silencio.
Tal vez con algo de mucha suerte le habría correspondido diciéndole que se había tardado en confesarse, para luego darle una bonita sonrisa y unos golpecitos amistosos en la espalda.

Bakugo parecía un poco molesto porque para él era obvio que si lo había besado, cuando hubo un primer momento en el que se negó, era porque ya no era un acostón de una noche. Ya no era sólo el chico con el que pasaba un buen rato y al que buscara hasta que otra vez tuviera ganas de revolcarse con él.
Por dios, Kirishima tenía su número de teléfono y le mandaba tiktoks por LINE. Era ilógico que Bakugo le permitiera eso a un random.
Bakugo nunca le iba a permitir eso a un random sobre todo cuando fue él mismo quien propició ese acercamiento.
Él mismo le pidió su número, él mismo le hacía de comer a veces. Incluso le preguntaba sobre su día. Tonto Kirishima que necesitaba una indirecta muy directa.

—Es increíble que no notes que yo llevo más tiempo atraído por ti que el que llevas tú atraído por mí, pelo de mierda. ¿En serio crees que yo le llamo por teléfono a los randoms para preguntarles qué quieren hacer el fin de semana por la noche? ¿En serio crees que yo le llamo a los randoms siquiera para algo que no sea llevármelos a la cama?

Kirishima se quedó pasmado ante el comentario del otro, ciertamente lo había tomado desprevenido y aún en un primer momento se sintió indefenso por las palabras y el tono que usó el otro; pero al poco rato fue dándose cuenta que era verdad lo que el rubio dijo.
Si era un acostón de una noche Bakugo no iba a preocuparse por buscarle después, no iba a preocuparse por saber qué puntos eran los más sensibles en su cuerpo para conocerlo mejor y hacerle perder la cabeza...

—¿Te sientes atraído por mí Bakugo...? —preguntó Kirishima al fin, cortando el hilo de su propio pensamiento.

—¿Eres sordo o qué? No voy a repetirlo —Bakugo le contestó con fastidio y vergüenza. Más vergüenza que fastidio, dicho sea de paso.

Bakugo supuso que ese era su castigo por siempre jactarse de ser una piedra capaz de tener relaciones sexuales con alguien sin desarrollar afecto.
O al menos así fue hasta antes de Kirishima.

Los ojitos de Kirishima brillaron y unas lágrimas empezaron a brotar.
Kirishima se lanzó hacia Bakugo y lo abrazó.

Eso había bastado para relajar a Kirishima y anular su estado de alerta.
Se había sentido tan vulnerable y preocupado y triste; pero... Pero no había sido necesario porque...

Bakugo le subió la barbilla con sólo el dedo índice y le besó.

Sí, el abrazo estaba bien; pero él necesitaba más ese beso con Kirishima.

Había pasión en ese beso y Kirishima, complacido, se deshizo en los brazos de Bakugo.
Eso había sido tan varonil por parte del otro, así que al pelirrojo no le había quedado más que dejarse llevar obedientemente. Bakugo siempre era tan genial...

Ese contacto se sentía tan íntimo y placentero.

Bakugo recostó a Kirishima otra vez en la cama con delicadeza. Y sus labios siguieron moviéndose unos juntos a los otros.
Kirishima parecía adorar los besos.

Bakugo se separó de Kirishima; quien permanecía embriagado por su inesperada dulzura, tan satisfecho como para querer abrir sus ojos siquiera. ¿No estaba soñando o sí?

—¿Siempre eres así de tonto? —preguntó Bakugo sin dejar de verlo. Pero no con genuina intención de ofender. Sólo era un comentario burlón y ya.

Kirishima suspiró levemente cuando Bakugo le había soltado. Ofreciéndole una pequeña risita como primera respuesta.

—Cuando estoy contigo me pongo más tonto de lo que debería —terminó admitiendo el pelirrojo, finalmente viéndole, con un brillo en sus ojos y un sonrojo persistente en sus pómulos.

Bueno, Bakugo no sólo iba a ponerlo tonto ahora que sabía de sus sentimientos...

—Sí quiero —dijo Bakugo con seriedad.

Kirishima no sabía a qué se estaba refiriendo el otro chico y sólo se limitó a mirarle esperando una pista o algo así.

—Tu pregunta. Sí quiero —agregó el rubio, creyendo que eso serviría para darse a entender.

Pero para su pesar Kirishima seguía sin percatarse de qué le hablaban.

Bakugo suspiró fastidiado; pero sin quitarse de encima del pelirrojo.

—Sí quiero que salgamos como pareja —explicó. Con decisión y voluntad en su voz.

—... ¡Bakugo! —Kirishima respondió emocionado llevando sus brazos alrededor del cuello de Bakugo y atrayéndolo hacia sí para besarlo otra vez.

Kirishima iba a besarlo hasta el cansancio. Iba a hacer que lo adorara tanto como él.

Ahora fue el turno de Bakugo dejarse llevar.

Entre besos Kirishima le prometió que no iba a arrepentirse. Iba a dar lo mejor de sí... Bakugo le respondió a su vez que eso era lo mínimo que esperaba de él.

Definitivamente Kirishima no iba a olvidar ese día.
Y Bakugo tampoco.

Notes:

Si votaste por Kirishima en la encuesta de popularidad quiero decirte que muchas gracias uwu