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Pirómano de Tokio

Summary:

Hawks investiga asesinatos en serie

Notes:

Lo escribí hace dos años, pero lo eliminé. Ahora lo vuelvo a publicar porque es uno de mis escritos favoritos.

Work Text:

Tokio es una ciudad hermosa, llena de sitios turísticos para visitar, zonas en donde quisieras pasar el resto de tu vida, personas que representan todavía lo que era su cultura en la antigüedad… y sangre.

 

Mucha sangre.

 

Los turistas habían parado de llegar por miedo a lo que los lugareños llamaban "el pirómano de Tokio". No tenían claro quién era, solo que se trataba de un hombre de mediana edad nato de la ciudad, eso decían los policías a los medios, tratando de darles un poco de calma en lo que resolvían el caso y traían al culpable ante la justicia. ¿El problema? Nadie en el departamento de policía sabía con qué clase de asesino serial estaban tratando.

 

Cambiaba de modus operandi constantemente, pero siempre dejando su sello personal, por el que todos le temían; quemaba vivas a sus víctimas hasta que tenía suficientes cenizas de sus cuerpos para poder preparar una infusión de té y beberlo hasta que su trabajo estaba terminado. Lo único que había claro era que sus presas eran los chicos de 16 años, solo aquellos que parecían tener un futuro prometedor.

 

¿Cómo es que los contactaba o sabía de su historial académico? No sabían, porque podía ser tan variado como su modo de engatusarlos o secuestrarlos. Había iniciado seduciéndolos con la promesa de drogas según testigos, luego cambió a secuestro directo, y una semana después se reportaba que ahora no era él quien los atrapaba, sino un cómplice que lograron capturar. Shimura Tenko, un joven de 20 años proveniente de una familia adinerada, era el único en todo el país que sabía con quién estaban tratando, pero se rehusaba a hablar. Y con su padre siendo una gran figura e influencia, no tardó en salir libre en apenas dos días de arresto.

 

No tenían pistas, dudaban que se tratara de alguien de la alta sociedad, así que no les quedó otra opción que plantar anzuelos con chicos con las características que le gustaban. Quizás así obtendrían una respuesta para su desesperada situación. 

 

Sin embargo, el detective Takami era quien les daría ello, aunque de una forma grotesca y desconsoladora para él.

 

Fue encargado de vigilar a Todoroki Shōto, un chico que encajaba con el perfil de víctima, pero que no era parte del programa de carnada. ¿Qué hacía ahí, entonces? Protegiendo al hermano menor de su prometido, Touya. No creía que fuera a atacar al hijo de una familia tan prestigiosa, pero el solo recordar que Tenko había sido amigo de Touya le hizo permanecer escondido durante días cerca del joven bicolor. Lo que definitivamente no pronosticó, fue ver a su prometido llevarse al chico de casa, cuando supuestamente estaba de viaje en Europa por planes de su boda. Los siguió, con el corazón en la garganta y sudando en frío, formulando en su mente lo que rogaba a Dios que estuviera equivocado.

 

El pensar en todo lo que le contó sobre lo mucho que odiaba a Shōto, por ser todo lo que su padre quiso, y que él solo se quedó como un fracaso, le daban los motivos por los cuales podría haber hecho lo que hizo; no obstante, trataba de consolarse a sí mismo, pues todavía no tenía pruebas. Aceleró al verlos desviarse a una zona poco transitada. Aparcó y los siguió a pie ya que parecía estar por estacionarse. Tomó su arma con manos temblorosas al ver cómo sacaba a su hermanito inconsciente del automóvil e ingresaba a una casa abandonada. Le siguió sigilosamente, algo lento por el miedo a la verdad. No pudo negarlo más cuando vió como tiraba combustible en el cuerpo amarrado y tirado del menor.

 

—Touya…

 

—Oh —la fría mirada que sintió le hizo helarse un segundo, mientras veía al mayor cara a cara—. Baja el arma, lindo. Ni siquiera he sacado el mechero, está bien.

 

—¡No, no está bien! —se le partía el corazón, era tan irreal—. ¡Mataste a veintitrés chicos, Touya!

 

—¿Tantos? No llevaba la cuenta —se acercó lentamente al rubio, quien retrocedía cada paso que daba—. Vaya, creo que no soy el más prolífico en esto. Parece que será otra decepción para papá, ni siquiera ser bueno para matar.

 

—Deja de acercarte, o voy a disparar —habló lo más firme posible, apuntando con el arma—. Tírate al suelo y pon las manos detrás de tu cabeza.

 

—No, no —rió, metiendo una mano en su bolsillo, mostrando el encendedor—. Tú lo harás, y me darás eso si no quieres verlo arder.

 

—Tírate, ahora.

 

—Respuesta incorrecta —encendió el mechero—. Ahor-

 

Disparó.

 

El cuerpo de su amado cayó en un golpe sordo, y con él, la flama tocó el suelo mojado de gasolina. Takami corrió hasta Shōto y lo cubrió con su chaqueta de cuero, aunque ya había sido tarde para cuando el fuego alcanzó su ojo derecho. El grito de dolor le partió el alma, pero al menos había cortado la línea de combustible que lo conectaba al ahora incendio. 

 

No obstante, la tortura para Keigo todavía seguía, y ahora debía sacar al chico y a su prometido herido de ahí. No tenía suficiente fuerza para llevar a ambos, y las llamas lo estaban alcanzando. Entre lágrimas huyó con el menor en brazos, dejando a Touya todavía con vida quemándose en la pequeña edificación. Sin embargo, eso no evitó las quemaduras, por lo que al salir, la piel en parte de su cuello y espalda le ardían como el infierno.

 

Vió la casa derrumbarse, y los gritos desgarradores le hicieron apartar la mirada.

 

El pirómano de Tokio ahora estaba reducido a cenizas.