Actions

Work Header

Cuando lo haces con un fan

Summary:

esto sale de un delirio que tuvimos yo y feli, asi que si les gusta o no... bueno qsy espero que a ella le haya gustado, chauu

Notes:

Work Text:

Ahí estaba, con un poco de gusto a nada por haber terminado el partido en un empate. Pero atajó un penal decisivo, se hizo el grande frente al arco, pero aparte de todo eso, festejó como uno de sus ídolos, Barovero.

 

Momentos después, tomó su celular para poder repostear las publicaciones que había subido River acerca de su reciente atajada. Se sentó en uno de los bancos del vestuario, quedándose solo mientras los demás se iban yendo de a poco. 

 

Fue cuando subió una historia que recibió una notificación en su celular.

 

Ignacio Scocco (nacho.scocco32) le gustó tu historia 

 

La emoción invadió sus manos, que empezaron a temblar, sonrío al celular y, si no hubiera tanta gente en el vestuario, probablemente hubiera saltado de la emoción. Porque, sí, podía medir 1,90 y tener voz de Coco Basile, pero él sabía lo que causaba en él ese hombre. Su barba, ese pelo prolijo, sus cejas y ese cuerpo… Casi ni parecía que le doblaba la edad.

 

Sonrío, le dió un beso a su celular, lo guardó y pensó pasar desapercibido, se equivocó.

 

—¿Y eso? —pregunta una voz curiosa a sus espaldas, esbozó un grito de terror, y se dió vuelta para darse cuenta que Ian estaba chusmeando su celular desde atrás suyo todo este tiempo.

 

—¡N-nada! —esconde el celular con una expresión de sorpresa, para después mirarlo y notar que se estaba cagando de risa.

 

—¡JAJAJA! —rió Ian, para después sentarse a su lado, recuperando la respiración de a poco —¿Qué onda con Nachito? —el mayor se sonrojó inmediatamente.

 

—¿Por qué decís? —pregunta mientras saca de nuevo su celular, desbloqueándolo y pasándoselo a Ian para que este viera todo.

 

—Uh… Te likeó. —dice mirando el celular para después mirar a su amigo —Ya te aviso que ese quiere… Coso —dijo haciendo una seña sugerente con su puño, moviéndolo de atrás hacia adelante.

 

—¡Dejá de joder, Ian! —le saca el celular de sus manos al más chico, que sonrió y lo miró.

 

—Y bue… No digas que no te avisé. —se levantó y se rajó del lugar rápidamente antes de que sus amigos se vayan, a lo que Santi soltó un suspiro como de alivio.

 

Una vez estuvo solo, ya que tenía vergüenza, se duchó y se cambió rápidamente, ya que él tenía las llaves y debía cerrar el vestuario. “Tenés que cerrar el vestuario” pensó Santi, lo que le dió un poco de risa. Cuando salió de ahí y cerró la puerta, con su bolso en el hombro y su celular en la mano, se dió cuenta que el bondi no pasaba a esa hora, entonces decidió ir caminando. 

 

Salió del River camp, mirando con asombro un auto lujoso, él no tenía ni idea de autos, pero sabía que barato no salía. Le sacó una foto al auto con asombro, para después ser empujado por alguien detrás tuyo con un “disculpá”, cuando la persona pasó y lo miró, se dió cuenta que era el mismísimo Nacho Scocco, el hombre de sus fantasías. Lo miró mientras sentía las mariposas en su estómago ¿Vieron las hojitas esas de heartstopper? Bueno, así pero con mariposas de colores.

 

—¡Santi! —el otro despertó de su trance al ver como el mayor le estaba hablando —¿Me estabas escuchando vos? —Santiago se apuró a extender su mano, la cual recibió como respuesta un apretón y una risa.

 

—¡Mucho gusto, Nachito! —dijo el más chico con una sonrisa que no pudo ocultar, pero lo seguía mirando con atención y una admiración increíble en los ojos.

 

—Te decía que si necesitás que te lleve… —no puede ser, estaba alucinando de nuevo, ¿No? Estaba tardando mucho en responder, lo sabía, estaba tardando mucho. Le respondió lo más rápido que pudo.

 

—¡Si no es mucha molestia, me encantaría! —dijo con una sonrisa en la cara, podría jurar que el mayor lo miraba con cierto amor, pero decidió no hacer nada al respecto.

 

Y entonces el mayor agarró el brazo de Santi, se lo llevó hacia su auto, en los cachetes de Santi solo se podía ver un color rojo intenso que se expandía hasta sus orejas. Entraron al auto, Santi del lado del copiloto y Nacho manejando el auto.

 

Cuando el auto arrancó, se dió cuenta de que el mayor lo estaba mirando atento. 

 

—¿Todo bien? —dijo con una sonrisa, a lo que el otro rió nervioso, asintió.

 

—De diez… —Nacho sonrió y pasó su mano por el pelo del menor, removiendolo.

 

—Ah, estás recién bañado… —el otro asintió, a lo que Scocco sonrió y empezó a salir del estacionamiento. Santi agarró su celular para avisarle a su mamá que Scocco se lo iba a llevar.

 

Dicho y hecho, Nacho conducía por la ciudad, de vez en cuando mirando al más chico con una sonrisa. No hablaban mucho pero se miraban demasiado, era obvio que ahí había algo más que una admiración mutua. Cuando estaba metido en sus pensamientos, sintió una mano posándose en su muslo izquierdo, miró a Nacho el cual le estaba sonriendo.

 

—Estás re bien, eh… —apretó, haciendo que a Santi le dé una especie de descarga eléctrica en el muslo, le dolió y se rió. —¡Ah! ¡Sos celoso! —Santi rió, porque sí, lo era, y re además.

 

—¡Naaah!¡Nada que ver! —mintió, Scocco frenó en un semáforo, lo miró y le sonrió, sonrisa que Santi devolvió.

 

—¿Qué no? Seguro la tenés loca a tu novia con los celos… —Nacho tanteó el terreno, fue muy obvio, Santiago se rió al notar esto.

 

—No tengo novia…  —dijo rodando los ojos, Scocco sonrió, se mordió el labio inconscientemente y avanzó cuando el semáforo se puso en verde.

 

—Uh… Mal ahí. —dijo aún manejando, frenando de repente en un estacionamiento, Santi lo miró fuerte y este rió.

 

—¿Qué hacemos acá? —Nacho sonrió y con una mano golpeando en su muslo le contestó “te traje a ver una movie, dale, bajate que pago todo”. Santi no daba más de impactado, el verdadero “¡Qué hombre!”

 

Bajaron, Scocco con esa nube de altanería que lo seguía siempre y Santi con ese aire delicado, como una brisa que apenas se sentía. Al entrar al cine, varias personas lo reconocieron y se sacaron fotos con él y con Santi Beltrán, después de la atajada que se mandó el menor era imposible no querer una foto con él.

 

Cuando la gente se calmó un poco, Nacho se acercó al mostrador a pedir las entradas para ver una película “Intensamente 2” sonrío con burla al escuchar cuál película iban a ver.

 

—Las otras pelis eran una verga, la verdad. —dijo Scocco riéndose, mientras se acercaba a Santi con una lata grande de pochoclos y dos aguas saborizadas. —Es que te quería hacer un regalito por haberte mandado tal atajada, Santi —.

 

—Me imagino, Nachito. —se rió el menor, pero el mayor lo quedó mirando sonriendo. “Nachito” ese nene lo iba a volver loco y era totalmente consciente de ello.

 

Entonces entraron a la sala de cine en silencio, cuando Beltrán se iba hacia la fila del medio, Nacho lo agarró y se lo llevó de la mano hasta la última fila, con la excusa de “acá se ve mejor…” el menor rió y simplemente se acomodó. La película en sí estaba buena, pero por estar viendo al hombre a su lado se perdió de todo.

 

Este pareció notarlo, entonces lo miró y le sonrió. —¿Qué pasa? —susurró bajito, mientras acariciaba con su mano el pelo del menor

 

—Estás muy fachero, eso pasa… —el otro sonrió y alejó su mano del pelo del otro. 

 

—Vos sos el fachero, papá, no sé cómo no tenés novia, bolud-

 

—No me gustan las minas. —dijo interrumpiendo al mayor, el cuál quedó impactado y con la vista en él. Y sí, un hombre tan masculino, con la voz tan gruesa y ese cuerpo tan… Grande… No parecía gay.

 

Santi se avergonzó y salió de la sala de cine corriendo, casi se tropieza en la oscuridad de esta pero no le importó, entró hacia el baño y se ocultó en uno de los cubículos, respirando agitado mientras se sentaba en la tapa del inodoro. Cuando a los pocos segundos escuchó unos golpes suaves en la puerta, seguido de un “Santi, puedo pasar?”. El menor se armó de valor y abrió la puerta.

 

—Santi… yo… —el menor lo agarró y lo empujó contra la puerta del cubículo.

 

—Callate… Me tenés podrido… —lo miró a los ojos, el menor estaba completamente sacado, pero a Scocco le llamó tanto la atención esto de él. —Primero lo del auto, después lo de la novia, ahora el cine… —bufó, frustrado —¿A qué mierda estás jugando, Ignacio? —.

 

Al no recibir respuesta del mayor, el arquero se quedó callado, mirándolo a los ojos, hasta que decidió acercarse más pegado a él. “¿Qué buscás, eh?” Dijo antes de tomarlo de la nuca y empezar a besarlo salvajemente. El ex delantero le siguió con dificultad el beso, mordiendo de vez en cuando el labio inferior del más alto.

 

El mayor gemía dentro del beso cuando Santi introdujo la lengua en su boca, haciendo sonidos húmedos que hacían eco en el baño del cine, en ese momento ya no se sentía en un cine, no se sentía en un lugar público, solo sentía la calentura del momento.

 

Toda su mente dió un vuelco cuando el menor lo dió vuelta, haciendo que estampe su pecho contra la puerta del cubículo. Santiago sabía bien lo que hacía, bajo el cierre de la bragueta de Nacho y desabotonó el pantalón para después bajarlo completamente. Al ser ex futbolista su culo era simplemente perfecto, redondo, pero a su vez era fibroso, lo cual le gustó tanto que empezó a amasar sus nalgas a través del bóxer.

 

—Mmmh… Hijo de mil… Dabas tantas vueltas… —dijo Santi atrayéndolo del cuello hacia su boca para empezar a besarlo y morderlo a su antojo mientras con su otra mano seguía apretando y amasando su pomposo culo.

 

—P-perd-.. —Santi le tapó la boca, acercando su boca al oído del mayor y diciéndole “hablá bajo, pelotudo”. El mayor gimió ante la posterior mordida que le dió el menor en su cuello y después asintió.

 

Después de haberle dejado el cuello rojo y marcado, Santi se dedicó a bajar los bóxers del mayor. Se sorprendió al notar que en todo su cuerpo tenía vellos, pero no en los glúteos, y sí, el que limpia la casa, es porque espera visitas.

 

Se agachó entonces, sacando sus manos de la boca del más bajo, arrodillándose ante esas redondas nalgas que lo podrían poner a rezar, ya que no sabía a quién agradecerle más que a Dios. Abrió ambas nalgas con sus dos manos, mirando la entrada rosada y apretada de Scocco.

 

—Venías a esto ¿No? —dijo pasando su pulgar por la entrada del mayor, a lo que este respondió con un asentimiento y una respiración cortada.

 

—S-sí… C-cogeme, por favor… —susurraba con dificultad, Santi sonrió y pasó su lengua por la entrada del mayor, a lo que este respondió con un gemido bajo.

 

Y así Santi empezó a comerlo con ganas, a veces pasando la lengua, a veces escupiendo, a veces besando las nalgas del mayor, pero no se despegó en ningún momento de él. Empezó a introducir su lengua dentro del mayor mientras acariciaba su erección por encima de la ropa interior de este.

 

—Ay… Ay, Santi… Chiquito… Que bien… —Santi sonrió, escupió sobre su entrada y empezó a comerlo de nuevo.

 

Estaba contento de hacerlo bien, ya que, entre nosotros, era su primera vez. Cuando se sintió listo, escupió encima de su dedo medio y lo frotaba en la entrada del mayor, que tragó saliva cuando lo sintió, aún gimiendo y jadeando por lo bajo.

 

Cuando lo introdujo en él, Scocco sintió un leve ardor, con un pequeño grito de dolor le hizo saber a Santi que le dolía, entonces este paró hasta que se acostumbre el mayor. Nacho ya lo había hecho varias veces sólo, pero era completamente diferente ahora, estaba en un baño público del cine, con el arquero de reserva… No se quejaba, pero los nervios lo estaban matando, aunque el morbo de ser descubiertos en cualquier momento lo encendía más y lo hacía sonreír un poco mientras soltaba gemidos.

 

Cuando Santiago sintió como el dedo ya no estaba tan apretado, empezó a moverlo dentro y fuera de Nacho, a veces metiéndose más profundo y a veces solo jugando con su dedo en la entrada. Escupió un segundo dedo, tratando de meterlo, metía uno, luego el otro, así hasta que sintió que podía meter los dos. 

Cuando lo hizo, Nacho tuvo que morder su propio brazo para no gemir mientras el menor lo dedeaba.

 

El vaivén era rápido y desalineado pero energético, se notaba que el pibe estaba dando lo mejor de sí para que él no notara que era la primera vez que hacía algo así, pero estaba bien, a Scocco le encantaba hacer debutar a pibes, y más si se lo merecían tanto como Beltrán. El tercer dedo llegó, y entonces Nacho reía mientras gemía, se sentía tan bien y tan estirado, sentía como su pija desatendida goteaba presemen por encima de su boxer bordó.

 

—Que putita de mierda, te cagás de risa porque te encanta ¿No? —Preguntó Santi, viendo como el ex delantero asentía mientras reía travieso y gemía a la par, ya no le importaba hacer ruido, necesitaba hacerlo.

 

Se levantó del suelo y desabrochó sus jeans, para después bajarlos y con su erección dentro de su boxer pegarle a la entrada del más bajo. Este gemía divertido aún, podía escuchar un “ay dios, que pibe…” le alegraba que piense lo mismo que pensaba él. Pero entonces sacó su miembro erecto de sus pantalones y empezó a frotarlo por la entrada del mayor.

 

—A-ah… ¿Tan grande, Santi? —el nombrado se acercó al oído del otro, susurrándole “te va a encantar… Nos va a encantar.”

 

La pija de Santi era muy estética a la vista, de unos 20 centímetros, lampiña, con el glande rosado y ahora goteante por las imágenes vistas y la fricción en su pantalón. Entonces la alineó con la entrada del mayor y, sin avisar, introdujo la punta. 

 

—¡Ah! ¡Avis- ah~! —dijo Scocco cortando su palabra con un gemido cuando el mayor empujó en su interior la erección hasta la mitad.

 

—No… No porque no lo merecés. —dijo con un tono lujurioso en la voz, y la verdad es que Santi no solía ser así, pero Scocco y su culo hermoso lo ponía mal, muy mal.

 

—S-sí, sí, señor… —gimió el mayor, haciendo que el mayor sonría con malicia y burla, saliendo de él bruscamente y volviendo a entrar, siempre hasta la mitad para no lastimar a su amor platónico de toda la vida.

 

—Eso… Eso putito, mirá que lindo orto que tenés, para atenderlo siempre… —entonces le dió una nalgada que hizo eco en el baño.

 

Seguía embistiendo, cada vez metiendo más su miembro en el otro, hasta que la pudo meter por completo. Entonces empezó un vaivén rápido y profundo, como si el menor solamente quisiera saciarse, el otro gemía y se reía de vez en cuando, lo cual hizo reír a Santi y dejó de embestir solo para decirle “¿se podrá ser tan trola..?” el otro rió pero empezó a gemir cuando el ritmo del otro aumentó.

 

Fue entonces cuando el menor liberó la erección del más alto, bajándole los pantalones y el bóxer y dejando ambos en el suelo. Agarró la erección goteante del mayor y, mientras seguía embistiendo, empezó a masturbarlo con el mismo ritmo. Sentía como el mayor lo apretaba cada vez que soltaba pequeñas cantidades de líquido preseminal de su glande. 

 

Esa presión fue lo que después de unos minutos le hizo empezar a sentir un cosquilleo que él conocía en su abdomen, y antes de que pudiera decir algo escuchó que el mayor dijo “voy a acabar, Santi…” entonces el menor sonrió y lo pajeó más rápido, también aumentando el ritmo de las embestidas.

 

Unas embestidas más y sintió como Scocco se vino en su mano, lo que provocó que las paredes de Nacho se cierren en él. Entonces, sin avisar, acabó dentro del mismísimo Ignacio Scocco, con un gruñido de placer y apoyando su cabeza en el hombro del mayor.

 

Minutos después del orgasmo, el menor salió de él, entonces Scocco sacó todo el semen que el otro había dejado en su interior. Sintió como el líquido blanco escurría por entre sus peludos muslos. Santi pasó un dedo por el líquido y se lo llevó a la boca a Ignacio, el otro aceptó el dedo en su cavidad bucal con gusto, haciendo un “pop” cuando sacó el dedo del menor de su boca.

 

Santi tomó un poco de papel higiénico y limpió tanto a Scocco, como a él, como la puerta y el suelo. Tiró el papel sucio en el tacho que había ahí. 

 

—Fue… ¿Tu primera vez, no? —dijo Nacho subiéndose los pantalones y el bóxer. Santiago rió suavemente y asintió.

 

—Gracias por… Dejarme hacerlo. —dijo Santi sonrojado, ni parecía que hace dos minutos lo estaba sacudiendo como desodorante vacío contra la puerta de un baño público.

 

Scocco se dió vuelta y lo abrazó tiernamente, el otro correspondió y cuando se separó le depositó un pico en los labios. Cuando salieron del baño, salieron de la mano.

 

—¡Andá, yo te alcanzo! —dijo Nacho, Santiago asintió y fue hacia la sala.

 

—¿Y? ¿Qué onda? —preguntó el guardia del baño del cine, riendo suavemente.

 

—De diez. —dijo Scocco, dándole un fajo de billetes incontables, pero eran de 1000 pesos. El guardia asintió. —Gracias por reservarme el baño siempre, capo —.

 

—No hay de qué, un placer hacer negocios con usted, Ignacio. —se estrecharon la mano y después Nacho se dirigió hacia la sala, donde estaba el chico de sus sueños.

 

Si bien no era la primera vez que lo hacía en el baño de un cine con un pibe… Está vez se sintió mejor que las anteriores, porque siempre se siente más cuando te garcha un fan.