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Language:
Español
Stats:
Published:
2024-11-17
Completed:
2024-12-05
Words:
56,045
Chapters:
31/31
Comments:
33
Kudos:
360
Bookmarks:
27
Hits:
6,762

Just a bit wrong (Adap. Julienzo)

Summary:

Enzo Fernandez es uno de los mejores fisioterapeutas de Argentina

Julián Alvarez es una joven estrella del fútbol con una lesión en la ingle

Ellos se detestan uno al otro desde el momento en que se conocieron

Según Enzo, Julián es un cheto mocoso mimado que está demasiado acostumbrado a hacer lo que quiere.

Según Julián, Enzo es un idiota mandón y presumido. Julián odia a Enzo. Lo hace. El problema es que él también quiere cosas que no debería querer.

Adaptación

Notes:

Esto es una adaptación del libro "Just a bit wrong" de Alessandra Hazard. Todos los créditos van para ella.

Adaptación sin fines de lucro, solo lo hago por diversión, no busco ofender a nadie y tampoco asumo la sexualidad de los personajes, es solo ficción. Aguante la ficción carajo!

Santa Alessandra te rezo todos los días

Chapter 1: Capítulo 1

Chapter Text

Julián no estaba de buen humor.

 

- Todavía no entiendo porque no puedo tener a un fisioterapeuta que conozca. No conozco a ese tipo.

 

La mirada que su asistente personal le dedicó podría considerarse profundamente sufrida en el mejor de los casos.

 

- Porque los fisioterapeutas del club ya están tapados de trabajo. - dijo ella - Y, el Dr. Paredes quiere que trabajes con un terapeuta de su confianza.

 

Julián chequeó la hora en su teléfono.

 

- El tipo está demorado. No tengo todo el día.

 

Volteó el rostro para ocultar su sonrisa mientras Emilia apretaba los dientes. Sin embargo, su voz sonó increíblemente calmada mientras decía:

 

- Él está solo 17 minutos demorado, Juli. Y es la tercera vez que decis eso durante los últimos 5 minutos.

 

Julián le dedicó una mirada inocente.

 

-¡Pero él está llegando tarde!

 

- Vos llegas tarde todo el tiempo arañita.

 

Emilia murmuró bajito, claramente sin intención de que él la oyera.

 

A pesar de ser su asistente personal durante un año, Emilia aún no tenía idea de cuan aguda era su audición y tenía el hábito de decir cosas sucias sobre él cuando pensaba que no podría oirla. Era bastante molesto.

 

Julián evitó sonreír.

 

Sabía que probablemente debería dejar de irritarla deliberadamente, pero estaba tan aburrido. Ahora que él estaba lesionado y bastante confinado dentro de la casa, molestar a su asistente personal era la única cosa remotamente interesante para hacer.

 

Era casi gracioso ver a Emilia tratando de contener las respuestas ingeniosas que deseaba dar.

 

Casi.

 

Enzo Fernandez está altamente recomendado. - dijo Emilia más fuerte. - Estoy segura de que hay una buena razón para su tardanza. Es un fisioterapeuta, y entrenador personal, exageradamente costoso. Debe ser bueno.

 

Julián se encogió de hombros. El médico de su equipo le prometió encontrar al mejor fisioterapeuta para ayudarlo a recuperarse de su lesión en la ingle, pero no había pedido ningún detalle; ese era el trabajo de Emilia.

 

- ¿De qué me sirve eso a mí si él no está acá? Mi lesión no va a curarse por sí sola. Estoy cansado de esperar.

 

-Entonces volvamos a entrar. - dijo Emilia, con una nota de exasperación arrastrándose en su voz de nuevo. - Además, estoy bastante convencida de que no deberías estar caminando.

 

Apoyándose contra el árbol, miró la casa y frunció el ceño.

 

- Estoy harto de estar atrapado dentro durante todo el día. No soy un inválido -. Esta vez no se quejaba sólo para molestar a Emilia. La falta de actividad realmente lo estaba volviendo loco.

 

Extrañaba el fútbol.

 

Extrañaba la sensación de estar sano y en forma, el viento en su cara mientras corría hacia el arco, la alegría que sentía cuando metía un gol, el rugido de la multitud cantando y coreando su apodo.

 

El fútbol era su vida. Lo único que importaba.

 

Miró al cielo gris. Ya estaban en marzo. La Copa del Mundo estaba a tan sólo tres meses de distancia.

 

ΕΙ tiempo se estaba agotando. Necesitaba volver a la cancha tan pronto como fuera posible, y recuperar su forma, si quería impresionar al entrenador de la Selección Argentina.

 

Julián podría ser el jugador más talentoso de Argentina en los últimos tiempos (en su humilde opinión), pero tenía, relativamente, poca experiencia a nivel internacional y sabía que eso obstaculizaba sus posibilidades de ser elegido.

 

El entrenador era bastante anticuado y prefería a veteranos fiables antes que a las jóvenes estrellas en ascenso. Y ahora su lesión sólo lo había complicado todo. Cuanto más tiempo estuviera lesionado, menores serían sus posibilidades de participar en la Copa del Mundo.

 

Y para empeorar las cosas, estaban en marzo y todavía no tenía un fisioterapeuta, o, mejor dicho, su fisioterapeuta aparentemente había decidido que tenía mejores cosas que hacer que su maldito trabajo.

 

Julián desvió su mirada de nuevo hacia Emilia. - Llama al Dr. Paredes y pregúntale dónde está ese inútil idiota.

 

Detrás de él, alguien se aclaró la garganta.

 

- Eso no será necesario. - dijo una voz seca. - El idiota inútil está acá.

 

Julián hizo una mueca. Incómodo. Y un poco inconveniente. Le gustaba causar una buena primera impresión en la gente. Tenía una imagen pública que mantener, después de todo.

 

Fijando una sonrisa en su rostro, se dio la vuelta.

 

Su sonrisa vaciló un poco y se humedeció los labios con la punta de la lengua.

 

El hombre que estaba a unos pocos pasos de distancia.

 

-Enzo Fernandez.

 

No era el hombre más lindo que había visto. Él no lo era. Pero exudaba tal confianza, fuerza y virilidad, que daba la impresión de ser increíblemente hermoso.

 

Era alto, con un cuerpo firme y hombros anchos. Su espeso cabello castaño oscuro tenía ligeros destellos rubios que hacía que brillara. Tenía una fuerte mandíbula, piel morena, y un par de agudos ojos negros. Su boca estaba finamente moldeada, con un ligero rasgo irónico en ella, pero no suavizaban la dureza de sus rasgos en absoluto.

 

Había un surco entre las cejas del tipo mientras que estudiaba a Julián. - Estás descargando todo el peso en una pierna.  Entrá a tu casa.

 

Julián parpadeo.

 

-¿Disculpame?

 

El médico se acercó, lo agarró entre sus piernas y le apretó el muslo.

 

Con los ojos ampliándose, Julián se quedó sin aliento, en parten por el shock y en parte por el dolor.

 

-¿Estás loco?

 

- Como pensaba. -dijo el moreno- No debes estar parado. Deberías descansar.

 

-¿Ya terminaste de manosearme?

 

El hombre retiró la mano.

 

- ¿Manosearte? Pensaba que fui contratado para ayudarte a recuperar de una lesión de tercer grado en la ingle. Entrá y sentate. No deberías estar de pie si un simple toque continúa siendo doloroso.

 

Julián cruzó los brazos sobre el pecho.

 

-Estoy bien acá, gracias.

 

-Eso no fue una petición.

 

El calor se precipitó a las mejillas de Julián. Nadie le ordenaba que hacer. Nadie.

 

Detrás de él, Emilia rió, pequeña traidora y, rápidamente, empezó a toser.

 

- Te despido.

 

Julián dijo apretando los dientes.

 

- Julián, lo siento...

 

Comenzó Emilia.

 

- Vos no. - dijo y miró al medico- Vos.

 

El médico no se veía preocupado. En todo caso, algo así como diversión brilló en sus ojos.

 

- No podés despedirme por hacer mi trabajo. En realidad, no me podés despedir y punto. No sos quien me contrató: el club de fútbol para el que jugas lo hizo. Ahora, anda adentro, Julián.

 

Los labios del fisioterapeuta se arquearon ligeramente.

 

Dios, Julián quería borrar esa sonrisa de su cara. Le frunció el ceño al tipo, pero antes de que pudiera decir nada, el fisioterapeuta se dirigió a Emilia.

 

- Enzo Fernandez.

 

Dijo con una agradable sonrisa estrechando la mano de Emilia.

 

- E-Emilia

 

Dijo ella en voz baja.

 

¿Estaba realmente batiendo sus pestañas para el tipo?

 

- Deja de babear y guarda la lengua dentro de tu boca. - Julián le dijo. - es asqueroso.

 

Emilia se ruborizó hasta las raíces del pelo y se quedó mirándolo.

 

Julián sólo levantó sus cejas y sonrió.

 

-¿Siempre sos así de pendejo cruel y sin tacto?

 

Julián amplió sus ojos y le dedicó su mejor mirada inocente.

 

-¿Yo? Creo que estás confundido.

 

- Sí, estoy confundido. - dijo evaluando a Julián. - Tenes reputación de ser un hombre agradable, con los pies sobre la tierra. Todavía me estoy preguntando dónde está él.

 

Julián sonrió.

 

-¿Escuchaste hablar de mí? Esperá, ¿Sos un fan?

 

Los labios del fisioterapeuta se torcieron

 

- Difícilmente. Soy hincha de Defensa y Justicia.

 

Lo imaginaba. Perdedor y equipo chico.

 

Como si pudiera leer sus pensamientos, el fisioterapeuta dejó escapar una carcajada.

 

- Incluso si me gustara tu equipo, yo no sería un fanático tuyo. Creo que tu hermano es el mejor jugador y debería ser el que esté jugando como nueve para River.

 

Palideciendo de furia, apretó los puños.

En su vista periférica, podía ver a Emilia haciendo una mueca por la observación de Enzo.

 

Ella sabía que era muy mala idea incluso dar a entender que su hermano adoptivo era mejor jugador que él porque Paulo no era el mejor jugador, maldita sea.

 

Al carajo con dar una buena primera impresión.

 

Éste pelotudo.

 

No se merecía desperdiciar ninguna sutileza en él.

 

-¿Ah, si?

 

Dando un paso más cerca del hombre. Sus caras estaban a pulgadas de distancia ahora. De cerca, la mirada del médico era algo inquietante. No es que Julián dejara que lo notara. Y era molesto que el tipo fuera más alto que él y él era de una estatura perfectamente normal.

 

Trabó los ojos sobre los del otro y dijo suavemente:

 

- Se requiere muy poco para arruinar la carrera de una persona, ya sabés. Unas pocas palabras a la persona equivocada harían el truco. Si yo fuera vos, querría ser un poco más respetuoso. Me sorprende que no te estés muriendo de hambre en las calles, si esta es tu actitud habitual hacia los pacientes. Tene cuidado. - Él sonrió con dulzura.- Sólo un consejo amistoso.

 

Los ojos del contrario se estrecharon, todos los rastros de diversión desaparecieron de ellos.

 

- Se necesitaría mucho más que las palabras de algún malcriado pendejo cheto para arruinar mi carrera.

 

-¿De verdad? - dijo Julián, ladeando la cabeza. -¿Tan seguro estás?

 

- Creo que estás malentendiendo algo. - dijo lentamente.- No necesito este trabajo. Mis servicios son reservados normalmente con meses de antelación. Acepté hacer esto, sólo como un favor a Leandro. Así que no soy yo quien debe tener cuidado, mocoso. Si no te gusta que yo no vaya a chuparte las medias como todos los demás...

 

- ¿Cómo sabes eso? - preguntó curioso a pesar de sí mismo. - ¿Que la gente es "chupa medias" conmigo?

 

Una sonrisa apareció en los labios del médico.

 

- Escuche hablar de vos. Y he sido advertido.

 

- ¿Por quién?

 

Preguntó, pero una sospecha ya se estaba formando en su mente.