Work Text:
Iglesia Abandonada, 1890
El aire dentro de la iglesia era denso y frío, como si las paredes mismas respiraban los siglos de abandono. Los vitrales rotos dejaban entrar apenas un rayo de luz de luna, suficiente para iluminar las figuras de los cuatro vampiros que se habían apropiado del lugar.
—Esto es deprimente, incluso para nosotros. —Bahiyyih pateó un pedazo de madera podrida mientras caminaba por el pasillo central, sus botas resonando en el eco cavernoso.
—¿Deprimente? —Youngeun, sentada en el altar con una pierna colgando, jugueteaba con un pequeño crucifijo de plata. Su sonrisa era tan afilada como sus colmillos. —Yo diría que tiene su encanto. ¿No te sientes más... en casa?
Bahiyyih le lanzó una mirada fulminante. —Deberías rezar por tu sentido del humor.
Huening Kai, que estaba reclinado en un banco cercano con los brazos cruzados detrás de la cabeza, soltó una risa ligera. —¿Siempre tienen que discutir? Es como ver a dos ratitas peleando por queso.
—Déjalas, Kai. —Taehyun se acercó, su figura elegante contrastando con las sombras de la iglesia. —Es su manera de comunicarse. Quizás algún día evolucionen.
—¡Por favor! —Bahiyyih bufó, deteniéndose frente al altar. —Yo tengo mejores cosas que hacer que perder el tiempo con esta... payasa.
—¿Payasa? —Youngeun saltó del altar, aterrizando con gracia frente a Bahiyyih. Sus ojos brillaban con un destello rojizo. —Eso es gracioso, viniendo de alguien que no puede dejar de mirarme.
—¿Quieres probar qué tan rápido puedo romperte esa sonrisa? —Bahiyyih dio un paso al frente, cerrando la distancia entre ambas.
Kai suspiró desde el fondo. —Siempre lo mismo.
—¿Podemos enfocarnos en lo importante? —interrumpió Taehyun, con su tono firme pero relajado. —Los humanos en este pueblo ya están demasiado cerca de descubrirnos. Si seguimos dejando rastros, tendremos que irnos antes de lo planeado.
Youngeun se alejó de Bahiyyih con una sonrisa burlona, pero su mirada se volvió seria al escuchar a Taehyun. —No es mi culpa que algunos de nosotros no sepamos controlar nuestro apetito.
—¿Hablas de ti misma? —replicó Bahiyyih con rapidez, pero Kai se levantó antes de que las cosas pudieran escalar.
—Suficiente. Somos un equipo. Si no queremos que nos persigan con antorchas, tenemos que actuar como uno. —Kai los miró a todos con una severidad poco común en él y el silencio lleno el lugar.
Sleepy Hollow , 1986
El rugido de una motocicleta rompió la calma de la noche. Youngeun apagó el motor frente a la vieja bodega que usaban como refugio y se quitó el casco, sacudiendo su cabello corto. El aire estaba cargado, con el calor húmedo de verano.
—¿Qué tenemos? —preguntó Kai desde el sofá polvoriento donde estaba sentado con Taehyun, quien hojeaba distraídamente una revista de música.
—Un grupo de adolescentes se coló en el bosque. Uno de ellos asegura haber visto ojos rojos entre los árboles. —Youngeun dejó caer su chaqueta de cuero sobre una silla y miró a Bahiyyih, que estaba sentada cerca de una ventana. —¿Algo que decir?
—¿Por qué asumes que fui yo? —respondió Bahiyyih, cruzando los brazos. —No todos necesitamos andar mostrando los colmillos para divertirnos.
—Eso es gracioso, porque juraría que estabas cerca de ese bosque anoche.
—Ya basta. —Taehyun cerró la revista y se levantó. —Esto no es un juego. Si los rumores se salen de control, tendremos cazadores en la ciudad.
—¿Cazadores? —Bahiyyih arqueó una ceja. —Por favor, ¿qué pueden hacer esos idiotas con cruces y balas de madera?
— No podemos subestimarlos—intervino Kai, su tono más serio que de costumbre. — Y si nos encuentran, no solo seremos nosotros. Podríamos exponer a otros.
El grupo quedó en silencio por un momento. Youngeun fue la primera en moverse, caminando hacia la ventana para mirar la ciudad iluminada.
—Está bien. Tendremos más cuidado aunque a la tonta le cueste, prometo cuidarla. — Dijo con tono de burla.
Bahiyyih rodó los ojos. —Si vas a seguir con esa actitud, quizás los cazadores no sean un problema después de todo.
Kai sonrió mientras Taehyun suspiraba, ya acostumbrados al tira y afloja entre ambas.
Una semana después
La luz del televisor parpadeaba en el refugio mientras un noticiero local informaba sobre las desapariciones recientes en las afueras de la ciudad. Las palabras “ataques misteriosos” y “leyendas urbanas” se repetían mientras imágenes del bosque y cruces improvisadas aparecían en pantalla.
—No puedo creer que alguien haya dejado un cadáver tan cerca del límite del bosque. —Bahiyyih se levantó del sillón, cruzándose de brazos mientras miraba a los demás.
—¿Y qué sugieres? ¿Que dejemos una tarjeta diciendo ‘Perdón por el desorden’? —Youngeun, recostada en una mesa con los pies sobre la superficie, parecía la encarnación de la indiferencia.
—Estoy diciendo que deberíamos ser más cuidadosos. —Bahiyyih dio un paso hacia ella. —Pero claro, pedirle eso a alguien como tú sería demasiado.
—Chicas, por favor. —Kai apagó el televisor con un suspiro. —No necesitamos otra pelea. Necesitamos soluciones.
Taehyun, que había estado en silencio, se levantó y dejó caer un mapa sobre la mesa. —Los rumores vienen de este lugar —señaló un área en las afueras—. La última desaparición fue aquí. Si seguimos el patrón, están buscando justo en nuestras rutas habituales.
—Perfecto. —Youngeun se inclinó hacia el mapa con una sonrisa burlona. —Cazadores novatos, asustados y sin idea de lo que enfrentan. Facilisimo.
—Ese es el problema. —Taehyun la miró con seriedad. —Los novatos son impredecibles. Si entran en pánico, podrían atraer más atención. Quizás incluso a cazadores reales.
Kai asintió, su expresión más sombría de lo habitual. —Tenemos que contener esto antes de que empeore.
—Bien. —Bahiyyih se giró hacia ellos. —Dividámonos. Kai y Taehyun pueden cubrir las zonas periféricas, asegurándose de que no haya más ‘rastros’. Youngeun y yo nos encargaremos de limpiar el bosque.
Youngeun arqueó una ceja, claramente divertida. —¿Tú y yo? Qué romántico.
—O puedes ir sola y ver cuánto tardan en atraparte —replicó Bahiyyih sin pestañear.
—Ya paren —Kai se interpuso entre ambas. —Trabajarán juntas y dejarán de discutir por una noche, ¿de acuerdo?
Ninguna respondió, pero el silencio fue suficiente para que Kai lo tomara como un sí.
Ese mismo día en el bosque
El bosque estaba oscuro, iluminado solo por la luz de la luna que se filtraba a través de las copas de los árboles. Youngeun caminaba delante, moviéndose con una agilidad que a Bahiyyih le resultaba irritante.
—¿Siempre tienes que ir un paso adelante? —Bahiyyih rompió el silencio, su voz cortando el aire frío.
Youngeun se giró con una sonrisa. —Es difícil quedarse atrás cuando no hay nadie capaz de seguirme el ritmo.
—¿Sabes? Eres insoportable.
—¿Y tú? ¿Qué es lo tuyo? ¿Actuar como si no te importara nada cuando claramente te importa todo? —Youngeun se acercó un poco más, su mirada fija en Bahiyyih. —Admite que te diviertes con esto tanto como yo.
—No tienes idea de lo que pienso.
—Claro que sí. —Youngeun dio un paso más cerca, dejando apenas unos centímetros entre ambas. —Te gusta esto que tenemos. ¿Qué harías sin mí para mantenerte ocupada?
Bahiyyih abrió la boca para responder, pero un sonido en la distancia las interrumpió. Ambas se giraron, tensándose al mismo tiempo.
—¿Eso fue un latido de corazón? —susurró Bahiyyih, sus sentidos alerta.
— Un humano. —Youngeun escaneó el área, sus colmillos ligeramente expuestos.
El sonido se acercaba, y ambas sabían que no estaban solas.
Cuando el sonido se intensificó, y una figura emergió entre los árboles. Era un cazador, joven y tembloroso, con una cruz en una mano y una pistola en la otra.
—¡No se acerquen! —gritó, apuntando directamente a ellas.
—¿En serio? —susurró Youngeun, dando un paso al frente con una confianza peligrosa.
Bahiyyih la detuvo, colocando una mano en su brazo. —Déjamelo a mí.
Ella se acercó lentamente, sus ojos brillando con un rojo profundo mientras su voz adoptaba un tono hipnótico.
—No quieres hacer esto. —Sus palabras resonaron en la mente del cazador, quien comenzó a bajar el arma, sus ojos perdiendo foco.
—Bahiyyih... —Youngeun observó con admiración disimulada, aunque nunca lo admitiría en voz alta.
—Vete —ordenó Bahiyyih, y el cazador obedeció, perdiéndose en la oscuridad.
Youngeun se acercó, inclinando la cabeza. —Admito que fue impresionante.
—Gracias. —Bahiyyih se giró hacia ella, con una leve sonrisa. —Pero la próxima vez, sigue mi ritmo.
Youngeun sonrió, dándose cuenta de que, a su manera, Bahiyyih acababa de bajar la guardia, aunque solo un poquito.
Mientras el sonido de los pasos del cazador aún resonaba en la distancia. Bahiyyih se apoyó contra un árbol, sus ojos volviendo a la normalidad mientras tomaba un respiro. Youngeun la observaba con atención, sus manos metidas en los bolsillos de su chaqueta de cuero.
—Lo manejaste bien, princesa —dijo Youngeun con una media sonrisa, aunque su tono estaba desprovisto de la burla habitual.
—Podría haber salido peor si tú hubieras actuado primero. —Bahiyyih levantó la vista hacia ella, pero no había la misma dureza de siempre en su mirada.
Por un momento, el bosque quedó en silencio. Luego, Bahiyyih susurró, casi como si hablara consigo misma.
—Eres tan impulsiva como siempre, ¿sabes? Igual que la primera vez que te vi.
Youngeun se giró hacia ella, sorprendida por el comentario. —¿La primera vez?
Bahiyyih la miró con una leve sonrisa. —¿De verdad no lo recuerdas?
Europa, 1610
El humo llenaba el aire mientras las llamas devoraban una pequeña cabaña en las afueras del pueblo. La gente gritaba, formando un círculo alrededor del fuego mientras señalaban a la figura que había sido arrastrada hacia el centro.
Bahiyyih observaba desde las sombras, envuelta en una capa oscura que la protegía tanto del frío como de las miradas curiosas. Había aprendido hacía tiempo que el mundo humano no era un lugar amable para los suyos. Sin embargo, aquella noche algo diferente llamó su atención.
Una chica, de la misma edad que ella, estaba de pie junto al fuego. Su cabello oscuro estaba desordenado, y había una herida en su labio que aún sangraba. Pero lo que más destacaba era su mirada desafiante, furiosa, como si no temiera en absoluto lo que estaba por venir.
—Bruja... bruja... —los aldeanos coreaban, sus voces llenas de odio.
—¿Eso es lo mejor que tienen? —La chica escupió sangre al suelo, mirando a los aldeanos con una sonrisa burlona.
Bahiyyih sintió algo extraño al verla. No era solo compasión; era curiosidad. ¿Cómo alguien podía enfrentarse al miedo de esa manera?
Antes de que pudiera pensar más, un hombre levantó una antorcha, dispuesto a lanzarla al fuego.
—¡Esperen! —La voz de Bahiyyih salió más fuerte de lo que esperaba mientras salía de las sombras.
Los aldeanos se giraron hacia ella, algunos murmurando mientras otros levantaban las antorchas con desconfianza. Bahiyyih sabía que estaba arriesgándose, pero algo dentro de ella la empujó a intervenir.
—Esta chica no es una bruja. —Bahiyyih caminó hacia el centro, su tono firme. —Es solo una niña.
La chica la miró con incredulidad, pero no dijo nada.
—¿Y tú quién eres para defenderla? —preguntó uno de los hombres, entrecerrando los ojos.
Bahiyyih mantuvo la mirada fija. —Alguien que sabe reconocer a una bruja cuando la ve. Y esta no lo es.
Hubo un murmullo entre la multitud, y por un momento pareció que los aldeanos dudaban. Fue suficiente para que Bahiyyih se moviera rápidamente, agarrando la mano de la chica y tirando de ella hacia la oscuridad del bosque.
—¿Qué estás haciendo? —susurró la chica mientras corrían.
—Salvándote. —Bahiyyih no miró hacia atrás.
Cuando estuvieron lo suficientemente lejos, Bahiyyih se detuvo, soltando la mano de la chica y girándose hacia ella.
—¿Qué estabas pensando? ¿Provocarlos de esa manera? —dijo con frustración.
La chica la miró, su expresión tan desafiante como antes. —No necesitaba tu ayuda. Podría haberme manejado sola.
Bahiyyih soltó una risa amarga. —¿Ah, sí? ¿Planeabas salir caminando del fuego?
—Tal vez. —La chica sonrió ligeramente, dejando entrever algo parecido a diversión. —Pero gracias, supongo.
—No lo hice por ti. —Bahiyyih cruzó los brazos. —Los humanos son horribles pero no merecen morir por eso.
—Qué noble de tu parte. —La chica dio un paso más cerca, estudiándola con curiosidad. —Eres como yo, ¿Cierto? Eres una vampira.
Bahiyyih no respondió. Sabía que la chica lo había deducido, no había necesidad de confirmarlo.
—Me llamo Youngeun, por cierto. —La chica extendió una mano, como si nada hubiera pasado.
Bahiyyih la miró con desconfianza antes de suspirar y aceptar el gesto. —Bahiyyih.
Youngeun sonrió, y por primera vez esa noche, no había burla en su expresión. —Gracias, Bahiyyih. Aunque no lo admitas, sé que me salvaste porque te importe.
Bahiyyih rodó los ojos, pero no pudo evitar la ligera sonrisa que se formó en sus labios.
Bosque, 1986
—Claro que lo recuerdo. —Youngeun rompió el silencio, su tono más suave de lo normal. —Nunca he olvidado esa noche.
Bahiyyih desvió la mirada, como si no quisiera que Youngeun viera algo que no estaba dispuesta a admitir. —Fue hace mucho tiempo. No significa nada ahora.
Youngeun dio un paso hacia ella, inclinando la cabeza para atraparla con la mirada. —¿Segura?
Bahiyyih abrió la boca para responder, pero otro sonido en la distancia las interrumpió. Ambas se giraron al unísono, sus
sentidos alerta una vez más.
—Parece que nuestra noche aún no termina. —Youngeun sonrió, aunque su mirada estaba fija en la oscuridad.
Bahiyyih asintió, dejando el pasado atrás por ahora.
—Sigamos avanzando.
El bosque estaba más inquieto que antes. Las ramas crujían como si algo se moviera entre ellas, y el aire olía a peligro. Youngeun caminaba en silencio junto a Bahiyyih, pero la tensión entre ambas era palpable. No solo por el peligro que las rodeaba, sino por lo que había quedado sin decir.
—¿Qué crees que pase si los cazadores llegan demasiado cerca? —preguntó Bahiyyih, rompiendo el silencio.
Youngeun se detuvo y se giró hacia ella, su expresión seria. —Lo que siempre hacemos. Sobrevivimos.
—¿Y si no podemos? —Bahiyyih cruzó los brazos, sin apartar la mirada.
Youngeun sonrió, pero no había burla esta vez, solo una extraña tristeza. —¿Desde cuándo tienes dudas, princesa? Pensé que siempre estabas segura de que podíamos con todo.
Bahiyyih desvió la mirada hacia las sombras del bosque. —No tengo dudas sobre mí. Tengo dudas sobre ti.
—¿Sobre mí? —Youngeun arqueó una ceja, aunque no parecía sorprendida. —Eso es interesante, considerando que fui yo quien te sacó de más de un problema en los últimos quinientos años.
—Y también quien casi nos expone más veces de las que puedo contar.
El silencio cayó entre ellas, pero esta vez no era incómodo. Había algo cargado en el aire, algo que las mantenía fijas en el lugar, como si ninguna pudiera dar el siguiente paso.
— Todavía no puedes controlarlo, ¿verdad? —preguntó Bahiyyih de repente, su voz más baja.
Youngeun se tensó, su mandíbula apretándose. —¿Qué quieres decir?
—Tu hambre. —Bahiyyih la miró con seriedad. —La forma en que a veces pierdes el control... Es diferente. Yo lo noto.
Youngeun no respondió de inmediato. En lugar de eso, miró hacia el suelo, como si buscara algo que no estaba allí.
—¿Y qué si es cierto? —Finalmente levantó la mirada, sus ojos rojos brillando apenas en la penumbra. —¿Qué si no puedo controlarlo? ¿Vas a entregarme a los cazadores?
Bahiyyih dio un paso adelante, cerrando la distancia entre ambas. —No seas idiota. Nunca haría eso.
Youngeun soltó una risa amarga. —¿Entonces por qué me miras como si lo consideraras?
Bahiyyih abrió la boca para responder, pero el crujido de ramas cercanas las interrumpió. Ambas se giraron al unísono, sus sentidos afilados por siglos de instinto.
—Algo viene. —Youngeun susurró, su tono firme.
Bahiyyih y Youngeun se enfrentaron al origen del ruido: un grupo de cazadores, esta vez mucho más preparados. Cruces, armas cargadas con balas de plata, y rostros decididos.
—Sabíamos que ustedes eran reales. —El líder del grupo, un hombre mayor con una cicatriz en la cara, dio un paso al frente. —Y esta noche termina su reinado de terror.
Youngeun soltó una carcajada. —¿Reinado de terror? Ahora sí siento que estamos en una mal drama.
—Eso es suficiente. —El hombre levantó su arma, apuntándola directamente hacia Bahiyyih.
Antes de que pudiera disparar, Youngeun se movió con una velocidad sobrenatural, empujando a Bahiyyih fuera del camino y enfrentándose al cazador directamente.
—¡Youngeun! —Bahiyyih gritó, viendo cómo las balas apenas fallaban a su compañera mientras ella derribaba a uno de los cazadores.
La batalla fue corta pero intensa. Ambas lucharon juntas, una sincronía que nacía de siglos de conocerse, incluso en medio de su constante enfrentamiento. La diferencia en su estilo era evidente. Bahiyyih era precisa, calculadora. Youngeun, impulsiva y brutal, moviéndose como si no le importara el daño que pudiera recibir.
Finalmente, solo quedaron los cuerpos inconscientes de los cazadores. Pero Youngeun no había terminado. Su mirada roja se fijó en uno de ellos, sus colmillos expuestos mientras se acercaba lentamente.
—¡No! —Bahiyyih se interpuso, colocando una mano en su pecho. —Detente.
—Se lo merecen. —Youngeun gruñó, su voz más grave. —Intentaron matarnos.
—No somos como ellos. —Bahiyyih la miró directamente, sus ojos reflejando algo que no había mostrado antes: vulnerabilidad. —Tú no eres como ellos.
Youngeun tembló, su respiración agitada mientras luchaba contra su impulso. Bahiyyih no se apartó, acercándose más hasta que apenas había un espacio entre ambas.
—Por favor. —Su voz era suave ahora. —No pierdas lo que te hace... tú.
Por un momento, el mundo pareció detenerse. Youngeun cerró los ojos, exhalando profundamente antes de dar un paso atrás.
— ¿Ahora sí vas admitir que te gusto? —Murmuró con una sonrisa cansada, sin atreverse a mirarla.
Bahiyyih dejó escapar un suspiro de alivio antes de colocar una mano en su rostro, obligándola a mirarla.
—Siempre lo supiste. —Sus palabras eran apenas un susurro.
Por primera vez en siglos, la distancia entre ellas desapareció por completo. Fue un beso breve, suave, pero lleno de la intensidad acumulada a lo largo de tantos siglos de encuentros, desencuentros y sentimientos nunca dichos.
Cuando se separaron, Youngeun la miró con una mezcla de sorpresa y mucho cariño.
—Esto no cambia nada, ¿sabes? —bromeó, aunque su voz temblaba un poco.
Bahiyyih sonrió, la primera sonrisa genuina que Youngeun había visto en mucho tiempo. —Claro que no.
Ambas rieron, aunque sabían que nada sería igual después de esa noche.
