Actions

Work Header

Amor y otros sentimientos

Summary:

John sugar regresa y junto a Melanie Mattews comienza su búsqueda para detener la violencia que Henry va dejando a su paso. ¿Habrá tiempo también para el amor? / John Sugar returns and together with Melanie Mattews begins their quest to stop the violence that Henry is leaving in his wake. Will there also be time for love?

Chapter 1: Ira - John

Chapter Text

Conduje varios kilómetros hasta un modesto hotel a las orillas de la ciudad. Todos han regresado al planeta, a excepción de Henry y yo, por supuesto. Tengo una nueva misión, y no tiene nada que ver con mi profesión asignada en la tierra. Necesito encontrar a Djen, si es que sigue con vida, o al menos saber qué pasó. Tengo un sentimiento creciente de ira, siento el deseo de lastimar a Henry, de golpearlo hasta obtener la verdad, de hacerlo suplicar por piedad. Sentimientos nuevos y tan puramente humanos. Entre más tiempo paso en la tierra más me vuelvo como ellos. Tengo miedo. La violencia no es un camino que me guste tomar, aunque, en las últimas semanas, ha sido mi única opción…

¿Lo ha sido?

Abro el pequeño refrigerador y encuentro un poco de vodka, lo tomo directamente y me lo termino de un sorbo. No servirá de nada, nunca he logrado embriagarme, pero el cosquilleo en mi lengua es una sensación distinta, incluso placentera. Enciendo la vieja televisión y veo las noticias.
Olivia Siegel, hija del famoso productor de cine es encontrada con vida después de haber estado secuestrada por semanas en el sótano del hijo del senador.

Demonios. La policía ya ha revelado detalles del caso a la prensa. ¿El senador tratará de exponer a mi especie como represalia? No tendría sentido, la mayoría se han ido ya, aunque, desconozco si haya pruebas de que estuvimos aquí ¿Hubo algún intercambio entre ambas especies? ¿Hay algo más detrás del hecho de venir a estudiar a los humanos? No lo sé. No compartían esa información conmigo, ni siquiera Ruby, a quien consideraba mi amiga y todo el tiempo supo del paradero de Olivia. No sé si deba creer el hecho de que no sabía que Henry se había llevado a Djen. De igual forma ella ya se ha ido, ahora estoy por mi cuenta.

Decido que estoy agotado mentalmente y apago la televisión. No traje ropa extra así que dormiré sólo con mi ropa interior. Mañana dedicaré mi tiempo a conseguir ropa nueva y cambiar mi auto. Lo amo, pero llama demasiado la atención. Tendido en la enorme cama, extraño a Wiley. El pequeño peludo se había ganado mi corazón, pero sería difícil llevarlo a todas partes, y, por desgracia también llamaría la atención. Me pregunto qué estarán haciendo él y Melanie en estos momentos.

Melanie…

Sonrío al pensar en ella. No hubiera logrado encontrar a Olivia sin su ayuda. Aunque, también la puse en peligro al involucrarla. Por fortuna, me deshice de las personas que querían hacerle daño. Creo que estará a salvó por ahora. Nunca había expuesto mi identidad extraterrestre a nadie, pero creí que debía saber porqué no volveríamos a vernos. La extrañaré. No quisiera nada más que vivir una vida común en la tierra, quizá con un trabajo menos peligroso, comprar una pequeña casa y un auto clásico. Quizá entonces podría ser su amigo, podría invitarla a salir, podría robarle un beso antes de despedirme frente a su puerta…

¿Qué estoy pensando?

Me desvío de mi objetivo. Necesito encontrar a Djen. Necesito asesinar a Henry, él no se detendrá. Lo han consumido los peores pensamientos y actos crueles con el pretexto de observar y reportar. Pero, quizá… si todo sale bien y acabo con esto, podría volver con Melanie. Cierro los ojos y lo último que imagino antes de dormirme, es a ella, sonriéndome a lo lejos frente a su cochera, con Wiley detrás de ella, esperándome. Pero estoy tan lejos, que no logro llegar hasta ella.

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

Despierto porque el sol da directamente en mi rostro. Miro el reloj de la mesita de noche. Nueve y quince.

Carajo, dormí demasiado.

Me levanto y me doy una ducha rápida. Lo único que llevo conmigo es mi maletín con jeringas y algo de dinero para vivir algunos días. Debo llegar a mi bodega para emergencias pronto y recolectar lo necesario. Es una suerte que conservé el cheque del rescate de Olivia. Pienso también, que aún tengo un vial que me ayuda a convertirme a mi forma elemental. Lo aprieto dentro de mi bolsillo para tratar de calmarme. Pienso conservarlo para una ocasión especial, o bien, para cuando sea necesario utilizarlo. Bajo las escaleras muy de prisa y dejo mis cosas en el auto. Luego me dirijo hacia la vieja oficina de recepción. Dentro está un chico con mala cara comiendo unos Doritos mientras conversa con una chica morena, con cabello muy largo y azabache. Apenas entro y detienen su conversación. Pago mis cuarenta dólares y entrego la llave al encargado. Él no dice nada y sólo me tiende un libro viejo. Me registro con nombre de Daniel Watts, justo debajo de un tal Steven Spielberg. Sonrío ante la broma, quizá debí colocar un nombre más creativo. No me dí cuenta de que la muchacha ahora estaba junto a mí.

“Daniel Watts” dice ella mirando mi firma en la libreta y después a mí, con sus ojos llenos de dudas, pero sin dejar del lado el coqueteo al recargarse sobre la barra mostrando su escote que sobresalía de su abrigo de piel de leopardo. “Ese nombre suena sospechosamente inventado”

No me había detenido a mirarla con atención. Mascaba un chicle y cuando sonreía podía ver su diastema. Cualidades del ser humano que me parecían muy peculiares. Ella usaba además un vestido ajustado solo en las zonas importantes. Era bastante joven y bastante delgada, pero su profesión estaba bastante implícita, tan cliché para este hotel de mala muerte.

“Supongo que sólo soy un tipo aburrido. Parece que aquí se hospedan sólo personalidades importantes del cine” respondí con sarcasmo logrando que ella soltará una risita.

“No creo que seas aburrido” afirmó poniendo su mano sobre la mía. “No eres como los hombres que vienen aquí”

“¿Por qué lo dices?” pregunto intrigado. ¿Acaso puede leerme tan fácilmente? Siempre me he considerado discreto y en cierta forma, invisible.

“Conozco a las personas. Vienen a esconderse para luego volver a sus vidas aburridas. Tú huyes” ella rodea la barra y se sienta sobre el banco frente a mi. “¿Pero de qué?”

“Supongo que todos huimos. Pero el destino de alguna manera logra encontrarnos” digo finalmente.

La miro sonreír y morderse el labio mientras me alejo. Subo a mi auto y mientras conduzco, pienso que en otras circunstancias, le habría ofrecido un buen desayuno en la cafetería, quizá un poco de dinero para que no tenga que vender su cuerpo. Pero no salió bien la última vez. Comprendí que no podía salvarlos a todos por más que me gustaría hacerlo.

Me estaciono en la cafetería que está a las afueras de San Bernardino. No puedo adentrarme en un viaje largo sin desayunar. Me siento demasiado hambriento, cosa rara en mí, debido a que la comida nunca fue tan esencial y podía soportar bastantes horas sin probar un bocado. Pienso que entre más tiempo paso aquí, más humano me vuelvo.
Entro en el establecimiento vacío y me siento junto a la ventana. Me distraigo con los escasos autos que pasan por la vieja carretera y con los altos pinos que crecen junto a ella.

“¿Qué le ofrezco?” Me pregunta la joven mesera sacándome de mis pensamientos.

“Hot cakes y un café americano, por favor” la chica me sonríe y se dirige a la cocina. Ya no hay nadie más en el comedor, que es claramente de paso. Minutos después veo a la chica pelirroja con mi almuerzo en las manos y suspiro de alivio. El hambre no es algo que sienta con frecuencia, pero hoy era particularmente la excepción. Le sonrío y agradezco cuando noto un pequeño punto rojo justo en su pecho, casi imperceptible, como un apuntador láser… un punto de mira.

Me abalanzó contra ella haciéndonos caer a ambos en el suelo momentos antes de que los disparos atravesaran los ventanales. La abrazo para evitar que los vidrios cayeran sobre ella y ella solloza asustada debajo de mí.

“Escúchame. Arrástrate hasta la cocina y sal por la puerta trasera. ¡Ahora!” le ordeno y ella lo hace con dificultad. Me pongo en cuclillas y avanzo a la pared junto a la puerta.

“Oye John” grita la indiscutible voz de Henry desde el estacionamiento. “Creí que tendrías un mejor gusto en restaurantes. Te iba a encontrar de cualquier manera pero reconozco tu esfuerzo ¿Por qué no sales y charlamos?”

“¿Por qué no vienes aquí y charlamos?” Le respondo. Asomo un poco la cabeza y observo la escena. Son dos camionetas grandes con al menos ocho hombres armados acompañando a Henry.

“Sin rodeos Sugar” espetó. “El senador está molesto por qué su hijo está en prisión. Su carrera política está arruinada. Amenaza con exponernos, a menos que te entregues”

“¿Y por qué haría yo tal cosa?” Lo reté.

“Quizá por el hecho de que te superamos en número” vuelvo a mirar, los hombres se han dispersado, supongo que ahora el restaurante y yo estamos rodeados.

“Las he visto peores” respondí mientras sacaba mi arma de mi saco. Seis balas. Necesito un plan y no precisamente para asesinarlos a todos, cosa que no deseo hacer. Sólo necesito salir con vida.

Claro, en otras circunstancias no tendría temor, pero mi naturaleza falla, me estoy volviendo más humano…
Lo siguiente que sucede pasa como en velocidad aumentada. Salgo de mi escondite y recibo disparos directos. Logro esquivar algunos y otros rozan mi piel. Cuando antes las balas rebotaban, ahora siento que golpean y rasgan en dónde tocan, sin embargo, no me atraviesan. Sus miradas asustadas mientras notan que soy una especie de humano indestructible se instalan en mi mente. No me gusta dañar a las personas, ellos sólo estaban haciendo lo que les ordenaron. De igual manera, resulta tan sencillo derribarlos con seis balas, pero no me satisface. Robo un arma del suelo y observo que el resto de los hombres deciden no intentarlo. Suben a una de las camionetas y se alejan a toda velocidad. Tengo la oportunidad y distancia de disparar contra una llanta para evitar que avancen, pero decido no hacerlo. Henry no va en ese vehículo, no veo necesario derramar más sangre de la necesaria.

Me pregunto cómo será una pelea entre dos personas que no pueden hacerse daño. Nuestra piel es más dura que cualquier metal terrestre. Lo busco en los alrededores y llego a la parte trasera del restaurante. Está de pie, sonriéndome desde lejos. Esperándome. Me siento como Clint Eastwood a punto de una batalla de pistolas legendaria. Pero esto no es el viejo oeste, ni nosotros dos vaqueros. Descargo la ametralladora contra él con la esperanza de que al menos lo aturda. Sin embargo, como era de esperarse. Nada de eso ocurrió.

“¿No es esto algo inútil para nosotros?” Me pregunta acercándose con calma hacia mí.

“Lo es” tiro el arma al suelo al comprobar que no tiene sentido. “Sólo trajiste a estos hombres a morir por nada”

“En eso te equivocas amigo” ahora está frente a mí. “Pude acercarme lo suficiente a ti”

Acto seguido, saca de su bolsillo una especie de metal negro y brillante que logra enterrar en mi costado. Lo siento frio dentro de mí y pierdo el equilibrio, me arrodillo y luego me recuesto boca arriba mientras siento que mi respiración se ralentiza. Estoy sangrando en abundancia, ¿Cómo es esto posible? ¿Cómo Henry tiene acceso a algo que puede asesinar a los de nuestra especie? En nuestro planeta, ni siquiera existen armas o guerra. Mi amigo fue corrompido aquí en la tierra.

Mi vista se nubla pero siento como me toma de los pies y me arrastra hacia el bosque, lo único que puedo ver son las copas de los árboles oscureciendo mi visión cada vez más mientras nos adentramos en el bosque. Después de un rato, Henry finalmente me suelta.

“El trato era llevarte vivo al senador” explica. “Pero me enviarán de vuelta a casa y no está en mis planes abandonar este planeta. Sin embargo, les diré tu ubicación antes de irme para que vengan a recoger tu cadáver. Si te sirve de consuelo, los humanos te estudiarán y con suerte entenderán que están tan lejos de llegar a ser el organismo perfecto” él se agacha poniendo su rostro frente al mío.

“Espero que no me guardes rencor, pero mientras vivas, serás como una piedra en el zapato y, aún tengo tanto por hacer” me explica mientras yo evito desangrarme. “Hasta nunca, amigo mío” se despide en español y se da la vuelta.

“¿Dónde está Djen?” Logro decir mientras respiro con dificultad.

“Tú sabes dónde está” responde y se aleja.

Después de unos segundos me doy cuenta que mi hermana está muerta, en el fondo siempre lo supe. Por lo que me encuentro en el dilema de seguir con vida o reencontrarme con ella. Incluso nosotros creemos en otra vida después de la muerte, aunque nunca lo hayamos comprobado. Y, a pesar del amor que siento por mi hermana, no puedo dejar cabos sueltos aquí en la tierra. El impulso de hacerlo pagar por quitarme lo que más amaba se apodera de mí, así que acto seguido, saco mi último vial de mi bolsillo y lo inyectó directamente a mi corazón. Una especie de adrenalina me invade y me siento abruptamente en el suelo húmedo. Respiro apresuradamente y siento mis latidos a mil por hora. Es entonces que retiro con dolor el punzocortante de mi costado, es un extraño metal que jamás había visto. No es de esta tierra, quizá ni de mi planeta. Empiezo a sangrar con mayor intensidad. Sin embargo, ya puedo notar que mi cabello se ha ido, que mi piel es de un color azul brillante y que mi herida empieza a cerrarse, aunque lentamente. Logro ponerme de pie y llegar al restaurante a trompicones, sólo para darme cuenta de que Henry se ha ido en la camioneta restante. No será difícil encontrarle. Creyéndome muerto, no se preocupará por ocultar sus huellas. Entonces subo a mi auto y conduzco por la sinuosa carretera para llegar a la única persona que puede ayudarme ahora.