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Las puertas de cristal de la prestigiosa universidad de diseño se abrieron con un suave susurro. Bahiyyih no dudó en cruzarlas, con pasos firmes y una sonrisa ligera que no podía disimular su emoción. Era un nuevo comienzo, pero también una oportunidad para demostrar que no estaba allí por caridad, sino porque era la mejor.
Vestida con una chaqueta oversized que ella misma había rediseñado, combinada con un pantalón de corte asimétrico que desafiaba cualquier tendencia convencional, Bahiyyih se movía como si ya perteneciera a ese lugar. Sabía que estaba llamando la atención, pero era lo que quería. Siempre lo hacía.
Los pasillos estaban llenos de estudiantes, cada uno más preocupado por sus portafolios y bocetos que por las caras nuevas. Sin embargo, más de un grupo murmuraba en la esquina, observándola.
—¿Esa es la nepobaby? —susurró alguien.
—Escuché que su portafolio fue impresionante, pero quién sabe si fue suerte...
Bahiyyih no se detuvo a escucharlos. Las palabras rebotaron en su mente, pero no le importaron. Su mirada estaba puesta en la sala principal, donde se reunirían todos los nuevos alumnos.
Ella no estaba aquí para hacer amigos, ni para encajar. Estaba aquí para dejar su marca y nombre en todo el rincón del lugar, para desarmar lo establecido y construir algo que nunca antes se hubiera visto.
Youngeun estaba sentada en su escritorio, revisando con detenimiento los perfiles de los nuevos estudiantes. Sus ojos se detuvieron en un nombre: Bahiyyih. La joven "becada" había generado bastante ruido entre el cuerpo docente. Algunos la consideraban una prodigio, mientras que otros murmuraban sobre el hecho de que su papá le compro la beca.
Sin levantar la vista, Youngeun exhaló con cansancio. Sabía lo que eso significaba, problemas. Y si había algo que ella odiaba, era el caos.
Desde niña, Youngeun había aprendido que el único camino hacia el éxito era el trabajo duro y la disciplina. Crecer en un hogar humilde le enseñó a valorar cada oportunidad, a ganarse cada centímetro de terreno. Por eso, ver a alguien como Bahiyyih, con una actitud tan despreocupada, le generaba desconfianza.
Se levantó, ajustándose la chaqueta con movimientos precisos, y se dirigió a la sala principal donde los nuevos estudiantes esperaban. Si Bahiyyih era todo lo que decían, pronto lo comprobaría por sí misma.
La sala principal estaba llena de aspirantes, cada uno con carpetas llenas de sus proyectos bajo el brazo y una mezcla de emoción y nerviosismo en el rostro. Bahiyyih estaba de pie contra la pared, con los brazos cruzados, estudiando el espacio como si estuviera midiendo su potencial creativo.
La entrada de Youngeun cambió el ambiente. Su presencia era magnética; su postura rígida y su expresión seria exigían respeto. Llevaba un traje oscuro que contrastaba con la suavidad de su rostro, pero lo que más destacaba eran sus ojos analíticos, casi clínicos, como si pudieran desarmarte con una sola mirada.
—Bienvenidos a la carrera —dijo Youngeun, su voz firme pero tranquila—. Aquí no solo enseñamos moda. Creamos todos los estándares actuales. Si están aquí, es porque tienen talento, pero les advierto una cosa, el talento por sí solo no será suficiente.
Su mirada se desplazó por la sala hasta posarse en Bahiyyih, quien no apartó la vista. Era un desafío silencioso, una declaración de que no tenía miedo de alguien como ella.
Por un momento, Youngeun sintió un pequeño golpe de irritación mezclado con algo que no quiso identificar. Había algo en Bahiyyih que la desconcertaba, esa mezcla de arrogancia y autenticidad que no se veía todos los días.
—Espero que estén preparados para trabajar duro —continuó Youngeun, sin dejar de mirar a Bahiyyih—. Aquí no hay atajos ni concesiones. Cada diseño, cada decisión, debe estar respaldada por propósito y técnica. Eso es lo que exige esta industria.
Bahiyyih levantó una ceja, con una media sonrisa que parecía decir "todo eso yo ya lo sé"
Cuando la reunión terminó, Youngeun salió rápidamente, pero no sin echar una última mirada hacia Bahiyyih. Algo en ella la inquietaba, y no estaba segura de si era por su talento o por la sensación de que esa joven la volvería loca en más de una situación.
