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El bullicio de la ciudad constaba de llantas de automóviles rechinando, toques al claxon enloquecidos que ensordecían a los transeúntes que caminaban por las pobladas cuadras de la ciudad. Mobians con teléfonos celulares en las manos contestando llamadas importantes o adolescentes demasiado sumergidos en sus asuntos, los zapatos sonando en el pavimento de tantas pisadas. El cielo cubierto de nubes que se reflejaban en los cristales de aquellos enormes edificios, impidiéndole al sol mostrar su resplandor. El concreto gris marcaba los límites de la acera, cuando los semáforos se posicionaban en rojo el movimiento circulatorio de todo mundo se manifestaba, como hormigas obreras ciegas de necesidad, caminado una al par de la otra solo para terminar el día en una oficina aburrida con un salario decente pero no tanto como para cumplir caprichos.
Pequeñas hormigas, tan pequeñas desde la vista magnífica de aquel alto edificio de cristal que se veía imponente, tan fuerte en su imagen frente a los demás. En los últimos pisos unos ojos observaban con superioridad como los demás Mobians parecían robots al caminar entre sí sin chocar, sonriendo burdo por el pensamiento de solo parecer unas ratas.
"¿Qué es tan gracioso, Señor Infinite?".
"Oh, nada, solo me parece interesante verlos", contestó sin interés aún manteniendo una sonrisa en sus labios. "Y... ¿Vendrán?”.
"La asistencia del Señor Doom y Mephiles están confirmadas desde hace ya una semana".
"¿Shadow no asistirá?". Cuestionó al tomar camino a su asiento y sentarse en la silla de cuero negro.
"Nunca nos dijeron o avisaron". Hablo hasta acercarse al chacal. "Por lo que tengo entendido el joven Shadow permanece en asuntos ajenos a este negocio, pero se le dejó un espacio justo como pidió".
"Siempre tan atento, querido Sonic". Recargó su mentón en la palma de su mano, contemplando los asientos vacíos que serán ocupados dentro de pocos minutos.
El erizo termino mirando hacia la ventana en la misma dirección que Infinite había visto, solo que ella observaba el cielo arriba de los Mobians.
"No he podido evitar notar que tiene cierta atención con el Joven Shadow". Logro escuchar como Infinite rasgo un poco del cuero de su asiento. “¿Puedo saber la razón?".
"Y tan observadora...". Hizo una mueca de disgusto, chistó los dientes al igual que movió su cola unos segundos en molestia. "Shadow es... Impresionante en todos los términos y aspectos, un omega decidido y sobre todo capaz, tan fuerte... ese carácter, por Chaos".
"Tendrá mucho que pedir a Chaos, escuche que es un omega difícil, cada alfa que lo corteja es cruelmente rechazado, algunos omegas se han molestado con él al igual su aparente personalidad terca, y sobre todo que parece ser imposible de dominar".
"Eso es a lo que me refería". Sonrió mostrando sus caninos, y un cosquilleo recorrió la punta de su cola.
Con el pasar el tiempo las manecillas del reloj iban girando, hasta dar con los números exactos donde las puertas fueron abiertas al dejar pasar a Mobians conglomerados, un nivel alto de raza aria se encontraba dentro de un mismo cuarto, una misma sala donde más de uno pelearía por un trato justo hacia su trabajo y posición. Tantos alfas hacía que la guardia de la tuviera alta ante cualquier percance e insistente no deseado que podría salir de control si la situación no se maneja de la mejor forma, la dominación por territorio y mantenerse en superioridad era un instinto que no podían negar.
Debían actuar civilizados, no como animales.
Cuándo los ojos de infinite estaban apunto de cerrarse su nariz captó un ligero aroma a canela suave que llamó su atención por completo al tratarse de él peculiar olor de un omega muy especial.
¿Qué hacía un omega aquí? Era lo que rondaba por las pequeñas cabezas de nuez de aquellos dominantes con mente arcaica y pequeña, los alfas mayores solo se sentías ofendidos ante tan indignante papel que empleaba un omega en dicha reunión. Mientras algunos solo no le tomaban importancia a dicha presencia, era lindo, eso es lo que aceptaban.
Esas púas eran demasiado atrayentes, el rojo que las decoraba simplemente magnífico para cualquier vista que permanecía en su figura delgada, esos esplendorosos ojos fuego llamaban a cualquiera que los miraba, tan intensa mirada como una rosa con espinas.
Tan bello, preciado y precioso para los ojos, pero que nadie quiere tocar por lastimarse.
Si Shadow era la rosa, su hermano era las espinas, Mephiles, con esos ojos verdes tan profundos como el tallo que protegía los pétalos preciados de la flor, filosos para matar a cualquiera que intentara algo con su hermano, ningún alfa era merecedor de Shadow… Ningún alfa.
“Los Doom. Es bueno tener sus presencias aquí, me halagan”. Infinite se iba acercando a la familia cuando apenas habían entrado.
“Digo lo mismo Infinite, nos complace saber que nuevamente nos toman en cuenta para la toma de desiciones sobre los planes a futuro de la asociación”. Decía el erizo de púas ébano con terminaciones rojizas y ojos ámbar resplandecientes de un brillo carmín.
“Bueno, señor Doom ¿cómo no contemplarlo? Usted es uno de los mayores inversionistas, y sobre todo al tenerlo aquí nos aseguramos de una mejor toma de decisión. Digo lo mismo para el joven Mephiles que por lo que se va por buen camino”, dijo con una sonrisa mostrando sus colmillos amistoso.
El rostro de Mephiles presentó un leve cambio al fruncir el ceño y los labios, soportando las ganas de expulsar sus colmillos por el desagrado que sentía al estar cerca de ese alfa.
“Y por lo que veo tenemos un invitado especial, Shadow Doom”. Mencionó con sabor en su habla. “Es una sorpresa tenerlo por aquí”.
“¿Podría dejar de parlotear y comenzar?, aunque no lo crea todos aquí tenemos ocupaciones después de esta reunión… Buenas tardes”. Se cruzó de brazos al visualizar tantos alfas en la sala, no bajaría la guardia y mucho menos con un alfa pretencioso como ese chacal. “¿Empezamos?”.
Infinite se mostró cautivado nuevamente. Sonrío complacido indicándole a la familia donde se encontraban sus asientos, dedicándole una mirada al omega que pasó por su lado, volvió a detectar ese aroma tan embriagador, su alfa se removía.
Todos permanecían callados, un silencio respetuoso ante sus presencias en el que los ojos acababan en la figura de Shadow. Un omega que permanecía sentado en medio de su padre y hermano de brazos cruzados y mirando a la nada en espera de alguna novedad o noticia, que habrán el pico y comenzarán, necesitaba irse por compromisos.
Tan elegante y hermoso que era tenerlo callado.
El silencio apreciado se derrumbó cuando la puerta fue abierta por una personalidad destellante haciendo que la gran mayoría vieran a esa disección.
“¡Buenos días!”, dijo en voz alta el nuevo intruso. “Lamento la demora, la cafetería tuvo unos inconvenientes pero ya está en funcionamiento. ¿Desean ordenar algo en particular?”.
“Oh, Sonic”, dijo Infinite. “Yo solo un americano”.
Sonic apuntó la orden en su tableta, acercándose a varios de los presentes con una sonrisa amigable pidiendo de forma amable sus pedidos.
Siendo observado por Shadow desde su lugar, otro omega como todos los demás, con esa cara dulce y personalidad burbujeante. Otro erizo… un simple pelaje y púas de un azul vivaz que simplemente era imposible no verlo revolotear por la sala, portando una cara adorable y gentil con esa absurda sonrisa engañosa que su clase tiene, los conocía perfectamente como para repudiarlos por el resto de su vida, pelaje de un melocotón en brazos y lo poco de se veía de su pecho gracias a la camisa de sencilla blanca de botones, que por cierto noto que no tenía tres de ellos sujetados dejando ver parte de su cuerpo, tupido de enclenques que desean ser observados con fascinación. Aprobación, solo buscaba eso.
Un ligero malestar se manifestaba en su mente de tan solo pensar en él mismo actuando de una forma tan… sumisa ante los demás, le provocaba escozor. Una voz hizo que detuviera esos pensamientos en el momento que sus oreja se alzaron a escuchar:
“¿Desea ordenar algo?”. Era el omega azul con su voz irritante.
Cuando decidió voltear no tenía en mente la imagen que estaba frente a él. Unos ojos preciosos. Siempre odio el hecho de saber que su propia clase era conocida por ser prácticamente hermosos, lindos, atractivos para los ojos del público y cualquiera, apetecibles realmente, por más que odiara a Silver y su belleza admitía que el condenado era hermoso, y ahora, se encontraba hundido en la mirada esmeralda de un tonto omega de clase inferior. Ojos verdes, brillantes.
“Joven… ¿Desea ordenar?”. Repitió nuevamente al no potente respuesta después… tres minutos.
“… Un espresso”.
Recibió una respuesta positiva de Sonic al asentir con la cabeza, pensando que sería todo apartó la vista de él pero no imaginó que el atrevido se acercaría más de la cuenta.
“Por cierto, guarda tu aroma, no te recomiendo que lo presumas aquí, aunque huele bien”.
Eso lo tomo desprevenido y una extraña sensación de generaba en su ser, siempre era halagado por alfas pero que un omega le haya dado un cumplido con algo tan importante y tan simple como su aroma…
“Ve a tus asuntos, erizo”.
Sonic solo sonrió, despidiéndose con amabilidad y cortesía antes de cerrar las puertas e irse.
Algo de inquietud crecía dentro del omega ébano.
Dos horas pasaron, a puertas cerradas la tensión parecía crecer un poco entre los alfas, un ambiente filoso que expandía feromonas de armamento potente para cualquiera, generando que los atacados respondieran ante el golpe lo que provocaba más feromonas, el aire parecía extinto entre tanta porquería posesiva.
Respirar le costaba, mantener la postura de su imagen pulcra y cuidada sin cambios era un reto, un verdadero reto por cual siempre se preparó, no demostraría debilidad delante de idiotas hambrientos de poder y desbordantes de ego.
Eso no significaba que su omega interior intentara miles de veces intentar protegerse o irse asustado por el terror de que algún descontrol sucediera, tenía que pensar en su bienestar y protección en momentos como estos al no contar con un alfa tenía que valerse por sí mismo.
Una mano conocida y cálida lo sacó de esa burbuja hostigante, caricias tan tersas y delicadas de esos dedos sobre su muslo, tocándolo como la preciada pieza que era, el pulgar se frotaba con ternura sobre el pelaje ébano con el cuidado que Shadow merecía ser tratado. Los ojos rubíes se dirigieron a su hermano, Mephiles, notando en él una pequeña mirada le comunicaba lo que tanto quería escuchar “estoy aquí”, lo hacía respirar tranquilo. Tener a Mephiles era algo que no importaba que o cuando siempre le regresaba esa paz que le era arrebatada, aceptando que el alfa lo cuidara como un omega que lo necesitaba.
Necesitaba a Mephiles, de eso era consiente.
Ahora su omega interior estaba complacido, llevó su mano arriba de la de su hermano con timidez hasta lograr entrelazarlas. Bajo la mesa se encontraban dos manos amantes de la flor pecaminosa y codiciosa conocida mayormente como amor, amor envenenando de sentimientos desbordantes de necesidad cariñosa, necesidad afectiva, necesidad de tenerse y estar juntos, con un toque podían decirse mil formas de susurrar su sentir, la piel fomenta y transmite más que un siempre habla.
Para ellos era así.
No podían decirse con palabras el dolor de aferrar a una realidad cruel en la que no podían fundirse en cariño ardiente, solo queda el tacto bajo las sombras de los apasionados.
Era fuerte y estaba claro que no decepcionaría a su familia por más que su naturaleza esté en contra. Pero naturaleza también lo era.
Al pasar de los minutos no podía sentir más que un ligero mareo, su cuerpo pedía relajarse o terminaría por explotar, náuseas y arcadas querían salir, impidiéndose el sentirse tan débil, obligándose a permanecer más tiempo del que debía, las extremidades se sentían ligeras pero podrían caerse si no respiraba aire puro pronto.
Inhaló hondo, calmando su pobre corazón que bombeaba como loco, mala idea, aromas de alfas entraron a su sistema. Okey, tenía que irse, terminó pidiendo permiso a su padre y se dispuso a levantarse con educación, tampoco quería parecer un desesperado, era un Doom, y sabía las pequeñas acciones que debía tomar y cómo hacerlo al cargar con su apellido.
Mephiles lo observó irse, con una preocupación crecía en él.
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Pasillos alfombrados de azul con paredes crema, muchos de ellos, demasiados, no sabe cuanto camino solo tenía en la mente una cosa: Quitarse estas ganas asquerosas.
Debía respirar, el aire limpio circulaba su cabeza y comenzaba a tranquilizarlo al no tener molestos alfas a su alrededor, los pasillos eran tranquilos y silenciosos cosa que agradecía para pensar con claridad en cómo regresaría a ese lugar sin caer en el primer intento de cruzar la puerta. Al dar la vuelta en uno de los corredores su atención se dirigió a un ligero cambio en los aires, su nariz se movía al igual que el aroma incrementaba, era sutil pero se apreciaba.
Frutos rojos, moras azules, lima, dulce con un toque cítrico, era delicioso.
Sin saber en qué momento su nariz lo guió, sus pasos se nublaron por el exquisito aroma, tampoco se percató de otra presencia hasta que chocó contra unas púas que lo hicieron retroceder.
“Chaos, cuánto lo siento yo-“, parpadeó un par de veces. “Ay pero si eres tú, ¿qué ocurriría? ¿necesitan algo?”, pregunto Sonic con interés y una sonrisa.
No contestó limitándose a querer dar la vuelta hasta que fue sujetado del brazo por el erizo azul, mostrándose asqueado e insultado por tal atrevimiento, volteando la cabeza a su dirección con las intenciones de reprenderlo pero cuando el rostro del omega azul se acercó demasiado al suyo y sus narices se rosaban olvidó por completo el regaño.
Su pulso se aceleró, negándose a que sus mejillas se sonrojaran.
La nariz de Sonic olfateó algo, miró a Shadow fijamente por unos segundos.
“Oh, amigo…”, con una expresión preocupada miró al rededor, “ven conmigo, no puedes estar así”.
Shadow no se había dado cuenta que se encontraba en una cafetería. No se veían muchos trabajadores debido a la junta, deben estar desesperados y asustados, sus trabajos estaban en juego ahora mismo.
Le siguió el paso al omega azul, era jalado cada tanto notando que el erizo frente a él era alguien veloz hizo lo posible para soltarse y no terminar derribado, su paseo no duró mucho cuando quedó frente a una puerta de madera que contenía el nombre “Sonic M. The Hedgehog”, en una ficha plateada incrustada en medio, fue abierta una vez ingresaron. Una oficina, era una oficina que mantenía el suelo azul alfombrado por completo, dos sofás con una pequeña mesa de centro que era decorada con pequeñas figuras de autos de carreras y una taza a medio acabar, paredes blancas con diplomas y reconocimientos, un estante que contenía más historietas que libros y otra vez unos autos de carreras, el escritorio mantenía una fachada madura nuevamente con el nombre del erizo azul en una ficha transparente con letras plateadas, limpio, unos bolígrafos, un globo terráqueo y… otros carritos de juguete.
“Es mi propia oficina, ser el asistente de Infinite tiene sus lujos”, dijo el azul acercándose a él omega ébano, siendo chocado otra vez con ese aroma fuerte. “Hombre, por eso te dije que no soltaras tu aroma”, tosió un poco.
“¿Disculpa?”. ¿Le acababa de llamar “Hombre”? Con tanta confianza.
“Si soltabas tu aroma como si nada era evidente que habría reacciones, y no es que seas alguien feo, los alfas tomarán acciones de una forma u otra”. Regañaba mientras buscaba un botiquín en sus cajones. “Escucha, sé que quieres hacerte el rudo, pero, no finjas ser algo que no eres, nuestras feromonas no sirven delante de ellos”.
“¿Qué acabas de decir?”.
“No finjas ser un alfa, tu aroma no hará que huyan, todo lo contrario, los atraerá. Ahora mismo…”, sacudió una mano para ventilar el aire de su rostro, dándose aire. “Tu aroma está siendo algo llamativo”, dijo entre dientes y hastiado.
“¿Qué?”. Shadow al percatarse no pudo evitar sonrojarse por su mal manejo de feromonas, oliéndose a sí mismo sintiéndose un exhibicionista.
“Tranquilo, está bien, estar entre tantos alfas te dejó mal, lo entiendo”.
“No finjas entenderme”, gruñó. “Los omegas como tú solo se dedican a restregar sus estúpidas caras de ángel. Fanfarroneaban tu cuerpo y aroma dulce por toda la sala”. Cruzó de brazos.
“Hmm… así que estabas mirándome”, volteó a verlo sobre su hombro.
“Yo…”.
Atrapado.
“Pensé que te molestaba, aunque por esa mirada que pusiste sobre mí dice lo contrario”.
“Yo no…”
"Tus ojos son lindos", vio como un sonrojo se expandía en su rostro. "Shadow The Hedgehog, eres muy adorable ¿Sabías?". Sonrió
Esa sonrisa lo estaba derritiendo, no podía sucumbir a los encantos de otro omega, no, era claro que este azul sabía manejar la situación a su favor. Sus mejillas se encontraban tan rojas como sus púas, demostrando que ese comentario tal vez y si le afectó.
“Además”, Sonic siguió hablando mientras se colocaban delante de su escritorio para reposar sus caderas en él y mirar fijamente al omega ébano, “dijiste que mi aroma es dulce, dime ¿te gusta?, a veces hay unos muy empalagosos, pero puedo hacer una excepción con el tuyo”, dijo con picardía en sus labios. “La canela es tan rica”.
El aroma a café y canela crecía, lo que le provocó una risa a Sonic, liberando un poco más de su aroma a frutos y moras alrededor.
“Vamos no me mires así”, respondió ante los ojos retadores de Shadow. “Tú eres quien está caliente, solo me estás contagiando”, levantó las manos en paz, recorriendo la silueta delgada de Shadow con sus ojos, marcando la cintura tentadora la cual era cubierta por un corset negro con la dos blancos al igual que las mangas de su camisa que solo tenía un moño delicado en donde debería ir la corbata, los botones eran negros con piedras rojas, tanto el modelo como la ropa se veían tan deliciosos. “¿Te han dicho lo sexy que te ves?”.
Otro latido.
Sonic volvió a hablar.
“Solo podía verte en fotos, jamás pensé estar contigo en persona”, se separó del escritorio con un leve empuje, acercándose al erizo ébano con una sonrisa picante. “Eres mucho más hermoso de lo que imaginaba, las fotos dejan mucho que desear”. Con una de sus garras jaló sutilmente uno de los listones del corset, acercando a Shadow mas hacia él. “Realmente eres un peligro para los alfas, con esa carita cualquiera podría estar a tus pies”.
Los susurros terminaban en los labios morenos, Shadow permanecía callado escuchando esas palabras azucaradas con elogios. Comenzaba a palpitar. Jamás había sentido esto, jamás había sido halagado de tal forma por otro omega, en realidad nunca había tenido este tipo de acercamientos con nadie.
A excepción de Mephiles.
Pero este omega tan atrevido, grosero y arrogante se regodeaba por ello.
“Si sales así ahora sería muy peligroso, y no creo que las pastillas te ayuden hasta este punto”. Con la mano libre trazó unas líneas sobre las caderas de Shadow, sintiendo como se removía por las cosquillas de su toque. “Tal vez pueda hacer algo con eso, creo que se nota que soy el más indicado, de omega a omega… déjame ayudarte con eso”.
Impulsando el agarre de su garra, dejando que Shadow terminara contra el escritorio, el ébano dio la vuelta para quedar cara a cara con el erizo azul, sino fuera porque apenas volteó no lo encontró. Escucho un “Hey”, bajo la cabeza para visualizar el rostro de Sonic muy cerca de su entrepierna, provocándole un furor en su rostro que hervía de vergüenza.
“No te sientas así, solo me dan más ganas de molestarte”, contestó Sonic ante la imagen adorable de un omega dominante delante de él. “Relájate, y déjame ayudar a este amiguito”.
Los besos en cadena se desplazaron por los muslos internos de pelaje oscuro, siendo dados uno por uno lentamente, recorriendo y sintiendo cada hebra de su piel, con ambas manos sin quitarse los guantes fue trazando movimientos rotativos por las caderas, haciendo que el pelaje se desacomodara un poco por la fricción tan lenta que provocaba tensión entre los muslos de Shadow que temblaban por el tacto.
El omega ébano soltaba suspiros, reteniendo la respiración cuando esos labios melocotón rozaban cerca de sus pliegues. Una lengua pasó por la hendidura obligándolo a sacar un jadeo.
De pronto, todo se quedó en silencio.
“Vaya… veo que estás lleno de sorpresas”, sonrió complacido el erizo azul al presenciar como el pelaje negro comienza a humedecerse. “Que honor”.
Shadow no pudo protestar cuando los pulgares de Sonic separaron sus paredes, dejándole ver con plenitud aquella cueva caliente que presentaba palpitaciones e hilos viscosos produciéndose en una menor cantidad, siendo golpeado por una onda de aroma exclusivo y llamativo para él, solo le hacía llenarse la boca de saliva hambrienta. El rostro de Sonic había cambiado, parecía más… emocionado, y eso lo excitaba.
Una cálida lengua paso por su intimidad, desde la entrada húmeda hasta el clítoris, dando una pequeña expedición, escuchando un jadeo de Shadow acompañado con un exquisito sabor, exhaló caliento provocando una palpitación a las paredes mojadas. Ansioso llevó su hocico con vehemencia a la vulva, ocupando su lengua como consolador privado para el omega que comenzaba retorcerse por la extraña fricción que sentía. Entraba y salía con ferocidad de obtener más, quería ver que tan mal podía dejarlo, lamía las paredes llevándose a su boca parte de la viscosidad que salía de su entrada a montones.
Las púas azules fueron sujetadas por unas manos azabache, con tanta fuerza que se desplazaba por las vibraciones que sus piernas no soportaban, resistiendo a expulsar de su boca blasfemias indecorosas que manejaban el acto tan perverso que estaba llevando acabo.
Nunca había hecho esto con alguien más, era tan refrescante y novedosos sentir algo nuevo, nuevos movimientos, nuevos toques, el calor crecía tanto en su interior que era absorbido por Sonic apenas y su lubricación salía, la habilidad con la que manipulaba sus labios y lengua sobre su intimidad no ayudaba a que ocultada sus gemidos que iniciaban a sonar cada vez más fuerte. Succionaba tan delicioso y lo trataba tan bien.
Por unos momentos, solo unos, su cabeza le hizo recordar el rostro de aquel alfa, Mephiles, inmediatamente intentó separarse colocando sus manos sobre la cabeza azul, por el potente pánico de sentir tanto, una adrenalina rebosaba en su sangre circulando demasiado rápido lo cual hizo que su entrada se estimulara más con la idea de tener a Sonic consolándolo con su boca.
Sonic tomó ambas manos del omega, dejándolas en el escritorio a los lados de sus caderas para evitar que lo detuviera de su banquete. Derritiendo la lengua a en su interior al sentir como escurría más de ese jugo transparente en la espera de que algo entrara ya en él, y Sonic iba a solucionar eso.
Quitándose los guantes con los dientes llevó dos dedos a la jugosidad derramada de su intimidad, bañándolos hasta empaparlos por completo, terminó por levantarse hasta topar nariz con nariz, viendo los ojos carmesí teñidos de lujuria que necesitaba ser saciada. Sonic se haría cargo también. Con los dedos frotó su clítoris sutilmente, haciendo movimientos circulares alrededor de este, tonteando lo más que podía antes de sucumbir a los deseos de Shadow, maldita sea, era un omega tan sexy a su vista, con esos labios gimiendo por más. Sin espera metió los dos a la entrada que había comenzado a llorar por atención.
Shadow sacó un gemido sonoro cuando dos intrusos empezaron a moverse dentro de él, frotando con dedicación y en los lugares correctos. Su cuello comenzaba a recibir atenciones dulces de besos y lamidas perversas de su carne.
Sonic tomó la cintura de Shadow al obligarlo a sentarse sobre el escritorio, el omega de ojos rojizos no se opuso, abrazando a Sonic con uno de sus brazos con tal de no alejarlo d él, gimiendo en su oreja al querer animarlo a ir más rápido. Movía los dedos como nadie más lo hacía, ni él mismo. Tocaba lugares que desconocía y eso lo estaba enloqueciendo. Todo cambió cuando las caderas de Shadow empezaron a menearse sobre los dedos melocotón.
“Veo que eres alguien ansioso, amigo”.
Un gruñido fue lo que obtuvo.
Sonriendo llevó su pulgar al clítoris para callarlo, ganándose un gemido y que el rostro moreno se ocultara en su hombro. Shadow abrió más las piernas cuando un nudo en su núcleo crecía, formando un tejido de hilo que fue creciendo conforme los segundos húmedos y estimulantes gracias a las aportaciones tan significativas de Sonic y sus increíbles dedos. Mordiendo parte de la vestimenta del omega azul, no podía creer que estaba apunto de correrse por alguien más.
Su punto G fue tocado y con ello solo faltaron una cuantas fricciones para hacer que Shadow dejara salir chorros de su corrida, líquido salía disparado de él con tanto afán, junto con ello un gemido vivaz que le recordara a Sonic el buen trabajo que hizo. El escritorio se vio manchado también, qué pena.
Las piernas de Shadow padecían de espasmos ocasionales, gimiendo cuando de nueva cuenta sintió la lengua de Sonic sobre su clítoris, tomando su cabeza sin intenciones de detenerlo, solo necesita sostenerse de algo.
Pero su mente se vio interrumpida cuando una fuerza descomunal lo cargó y dejó caer sobre uno de los sofás, miró impresionado al erizo.
“¿Qué? Soy omega, no debilucho”, dijo con una sonrisa en su rostro melocotón. Fue deshaciéndose de los botones de su camisa siendo visto por unos expectantes ojos rojos. “Vamos, sé que soy encantador pero no seas tan evidente”. Dejando con media camisa desabrochada, se acercó hasta quedar arriba de Shadow mirándole a los ojos con hambruna y un brillo ansioso. “Tú no te quedas atrás, eres demasiado hermoso…”. Acarició una de las mejillas morenas con sus almohadillas rosadas, sintiendo el pelaje sedoso bajo su manto.
“Eres muy parlanchín para tener esa boca”.
“Lo dice el que pedía más, al menos la sé ocupar”, bromeó antes de besar el cuello ébano.
“Sonic”, maulló con deseo.
“Hmm, eso se escucha bien”, susurró contra el pelaje, dejando una manta caliente sobre la saliva que dejó al lamer parte del cuello. “Veamos qué más puedes decir”
Con su mano libre desajusto los botones de la camisa del ébano, liberando el lindo moño que sujetaba el cuello de su camisa, lanzándolo hacia alguna parte de la oficina, viendo como la manta de pelo blanco se expandía conforme más bajaba, viendo las marcas del pecho, besándolas con aprecio y respeto. Acariciando los costados del pecho dejando que el filo de sus garras raspe apenas la carne suave y tierna que iba calentándose con las caricias dedicadas.
Las piernas ónix abrazaron a Sonic, apegando ambos cuerpos en fricciones candentes.
El vaivén en su interior fue retomado, ahora tres dedos lo moldeaban a su antojo. Shadow extendió los brazos sobre su cabeza hasta tomar con fuerza el brazo del sofá, creando los ojos dejándose llevar por las ondas de fuego que hacían serpentear sus caderas y espalda, arqueándose cuando la tensión se acumulaba lo suficiente en su intimidad. Las garras perforaron la tela mientras al mismo tiempo abría las piernas.
“Veo que estás muy bien aquí”. Se separó viendo el coño mojado derramando líquido de su interior a montones, lubricación que aprovecharía. Subió los dedos dejando un camino viscoso en el vientre ébano, creando un río y película húmeda en sus piernas.
Shadow gimió cuando rozó su clítoris. En el momento que los movimientos pararon abrió los ojos, levantando la cabeza apreció una escena que estaba seguro jamás olvidará.
Era Sonic introduciéndose los mismos tres dedos que había utilizado en Shadow, entrando y saliendo de su coño que también desbordaba humedad caliente que goteaba de su interior a el sofá, dejando gotas de evidencia candente. El peaje azul se había vuelto oscuro gracias a lo mojado que se encontraba.
Los ojos de Shadow le miraban impresionado con mejillas ardiendo, y la sonrisa fanfarrona de Sonic nunca se quitó de su rostro, debía reconocer que era el erizo más feliz que había conocido.
“Yo también tengo algunas sorpresitas”, dijo burlesco, jadeando se sacó los dedos para frotar el clítoris de Shadow y escucharlo gemir. Al ver como las piernas del omega escarlata se separaron dejando ver la naturalidad de su intimidad, vio la oportunidad de apegarse más al ónix.
Poco a poco acercó su intimidad mojada hacia la otra, rozando sus labios hinchados de excitación con los del omega de vetas rojas, escuchando un suspiro caliente del moreno en el momento que se tocaron tan sutilmente.
La mirada de Shadow se notaba ansiosa y desesperada por sentir algo, la curiosidad flotaba de una extraña necesidad de poder tener esta experiencia que aunque algo fuera de la normativa, en serio le estaba encantando.
Sonic terminó por eliminar la distancia existente al entrelazar una de sus piernas con la de Shadow haciendo que terminara debajo de la suya, tomando la otra pierna ébano y colocarla sobre su hombro para dejarlo completamente abierto a él, así comenzando con un tacto húmedo entre ambas intimidades. Shadow jadeo dejando caer su cabeza otra vez al encorvar su espalda en el momento que su húmedas se mezclaba con la de Sonic.
El omega azul gimió de igual forma, dejando que los jugos de ambos se esparcieran entre ellos con tanta candela, manchándose del otro mientras se aferraban a no separarse. Shadow tomaba con fuerza uno de los cojines, rompiéndolo en el acto. Sonic dio inicio a los movimientos de su pelvis.
Los pliegues rosados de ambos se llenaron de agua caliente que salía de los dos, empapando por completo sus coños ya maltratados, abriendo las piernas cuando un roce daba más sensaciones de la cuenta. Una de las manos melocotón se posicionó al lado del rostro moreno para sujetarse y moverse de forma más rápida por la desesperación de la sangre caliente que recorría su cuerpo por completo. Dando una simulación embestidas con su con su intimidad hacia la de Shadow quien gemía con libertad ante la fricción tan deliciosa y única que sentía.
Los dedos de Sonic volvieron al clítoris de Shadow, el pobre no sabía cómo procesar tantas emociones y sensaciones juntas, haciendo que su lubricación natural salga a montones creando hilos viscosos entre su unión con Sonic, una vista que el azul parecía disfrutar y extasiar, haciendo que de igual forma expulse lubricación generando ruidos obscenos cada vez que sus intimidades se juntaban. No soportando más el erizo azul se separó unos momentos, confundiendo a Shadow al salir de golpe de esa burbuja estimulante. Abriendo los ojos fue tomado de los muslos, arrastrándolo hasta que sus piernas quedaron totalmente separadas dejando a Sonic en medio de estas, estando en la clásica pose de misionero, haciendo que Shadow genere dudas en su cabeza hasta que dos dedos terminaron dentro de él y su mente se volviera a nublar.
Al sacarlos separó las paredes, viendo como el coño de Shadow parecía estar al límite, palpitante al contraerse las paredes por cada exhalación, inundado y pegajoso por la lubricación excesiva ante las increíbles caricias y besos que le dedicó momentos atrás, le encantaba verle así. Posicionó sus manos en la cintura ébano.
Nuevamente retomaron los movimientos y sus vulvas se frotaban entre sí, sacando gemidos de lo bien que se sentía. Shadow se mordió el labio mientras sonreía, se sentía increíble como su cuerpo le creaba olas de electricidad cada vez que Sonic se movía, era tan distintos a cualquier cosa que haya probado. Se sentía bien.
Dejó que una de sus manos tomara la cintura de Sonic, alentándolo a que se apegará más a su intimidad.
“¿Se siente bien?”. Decía mientras aumentaba la velocidad de sus movimientos, haciendo que las caderas de Shadow rebotaran contra él, sacándole más súplicas al moreno.
“Si”, respondió jadeante, abrazando las caderas de Sonic con sus piernas, quería más y más.
“¿Es mejor que un pene, no?”, los gemidos tomaban protagonismo en su habla, comenzaba a sentirse más sensible.
“Si”, respondió con sinceridad entre risas bobas, drogado de placer. “Chaos, si”.
“Antes me gustaban, milagrosamente me cure”. Acompaño a Shadow entre sus risas.
“Mmm, más, muévete rápido”.
“Como ordene el jovencito”.
Sin pensarlo más tiempo, Shadow sostuvo las mejillas melocotón, apegándolo hacia el acabando en un besos desesperado cargado de deseo. Siendo correspondido por Sonic que jugaba con la lengua del omega, separándose pocos milímetros entre sus labios mientras gemían con fuerza, acariciando con atención, la espalda azul recibía mimos mientras los mismos ébano eran tocados con pasión. Juntaron sus frentes cuando una extraña bruma los rodeó a ambos.
Sus clítoris se rozaron haciendo que Shadow hiciera su cabeza hacia atrás creando un arco con su espalda, mientras Sonic solo se pega más y más para no terminar el frote exquisito, reposando su cabeza sobre el pecho desenfrenado de Shadow, ambos se movían sin querer acabar pronto y seguir sintiendo más de esa electricidad pasaba entre sus cuerpos.
“Carajo, estoy a nada”.
“Yo también”, chilló Shadow con frustración acumulada. Mirando fijo los ojos esmeralda.
Buscando sus manos mutuamente, encontrándose entrelazaron los dedos compartiendo gemidos de sus bocas antes de terminar por callarse con los labios del otro. Cerrando los ojos dejaron que la explosión de ambos se liberara.
Los gritos no dieron al lugar cuando sus bocas los ocultaban con un beso pasional, un charco se formó debajo de ellos cuando sus corridas bajaron hasta el sofá, sus pelajes del vientre también fueron afectados por la gran ola de placer que salía de los dos.
Cuando Sonic separó sus labios Shadow sacó un gemido retenido y Sonic un ligero gruñido satisfactorio. Aún se frotaban un poco alargando su orgasmo, el pecho de Shadow bajaba y subía desenfrenadamente moviendo sus caderas que dudaban en seguir al sentir como Sonic parecía querer enterrarse en él.
Su corset estaba destruido y lleno de fluidos.
Los movimientos se fueron suavizando al pasar los segundos, hasta quedarse completamente quieto, aun estando pegado a Shadow que intentaba regulaba su respiración, Sonic soltó sus manos para acariciar sus piernas, el omega ébano llevó una de sus manos a la cabeza, intentando procesar todo lo que pasó, pero su mente solo se concentraba en lo gratificante que se sentían las caricias en sus piernas
Sonic soltó una risa suave.
“Eso estuvo bueno”, al alejarse varios hilos viscosos se crearon debido a la separación, rompiéndose conforme se alejaba. “Iré por algo para limpiarte”.
Shadow no respondió, demasiado ocupado en su neblina de placer.
El omega azul se acercó a su escritorio, cerca de su silla había un cajón en donde pensó habría pañuelos, al encontrarlos sacó uno y limpió su sudor.
“Abre esas piernas otra vez precioso, debo de- ¡Ah!”, soltó un alarido cuando fue empujado hacia su silla de cuero y sentándose. “¿Pero qué te pasa? ¿Estás loco?”, abrió los ojos y pausó su habla. Shadow estaba con su cabeza en medio de sus piernas. “Oh…”.
“Debo devolverte el favor… ¿No crees?”. Con su lengua trazó el clítoris. Escuchando un jadeo complacido de Sonic.
“Vaya, por lo que veo no eres el omega grosero que decían por ahí”, abrió sus piernas haciendo que colgaran en los brazos de la silla, expidiéndose lo suficiente. “Adelante”.
Shadow se mostró emocionado, era la primera vez que intentaba algo así, eso lo entusiasmaba demasiado. Llevó su lengua a la entrada de Sonic, lamiendo con lentitud al rededor de esta antes de engullirla dentro de él.
“Oh por Chaos, si”, jadeo. “Aprendes rápido”.
Siguió con sus movimientos, toqueteando a los segundos su pequeño botón de nervios que hizo desmoronar al omega cobalto. Escuchaba sus llamados y maullidos donde aclamaba lo bien que se sentía, dándole el anuncio de que hacía un buen trabajo.
Cuando las púas negras fueron sujetadas sintió como era aprisionado por las piernas azules, quería ser devorado, con ferocidad se empeñó en retorcer su lengua en el interior de Sonic, saboreando la corrida anterior, oliendo el fuerte aroma a moras que inundaba sus fosas nasales.
Llegó sus dedos a su propia entrada, metiendo dos al mismo tiempo en que embestía con su boca, pequeñas gotas caían sobre la alfombra y mojaban sus manos por completo. Las paredes se contraía alrededor de su lengua, el aviso que necesitaba para salir, y respirar con calma. Haciendo la misma jugada, llevó su mano empapada a el coño maltratado de Sonic introduciendo los mismos dos dedos, sonriendo cuando la cabeza de Sonic se hizo hacia atrás, mostrando su apetecible cuello,
Con velocidad sumergía sus dedos, doblándolos cuando entraba para tocar el punto G de Sonic, besando su clítoris hasta succionarlo con dedicación, acaricia solo con su cálida lengua. Escuchando su nombre en gemidos.
Ahora sus dedos eran los que se sentían comprimidos, la cavidad de Sonic se contraía con fuerza, no queriendo que esos dedos salgan de él.
“Mierda, por- ¡Shadow!”.
Ahora sus gemidos no eran silenciados, expresando con melodías raíces de un fuego carnal lo fascinante que se sentía culminar con este nudo tan perverso que sentía.
Liberándose en un chorro abundante, se encontraba demasiado sobrecargado, pobre omega. El cuero de su silla no se salvó, parte del rostro de Shadow se baño de ese delicioso néctar que ingirió con gusto... ¿tengo que volver a mencionar a la alfombra?.
Sonrió cuando los dedos salieron de él, suspirando la mezcla de aromas tan único, era un manjar inimaginable. Al relajar sus piernas las bajó, dejándolas tan solo un poco abiertas.
“Por Chaos, Shadow eso fue-“, un beso lo callo.
En su regazo, Shadow se había sentado en su regazo.
Shadow se separó, con las pupilas dilatadas miró los ojos de Sonic y dijo: “¿Se sintió bien?”. Preguntó cuando comenzaba a frotar su vulva con la del omega azul. Jadeando igual que él.
“Maldición, eres tan caliente”. Abrazo la cintura del ébano, ayudándolo a frotarse de una mejor forma contra su coño. Los brazos de Shadow lo tomaron por su cuello haciendo que los dos simplemente no se separaran. “En serio, estás ardiendo”.
Sus cuerpos estaban en un punto donde sus temperaturas solo servían para fundirse más en las llamas del placer, donde los roces eran una forma de alimentar más la acaricia carnal que estos dos omegas empezaban a tener.
La mano melocotón subió hasta el pecho con pelaje blanco, jalando un poco de está haciendo que Shadow gimiera. Guió su mano hasta la boca morena, metiendo su pulgar y admirando los adorables colmillos de Shadow, viendo como poco a poco su pulgar era lamido y chupado como un dulce.
“Podré no ser un alfa pero…mmm… puedo satisfacer”, rio por su propio comentario. No era posible que eso pasara. La boca morena de deshizo de su dedo al escupirlo.
“Esto es mejor que cualquier estúpido alfa”. Estiró sus brazos apoyando las manos sobre el respaldo del asiento, colocando sus manos a los costados del rostro así, acercándose más a este. Mirándole con ojos cegados lujuria hambrienta, tan brillantes por la satisfacción y gozo de sentir su cuerpo en el cielo. “Mucho mejor, se siente tan bien, Sonic… ¡Sonic!”
La respuesta hizo que una sonrisa algo torcida de ego se formara en el rostro de Sonic.
Esta experiencia estaba superando cualquiera que haya tenido en el pasado, sentir que le fallaba a su corazón pero estaba llenando el deseo mórbido de acostarse con alguien más, con otro omega, era algo impresionante que nunca imagino hacer, el sexo era increíble, salvaje y rápido, le estaba gustando este tipo de juego donde olvidaba por completo su papel de la familia Doom con alguien quien no lo conocía en nada. Se quemaba, pero no de culpa, era interno y era feroz.
Las bocas de ambos soltaron maldiciones cuando por segunda vez sus clítoris chocaron, ahora yendo más rápido y sin distracciones, disfrutando entre risas dicha fricción que ahora era la nueva adicción de Shadow.
Cada frote era una onda eléctrica de su vientre a las extremidades, nublaba su juicio y ahora expandía su aroma con el único motivo de llamar a Sonic, no era el único, el omega azul hacía exactamente lo mismo con Shadow, dopándose mutuamente en la sinfonía del chapoteo de sus intimidades.
En el momento que se sentía cerca Sonic mordió el hombro de Shadow, sacándole un aullido placentero, y los colmillos de Shadow se clavaron en la unión de cuello y hombro de Sonic, ambos callando sus gritos de placer al morderse y marcarse. Otra ola los bañó, salpicando sus pelajes, haciendo que la fricción se vuelva más resbaladiza. Sin frenar sus movimientos ambos se encontraban Inhalando y exhalando impulsivamente, haciendo sonar sus respiraciones al querer encontrar estabilidad, terminaron desprendiendo los colmillos de la piel del otro con calma y cuidado de no lastimarse, se miraron a los ojos.
“Así que… mejor que un alfa, eh”, hablaba al acercarse a su cuello y lamer las marcas de dientes que había dejado.
“Es mejor cuando no hablas”, tembló con el momento que sus caderas eran acariciadas.
“Vamos, acepta que fue bueno”.
“¿Tengo que hacerlo?”, sus labios fueron sellados por un beso bochornoso que le quito el aliento por unos minutos antes de tomar a Sonic por las mejillas y separarse, acariciando el pelaje melocotón le dedico mimos a su rostro. Volteo hacia el escritorio. “Veo que te gustan los carritos”.
“Mmm… Me divierten, ademas son de colección, muy hermosos”, beso una palma de Shadow, “y únicos”, subió los besos hasta la muñeca donde se freno al mirar directamente los ojos carmín.
El corazón de Shadow palpitaba con miedo, no sabia que era ¿adrenalina?, tal vez, ¿aun seguían los síntomas del orgasmo?, no… pero le estaba gustando sentirlo. Desconocido e impresionante, un omega como Sonic era raro de ver. Activo y dominante sin ser tan rudo o molesto… hasta cierto punto. Los besos subieron por el brazo, deteniéndose en el hombro con vehemencia de probar un poco más la deliciosa piel bañada de canela.
Shadow dejo que su cuello fuera manipulado, mordidas y marcas de chupones que dejarían hematomas invisibles gracias a su pelaje. Daba caricias lentas y acogedoras a las púas azules.
Pero, esto no era justo.
“La reunión esta por acabar”.
Sonic se separo viendo la hora en el reloj que colgaba de su pared, deteniendo sus caricias.
“Ah… si…”. Alejo sus manos.
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Los ropajes fueron acomodados y las púas peinadas, ambos se encargaron de ventilar lo mejor posible la habitación al abrir la ventana dejando que el aire circulara. Sus aromas se habían mezclado tanto que Shadow no podía evitar avergonzarse, de haber perdido el control.
"Bueno, como dije, fue fantástico, nunca había conocido a un omega como tú Shadz”.
"No me llames así".
Sonic carcajeo por su respuesta, acercándose a él lo tomó por los hombros.
"Para alguien que es demasiado vocal en esas situaciones, eres un erizo de pocas palabras,". Shadow no respondió. "Hey, no está mal tener nuevas experiencias. Hoy aprendiste algo".
"Que eres irritante".
"Tu aburrido", le extendió unas pastillas. "Toma, servirán para tu condición".
Shadow lo pensó unos momentos, tomándolas con las manos e ingiriendolas al momento, pasando por su garganta las píldoras retenedoras. Sonic parpadeó dos veces.
"¿Sin agua?, que fuerte", inquirió burlesco.
"Es lo que pasa cuando debes tomar muchas si acompañas a una familia de alfas a todos lados".
"¿Por eso te atraen los omegas?", recibió una mirada indiferente. "No juzgo”.
“No me interesa, todos son igual de molestos, idiotas, patéticos”.
“Este patético hizo que te corrieras”, dijo con orgullo en sus palabras.
“…”, no dijo nada, no se atrevió, estaba claro que ese omega siempre tenia una respuesta para todo, lo mejor era dejar de darle atención e ignorarlo, aunque tuviera razón, gruño por lo bajo y camino hacia la puerta.
“Adios Shadz”.
Solo lo miro por el rabillo del ojos, admirando por una ultima vez hasta cerrar la puerta esa sonrisa.
Caminando y dejando que su corazón dejara de palpitar conforme se alejaba de la oficina del omega. Suspiro aliviado al dejar de sentirse acorralado.
Tenia mucho en que pensar, ¿Qué había pasado?. Perdió el control por completo de su persona y sobre todo de sus feromonas, jamas se había sentido tan libre, las manos de Sonic aun recorrían su piel, cada palabra se quedo impregnada en su cabeza junto a su aliento susurrante en la oreja, sensaciones que lo derretían apenas recordaba, nunca lo olvidara y su mente se encargara de eso. En serio, su corazón debió de detenerse hace mucho, esto no le ocurría con nadie más… nadie más, solamente…
“Aquí estas”.
Mephiles.
“Tome una caminata por las oficinas, escucharlos parlotear de tonterías como animales enrabiados me aburrió”, contesto cortante. “¿Y papá?”.
“Firmando, al parecer el acuerdo de esta vez fue bien planeado, ambos estuvimos de acuerdo… ¿Donde estabas?, sabes que hay demasiados alfas aquí como para dejarte solo”. Mephiles acerco su palma a una de las mejillas morenas. “¿Estas bien?, se que te hostigaste”.
“Si… no me paso nada malo, estuve… con otro omega”.
“Eso me tiene tranquilo”, mostró una pequeña sonrisa de la cual solo Shadow era testigo siempre, tan cálido y cariñoso con sus expresiones delante de él. “¿Y ese aroma?”.
“Ah… Es que, bueno, se podría decir que me altere un poco y él… decidió ayudarme al calmarme con su aroma”.
Mephiles asintió, percatándose de… que extrañamente Shadow no portaba el listón de su vestimenta y tenia dos botones abiertos.
No podía mirarlo a los ojos, a esos ojos verdes ¿Por qué tenían que ser del mismo color?, ¿Por que tuvo que dejarse llevar? ¿Cómo pudo permitirlo en primer lugar? Las risas y jadeos de un momento fogoso le cargaba la conciencia con lamentos y llanto sentimental de haberse fallado a si mismo.
Una sola cosa rondaba en la cabeza de Shadow: “Sonic The Hedgehog, fue una increíble experiencia”.
