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Summary:

La voz suave y baja de Jayce se siente como un bien preciado que Viktor desea conservar para siempre, algo que no puede perturbar. Así que mantiene los ojos cerrados. Dedos gruesos y endurecidos por el trabajo en la forja rozan su sien para apartar un mechón de pelo de su cara. Es algo tan tierno, tan íntimo, que casi le dan ganas de llorar.

Jayce nunca lo había tocado así.

 

O; Viktor descubre que Jayce susurra lo que se le pasa por la cabeza cuando su compañero está dormido. Viktor actúa como si no tuviera ni idea, hasta que deja de fingir.

 

(You can find the English version in my profile!)

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

La primera vez que ocurre, Viktor se despierta en su silla con el cuello rígido, y la pierna aún más.

Una de las hojas de las notas que estaba revisando está pegada a su mejilla al levantar la cabeza del escritorio haciendo una mueca. Es ahí cuando nota una manta sobre sus hombros. El material suave le protege del aire frío mientras mira alrededor del laboratorio, iluminado por la luz grisácea del alba. La desagradable frialdad del café que se encuentra a su lado confirma que lleva dormido varias horas. Arrugando la nariz, deposita la taza en la mesa justo cuando ve a Jayce en el sofá, profundamente dormido mientras deja escapar un suave ronquido a través de sus labios entreabiertos, que Viktor encuentra increíblemente entrañable.

En realidad, prácticamente todo lo que hace el otro hombre le parece entrañable. Es bastante impresionante.

Acercándose al sofá lo más silenciosamente que puede, Viktor se quita la manta de encima para cubrir con delicadeza el cuerpo del otro hombre, mientras Jayce emite un suave sonido de satisfacción. La leve chispa de anhelo que ha aprendido a ignorar amenaza con crecer. Sólo por esta vez, Viktor permite dejarse calentar por ella mientras observa cuidadosamente el de su compañero, antes de apartar la mirada y regresar al escritorio, donde una pila de notas garabateadas que dejó sin terminar la noche anterior le está esperando.

Cuando Jayce se despierta no menciona la manta, pero le pregunta con un ademán casual a Viktor si durmió bien. Cuando Viktor se encoge de hombros mientras responde con ligereza “Sí, la verdad", la sonrisa casi no le cabe a Jayce en la cara.

Apenas un mes después, Viktor no recuerda con certeza la última vez que había dormido. Debe de haber pasado más tiempo del que pensaba, voces distantes e imágenes destellando en su mente mientras se deja atrapar a regañadientes por el sueño.

De repente, vuelve a la realidad cuando siente que le levantan la cabeza con suavidad. Casi abre los ojos para enfrentarse al toque absolutamente innecesario cuando su cabeza es apoyada sobre un cojín.

—Te vas a acabar matando si sólo duermes así.

La voz suave y baja de Jayce se siente como un bien preciado que Viktor desea conservar para siempre, algo que no puede perturbar. Así que mantiene los ojos cerrados. Dedos gruesos y endurecidos por el trabajo en la forja rozan su sien para apartar un mechón de pelo de su cara. Es algo tan tierno, tan íntimo, que casi le dan ganas de llorar.

Verás.

El tacto de Jayce ya es una sensación familiar, el hombre no podría mantener una burbuja de espacio personal ni aunque su vida dependiera de ello. El contacto físico se ha acabado convirtiendo en algo parte de su rutina cada vez que le rodea los hombros con el brazo para mostrarle su apoyo, o cuando se queda lo más cerca posible de él para que sus brazos se rocen mientras estudian las ecuaciones escritas en la pizarra. Por qué hace eso, todavía no lo ha averiguado. Si es para pensar mejor, sin duda tiene el efecto contrario en Viktor.

 

Pero Jayce nunca lo había tocado así. Esta caricia está suspendida sobre una línea invisible, y algo peligrosamente cercano a la esperanza se enciende en su pecho, junto con algo que él sabe cómo manejar mucho, mucho mejor:

La curiosidad.

Necesita comprobarlo, comprobar si Jayce realmente quiere llevar su vínculo un paso más allá, si él también quiere cambiar lo que puede significar ser compañeros el uno para el otro.

De manera que, por el bien de la ciencia, tal vez se permita apoyar la cabeza contra la mesa un poco más a menudo durante las próximas semanas.

Ahí es cuando descubre que Jayce ha desarrollado el hábito de susurrarle cosas, mientras envuelve su cuerpo con la manta y coloca su cabeza en el cojín. El poco filtro que Jayce tiene en la vida diaria desaparece durante esos momentos, aparentemente diciendo lo que sea que esté le pasando por la cabeza.

La próxima vez que sucede, Jayce acaricia la cabeza de Viktor y murmura que el hombre “ha estado haciendo un trabajo maravilloso en el laboratorio y de lo feliz que está de que estén juntos en esto.” Viktor tiene que contenerse para no sonreír, aunque siente que sus mejillas están un poco más calientes de lo normal. Las palabras de Jayce están poniendo a prueba los límites de su relación, y la sospecha de que Jayce podría querer algo más de lo que ya tienen se hace un poco más fuerte cada vez.

La fecha límite para entregar los planos de los hexportales está a un par de meses de distancia, lo suficientemente lejana como para que no hayan empezado a pasar varias noches en vela, pero Jayce todavía ya está empezando a sonar frustrado mientras su mano cae suavemente sobre el hombro de Viktor.

— Apuesto a que sabrías cómo hacer que los generadores funcionen de manera más eficiente que esto —, farfulla, y casi hace que Viktor salte de su asiento para estudiarlo con él. Casi.

Cuando abre los ojos unos diez minutos después y le pregunta a su compañero en qué está trabajando, el alivio deshace ligeramente el ceño fruncido de Jayce mientras le explica cuidadosamente el problema.

Al parecer, Jayce debía tener la impresión de que o bien era una persona silenciosa, o bien que los instintos de supervivencia de Viktor eran absolutamente horrendos, durmiendo a pesar de que estuviesen maniobrando con su puta cabeza cada vez que cerraba los ojos. Jayce parece haber olvidado lo fácil que es que Viktor se despierte, y lo raro que es que ahora se quede frito en su escritorio una vez a la semana.

Viktor se lo está pasando de maravilla con esto.

Ya es pasada la medianoche cuando siente el calor de la manta cubriéndolo. Como siempre, Jayce le levanta suavemente la cabeza para deslizar el cojín, un gesto que ha empezado a reconfortarlo. Su mano le recorre el pelo y, esta vez, Jayce se queda callado. Las cálidas yemas de sus dedos rozan el pelo más corto de su nuca y le acarician el cuello. A Viktor se le olvida respirar mientras siente cómo se le pone la piel de gallina en el camino que ha seguido la mano de Jayce. Todavía no se ha recuperado de la sensación cuando siente unos labios suaves y cálidos rozar su pómulo, un beso ligero como el aire de la superficie, que se acaba tan pronto como comienza.

—Te quiero.

El mundo de Viktor da un vuelco. El susurro era apenas audible, teñido de un anhelo silencioso, casi triste.

Esto es.

Esta es la prueba que necesitaba para saber que su compañero realmente lo quería de vuelta, que este hombre tan maravilloso, amable, inteligente y tan tonto sentía lo mismo que él.

Viktor abre los ojos, y le susurra a la figura de su compañero, que ya se ha dado vuelta para mirar hacia el lado opuesto.

—Tienes suerte de que no tenga el sueño ligero, Jayce.

El hombre se da vuelta como si le hubieran echado un cubo de agua helada en la cabeza, con los ojos abiertos como platos mientras todo su rostro se sonroja.

Parece que se va a morir de la vergüenza.

—¡Viktor! Yo- joder, lo siento mucho, no sé qué coño me ha pasado, lo siento — sacude las manos frenéticamente mientras da unos pasos hacia atrás, como si estuviera debatiendo el correr hacia la salida más cercana.

Lo está perdiendo. Viktor agarra su bastón lo más rápido que puede y se levanta de la silla.

—Espera, por favor.

Jayce se detiene en seco, sin dejar de mirarlo. Las miradas de ambos están fijas en el otro, sin romper nunca el contacto, como si se sintieran atraídos por puro magnetismo. Una sensación que siempre ha estado ahí.

—Por favor, no te vayas. — Con la espalda todo lo erguida que puede, Viktor se acerca hasta que está cara a cara con él.

Levanta lentamente su mano libre y la apoya en la mejilla de Jayce. Los hombros del otro se relajan y parece derretirse en la palma de Viktor, y la pregunta sin formular entre los dos carga el ambiente.

Viktor se siente valiente, más valiente que nunca, mientras cierra el espacio entre ellos. Le da a Jayce tiempo, el suficiente como para que se aleje, pero no lo hace.

Entonces Viktor lo besa, de forma breve, dulce y tierna, labios secos rozando los suyos. Al separarse, los ojos del hombre están brillantes con asombro.

Ambos se encuentran a medio camino, y esto, esto es lo que Viktor siempre ha ansiado con tanta fuerza. Es lo que siempre ha querido. Encontrar un ritmo es fácil cuando muerde suavemente el labio inferior de Jayce antes de lamerlo, pidiendo permiso para entrar en su boca. El beso se profundiza y siente sus fuertes brazos envolviendo su cintura apasionadamente, siente las manos que recorren su espalda, acariciando, trazando círculos en su zona lumbar.

—¿Te gustaría… — jadea Jayce entre besos,— llevar esto al sofá?— La adrenalina se dispara y recorre el cuerpo de Viktor.

— Sigo tus pasos, chico de oro. — Apenas pueden mantener las manos alejadas el uno del otro mientras se dirigen al sofá, Viktor acostándose boca arriba mientras Jayce se acomoda sobre él, la tenue luz enmarcado su cuerpo y haciéndolo parecer casi irreal. Jayce besa el lunar sobre su labio, luego su mejilla, y sus labios se deslizan hacia su cuello. Viktor deja caer la cabeza hacia un lado, los besos húmedos convirtiéndose en mordiscos mientras comienza a succionar la piel pálida y sensible, y Viktor pierde completamente la compostura mientras gime el nombre del otro.

Desesperado por encontrar algo a lo que agarrarse, encuentra el pelo de Jayce y tira. El hombre gime contra su cuello mientras lame el punto sensible justo debajo de su oreja. Viktor tira de nuevo y es recompensado con ese mismo sonido maravilloso una vez más. A partir de este momento, Jayce no puede mantener la boca cerrada y Viktor está completamente embelesado por los ruidos que salen de su labios.

Quiere categorizar todos los gemidos que este hombre podría emitir. Quiere saber el tipo de gemidos que haría doblando a Viktor sobre la mesa.

Jayce ya está duro, siente su miembro con su vientre, y, joder, parece de buen tamaño.

Tal vez hundiría sus dedos en las caderas de Viktor, restringiéndose para no embestir mientras se ajustaban. Se imagina el sonido de placer y alivio que escaparía de su boca una vez que Viktor le ordenara moverse. Se pregunta si serían muy diferentes de las que haría si fuese Viktor quien lo abriera con sus dedos, llevándolo hasta el límite antes de empujar dentro de él. Se pregunta si a Jayce le gustaría eso, y le reza lo que sea que haya en el cielo que le guste.

Viktor regresa al presente cuando escucha a Jayce decirle palabras reales y articuladas.

—¿Puedo? —Sus manos juguetean con los botones de su chaleco y sus ojos miran profundamente a los suyos, con las pupilas tan dilatadas que sólo se ve un anillo de color avellana. Definitivamente, ahora sí que parece un ángel, con el pelo despeinado y los labios enrojecidos por los besos.

Asiente con vehemencia. Y así, esos labios carnosos vuelven a estar sobre los suyos, su lengua llenando la boca de Viktor, sintiendo las vibraciones que provocan los gemidos de placer de Jayce, mientras comienza a trabajar en desabrocharse la camisa. El aire ligeramente más frío golpea su pecho al quedar expuesto, los dedos de Jayce recorren el metal tibio de las piezas de su cinturón lumbar.

—¿Debería- sueles dejarte puesto el cinturón para este tipo de cosas?— Eso le saca una leve risa a Viktor.

—No. No, a menos que me obligues a hacerlo de pie. — Viktor se quita la faja lo más rápido que puede, y Jayce se ocupa de deshacerse de su propia camisa. Una vez que la prenda cae detrás del sofá, Jayce vuelve a mirar hacia abajo y encuentra el torso desnudo de Viktor. Sus manos acarician su pecho, rozando suavemente los pezones y haciendo que la respiración de Viktor se acelere, perfectamente audible en el silencio del laboratorio. Estas viajan más allá de su ombligo en una exploración silenciosa hasta detenerse agarrando sus caderas, con las manos a cada lado de la obvia tienda de campaña en los pantalones de Viktor. Los ojos de Jayce parecen devorarlo vivo mientras recorren su torso hasta volver a centrarse en su cara.

— Eres precioso. — Es un susurro roto. Una especie de adoración.

Viktor nunca se había sentido tan poderoso y, al mismo tiempo, tan impotente. Como si la sangre en sus venas lo estuviera quemando de adentro hacia afuera.

Es como si una presa se rompiese, y Viktor levanta las caderas mientras araña el pecho de Jayce con una desesperación que raya en lo irracional, el control se le escapa por completo al sentir cómo le bajan los pantalones y la ropa interior. Gime de alivio cuando su polla se libera, tan dura que casi duele. Es entonces cuando siente que las caderas de Jayce caen sobre las suyas, y joder, también se ha bajado los pantalones, puede sentir el miembro del otro hombre contra el suyo. Viktor mueve su pelvis contra él y se ve deliciosamente recompensado cuando los ojos de Jayce se ponen en blanco en éxtasis.

Apenas han comenzado, y Jayce ya parece completamente ido, con gotas de sudor rodando por sus pómulos, sonrojado a pesar de la piel bronceada. Viktor tampoco debe tener mucho mejor aspecto y le encanta, le encanta frotarse contra ese desastre de hombre mientras los sonidos de placer resuenan en la habitación. Viktor reconoce vagamente algunos de ellos como los suyos.

Levanta su espalda del sofá con ademán de sentarse, y Jayce sigue su ejemplo sin dudarlo hasta encontrarse a horcajadas sobre los muslos de Viktor, inclinándose ligeramente hacia la izquierda. Quiere más, quiere sentir el peso de la polla de Jayce, inspeccionar cuidadosamente cada vena y cada superficie, así que lo hace, tomándolas a ambas en su mano. La reacción es explosiva. Los ojos de Viktor se cierran solos mientras la sensación de acariciarlas a ambas, juntas, envía chispas que vuelan por todo su cuerpo y hace que su miembro se contraiga. Su mano apenas es lo suficientemente grande como para agarrarlas decentemente.

— Dios, Jayce, eres grande.— Viktor gime, y aprieta más fuerte.

Ahora es la polla Jayce la que se contrae y se pone imposiblemente más dura entre ellos, un rubor viaja desde su rostro hasta su amplio pecho.

—¿La más grande que has tenido?— Jayce jadea, aparentemente lo suficientemente embriagado de placer y elogios como para ser competitivo de una forma casi infantil. En realidad, podría serlo, considerando que la lista de amantes de Viktor no es demasiado larga y no recuerda que el tamaño de nadie le haya afectado así. Por supuesto, no se lo va a decir, teme que el ego del hombre no se recupere de ello.

— Eh, es bastante considerable. Todavía tengo que ver cómo te… Desempeñas en otras áreas, sin embargo.— Siente que las comisuras de su boca se contraen hacia arriba en un desafío.

Jayce muerde el anzuelo como un campeón. —¿Ah, sí? — Sus ojos le recorren el cuerpo una vez más mientras le devuelve la sonrisa, con sus paletas separadas, preciosa y perfecta—. Perdona, pero sé desempeñarme de maravilla. — Viktor lo agarra por la nuca para acercarlo más hasta que sus labios rozan la oreja de Jayce y lame ligeramente su lóbulo, lo que le valió una exhalación temblorosa del otro hombre.

—Entonces demuéstramelo.

Eso es todo lo que necesita Jayce para comenzar a recorrer el cuerpo de Viktor hacia abajo, siguiendo el mismo camino que sus manos habían trazado anteriormente. Cuando llega al pequeño grupo de lunares en sus costillas, Jayce se deja caer de rodillas en el suelo. Viktor está empezando a cuestionar su cordura, porque esto es exactamente igual a los sueños que han estado plagando sus noches durante años. Jayce está acariciando sus muslos mientras besa el rastro de vello oscuro que conduce a lo que Viktor reza que sea su destino final. Una mano cálida entonces envuelve su base y tira suavemente de la piel hacia atrás, mientras los labios de Jayce se separan y lame directamente hasta la punta de su polla, sus ojos llenos de nada más que adoración mientras presiona un beso en la punta y se la traga. Se siente absolutamente delicioso, el calor húmedo de su boca lo envuelve y el mundo entero se reduce al placer entre sus piernas. Jayce comienza a establecer un ritmo, succionando al presionar la lengua contra la parte inferior de su polla.

Viktor no puede evitarlo, y comienza a farfullar cumplidos como “qué buen chico estás siendo para mí” y “mírate, es espectacular” entre suspiros entrecortados y maldiciones en su lengua materna.

Los gemidos de Jayce aumentan de volumen ante los elogios, tragando aún más profundo hasta que Viktor puede sentir la parte de atrás de su garganta, apretándolo al sentir una ligera arcada. Jayce no desperdicia los momentos en que se retrae en busca de aire, jadeando ante las palabras de Viktor con un "sí, sí, soy tuyo, es todo para ti" y Viktor está viendo las estrellas, sintiendo que su clímax se acerca mientras Jayce aumenta la velocidad, uñas cortas clavándose en sus caderas. Está tan cerca de correrse, por las maravillas que Jayce le está haciendo, y, más importante, por el hecho de que es Jayce, con sus mejillas ahuecadas mientras succiona y los ojos cerrados, las pestañas negras y espesas mojadas por las lágrimas. A través de sus pensamientos difusos, Viktor se da cuenta de que necesita advertirle, y su tono cambia a delatar urgencia. "Jayce, estoy..." está tan cerca, y tira del pelo de Jayce con más fuerza para alejarlo. Su compañero, en cambio, hace todo lo contrario, tomando a Viktor imposiblemente más profundo mientras gime.

Esto lo lleva al límite. Se viene con un grito estrangulado, enterrado en su garganta. Las piernas de Viktor tiemblan por la sobreestimulación cuando Jayce se la saca de la boca con un sonido obsceno, y, durante lo que podrían ser segundos o minutos, Viktor cierra los ojos e intenta controlar su respiración acelerada.

Cuando los abre de nuevo, Jayce está hecho un maldito cuadro. Todavía está de rodillas, con las piernas abiertas, la polla dura y goteando líquido preseminal entre ellas mientras lo mira con ojos vidriosos y su pelo hecho un completo desastre. Viktor está bastante seguro de que esta imagen se le quedará grabada en el cerebro para siempre. Una oleada abrumadora de afecto lo invade y acaricia la mejilla de Jayce.

— Ven aquí, bebé. — murmura, muy suavemente.

Jayce está de vuelta en el sofá en un instante, y Viktor puede saborearse a sí mismo mientras se besan, recostándose lentamente en el sofá para alivio de su columna vertebral. Aun así, quiere devolver el favor, más que nada, y darle al otro hombre al menos una fracción del placer que él ha sentido. Con la cabeza apoyada contra el reposabrazos, Viktor le pide a Jayce que se coloque con una pierna a los lados de su cuello, sobre sus hombros.

Verlo de cerca es increíble. Su polla parece pesada y se inclina hacia arriba y ligeramente a la derecha, la piel bronceada y aterciopelada de su miembro deja espacio para una punta enrojecida que gotea constantemente. Viktor envuelve su mano alrededor de él, pasando su pulgar sobre la cabeza mientras comienza a bombear lentamente. Jayce solloza de alivio, moviéndose impaciente ante la muy necesitada atención.

Lo ha hecho tan bien. Viktor levanta la cabeza hacia adelante para succionar la punta en su boca, la lengua girando alrededor de ella. Mira hacia arriba, y el hombre parece absolutamente destrozado agarrándose al sofá como si fuese un salvavidas.

Viktor acerca suavemente sus caderas, llevándolo lentamente a su boca y ajustándose a la plenitud que comienza a invadir la parte posterior de su garganta, sintiendo que se le pone la piel de gallina por todo el cuerpo y su propia polla se hincha ligeramente ante la sensación. Comienza a guiar a Jayce hacia adentro y hacia afuera con un ritmo constante, y pronto siente cómo le follan la boca de la manera más amorosa posible, haciéndolo sentir mareado de placer y dejándole ambas manos libres para agarrarle el culo a Jayce. Jayce se apoya hacia atrás para intensificar el contacto en sus nalgas, y eso enciende una llama candente en las entrañas de Viktor. Con una mano cuidadosa, se posiciona entre sus piernas para presionar contra el perineo, ganándose así un gemido particularmente fuerte desde arriba. Sus dedos viajan más hacia atrás, mientras sus ojos nunca dejan el rostro de Jayce, buscando cualquier signo de incomodidad. Lo único que encuentra es una mezcla entre deseo y desesperación. Su dedo índice le roza la entrada.

— Viktor, por favor. — La voz de Jayce se quiebra, una pequeña cosa rota. No hace falta que se lo digan dos veces. Aparta momentáneamente la boca de la polla del otro y cubre dos de sus propios dedos en saliva antes de volver a empezar a masajear en pequeños círculos para relajar el apretado anillo de músculo. El ruido que hace Jayce cuando empuja un dedo dentro dentro al completo debería ser ilegal. Las embestidas de Jayce pierden toda clase de ritmo mientras parece luchar entre empujar de nuevo hacia su boca o hacia el dedo dentro de él . Un dedo que se curva alrededor del bulto que hace que Jayce grite de placer, y Viktor añade suavemente un segundo dedo.

Sin duda, sus manos habían sido hechas para esto. Sus dedos eran delgados, largos, por lo que podía deslizarse fácilmente dentro de Jayce y frotar el lugar que lo estaba haciendo desmoronarse.

Jayce estaba hecho un desastre. Mechones de cabello húmedos se pegaban al sudor de su frente mientras los gemidos no cesan de salir entre sus labios. Era el ser más hermoso que Viktor había visto jamás, con su corazón tan grande, más grande que el de nadie, siempre dispuesto a entregarse.

Estaba desesperadamente enamorado de Jayce. Lo había querido desde lo que parecía una eternidad, lo quería tanto que le dolía, y sin embargo sentía que no podía ocurrir de otra manera. Mientras seguía masajeando sus dedos dentro de él, Viktor liberó su boca y comenzó a estimularlo con su mano desocupada. Necesitaba decírselo.

— Estoy muy, muy enamorado de tí. — Jadeó.

Y eso es todo lo que Jayce necesita para correrse. Apenas tiene tiempo de llevarse la polla de nuevo a la boca, y el primer chorro le pinta la mejilla de blanco. Viktor le succiona durante su orgasmo mientras retira lentamente sus dedos. Después de unos momentos, Jayce se baja de sus hombros y se recuesta de lado junto a Viktor, cara a cara.

Viktor le quita el pelo de la frente a Jayce, mientras su compañero le limpia el semen de la mejilla con el pulgar. Una vez que su rostro está limpio, Viktor se acerca más para besarle la punta de la nariz, y la cicatriz de su ceja.

—Te quiero. — Es maravilloso poder decirlo en voz alta. Manos delgadas acarician el cuerpo de Jayce con suavidad, y su compañero se derrite en el tacto, con los ojos cerrados y un ronroneo bajo que sale de lo profundo de su pecho.

— Te quiero. —murmura Jayce en respuesta, y luego abre los ojos—. Siento mucho haberte dado ese beso mientras dormías, eso sí. Estuvo bastante feo por mi parte.

Los labios de Viktor se curvan hacia arriba en una sonrisa y resopla mientras sacude la cabeza. —Gracias Jayce, lo aprecio. Pero, he de decir que si éste es el resultado de que lo hayas hecho, no me importaría que sucediera de nuevo.

Jayce sonríe tímidamente y besa la mejilla de Viktor. Con toda la suavidad y calidez, Viktor siente que el sueño lo alcanza lentamente, y su pierna derecha comienza a doler más de lo habitual por estar acostado sobre su lado malo. Se mueve y se acurruca contra el cuerpo del otro hombre, mientras los brazos de Jayce envuelven su torso.

No cree que nunca se haya sentido tan feliz.

 

Notes:

Este es mi primer fanfic diosmio

Si ves cualquier error, o simplemente te ha gustado la historia, te vendo mi alma si me dejas un comentario <3