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Se hace el tonto

Summary:

Kageyama se hace el tonto a los obvios coqueteos de Hinata. Él nunca podría corresponder de esa manera a su mejor amigo. Pero ahora qué se puso tan guapo... las cosas parecen tomar otro rumbo.

Notes:

¡¡spoilers del manga!!

Chapter 1: Kageyama y Hinata

Chapter Text

Es un nuevo año escolar para la preparatoria Karasuno, y una nueva etapa para su club de voleibol masculino. Este año, los antiguos cuervos derrotados se alzan como los potenciales vencedores. Desde hace dos años que el equipo no para de fortalecerse, son más grandes y nuevos talentos se unen con las ganas de jugar para el temible Karasuno. Todos quieren ser parte de la sensación de Miyagi.

Todos quieren ser parte del Karasuno, porqué todos quieren ganar. Nadie dentro del mundillo no está al tanto de que, el equipo de los cuervos está más fuerte que nunca. Ningún Karasuno anterior podría igualar el nivel que se maneja en este momento. ¿Qué otra versión anterior tenía a tantas estrellas reunidas? ¿Y qué otro equipo sentía las ganas de la victoria tanto cómo ellos?

La alineación de la camiseta negra y naranja era absurdamente poderosa. Cualquiera que recuerde a los jugadores intrépidos de primero de hace dos años, lo sabe perfectamente. Aquellos chiquillos, que a pesar de ser inexpertos, mostraron dientes a los adversarios como el Shiratorizawa y el Inarizaki; hoy se paran en la cancha con dos años de experiencia más.

Hoy son los veteranos, y son su mejor versión. El prime del Karasuno.

—Yamaguchi Tadashi, capitán del Karasuno.

—Kageyama Tobio, segundo capitán y colocador.

—Tsukishima Kei, bloqueador central.

—¡Hinata Shoyo! Bloqueador central, pero el que cae mejor.

Todos miran con admiración a los seniors del equipo, que se presentan ante los recién llegados. Son cuatro monstruos que han hecho sonar el nombre del Karasuno a todas partes. Unas verdaderas bestias que nadie quiere como enemigo, solo los más valientes, o mejor dicho, solo los mejores. La forma en la que se ven ya es intimidante, demasiado altos y con un aura de confianza gigante. Hinata apenas y le llega a los hombros a sus amigos, pero tiene un físico musculoso que le compensa.

Cada uno de ellos tiene una reputación asombrosa, que hace que cuando entran al gimnasio todos traguen saliva. Yamaguchi, ahora con la camisa del número uno, conocido como "el de los saques asesinos". Kageyama, de jersey del número dos, es oficialmente el mejor armador a nivel colegial. Tsukishima, que lleva el número tres, es el enemigo de cualquier rematador, pues "no hay remate que no pase al menos entre sus dedos". Hinata, que porta el número cinco en su camisa, no es solo "el mejor señuelo" si no que también, "el que levanta cualquier balón del suelo".

El único aire que respiran es de la victoria. No había que decir nada, solo con su postura todos en el club sabían el pensamiento exacto que tenían los mayores. Irían a comerse las Nacionales.


Después de las formalidades, el club Karasuno daba inicio a su primer entreno del año. Todo transcurría con normalidad para aquellos que ya llevaban su tiempo, pero para los de primer año eso no podía estar más lejos de la realidad. Sencillamente no esperaban que, las figuras del voleibol colegial que tanto admiraban y que percibían como personas serias, fueran tan... inmaduros.

La única persona con cabeza entre ellos, era el de pecas. Quien intentaba mantener el control de la situación. La manager, Yachi, también le ayudaba.

—¡Tsukki, deja de hablar mal de Kageyama a los de primero!

—¡Hinata, deja de obligar a esos pobres chicos a que te digan "Hinata-senpai"!

—Kageyama, estás asustando a los menores... Mejor practica tu sonrisa amistosa en otro lado. —Esta vez, fue Yachi quien intervino en lo que para el armador era conseguir una buena impresión, y lo que para los otros era un intento de homicidio.

Aunque en todo ese caos, lo que más impactó a los primerizos era la relación entre Kageyama y Hinata. Nadie quería decir nada para no ser irrespetuosos, pero con solo unas miradas se decían lo que estaba suelto en el aire. La forma en la que se llevaban era certeramente inusual... pero tampoco difícil de entender. Eran demasiado y muy sospechosamente cercanos, además tenían mucho contacto físico. El pelinaranja era el que sobretodo iniciaba los toques y él que más se notaba que lo disfrutaba. Cada vez que se juntaban, formaban una escena que hacía decir:

—Oye... ¿Hinata-san es gay? —Le dijo un primer año a uno de segundo, que solo le respondió con carcajadas. Ambos se quedaron viendo al mencionado que justo se encontraba conversando con Kageyama.

El bloqueador tenía abrazado de la cintura a su acompañante, tenía una sonrisa coqueta y subía su cabeza para mirar el rostro estoico de Tobio. Este último estaba firme, sin moverse y totalmente reacio al agarre en el que le tenían. Lo miraba con un poco de molestia, pero tampoco con rechazo. Nadie por la lejanía podría notarlo, pero Shoyo sí podía observar el ligero sonrojo de su mejor amigo. Aquello le hizo acercarlo más hacia él y sonreírle con malicia.

—Tobio-kun, ¿estás nervioso de que los nuevos sepan acerca de nosotros? —El tono de Hinata era coqueto y parecía saborear todas las expresiones fastidiadas del contrario.

—No, ¡porqué no hay nada entre nosotros! —Dijo rabioso, alejando al de ojos cafés de un empujón. Este solo se rió y se dejó ante lo hecho por Kageyama. —¡Deja de hacerles pensar mal, idiota! —Enojado, se fue del lugar para escapar de su amigo, pero de todas formas le siguió.

—¡Podemos mantenerlo en secreto si quieres, Tobio-kun! —Hinata era perseverante en cuánto a molestar a su armador.

—Ugh, te colocaré solo para que te calles. —Kageyama siguió caminando sin volver a mirarlo, aún con sus mejillas teñidas de rosado. Ignoraba a Hinata, quien lo alcanzó para abrazar su cuello con sus brazos.

—Eres malo... pero acepto. —Revolvió los cabellos negros de la persona a su lado.

Los de tercer año miraban al dúo con un poco de angustia. Para todos los demás en el gimnasio, aquello era solo el tonto juego de Hinata para molestar a su amigo, la forma extraña en la que se llevaban. Aveces les parecía que el de menor estatura se metía mucho en el papel, pero nada que rondará demasiado en sus cabezas.

Los mayores les dejarían creer esa historia a los demás, por la seguridad de sus amigos. Sin embargo, no era para nada verídica. No era una actuación, no es que Hinata solo quería incomodar a Kageyama para molestarle. Quizás en parte sí, pero aquellos coqueteos eran más profundos que solo eso. Eran una forma de expresar sus sentimientos sin ser algo serio. Sin hacer nada que verdaderamente inquietará a Tobio, ni que perturbará su amistad. Una forma de protegerse los dos.

Entre ellos dos existía una verdad que ambos eligieron ignorar. A Hinata le gustaba Kageyama, a Kageyama no le gustaba Hinata.

Jamás habían platicado sobre eso, pero las actitudes de Shoyo poco a poco le fueron delatando. Así que, de esta manera habíamos llegado a ese punto, en el que Hinata le coquetea y Kageyama solo se hace el tonto. Los intentos románticos del bloqueador iniciaron en segundo año, el pelinegro inició reaccionando con disgusto y terminaba pateándole. Pero con el tiempo, fue agarrando tolerancia a esas actitudes de su mejor amigo.

Kageyama toleraría lo que fuera por seguir siendo el mejor amigo de Hinata. Aun con ese peso en sus hombros de que su amistad colgaba de un hilo, y de que al otro probablemente le dolía mucho la situación.

Eran dos cobardes que no se animaban a discutir sobre del elefante en la habitación. Ambos se querían mucho, y lo que menos deseaban era separarse. Hasta ahora, habían podido ignorar la obvia tensión, pero poco a poco se hacía más difícil de evitar.

Sus amigos siempre se mantuvieron al margen, preocupados por que ninguno saliera herido. No obstante, sabían que algo detonaría entre ambos chicos por el tic-tac del reloj. Era el último año de todos y las cosas no se quedarían así por siempre. Algo cambiaría, para bien o para mal. No podían hacer nada, solo ser espectadores de esa tragedia a punto de comenzar. Así mismo les dijo Shoyo, un día que Tobio no estaba con ellos:

Si Kageyama no me corresponde a mitad de año, lo dejaré ir. Creo que me está interesando otro chico.

Los otros tres estuvieron de acuerdo de él. Shoyo se merecía vivir libre y feliz, no aferrado a la respuesta de Tobio. A la vez, se lamentaban, ese no era el final que querían para ambos. Viendo la escena ahora presente a sus ojos, dieron un suspiro audible.

Kageyama se había dirigido al pequeño cobertizo para buscar una bola, con Hinata siguiéndolo. Como habían pasado unos meses, todo estaba empolvado, su alergia comenzó a molestarlo y de pronto se encontró estornudando sin cesar. No podía ver nada por su estado, pero se trató de hacer paso en el lugar. Intentó ubicar la caja con rejillas que guardaba los balones, lo logró y se apresuró hacia ella.

El pelinegro se tropezó con algo y tuvo la suerte de aspirar todo el polvo en el suelo. Ahora sí que no veía absolutamente nada, y sentía que se le iba a caer la nariz.

—¡Hinata, idiota! Ayúdame, saca la bola. —Decía entre estornudos, sin saber donde estaba el mencionado.

Como no escuchó respuesta, se trató de estabilizar poniendo su peso en sus manos que tocaban el piso. Dicho movimiento, le hizo tener sus glúteos alzados y sus rodillas flexionadas. Estaba en una posición demasiado sugerente, literal, estaba "en cuatro". Aún estaba demasiado alérgico como para preocuparse por ello, si es que no hubiera visto la figura de Hinata Shoyo, al mirar un instante hacia atrás.

Lo último que necesitaba Kageyama era a Hinata en ese preciso momento de su vida. Vio como en el semblante del tipo se hizo espacio la lujuria, y una sonrisa del diablo se formó en el rostro del pelirrojo.

Todo pasó demasiado rápido. —¡Hinata, espera!

Un sonido estruendoso inundó el gimnasio, o probablemente todo Japón. Tobio solo pudo soltar un quejido de puro y genuino, dolor. No estaba seguro de que había ocurrido, pero sí de que le habían inutilizado de por vida.

—¡Hey! ¡Todavía no practicamos saques! —Gritó Yamaguchi en busca del culpable de aquel sonido penetrante e intenso. Pero para su sorpresa, nadie tenía un balón en manos.

—Tadashi, no te vas a creer a quién se remataron. —Una risa del rubio con anteojos lo hizo ir hacia él. Tsukishima estaba frente al cobertizo, mirando la escena que estaba contenida allí dentro.

Aunque Kageyama llevará shorts, se podía ver la perfecta roja marca de la mano de Hinata que estaba ahora bajo la prenda. El pelinegro estaba totalmente acostado en el piso, más muerto que vivo. El otro chico, estaba estoico a unos pocos metros de él, dando la espalda a la puerta y con la palma de una mano en rojo vivo.

Aquel estruendo fue la mano de Hinata rebotar contra las nalgas de Kageyama.


El dúo ahora estaba fuera del gimnasio, obligados a disculparse y entrar de nuevo, pero esta vez concentrados para el entrenamiento. Tobio, veía como Hinata tomaba agua de uno de los tubos puestos por allí. Concentrado en como se mojaba sin querer su camisa blanca, su rostro sediento y la abertura de sus labios. Admiraba como a su mejor amigo le caían gotas accidentales en su cara, toda esa escena tan preciosa que le generaba una rara sensación en su cuerpo.

Kageyama no quería admitirlo, pero últimamente le encontraba un atractivo a Hinata.

Cuando podía, lo espiaba. Aprovechaba esos instantes en los que el chico no se daría cuenta la forma en que lo ve. Así, podía ver con tranquilidad todas las características de Shoyo que le embobaban. No se dio cuenta cuando el físico de este dejó de ser el del niño de quince años, ahora tenía diecisiete y no había rastro de aquel mocoso flacucho.

Hinata empezó a utilizar el pelo un poco más largo, se ve desordenado, pero los mechones que le sirven de flequillo y los que van hacia atrás le hacen ver más maduro. Tiene una mandíbula fina, la misma nariz larga y recta, ojos cafés y pestañas largas. Sus labios pequeños pero redondos nunca cambiaron, aunque Tobio jura que se hicieron más tentadores. Sus facciones son las mismas, solo se han llenado de seguridad y experiencia.

Su cuello se ha vuelto más ancho, en general todo su cuerpo también. Por eso ahora sus hombros son más poderosos, sus brazos musculados, su torso fornido. Todo eso desemboca en una piernas corpulentas, duras y firmes. Si Kageyama se lo permite, diría que es lo mejor del cuerpo de Hinata. Muslos grandes, capaces de reventar una sandía. Glúteos voluptuosos que despiertan lo peor de Tobio.

Shoyo es sensual, condenamente encantador. Y eso es su perdición, porqué es su mejor amigo. Le incomoda este sentimiento cada instante de su vida: cuando entrenan, cuando se cambian juntos, cuando están solos, cuando se le acerca demasiado. Debe fingir todos los días que la belleza de Hinata no le cautiva, pero la atracción es tan magnética que aveces no lo logra.

Lo peor es cuando su amigo le coquetea. Antes le daba igual, ahora debe ocultar las reacciones que le provocan las seducciones de Hinata. Si bien no siente nada romántico hacia él, todo el físico del de ojos cafés le da ganas de comerlo vivo.

De besarlo y jugar con todo su cuerpo.

Con Shoyo descubrió que se podía sentir de esta forma con los hombres. En realidad, todas estas emociones son nuevas para él. Pero Tobio es alguien simple, no se haría líos mentales en aceptar lo que era verdad.

—Lo siento Tobio, creo que me excedí. —Hinata se le acercó y con serenidad le habló.

—Contigo no hay salvación, Hinata. —El mencionado rió en respuesta.

La atmosfera era tranquila, estaban solos bajo el cielo soleado. Solo se escuchaban algunos ruidos de la naturaleza mientras se sonreían entre ellos.

—Hey, es nuestro último año. ¿No piensas hacer algo interesante? —El de hebras naranjas interrumpió el silencio.

—¿Cómo que?

—No sé, ¿alguna novia? ¿dejar de ser virgen? Porqué después de la preparatoria estarás tan ocupado que no creo que tengas otra oportunidad, más que ahora. —Hinata pasó un brazo por detrás para rascar su espalda, quizás un poco incómodo.

Cuando el de menor estatura notó al otro pensativo, se arrepintió de haber hecho la pregunta. —No, olvídalo, eres demasiado imbécil como para que otra cosa que no sea voleibol esté en tu cabeza. —Dio un suspiro y se llevó unos dedos a su frente. Pero para su sorpresa, el pelinegro le contestó.

—Una novia no, hay que invertir mucho tiempo y me da pereza. —Dijo de manera decidida. —Aunque sabes, perder la virginidad no suena mal. —Los ojos de Tobio captaron a los de Hinata, que se encontraba visualmente confundido por las palabras que acababa de escuchar.

Pero Kageyama era sincero, él no tendría una relación porqué no le interesa. Pero quería satisfacer sus deseos carnales como cualquier otro muchacho de su edad. Miró a su acompañante de pies a cabeza, y confirmó totalmente sus pensamientos.

El armador estaba sentado en unas gradas. Shoyo, de pie con una pierna sobre estas y la otra descansando todavía en el suelo. Ambos de frente, la pierna en las gradas casi encerrando al otro.

Si Hinata ya estaba desconcertado, más aun cuando sintió los dedos de Kageyama avanzar lentamente de su rodilla a sus muslos.

—Así que, creo que me gustaría hacer eso este año. —Como si nada pasará, Tobio continúo hablando. No perdía de vista los ojos nerviosos de Shoyo, y el sonrojo que empezaba a asomarse.

Esa fue la primera vez que la relación entre ambos amenazó con cambiar.