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Cuando Gen se fue lo hizo por su propio bien. Su terapeuta dijo que se trataba de una conducta evitativa y francamente tenia razón, pero no fue el peor resultado, se atrevería a decir que ha sido una de sus mejores decisiones a riesgo de tener que aclarar sobre cómo no siempre es así. La verdad es que mantener conductas evitativas en situaciones que provocan ansiedad y estrés no es lo más saludable, es engañoso, casi parece mejor no hacer algo que solo dispara alarmas en tu cerebro.
Genera la ilusión de que no debería estar ahí, sobrepone la situación misma y la alarma, en esencia, no lo ves.
El problema recae en que existen cosas que pueden resolverse de una manera relativamente fácil, énfasis en relativamente, pero logran verse más grandes solamente por la idea de urgencia, por esa necesidad de escapar. No es saludable ni sostenible, en algún punto podría generar un ataque de pánico ante la más mínima provocación que salga de lo que consideras previsible. Al menos ese era su caso.
Tratando activamente de no justificar sus propias reacciones, que bien conocía, entre todos los resultados posibles irse no fue para nada lo peor. De hecho, fue lo mejor. Hasta su terapeuta podía asentir con un suspiro a dicha afirmación, claro sin dejar de recordarle que no se trataba de una relación de causalidad, no era bueno porque vino de la manifestación de dicha conducta sino porque era lo que necesitaba en ese momento, como cuando obtienes el resultado correcto de una ecuación a base de un accidente porque no tienes idea de lo que estás haciendo, pero hey, era el punto que necesitabas. Él lo consideró lo suficientemente bueno.
Ahora, hay cosas que asume debería saber en base, lamentablemente, a cursar parte de la carrera de psicología. Uno pensaría que podría ayudarse más a si mismo con las herramientas que debían entregarle, la verdad es que te hace un paciente terrible. También le resulta irónico cuando aún hoy rehúye incluso de la filosofía por temor a su propia reacción si vuelve a darle vueltas a su existencia. Cree que estaría bien, pero hay un miedo al riesgo aquí con el que prefiere no lidiar de momento.
Disociar constantemente y experimentar lo que podría o no, ser un caso de despersonalización, su propio autodiagnóstico, lo volvieron incapaz a veces de reconocer sus propias emociones. Eran tiempos oscuros con lo que si bien se reconcilió en su mayoría también vienen con una sensación de vacío difícil de explicar y a la que volverá cuando decida retomar la terapia, solo por su propia tranquilidad.
Entonces, era un poco un riesgo para sí mismo cuando se sentía lo suficientemente retador, principalmente en base a conceptos que una parte de él quiere olvidar y resulta obvio su psicóloga conoce mejor. Las sesiones de una hora una vez por semana y el vínculo terapéutico hicieron magia en cuanto a bajarlo de la nube de la pretensión, y lo amarró un poco a que, cuando estuviera listo para volver a descompartimentar cosas en terapia, luego de este periodo de alta que llegó como la maravilla de su propia estabilidad, tuviera que volver a llamarla o enviarle un correo electrónico porque sonaba casi demasiado agotador salir en busca de otra persona que pudiera entender tan bien desde donde venia.
Está bien, sin exagerar, lo haría si fuera necesario, pero solo pensar en tener que comenzar un nuevo expediente con otro especialista lo hacía querer rechinar los dientes y quejarse en voz alta como el niño que no fue pero que como adulto disfrutaba recrear. Lo estelar aquellos años es que estaba mal.
En su tercer año de universidad y estudiando la carrera de psicología se encontró con personas maravillosas que lo volvieron a anclar a la realidad de la que se sentía tan ajeno, más o menos, porque luego cayó básicamente en una crisis y de paso, como si eso hubiera sido poco, se enamoró.
Suena un poco muy exagerado de su parte si es honesto, más superficial de lo que fue en realidad y en su opinión profesional, que no existe porque no llegó a titularse, le haría poner los ojos en blanco de lo ridículo si alguien más se lo dijera así en una sesión.
Pero es que hay que desglosar, Gen es un actor nato y le gusta llamar la atención, la sensación de poder engañar aunque sea un poco a las personas es adrenalina pura en su sistema, un estímulo difícil de resistir cuando la nada te rodea, francamente debió sospechar el ADHD desde el principio, aunque no se juzga, estaba demasiado distraído con intentar sobrevivir para notarlo. Y la magia no le parecía más que una evidencia circunstancial en su caso, tenía margen de error.
Entonces, si hay una cosa que te dicen de la universidad es que es difícil, y obviamente lo es, pero por más razones de las que se suelen escuchar tan seguido cuando tienes esa edad, a veces es porque no tienes las herramientas, lo cual es dolorosamente obvio cuando eres una persona que aprende por intuición y no de forma sistemática, a veces es por dinero cuando dependes de becas y luego cuando tienes que trabajar por fuera para pagar todo lo que necesitas. Gen era los dos y a la vez nada.
Su primer año había sido solo el intentando sobrevivir a una carrera que no pensaba estudiar y que se sintió presionado a elegir, le gustaba la magia pero no pensaba que estuviera en sus capacidades comenzar una carrera seria, no creía que dedicarse a realizar presentaciones o crecer hasta llegar a la televisión fuera algo que quisiera tampoco, en base a sus propias suposiciones, ya que se sentía lo suficientemente ajeno a todo, intentó lo que se le presentó, nada más ni nada menos.
Su escuela estaba pendiente de las postulaciones y se dedicó a llenarlas con solo una carrera distinta en la lista, sabia con seguridad que no entraría en las demás así que esa ocupó el primer lugar, psicología sonaba bien y asumió que podría dársele desde que era bueno observando a las personas, no parecía fuera de lugar.
El día que salieron los resultados ni si quiera pensaba en revisar, incluso lo olvidó, resultó luego que durante la tarde una compañera le habló para preguntarle si lo había hecho y lo animó cuando su respuesta fue una negativa, era casi una amiga así que la escuchó, al momento de anunciarlo a su familia se entusiasmaron, pero tampoco lo presionaron. Comenzó todos los preparativos con una declaración sobre como si no le gustaba simplemente lo dejaría. Casi premonitorio.
No fue su momento más brillante académicamente hablando, no es como si hubiera tenido muchos estando en la escuela tampoco, pero sobrevivió, aprobó casi todo y simplemente debía tomar una clase atrasada el siguiente semestre que no alargaría los años totales, lo suficientemente bueno, como todo. Fue ahí cuando sin él darse cuenta comenzó a gestarse la ansiedad que luego lo consumiría.
Si le preguntaran que fue peor entre la depresión y la ansiedad diría que definitivamente la última fue la peor, prefería tener malas notas y que no le importara que sentir que asistir a clases era caminar directamente a una golpiza segura, era una cosa que racionalmente no tenía sentido pero ahí estaba, díganle eso a su sistema nervioso.
A finales de ese primer año empezó la terapia, tuvo suerte, encontró a su terapeuta definitiva en la primera persona a cuya consulta asistió, no tuvo que buscar más y ahí comenzaron los años que estuvo con ella hasta que le dieron el alta, una que él mantiene para sí mismo es temporal, al menos hasta que pueda volver y tratar las cosas que en este momento simplemente no está preparado para tocar, no afectan de forma activa a su vida pero se sentirá más tranquilo después. De todas formas, está orgulloso de sí mismo en este momento, aunque agotado el puede cuidarse y está satisfecho con lo que ha logrado.
En ese momento, por el contrario, era casi como si fuese a desvanecerse en el viento y logró, menos mal, transmitirlo a base de una presentación rápida pero precisa de las cosas que estaban sucediendo en su vida, gracias a eso ese mismo día fijaron la siguiente sesión y así comenzó el viaje a la tan ansiada recuperación.
Pensaba, en base a su experiencia anterior en ese entonces, que ya había tocado fondo y oh que equivocado estaba. El segundo año fue un genuino Mental Breakdown que lo dejó más atrasado en la carrera y con pensamientos que creyó habían quedado con el Gen de quince años que comenzó a ir con el psicólogo escolar, que evidentemente no tenía las herramientas de uno clínico como para notar que estaba deprimido y necesitaba ayuda, pero esos eran detalles del pasado.
Ella coincidió con él y rescató todo lo que hizo para sostenerse, había mejorado desde ser un adolescente a su suerte. Gen lo notó una tarde en el autobús de vuelta a casa mirando la luna por la ventana mientras pensaba en lo linda que era y en esa noche de crisis se aferró a reconocer como se trataba de una sensación abrumadora pero temporal. Funcionó, después de eso no volvió a ocurrir, aunque la ansiedad seguía ahí tan fácil de ver ahora como un gran cartel neón sobre su cabeza.
Para el tercer año había completado los cursos de formación general como antropología y ética, así que podía comenzar a tomar uno de las tres clases electivas libres que se encontraban en su malla y que eran mucho más llamativas, terminó en uno de senderismo porque su mal desempeño académico no le permitió elegir de los primeros y los cupos de aquellos que le llamaban la atención se llenaron, lo cual era obvio porque quien querría senderismo si estaban La ciencia ficción y la fantasía o Dazai Osamu: la oscuridad del alma, lo único conveniente era que como las carreras podían mezclarse aquí lograría conseguir más contactos, los iba a necesitar si lograba titularse.
Cuando los conoció pensó que eran un grupo extraño pero animado, por lo que supo Gen tiempo después terminaron ahí por una apuesta que Senkuu perdió, querían que saliera del laboratorio para respirar más aire fresco y preferentemente que se ejercitara un poco, obviamente no pensaban en matarlo con un electivo deportivo más exigente teniendo en cuenta su estado físico así que senderismo se presentó como la opción ideal, eso sumado a que tenía que tomar uno de todas formas, fue su pésima suerte la que hizo el resto y terminó el trabajo.
Senku destacaba por su cabello y su personalidad un poco ácida que Gen encontraba encantadora, era divertido, aunque aún no sabía mucho sobre él. Chrome era un chico gracioso, tan ingenuo como inteligente, él y Ruri parecían el uno para el otro, ella por si sola podía iluminar una habitación, aun cuando apenas los conocía podía ver como inevitablemente terminarían juntos, tanto como ellos mismos querían. Kohaku fue la que lo miró con sospecha abiertamente, Gen aún no podía imaginar que parecía ante sus ojos, se sentía como si pudieran atravesarlo en un parpadeo aunque no estaba seguro de cómo, era protectora y eso le sumó más puntos buenos que malos.
Yuzuriha y Taiju tan cálidos como el sol eran un apoyo encantador, amoroso, como los cimientos de todo lo que era este grupo, cuando se enteró de su historia, como eran amigos de la infancia y que se mantuvieron con Senku, corriendo para estar al día con sus locuras hasta el hombre en el que convirtió todo, cobró sentido.
Sobre Ryuusui algo ya sabía, porque había escuchado rumores sobre él y de cómo acumulaba corazones a modo de botín, tenía un buen corazón, era llamativo, gracioso, pero de todas formas un casanova, en esencia era encantador.
Ukyou y Tsukasa por su parte eran un poco un misterio, cubiertos con una seriedad y amabilidad que volvía agridulce intentar acercarse a ellos. Y viéndolo en perspectiva tiempo después Gen se dio cuenta de que era su propia reticencia, sentía que caminaba sobre cascaras de huevo por el simple hecho de no saber que esperar. Lo irónico era que si se hubiera quedado más habría conocido quienes eran bajo los modales practicados, no era como si pretendieran ocultarse.
El enamoramiento vino porque Gen se deslumbró fácilmente con el joven estudiante de física, que luego supo era unos años menor que el y que era básicamente lo que llaman un genio, por mucho que a ninguno de los dos le gustara esa palabra. Se sintió un poco tonto, tal vez mucho, Senku era una estrella demasiado brillante, y para él algo como el amor romántico era un pensamiento tardío, olvidado o innecesario, también era relativamente torpe con las interacciones sociales y eso siempre hacia reír a Gen, le causaba ternura.
Asimismo, lo distraía un poco, le llegó a frustrar incluso.
Fue agradable rodearse de buenos amigos que podían, casi por instinto, notar cuando su mal llamada batería social se agotaba y simplemente se desentendía de la conversación hasta observar en silencio, a veces intentaba enmascararlo con sus trucos de magia, pero en algún punto no fue necesario.
Solía esconder lo mal que iban sus clases.
Le parecía vergonzoso, inevitable cuando te rodeas de personas tan brillantes, un tema delicado en terapia, Gen tenía facilidad en cosas que no eran convencionalmente reconocidas y se sentía un poco un desastre en todo lo demás.
Fue por aquella época en que su psicóloga mencionó como le desagradaba el concepto de batería social en la mal llamada psicología popular, cuando en realidad lo que estaba experimentando era ansiedad, lo cual con su verdadero significado explicaba cómo podía agotarse tanto de estar con personas que le hacían reír hasta que su estómago dolía. Reconocerlo volvía ahora lo que dicen claro como el agua algo que para Gen hasta ese momento solo se veía como estancado y turbio.
Pero se estaba hundiendo, esa era la verdad o un hecho, mejorar la salud mental en terapia esta lejos de ser una cuestión lineal, lo que para él era fácil de aceptar como idea se convertía en un desastre en la práctica, porque desmantelar cosas para empezar de nuevo es difícil, especialmente cuando el paciente detesta sentirse indefenso.
Gen mantuvo muchas cosas ocultas durante ese tiempo, para mal.
Consiguió trabajo de mago a tiempo parcial en espectáculos para niños porque necesitaba dinero, su carrera ya estaba seguramente extendida por mas de sus años totales, convenia ahorrar y pensó que le ayudaría hacer algo que le gustaba, lo suficientemente agradable como para poder mantenerlo a flote mientras intentaba seguir asistiendo a clases.
Duró poco, bastante poco, eso fue cerca de su punto de quiebre y es que le fue tan bien que las clases ya se veían como algo sin sentido, así como tantas otras cosas en las que no quería pensar. Actuar apenas le resultaba satisfactorio, en realidad no hacia demasiado, pero le producía una sensación mas agradable que el temor que sentía cada que daba un paso hacia el campus.
Fue a finales del primer semestre de su cuarto año cuando preparándose para los exámenes finales sus amigos por fin le preguntaron directamente el motivo por el cual jamás se unía a su grupo de estudio, que en realidad era ir a sentarse en silencio en una sala que reservaban de la biblioteca, obviamente cada uno en lo suyo porque nadie estudiaba lo mismo, pero atentos en caso de necesitar apoyarse en algo. En ese momento Gen ni si quiera tenia un cuaderno o libreta para notas y su computador parecía casi un accesorio en su mochila.
Se asustó, tuvo miedo de que vieran el fraude que era en realidad.
El temor que recorrió su cuerpo lo llevó borde del ataque de ansiedad, una pizca de lo que vino después asume, pero con todas sus fuerzas logró sonreírle a Yuzuriha mientras le decía que se debía principalmente a que se concentraba más por su cuenta o porque debido a la hora era mejor para el volver a casa ya que vivía lejos. Supuso que su excusa era suficiente porque no lo volvieron a cuestionar, tampoco supo distinguir entre todo lo que sentía el lamento que vino con que no insistieran, tal vez si hubiera sido honesto las cosas habrían sido distintas.
Mientras todo esto ocurría, en terapia intentaba encontrar a una respuesta a esa sensación de vergüenza que viene con pensar algo y sentir una cosa completamente distinta, el no juzgaría a otra persona en su situación, tampoco creía que ellos lo harían, simplemente no se sentía suficiente, pero incluso eso no tenía ningún sentido. Una mierda frustrante en su totalidad.
Fue después de un examen oral, que tuvo que volver a dar una semana después de la fecha inicial porque le dio un ataque de ansiedad cuando lo estaban interrogando, que decidió finalmente dejar la universidad. Ya había hablado con su terapeuta antes sobre hacer una pausa e ir al neurólogo porque ella le comentó sobre su sospecha de ADHD, él fue un poco más allá.
Sorprendentemente todo se dirigió cuesta arriba después.
En ese momento no sabía, suena un poco ridículo o redundante decirlo aunque parece una obviedad, la diferencia sustancial que haría en su vida la estabilidad.
Saber finalmente que sucedía con él era tan aterrador como tranquilizador, todo un subir y bajar emocional, supuso que como cualquier otro diagnóstico. No se trataba de una cosa que podía resolver simplemente con terapia y de todas formas la manera en que su cerebro funcionaba era más bien algo que simplemente debía aceptar.
Lo reconfortante fue saber qué, y cómo, su calidad de vida podía ser mejor.
Y durante ese periodo comenzó a distanciarse de sus amigos, pretendió de todo corazón que ese enamoramiento casi de adolescente terminara, no les dijo porque se fue solo que lo hizo, ni si quiera que estuvo a un paso de ser expulsado por su desempeño y que no intentó mediar o resolverlo con la facultad, quiso desaparecer entre la niebla de lo que fue ese invierno que traía consigo las vacaciones, otro fin de año y el cumpleaños de Senku.
Otra vez, las conductas evitativas, para Gen lo ideal cuando terminaba con algún tipo de vinculo era que las personas se olvidaran de su existencia, como si eso fuera posible, el mismo no podría lograr una cosa así y lo sabía, pero al menos ayudaba a su conciencia.
Enfocarse en su propia recuperación lo ayudó a despegarse de quienes lo rodeaban de una manera en que se sentía casi saludable, no pasó desapercibido para su terapeuta, pero ella no podía ser tan crítica cuando al final del día la mayor parte de lo que ocurría solo venia a ser positivo para Gen como individuo, podía hacer más amigos o disculparse si lo quería y lo recibían de vuelta cuando estuviera mejor parado.
Jamás quiso lastimarlos, no obstante, tampoco era ajeno a la responsabilidad que tenía en todo ese desastre, hizo lo mejor que pudo con la decisión que tomó aceptando sus consecuencias.
Lo cierto era que nunca bajó del todo su guardia en el tiempo que duró su amistad, aunque estuvo tentado eso es seguro, así que supuso para su propia tranquilidad que dejarlo ir les resultaría más sencillo, no eran tontos Gen lo sabía, jamás se tragaron del todo sus actos.
Con el tiempo la comunicación fue más esporádica y en algún punto eliminó sus propias redes sociales conocidas.
Asistió a sus sesiones de terapia cada semana, practicó actividades de anclaje entre cada sesión, se sintió más tranquilo en entornos impredecibles y pudo salir a tomar el transporte público sin sentir que tendría un infarto. Las pastillas que le recetó su neurólogo también ayudaron a poner fin a ese círculo vicioso en el que no podía concentrarse, eso le provocaba ansiedad y de ahí volvía para empeorar su capacidad de atención. Quién lo diría.
Se decidió a seguir estudiando y dejó la magia como un tesoro para si mismo, barajó la posibilidad de dedicarse a ello de forma profesional nuevamente, pero lo descartó tan pronto como vino, jamás diría que no a un show si se presentara la oportunidad, pero no lo buscaría. No se sentía en el momento adecuado para que algo que le traía satisfacción viniera con algo más.
Honestamente no sabía a qué dedicarse, pero también quería saber, el conocimiento era una cosa que alimentaba su curiosidad tanto como su ego, era inquieto y quería emoción, anhelaba jugar con su propio ingenio para que los demás lo vieran, sabia al menos parte de lo que quería.
Terminó en la carrera de derecho porque estaba hasta arriba en su lista de cosas no científicas, asimismo Gen solía ver demasiados programas de televisión con abogados geniales haciendo cosas que, siendo realistas, no se permitían en la corte, era tanto como para querer intentarlo.
Los primeros cuatro años de los seis y medio que demoró, porque tuvo que pausar un semestre ahora sí, terminaron siendo una lucha constante donde casi lo echan dos veces, pero cada semestre que pasaba se sentía un poco más vivo, mas entusiasmado por saber, aprender se volvió realmente divertido.
Y para el jamás estará de más agregar que en sus últimos dos años de pregrado tuvo una pequeña gran crisis, que ojalá hubiera sido de forma puramente metafórica.
Se había decidido sobre hacer su tesis orientada al derecho internacional, que fue su mejor curso, lo pasó con nota máxima e incluso de sobra, su profesora fue una maravilla y cuando habló con ella sobre volverse su ayudante lo aceptó con entusiasmo. Fue ahí cuando Gen vio las consecuencias de sus acciones.
Si había algo en lo que era bueno, de nuevo, era en las cosas no convencionalmente reconocidas, el arte, la magia y cuidar su salud mental por decir algo. Aunque no era tan evidente para los demás él fue su mejor apoyo, entonces era obvio como no podía hallar en sí mismo la culpa de anteponer su bienestar por sobre las buenas notas, especialmente cuando aun se adaptaba a su diagnóstico y reconocía cada mejora.
Pero se dio cuenta pronto que para lograr equilibrar todo el aprendizaje que obtuvo e iba más allá de la malla de la carrera, debía obtener la nota máxima en su tesis y su examen de grado. Estaba tan asustado como entusiasmado, reconocer su propia ambición fue todo un proceso.
“Solo cuando empiezas a querer y desear cosas es cuando puedes volverte honesto”
Había leído una vez no recuerda donde y se quedó con él.
Lo logró, contra todo su pesimista pronostico.
Agotado, harto y con el apoyo de una de sus compañeras más queridas que lo ayudó a practicar cada una de las interrogaciones. Le parecía tan ridículo como podían preguntarle sobre cualquier cosa vista en toda esa cantidad de años, que agregaría tenía que actualizar por su cuenta, por mucho que fueran solo tres áreas principales determinarían su futuro en base a un examen de mierda que poco reconocía todo lo que existía detrás.
Esa mujer, a quien estaba orgulloso de llamar colega, era un brillante sol, una estrella deslumbrante y aun hoy, tantos años después, la recordaba con cariño y estaba atento a ella a través de Instagram. Le gustaría visitarla cuando volviera a casa, a ella y su hermana, preguntarles sobre las cosas que no compartía en internet y felicitarla por el libro que había publicado, del que tenía una copia que guardaba en casa de sus padres y para conseguir que autografiara.
Cuando salió de esa sala de litigación, en ese edificio en el que la facultad de derecho solo ocupaba un piso y tenían que repartirse por el campus e incluso ir al edificio de posgrado para sus clases porque eran demasiados, lloró como nunca.
Jamás le fue fácil, a veces quería llorar de estrés solo para sacar cortisol de su sistema y no podía, el alivio que sintió ese día fue tan abrumador que parecía una llave de baño en mal estado, ella lo abrazó, otros compañeros que asistieron a ver su examen también, sus padres lloraron un poco con él, besaron su frente y Gen, más que nunca, sintió su cariño.
La profesora que lo acompañó y lo tuvo bajo su supervisión hasta ese momento también asistió ese día y esperando su oportunidad lo abrazó cuando los demás le dieron un respiro, le dijo nuevamente cómo había confiado en el y como ella misma, aunque sin registro al respecto, luchó de una forma similar a la suya.
Hablaron de ello en su momento, cuando Gen con preguntas en la punta de la lengua le contó primero sobre sí mismo y ella removió su percepción de las cosas tanto que la realidad pareció tambalearse ante sus ojos que hormigueaban con lágrimas no derramadas.
No podía estar más feliz, y asustado, jamás se vio litigando, aunque la idea de ser como los abogados de series estadounidenses, casi como un personaje principal, podía sonar atractiva sus nervios fritos no lo aguantarían. Cuando las personas que lo rodeaban comenzaron a hablar entre si para ver como irían al restaurante que pensaban visitar Gen tuvo su segunda pequeña gran crisis.
Los días siguientes al gran evento, que ya no era tal, continuó ayudando a su, anteriormente, profesora guía, revisando algunas cosas del curso de metodología ese semestre mientras intentaba decidir qué hacer, ya había terminado su práctica hace tiempo así que no podía postergar más su entrada al mundo laboral. Por eso, cuando ella le presentó la posibilidad de hacer un magister con el programa del centro de investigación para el que trabajaba de esa universidad extranjera, ese donde podría terminar el curso en dicho país y optar por realizar su doctorado ahí si todo iba bien, Gen casi gritó de alivio. Podría conseguir una beca, podría intentar sostenerse a la vez haciendo de procurador a distancia mientras tuviera internet, se las arreglaría.
Luego, como siempre tenía estas reacciones desfasadas y le venían unas horas después, le dio pánico pensar en estar tan lejos de casa, tener que aprender el idioma y perfeccionar su inglés. Viendo el lado positivo, más o menos, al menos le daban un descuento retroactivo por tomar clases en el mismo centro.
Mirando hacia atrás, después de todos esos años, con treinta y tres recién cumplidos, solo puede pensar en lo joven que era cuando tuvo que tomar tantas decisiones, casi siente lastima de sí mismo o al menos lo haría si no estuviera a solo unos meses de terminar su doctorado.
Han pasado dos semanas desde su cumpleaños, se siente un poco nostálgico, piensa en volver a casa a menudo, al menos por un tiempo cuando termine todo antes de decidir donde establecerse, ha estado trabajando en la universidad supliendo en algunas clases de pregrado pero no esta seguro de querer quedarse ahí. Se siente un poco como un impostor cuando piensa en si mismo en la posición de un profesor titular, pronto será doctor se tiene que recordar constantemente.
Es otro sentimiento de mierda y se siente bien describirlo de esa manera.
De todas formas, se esta distrayendo demasiado para estar parado en el andén esperando por su tren con Suika en brazos y medio dormida. Demasiado ido incluso para él, pero la semana ha sido pesada, tiene que ir a la farmacia y hacerse cargo de un niño es agotador por mucho que ella este tan cansada como él.
Puede ver el cielo desde donde termina el techo de la estación en la dirección hacia la que irán pronto, esta tan oscuro como cualquier día de otoño a estas alturas del año por mucho que no sea tan tarde, corre viento, hace un frio particular y solo espera poder entrar y sentarse en los próximos quince minutos. Su aliento se eleva como vapor, una nube ascendiendo y él se balancea sobre sus pies mientras acomoda a Suika que apoya la cabeza contra su hombro con los ojos pesados.
Comienza a contar los segundos hasta que desde su visión periférica aparece un hombre, casi salta, sus brazos ajustan sobre el cuerpo de la niña mientras intenta no mostrar tan abiertamente su sorpresa, haría demasiadas caras ridículas, agitaría sus brazos si no estuvieran ocupados ya.
“Mentalista, no pensé que eras de los que terminaron formando una familia” Las primeras palabras de Senku se escucharon más agresivas de lo que la sonrisa en su cara decía en realidad, casi como si estuviera aliviado. Habían pasado diez años.
“Senku-chan…” Solo pudo boquear estupefacto, como pez fuera del agua, era como estar frente al fantasma de la misma persona que mataste hace tantos años, aquel cuyo lugar de descanso solo tu conoces, exageradamente poético. Tuvo que inhalar, un infarto a su edad no era un temor infundado teniendo en cuenta sus hábitos sedentarios y no quería morir ahora, ya no “¿No crees que es un poco grosero acercarte a las personas con ese tipo de comentarios? Tus habilidades sociales siguen siendo las de un adolescente”
Sonó más hostil de lo que pretendía y tuvo que reprimir un escalofrío, Suika se removió en sus brazos como pidiendo atención mientras acomodaba sus lentes para ver mejor al hombre extraño que se paraba frente a ellos con una expresión que revelaba cuanto lo sorprendió la respuesta de Gen, una sonrisa se le escapó sin querer. El aire frio lo ayudó a anclarse.
“Me llamo Suika” Comenzó ella, lo miró con curiosidad y ambos se saltaron cuando su voz rompió la tensión de la que Gen pretendía hacerse cargo, Senku la miró con atención y una sonrisa complacida adornó su rostro, el creyó era por la confianza que mostraba al hablar, elocuente para ser tan pequeña, una de esas cosas que le encantaban de poder verla crecer.
“¿Suika, acaso es un apodo?” Le dirigió una mirada que solo transmitía cuanto cuestionaría su inteligencia y dudaría de sus capacidades como padre si ese era el nombre de su, aparentemente, hija. Gen soltó una gran carcajada poco halagadora que alivio su expresión, finalmente lo interrumpió antes de que pudiera continuar, necesitaba ponerse al corriente ahora ya, ni si quiera había alcanzado a mirarlo bien antes de quedar pasmado.
“No soy su padre Senku-chan, por favor, solo la estoy cuidando, en este momento su nombre es Suika así que dirígete a ella como tal por favor” Guiñó un ojo mientras su atención regresaba a ella con ansias de complicidad mientras exageraba de más en el abrazo que siguió, y dejándose sentir la felicidad que estaba revolviéndole el estómago volvió a mirarlo.
Así como Gen había crecido, Senku también lo hizo, había ligeras líneas formándose bajo sus ojos, tenia marcas de haber usado lentes hasta hacia poco y su cabello estaba parcialmente recogido donde antes se elevaba con rebeldía. Parecía el científico consumado que siempre supo que seria, y que tenia que ocultar un poco su apariencia de loco cuando se encontraba en público.
La nostalgia vino como una corriente, tan fuerte que lo obligó a sostenerse con todas sus fuerzas de los recuerdos de la juventud, los alegres y que tenían su presencia tranquilizadora en ellos para no llorar.
“¿Tomas el tren en esa dirección?” Apuntó y Gen solo alcanzo a asentir porque cuando abrió su boca para agregar más Senku lo interrumpió “Siéntate conmigo, hablemos”
“No hay nada que me gustaría más, querido”
Cedió como supo que lo haría cada vez que pensaba en el pasado, se sentía tan tentado a volver a contactar a cada uno de ellos, especialmente a Senku, cuyos recuerdos quería mantener presentes con la ilusión de lo que fue un amor imposible en un momento difícil. Había más ahí, obviamente, les debía un poco de si mismo a quienes lo contuvieron sin saberlo, pero en la pretensión y las risas que compartiría después aprendió que jamás se dejan ir las historias de como caíste por alguien sobre quién tienes la estúpida, estúpida certeza, no alberga más que cosas buenas en su ser.
Gen tiene el defecto de ser poético de forma innecesaria, pero en su defensa cuestionaría:
¿Quién es inmune a eso cuando intenta describir cosas que no tienen y jamás tendrán una definición que abarque todo lo que son?
Y a él gustaba demasiado esta cosa que practica ahora llamada ser honesto como para no dejar salir todo lo que ronda por su cabeza ocupada, por muy sin sentido que sonara.
El problema que le impidió comunicarse y mirar hacia atrás fue que no se quería pisar la cola, lamentablemente algunas cosas no cambian tan fácilmente así que evidentemente le costó. Pensaba postergarlo hasta volver, pero resultó que él lo encontró en el anden mientras esperaba su tren.
Si lo que lo demoraba era timidez o algo más al menos ya no requería de terapia, temeroso o no, le gustaba la sensación y no estaría aquí si no hubiera podido reconocer cuando aquello que le provoca ansiedad también es una oportunidad.
Y tal vez Senku le permitiría hablar sobre sí mismo, escuchar de sus hazañas que francamente lo tendrían al borde de su asiento, mientras luchaba contra las ganas de hablarle sobre como los objetos espaciales que caían de vuelta a la tierra también se volvieron parte de su área de especialización.
