Work Text:
Incluso si Doied se había negado con toda su alma, su hermano era igual o peor de terco que él. Y si quería seguir vivo necesitaba ese trasplante de tripa de la única persona compatible con él.
La operación fue un éxito, y con el sistema de auto regeneración de Roier como híbrido de araña, la cicatriz y el pedazo de intestino removido no tardarían más de dos semanas en volver a su estado natural. Incluso Doied se beneficiaria de esto. Pero en ese momento ambos hermanos gemelos estaban en cama descansando.
Doied era vigilado por su abuelo y por Melissa, mientras que Roier tenía a su lado en todo momento a su esposo Cellbit.
Quién a pesar de (no realmente) confíar en las manos de los mejores médicos de la Federación, su ansiedad estaba disparada por los cielos al punto en que sus pupilas estaban dilatadas, la punta de su cola se movía de un lado a otro de forma lenta. Mordía sus garras que después de un rato volvían a crecer y sus orejas de gato estaban moviéndose constantemente. Vaya, hasta parecía centímetros más bajo por la forma en que se encogía en su asiento.
No había nada de que temer, eso le decían todos, era un simple trasplante y su marido era alguien demasiado fuerte como para tener complicaciones graves.
Pero únicamente se pudo tranquilizar cuando las camillas salieron de la sala de operaciones para ir a sus habitaciones.
“La operación fue un éxito, ahora solo necesitan descansar, la anestesia podría pasarse en un par de horas pero es inofensiva.”
Le comento uno de los médicos dejando a la pareja de esposo solos una vez Roier fue colocado en la cama.
Cellbit se quedó en todo momento a su lado tomando su mano, sintiendo su calidez y el pulso de su muñeca para relajarse a su mismo. La expresión de Roier era tranquila, como si fuera un domingo cualquiera dónde no había nada de qué preocuparse. Y eso tranquilizaba al brasileño.
Después de una hora aproximadamente, Roier comenzó a moverse de forma perezosa, a intentar abrir los ojos y abrir su boca que obviamente la sentiría seca.
— Hey guapito… — murmuró Cellbit cerca suyo tomando un paño para retirar el sudor de su frente. No llevaba puesta la bandana y su cabello largo estaba casi sobre sus ojos —. No te esfuerces, descansa
— ¿Hmm? — Roier abrió poco a poco sus ojos, intentando adaptarse a todo el ambiente blanco de su alrededor, era como una luz cegadora. Y el hombre frente suyo se veía algo difuminado, envuelto en esa aura blanca —. ¿Morí? — Preguntó con voz ronca intentando enfocar a Cellbit.
— ¡Não! Estás vivo, sin tripa pero vivo — respondió Cellbit con una sonrisa.
— ¿Enserio?... ¿Entonces porque hay un ángel frente mío? — el mexicano sonrió de forma tonta —. ¿O eres un demonio? Tienes algo en la cabeza… y una colita… — Roier río observando el movimiento de la cola de Cellbit —. No me importa irme al infierno si es contigo guapo…
La anestesia, por supuesto. Pensó Cellbit ante las incoherencias que decía su marido. Aunque no se sentía tan ajeno al término de demonio, y sabía que Roier sería capaz de bajar a las profundidades del infierno únicamente por él.
— No guapito, no soy un demonio — dijo Cellbit acercándose al taburete dónde había una jarra con agua y un vaso, sirviendolo para entregárselo a Roier con cuidado —. Ten, bebe un poco, debes estar sediento
— Oh… Entonces si eres un ángel… un angelito brasileño… me estás cuidando — Roier tomó el vaso con cuidado dándole un par de sorbos.
— Soy tu esposo, es mi deber cuídar-
— ¡¿Esposo?! — grito Roier casi derramando el agua y mirando fijamente a Cellbit con los ojos casi saliendo de sus órbitas —. ¡¿Estoy casado?!
¿Cuándo tendría la oportunidad de escuchar a Roier llamando angel o sorprendiendose porque estaban casados? Quizás solo está vez, así que Cellbit reprimió como pudo las ganas de reír a carcajadas por su expresión, retiró el vaso de vuelta al taburete y guío la mirada de su impactado marido hacia su propio dedo anular izquierdo. Dónde el anillo con símbolo de rompecabezas había vuelto a su lugar después de regresar de la operación.
Roier casi salta de la cama mientras tomaba su mano y miraba con tanta atención el anillo.
— ¡Estoy casado! ¡Me case! — anunció con un gran entusiasmo, o al menos lo que le permitía la anestesia —. ¿De verdad eres mi esposo?
Cellbit le mostró su propio anillo con el símbolo de la araña característica de Roier.
Quien al verlo comenzó a reír con cierta ternura, hundiéndose en su cama mientras sostenía en su pecho su mano izquierda, su propio anillo.
— Le gane a Quackity… todo pendejo… — se burló casi pareciendo que volvería a quedarse dormido. Pero nuevamente su atención fue a parar a Cellbit —. ¿De verdad aceptaste casarte conmigo? ¿Un hombre tan guapo, alto y… brasileño? ¡No puedo creerlo, un brasileño! ¡Vai se fuder!... Un momento… ¿Eu posso falar portugués?
Roier procedió a hablar en portugues todo aquello que su mente anestesia le permitía. Cellbit en ese momento no podía más y solo cubrió su boca riéndose en silencio. Hasta que finalmente Roier se sintió agotado de tanto hablar incoherencias, volviendo esa mirada risueña y llena de amor mientras observaba a su marido limpiando sus lágrimas de la risa.
— Oye… si estamos casados… ¿Significa que tuvimos sexo? — preguntó Roier con genuino interés. Cellbit solo puso los ojos en blanco acercándose para arropar bien a su marido.
— Tenemos cuatro hijos — prefirió respondió con eso ganándose otra mirada de sorpresa.
— ¿Los parí yo?
— No, son adoptados — Cellbit beso su frente y comenzó a darle pequeñas caricias en la mano izquierda, sintiendo cómo poco a poco Roier se iba relajando —. Tres niños y una niña…
— ¿Puedo verlos? — aquella pregunta fue dicho ya con un bostezo, aferrándose al brazo que lo sostenía.
— Regresando a casa, por ahora descansa guapito…
Roier asintió sintiendo sus párpados pesados nuevamente, pero su boca seguía hablando.
— ¿Cómo se llaman?
— Bobby, Richas, Pepito y Hope
La sonrisa de Roier se ensanchó ya estando cerca de caer completamente dormido.
— ¿Gatinho? — preguntó Roier abriendo los ojos un momento. En ese momento Cellbit se dió cuenta de que el par de ojos más pequeños habían optado una curiosa forma de corazón.
— ¿Qué?
— So…
Roier río de forma boba antes de volver a cerrar los ojos y empezar a respirar con más suavidad. Se había quedado dormido. Y su brazo estaba firme sobre el de Cellbit, casi impidiendo que se moviera de ahí.
“ Pendejo”
Susurro el brasileño antes de agacharse y besar la mejilla de su marido.
