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Las cicatrices que dejó el Jacarandá

Summary:

Leo, el príncipe del reino, escapa del palacio al no soportar las altas expectativas de su padre. En el camino, Leo se encuentra con Roy, un chico de apariencia exótica que lo ayudará a llegar al otro lado del jacarandá.

Notes:

por ahora solo voy a subir el primer capitulo, subire los demas cuando termine de el todo el libro
por ahora estoy escribiendo hasta el cap 6 <- voy a actualizar esto cuando vaya por el sig
wattpad: https://www.wattpad.com/story/390145549-las-cicatrices-que-dej%C3%B3-el-jacarand%C3%A1

Work Text:




El sol estaba por ponerse, la noche se acercaba y, dentro del reino, el príncipe de este estaba en su habitación. Estaba llorando, pues su padre le estaba gritando, le exigía que no debía llorar, que debía estar preparado, ya que él iba a ser el heredero del trono. No era la primera vez que pasaba esto; era bastante seguido. El rey era una persona que se enojaba bastante y su hijo, alguien sensible. A veces, este no podía aguantar los gritos y respondía de mala manera, causando que el rey se enojara más. A veces se enojaba con el príncipe por algo tan insignificante como que le cayera la espada en una lección. Una cosa tan insignificante como esa llevaba a que el rey agarrara del brazo al chico y lo dejara encerrado en su cuarto, para luego hablar con él como si no hubiese pasado nada. Leo, el príncipe, solía pasar horas solo, muchas veces llorando. Odiaba totalmente todo del palacio e incluso llegaba a odiarse a él mismo, a veces, por preguntarse por qué no podía ser un buen hijo o por qué no podía ser suficiente. Nunca nadie se atrevía a meterse entre el rey y Leo, así que este nunca recibió ayuda por parte de nadie. Pronto, un festival en el pueblo se acercaba y las personas que habitaban allí buscaban sus mejores ropas. Leo no era la excepción, por ser de la realeza. Planeaba escapar del palacio ese día para aprovechar la cantidad de personas.

Por última vez iba a pasar la noche encerrado en su cuarto, llorando y esperando por alguien que lo sacara de aquel lugar. Por eso, cuando llegó la tarde siguiente, comenzó a prepararse. Harto de ser presionado por su padre al ser el heredero del trono, decidió escapar por la noche. Así que se preparó durante toda la tarde e ideó un plan, y cuando llegó la hora, lo siguió. Se mezcló entre las personas que había en el palacio, las cuales se notaban que eran de clase alta por sus ropas de alta costura, los sombreros de copa y otros con pluma. Pudo pasar desapercibido y salir del palacio relativamente fácil para luego llegar al festival de la clase obrera. El lugar estaba bastante iluminado y había una pequeña feria artesanal. Las personas estaban vestidas de una forma elegante. Escuchó a unas personas hablar sobre cómo irse del pueblo, se acercó y encontró a un chico de casi su edad con una apariencia extraña y se quedó escuchando la conversación en secreto. Este se dio cuenta de que Leo lo estaba escuchando y lo confrontó al saber que lo que ofrecía era ilegal. La persona con la cual hablaba el chico escapó al ver esto, y esta acción de quien ofrecía escapar asustó a Leo, quien le pidió con miedo ayuda para escapar. El extraño lo miró de arriba abajo y se presentó: se llamaba Roy y le ofreció escapar del pueblo por una cantidad de dinero razonable, refiriéndose a que tenía que ser una buena suma de dinero, a lo que Leo sacó una bolsa llena de monedas, impresionando al otro chico. Luego se dio cuenta de que el chico al cual le ofrecía ayuda era el príncipe del reino. Tomó el dinero sin pensarlo, siendo esto lo que lo convenció a ayudarlo, y le dijo a Leo que lo siguiera. Los chicos caminaron entre las personas, mientras Leo usaba una capa para cubrir su cara y no ser reconocido. Lograron salir del pueblo, pero eso no sería suficiente para que Leo pudiera escapar de las exigencias de su padre, ya que, a lo lejos, ya se podía escuchar cómo los guardias buscaban al príncipe. Así que Roy llevó a Leo al bosque. Mientras caminaban, Roy preguntó por qué Leo deseaba escapar del reino. El príncipe respondió mientras le contaba su situación en el palacio: la gran presión con la que vivía, las expectativas que le imponían y el maltrato que le daban. Mientras Leo contaba esto, sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas, pero este no dejaría que salieran, pues temía que Roy fuera como los demás y le ordenara que no llorara. Pero esto no pasó; Roy dejó de caminar y se acercó al príncipe para abrazarlo y decirle que ya no tendría que vivir esas cosas en el lugar al que iban. Leo se sintió seguro por primera vez y dejó que Roy lo consolaría, aunque sintiera algo de miedo por el contacto físico. Esta escena fue interrumpida de repente por unas antorchas que se acercaban cada vez más. Esto alertó a Roy, quien agarró del brazo sin pensarlo al príncipe para comenzar a correr. Leo se llenó de miedo con esta acción, pero no dijo nada y corrió siguiendo al chico. Finalmente, llegaron al bosque dejando atrás a los guardias, quienes pensaron que el príncipe había sido raptado. Roy le avisó a Leo que, antes de ir a su destino final, tendrían que ir a su casa, ya que estaba por amanecer y necesitaba de la luz de la luna para llegar al lugar. Cuando terminó de explicarle esto al chico, se dio cuenta de que este tenía lágrimas en la cara, estaba mirando su brazo mientras se lo frotaba y lo miraba con cara de miedo. El chico entendió que, tal vez, haber agarrado a Leo del brazo le había recordado los tratos de su padre y se disculpó. El príncipe respondió que no pasaba nada y le preguntó cuál iba a ser el destino final. Roy le explicó que debían llegar al lado mágico del bosque y encontrar el gran árbol de jacarandá, y para eso tendrían que seguir la posición de la luna, diciendo esto último mientras apuntaba a la luna, la cual estaba comenzando a desaparecer con el amanecer. Esto hizo que Roy se le ocurriera una idea para poder alegrar a Leo. Apuntó para otro lado y mencionó que allí se encontraba la constelación Leo. La intención de Roy hizo que el príncipe se alegrara y bajara un poco la guardia mientras caminaban.

Cuando finalmente terminó de amanecer, los chicos llegaron a una pequeña casa algo vieja que se veía abandonada. Era la "base" de Roy. Los chicos entraron al lugar, y el chico de pelo largo invitó a Leo a sentarse a su lado en un sillón algo roto, lo cual el príncipe hizo. Estuvieron un rato en silencio hasta que Leo, por curiosidad, preguntó por la apariencia inusual de Roy. Este llevaba una camiseta sin mangas y cuello largo pegada al cuerpo, un pelo largo hasta la mitad de la espalda de un tono rosa pastel y unos pantalones algo sueltos verde oscuro. El chico, para evitar la respuesta y bromear, le respondió preguntando por la apariencia de Leo. Este tenía el pelo corto con un flequillo recto; su pelo tenía algunos rizos, pero no muchos. Su cara se veía algo femenina. Llevaba una camisa blanca y un pañuelo que sobresalía de su cardigan color manteca. Esta pregunta no le hizo gracia al príncipe, y con un tono algo enojado respondió: "Yo te pregunté primero". Roy solo dijo, molestando: "Y yo te pregunté segundo". Luego de decir esto, el chico de pelo largo bostezó y se levantó del sillón para luego decirle a Leo que descansara, ya que no necesitarían estar despiertos durante el día. Leo le hizo caso y se acostó en el sillón, durmiendo tranquilamente.

Ya era la tarde cuando Leo se despertó de un susto. Roy se estaba acercando para despertarlo suavemente, pero el chico se despertó antes de que le dijeran algo, y, aunque estaba algo asustado al despertar, cuando vio a Roy a sus ojos se tranquilizó un poco. El chico de pelo largo saludó al príncipe, luego le dio algo de comida y le dijo que se preparara, pues en un rato ya saldrían de la casa y comenzarían a dirigirse al jacarandá. Leo miraba cómo Roy preparaba un bolso con comida y otros objetos mientras él comía sentado en aquel sillón gastado, hasta que se dio vuelta al sentir algo detrás. Era una criatura que nunca había visto; era pequeña, tenía unos ojos grandes, pelaje celeste claro, una cola en forma de pompón y dos orejas peludas parecidas a las de un gato. Leo miró a Roy confundido, y este le explicó qué era esa criatura: "Es un guardián del bosque mágico. Lo encontré el otro día. Se ve que se alejó de su madre, ya que estaba en el bosque no mágico. Se llama Mumú, por cierto". El pequeño animal saltó al lado de Leo y lo miró, para luego agitar la cola demostrando felicidad. El príncipe lo acarició suavemente, causando que el animal se pusiera mimoso, se subiera a su regazo y comenzara a frotar su cuerpo contra el chico mientras emitía un sonido parecido a un ronroneo, pero más agudo.

"¿Nos vamos?", preguntó Roy, mirando la situación con ternura, para luego llamar a Mumú, quien fue corriendo hacia el chico y subió a su hombro de un solo salto. Leo miró asombrado al animal y luego respondió con la cabeza, levantándose para dirigirse a la puerta con el chico de pelo largo, dejando ver el atardecer en cuanto salieron de la vieja casa.