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El oji morado tapaba vagamente sus labios, tratando de evitar que cualquier sonido indeseable escapara de estos, gotas de sudor empapaban su frente, una tras otra caían sobre la cálida madera de la que su cuerpo se apoyaba, desconocía si el calor que inundaba la habitación era culpa del limitado espacio de esta o si se trataba de su propia temperatura afectando el ambiente, probablemente una mezcla aberrante de ambas
Su cara ardía intensamente, un ardor impropio y que debería de ser desconocido por una persona como él, sin embargo, aquí se encontraba, con vaho nublando su vista, una mano sobre su miembro erecto y… Encerrado dentro de un confesionario para poder autocomplacerse, era tan carnal como vergonzoso
No podía hacer algo así dentro de su cuarto, no se atrevía, le aterrorizaba el llegar a ser escuchado por alguien que se alojase en habitaciones vecinas y aunque claramente era peor idea ensuciar la casa del señor con estas perversiones, no tenía opción alguna
Su diestra empezó a acariciar la tela sobre su entrepierna, suavemente rozando la punta de su miembro pero sin atreverse a desnudarla, gemidos entre cortados rápidamente llenaron la habitación, provocando que el oji morado se maldijera a sí mismo por ser tan sensible. Era tan perverso, ponerse así de duro por un roce tan leve e inocente, cada día su cuerpo se ponía peor, convirtiendo su mente en algo más vulgar y repugnante
Lentamente, Wataru retiró el cierre del pantalón, dejando que su pene saliera por completo —Mierda— La palabra salió inmediatamente de su boca, estaba peor de lo que imaginaba, tuvo que esperar hasta altas horas de la noche para poder complacerse y aunque en momentos era un tanto fastidioso y doloroso, ahora que su miembro era visible notaba lo realmente desesperado que estaba por masturbarse, el oji morado se apresuró a cerrar los ojos y acariciar su pene
Imágenes del rubio rápidamente bombardearon su mente, al principio era molesto, su corazón se aceleraba al solo verlo, el mero sonido de su amable voz sonrojaba sus cachetes, era inapropiado que un cura tuviera sentimientos como esos, aún más dirigidos hacía una persona con la que no solo compartía sexo, tambien profesion, pero poco a poco sus sentimientos crecieron y ya no podía ver al rubio de otra forma, mucho menos despues de cruzar la línea y empezar hacer esto, era completamente incapaz de volver atras, se veía obligado a soltar todas sus emociones reprimidas de este modo; seguía siendo repugnante y vergonzoso, todos los días se castigaba fisica y mentalmente por dejarse llevar ante aquellos carnales e indecorsos deseos, aun así todo solo parecía ir a peor. Aproximadamente desde hace un mes cada interacción, cada palabra, cada mirada, cada roce terminaba en esto, un débil Wataru cediendo ante las necesidades de su cuerpo, había abierto la caja de pandora y era imposible cerrarla de vuelta
El oji morado subía y bajaba rápidamente su mano, masturbandose desesperadamente mientras más recuerdos del rubio inundaban su mente, la cercanía que inocentemente mantenía con su brazo cuando caminaban juntos, los delgados dedos que suavemente acariciaban su cuerpo y ropa, mientras los recuerdos seguían brotando, la mano que anteriormente tapaba su boca empezó a imitar el delicado y suave roce del ojiazul, sus manos acariciando el pecho de Wataru mientras arreglaba su traje, sus dedos rozando tímidamente su cabello, su mano acariciando lentamente su muslo, Wataru trataba de replicar cada uno de sus roces, recordando el calor que inundó cada parte de su cuerpo, empezando a sentir una intensa euforia y perdiendo por completo el control de su voz, dejando que gemidos lascivos y desenfrenados llenasen por completo el estrecho cuarto, resonando con una fuerza de la que el oji morado prontamente se sentiría arrepentido y avergonzado
Inconscientemente, su voz también empezó a llamar el nombre del rubio, aunque el nombre salia incompleto, pues Wataru se mordía la lengua cada vez que sus labios querían terminar de pronunciarlo, se rehusaba a mancillar a Eichi llamándolo en un momento así de lascivo, él no tenía culpa alguna de los asquerosos pensamientos y emociones del oji morado, Wataru se detestaba, ¿porque tenía que ser el? Era la única persona a la que le importaba como le viese, que pensaba acerca de él, no quería que la imagen pura y respetable que tenía Eichi de su persona se desmoronara, y aun así, aquí estaba, haciendo cosas tan desagradables mientras lo tenía en su mente y deseaba gritar su nombre, era irónico, pero de cierto modo también era el castigo adecuado a su perversión
Por más que fueran sentimientos negativos, el pensar en Eichi solo le excitaba más, por lo que su ingle solo estaba más encendida y el clímax se acercaba apresuradamente, el oji morado continuo centrando sus pensamientos en el rubio, mientras que su mano aumentaba su velocidad y fuerza de agarre, con un aliento entrecortado y aún más vaho saliendo de su nariz y boca, el oji morado se permitió llamar por primera y última vez el nombre del rubio, gritando ahogadamente al mismo tiempo que sentía como el esperma subía y salía de la punta de su pene, manchando su mano y pantalones, Wataru se permitió quedarse con los ojos cerrados un rato más, jadeando con la imagen del rostro ajeno aun fija en su mente —Que indecoroso— Se permitió decir en voz alta, mientras sus ojos lentamente se abrían y acostumbraban a la deslumbrante luz del confesionario
—Huh, qué raro, no recuerdo haber traído una lámpara— Wataru hablo para si mismo, mientras sus ojos se fijaban en la linterna colgada de la pared
—Eso es porque yo lo hice, Wataru— Una voz agradable y familiar le respondió al oji morado
—Oh, ya veo, no-...E-E ¿¡Eichi!?— Wataru abrió por completo sus ojos y volteo hacia dirección de la que parecía provenir la voz, asegurándose de que no haya sido su imaginación jugandole una mala broma, pero no, ahí estaba, Eichi se encontraba a unos pocos centímetros de su persona, observando fijamente su cuerpo. Wataru con un cerebro aún aturdido por recién haber experimentado un orgasmo, semen en su mano, rubor altamente visible, aliento acelerado, un cuerpo completamente sudado y en una pose extremadamente reveladora, trato de “explicar” la situación
—Eh… No, esto…Uhg…— El peli azul suspiró audiblemente, no había forma de justificar esto, aun estando sorprendido y tremendamente asustado, su acelerado corazón lo entendió rápidamente —¿Cuánto tiempo llevas aquí?—
—Llegué poco antes de que… Empezaras a llamar mi nombre— A pesar de la expresión serena del rubio, su voz se suavizó con aquellas últimas palabras, sus mejillas se tiñeron de un ligero color carmesí
Wataru estaba completamente avergonzado, su mayor temor se volvia realidad, la persona que deseaba y rezaba porque jamás fuera a descubrirle, la única que realmente le importaba… Y que haya sido de tal forma, tan denigrante para él como para el rubio, se sentía tan asqueado de sí mismo, un maldito pervertido, ni siquiera podía imaginar que tan desagradable seguramente se estaría sintiendo Eichi, lo repugnante que debía de ser experimentar algo tan abominable
Wataru levantó sus pantalones con su mano limpia, evitando que su sucia y repulsiva entrepierna siguieran en el campo de vista del rubio, el peli azul bajo su cabeza y evitó cualquier tipo de contacto visual con el rubio, no se veía capaz de soportar el repudio que seguramente portarían sus ojos —Lamento haberte hecho pasar por este momento tan desagradable, no rogare por tu perdón, pues sé que no lo merezco, siéntete libre de reportarme mañana por la mañana, aceptaré cualquier castigo que se me sea otorgado—
—¿Desagradable? ¿Perdón? ¿Reportarte? ¿Castigo?— Eichi repitió las palabras con incredulidad —Wataru, me temo que mis pensamientos contradicen los tuyos, no siento ni pienso hacer nada de eso— El rubio se acercó lentamente al oji morado, buscando que su mirada se dirigiera hacía el
—No tienes porque ser amable, he roto mi voto de castidad… Varias veces, he pecado y merezco pagar por ello, por favor, no tengas clemencia de mi ahora, estoy seguro de que me debes de encontrar repulsivo— Wataru mantenía su mirada en el piso, solo quería desaparecer de ahí antes de quebrarse frente al rubio
Eichi sonrió quietamente —Si esto es repulsivo, estaría más que feliz de ser repulsivo contigo— Eichi posó sus dedos sobre el cachete de Wataru, levantando su rostro y jalandolo hacía el, el peli azul parpadeo varias veces, incrédulo ante la imagen que veían sus ojos, el recatado y hermoso Eichi le sonreía de oreja a oreja, una dulce e inocente sonrisa bajo la filosa y cómplice mirada que mantenían sus azulados ojos, una expresión tan distinta y ajena se dibujaba en aquel rostro que creía conocer perfectamente
—Estoy tan feliz~ Feliz de que compartimos los mismos sentimientos, nunca pensé que sería de tanto interés para alguien tan magnífico como Wataru— Eichi se arrodillo y empezó a bajar los pantalones del oji morado, tratando de demostrarle que no había razón alguna por la cual sentirse avergonzado
Wataru se apresuró en agarrar sus pantalones, tan anonadado como exaltado, siempre tuvo un temor, uno que le mortificaba y le perseguía: ¿Cuál sería reacción del rubio ante sus emociones? aunque este era un escenario totalmente inesperado, uno tan absurdo y poco probable que le hacía cuestionar si esto realmente estaba pasando —Eichi esto… Está mal, la lujuria es un pecado, los dos somos sacerdotes y… Hombres, hicimos votos de castidad, ni tu ni yo deberíamos estar en esta situación— Wataru estaba confundido, no entendía porque el rubio le seguiría el juego, y si llegara a ser por amabilidad o la absurda admiración que tenía por el, Wataru quería evitar a toda costa que su alma pura y hermosa fuera mancillada por el pecado
Eichi se Inclinó, acercando su rostro y el de Wataru —Hace apenas unos minutos compartía tu mismo pensamiento, una fe ciega, negando e ignorando emociones, todo porque sabía lo mal que estaría, la mancha tan grande que dejaría en mi reputación y profesión… Pero después de verte así— El rubio no pudo evitar que una perversa sonrisa se dibujase en sus labios —No me podría importar menos si lo que hacemos es un pecado—
Las manos de Eichi rápidamente rodearon la cabeza de Wataru, antes de notarlo, sus labios ya se habían unido con los del rubio, Wataru sentía los dedos de Eichi adentrándose en su cabello y sujetando gentilmente su cabeza, desconocía si estaban allí como un gesto cariñoso o si era para evitar que se apartarse, aunque sabía lo mal que estaba esto y era invadido por pensamientos que lo carcomían internamente, si tuviera la opción de apartarse, no lo haría
Había imaginado cómo se sentirían estos labios tanto tiempo, fantaseado acerca de su sabor y textura, anhelando secreta y culposamente el ser besado por ellos, Wataru no pudo evitar posar su mano izquierda en el cachete del rubio, acariciando su piel y cabello mientras se sumergía en el dulce sabor de sus labios, sus lenguas se acariciaron tímidamente, permitiéndose soltar gradualmente esa lujuria y deseo reprimido, hasta abrir más sus bocas y explorar la del otro, empezando a llenar la habitación con jadeos y lascivos sonidos
El peli azul bruscamente empujo al rubio, los constantes chapoteos que provocaban sus lenguas y bocas al chocarse mutuamente era demasiado para su todavía abrumada mente, volviendo a la realidad y ser consciente de quienes eran, en donde estaban “Ninguno de los dos debe, el mucho menos” su mente repitió varias veces, tratando de calmarse y recobrar el sentido, aunque cualquier pensamiento mínimamente coherente desaparecía sin dejar rastro alguno en cuanto sus ojos se encontraban con los del rubio
—Ah…Mierda, esto es malo— Wataru susurro mientras sus mejillas se enrojecían velozmente, Eichi ya no estaba tan cerca suyo, pero seguía inclinado y lo suficientemente cerca para detallar su belleza, estaba totalmente vulnerable, con labios que se mantenían ligeramente abiertos, casi invitándole para que volviera a besarlos, su rostro estaba mayormente teñido de rojo, uno tan brillante que resaltaba tanto la palidez como belleza única de su rostro, sin embargo, lo que realmente detuvo el corazón del oji morado fue su mirada, tan suplicante y lasciva, nunca hubiera imaginado que el rubio fuese capaz de hacer una expresión tan… Indecente, ¿Se vería igual de indecoroso en los ojos de Eichi?
Wataru acarició el cachete de Eichi, rápidamente arrepintiéndose y apartando su mano —¿No te parezco desagradable? ¿No te causó repulsión o rencor alguno? ¿Ni siquiera un poco?—
El rubio rió brevemente, antes de agacharse y acercar la mano sucia del oji morado a sus labios, pasando su lengua por la superficie de esta —Ni siquiera un poco— Dijo con una mirada pícara e intensa —¿Yo te provoco algo de eso a tí?
La respuesta de Eichi fue tan directa como sorprendente y…Algo extremista, a pesar de verse intrigado, Wataru aparto su vista, era demasiado para el mismo ahora —No, nunca podrías— A pesar de encontrarse temblando, el oji morado imito la firmeza y rapidez con la que salieron las palabras ajenas, obviando los orbes azules que le observaban insistentemente
—Es bueno saberlo~— Eichi continuo lamiendo la palma del oji morado, limpiando los residuos de semen
—¡Ya entendí tu punto, no necesitas seguir haciéndolo!— El oji morado grito en pánico, mientras alejaba su mano de la boca de Eichi, la calidez de su lengua acariciandose tiernamente contra sus dedos le había ocasionado escalofríos, su mente se negaba a aceptar que el rubio, aquel que adoraba y compadecía tanto hiciera algo tan indecoroso y vulgar como si fuera una tarea cotidiana, estaba asombrado ante su carente vergüenza
—Es mi culpa que estuvieras así, al menos déjame limpiar el desastre que hiciste—
Eichi volvió a acercar la mano de Wataru hacía él, el oji morado conociendo la “cordialidad” (y terquedad) del rubio se resignó a obedecerlo, apartando su vista y volteando su rostro, los ojos de Wataru se encontraban cerrados, no estaba preparado para ver nuevamente esa expresión en la cara del rubio, dudaba poder soportarlo. Eichi continuó limpiando su mano, Wataru podía descifrar por cual parte de su mano iba a traves de la humedad y tacto, la lengua ajena pasaba repetidas veces sobre su palma y dedos, entrometiendose en cada lugar que encontraba y succionando partes de esta aleatoriamente, el sonido tan tremendamente lascivo húmedo y pegajoso que hacía molestaba a los oídos de Wataru, probablemente era por la falta de su visión, pero era difícil evitar concentrarse en ellos, imaginar como el rubio jadeante exploraba su mano con sus labios entreabiertos, sus mejillas velozmente se teñían de un color carmesí
Nunca hubo tanto esperma ahí desde un inicio, tras tanta saliva y chupeton ya debería de haber desaparecido, pero el oji morado no se sentía capaz de interrumpirlo…No quería, era una amenaza para su acto pureza, pero era imposible poner cualquier resistencia, los labios rozando su piel, las manos sosteniendo tan cuidadosamente su brazo, los pequeños mechones de pelo que caían sobre su muñeca y le provocaban leves cosquillas ¿Cuando fue la última vez que se permitió gozar tanto del tacto del rubio sin sentirse totalmente culpable o sucio por ello? La reacción tan mínima de Eichi al descubrir su secreto eliminaba gran parte de la tensión y miedo que sentía cuando lo tocaba o estaba a su lado, pues la única cosa a la que realmente le temía era al rencor de este, lamentablemente, ese no era el caso con su deseo sexual, al contrario, parecía estar aún más intenso que nunca, probablemente gracias a que lo retuvo por tanto tiempo y aunque realmente ansiaba liberarse, sus ideales no podían estar más en contra
Pero como siempre, su cuerpo le hacía caso omiso a su cerebro, pues su miembro había comenzado a endurecerse nuevamente, el oji morado se sentía más que avergonzado por la sensibilidad que poseía, así que sus abrió ojos lenta y tímidamente, esperando que el rubio todavía no se haya percatado de su reciente erección, por suerte, ese parecía ser el caso, así que el peli azul rápidamente tapó su entrepierna con la mano. No pasó mucho tiempo antes de que Eichi notase la vista de Wataru sobre su persona, obligándole a soltar la mano de este, ahora que había abierto los ojos, no tenía razón de seguir fingiendo que ahí había algo
Eichi se levantó del suelo, seguido, apoyó sus rodillas sobre la banca del confesionario y montó a horcajadas al oji morado, apoyando sus brazos sobre los hombros de este en el proceso, sus rostros estaban a pocos centímetros de distancia, haciendo el contacto visual difícilmente evitable, Wataru veía a Eichi con una mirada fija pero insegura, no se atrevía a detallar más su rostro ni belleza, tratando de evitar que cualquier pensamiento inapropiado cruzase su mente se quedaba en el punto fijo que eran los ojos ajenos, el rubio al contrario, miraba a Wataru sin vergüenza ni decoro alguno, mientras la sonrisa sobre sus labios parecía imposible de desdibujar
—No tiene sentido esconderlo, de todos modos yo también lo estoy— Eichi habló suavemente, casi murmurando, con un tono más lascivo a comparación del “dulce” con el que el Wataru estaba acostumbrado a escucharlo, los labios del rubio rozaban las orejas del peli azul, su aliento caliente provocó que sus cachetes ardieran y Wataru se sintiera abochornado incluso antes de comprender el significado de las palabras que el rubio acababa de decir, la realización le golpeó como un balde de agua fría, y no le quedó más que acatar órdenes, el oji morado bajó su vista y tímidamente apartó la mano de su pene erecto, dejándolo expuesto nuevamente
Eichi se apresuró a indagar la zona recientemente expuesta, aprovechando para arrastrar su mano por el cuerpo del oji morado, palpando y registrando todo su torso antes de alcanzar su regazo, el peli azul no pudo evitar soltar varios quejidos en el recorrido, su pecho estaba mayormente desnudo, por más que fuera un roce breve, se sentía como algo íntimo —Ah, esta enorme— El rubio volteo a ver a Wataru a sus ojos —Eso fue rápido~—
—¡Si me tocas tanto, por supuesto que se pondrá duro rápidamente!— El peli azul reclamo frustrado —...De ser fácil controlarlo no hubiera terminado en esta situación…— Aquellas últimas palabras abandonaron su boca como leves susurros, esperando que no alcanzaran los oídos ajenos, el rubio rió brevemente, dejando la duda en el aire, se desabrochó sus pantalones e hizo visible el bulto que escondía en su ropa interior, sus dedos lo rodearon y juguetonamente sacaron su miembro, soltando un leve quejido en el proceso que no dejó indiferente al oji morado, ahora un pene igual de erecto al suyo se encontraba expuesto
—¿Vez? Estoy igual, incluso mi caso es peor, pues fue solo con verte~— El oji morado acercó tímidamente su mano al miembro del rubio, una repentina curiosidad inundó su mente tras las palabras de Eichi
Las yemas de sus dedos comenzaron a acariciar sutil y cuidadosamente la punta de su pene, el ojiazul reacciono desmesuradamente, leves quejidos entrecortados salieron de su garganta, Eichi luchó por mantener su voz baja y una espalda recta mientras la temperatura de su cuerpo aumentaba velozmente, fue algo tan sorprendente como emocionante, Eichi parecía tener una sensibilidad igual de alta que la suya —¿Desde cuando te pongo así?... ¿Cómo sabías que estaría aquí hoy?—
Dudaba que el rubio se lo hubiera topado por “mera coincidencia” (o un infortunio en caso de Wataru) incluso si ese fuera el caso, no le habría aceptado ni tocado tan fácilmente, ahora que su mente estaba relativamente más despierta, la conveniencia de la situación le extrañaba
—...No lo se— Eichi Trato de susurrar las palabras, fallando en esto gracias a la mano del oji morado que insistentemente tocaba su miembro —Siempre fuiste especial para mí… Alguien interesante y entretenido… La persona más hermosa que había visto, quería mantener tú-...— Eichi se tapó tímidamente los labios, evitando que un gemido saliera de su boca cuando Wataru finalmente agarró su pene —Tú presencia a mi lado…—
Aun con parte de su rostro escondido debajo de su mano, el rubor de sus mejillas era claramente visible —Verte así…Escucharte llamarme así, encajo la pieza faltante… Eras ese tipo de especial para mí— Wataru no se atrevió a mover su mano, estaba completamente hipnotizado por el discurso y belleza del rubio
—Últimamente te veía más distante y retraído, notaba como te escapabas de mi lado abruptamente y cualquier palabra o contacto solo parecía alejarte más de mi persona… Así que, aunque estaba mal, decidí seguirte varias veces, noté lo recurrentes y duraderas que eran tus visitas nocturnas al confesionario, sabía que no venías aquí para confesarte, ni siquiera había un padre a esas horas para hacerlo, pero no encontraba el valor para averiguar qué era lo que realmente hacías aquí…Hasta hoy— Eichi apartó la mano de su boca, revelando sus cachetes sonrojados y amplia sonrisa, sus ojos observaban suplicantes a Wataru, incapaces de seguir escondiendo su lujuria —Me arrepiento de no haberlo hecho antes—
El oji morado empezó a masturbar el miembro del rubio, moviendo velozmente su mano, “¿Cómo era posible verse tan etéreo confesando tal blasfemia?” Aquellas palabras tan indecorosas, el rubio las decía con una total calma y alegría… La sonrisa se dibujo por si sola en los labios de Wataru, los dos estaban igual de mancillados, Wataru temía profanar al rubio, involucrarlo en las ideas y deseos que su perversa mente ocultaba vigorosamente, pero ambos eran unos pecadores, estaban destinados a arder en el infierno
Eichi tuvo que sujetarse de los hombros del oji morado, abrumado y constantemente gimiendo por los movimientos del peli azul en su entrepierna, Wataru observó fijamente el rostro del rubio, admirando cada una de las expresiones previamente desconocidas que se reflejaban en este, desde el más leve parpadeo hasta como sus labios se tenían que abrir ampliamente para dejar salir su voz, el oji morado observó cómo el cuerpo del rubio reaccionaba a él
—¿Es tu primera vez? Masturbandote, me refiero— Wataru hablo secamente, era gracioso pensar que él era el “experto” aquí, pues a decir por las reacciones del rubio, su cuerpo no estaba acostumbrado a esta clase de estímulos, las lágrimas ya yacían en sus ojos con apenas poco tiempo tocandole y aunque no parecía tan cercano a correrse, la mano del oji morado ya estaba completamente mojada en líquido preseminal, los ruidosos chapoteos de este contra los dedos del oji morado, hacían todo esto aún más vulgar e indecoroso
—¡P-p-por supuesto que no!— Eichi jadeo exaltadamente —S–solo… Ha pasado un tiempo…!!!...Demasiado— Eichi se aferró aún más fuerte de los hombros del oji morado, si la poca ropa que aún llevaba no se interpusiese, ya hubiese llenado estos de rasguños y arañazos —...Tampoco ayuda que tú seas quien lo hace— El rubio murmuró agitada pero velozmente, antes de que su garganta fuera nuevamente tomada por los volátiles e inestables gemidos
Wataru jadeó suavemente, antes de volver a besar al rubio, de cierto modo, satisfacer su cuerpo se sentían aún más excitante que tocarse a sí mismo, Eichi, con un cuerpo y rostro tan angelical y único estaba completamente a su merced, después de tantos meses y semanas fantaseando idílicamente con este momento, la lujuria se volvía más incontrolable, quería observarlo, sentirlo más, por fin poder tocar y ser tocado libremente, sin arrepentimiento ni culpabilidad alguna
La mano libre de Wataru se aventuró debajo de la entreabierta sotana del ojiazul, acariciando su torso, tras sentir las fría mano de Wataru, el rubio rápidamente cortó el beso con un repentino quejido, sus ojos bajaron en la dirección de su abdomen, notando la mano de Wataru entre la tela negra
—Esta bien— Eichi no le dio al oji morado oportunidad alguna de hablar —...Apresúrate— El rubio susurró brevemente, antes de esconder su enrojecido rostro en el hombro de Wataru
Tras la aprobación del rubio, Wataru quitó cuidadosamente la ropa de este, exponiendo su blanquecina y delicada piel, era un color precioso, tan cristalino como el que portaba en su rostro, su cuerpo delgado se curveaba brevemente, probablemente ante el frío o por mera timidez, Wataru no pudo evitar acariciar nuevamente el miembro del rubio para ver como realmente reaccionaba su cuerpo, su satisfacción fue grata al ver la espalda de Eichi arquearse tan delicadamente, al son de los pequeños gemidos que se escapaban de sus labios —Eres tan hermoso— Las palabras salieron por su cuenta, provocando vergüenza en ambos chicos
El rubio levantó su cabeza, manteniendo la corta distancia que tenía con el rostro del oji morado, sus dedos se posaron sobre miembro de este, rodeandole —Dejame tocarte también, verte—
Wataru sonrió traviesamente —¿No me has visto lo suficiente ya?— La mano del rubio apretó levemente el miembro del oji morado —...No es suficiente— Los ojos de Eichi evitaron a Wataru, la expresión en su rostro reflejando la vergüenza detrás de sus palabras
“¿Como tenía este lado tan perfectamente escondido?” Pensó Wataru mientras sus ojos se mantenían fijos en el rubio, ambos eran un completo y lascivo desastre, aun observando el rostro ajeno, el peli azul volvió a masturbar a Eichi, quien lo imitó haciendo lo mismo con su miembro; el roce del rubio era suave, inseguro, agarraba el pene del oji morado con clara inexperiencia, acariciándolo con una fuerza mínima en comparación a la rudeza (y de cierto modo desprecio) con la que el oji morado solía tocarse, aún así su toque se sentía tan placentero que su voz salía por su cuenta de sus labios, su cuerpo automáticamente reaccionaba al rubio, como si tuviera su propia conciencia e instinto para reconocerlo, su agarre tan torpe y suave estaba volviendo a su ingle totalmente loca
Un destello de alegría fue visible en los ojos de Eichi, sintiéndose más confiado al ver que su tacto podía tener el mismo efecto que el de Wataru en él, así, estrecho el agarre sobre el miembro del oji morado y dejó que su mano se moviera más rápido, inconscientemente replicando como Wataru sostenía su propio pene, la habitación rápidamente se llenó por los constantes gemidos de ambos, el ambiente vulnerable y solitario del confesionario fue profanado por los dos chicos y su incontenible calor
Eichi jadeo audiblemente, mientras una de sus manos apretó fuertemente el hombro del oji morado —Wataru…Yo…— Las palabras salieron con una voz quebradiza, el rubio nuevamente tenía un rostro lleno de lágrimas, el oji morado rápidamente apretó la punta del rubio, haciéndolo soltar un grotesco gemido, el peli azul estaba tan centrado en sí mismo como para no notar lo empapada que estaba su mano, incluso ahora, le era difícil pensar en otra cosa que no fuera la belleza o la mano del rubio
—Todavía no… Esperame un poco— Wataru jadeo, apenas notando lo exhausta y agitada que sonaba su propia voz, los brazos del rubio temblaban antes de que este vagamente lograse responder con su cabeza, el oji morado sostenía su pene de una forma dolorosa, asegurándose que ni una sola gota de semen saliera, aquella sensación tan incómoda como obstinante aturdía por completo sus sentidos
A duras penas, Eichi continuó masturbando a Wataru, apresurando su mano mientras el aliento de ambos se agitaba más a cada segundo, sus dedos apretaban fuertemente el grosor del oji morado, el estrecho e intenso agarre era tan placentero como doloroso, Wataru se guardó aquellos pensamientos para sí mismo, sumergiéndose en la sensación que el rubio provocaba tan imprudentemente en su ingle, a pesar del fluido transparente alrededor de su pene, las manos de Eichi aún eran fácil de localizar, el tacto áspero de sus palmas restregando frenéticamente el miembro del oji morado, su toque tan imperfecto como desesperado, fue lo que terminó llevando rápidamente a Wataru al clímax
En cuanto el peliazul sintió que el semen amenazaba con salir abruptamente de su punta, el miembro del rubio fue soltado con un gemido ahogado por ambas partes, sus voces indecorosas y desvergonzadas llenaron por completo el limitado lugar, uniéndose en el punto que era indescifrable saber de que boca salía cada gemido, Wataru arqueaba ligeramente su espalda, ahogado en la lujuria de su segunda corrida consecutiva, sudor caía de su cabello y humo caliente salía de su boca, mientras su cuerpo aún pasaba por momentáneos espasmos post clímax, en cambio, el rubio era vagamente sostenido por sus brazos, los cuales se apoyaban de la banca con clara flaqueza, la espalda del rubio subía y bajaba, sudor de esta caía al ritmo de las agitadas respiraciones, manchando la madera con poca precisión y delicadeza, Wataru miró a través del cabello mojado de Eichi, este caía por completo sobre su rostro, obstruyendo cualquier vista posible de su cara, haciendo que el oji morado únicamente se encontrará con una agitada voz y respiración que salía desesperadamente de los pulmones del rubio
Eichi retomó la compostura rápidamente, una de sus manos se sostuvo del oji morado para poder volver a estar cara a cara, era visible en la expresión de su rostro, realmente había pasado mucho tiempo desde la última vez que hizo esto, a Wataru no le sorprendería si el rubio se hubiera olvidado por completo el cómo se sentía correrse. Los ojos de Eichi le hicieron un escrutinio a su cuerpo y el de Wataru, pocos segundos después una leve carcajada salió de su garganta —Somos un desastre, de nuevo— Sonaba tonto, pero si el rubio no lo mencionaba, Wataru no se habría dado cuenta, sus torsos e ingles estaban manchados por el liquido blanquecino, al igual que sus manos, con breves rastros del semen ajeno, aquella escena tan lasciva le dio un golpe de verguenza e indecoro a Wataru, ¿Como se atrevía a haber hecho algo tan vulgar? Aunque la complicidad con el rubio hacía que la culpa descendiera levemente
—No queda de otra— Eichi desprendío sus pocas prendas restantes bajo la mirada de un atento Wataru, sin las grandes y holgadas ropas, era más obvia la delgadez del rubio, su cuerpo tan pálido y delgado parecía tan frágil, como si el de una muñeca de porcelana se tratase, el oji morado lo encontraba tan hermoso, la piel tan delicada de alguien que seguramente no habría visto el sol en años, Eichi era tan decoroso, tan puro… O bueno, eso pensaría en cualquier otra situación; mientras Wataru estaba anonadado analizando el cuerpo del rubio, este se acercó lentamente, deslizando la sotana de Wataru con sus finos y largos dedos
El peli azul apartó abruptamente la mano de Eichi apenas sintió sus yemas rozar su brazo, el rubio retrocedió rápidamente, con una leve preocupación y miedo reflejados en su rostro, Wataru no tardó en darse cuenta en la rudeza de su reacción, avergonzandose y disculpándose inmediatamente —¡Perdón! Eso fue exagerado, solo… es una zona delicada— Eichi asintió brevemente —No te preocupes, fue mi culpa—
Wataru suspiro ruidosamente, el rubio pudo aceptar su lujuria e imprudencia, pero desconocía cuál sería su reacción a las grotescas marcas que cubrían sus brazos, eran un castigo, el único que Wataru parecía ser capaz de aceptar, una cada vez que pecaba de pensamiento, palabra u obra, el dolor era la única forma en la que el oji morado podía expiar sus interminables pecados, un recuerdo de que el era un trabajador, un ciervo, que fallaba en su labor por dejarse llevar por placeres carnales, siempre usaba sotana ¿quién sería capaz de verlas? Pero por supuesto, Eichi parecía descubrir fácilmente todo lo que repudiaba de sí mismo
Wataru cuidadosamente retiró su ropa, poco a poco revelando las cicatrices sobre su brazo —Un castigo, todas y cada una provocadas por mi mismo, temía cual sería tu reacción de esto— Eichi observó atentamente al oji morado, su cuerpo desnudo igual que el suyo, una de sus manos quiso acariciar la piel lastimada, retrocediendo abruptamente antes de hacer contacto, como si recordase que no tenía permiso para hacerlo, el oji morado solo asintió rápidamente, su corazón estaba agitado y su cerebro aterrado ante las palabras que dijera el rubio
Eichi acarició levemente la superficie del brazo, permitiéndose sentir la profundidad y longitud de cada cicatriz, sus ojos admiraban a las ya curadas heridas, reflejando una expresión comprensiva en su rostro —Has pasado por tanto dolor, realmente eres alguien fervoroso y apasionado, Wataru— Las palabras salían de la boca de Eichi con suma delicadeza, su mirada estaba fija, casi hipnotizada por el brazo del oji morado —Tienes que estar orgulloso, tú fe genuina es tan hermosa y pura, mucho más de la que yo jamás llegaría a tener— Aun sin mirar a Wataru, Eichi sonrió brevemente—...Pero sientes aún más devoción hacía mi, ¿no es así?. No te hubieras quebrado tantas veces si así no fuera— La sonrisa del rubio se hizo aún más amplia, antes de que su lengua se acercara al brazo de Wataru
Ahí, el oji morado lo entendió, el rubio no era su hermano, tampoco una muñeca, mucho menos un ángel. Eichi era un demonio
Y Wataru no era mucho mejor que el
La lengua se arrastraba por su piel, alarmando el cuerpo del oji morado, su áspero y húmedo tacto sobre la piel magullada era un tanto estremecedor y las palabras que Wataru tan desesperadamente quería hacer al rubio saber solo salían de su boca como inentendibles quejidos, era sobrecogedor, su ingle ya ardía nuevamente aunque era roce tan leve y breve, ese era el efecto que Eichi tenía sobre su cuerpo, cualquier toque se volvía abrumador y lascivo rápidamente
Al mismo tiempo, los dedos del rubio acariciaban el brazo izquierdo de Wataru, su textura tan ruda y uniforme era tan hipnotizante y atrayente al tacto, Eichi no podía tener suficiente de ello, más al saber que él indirectamente era el culpable de su existencia, un acto tan macabro como pasional, le halagaba que Wataru le adorase con tal vehemencia, una que el rubio correspondía, aunque a comparación de Wataru, podía considerar que su conflicto era nulo; su fe, su religión y aparente única profesión, tan duradera y sagrada fue arrebatada como si solo fuera una fachada en el segundo que descubrió sus sentimientos y los del oji morado, Wataru, aquel ser tan hermoso e interesante, su mayor confidente y amigo, no podría estar más feliz de descender al infierno si este se lo ordenase
—Tienes razón— La voz del oji morado finalmente fue capaz de entonar lo que su cerebro quería, con una amplia sonrisa entre labios Wataru siguió hablando —Mi ciega devoción por ti, los pecaminosos sentimientos que poseía, siempre fueron más fuertes, esto solo era un vago intento de sobrellevarlo…Pero ahora estas marcas son completamente inútiles, sin sentido ¿No deberíamos de reemplazarlas con algo más hermoso?— Los ojos de Wataru observaron a Eichi con complicidad, aun en la tenue luz de la farola, el rubio podía distinguir lo hermosa que era la expresión dibujada en su rostro, acelerando abruptamente el latido en su pecho
Eichi sonrió suavemente, su mirada se mantuvo fija en Wataru aun cuando sus dientes se clavaron en su carne, la expresión del peli azul rápidamente se deformo y su voz llenó el confesionario con un estruendoso gemido, la mordida sacudió por completo su cuerpo, pues el rubio la habría hecho en una zona recientemente cortada, provocando un dolor paralizante y certero; Eichi separó su boca de la herida, ansioso por ver el resultado, la marca de sus dientes había quedado en el brazo del oji morado, viéndose rodeada por un vibrante carmesí, lo que explicaba el sabor cobrizo que inundaba su boca, temía haberse excedido con su fuerza, pero el cuerpo y expresión del peli azul disiparon su preocupación rápidamente
El miembro de Wataru desbordaba líquido preseminal, mientras sus ojos, al borde de las lágrimas observaban al rubio con cierto deseo, casi suplicándole que siguiera lastimando su cuerpo, el dolor de Eichi era espléndido, tan único y extrañamente placentero como solo el rubio podía hacerlo sentir, aquel acto, tan grotesco como pudiera parecer a simple vista era otra forma de sentir al rubio en su cuerpo, pero más íntimo que cualquier roce o caricia, ahora Wataru se encontraba obsesionado con la idea de sentir al oji azul en su interior; la voz de Eichi repentinamente resonó en sus oídos, sus labios aún cercanos a su piel, aunque su atención parecía estar enfocada en otro lado —¿Nuevamente duro? Es algo adorable como te emocionas con tan poco, Wataru Aunque es impresionante que estes tan mojado~— Eichi expresó burlonamente, pensando en que tanto podría jugar con los difusos límites del oji morado
—Es normal… Eres tú, si me tocas así es inevitable— Wataru sentía como sus mejillas ardían al son de sus palabras, tan avergonzado como incrédulo del repentino libertinaje que le permitió pronunciarlas en voz alta
Eichi río traviesamente —Me gusta~ Sugiere que estoy haciendo un buen trabajo— Sus dientes se clavaron nuevamente en la piel de Wataru, Eichi empujo la piel recientemente curada contra sus (no tan filosos) caninos, buscando dañar una zona sensible del oji morado, quien jadeaba y gemía con intenso dolor, pero completamente extasiado por la extravagante forma en la que Eichi renovaba las marcas en sus brazos —Me pregunto, ¿Podré hacer que te corras solo con esto?— Eichi murmuro rápidamente, su cálido aliento erizo la piel del oji morado y antes de saberlo, otro grito ahogado escapaba de sus labios, pues el rubio atacó una zona diferente de su brazo, cada mordida se sentía como un golpe de adrenalina que arremolinaba el cuerpo de Wataru, tan intenso y placentero que sentía su corazón palpitar a mil, una forma de intimar tan grotesca sólo podía ser gozada tan desvergonzadamente por su pecaminosa mente y la del rubio, pero no podía evitarlo, ya no más, su cuerpo y pene se exaltaban y ardían cada vez que Eichi hiciera algo, provocando que su insaciable lujuria saliera completamente a flote
Los gemidos de Wataru parecían interminables, era igual de exagerados y activos que la reacción de su cuerpo, aunque era inutil tratar de calmar cualquiera de ellos dos, Eichi levantó sus dientes y vista, podría jurar que ahora sus labios y dientes ahora yacían manchados por pequeñas cantidades del líquido carmesí, aunque no quería bajar la intensidad de sus mordidas, Wataru realmente lo gozaba, incluso ahora, con un brazo inundado en dolor, agitados y constantes suspiros, y completamente abrumado por estímulos, la expresión de gozo no desaparecía de su cara, se veía tan alegre pero en una forma lasciva, solo de verle tan satisfecho su cuerpo también se encendía —Eichi…Eichi— El rubio observó entusiasmado él como su nombre salía tan agitada y desesperadamente de esos labios, los ojos del peli azul, ahora rojizos y brillantes por las lágrimas, lo miraban como solo Wataru podía hacerlo —Esto no es suficiente… Más… déjame sentirte más—
Los ojos del rubio se abrieron en sorpresa, y el rostro de Wataru rápidamente se tornó de un inocente rojo, aunque sus manos se rehusaron a moverse y taparlo, manteniéndose fijas mientras el rubio se levantaba del piso y acercaba al oji morado, sin darle tiempo de reaccionar, Eichi jalo abruptamente su mentón y unió sus bocas, entrometiendo su lengua con aún más intensidad que antes, la saliva y sabor del rubio inundaban la boca de Wataru, quien vagamente movía su lengua, dejando que el ojiazul explorara su boca, sus labios se unían y separaban ansiosamente, buscando la mejor forma de degustar el sabor del otro, la saliva además de mezclarse en sus lenguas terminaba derramándose de sus labios entre abiertos y el vaho que producían sus cuerpos se propagaba rápidamente dentro del limitado espacio, terminando de acalorar a los dos chicos “Besarlo así… Nunca pensé ser capaz de hacer algo tan indigno” Wataru pensó brevemente, notando lo excitado que se había puesto nuevamente con solo un intercambio de salivas
Cuando el aire parecía ser cada vez más escaso, Eichi separó el cuerpo de Wataru del suyo, empujandole de tal forma que su espalda desnuda cayó sobre la banca de madera, cualquier quejido que pudo soltar fue ahogado por la intensa necesidad de volver a llenar sus pulmones de aire, un desaliñado y acelerado Wataru observaba fijamente a un aún más desaliñado y acelerado Eichi, quien le correspondía la mirada mientras se acercaba al oji morado, montándose a horcajadas sobre las rodillas de este
—Nuestros cuerpos realmente están en sincronía, es bueno saber que tenemos buena química~— El rubio dijo suavemente, provocando que Wataru se avergonzará y tapara brevemente su cara, apoyando su muñeca sobre su frente —Si dices esas cosas lascivas…— Wataru paró a media sentencia, repentinamente notando como decía sus pensamientos en voz alta —Apresúrate y metelo— La voz del oji morado termino de salir rápidamente, apenas permitiéndole a Eichi entender sus palabras “Será mucho más difícil soportar esto” el peli azul expresó sus últimas palabras mentalmente, antes de que el rubio sujetara por sorpresa su cintura
Exaltado, Wataru quito la mano de su cabeza, encontrándose cara a cara con un Eichi cuyo cuerpo estaba peligrosamente cerca del suyo, ambas manos del rubio sostenían la cintura de Wataru, acelerando rápidamente el corazón del oji morado —¿No es peligroso simplemente meterlo? Aunque no creo que el dolor sea precisamente algo que te moleste, Wataru— Eichi susurro con una amplia sonrisa; el rubio rozaba la punta de su miembro contra la entrada del oji morado, el roce tan leve y pausado era desesperante, su cuerpo temblaba cada vez que el rubio acercaba su pene, y la firmeza con la sus manos sujetaban su cadera solo intensificaba sus ya explosivas emociones, los dedos de Eichi empezaron a hundirse más en la piel de Wataru, aferrándose a este mientras la distancia entre ambos se hacía nula —Eres tan hermoso— Eichi soltó repentinamente, con ojos fijos sobre el rostro del oji morado, ha decir verdad, este ya había notado la intensa mirada del rubio sobre él, aunque con una creciente lujuria, no era su prioridad el enfocarse en eso
—Nunca me cansaré de decirlo— Los dedos de Eichi recorrieron el abdomen de Wataru, sus yemas tocaban suavemente la piel, el hormigueo hizo que la espalda del oji morado se arqueara sutilmente, sus labios se mantuvieron forzosamente cerrados, tratando inútilmente de esconder lo obvio: lo mucho que le excitaban esos breves toques —Wataru, tus grandes sonrisas, tu voz melodiosa, tu cuidado cabello y ahora…Tú sensible cuerpo, cada cosa que descubro, que veo en ti solo te hace más hermoso, más perfecto— Wataru rodeo el rostro del rubio con sus manos, acariciándolo débilmente mientras su vista se dirigía al rubio, sus cachetes ardían y era claro que no precisamente por fiebre
—Siempre has sido bueno con las palabras, más cuando se trata de halagarme— Wataru susurro bajo su aliento, finalmente observando al rubio, sus ojos brillantes y expresivos portaban una mirada que solo podía describir como lasciva, Eichi le admiraba como si poseerlo fuera un deseo latente que se había acumulado por años, una mirada tan intensa era inesperadamente acompañada por cejas finamente arqueadas y labios que temblaban tímidamente, teñiendo la expresión del rubio con una pureza desentonada pero característica de su persona, totalmente anonadado por la escena frente suyo, Wataru no pudo evitar abrir la boca —Posees esa fragilidad que se hace fácil de adorar y contemplar…Tu también podrías ser descrito como perfecto, incluso ahora, aceleras mi corazón y haces difícil sacarte de mi cabeza; tu belleza, tu amabilidad, tu cariño, tu interés ¿Cómo me atrevo a quedarme todo para mi mismo?— Wataru sintió como el rostro de Eichi se acaloraba a través de su mejilla y una amplia sonrisa se adueñaba del rostro del oji azulado
Imitando a Wataru, una de las manos de Eichi se posó sobre la mejilla del oji morado, su palma fue rápidamente invadida por el calor ajeno y solo hasta entonces, el rubio se dio cuenta de lo acelerado que se encontraba su pulso, así, entre alientos calientes y agitados, dejó salir su voz, convirtiendo el aire cercano en vaho —Si te sientes culpable de arrebatarlos, solo me tienes que compensar mostrandome más de tu belleza— Comentó suavemente, antes de penetrar el interior del oji morado
La voz de Wataru salió instantáneamente como un grito ahogado, su cuerpo exaltado se arqueo por completo, estaba abrumado, era una sensación tan rara y ajena, podía sentir el miembro del rubio en su interior, palpitando aritméticamente y forzando su estrecho interior a expandirse, el dolor era insoportable, su cuerpo temblaba y sus ojos estaban al borde del llanto, aun así, la excitación superaba con creces al dolor y angustia, quería tomar el todo del rubio, por más doloroso e incómodo que fuera, necesitaba experimentar aquella cercanía tan íntima con Eichi, era lo que había anhelado desde hace tanto, de cierto modo, que fuera una sensación tan agobiante, lo hacía aún más especial
El rubio volvió a mover su cadera, lenta y cuidadosamente introduciendo su miembro en el interior del oji morado, los espasmos y gemidos de Wataru eran constantes, su cuerpo experimentaba una mezcla retorcida de placer y sufrimiento, mientras más profundo llegará el rubio y más doliese, más se excitaba, era vergonzoso al punto de desear que Eichi nunca se diera cuenta de lo que realmente pasaba con su cuerpo, él porque estaba siendo tan vocal y sensible con tan mínimos movimientos; Eichi portaba una expresión que Wataru no había visto nunca, estaba completamente concentrado, sudor caía de su frente y cuello, mientras sus ojos azules admiraban el cuerpo con claro deseo, su expresión era lascivamente bella, Wataru ya era incapaz de pensar o ver cualquier otra cosa que no fuera el rubio, quería sentirlo aún más, al punto en que no hubiera parte de su ser que no haya sido indagada por el oji azul, sus miradas se encontraron fugazmente, desembocando en un abrupto e impulsivo beso, los chapoteos de la saliva y sus lenguas eran ruidosos, no tanto como los gemidos del peliazul, pero lo suficiente para resonar en el aire unos pocos segundos, el sudor del oji azul caía sobre el pecho y cuello de Wataru, empapandole más de lo que ya estaba
Eichi no tardó en nuevamente penetrar el interior del peli azul, quien forzosamente corto el beso, abriendo su boca para dejar escapar un gemido, mismo que fue entrecortado por la lengua del rubio, quien se entrometió en los labios abiertos de este, el chapoteo de sus bocas era aún más ruidoso que antes, pues el rubio solo trataba de mantener los labios de Wataru cerrados mientras movía velozmente su entrepierna, la saliva se derramaba de sus labios y la lengua de Eichi ahogaba la voz del oji morado, entrometiendose en su boca y robando el poco aire que este tenía, Wataru trataba desesperadamente de corresponder el beso, o mínimamente adaptarse al ritmo tan frenético y caótico que tenía el rubio, viéndose incapaz de hacerlo por la falta de aire y gemidos ahogados que buscaban tan ansiosamente escapar de sus labios, la combinación de la humedad en su boca y el dolor en su parte baja mareaban a su cerebro, era un placer tan desconocido como peligrosamente adictivo, uno que nunca hubiera experimentado sin ayuda del rubio
Entre los constantes empujones de sus lenguas y el meneo tan inestable de sus caderas, varios de los dientes del oji morado se clavaron accidentalmente en la lengua del rubio, tras la mordida este soltó un leve quejido y separó sus labios, aunque un único hilo de saliva teñido de rojo los mantuvo conectados por unos breves segundos, a pesar del dolor en su boca y su pulso agitado, Eichi sonrió ampliamente, observando el desastre que estaba hecho el peli azul debajo suyo, su cabello despeinado y esparcido por todo el lugar, sus ojos hinchados y cristalinos, llenos de lágrimas que amenazaban seguir saliendo, la respiración acelerada que salía de sus entreabiertos y rojizos labios, nuevamente, se arrepentía de no haber abierto esa puerta antes, si supiera que le esperaba una vista como esta, hubiera mancillado su ser y roto su voto de castidad mucho, muchísimo antes
Con una respiración irregular, Eichi recién noto que tan profundo se encontraba, dio un pequeño empujón que resultó en un quejido ajeno y la confirmación de su teoría, eufórico y sonriente habló nuevamente —...Entró…Esta todo adentro— Wataru lo había notado, dolía más de lo que habría imaginado, un dolor mucho más intenso del que sentía cuando sus brazos eran cortados, pero traía consigo un placer que era vagamente comparable al que se daba a sí mismo, su cuerpo nunca podría experimentar esto por su cuenta ¿Cuantas más emociones haría el rubio estallar? Parecía ser ilimitado realmente le deseaba más que nunca; los dedos de Wataru buscaron los brazos del rubio, más específicamente el que rodeaba su cadera, aferrándose fuertemente a este una vez fue hallado —...No te contengas…— Wataru fue incapaz de pronunciar cualquier otra palabra, aún le costaba desprenderse por completo de su pudor, hundiéndose en vergüenza cada vez que recordaba lo lascivos que eran sus pensamientos, aunque ya no podía hacer nada para reprimirlos, sus cachetes se enrojecían al notar lo suplicante que sonaba su voz exhausta aún cuando evitaba ser tan explicito
El rubio asintió silenciosamente, antes de empezar a mover su pelvis vigorosamente, era mucho más descuidado y brusco que antes, aunque la estrechez dificultaba el movimiento y alcance del miembro ajeno, el oji azul forzaba la entrada del peli azul con penetradas cada vez más violentas, obligando a que su nulamente dilatado ano se expanda abruptamente, un dolor insoportable recorría la espalda de Wataru, las penetradas del rubio se sentían como una constante presión que estremecía su cuerpo y aturdía sus sentidos, llevándolo al punto en que sus ojos dolían de tantas lágrimas que había soltado, y aun así, era incapaz de interpretar ese dolor tan grotesco como algo negativo, probablemente se debía al culpable placer que venía con este, su cerebro ya se había acostumbrado a estas dos sensaciones juntas y era totalmente incapaz de percibir una sin la otra, era tan perverso como bochornoso, probablemente la condena perfecta para su lujuria, su pulso no podía parar de acelerarse
¿Cómo se había prohibido a sí mismo experimentar esto por tanto tiempo? Sus miedos y prejuicios eran mínimos comparados con lo maravilloso que se sentía ahora mismo, el pene del rubio golpeaba insistentemente sus paredes internas, agitando sus caderas de tal modo que su cuerpo entero temblaba y su voz salía automáticamente de sus labios, mientras le intoxicaba un dolor que deseaba nunca fuera a desvanecerse, su miembro ya yacía nuevamente empapado en líquido preseminal, reflejando lo extasiado que se sentía cada centimetro de su cuerpo, inacapaz de expresarse de otra forma, el oji morado clavaba sus uñas sobre las muñeca del rubio, tratando de indicarle lo satisfacioro y abrumante que era de una forma sutil
Penetrada tras penetrada, el dolor solo se hacía más agonizante y perverso, el rubio aprovechaba que el ano del oji morado tras tanto maltrato se había dilatado ligeramente para deslizar su pene aún más profundo, chocando varias veces contra la próstata de este, el aire desaparecía de los pulmones de Wataru cada que esto sucedía, su espalda ya dolía de tanto arquearse, aun así solo quería suplicar porque el rubio continuará, que siguiera golpeando en ese mismo lugar una y otra vez, ansioso por ser nuevamente embriagado por tan atroz y mortificante dolor que solo Eichi podía provocarle tan fácilmente, afortunadamente el sentimiento parecía ser mutuo, pues el rubio no cesaba la agresividad de sus empujones, uniéndose a los miles de sonidos que ya había en el aire su voz jadeante y ronca
—Mierda, eres maravilloso— Eichi reveló una sonrisa entrecortada, mientras su agarre en la cadera del oji morado se fortalecía, hundiendo sus dedos en la sensible piel de este, gracias a los gemidos inagotables y la falta de aire, Wataru fue incapaz de responder, sosteniendo fuertemente sus muñecas en cambio, la humedad y calentura de la habitación habían llegado a su punto máximo, sus cuerpos ardían al tacto y sus cerebros se habían derretido hace ya mucho, nada más que palabras de adulación y gemidos salían de sus bocas, la embriaguez de sensaciones derrumbaba la ya escasa cantidad de pensamientos lógicos en sus mentes, actuando como animales que solo buscaban la mayor cantidad de placer, aunque este sea influido a través del dolor
A pesar de la dificultad, Wataru empezó a mover su cadera más seguidamente, tratando de encajar al rubio en sus zonas más sensibles y buscando otorgar satisfacción no solo a su cuerpo sino también al del rubio, Eichi rápidamente noto su esfuerzo, manteniendo el ritmo apresurado y descuidado de sus estocadas pero tratando de llevar a cabo la precisión que el oji morado exigía, finalmente logrando golpear la próstata de este en varias y seguidas ocasiones, Wataru se hallaba exaltado, permitía que su cuerpo se descontrolara y reaccione exageradamente, temblando y arqueandose mientras diferentes líquidos salían de su miembro y boca, su respiración estaba tan agitada como para ser igual de ruidosa que sus gemidos, tras cada penetrada, una más certera que la anterior, su cuerpo repetía las mismas reacciones, en un ciclo agobiante y abrumador
Era extremadamente doloroso, su punto débil era golpeado una y otra vez con una intensidad tan brusca como grotesca, no solo eso, sea cual sea el movimiento del rubio dolor sería la única sensación que provocaría en él y su interior, desde su pene que se arrastraba a través de las estrechas y ya irritadas paredes del oji morado hasta el fuerte agarre que sus uñas tenían contra la piel de su cadera, no había segundo en el que no agonizase, los choques contra su próstata solo eran la mecha que hacía explotar todas las sensaciones que había acumulado y resistido desde antes, la mayor prueba de esto su cuerpo, que no podía cesar de retorcerse y arquearse debido al intenso dolor. Aun con las abrumantes emociones que abrazaban a su cuerpo (o mejor dicho, gracias a estas) el peli azul agradecía lo bendecido que era de tener a un compañero tan magnífico, aunque era más pronto de lo que esperaba, Eichi lo estaba llevando a su límite de la forma más espléndida, grotesca y apropiada posible; se sentía tan irónico e irreal, horas antes se consideraba una persona totalmente pudorosa y fiel a sus creencias, en cambio, ahora gozaba desvergonzadamente de un acto tan carnal y lujurioso, con una cabeza repleta de pensamientos incesantes acerca de lo mucho que necesitaba que el pene dentro de sus entrañas le terminase de destrozar por completo
—¡Ugh!— El peliazul sintió como su interior fue nuevamente golpeado y jadeo ruidosamente, sus brazos jalaron los del rubio, haciendo que este pierda brevemente el equilibrio; líquido preseminal salía constantemente de su pene y su cuerpo se hallaba más sensible que nunca, iba a correrse en cualquier momento, el calor en su ingle ya era insoportable —Eichi… ya no puedo…— El oji morado habló roncamente, con un hilo de voz y palabras difícilmente descifrables, mientras saliva caía desde las comisuras de sus labios y lágrimas inundaban sus ojos, —...Bien…♡— Las palabras de Eichi salieron entre jadeos, sonando más como un gruñido que una respuesta coherente, seguido acortó la distancia entre sus cuerpos y continuo corcoveando su cadera intensamente, el aliento caliente del rubio acariciaba la piel de Wataru, haciendo que su pecho diera pequeños espasmos que pasaban desapercibidos al estar combinados con el desastre que era su cuerpo ahora mismo, además del incremento en los jadeos del oji morado solo de verle, como el sudor empapaba su frente y la mirada ferviente en sus azulados ojos eran unos de los pocos detalles que podía enumerar y de los que se encontraba hipnotizado, ya no podía disimular lo mucho que le amaba y terminaba vagamente gimiendo su nombre, suplicando porque siguiera penetrando su ano
La brusquedad de las estocadas ajenas solo aumentaba con cada segundo que pasaba, una y otra vez Eichi golpeaba el interior de Wataru hasta que los cuerpos de ambos se sintieran satisfechos, nuevamente la voz de Wataru resonó en el confesionario, pues un grotesco golpe fue dado por ultima vez en su próstata, era mucho más violento y abrupto que los otros, además de ser seguido por una incómoda sensación de humedad que inundó su interior velozmente, siendo aquella brusquedad y extrañeza lo que desencadenó en su orgasmo, sus caderas se contrajeron mientras esperma salía descontroladamente de su pene, manchando su abdomen y el del rubio, a pesar de su respiración acelerada Wataru jalo el rostro de Eichi y junto sus labios con los suyos, dándole un beso tan repentino como lioso, sus lenguas se rozaban mientras sus bocas se llenaban de la saliva del otro, el intercambio no duró mucho, pues ambos debieron de separarse para recuperar su aliento, el pecho de Wataru subía y bajaba rápidamente, los jadeos constantes de ambos hacían que la habitación estuviera aún más caliente, sus cuerpos estaban empapados de sudor
Allí, sin el agite de sus cuerpos frotándose contra el otro y el mareo que el intenso placer le provocaba a su cerebro, Wataru pudo ver debidamente el rostro excitado del rubio y su belleza nunca había brillado más que en este momento, el sudor cayendo de su pelo, sus cejas levemente arqueadas y temblorosas, su respiración acelerada e inquieta, tan desaliñado pero genuino, era una expresión que desearía poder ver siempre dibujada en su rostro “Mierda, lo dejaría cogerme de nuevo” pensó sin ápice de recato alguno. Tras varios segundos en silencio, solo mirándose el uno al otro en su estado más puro y vergonzoso el rubio se elevó sutilmente y sostuvo la cadera de Wataru con sus manos, provocando que este tuviera un pequeño exalto
—Perdona, No quería asustarte, pero realmente debo de sacar esto— El peli azul bajo su vista, notando como el miembro del rubio seguía completamente introducido en su interior, sus ojos volvieron a Eichi y asintió tímidamente con la cabeza, antes de percatarse acerca de algo extraño
—¿No te co…? ¡Ahg!— El rubio sacó todo su miembro, evitando que cualquier otra palabra saliera de la garganta del oji morado, rápidamente el cuerpo de Wataru se retorció en dolor y su cadera se contrajo nuevamente, inundada por el dolor de ser repentinamente despojada de algo que se introdujo tan forzosamente en su interior, se sentía tan vacío ahora que el oji azul se había separado, pero ahora aquella consistencia líquida en su interior era aún más obvia, tras un breve vistazo, Wataru se dio cuenta, había un hilo de semen que todavía unía su trasero con el pene del rubio, se había corrido dentro, el oji morado río suavemente “...Somos insalvables”
El rubio procedió a volver a acostarse al lado del oji morado —¿Puedes creerlo? Ahora estás peor de lo que te encontré— Comentó juguetonamente, con una sonrisa fija en sus labios
—Debemos de limpiar esto, será un gran drama si los demás nos encuentran a nosotros y el confesionario en este estado— El peli azul empezó a acariciar el pelo del rubio mientras decía esas palabras, era tan feliz de ser correspondido, de ser comprendido y complementado por Eichi, pero más que todo
Estaba feliz de que podían compartir este asqueroso pecado y secreto juntos
