Chapter Text
La temporada de calor había llegado nuevamente a Villa erizo (y a ese hemisferio en general), provocando que los jóvenes comenzaran a recorrer de aquí para allá buscando a alguien con quien pasar su temporada de apareamiento, ya sea para realmente concebir o simplemente para disfrutar los cambios hormonales que se vivían en esa época del año.
Para Sonic era una temporada horrible porque no gustaba de sentirse acosado por tanta fémina (y uno que otro macho) que, disfrutando de la temporada estival y de las vacaciones de verano, recorrían la pintoresca isla que era Mystic Ruins, ocasionando que encontraran al guapo héroe retirado disfrutando de su hogar. Sí le gustaba la atención, pero no cuando había tanta loca tratando de que les hiciera un hijo o que lo acosaran hasta el hartazgo. Por lo que, desde que descubrió que podía ser atendido y cuidado por su mejor amigo ya que este no se veía afectado por sus feromonas al ser un beta, tomo la decisión de hacer de la casa de Tails su hogar temporal por esa semana de calor y acoso.
Aunque Tails estuvo nervioso de tener a un caliente y malhumorado alfa en su casa, comprendió la situación de su amigo al recordar los tres anteriores años en donde muchas cosas abrumaron al azul. En la primera rutina de Sonic, este tuvo que huir del acoso sin oportunidades de resguardarse en un punto seguro, en la segunda tuvo que viajar al norte meses antes para evitar el cambio hormonal que provocaba el verano en el sur y en la tercera ocasión tuvo que sufrir del acoso constante en su cabaña en la playa, provocando un humor horrible en el pobre azul. Así que, siendo el zorrito el único beta (sin contar a Sticks quien fue tajante al decir que no se haría cargo de Sonic), aceptó en su hogar al erizo azul. Los primeros días fueron relativamente calmados, con Sonic corriendo en la máquina que preparo Tails para él y ayudándolo con sus experimentos, con el zorrito mejorando su sistema de seguridad perimetral para espantar a las muchachas que de vez en cuando llegaban a su hogar buscando al azul.
Y claramente, como la rutina de un alfa siempre afectaba a quien tenga a su alrededor, el pobre zorrito lo vivió de primera mano cuando, después de tres días de encierro, el azul comenzó a jadear y gruñir en la habitación de invitados donde se había encerrado, dando inicio así su rutina. Tails no podía sentir el aroma que expelía Sonic (que según Amy y Knux olía a limón), pero si sentía un cosquilleo placentero cada que su amigo le hablaba de forma ronca o cuando salía todo sudoroso de la habitación para comer los alimentos que preparaba Tails o cuando veía su rostro sonrojado por el calor que al aparecer sentía. Además, la curiosidad del rubio no le había dejado en paz, haciendo que un día y sin que el erizo se diera cuenta, mirara de forma distraída el hinchado bulto que ahora era permanente en el azul. Porque si en la temporada normal Sonic presentaba un bulto definido y de buen tamaño, ahora con su rutina este se hacía más notable y duro, siendo imposible que pasara desapercibido.
Cuando el punto álgido de Sonic llegó a la quinta noche, para Tails fue un suplicio escuchar el rechinido de la cama y los gemidos insatisfechos del azul. Porque se hacía la idea de que Sonic debía de estar tratando de aliviar su excitación, de calmar el calor del momento. El pobre zorro solo podía aguantar el cosquilleo y la calentura que se había alojado en su vientre con solo escuchar a su amigo gemir, situación que se reprochaba porque él era un beta que no tenía oportunidad alguna con un alfa del calibre de Sonic, además de ser su mejor amigo, en quien deposito su confianza para pasar esos horribles e incomodos momentos (a palabras del azul). Tails solo debía ser paciente, hasta que Sonic se asentara con alguna hembra o encontrara a alguien compatible y comprensible para pasar su temporada, lo que haría que finalmente el rubio no se viera entre la espada y la pared respecto de estos extraños sentimientos que surgían en su corazón.
Al sexto día, Sonic salió de la habitación, un poco sonrojado por recordar vagamente lo que había hecho en esa habitación y por el desastre que había causado. Sus disculpas no se hicieron esperar con su amigo, quien solo le sonrió contento de que por fin se sintiera bien y con energías para salir de ese cuarto, invitándolo a la mesa donde un gran plato de chilidogs esperaba al azul, quien contento comenzó a comer.
—Eres el mejor Tails —le dijo en su momento, contento con las atenciones del zorro.
Así, la rutina de Sonic se volvió más estable, sintiendo la seguridad que le provocaba el hogar del zorro y el cariño que con cada acto de cuidado le demostraba. Sin embargo, a raíz de la experiencia vivida en casa de Tails, Sonic comenzó a tener otras actitudes con el pequeño rubio, unas más íntimas y que justificaba con el alborotamiento de las hormonas y el que su amigo fuera cada vez más lindo y dulce con él. No tenía realmente justificación para lo que hacía, pero tampoco podía sacarse de la cabeza los pensamientos que poco a poco lo invadían respecto a su amigo.
Para su quinta rutina (la segunda en casa de Tails) el azul comenzó el acercamiento hacia el zorrito. Primero era un sutil coqueteo, con sonrisas sexis y caricias a las esponjosas colas de forma suave. Ahora Sonic ya no se encerraba en su habitación cuando comenzaba su rutina, sino que se estiraba en el sillón a ver una película y dejaba que el placer lo envolviera, haciendo más notoria su excitación y la perversión en su mirada.
—Lo siento amigo, la habitación me sofoca demasiado y si abro las ventanas siempre llegan esas entrometidas a molestar. Pero si te incomoda que este acá afuera, solo dímelo, yo entiendo la situación –decía con lastima en su voz.
—N-no te preocupes Sonic, no pasa nada. Es algo natural después de todo —respondía el rubio avergonzado, cada vez que el azul pedía disculpas por alguna acción subida de tono.
Tails trataba de mantener la cordura yendo a su taller o recorriendo la casa, pero Sonic lo seguía allá donde iba, argumentando que se sentía solitario y que su sola presencia lo reconfortaba y calmaba su calor. El pequeño zorro siempre le cría y el erizo se sentía un tanto ruin por mentirle de forma tan descarada a su amigo. Porque para Sonic, mirar el suave y esponjoso cuerpo de Tails le causaba extraños y placenteros cosquilleos, cada vez que lo tenía cerca solo quería agarrarlo y cubrirlo con su cuerpo, cada vez que le hablaba y le sonreía, solo podía pensar en comerle la boca y hacer que su rostro mostrara una permanente mueca de placer.
Las actitudes indecorosas siguieron de forma sutil, siempre acompañadas de una disculpa del azul quien decía no entender que le pasaba, como si su cuerpo tuviera voluntad propia. El agarrón a las colas del zorro cuando pasaba cerca, haciéndole gemir asustado por la electrizante sensación, el abrazo en que lo envolvía al mirar como el rubio cocinaba, provocando sonrojos y suaves suspiros, como apoyaba su rostro contra las piernas y vientre del zorrito cuando fingía caer dormido al mirar una película ambos en el sofá, provocando perceptibles temblores en el menor, eran ya parte de la rutina de esos días de calor.
Sonic sentía que se volvía loco, porque a través del paso del año pensó que todas esas extrañas sensaciones eran causadas por la temporada de apareamiento y su rutina que cada vez sentía más fuerte al estar cerca del zorro, pero con el paso del tiempo y sin las alocadas hormonas de apareamiento, esas ideas seguían en su mente, aunque un poco más calmadas. Era claro que amaba su libertad y su autonomía, pero también había comenzado a amar los cariños y cuidados que el zorrito le daba. Ni hablar de lo caliente que era el rubio a los ojos del azul, que embobado solo miraba las turgentes piernas, el redondeado trasero y las grandes y esponjosas colas de su amigo. El rostro del rubio había pasado a ser un deleite para Sonic al mirarlo, con la boquita pequeña, los grandes ojos celestes y las tiernas orejitas que se movían coquetas al escuchar su voz.
Para su sexta rutina en casa de Tails, todo se descontrolo. Fue mucho más osado con el zorro, aunque en los primeros días solo lo trataba como siempre, sonriéndole sexi y lamiendo de vez en cuando sus labios, su bulto lo presionaba contra los muebles donde estuviera Tails trabajando para llamar su atención o al sentarse abría sus piernas todo lo que podía, ocupando todo el espacio y tratando de llamar la atención del rubio. Sus jadeos y gemidos roncos cada vez que rosaba a Tails se hacían más audibles y sus gruñidos al tener en sus manos alguna parte cálida del pequeño solo hacían que este último temblara de expectación. Y Sonic siempre se disculpaba, aunque no sintiera realmente la incomodad que le provocaba a Tails.
El azul no era tonto, con el pasar del tiempo había notado como el zorrito lo miraba, como se sonrojaba con sus acercamientos, como aceptaba las caricias dadas por él. Entendía que, de alguna extraña forma, Tails aceptaba sus acercamientos cuando ocurría su rutina y eso solo encantaba más a Sonic porque sentía que el zorrito era todo lo que necesitaba para su temporada de apareamiento, aunque lamentablemente Sonic perdía todo el valor cuando su rutina terminaba y debían volver a su vida normal, solo siendo amigos, sin ningún tipo de cambio más allá de los sonrojos cuando estaban demasiado cerca o los suaves escalofríos que los recorrían cuando se tocaban.
Y Sonic quería mucho más ese año, quería tener el curvilíneo cuerpo contra el suyo, quería devorarle la boca y volverlo loco de placer con sus caricias. Así que un día de su rutina, sabiendo que en cualquier momento el zorrito dejaría su labor de cocinar para alistar la mesa, desenfundó su miembro y sacando su guante derecho comenzó a acariciarse, mientras fingía ver una película, porque lo único que podía hacer era observar a Tails a lo lejos, quien dándole la espalda cocinaba tranquilamente. El sonido lúbrico que hacía su miembro al ser acariciado era completamente audible, más para el sensible oído del zorro, quien ahora escuchaba los gruñidos y jadeos del azul. El rubio sentía un cosquilleo en su nuca y por su mente solo pasaba la idea de que Sonic lo estaba mirando fijamente mientras se masturbaba, su rostro se sonrojo por completo y de forma inconsciente sus colas se levantaron raudas sobre su cabeza, meneándose de un lado a otro, exponiendo su trasero. Su cuerpo se había inclinado ligeramente contra el mueble de cocina donde terminaba de cortar verduras, levantando sus glúteos.
El gruñido emitido por Sonic solo lo hizo temblar y el jadeo ahogado que soltó, le indicó al zorrito que el azul había terminado. Tails con solo escuchar esos lúbricos sonidos, podía asegurar que tuvo un orgasmo seco solo por pensar que Sonic se levantaría de su lugar, lo empotraría contra el mueble y se enterraría sin control contra su interior. Debía ser fuerte, porque no podía hacer notar a Sonic que lo estaba volviendo loco y no solo por su rutina… Porque con el paso de los años el zorrito se fue enamorando de su mejor amigo y no quería arruinar todo lo maravilloso que tenían.
Gimiendo bajito, Tails se enderezo, tomo un vaso y lo lleno de agua fresca, dirigiéndose donde su amigo para darle el líquido, algo que siempre hacía ya que Sonic siempre alegaba tener calor y sed. No estaba preparado para la vista, con Sonic sentado en el sillón con sus piernas completamente abiertas y su miembro aún desenfundado y erecto.
«Es muy grande» pensó cohibido, tratando de apartar su mirada de la entrepierna del erizo, aunque sin lograrlo, le extendió el vaso.
—Gracias por el agua buddy —y con su mano izquierda tomo la del menor, paseando por esta hasta llegar al vaso, dándole una caricia.
—N-no es nada Sonic, estoy aquí para ayudarte —y sonrió cohibido, apartándose del azul que lo miraba fijo, sin una pisca de vergüenza.
Tails comenzó a alistar la mesa para el almuerzo, mirando de reojo como su amigo acariciaba lánguidamente su miembro, tratando de que la erección bajara para poder ocultarla en su funda, sin poder conseguirlo aún.
—Lo siento Tails, debe ser incómodo para ti verme en este estado. Has de pensar que soy un pervertido jejeje —sonrió, mientras se sentaba a la mesa con el zorrito, luego de ir a lavar sus manos habiendo ocultado como pudo su duro miembro dentro de su funda.
—No digas eso Sonic, eres un alfa, es normal… —y le sonrió, tratando de ignorar la predadora mirada del azul.
Esa misma noche y al sentarse ambos en el sillón a ver una película, Sonic aprovecho la oportunidad en que Tails se levantó a buscar algo a la cocina, para tenderse a todo lo largo del sillón, pegando su espalda al respaldo del mueble y esperando que Tails le siguiera la corriente y se recostara junto a él. Cuando el zorrito volvió con una bebida hidratante para su amigo, se sentó en el espacio vació del sillón, extendiendo el vaso con una bombilla a un rojo y jadeante erizo.
—Tails, ayúdame por favor… —jadeo el azul, comenzando un suave bamboleo con su pelvis.
—¿C-cómo te ayudo Sonic? —preguntó, completamente sonrojado y caliente, pero al mismo tiempo preocupado, al sentir como su amigo había tomado su cintura con sus manos y comenzaba a acariciar el lugar.
—Solo recuéstate… Necesito abrazarte…
El zorrito ya completamente perdido por todas esas calientes sensaciones se recostó a un lado del azul, dándole la espalda al dejarse guiar por el erizo. Sus colas fueron jaladas lejos de su trasero, donde se apoyó el erecto miembro del azul, haciéndolo gemir y buscar más de ese caliente falo cuando Sonic se alejó con premura. El erizo estaba en peores condiciones, porque tener el cálido cuerpo del zorrito entre sus brazos y el suave trasero contra su miembro lo habían hecho gruñir de placer.
—P-perdón buddy, no sé qué ocurre… —y le jadeo en la oreja al rubio, quien llevo sus manos a su boca para taparla y evitar así que sus gemidos se escucharan muy alto.
—Tra-tranquilo… está bien, sé que no harás nada maloooo ¡Ahhh! —y el rubio gimió al sentir como Sonic comenzaba a embestir contra su trasero.
El erizo pasó un brazo por debajo del menor, para abrazar y pellizcar el regordete abdomen y con su mano libre, agarró la mullida pierna para levantarla, para que su miembro se acomodara mejor y tuviera mayor superficie para frotarse.
—¡S-soniiiic! Despacio, p-por f-favor ¡Ahh! —y los gemidos entrecortados seguían por parte del rubio, quien perdía la razón al sentir como Sonic le apretaba la panza y refregaba su húmedo y duro miembro entre sus ahora juntas piernas.
Cuando el zorrito fue dejado de cara contra el sillón y el gran cuerpo del erizo paso a cubrirlo, se asustó. Sonic lo había tomado de tal forma que todas sus curvas se acoplaban al cuerpo del azul, sin dejarle escapatoria, sintiendo por completo el miembro contra sus nalgas. Y cuando Sonic ya completamente perdido comenzó a embestir fuerte contra él, no pudo evitar espantarse.
—¡N-no S-sonic! ¡No soy una hembra! ¡N-no podemos! —le decía entre asustado y excitado, porque tenía a quien fuera su más grande amor contra él, complaciéndose con su cuerpo— ¡Soniiiic! —gemía con desesperación.
El azul tenía una batalla interna entre seguir embistiendo contra ese maravilloso lugar o huir para no hacerle daño a su amigo. Pero realmente no quería dejar ese exquisito cuerpo, que lo calentaba como nunca nadie lo había hecho, que se acoplaba de una forma tan placentera que parecía hecho para ser sometido por él. Quería enterrarse profundo en su pequeño zorro y marcarlo como su compañero, aunque este fuera un beta y los betas no estuvieran “diseñados” para soportar una rutina o un celo.
Quería morder su cuello y marcar su interior con su semilla, para que nadie pudiera acercársele con otras intensiones, para que los otros supieran que ese suculento zorro tenía un alfa y estaba completamente fuera del mercado.
«Mío, mío, mío… Tan mío Colitas…» repetía como un mantra el azul en su mente, enloquecido con el calor que sentía y las placenteras sensaciones que le provocaba el cuerpo bajo suyo. Cuando tuvo la necesidad de acomodar su miembro contra el pequeño agujero de Tails, se detuvo asustado. Porque su zorrito estaba sollozando quedito, tapando su boca con sus manos.
—¡Mierda Tails! ¡Perdón! Yo no… ¡Perdóname! —y rápido como el rayo, el azul se encerró en la habitación de invitados, haciendo sonar fuerte los pestillos de la puerta al trancarla. Donde su excitación se mezcló con rabia y comenzó a destrozar cuanto mueble se le cruzara por el frente, tratando de calmar su frustración.
—N-no Sonic, no es lo que parece… —y cuando intento levantarse fue a parar al suelo, sin fuerzas en sus piernas al sentir aún la cosquilleante sensación en su entrepierna y glúteos.
Solo pudo quedarse ahí, escuchando como Sonic gruñía y jadeaba de excitación, con gemidos lastimeros por no poder culminar lo que había empezado con el zorro. Dentro de la habitación, Sonic batallaba con la frustración que sentía al impedir su lado racional que el instinto en él marcara a quien ya consideraba su pareja, embistiendo fuerte contra las almohadas de la cama, simulando que era el pequeño zorro quien estaba bajo su cuerpo recibiendo su hombría. Se sentía tan frustrado, pero el pequeño tenía razón porque si le hiciera el amor como él quería, Tails resultaría gravemente lastimado y no podía permitir eso, así que su noche siguió como una tortura al sentir como su compañero lo llamaba fuera de su habitación, sufriendo como nunca de su rutina, que ni si quiera había llegado a su punto álgido.
A la mañana siguiente, Tails despertó en el sillón de su casa, un poco desconcertado de encontrarse ahí, aunque no pasó mucho antes de recordar el porqué de dormir en ese lugar. Mientras llamaba a Sonic, quien no contestaba y solo se dedicaba a jadear y gruñir en la habitación, el zorrito tomo la decisión de dormir en su sala de estar ya que, de ir a su habitación, hubiera escuchado aún más claramente el cómo Sonic destrozaba la cama con los fuertes movimientos que hacía para complacerse. La noche anterior había sido una placentera locura, con el azul frotándose contra él y haciéndole sentir cosas que nunca había experimentado. Se sentía dichoso con eso, pero también asustado porque tenía el suficiente conocimiento para recordar que un hombre alfa, no era compatible con un hombre beta. No estaban diseñados para estar juntos y eso siempre lo entristeció y desalentó, más ahora que sabía que nunca podría complacer al azul.
Acongojado se levantó para ir a preparar el desayuno y tiempo después fue a buscar a Sonic, quien no emitía ruido alguno en la habitación.
—Sonic… —le llamo, de forma suave— Ven a desayunar, debes comer algo… —unos segundos después se escuchó un gruñido.
—Vete, no quiero lastimarte Tails… —se escuchó amortiguado. Aunque también se escucharon pasos dirigiéndose a la puerta.
—Pero no lo hiciste, pudiste controlarte —contesto, pegando su cuerpo a la puerta, sintiendo de alguna extraña forma que Sonic hacía lo mismo.
Volvió a escuchar algunos gruñidos lastimeros, por lo que el zorrito no se quedaría de brazos cruzados y conociendo perfectamente su casa, se fue a su taller a buscar lo necesario para abrir esa puerta. Unos minutos después y de que Sonic tuviera que apartarse rápido de la puerta que fue sacada de su marco, observó a Tails. El erizo solo lo miro avergonzado, recordando todo lo que le hizo a su pequeño amigo. Por su parte, el zorro solo miró la habitación, completamente destrozada y con un fuerte olor a sexo en ella.
—Perdóname… —susurró bajo el azul.
—Tranquilo, todo se puede arreglar, aunque no ahora supongo. Ven, vamos a desayunar —y tomo la mano del erizo para sacarlo de ahí.
—¡Pero Tails! Aún sigo en rutina y si te lastimo… —y su frase no siguió, al ver el ceño fruncido del rubio.
—No lo hiciste anoche, no lo harás ahora. Cuando te acepté en mi hogar para que pasaras tus rutinas, sabía perfectamente en lo que me estaba metiendo. No voy a dejarte solo Sonic y si puedo ayudarte lo haré —dijo convencido—. Aunque n-no se como más h-hacerlo —y la vergüenza volvió, haciendo menear sus colas de forma rápida.
Sonic solo lo miro maravillado. Sus ojos no podían apartarse del dulce rostro que rehuía su mirada avergonzado, mientras lo llevaba a la mesa donde el desayuno estaba servido.
«Lo quiero solo para mi. Todo mío» y el azul se dejó hacer. Como en una especie de trance, se dejó guiar por Tails quien lo sentó a la mesa, le acercó una bebida hidratante a sus labios e incluso le dio de comer en la boca de forma tranquila y amorosa al ver que el erizo no se movía. Sonic no podía dejar de mirar fijamente al zorrito, quien lo trataba con delicadeza y paciencia, con cariño en cada movimiento que hacía con el azul. Su excitación había vuelto, su miembro comenzaba a endurecerse dentro de su funda haciendo que comenzara a jadear.
Cuando Tails se levantó a retirar la mesa, el azul lo siguió de cerca. Parecía un cachorro necesitado de su atención y cuando el zorrito por fin se detuvo y comenzó a lavar la loza, el erizo tomó su cintura y se acopló a su cuerpo. El rubio solo emitió un gemido bajo, sintiendo el calor abrazador del cuerpo tras suyo y cuando el erguido y duro miembro comenzó a rozarse contra sus glúteos no pudo evitar pararse de puntitas y rodear el cuerpo de Sonic con sus colas.
El erizo aún en ese extraño trance, seguía extasiado empujándose contra el rubio, sintiendo como su semilla humedecía las suaves nalgas, hipnotizado con el movimiento que hacían con cada fuerte empujón que daba. No podía parar, era la mejor sensación del mundo, algo nunca experimentado y cuando el zorrito empezó a gemir entrecortado al ritmo de sus embistes, fue aún mejor. De forma un tanto ruda apretó fuerte la cintura y el vientre del menor al sentir como el orgasmo llegaba a él unos minutos después, soltando espesos chorros de semen contra las nalgas del rubio, ayudándose con sus manos para dirigir el turgente trasero contra su miembro, humedeciéndolo aún más con su reciente corrida.
El azul volvía a escuchar los sonidos de la casa y sus propios jadeos, ya no solo estaban los gemidos y llamados del rubio, ya no solo existía Tails en su mundo. Al ver su corrida sobre el rubio quien se había apoyado contra el mueble para recuperar el aire, se sorprendió de que hubiera ocurrido, porque él en solitario demoraba horas en poder liberar la presión de su miembro, en poder llegar al orgasmo que lo satisfacía por un corto periodo de tiempo. Satisfecho, suavizó el agarre contra Tails, pero aún sin soltarlo, sin querer apartarse del todo de su pequeño.
—P-perdóname Tails… yo… —y fue interrumpido.
—T-tranquilo Sonic, esta bien, no pasa nada… —le respondió entre jadeos.
El erizo volvió a abrazar el suave cuerpo, refregando su rostro contra el cuello y hombros del menor, tratando de impregnarlo con su olor, aunque muy en el fondo supiera que no daría resultado al ser el zorrito un beta. Qué no daría para que su pequeño fuera un omega y pudiera recibirlo en su interior…
Cuando Tails llevo una mano tras su cabeza para acariciar las púas del azul después de unos minutos de disfrutar las caricias, se apartó. Se miraron sonrojados una vez pudieron verse y las risitas tímidas se hicieron presentes. Sonic se alejó para ir a descansar al sillón luego de que Tails le pidiera que lo dejara lavar la loza y cuando el zorrito minutos después dijo que iría a darse un baño (debido a la pegajosa sensación entre sus glúteos) el azul se levantó raudo a impedírselo, pidiéndole que se quedara así, que eso lo calmaba. Tails con el rostro completamente sonrojado asintió, yendo a su taller para distraerse de la caliente faena vivida.
El erizo por su parte trató de descansar en el sillón, aunque su excitación volvió al recordar la dulce vocecita del rubio quien gemía su nombre. No podía detenerse, necesitaba satisfacer sus instintos porque de lo contrario se volvería loco y la imagen mental del rubio bajo su cuerpo, con una mueca de placer mientras gemía con locura su nombre, fue suficiente para hacerlo correrse de nuevo. Estaba sorprendido, porque no entendía como es que un beta, por más hermoso y dulce que fuera, lograba volverlo loco de esa forma. Era cierto que nunca se dio la oportunidad de buscar una hembra para pasar su temporada de calor, pero tampoco estaba en sus planes traer al mundo a un cachorro, porque los medicamentos como inhibidores y anticonceptivos nunca fueron muy efectivos en él a lo largo de esos años. Y era por esa misma razón que había rechazado a Amy en su tiempo, quien siendo una omega se había ofrecido a ayudarlo en su temporada de calor. No, ni pensarlo, no necesitaba una hembra, no venía al caso.
Él quería a Tails, porque era el único que lograba entender su estilo de vida, lo importante que era su libertad. Pero también pensaba que el zorrito era el único que lograba hacerlo sentir a gusto entre las cuatros paredes que eran el hogar del rubio, en la pequeña villa donde vivían sus amigos, en esos tiempos de paz en donde solo podía correr y disfrutar de las vistas del lugar. Se sentía a gusto con el zorrito, querido y cuidado. Y no quería dejarlo, quería todo eso y más para él. Solo para él. Con ímpetu y una renovada erección se dirigió al taller del zorrito, para encontrarlo trabajando bajo uno de sus inventos, recostado en un carrito que le permitía moverse bajo el equipo.
Y el calor en el erizo subió de forma exponencial al ver las llenas piernas ligeramente abiertas y las colas que tranquilas se mecían de un lado al otro. Sus encías dolían y no precisamente por tener una fuerte mordida, dolían porque sus colmillos cosquilleaban, porque querían enterrarse fuerte contra el suave cuello del menor. Así que de forma rápida llego al zorrito, abriendo sus piernas para arrodillarse entre estas, sacándole un jadeo asustado al rubio.
—¡Sonic! ¡Qué ocurre! —grito espantado cuando el azul acopló sus cuerpos, comenzado a embestir contra él, aunque de una forma dificultosa al moverse el carrito donde estaba recostado Tails.
El erizo gruño, tomando la cintura del zorrito para levantarlo del lugar, haciendo que las rubias piernas se enredaran contra su cintura, llevando sus manos a agarrar las nalgas del menor para comenzar a embestir. Levantándolo, llevo al zorrito a uno de los mesones de trabajo, donde al tener ya una superficie fija lo recostó y comenzó a embestir de forma rápida y dura contra el vientre de Tails, quien gemía desesperado. Sonic no le apartaba la mirada de encima, hipnotizado con el rostro del rubio que se contraía por el placer, oliendo como su propio aroma a limón trataba impregnarse al zorrito. Le encantaba, quería tenerlo siempre así, disfrutando de sus caricias. Así que, complaciendo a su pareja recorrió su cuerpo con sus deseosas manos, apretando su estrecha cintura y el lleno y suave abdomen del menor, masajeando su mullido pecho, acariciando sus mejillas y orejitas. El sonrojado rostro de Tails y los gemidos que emitía calmaban de una extraña forma al azul, porque lo calentaba más pero al mismo tiempo eran un bálsamo para su rutina.
—Mi Tails… —le jadeo en el cuello, cuando lo abrazo fuerte y lo aplastó contra la mesa, llevando su miembro a las nalgas del rubio, donde se acomodó para empezar a embestir de forma más ruda.
—¡S-soniiiic! N-no taaannnnto ¡Ahh! M-más suave… ¡Soniiiic! —y Tails sentía que se desmayaría, porque el calor y el aroma del azul lo llenaban de placenteras sensaciones, sin mencionar las desesperadas embestidas que hacían que su miembro se rozara entre sus vientres. Su único consuelo era aferrarse fuerte a las púas en la nuca del azul, mientras este lo observaba con una fiera mirada.
Cuando el zorrito se retorció bajo él, un peculiar aroma le advirtió a Sonic que este había llegado al orgasmo, al igual que la fuerza ejercida por las piernas del rubio que se cerraron temblorosas contra su cintura. El azul lo siguió poco después, corriéndose entre sus nalgas, apretándolo fuerte sin querer soltarlo aún. Cuando levantó su mirada, vio la suave sonrisita del menor en conjunto con la cristalina mirada celeste y sin poder evitarlo, lo beso en la boca. Suave, corto, dejando un suspiro al separar sus labios.
—P-perdo… —y calló, al sentir nuevamente la boca del rubio contra la suya. El beso continuo suave y relajante, con el zorrito suspirando por las sensaciones.
—No hay nada que perdonar… —respondió una vez se separaron.
El azul lo ayudo a bajar de su mesa de trabajo, sacando risas en el menor al sentir como sus piernas temblaban sin fuerza, pensando que si con ese frotamiento entre sus cuerpos era capaz de dejarlo en ese estado, como sería si se consumaran la unión.
Sonic lo tenía aún entre sus brazos, mirando sonriente como el pequeño zorrito se aferraba a él. Lo volvió a besar en la boca, disfrutando de la caricia y del sonrojo en las mejillas del menor.
—Déjame trabajar un poco más ¿quieres?, después iré a cocinar —consultó el rubio, acariciando las púas en la nuca del erizo, quien hacía ruiditos satisfecho. La única respuesta que obtuvo fue otro beso en sus labios.
El erizo se fue satisfecho nuevamente a su sillón, para tratar de descansar un poco. Un reconfortante sueño lo invadió, haciéndolo dormir y soñar con un lindo omega, un lindo zorrito de dos colas que lo llamaba con su suave voz.
—Cariño, despierta amor… —escuchaba que lo llamaban, con una suave caricia dada en su mejilla.
—Un poquito más cielo… —respondió en su sueño. Una risita se escuchó.
—Sonic, despierta dormilón, ya esta el almuerzo —y el erizo reaccionó.
Sonic se sentía un poco aturdido, porque no había escuchado en ningún momento al zorrito en la habitación, hasta que este se acercó para despertarlo. Olía tan bien el lugar, tan refrescante, tan compatible con él.
El almuerzo pasó tranquilo, con Sonic tocando cuanto podía del zorrito cuando lo tenía a mano, robándole besitos cuando podía, sacando tímidas risitas a Tails quien gustoso se dejaba hacer. Posteriormente pasaron a sentarse en la sala para ver una película debido a que Sonic no dejó ir a Tails a su taller a trabajar, haciendo pucheros y jalando las esponjosas colas para llamar su atención, sacando risas amorosas al rubio.
—¿Estas cómodo Sonic? –preguntó el zorrito, quien estaba tendido en el sillón.
—Mucho Colitas…— respondió de forma lenta el azul, quien se encontraba tendido sobre el cuerpo del rubio, entre sus piernas y con su cabeza apoyada en el mullido pecho de pelaje blanco.
A Tails se le calentó el corazón por solo escuchar a Sonic llamarlo así, porque hacia muchos años que no lo hacía. Acariciar las orejas del erizo se le hacía tan relajante y pareciera que al azul también le gustaba porque poco a poco comenzaba a frotar su rostro contra el pecho del rubio, suspirando y disfrutando de la suavidad del pelaje.
El zorrito reía quedito, contento de ver a Sonic en ese estado tan apacible, disfrutando de las caricias que le entregaba, pero la tranquilidad no duro mucho al comenzar a sentir cierto cosquilleo producido por el erizo. Porque el azul había besado un punto sensible en su pecho y no falto mucho para que la boca en pleno se enganchara de su pezón izquierdo.
—¡S-sonic! –gimió, aferrándose a las púas por la electrizante sensación.
—¿Sí Colitas? –y siguió, como si esa acción no provocara nada en su amigo.
—Ahí s-se siente extraño…
—¿Ah si? Yo lo siento muy suave…
Y las lamidas que dejaba el azul en el sensible pezón estaban provocando estragos en el zorrito, quien comenzó a temblar y removerse inquieto bajo el cuerpo ajeno. Tails comenzó a excitarse, porque ahora Sonic dejaba largos y duros lametones sobre ambos pezones, intercalando entre uno y otro, enganchándose a ellos para succionarlos y saborear lo que, a opinión del erizo, era un dulce malvavisco dentro de su boca.
Para el azul era la gloria, porque su boca se entretenía jugueteando con esas suaves protuberancias y sus mullidos alrededores, sacando más gemidos necesitados por parte del rubio, quien se retorcía bajo el cuerpo del azul. Tails se sentía extraño, porque ese cosquilleo era diferente a cuando el podía pasar a rozar esa zona, era diferente porque la caliente boca del erizo no deja de succionar y de lamer, de humedecer el área con su lengua, de acariciar con sus labios el área sensible y suave alrededor de sus pezones.
—S-sonic, ya no más, por f-favor… —y de verdad trataba de ya no gemir más, porque sentía que con cada gemido emitido, el azul más se empeñaba en tomar su pecho.
—¿Mmm? ¿Por qué Colitas? –le preguntó al separarse, acercándose a su rostro, donde comenzó a dejar besitos sobre las mejillas del rubio.
Y ahora Tails sentía perfectamente la dura erección del azul contra su vientre, rozándose aún dentro de su funda en un suave vaivén, presionándose duro contra él. El erizo emitía suaves jadeos, disfrutando de las sensaciones vividas gracias al tibio cuerpo bajo suyo. Para Tails era todo un espectáculo ver como Sonic se mecía sobre él, como le gruñía en su cuello y como lo llamaba “Colitas” de forma suave.
Era alucinante sentir toda la pasión del erizo, que lo apretaba y acariciaba casi con desesperación, como si fuera a morir si se apartaba de su lado, dándole besos en su cuello que se convirtieron en suaves mordidas y chupetones que le estaban haciendo perder la conciencia. Cuando el vaivén se hizo más desesperado y el agarre se hizo más fuerte, Tails comprendió que el azul estaba a punto de correrse, más cuando mordisqueo su hombro y con un fuerte gruñido se corrió contra su vientre.
—Mi Tails… —susurró el azul, antes de caer dormido sobre el cuerpo del rubio.
El zorrito tuvo que acomodarse de a poco en el sillón, al comprender que el erizo no iba a soltarlo, quien ahora roncaba suavecito contra su cuello, haciéndole cosquillas. Se sentía con el corazón tan lleno de emociones, porque las caricias, los llamados y la necesidad que le demostraba Sonic lo estaban volviendo loco.
«Me encantas… Estoy tan enamorado de ti Sonic, ojalá todo esto fuera real…» pensaba el zorro, mientras dormitaba entre los brazos del azul, viendo de reojo la película que se mostraba en la televisión prendida a lo lejos.
Unas horas después, Tails sintió como Sonic despertaba y se acomodaba contra él, volviendo a la faena de tocarlo y besarlo. Viendo la hora, el zorrito dejó que el erizo desfogara sus pasiones, después de todo aun quedaba tiempo antes de cenar. Tails solo reía ante las cosquillas en su cuello y gemía ante cada caricia dada por Sonic, quien también gozaba de todas las placenteras sensaciones, mientras rozaba su endurecido bulto contra el cuerpo ajeno.
—Sonic, debo preparar la cena… —decía entre suspiros, mientras el azul besaba su cuello.
—Un ratito más Colitas…
—Vamos Sonic, debes alimentarte y beber algo ¿Y si preparo algo ligero? Solo unos sándwiches y ya… —trataba de convencerlo, mientras huía de sus brazos.
No logró abandonar el sillón del todo, porque el erizo había agarrado sus piernas para mantenerlo cerca, comenzando a besarlas y morderlas, sacándole escalofríos a Tails.
—Soniiiic ahí no…
—Sí, sí, aquí –y mordió más arriba, en el glúteo, sacándole más gemidos al rubio.
—V-vamos Sonic, déjame ir… —y Tails disfrutaba por completo de las caricias del erizo, quien se había acomodado en el sillón quedando sentado, ahora hundiendo su rostro entre las colas del rubio, que contentas se bamboleaban sobre la cabeza de este –Soniiiic, un ratito, solo un ratito…
—¿Un ratito nada más? –y seguía lamiendo el lugar, encantando con la calidez de ese punto.
—Si solo un ratito… —y a penas sentirse soltado de las demandante manos del azul, se fue a la cocina.
Tails no pudo trabajar tranquilo, porque el erizo lo siguió y se abrazó a su cuerpo, porque con cada movimiento que hacia el rubio y que los alejaba, jalaba sus colas con ganas y apretaba su cintura, porque cuando el rubio por fin estaba quieto, Sonic se acomodaba contra sus glúteos y besaba con desesperación su cuello.
Las risitas y las miradas coquetas que le dirigía Tails a Sonic estaban haciendo que el erizo perdiera la cordura, porque simplemente le encantaba lo que veía. Porque Tails se estaba volviendo una obsesión y una necesidad, a la cual no quería renunciar.
Cenaron entre risitas y toqueteos, entre besitos cariñosos y agarrones subidos de tono. Con el paso de las horas y mientras el erizo se frotaba con insistencia contra las nalgas del menor y mordisqueaba los mullidos pezones del rubio, este le pidió que fueran a la habitación, a su cama para ser más precisos y el erizo ya completamente en su punto álgido, cargo al zorrito hasta recostarlo en el lugar.
Se acomodó entre sus piernas, donde lo beso largo y tendido, ahora enterrando su lengua contra la boca del rubio, acariciando toda la húmeda cavidad, disfrutando de su sabor y calidez, de los suspiros necesitados del menor. Su boca siguió bajando por el mullido cuerpo, apresando los pezones hinchados por el masaje recibido durante toda la tarde por parte de Sonic, quien había encontrado calmante la acción de succionar ese suave lugar, pero quería más, mucho más del zorrito. De forma rápida giró el cuerpo bajo él, jalando las colas para apartarlas de las nalgas, donde sus dedos comenzaron a masajear entre estas, escuchando los gemidos necesitados del menor.
—Quiero meterme aquí —y presionó con su pulgar el agujero.
—S-soniiiic, no podemos… —gemía el menor, recordando la biología de ambos.
—Colitas, solo una vez —gruño, mientras retiraba sus guantes y los del menor, que era la única indumentaria que aún conservaban —. Un poquito Tails… —y le jadeo en el oído.
El pobre zorro estaba perdiendo la razón, se sentía tan caliente como el cuerpo que volvía a acoplarse contra él. También lo quería, que fuera Sonic quien tomara su primera vez, que lo llenara de esa caliente y espesa esencia.
—Solo un poquito Sonic — y sus colas se menearon en expectación.
No pasó ni un segundo cuando el zorro gimió fuerte y necesitado, al sentir como algo viscoso se paseaba por sus nalgas. No podía ser el miembro de Sonic, porque no se sentía la dureza, tampoco sus dedos porque era algo muy suave lo que se presionaba, así que solo quedaba una opción.
—¡S-sonic! No tu lengua, es sucio… —protestaba entre gemidos, sin evitar disfrutar de la humedad de esa lengua que poco a poco ingresaba en su interior.
—No… —gruño— es exquisito aquí, tan dulce… —y siguió, lamiendo y recorriendo el lugar con su lengua, tratando de aflojarlo.
Los dedos del azul le hicieron compañía a su lengua, empezando a empujar con algo de dificultad. El zorrito comenzaba a sentir ciertas molestias, pero eran calmadas por todas las caricias que le brindaba el azul con su otra mano, quien frotaba el miembro del rubio y jalaba sus colas. Sonic empezaba a desesperarse porque quería enterrarse rápido en ese lugar, quería marcar a Tails. Su instinto lo estaba dominando y su rutina estaba en ese punto donde ya no era consiente de sí mismo, solo de la necesidad de embestir y marcar.
El pobre zorro jadeo de dolor, cuando sintió algo húmedo y duro presionarse contra su agujero. El cuerpo de Sonic paso a cubrirlo por completo, acomodando las piernas de ambos para tener una mejor posición que le permitiera embestir sin contratiempos. Y lo hizo, comenzó el vaivén que poco a poco hacía que su miembro entrara en ese apretado lugar, sacándole gruñidos cargados de pasión y necesidad. Desde ese punto solo fue desenfreno para el erizo, porque no existía mejor sensación que esa que estaba viviendo. Sus empujes se hicieron más duros y fuertes, sacando gemidos del pequeño, quien abrazó su almohada para evitar que su llanto se escuchara.
Ser tomado por un alfa no fue tan doloroso como imagino, ya que pensó que, al ser el miembro del azul tan grande para su interior que no estaba diseñado para aflojarse como una hembra o un omega, sería algo que le causaría mucho daño. A pesar de la molestia aguanto la penetración, porque era Sonic, su amado, él que había preferido pasar sus rutinas en la seguridad de su hogar antes que aceptar a cualquier muchacha para desfogar sus pasiones.
Cuando el erizo llevo su boca al cuello del menor y comenzó a lamer y besar, el zorrito se sintió extraño. Un electrizante cosquilleo lo recorrió desde el húmedo lugar donde se unía su cuerpo y el del azul, hasta sus orejas que se levantaron expectantes. Se tensó como cuerda de violín al sentir una mordida, que hizo que su interior se apretara aún más haciendo que en ese momento, Sonic mordiera fuerte, enterrando sus colmillos mientras se corría en el interior del zorro. Para Tails fue extraña la sensación, para Sonic, fue tocar el paraíso.
—Mío, tan mío Tails… Voy a quedarme aquí para siempre… —le dijo al oído, haciendo temblar al rubio.
Tails sentía una mezcla turbulenta en su interior, entre el dolor que provocaban las arremetidas y el placer vivido por las palabras del erizo. Sentía esa necesidad en el azul de hacerlo suyo, de marcarlo y al mismo tiempo sentía el alivio en el corazón del erizo, la calidez en él. Un gemido agudo escapo de la boca de Tails al sentir su orgasmo y los temblores en su cuerpo se hicieron presentes al sentir como algo caliente y viscoso era depositado en su interior.
—S-Sonic…n-no adentro… —suplicó, sintiéndose completamente extraño. Ante sus palabras, el agarre se hizo más estrecho.
—Muy adentro Colitas… —respondió de forma ronca el azul.
Solo por escuchar a Sonic, Tails pensaba que había tenido otro orgasmo. Porque se le hacía tan caliente y posesiva su voz, y el apretado abrazo que mantenían lo hacía sentirse seguro y cálido. Después de unos minutos el erizo abandonó lentamente su interior, sacándole placenteros escalofríos al rubio quien se dejó hacer mientras el erizo lo envolvía en un posesivo abrazo.
—Mi Tails… —susurró Sonic contra su boca, antes de besarlo.
Los ahora tranquilos besos los llevaron a una placida duermevela, con Sonic encajando su rostro contra el pequeño cuello, roncando quedito y sacándole risitas a Tails por las cosquillas.
Unas horas más tarde y con la luna alumbrando a través de las cortinas, Sonic despertó aturdido, aferrado a un pequeño cuerpo contra él. Su nariz se refregó suave contra la nuca del menor, sintiendo cosquillas por el corto pelaje del lugar. Le encantaba, así de simple. Ese era su lugar favorito, en ese cálido punto de Tails.
Y sus instintos lo llevaron a buscar más del zorro, quien durmiendo plácidamente no tenía conciencia de lo que pasaba. Así que el erizo se acomodó contra las nalgas del menor y comenzó la penetración, lenta y a conciencia, disfrutando de la estreches del interior del rubio, quien soltaba jadeos suavecitos con cada empuje. Los brazos del azul estrecharon fuerte el cuerpo ajeno, haciendo que el zorrito despertara por las incesantes arremetidas.
—So-Sonic… Sonic… más a-amor… —Y los gemidos fueron música para los oídos del erizo, quien emocionado por la afirmativa respuesta, incrementó la velocidad de sus penetraciones.
Los gruñidos de Sonic se hicieron más bajos y guturales, procediendo a morder el cuello de Tails en varias ocasiones, tratando de que su esencia se impregnara en ese lugar para poder marcar a su pareja. Sus instintos se volvieron más salvajes al darse cuenta de que eso no pasaría, porque su Tails no tenía una glándula de marcaje, no era un omega…
Y a pesar del dolor que estaba viviendo el pobre zorro, el placer era más fuerte gracias a los candentes movimientos que hacía Sonic contra él. Después de unos cuantos minutos y de un agudo gemido, el zorrito se corrió contra las sábanas mientras el erizo lo hacía nuevamente dentro de él, llenándolo. El abrazo se estrechó y la respiración del azul comenzó a hacerse pesada, indicando que poco a poco comenzaba a dormirse. Para Tails, quien recuperaba lentamente su respiración debido al intenso ejercicio, lo incomodó un poco ya que Sonic al parecer no tenía intenciones de abandonar su interior.
—S-Sonic, no te duermas, s-sácalo… es extraño… —y los gemiditos se escuchaban suave y los estremecimientos volvieron al sentir cuando Sonic llevó una de sus manos contra su vientre y bajando por su entrepierna, acunó ese cálido lugar contra su palma.
—No… —y la respuesta era tajante, posesiva.
—Nnngghhh Soniiiic, no así… —y las Colitas comenzaron a acariciar todo lo que tenía cerca del cuerpo del azul, quien a regañadientes salió del interior del rubio, sacándole un ahogado gemido.
—¿Así mejor mi Tails?...
—Sí mi amor… —Y con esas palabras se durmieron los dos, reconfortados por la calidez de ambos.
El crepúsculo estaba llegando cuando Sonic volvió a abrir sus ojos, aunque un poco aletargado, estaba consciente del suave cuerpo entre sus brazos, ahora acurrucado bajo su mentón, con una de sus piernas sobre la estrecha cadera del azul, cubriéndolo también con sus afelpadas colas. El erizo olfateó suave sobre el flequillo de Tails y aunque no fue capaz de detectar nada diferente, el aroma del que presumía era su champú lo hizo suspirar, suave y fresca menta le hacían despertar sus sentidos y claramente no desaprovecharía esa ocasión.
Con cuidado se acomodó más contra el rubio, bajando sus caderas para acomodar su miembro contra el trasero de Tails, quedando perfectamente alineado con su rostro también, a fin de poder despertarlo a besos. Y lo hizo de forma amorosa y apacible, comenzó a besar sus parpados y mejillas, mientras lo llamaba.
—Colitas, despierta omega… —susurraba ronco contra los labios del zorrito— Despierta tesoro… —y lentamente el rubio comenzó a corresponder los besos.
—¿Qué ocurre amor? —preguntó aún dormido, dejando suaves toponcitos sobre los labios del mayor.
Y un gemidito escapó de los labios del rubio, al sentir como Sonic lentamente se introducía en él. Esa posición era extraña para el rubio, acostumbrado ya a que el azul estuviera siempre a sus espaldas. Ahora, frente a frente, con sus miradas analizándose, le causaban muchas sensaciones placenteras.
«Esta tan guapo… ¿Por qué es tan guapo?» y sus erizadas colas, de la puro emoción de ver a Sonic mirándole con esa depredadora mirada, levantaron las colchas de la cama a fin de moverse sin restricciones.
Tal parecía que eso había encendido aún más al mayor, quien las miraba hipnotizado mientras se movían a cada embestida que le propiciaba al pequeño cuerpo. Los gemidos no se hicieron esperar en Tails, quien disfrutaba entre los brazos del azul cada beso, cada apretón a su cuerpo, cada empuje en su interior. Cuando Sonic comenzó a desesperarse con la posición al no poder introducirse más profundo contra Tails, sin dejar ese cálido interior, lo recostó por completo sobre la cama a fin de posicionarse sobre él y seguir embistiendo. Ahora Tails sentía que todo era más profundo y desgarrador, porque el miembro de Sonic se sentía más grande y ajustado en su interior.
El aire les faltaba a ambos, perdidos en el placer que estaban viviendo, perdidos en sus miradas que no querían apartarse la una de la otra. El beso que les siguió fue arrasador para sus sentidos, más intenso y duradero, más cariñoso y anhelante que cualquier otro, y mientras ese beso sucedía, el erizo se corrió nuevamente dentro del zorro, pero había algo distinto.
Más grande, más profundo, más compenetrarte. Porque el zorrito tuve que apartarse del beso para gemir agudo y alto al sentir como la base del miembro del azul se hinchaba, asustándole por las sensaciones, sacándole el aire ante el apretado abrazo con el que lo aferro Sonic, con la profunda mordida con que lo marco.
—S-Sonic… —gimió sin voz el rubio— S-sácalo… por favor… —y no pudo seguir, porque el mayor le gruño, causándole cosquillas en su cuello al mantener este aún su mordida en ese lugar.
El rubio tuvo que aguantar en esa posición, con Sonic sobre él apretándolo fuerte, con sus piernas aún en el aire sobre las del erizo que se acomodó contra él a fin de no tirar del punto de unión, de su nudo que tal parecía no cedería pronto en su hinchazón. Cuando los dientes del azul liberaron por fin ese cuello, Tails pudo respirar tranquilo, por fin libre del asfixiante abrazo aunque no del miembro que se mantenía dentro de él.
—Mi omega… —decía Sonic como en un trance mientras besaba los labios del rubio.
Tails aún se sentía un poco asustado por todas esas electrizantes sensaciones que le causo el mayor, quien de a poco dejaba de apretarlo ya más relajado del intenso ejercicio. Sin poder evitarlo el zorrito llevo sus manos a las mejillas del azul, tratando de infundirle calma con las suaves caricias dadas, dejando besitos suaves y amorosos sobre los labios. Unos cuantos minutos después y debido a los pinchazos que sentía el azul en sus muslos por la posición que mantenía, este giró sobre la cama llevándose a Tails con él, dejándolo sobre su cuerpo. El rubio volvió a gemir ya que los movimientos habían hecho que todo su interior se contrajera, sintiendo como los fluidos dejados por Sonic en su interior se arremolinaban contra su entrada tratando de salir. Las colas del rubio se levantaron bamboleantes sobre su cabeza, hipnotizando con su movimiento al azul, quien contento se dedicaba a recorrer los muslos y glúteos del rubio con sus dedos, sacándole suspiros con esto al menor. Casi veinte minutos después, el zorrito sintió por fin el alivio de sentirse liberado del agarre del mayor, tanto por el abrazo como por el miembro que poco a poco perdía dureza en su interior. El obsceno sonido que hizo el falo del mayor al abandonar el interior del rubio le saco un avergonzado gimoteo a este, quien se acurruco por fin de forma cómoda contra el pecho del azul.
—¿Ya estas más calmado Sonic? –preguntó quedito, acariciando el mentón del azul con suaves besitos.
—Si Colitas… — y como una rutina, los besos se reanudaron y los llevaron a dormirse plácidamente.
La mañana sorprendió a Sonic con agradables sensaciones en su cuerpo. Era extraño porque sentía mucha paz y calidez en ese momento que, hasta ahora, solo le había provocado soledad y frustración por pasar su rutina en solitario. Quería quedarse ahí para siempre, con el suave y pequeño cuerpo de su compañero junto al suyo. Y ahí fue cuando reaccionó.
«Me apareé con Tails… lo hice mi hembra» pensó asustándose. De forma rápida pero cuidadosa, abandonó el cálido lugar junto al zorrito, observándole dormir de forma placida.
El rubio al estar tan cansado solo siguió durmiendo. Sus suspiros iban y venían, dándole un agradable calorcito al azul quien recorría su cuerpo con su mirada. Cuando sus ojos se posaron sobre los glúteos del menor, se espantó. Sangre, por todas partes y manchando las sábanas. Con miedo llevo su mano a tantear el lugar, separando los glúteos para encontrar que entre estos no había heridas visibles y que la sangre ya se encontraba seca. Debió ocurrir por el ímpetu con el que embistió en ese apretado lugar, que no fue capaz de recibir toda la hombría del alfa. Su respiración se calmó, hasta que recordó haber mordido a Tails.
Su vista fue al rubio cuello, donde en este y sus hombros había marcas de mordedura. No solo había sido una, eran muchas desperdigadas por el lugar, seguramente dejadas porque su esencia no era capaz de acoplarse con el zorro para marcarlo como suyo.
«Pobre Tails…» pensó acongojado. Había lastimado gravemente a su amigo por no poder controlar sus instintos.
—Sonic… —escuchó que susurraba el rubio— Ven aquí Sonic… —y a tientas, la mano del erizo fue tomada por la del rubio, quien la llevo a su cintura para que volviera a rodearlo con su brazo.
Sonic se sentía triste y enojado consigo mismo por todo lo que hizo pasar a su pequeño zorro, pero al mismo tiempo sentía una dicha tremenda por tener entre sus brazos al rubio, lo que lo hacían sentir más enojado consigo mismo.
—Tranquilo Sonic, no pasa nada —y las colitas del rubio subieron para acomodarse sobre el cuerpo del erizo, quien se aferró al rubio para disfrutar del calor que emitía—. Todo está bien, vuelve a dormir…
—D-debo ir por medicamentos… —le susurró, ocultando su rostro en el cuello del menor donde un agradable aroma estaba presente— Te traeré el desayuno también, solo descansa.
—Pero tu rutina Sonic…
—Ya pasó Colitas, el punto álgido fue ayer y… —el erizo no pudo evitar sonrojarse, recordando todo lo vivido anoche— Ya pasó, tranquilo.
—Eso es bueno Sonic… —volvió a susurrar, aun cansado y volviendo a dormir.
Sonic se quedó abrazando a su amigo un rato más, disfrutando de la suavidad, del calor, de la respiración de Tails. Cuando se sintió preparado para abandonar ese reconfortante lugar, se levantó a tomar una ducha, dispuesto a salir a buscar lo necesario para atender a su zorrito. Cuando los rayos del sol acariciaron su cuerpo y la brisa movió sus púas, Sonic se sintió como un hombre totalmente diferente y renovado. Dichoso, si pudiera decirse. Así que rápidamente fue a la pequeña farmacia a comprar una pomada cicatrizante y unas pastillas para el dolor muscular (haciendo que la dependiente lo mirara de forma pícara) y a la panadería para pedir todos los dulces que sabía que le encantaban a Tails.
Mientras Sonic recorría el pueblo, el zorrito comenzaba a reaccionar. Su cuerpo dolía de una placentera forma, su estómago también y ni hablar de su cuello que le causaba picazón. Él recordaba a la perfección lo que ocurrió anoche, las embestidas, los mordiscos, los jadeos del azul. Y había valido la pena porque se sentía completamente dichoso de todo lo vivido con su héroe.
De forma pausada pudo ponerse de pie, observando las sábanas manchadas de sangre. Soltó un suspiro, muy consiente de que eso podía pasar, así que tomo la ropa de cama y se fue al baño, tirando esta en un canasto y entrando él (lentamente) a la ducha para asearse. Unos minutos después se escuchó un grito.
—¡Tails! ¡Tails dónde estás! —se escuchó en la habitación.
—Aquí Sonic —respondió mientras salía del baño secándose con una toalla.
Sonic lo miró un segundo antes de ir a tomarlo entre sus brazos y levantarlo del suelo.
—¿Estás bien? ¡Pudiste haberte lastimado! —le recrimino cuando lo llevo a la cama, donde lo sentó con suavidad. El zorrito solo rio suave.
—Tranquilo Sonic, no me paso nada —y acaricio las púas del azul, que quedaron a su alcance al arrodillarse este frente de él.
—Te traje unas pastillas y una crema… Esta mañana vi que… —y no pudo continuar, haciendo una mueca al recordar lo lastimado que esta Tails.
—Gracias Sonic —y tomo el mentón del azul, para poder mirarlo fijamente y sonreírle.
Sonic se sentía extraño. Llevaba tanto tiempo junto al zorro, viéndolo sonreír, disfrutando de su compañía y atención, de su cariño ¿Cómo no lo vio antes? lo mucho que amaba estar ahí junto a él. De forma sutil se acercó al menor, sentándose a su lado, juntando sus rostros para besarlo en los labios. De forma suave y calmada, disfrutando de saborear esos labios y los suspiros que dejaba escapar Tails. Al separarse, lo miro.
—Te… —sus palabras titubearon— Te agradezco mucho que me ayudaras Colitas… —confesó el azul, acariciando las mullidas mejillas, viendo como el zorrito se sonrojaba más y más. Estuvo a punto de confesarse, pero había algo que lo detenía, un pequeño mal pensamiento rondando en su mente.
«Tails es un beta y los betas no están destinados a los alfas…» se dijo, mientras abrazaba con cuidado el cálido cuerpo del pequeño, para ocultar la mueca de tristeza que tenía.
—No hay nada que agradecer. Me alegra que esta rutina no haya sido tan mala —y rio—. Al menos no saliste enojado de la casa como las otras veces jajaja.
Sonic recordaba lo mal que lo dejaba de animo su rutina. Con sentimientos de enojo y desazón, como si le faltara algo o alguien. Posterior a unos días, su ánimo mejoraba y todo volvía a la normalidad. Pero ahora se sentía tan lleno y contento, feliz de tener entre sus brazos a Tails.
—Te cuidaré Colitas. Iré a preparar té ¿sí? Y traeré a la cama el desayuno. Déjame poner sábanas limpias para que vuelvas a recostarte.
El pequeño zorro estaba encantado con las atenciones del azul, quien de forma rápido y sin si quiera que el zorrito lo sintiera, alistó la cama y lo recostó en ella, acomodándolo entre todos los almohadones que encontró por la casa (incluidos los pocos que pudo salvar de la habitación de invitados). Cuando el erizo llegó con una bandeja con desayuno para los dos y se acomodó a su lado rodeando su cuerpo con sus brazos, todo el pelaje del rubio se erizo ante la agradable sensación. De ese modo, ambos conversaron de todo y nada, mientras tomaban el desayuno.
Una semana más pasó antes de que Sonic volviera a su hogar, pero solo porque sentía que estaba abusando de la hospitalidad y cariño de Tails, quien después de reparar la habitación de invitados unos días después al encontrarse ya completamente recuperado, lo invitó a quedarse si gustaba. Sonic terminó por irse cuando las mordidas en el cuello y hombros del zorrito comenzaron a cicatrizar, lo que de alguna extraña manera lo desanimo.
Los días que siguieron fueron completamente normales, sin acercamientos íntimos ni cariñosos entre los amigos. Fue su secreto, el que ambos se hayan apareado. Y mientras Tails recordaba con cariño el suceso (porque el dolor físico solo duro unos cuantos días, pero el sentimiento de amor creció con el tiempo), Sonic cada vez se cuestionaba más lo que había pasado, sintiendo que no podía apartarse mucho de la villa, haciendo que sus continuos viajes cesaran y que no quisiera dejar la cercanía que había ganado con el zorrito.
No era normal para el azul el que se sintiera tan bien y que quisiera más del rubio. El que haya marcado a Tails y el que su instinto lo llevara siempre a querer tenerlo cerca. Pudo controlarse claramente, sino el pobre de su amigo no habría abandonado nunca su hogar, porque así de posesivos eran sus pensamientos con su pequeño, porque quería tenerlo siempre a su lado, solo para él. Y no sabía a quien recurrir, porque no podía preguntarle a ninguno de sus amigos más cercanos porque muy probablemente sacarían la conclusión de que se había acostado con el zorro.
Debía ir más lejos. Al norte, con Tangle y Whisper. Eran la mejor opción después de todo.
A mediados de marzo Sonic les avisó de su viaje a sus amigos. Bastante escueto, les comentó que quería consultar algo con sus amigas, cosa que a nadie le extraño ya que cuando el azul se presentó como alfa quien lo instruyó en ese mundo fue precisamente la lémur (ya que los conocimientos del equidna, el alfa mayor del grupo, eran bastante arcaicos para ese tiempo). Tails, un poco decepcionado al escuchar que Sonic se iría, solo pudo desearle buena suerte en su viaje, ya que ni si quiera tuvo el valor de pedirle que lo llevara con él.
