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Ese Antojo en Particular
El día no había sido particularmente difícil, pero aun así las ansias por levantarse de su escritorio y salir de la oficina aumentaron con cada hora que pasaba.
La necesidad de regresar a casa era más prominente cada día y todo indicaba que no se reduciría en el futuro cercano, por el contrario, iría en aumento.
Lo peor de la situación es que ella misma no sabe si después del nacimiento de su primogénito las cosas regresarán a como estaban antes o ese deseo de no abandonar su hogar se vería aumentado por el doble.
Sacudiendo su cabeza dejó ir esos pensamientos y procuró retomar interés en los informes que se encontraban sobre su escritorio. Era después de todo el deber del Sheriff el velar por el correcto archivo de toda la información resultante de las investigaciones.
Caitlyn Kiramman no permitiría que, por un dato omitido en la burocracia, algún delincuente no fuera presentado ante la justicia. Aunque en estos momentos todos sus deseos sean estar en casa con su esposa.
Cait no entiende cómo su esposa fue capaz de convencerla para continuar trabajando. Usando su sentido del deber y justicia en su propia contra, así fue como Vi Kiramman logró hacerlo.
Alzando la mirada de las hojas sobre la mesa y dirigiendo su azul cerúleo iris hasta el reloj en la pared Cait sonrió para sí misma. Ya era momento de regresar a su hogar.
Se tomó unos minutos para organizar todo de tal manera que mañana sería más sencillo continuar en donde había pausado y tras un último vistazo a su trabajo cerró la puerta de la oficina tras de sí.
Al caminar por el área común donde los demás Enforcers se encontraban, varios la despidieron con un leve gesto de la mano y otros con una inclinación de la cabeza.
Nadie se preguntaba por qué la sheriff se marchaba temprano del trabajo, bueno temprano en los estándares de Caitlyn Kiramman, a quien no hace más que unos seis meses le podrías ver en su silla a altas horas de la noche, con torres de documentos en su escritorio y una taza de café en su mano.
Eso estaba en el pasado y ahora Cait regresaba todos los días al atardecer.
Al salir del edificio la brisa de una noche de verano le acarició el rostro, era el inicio de lo que sería una linda noche veraniega, el cielo cubierto de estrellas que se perdían en el firmamento.
Con una sonrisa en sus labios y un pequeño salto en su andar, la sheriff de Piltover se dirigió hacia los brazos de aquella a quien sus propios brazos añoraban envolver.
Desde el tercer mes habían comenzado, al inicio no eran tan difíciles de ignorar, pero una vez llegado el cuarto mes fue casi imposible continuar haciendo caso omiso.
Violet hacía todo lo posible por ignorarlo pero con el entrenamiento restringido por recomendación de su obstetra, sus opciones eran limitadas. Concentrarse en otras tareas le resultaba cada vez más difícil, lo único que su mente podía pensar era en lo que fuese que le estuviera solicitando su estómago ese día.
Después de todo Violet no sabía cómo llegar simplemente y pedir el platillo más extraño que ningún habitante de Piltover alguna vez haya escuchado.
El esfuerzo por mantener sus antojos en secreto se vino abajo el día que Caitlyn la atrapó observando a través de la ventana del pequeño restaurante de cocina Zauni.
Caminaban tomadas de la mano, era el día libre de Cait y puesto que la Sheriff había decidido usar sus influencias, Vi no tendría que trabajar de nuevo hasta quien sabe cuando. Ambas estaban más que disponibles para una caminata relajada al atardecer.
Cait le había hecho alguna pregunta, pero Vi no podría recordar qué fue ni aunque su vida dependiera de ello. Su mente se había desconectado del mundo en el momento en que un comensal del pequeño lugar había abierto la puerta dejando escapar así el aroma de la comida que ahí se preparaba.
Sus iris del color de la plata se fijaron en los distintos platos que se posaban sobre las mesas.
Le tomó a Cait un par de toques a su hombro para hacerla regresar.
Cabe destacar que esa noche cenaron en ese lugar. El paladar de Vi estaba en el paraíso.
Al regresar a casa y como consecuencia de su emoción y la satisfacción en su estómago a Vi se le escapó comentar que llevaba meses con el antojo de alguno de esos platillos.
La indignación en la mirada de Cait no se hizo esperar, sumado al recordatorio que ella estaba ahí para satisfacer cualquier deseo que Vi tuviera, así sea un platillo Zauni a la media noche.
Tras ese evento, las visitas a ese lugar se hicieron más constantes, sumado a viajes hasta Zaun para equipar las alacenas de la casa con ingredientes frescos y auténticos.
Así fue como un anochecer de verano Cait regresó a casa después de un día de trabajo tranquilo y no encontró a su esposa en el sofá donde normalmente reposaba a la espera de su retorno.
No, en esa tarde Vi se encontraba en la cocina, sobre la encimera se veían los resultados de su labor. Con cuchillo en mano, lo que parecían trozos de algún tipo de pescado sobre la tabla de picar y una gran sonrisa en sus labios, Vi le dió la bienvenida a su hogar.
Cait simplemente apoyó un hombro en el marco de la entrada a la cocina y le regresó la sonrisa.
Más tarde esa noche, ya ambas con el estómago satisfecho y en la comodidad de su cama Vi le explicaría que hoy había tenido antojo de Jerico’s pero no las energías de bajar hasta Zaun, así que ya que tenían los ingredientes necesarios en casa, decidió prepararlo ella misma.
Para Cait la versión de su esposa era superior, pero eso es algo que ella había hecho prometer a Vi que nunca le diría al hombre pez.
Después de algunas risas a expensas de Cait, Vi le confesó que había utilizado algunas especias de uso común en Piltover para hacer que el plato fuera más agradable para Cait.
En ese momento Cait no entendía cómo era posible que el amor por Vi creciera, pero eso es un misterio que no gastaría tiempo en resolver, no. Esto era algo que disfrutaría en su totalidad. Después de todo, en solo cuestión de tres meses todo ese amor se duplicará dentro de su mismo corazón y ahora serán dos personas la fuente de su felicidad.
