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La brisa templada de la primavera revolvía suavemente el cabello de Johnny mientras esperaba junto a la familia Kim y los miembros de 127. La ceremonia de finalización del servicio militar se sentía irreal luego de tanto tiempo. Habían pasado dieciocho meses, y aún así Johnny podía recordar con nitidez la noche anterior al enlistamiento de Doyoung.
Johnny fue quien le rapó el cabello, con manos temblorosas junto con los miembros presentes que filmaban el momento en sus celulares para el recuerdo. Cuando terminaron, Johnny pasó sus dedos por el nuevo corte de cabello con una sonrisa algo torcida y un nudo en la garganta.
-Estás aún más guapo así -dijo, tratando de sonar tranquilo.
Doyoung solo lo miró a través del espejo, bajando la mirada por un instante, luego se giró hacia él y se acercó lo suficiente para terminar depositando un pequeño beso en su mejilla con suavidad. -Gracias, Johnny.
Esa misma noche compartieron una cena todos juntos, como tantas otras veces en los ultimos años. Las risas fluyeron, aliviando la nostalgia que a ratos asomaba. Taeyong y Jaehyun ofrecieron consejos con un poco de humor sobre la vida militar, mientras Mark y Haechan levantaron sus vasos en un brindis que mezclaba carcajadas con lágrimas. Una última cerveza entre hermanos, honrando esas salidas espontáneas que los unieron más allá del escenario.
Doyoung, que solía ser meticuloso, hablador y algo erratico cuando estaba ansioso, esa noche parecía bastante callado y tranquilo. Se metió en los brazos de Johnny apenas cruzaron la puerta de su departamento, y no se despegó de ellos ni un solo momento. El lenguaje de sus cuerpos bastaba para decir todo lo que ambos sentían, había un poco de temor y tristeza por el futuro al que tendrían que adaptarse como pareja, pero sobre todo, amor. Porque Johnny siempre estaba dispuesto a acompañar a Doyoung en todo.
La despedida a la mañana siguiente fue de lo más difícil que Johnny había vivido a lo largo de su relación. Se ocultó tras una gorra y mascarilla, pero ni siquiera eso logró ocultar las lágrimas rebeldes que se escaparon de sus ojos. No podía dejar de mirar a Doyoung, quería besarle los labios, y llevárselo de regreso a casa aunque sabía que no podría hacer nada. Él solo pudo estrecharlo con fuerza entre sus brazos, apretando los parpados.
Doyoung le susurró con amor antes de irse -Te amo, no lo olvides.
-Voy a estar aquí, esperándote.
Y así lo hizo.
En todo ese tiempo, Johnny aprendió a convivir con los silencios que se hacían sentir sin la compañia del otro. Lo extrañaba en los momentos más simples, como cuando preparaba café en la mañans, al volver a casa y no ver su bolso en el recibidor o al mirar su cepillo de dientes inmóvil por semanas y semanas. Extrañaba las respuestas rápidas e ingeniosas de Doyoung que solían brotar ante sus provocaciones juguetonas o los pequeños berrinches que solo hacía delante de él para obtener lo que quería. Doyoung era astuto y sabía que lo tenía entre los hilos de sus dedos, y es por eso que se aprovechaba y, Johnny lo dejaba solo por darle el gusto.
Se había volcado de lleno en nuevos proyectos, no solo por pasión sino por necesidad. Protagonizó un drama policial que captó la atención de un nuevo público que no lo conocía y que llegó a tener buenas críticas en su debut como actor, continuó con sus actividades como dj que lo llevó por Tokyo, Bangkok y otras nuevas ciudades en varias ocasiones, mientras a la par trabajaba en las grabaciones para nuevo contenido de 127. Todo iba muy bien pero cada logro sabía un poco agridulce sin poder contárselo en persona a Doyoung.
Aprovechaban cada videollamada corta pese a la conexión inestable. Doyoung solía hablarle desde su litera, con voz baja para no despertar a sus compañeros de cuartel. Cuando se le otorgaba unos días de permiso, Doyoung repartía el escaso tiempo libre como podía entre visitar a su familia y él. Johnny siempre acababa deseando no tener que despedirse de nuevo tan pronto, porque el tiempo nunca le era suficiente. En esas breves horas, el mundo parecía volver a su eje. Dormían abrazados, comían como si el tiempo se les escapara entre los dedos y hablaban de todo y de nada.
Johnny se encargaba del departamento de Doyoung, las cuentas, el orden, y sobre todo que sus plantas favoritas no murieran y se mantuviera fuertes y vibrantes. Vivían a pocas calles de distancia, aunque resultaba casi irónico, porque en realidad siempre estaban juntos. No importaba de quién fuera el departamento, sus días terminaban y comenzaban de la misma forma, uno al lado del otro, así que meses antes del enlistamiento, habían decidido comprometerse. No fue una gran propuesta. De hecho fue en la cama, una noche cualquiera después de ver una película de comedia romántica no muy buena. Johnny tomó su mano y deslizó el anillo con una sonrisa tranquila. -"Cásate conmigo" -había dicho. Y Doyoung, aceptó. Con la condición de que lo hicieran luego de su baja, que finalmente, había llegado luego de casi dos años.
La ceremonia de finalización del servicio militar había sido emotiva y algo extensa. Johnny permaneció de pie, con las manos sudadas y el corazón latiendo como si fuera a salirse de su pecho. Sostenía un gran ramo de rosas elegante con una tarjeta de parte del grupo, aunque todos sabían que era exclusivamente un presente de Johnny camuflado. Cuando Doyoung apareció con su uniforme entre la multitud de soldados, Johnny sintió que se quedaba sin aliento, tragando saliva. Parecía algo diferente, tal vez un poco más músculoso y serio pero seguía siendo él, su Doyoung. Era innegable que había regresado más hermoso que nunca. Johnny estaba más que orgulloso de su esfuerzo pero sobre todo, muy enamorado de él y ansiaba poder decírselo.
Doyoung saludó primero a su padre y a su hermano que estaban adelante esperandolo. Su madre lo recibió con lágrimas en los ojos, y luego se dirigió hacia Yuta, Jaehyun y Taeyong… uno por uno, los miembros lo rodearon hasta que sus ojos se cruzaron finalmente con los de Johnny. Algo en su expresión cambió instantaneamente tras mirarse, iluminando su rostro brillante, y oscureciendo sus ojos. Sus pupilas se dilataron ante la emoción contenida.
Se acercó con pasos apresurados y Johnny, aún con el autocontrol que la situación requería, no pudo evitar abrir los brazos apenas y saludarlo un poco torpe.
-Johnny... -susurró Doyoung, antes de que sus cuerpos se chocaran en un abrazo que no dejaba espacio entre ellos. Johnny le rodeó la cintura y la espalda con fuerza, respirando su olor como si fuera oxígeno puro, percibiendo el aroma fresco a su gel de ducha y su inconfundible perfume dulce.
El contacto fue breve, pero genuinamente intenso. Doyoung escondió la cabeza en su cuello por un segundo eterno, suficiente para decirle -te extrañé- sin pronunciarlo. Johnny tuvo que cerrar los ojos para no quebrarse. Entre palmaditas en el hombro y las risas para las cámaras presentes, cuando se separaron, sus miradas se quedaron prendidas la una de la otra. Fue entonces cuando Doyoung, con un gesto casi imperceptible, rozó sus nudillos contra los de Johnny al sostener el ramo. -Me encantan... -Un roce tímido pero cargado de años de complicidad. Doyoung le sonrió de una manera que solo Johnny conocía muy bien.
Lo recibieron con almuerzo de bienvenida, Johnny se mostró sereno y atento, escuchando las anécdotas del servicio que Doyoung contaba entre carcajadas, aunque su mirada se escapaba constantemente a los labios que tanto había extrañado. Entre risas y algunas fotos grupales que tomaron llegó la hora de despedirse con la promesa de verse pronto.
Sería Johnny quien llevaría a Doyoung finalmente a casa, por fin.
Caminaron juntos hacia el estacionamiento. El mayor cargaba la pesada mochila de Doyoung al hombro. Cuando llegaron al auto, le abrió la puerta del copiloto y lo dejó acomodarse antes de dejar el bolso en el asiento trasero. Luego subió y cerró la puerta. El silencio se instaló por un segundo al mirarse y sin pensarlo, Doyoung se inclinó y le robó un beso rápido como si fueran adolescentes otra vez. Apenas fue un roce en los labios, fugaz pero certero, con una sonrisa audaz y picara expresada en los ojos. Johnny giró el rostro hacia él, sorprendido y encantado a la vez. Mirado a su alrededor de que estuvieran aún solos y le devolvió el beso sin pensarlo dos veces.
-Te extrañé -le dijo Doyoung, bajito, con los labios aún rozando los suyos sosteniendo su mandibula y besandose de nuevo.
El atardecer teñía la ciudad de tonos rosados y dorados mientras el auto avanzaba con suavidad por las calles tranquilas. Johnny conducia sin apuro, con una mano en el volante y la otra entrelazada a los dedos de Doyoung, descansando sobre su pierna. Una canción pop animada llenaba el interior de el auto, y entre risas desafinaban juntos, subiendo el volumen justo en los estribillos. Cada vez que el semáforo se ponía en rojo, Johnny aprovechaba para improvisar mivimientos de baile ridículos, lo que hacía que Doyoung se tapara la cara, riendo sin poder contenerse. Eran genuinamente felices cuando estaban juntos.
Al llegar al departamento, ya lo esperaban varios arreglos florales de las marcas con las que había trabajado en el pasado y algunos regalos con tarjetas de felicitaciones de sus queridos compañeros con quienes había trabajado en distintos proyectos hasta antes de irse. Johnny se había encargado de recibirlo todo más temprano y colocarlos con cuidado para que nada se viera fuera de lugar. Las luces suaves y el ambiente cálido, todo estaba preparado para que Doyoung sintiera que volvía a casa.
Doyoung recorrió la sala despacio, leyendo las tarjetas y tocando las flores frescas con una sonrisa, dejando sobre la mesa el ramo con el que Johnny lo había recibido y que aún sostenía contra su pecho, al parecer habian sido sus favoritas. Johnny lo observaba desde el marco de la puerta con cariño.
-Bienvenido a casa... -dijo finalmente.
Doyoung se giró, con los ojos un poco húmedos, y caminó hacia él sin decir nada. Lo abrazó esta vez sin necesidad de separarse rápido y se quedó así, con la cabeza apoyada en su pecho, sintiendo el ritmo del corazón de Johnny latir al mismo ritmo que el suyo.
-Te extrañé muchísimo -susurró Doyoung con dulzura.
Johnny sonrió, besándole la frente con ternura.
-Y yo a ti, bebé. -dijo acariciando su mejilla.- Que tal si te pones cómodo, iré a prepararte la ducha -agregó, dándole una palmada juguetona en el trasero.
Doyoung asintió entusiasmado, aunque tardó un momento en separarse de él, como si su cuerpo se resistiera a soltarlo.
Al llegar al dormitorio, una calidez familiar lo envolvió. Sobre la cama, su pijama preferido estaba cuidadosamente doblado, y uno de los peluches que Johnny le había regalado en unos de sus viajes juntos al acuario, descansaba sobre la almohada, dándole la bienvenida. En la mesa de noche, había un libro que no reconocía como suyo, suponiendo que seguramente Johnny lo había estado leyendo antes de que él llegara.
El agua caliente caía en una lluvia constante sobre la nuca de Doyoung, deslizándose por su espalda mientras se frotaba el cabello con movimientos lentos. Cerró los ojos un momento, dejando que el vapor lo envolviera, relajando cada músculo. Estaba tan concentrado en la sensación que no escuchó cuando Johnny entró al baño ni cuando la mampara se abrió.
Sintió el contacto de dos brazos firmes rodeándolo por detrás, la piel húmeda y caliente de Johnny presionándose contra su espalda desnuda. Doyoung sonrió sin abrir los ojos.
-Sabía que no ibas a dejarme duchar solo -murmuró, con una mezcla de diversión y resignación.
-¿Y perderme esto? Ni en sueños -susurró Johnny, apoyando los labios en su cuello mojado
Se quedaron así un momento bajo el agua, respirando al mismo ritmo. Johnny lo envolvió, como si necesitara asegurarse de que estaba ahí y que no se iría pronto como ottas veces. Sus manos acariciaban su abdomen plano, deslizandose por su pecho con una ternura que Doyoung reconocía. No había prisa, solo ese lenguaje silencioso que hablaban.
Doyoung apoyó la cabeza contra el hombro fuerte de Johnny y suspiró.
-Me gusta cuando haces eso -dijo, sin necesidad de explicar más.
-Lo sé -respondió él, apenas audible.
La ducha continuó, no solo limpiando la piel, sino también llevandose el peso del día, y cuando salieron, envueltos en vapor y caricias, cargaron más que el calor del agua sobre la piel. En sus manos, los anillos de compromiso brillaban discretamente después de largo tiempo sin poder usarlos.
El anillo de oro blanco, no lo usó durante su servicio en su dedo pero lo llevó en un collar cerca de su pecho bajo el uniforme.
Su próximo paso era Chicago. Visitar a los padres de Johnny, pasar tiempo con ellos, y luego… casarse.
Todos lo sabía ya, los miembros, sus familias, incluso dentro de la empresa. Ellos nunca lo ocultaron, solo lo vivieron con la naturalidad de lo que siempre fue su relación, amor verdadero, constante y lleno de respeto.
~
La luz tenue se colaba por las cortinas del dormitorio, envolviendo el cuerpo de Doyoung en un resplandor suave. Johnny estaba recostado de lado, con una mano acariciando la nuca de su prometido, donde el cabello comenzaba a crecer lentamente, volviendo poco a poco a ese estilo que tanto le gustaba peinar con los dedos.
Doyoung tenía los ojos cerrados, aún respirando tranquilo, con el rostro sereno y los labios apenas entreabiertos. Johnny se inclinó para besar debajo del lóbulo de su oreja, con esa ternura cargada de deseo que solo él sabía entregarle con tanta devoción.
-Te ves muy bien -murmuró, su voz ronca aún por el momento compartido mientras recorria la desnudez del otro con la mirada-. El entrenamiento te hizo justicia.
Doyoung abrió un ojo, con una sonrisa satisfecha.
-¿Me estás viendo como un trozo de carne, Seo Youngho?
-Absolutamente, y con orgullo -respondió con diversión en su tono, bajando la mano por su torso firme, delineando el camino de la piel sensible hasta su cintura pequeña.
Doyoung rió, rodando sobre la cama para quedar encima de él.
-No eres el único que se mantuvo en forma.
-¿Ah, sí? ¿Quieres probar tu fuerza conmigo, soldado?
Los ojos de Doyoung brillaron con picardía.
-¿Estás retándome?
-Claro que sí. Aquí y ahora.
Entre risas se acomodaron uno frente al otro en la cama, y entrelazaron los dedos. Johnny ya sabía el resultado, pero se dejó llevar por la actuación. Doyoung empujaba con todas sus fuerzas, con el ceño fruncido y los labios apretados en concentración.
Johnny se mordió el interior de la mejilla para no reír y, como siempre, ganó.
Doyoung cayó de espaldas, resoplando a su lado.
-No es justo. Estás hecho de acero.
Johnny se acomodó encima de él, apoyando los codos a cada lado de su cabeza.
-Te lo advertí. Si no puedes derribarme…
Se inclinó, susurrándole contra los labios.
-…tienes que montarme.
Doyoung soltó una carcajada mientras le rodeaba la cintura con ambas piernas desnudas, envolviendo sus brazos alrededor del cuello.
-Siempre buscas excusas para tenerme encima o estar encima.
-No te escucho quejarte.
-Jamás.
~
La luz matutina entraba tímida por las cortinas mal cerradas. El reloj marcaba casi las nueve, pero ni Doyoung ni Johnny parecían tener prisa. Estaban envueltos en las sábanas, enredados todavía el uno contra el otro, hasta que el estómago de Johnny protestó con un sonido que rompió el silencio en la habitación.
-Deberiamos levantarnos —murmuró Doyoung adormilado, contra su pecho.
-...no quiero moverme -susurró Johnny, abrazándolo con más fuerza contra su cuerpo.
Doyoung estiró una pierna perezosamente bajo las sábanas.
-Si te portas bien, puedo hacerte tostadas francesas -ofreció un poco más despierto.
Johnny levantó el rostro, los ojos aún medio cerrados, pero con una sonrisa luminosa.
-¿Con miel y frutas?
-Y café recién hecho... pero solo si me das cinco minutos más así —añadió Doyoung, acurrucándose mejor entre sus brazos.
-Trato hecho -dijo Johnny, besándole la frente-. Eres el mejor desayuno de todos modos.
Doyoung soltó una risa suave, y luego besó el tatuaje de su clavícula antes de levantarse. Se puso su camiseta -una vieja de Johnny que usaba para dormir- y caminó descalzo hacia la cocina. Johnny lo observó desde la cama, con esa mirada entre embobada y enamorada que solo reservaba para él.
Minutos después, el olor a café llenó el aire, acompañado por el sonido de la tostadora. Johnny se unió a él, abrazándolo por la espalda mientras Doyoung ponía queso en las tostadas.
-Si haces esto todas las mañanas, voy a tener que mudarme aquí oficialmente -susurró Johnny, rozando su cuello con los labios.
-Prácticamente vivimos juntos y tus calzoncillos ocupando todos mis cajones lo comprueba.
Johnny se echó a reír.
-Tienes razón. Solo falta el certificado de matrimonio para hacerlo legal.
Doyoung giró un poco el rostro, sus narices casi tocándose.
-¿Tienes todo preparado para el viaje?
-Sí. Mi padre me dijo que mi madre está emocionada. Dice que ya tiene una lista de platos que quiere que pruebes.
Doyoung sonrió con ternura.
-Me da un poco de nervios, no voy a mentir.
-Todo saldrá bien. Solo quieren verte feliz. Y si me tienen a mí como referencia, van a saber que lo eres.
Se quedaron unos segundos en silencio, con el café humeante entre sus manos y una paz nueva respirándose en la cocina.
-¿Y después? -preguntó Doyoung, con un atisbo de incertidumbre.
Johnny tomó su mano, sabía a qué se refería y entendía.
-Después, te llamo mi esposo sin esconderlo.
Doyoung sonrió, entrelazando sus dedos con sus anillos puestos.
Se casaron una semana después en Chicago. Doyoung vestía un traje azul oscuro que resaltaba su piel y Johnny iba de etiqueta negra. No fue nada lujoso ni ostentoso, solo ellos dos en un juzgado, con los padres de Johnny presentes y dos viejos amigos de la infancia como testigos. Fue algo sencillo. La formalidad de los papeles no le quitó un ápice de emoción al momento. Cuando el juez pronunció las palabras finales, Johnny le tomó la mano a Doyoung y lo miró como si fuera la primera vez.
-Estamos casados ahora -susurró Doyoung, con la voz temblorosa.
-Ahora eres el Sr. Suh -respondió Johnny con orgullo. -Mi esposo.
Después de firmar, fueron a almorzar con los padres de Johnny. Su madre lloró discretamente durante la comida, y su padre le dio un abrazo calido a Doyoung, dandole la bienvenida definitiva a la familia.
Esa noche, se quedaron en un hotel frente al lago.
El aire en la habitación del hotel en Chicago era cálido, acogedor y lleno de paz, de esto se trataba su amor. Johnny observaba a Doyoung mientras le desabrochaba lentamente su camisa sin prisas.
-Tengo algo para ti -dijo Johnny con una sonrisa nerviosa, sacando del bolsillo interior de su chaqueta una pequeña caja negra de terciopelo.
Doyoung lo miró, curioso.
-¿Otro anillo? Porque con uno ya estoy atrapado contigo para siempre, ¿lo sabes? -bromeó.
Johnny rió, esa risa suya que siempre hacía vibrar algo en el pecho de Doyoung. Abrió la caja y, en lugar de una joya, había una llave.
-¿Qué es esto? -susurró Doyoung.
Johnny respiró profundo. -¿Recuerdas la casa que vimos juntos el año pasado? La que tenía el jardín llena de flores y el estudio con ventanales enormes...
-¿La que dijimos que sería nuestra cuando nos casaramos?
Johnny asintió, sonriendo. -La compré. Hace meses de hecho. Quería darte las llaves el día en que oficialmente te convirtieras en mi esposo.
Doyoung se quedó en silencio, los labios temblando ligeramente. Tomó la llave entre sus dedos, como si aún no creyera que era real. Luego lo miró.
Dios, cariño… Ahora no creo que pueda superar un regalo de bodas mejor que este.
Se abrazaron con tranquilidad, estaban finalmente juntos como planearon todos esos años de juventud.
De regreso en Corea, prepararon la celebración que siempre habían imaginado compartir con quienes los conocían de verdad. No era un secreto que estaban juntos, pero su relación se había construido con discreción lejos de miradas ajenas. Aun así, para su círculo íntimo, eran simplemente Johnny y Doyoung, la pareja que llevaba años acompañándose, cuidándose y sosteniéndose.
La celebración privada fue en un salón de una casona antigua a las afueras de ciudad, decorado con flores blancas, candelabros de cristal y velas. El aire olía a gardenias, las favoritas de Doyoung, y una banda en vivo que tocaba baladas suaves y otras canciones que ellos habían seleccionado, incluso Jaehyun los sorprendió cantando para ellos más tarde.
La familia Suh voló a Seúl para estar allí presentes. Los padres de Doyoung estaban más que contentos, su madre no dejaba de abrazar a Johnny; y su padre, aunque más serio, le hizo una reverencia profunda que Johnny respondió con gratitud genuina. Gongmyung propuso un brindis que emocionó a todos los presentes, y luego cada miembro dio algún que otro discurso sentido, provocando muchas lágrimas de emoción a la pareja.
Jungwoo, recién salido del servicio, llegó apenas unos días antes, y no dejó de llorar cuando los vio tomarse de la mano en medio del salón. -Me alegra no perderme el casamiento de mis amigos -dijo, abrazandolos a ambos.-Estoy feliz por ustedes...
Después de las palabras, las risas y el brindis, Doyoung tomó el micrófono entre risas suaves, contagiado por la calidez de la noche, parandose al lado del gran pastel de bodas.
-Voy a intentar no llorar… aunque todos sabemos que eso es prácticamente imposible esta noche -empezó, provocando algunas sonrisas emocionadas en la sala-. Pero lo intentaré, porque hoy es un día para sonreír.
Miró a Johnny, con los ojos llenos de luz.
-Gracias por elegirme todos los días, Johnny. Por abrazarme fuerte cuando dudo, por reírte de mis chistes malos, y por amarme incluso cuando me pongo insoportable organizando cosas. Gracias por acompañarme en esta vida loca que compartimos, por bailar conmigo, por cantar conmigo, y por hacer que todo, incluso lo más ordinario, se sienta extraordinario a tu lado. -Hizo una pausa y añadió, con tono bromista, -y sí, también gracias por fingir que me ganas en los videojuegos de vez en cuando. Sé que es un gran sacrificio para ti.
Todos rieron. Johnny rodó los ojos con una sonrisa mientras tomaba el micrófono.
-Primero, jamás te he dejado ganar. Si lo hice, fue pura estrategia emocional -bromeó-. Segundo, gracias por ser tú, cariño.
Doyoung sonrió, negando con la cabeza mientras Johnny se acercaba.
-… si volviera a nacer, volvería a encontrarte. No sé cómo, pero sé que lo haría. -Eso lo dijo casi para ellos una vez lo atrajo a su lado rodeandolo con su brazo.
Los aplausos llenaron el lugar mientras ambos se abrazaban, sellando ese momento con un beso ligero, lleno de amor, como todos los días compartidos que vendrían después.
Y así, entre familia, viejos y nuevos amigos, abrazos cálidos y miradas que hablaban de historia, celebraron su amor. Honrando cada paso del camino, las noches de espera bajo el mismo cielo, aunque a kilómetros de distancia, las cartas escritas con manos temblorosas, los mensajes que no se enviaron, los sacrificios silenciosos, las lagrimas… y también, las risas compartidas, sus reencuentros intensos, las canciones que los acompañaron, y todo el amor que los trajo hasta allí.
Era, y siempre sería, la eternidad de su amor.
Mientras la música suave volvía a sonar en el fondo, algunos comenzaban a bailar y otros simplemente observaban con sonrisas sinceras, Johnny y Doyoung se quedaron allí, abrazados, respirando el mismo aire y sabiendo que habían llegado al lugar al que siempre pertenecieron, el uno al otro.
~
Al día siguiente, sin previo aviso ni declaraciones, ambos compartieron una sola foto. Una imagen sencilla, sin filtros ni producción previa de ellos dos, tomados de la mano frente al lago, vestidos de traje y mostrando los anillos en sus dedos brillando bajo la luz del atardecer.
El breve texto al pie de la foto decía: "J&D, por siempre."
