Work Text:
Sang-woo era un clásico chico de universidad, el orgullo de su madre, de todos sus conocidos y vecinos de su barrio.
Pero más el de un chico, chico que era el único problema en su vida que prometía ser perfecta.
Seong Gi-hun.
Un chico alto, pero ligeramente más bajo que él. Una estatura perfecta para poder ver sus pestañas, como revoloteaban cada vez que pestañeaba y poder ver ese brillo en sus ojos marrones.
Si no es obvio, estaba perdidamente enamorado de su amigo de la infancia.
No supo cuando empezó, solo se dió cuenta cuando comenzó a fantasear con acariciar el cabello largo de su nuca y con tocar sus labios de un color rosa brillante.
El sonido del borrador chocando contra la pizarra lo sacó de sus pensamientos, la clase había terminado.
Suspiró, tenía que superarlo de alguna forma, si seguía distrayendose con esos pensamientos que no llevarían a nada, no iba a aprender nada para él siguiente examen.
Guardó sus libretas y lápices en su mochila y salió detrás de sus compañeros, no había tenido tiempo de socializar con ninguno de ellos, tampoco era como que le importaran. Cada semestre había más asientos vacíos, no tenía sentido formar un lazo si de todas formas no iban a durar.
Salió por el pasillo del departamento de administración y así salió de la universidad.
—¡Sangwoo-ya! —
Escuchó a lo lejos su nombre, alzó la vista y miró al chico causante de todo, separó sus labios exhalando, después forzó una sonrisa y se acercó.
—Hyung ... ¿Qué haces aquí?—
Preguntó, viendo cómo iba vestido con un pantalón que apenas le quedaba, ajustado con un cinturón y una playera color naranja, holgada que cubría toda su figura.
Figura que muchas veces antes había visto; durante los veranos, cuando Sang-woo se encontraba libre de lo que Gi-hun llamaba prisión, que en realidad se trataba de las clases, ambos solían quedar en casa de Sang-woo.
Dónde lo único que los acompañaba era el ruido del ventilador en el suelo y el sonido de las cigarras que cantaban en el patio.
Gi-hun no tenía reparos en alzar o quitar su playera, cualquier cosa para sentirse más fresco. Sang-woo nunca había tenido un pensamiento pecaminoso hacia Gi-hun, pero cuando lo veía así, no podía evitar imaginar como se sentiría tocar su abdomen trabajado.
La pequeña risa de Gi-hun lo trajo de vuelta a la realidad.
—¿Cómo que qué hago aquí? Vine a llevarte a casa. —
Sonrió, Sang-woo miró la bicicleta en la que había venido Gi-hun.
—¿Cómo crees? —
Preguntó con una mueca en su rostro mientras acomodaba sus gafas. Gi-hun entrecerró los ojos y sonrió.
—No me digas que te da pena... —
Hizo un puchero después de hablar. Sang-woo suspiró y negó.
—No es eso. —
Habló serio.
—Pero en esa bicicleta apenas cabes tu... —
Gi-hun alzó sus hombros y negó, tomó el casco que colgaba de la parte de abajo del asiento y lo puso frente a Sang-woo.
—Súbete. —
Gi-hun apuntó a los pequeños palos de fierro en medio de la llanta. Sang-woo miró el casco y luego a Gi-hun...
Si no me gustara tanto.
Exhaló y se puso el casco, lo ato con el broche debajo de su barbilla.
Gi-hun se subió al asiento y Sang-woo se subió con cuidado a los palos de fierro.
Gi-hun sonrió y comenzó a pedalear.
—Pero ten cuidado. —
Regañó, mientras se aferraba a sus hombros.
—¿Tienes miedo? —
Preguntó mientras aceleraba por las calles de Seúl. El viento hacia que la playera de Gi-hun se moviera así como su cabello.
—Nunca dejaría que te pasará algo, Sang-woo... —
Afirmó. Sang-woo al escuchar eso se tranquilizo, aún así aprovecho para seguir aferrándose al cuerpo de Gi-hun.
Gi-hun siguió pedaleando por la ciudad hasta llegar al barrio donde ambos habían crecido y vivido tanto.
Gi-hun se detuvo unas calles antes de llegar al puesto de pescado de la madre de Sang-woo.
—¿Qué pasa? —
Sang-woo se bajó de la bicicleta. Gi-hun se giró y sonrió.
—Tengo que ir a otro lado... ¿Nos vemos en la noche? —
Preguntó aún con su sonrisa. Sang-woo se quitó el casco y se lo entregó.
—No puedo, tengo que seguir estudiando. —
Respondió. Gi-hun hizo un puchero y asintió.
—Esta bien, nos vemos entonces... —
Gi-hun se puso el casco que le dió Sang-woo y volvió a pedalear, dejándolo atrás.
Gi-hun no había entrado a la universidad, consecuente con eso, su madre no hacia más que reclamarle, consiguió un trabajo como repartidor, pero el dinero no era suficiente.
Menos para alguien como él.
Gi-hun siguió pedaleando hasta llegar a un edificio algo escondido en el barrio, se decía que en esa zona solo iban las personas malvivientes.
Suspiró y se detuvo frente al edificio, viendo hacia arriba la ventana del tercer piso cubierto por varias tablas de madera y bolsas negras, ahí era a dónde iba.
Se bajó de la bicicleta y la apoyó en la pared, caminó dando pasos largos, viendo a todos lados antes de meterse al edificio, cuidando que nadie que él conociera lo viera.
Abrió las puertas algo cubiertas por el polvo y entró al edificio, pisando con cuidado el suelo gastado.
Caminó hasta la escaleras y subió dos escalones a la vez, brincando y al llegar al segundo piso siguió subiendo.
Llegó a la puerta del tercer piso y antes de entrar se mentalizó.
Esto no solo no era normal, si no que era un secreto horrible, hacer esto a escondidas de la gente era vergonzoso.
Giró la perilla, entró al cuarto alumbrado por luces blancas y tapizado con él mismo color.
De todo el edificio, este era el piso más limpio.
—Ah, Gi-hun, por fin llegas... —
Habló el hombre al girar a verlo, mientras seguía presionando el botón de la camara hacia la modelo.
Gi-hun guardó sus manos en sus bolsillos aún tímido.
Hace apenas unos meses, Gi-hun estuvo trabajando con ese hombre, Myeong-moo, un fotógrafo aficionado.
Había visto a Gi-hun cuando entregaba la comida para los demás modelos, fue entonces cuando Myeong-moo, le dió un empleo sencillo al joven.
Modelar ropa.
Gi-hun acepto sin dudarlo, después de volver a casa ese día y ocultar la noticia de su madre, fue en el horario que él fotógrafo le indicó.
Solo para encontrarse con la letra pequeña del contrato.
Myeong-moo explicó que el tenía todo para ser modelo de ropa, solo que no para hombre, si no para mujer.
En ese momento quiso desistir, hasta que Myeong-moo reveló cuanto le pagaría por cada una de las fotos.
Fue entonces cuando vestirse con ropa de mujer y posar para una cámara no sonaba tan mal.
Gi-hun exhaló volviendo al presente, dónde ya se había hecho una costumbre llegar a ese lugar.
—Ven aquí, Gi-hun. —
Le hablo la maquillista, Gi-hun se acercó y como su rutina lo indicaba, se sentó frente al espejo en una de las esquinas de la habitación.
—¿Aún no te acostumbras? —
Preguntó, Ako era una chica japonesa, la única que parecía normal entre tantos excéntricos.
—No realmente... Solo hago esto para ganar dinero. —
Comentó, mientras la chica recogía su cabello con pinzas.
—Todos hacemos esto por dinero, Gi-hun... Myeong-moo preferiría estar fotografiando modelos en Milan, sin embargo está aquí, con nosotros. —
Gi-hun bajó la mirada, ante la pequeña ventana a la realidad que Ako abrió ante él.
Ako tomó su barbilla y la alzó, limpió su rostro y después aplicó la base, un tono más claro que el del su piel.
Después de unos minutos y de aplicar el sellador en la piel de Gi-hun, estaba listo.
Gi-hun se miró en el espejo, asombrado por las habilidades de Ako, realmente parecía una chica.
Después con cuidado, Ako le ayudo a vestirse con el atuendo de temporada.
Myeong-moo, vendía las fotos a una revista local, que promocionaba marcas de ropa coreana que apenas empezaban a expandirse.
—Bien, Gi-hun, es tu turno. —
Suspiró Myeong-moo mientras ajustaba la cámara, Gi-hun dió un pequeño paso hacia el centro de la habitación, donde el piso y la pared eran cubiertos por una tela blanca.
—Bien, es hora de empezar. —
Myeong-moo comenzó a tirar flashes, mientras Gi-hun intentaba parecer una chica, mientras que poco a poco, como en cada sesión, agarraba confianza.
Los halagos siempre eran bien recibidos, pocas veces alguien se detenía a decirle que había hecho algo bien.
Gi-hun se inclinó un poco mientras sonreía y enseñaba los anillos en sus dedos.
Los flashes seguieron sonando hasta que la poca luz que se colocaba por las ventanas se esfumó.
—Gran trabajo, Gi-hun... —
Expresó, Myeong-moo, observando la pantalla de la camara y viendo las fotografías que tomó.
—Mañana tendré tu pago por la sesión pasada, de acuerdo. —
Gi-hun asintió mientras caminaba de vuelta al espejo, para que Ako pudiera quitar el maquillaje.
Gi-hun salió del edificio con él mismo cuidado que con el que entró. Tomó su bicicleta y salió de ahí tan rápido como pudo.
Pedaleó rápido, sintiendo el aire fresco chocar en su rostro.
Al llegar a casa, su madre lo esperaba con una expresión de angustia y molestia combinadas.
—¿Dónde estabas, ya viste la hora que es?—
Preguntó, mientras Gi-hun suspiraba fastidiado.
—Estaba trabajando, mamá... —
Respondió a la vez que se quitaba los zapatos en la entrada de la casa.
—No es cierto, llamé a la tienda y no te vieron después del mediodia. —
Gi-hun se congeló en su lugar y alzó la vista a su madre y fingió molestia.
—¡¿Por qué llamaste a mi trabajo, mamá?!—Preguntó, después soltó un quejido de frustración.
—Porque no has vuelto a casa en todo el día, ¿Qué has estado haciendo?, solo pierdes el tiempo. —
Gi-hun no tenía ganas de seguir oyendo los quejidos de su madre. Caminó rápido hasta su habitación mientras la mujer seguía gritando.
No había mentido, el estaba trabajando, pero no era un trabajo del que pudiera presumir.
En la oficina de correspondencia, Myeong-moo revisaba las fotos antes de mandarlas por correo a la editorial de la revista.
—Oh... —Miró las fotos que tomo de Gi-hun.
—Olvide editar su lunar... —Miró la foto y apretó sus labios.
—No creo que haya ningún problema. —
Sonrió y las guardo en la carpeta antes de
meterlas en el buzón.
Los días pasaron, el verano por fin había llegado y con eso todas las revistas estaban adornadas por lindas chicas que modelaban los conjuntos de temporada.
—¡Sang-woo, hijo! —
Llamó su madre desde el piso de abajo, Sang-woo alzó la vista de sus apuntes, aunque fueran vacaciones, el estudiaba para así adelantarse al siguiente curso.
Se levantó de la silla de su escritorio y salió de la habitación.
—¿Qué sucede? —
Preguntó mientras bajaba las escaleras.
—El foco del patio se fundió otra vez, ¿Puedes ir a comprar uno? —
Sang-woo asintió y recibió el dinero de su madre.
Su madre salió de nuevo al puesto de pescado frente a su casa, miró el dinero que le dió su madre y recordó que había salido un nuevo número de su revista de negocios.
Después de subir de nuevo a su habitación en busca de sus ahorros, salió de su casa y caminó tranquilo bajo la noche.
El caminó se iluminaba a medida que se acercaba a la tienda de conveniencia, entró y saludó al cajero detrás del mostrador, buscó lo que su madre le encargó y después se fue al apartado de revistas.
Buscó entre tantas la revista que lo mantenía al día de las finanzas del mundo, pero por alguna razón no estaba ahí.
Estuvo apunto de preguntar al cajero si no había llegado la nueva edición, hasta que sus ojos se vieron atraídos a una revista, y para ser más específicos, por una chica.
Inclinó su cabeza y la miró con extrañeza, miró que nadie lo viera y tomó la revista, entrecerró los ojos observándola, algo en ella se le hacía familiar, como si ya la hubiera visto antes.
Miró sus labios y luego lo miró, aquel lunar en la barbilla que muchas veces miro fijamente.
Era Gi-hun.
Su corazón se aceleró al punto que su pecho se contrajo, el aire escapó de sus pulmones, dejándolo pasmado mientras recorría con sus ojos la portada.
Era imposible, ¿Por qué Gi-hun haría algo así? Era obvio que era él, su cabello era el mismo, sus ojos, sus manos, lo único que cambiaba era el hecho de que estaba vestido con ropa femenina.
Caminó aún con la revista en la mano hasta el mostrador. Dejó el foco y la revista, dejó que el cajero le cobrara.
Estaba fuera de si, moviéndose como si alguien más lo manejara.
Salió de la tienda y caminó arrastrando sus pasos hasta su casa. Entró y dejó el foco en la mesa y subió a su habitación.
Cerró la puerta detrás de él y suspiró, soltando toda su tensión. Sacó la revista de la bolsa y volvió a verlo.
La imagen de Gi-hun era deslumbrante, no podía dejar de verlo, abrió la revista y buscó hasta que encontró otras fotos de Gi-hun, con el mismo conjunto, pero está vez posando de una manera que podían verse sus clavículas.
En otra, la parte de arriba que parecía ser de una tela suave, estaba alzada, dejando ver su abdomen y la curva de su cintura.
Sang-woo se atrapó a si mismo respirando fuerte, con la boca abierta y casi babeando por Gi-hun.
Jadeó y bajó la mirada, queriendo dejar de ver a Gi-hun, pero entonces su mirada se enfocó en lo que, ver a Gi-hun de esa manera, había causado.
Sang-woo nunca había tenido una erección cuando pensaba en Gi-hun, el creía que su amor platónico por él era puro, algo que tendría que llevarse a la tumba y que sería feliz solo estando cerca de él.
Pero esto, esto era diferente, no podía pensar en él de esta forma.
Volvió a alzar la mirada a las fotos de Gi-hun, se veía tan lindo.
Suspiró y mordió sus labios.
Cerró la revista y la ocultó bajó su cama, esto se convertiría en un secreto dentro de su secreto.
Cómo si quisiera ocultarse de si mismo una versión de él que sería capaz de masturbarse pensando en Gi-hun.
El nunca imagino que se vería envuelto en una compulsiva obsesión.
Tal vez era porque sabía algo de Gi-hun que nadie más sabía, porque conocía a "la modelo" que aparecía en la revista, pero día con día, esperaba el nuevo número de aquella revista de moda.
Cada pose de Gi-hun más sus lindos conjuntos lo hipnotizaban por horas, dejándolo con un deseo que solo podía crecer más y más.
Las fantasías de tocar su cabello y sus labios se quedaban cortas a las que ahora tenía en mente.
Gi-hun por otro lado, cada día se hacia más difícil explicar a su madre como era posible que solo trabajando medio día en la tienda como repartidor ganaba un sueldo completo.
—¿En qué estás metido, Gi-hun...? —
Preguntó la mujer, acorralando a su hijo en la cocina.
—¿Estas trabajando para los maleantes?
—Por supuesto que no. —
Respondió rápido, su madre miró el dinero que Gi-hun le dió en buena fe, que ni siquiera era el dinero completo de su paga.
—¡Entonces dime de dónde sacaste este dinero! —
Gi-hun golpeó la mesa y se quejó en voz alta.
—¡Te enojas si no trabajo y te pones así cuando lo hago! Querías que ganara dinero, ¡Eso hice, entonces déjame en paz! —
Gi-hun bufó y se apartó de la cocina, escuchó algún otro grito más antes de salir de la casa.
A pesar de ser verano, los días habían sido nublados. Suspiró y tomó su bicicleta para ir a ver a Sang-woo.
En los últimos días no lo había visto para nada, sentía como si lo estuviera evitando de alguna forma, cosa que de verdad creía que pasaría eventualmente, después de todo, en la universidad se estaba codeando con gente de dinero, gente más inteligente que él y de mejores familias. Algún día Gi-hun ya no sería suficiente para Sang-woo, eso él lo sabía.
Llegó a la calle de Sang-woo y se detuvo frente al puesto de pescado de la señora Cho.
—Buenas tardes, señora Cho... —
La mujer, gran amiga de su madre y por supuesto, orgullosa de que ella si tuviera un hijo exitoso, lo miró con algo que supo descifrar como pena.
—Gi-hun... —
La mujer siguió cortando pescado y algunas partes de pulpo.
—¿Está Sang-woo? —
Preguntó, la mujer asintió y señaló su casa.
—Sí, estaba haciendo algunos pendientes, incluso en vacaciones mi hijo sigue estudiando. —
Sonrió, para después ver a Gi-hun.
—Deberias meterte a estudiar, Gi-hun... No le vendría mal a tu madre sentirse orgullosa de su hijo. —
Gi-hun escuchó las palabras.
Su mirada se apagó, relamió sus labios sin saber que responder.
—Voy a subir a ver a Sang-woo... —
Se abrió paso entre el puesto y llegó a la puerta de la casa en el interior.
—Gi-hun. —
La mujer lo detuvo, Gi-hun se giró, viendo a la mujer.
—Intenta no meterle ideas a Sang-woo, de lo contrario tendré que pedirte que dejes de verlo. —
Gi-hun separó sus labios y asintió.
Entró a la casa y cerró la puerta detrás de él, recargándo su espalda en la superficie.
Apretó sus labios, la presión en su pecho solo se expandió hasta su garganta, pesando en que todos a su alrededor o veían como un inútil fracasado.
—Gihun-Hyung... —
Lo llamó su amigo desde las escaleras, Gi-hun alzó la mirada y limpió sus ojos.
—Ah, Sang-woo... ¿Dónde te habías metido?, no te he visto en días... —
Miró como su amigo terminaba de bajar las escaleras y se iba a la cocina.
—Estaba estudiando. —
Gi-hun sonrió y se acercó a la barra de la cocina, recargó sus codos en la misma y sonrió.
—¿En vacaciones? De verdad el genio de Ssangmun-dong nunca descansa... —
Ladeó su cabeza, admirando a Sang-woo.
En el fondo sabía que no era lo único que sentía por él, tal vez algo más, pero que no se atrevía ni siquiera a pensarlo.
Sang-woo miró la expresión de Gi-hun, esos enormes ojos marrones que lo veían desde abajo.
Levantó su mano y la llevó hasta su mejilla, Gi-hun se estremeció ante el tacto de la palma, se reclino más en la barra de la cocina, atraído por el toque. Sang-woo apartó su mano.
—Tenias un grano de arroz en tu mejilla... —
Susurró. Gi-hun bajó la mirada y suspiró, rompiendo con su tensión.
—¿Todavia tienes el videojuego que te regalé? —
Sang-woo asintió.
—Esta en mi habitación. —
Gi-hun sonrió y golpeó la barra emocionado.
—Ahí te espero... —
Cantó con una expresión infantil.
Sang-woo miró como Gi-hun subía las escaleras. Era extraño saber que Gi-hun no solo actuaba de forma linda, si no que también podía vestirse lindo y verse lindo.
Gi-hun entró a la habitación de Sang-woo.
Sang-woo podía parecer un chico que tenía todo en orden, pero dicen que las habitaciones son el reflejo de tu mente.
Sang-woo tenía un desorden que solo él entendía, un sistema en el que solo él sabía dónde estaban las cosas, lo que haría difícil encontrar aquel videojuego.
Caminó y sintió algo debajo de sus pies, bajó la mirada y al hacerlo, miró que de la esquina de la cama, sobresalía lo que parecía ser una revista.
Gi-hun sonrió emocionado, no sabía que Sang-woo era de los que se masturbaban con revistas. Con un poco de picardía de saber que era lo que excitaba a Sang-woo, alzó la cama y lo que vio abajo lo horrorizo.
Era su revista.
Dejó caer el colchón, cayendo hacia atrás en el proceso, sus ojos se volvieron profundos en el pánico.
¿Por qué Sang-woo tenía eso?, ¿Acaso no se dió cuenta de que se trataba de él?
¿O lo hizo..?
Gi-hun se sentó en la cama y se quedó pensativo, no podría saberlo, ¿Cierto? Estaba vestido como una chica, maquillado como una...
La puerta se abrió dejando ver a Sang-woo con dos vasos de jugo.
—¿Encontraste el juego? —
Preguntó, dejando los vasos en la mesa auxiliar.
—No... Tienes un desastre aquí. —
Se quejó, recargándose en sus brazos, intentando parecer lo más tranquilo posible.
Sang-woo suspiró y buscó en la repisa.
—Tu eres el que no sabe buscar. —
Regañó, sacó el juego de su empaque y lo introdujo en el dvd.
Sang-woo se sentó en el suelo frente a la televisión.
Gi-hun miró su espalda ancha, tal vez, Sang-woo no sabía nada, pero la idea de que Sang-woo se estuviera tocando viendo sus fotos, aunque parecía inquietante, a Gi-hun lo emocionaba.
Se levantó de la cama y se sentó en el suelo a un lado de Sang-woo.
Ambos tomaron un control y comenzaron a jugar el videojuego. Así pasaron las horas, entre risas y pequeñas peleas cuando uno de los dos perdía.
Pero sin darse cuenta, cada uno no podía apartarse del otro, dejando siempre que sus codos se rozaran.
Gi-hun salió de la casa de Sang-woo después de pasar todo el día con él, haciendo que la señora Cho le mirara mal.
Tomó su bicicleta y pedaleó, no con dirección a su casa, no.
No tenía ánimo de escuchar a su madre preguntar dónde había estado todo el día, mucho menos quería que lo siguiera cuestionando sobre como conseguía su dinero.
Llegó a una tienda de conveniencia donde compró un botella de soju y unos cigarrillos, salió a la pequeña mesa afuera de la tienda y se quedó ahí.
La lluvia comenzó a caer, empapando el techo de plástico que desviaba en agua hacia la calle, causando gotas grandes que salpicaban sus pantalones.
Gi-hun pensó que tal vez si solo hacía algunas sesiones más, podría salirse de ese trabajo, tal vez conseguir otro en el que pudiera enorgullecer a su madre.
Pero eso jamás sería posible, tenía que ser realista, por más que intentara, Sang-woo había dejado la vara muy alta en el barrio, cualquier cosa que el hiciera se vería comparada con algún logro de Sang-woo.
Pero no era culpa de Sang-woo, de todos, el era el único que seguía tratándolo como si fuera suficiente. Solo esperaba que el día en que se diera cuenta de que no era así, no llegara tan pronto.
La noche se terminó, dejando paso al día, húmedo por la lluvia de anoche y con él cielo despejado, dejando caer el sol directo en los rostros de dos chicos, ambos sentados en el pasto verde de algún parque, alejados de todos.
—¿Has pensado en que vas a hacer saliendo de la universidad? —
Preguntó Gi-hun, con sus ojos cerrados y la barbilla alzada, dejando que el sol quemara su piel.
—Primero quiero trabajar en el banco... Después ya veré. —
Respondió, con sus ojos fijos en Gi-hun.
Gi-hun entre abrió los ojos y sonrió.
—¿Después verás? No conocía está fase tan aventurera... —
Sang-woo solo pensó, que él tampoco conocía esa fase de él en la que se tomaba fotos vestido con ropa linda.
Tal vez ninguno de los dos llegaría a conocerse de verdad.
—¿Y tú, Hyung? —
Preguntó. Gi-hun enderezó su espalda y volteo a verlo.
—Bueno... No tengo ningún plan todavía. —
Alzó los hombros, despreocupado. Sang-woo frunció el ceño, algo que le gustaba de Gi-hun era precisamente lo que también le molestaba, que no le preocupara.
—¿Entonces qué?, ¿Planeas ser repartidor toda tu vida? —
O modelo, aquello que ninguno de los dos se atrevía a mencionar.
—Claro que no, Sang-woo... Pero si lo fuera... ¿Ya no serías mi amigo? —
Gi-hun revoloteo sus pestañas, gesto que hacía que Sang-woo olvidara como respirar, como pensar y como hablar.
Por supuesto que sería su amigo, sea como fuese la vida de Gi-hun. Pero, ahora mismo, no creía que pudiera vivir solo con eso.
No quería ser su amigo, no quería seguir clavándose las uñas en sus palmas cada vez que Gi-hun sonreía, conteniendo sus ganas de besarlo y por fin sentir aquellos preciosos labios que no hacían nada más que alabarlo.
Adoraba escuchar su nombre saliendo de la boca de Gi-hun y como se reía de él cada vez que demostraba sus pocas habilidades sociales.
Adoraba a Gi-hun, más de lo que podía admitir.
—Claro que sería tu amigo... —
Respondió en un suspiro. Gi-hun sonrió más y chocó su hombro con el de Sang-woo, recargó su cabeza en él, haciendo que su cabello haciera cosquillas en la mejilla de Sang-woo.
Sang-woo miró a su alrededor, buscando ojos que pudieran juzgarlos, pero por fortuna, cosa que no muchas veces tenía, estaban solos.
Llevó su mano al hombro de Gi-hun, abrazando su cuerpo cálido y delgado, se quedaron así por un tiempo, solo disfrutando de la cercanía del otro, del aroma que desprendía su cabello, de cada respiración, podía morir en sus brazos y sabía que eso sería lo mejor que le podría pasar.
Sang-woo aprendería algún día a vivir con ese anhelo.
Gi-hun dejó su empleo como repartidor después de esa plática, quería ser mejor, no por su madre o por las miradas desaprobatorias de los demás, si no por Sang-woo. Quería ser alguien que pudiera estar a su lado, al menos no ser tan poca cosa comparada con sus
amigos de la universidad. (Claro que no sabía que Sang-woo no tenía ninguno.)
Tenia un nuevo empleo, en la fábrica de muebles a un lado del río Han.
El trabajo era pesado, tal vez un poco más para él por su delicada naturaleza.
Y aunque el empleo de modelo no le gustara, el dinero que recibía de Myeong-moo era suficiente para aligerar la carga a su madre, ahora jamás lo volvería a llamar, puesto que rechazó varias de sus llamadas.
Porque estaba harto, harto de los cuestionamientos, harto de ocultar la verdad a Sang-woo, harto de sentirse tan utilizado.
Algo en el quería ser honesto, quería decirle a Sang-woo que quién estaba en esa portada era él, pero no sabía cómo reaccionaría, tal vez ahora esa sería razón para que le dejara de hablar.
De todas formas, Gi-hun fue a casa de Sang-woo y se coló en el puesto de la señora Cho, aprovechando que parecía no estar en el.
Se aproximó a la puerta e ingreso al hogar, ya adentró, subió las escaleras y tocó la puerta de la habitación de Sang-woo.
Permaneció apoyado contra la pared, con las manos entrelazadas, aguardando a que Sang-woo abriera la puerta.
La puerta se abrió dejando ver a Sang-woo, sin sus gafas, con la frente un poco brillosa y el cabello despeinado.
—Hyung... —
Jadeó, aclaró su garganta y cerró la puerta dejando ver solo un poco de la habitación. Gi-hun le sonrió y se asomó por encima del hombro de Sang-woo, con la intención de ver que ocultaba.
—¿Estás con una chica? —
Preguntó, deseando que no fuera así.
—¿Cómo crees? —
Gi-hun sonrió y empujó un poco la puerta, pero la reacción de Sang-woo fue la misma.
Sang-woo pensó que tenía mucha mala suerte, como para que el día en que decidiera sucumbir a los deseos más primitivos de su carne, Gi-hun estuviera detrás de su puerta.
—Entonces déjame pasar. —
Sang-woo miró detras de él y corrió con dirección a su cama. Gi-hun entro y miró a Sang-woo sentado en su cama con las almohadas revueltas y acomodadas de tal manera que parecía que ocultaban algo.
—¿Qué haces aquí? —
Preguntó Sang-woo, alzando la vista, solo entonces percatándose del nuevo corte de Gi-hun. Estaba rebajado de su nuca pero conservaba el lindo fleco que lo caracterizaba.
El pulso de Sang-woo se aceleró un poco, ahora imaginando la sensación de besar su nuca.
Apartó la vista, cerró sus ojos apretando sus párpados, intentando no pensar más en eso.
—Vine a verte... —
Sang-woo alzó la mirada de nuevo, Gi-hun siempre ponía excusas estúpidas para estar en su casa, pero nunca había usado el querer verlo como una.
—¿Por qué? —
Gi-hun rodó los ojos y se sentó en la cama a un lado de Sang-woo, hundiendo el viejo colchón debajo de él, se echó en la cama, sobre las almohadas.
—¿Por qué haces tantas preguntas? —
Sang-woo miró a Gi-hun, rogando porque no se diera cuenta de lo que había debajo de las almohadas.
En eso, un movimiento hizo que la revista debajo de él crujiera. Gi-hun se quedó quieto, mientras su sonrisa se expandía, Gi-hun se movió rápido, Sang-woo intento detenerlo.
Gi-hun levantó las almohadas intentando ver lo que había debajo, mientras Sang-woo forcejeaba con él.
—¿Qué estás ocultando?—
Preguntó mientras reía. Sang-woo se puso encima de Gi-hun y apartó sus manos de las almohadas, sujetandolas cada una a un lado de su cabeza.
Gi-hun jadeó por la pequeña lucha física, miró el rostro de Sang-woo, rojo hasta el cuello, aún jadeante y con pequeñas perlas de sudor resbalando por sus mejillas, sonrió y rodeó el cuerpo de Sang-woo con sus piernas y lo empujó hacia a un lado, está vez colocándose encima de él.
Gi-hun bajó su cuerpo, sentándose en el regazo de Sang-woo.
Sang-woo apretó sus labios, respirando pesadamente, miró a Gi-hun sobre él y su sangre comenzó a calentar su cuerpo.
Gi-hun le sonrió, le parecía divertido lo fácil que podía abatir a Sang-woo, siempre fue más hábil que él, más fuerte, a pesar de ser más bajo.
Gi-hun se acercó a Sang-woo, lo que hizo que él de abajo contuviera su respiración, Gi-hun recorrió su rostro con sus ojos, admirando las pequeñas gotas de sudor que se formaban en sus sienes.
—Sangwoo-ya... —
Sang-woo reaccionó a su nombre, Gi-hun sonrió y extendió su mano a la almohada que cubría el secreto. Sang-woo cerró sus ojos esperando su reacción.
Gi-hun sonrió y miró lo que había debajo, entonces su sonrisa desapareció.
—Hyung... —
Sintió el cuerpo de Gi-hun apartándose de él. Gi-hun tomó la revista y se sentó de nuevo a un lado de Sang-woo.
—Sang-woo... Perdón. —
Gi-hun dejó salir sus palabras. Sang-woo frunció el ceño.
—¿Qué? —
Preguntó confundido, sentándose en la cama. Gi-hun giró la vista y señaló la revista.
—No se trata de una chica... —
Gi-hun apretó sus labios.
—Soy yo... Yo soy quien está en la portada... —
Admitió con vergüenza, Gi-hun apretó la revista en sus manos, su necesidad lo había llevado a lugares extraños, cayó en el dinero fácil y ahora había engañado a Sang-woo.
Sang-woo exhaló, si admitía que sabía que no era una chica, sería admitir que se estaba masturbando viendo a Gi-hun, pero si mentía, sería hacer sentir mal a Gi-hun.
Después de todo, si Gi-hun lo mantuvo en secreto, es porque lo avergonzaba.
—Gihun-hyung... Sabía que eras tú. —
Gi-hun abrió los ojos y lo miró.
—Era la única en el mostrador... La compré para que nadie más la viera. —
Gi-hun sonrió de lado y volvió a bajar la mirada.
Miró la revista paseando sus ojos por toda su imagen, a veces estar dentro de otra piel se sentía bien, pero no era él, por mucho que a veces lo quisiera, si él fuera un chica real, tal vez Sang-woo lo miraría como a esa portada, pero entonces por qué...
—¿Por qué la tenías en la cama? —
Preguntó, curioso. Sang-woo se sintió acorralado.
—Porque... —
Gi-hun esperó la respuesta, pero parecía no querer salir de los labios de Sang-woo.
—¿Qué estabas haciendo antes de que llegara? —
Gi-hun pregunto de nuevo, cada vez más convencido. Intentó abrir la revista, sabiendo que había un par de fotos más de él, pero Sang-woo se la arrebató.
—¿Por qué estás preguntando tantas estupideces? —
Sang-woo se levantó de la cama y tiró la revista al pequeño basurero a un lado de la puerta.
—Porque se que no me estás diciendo la verdad. —
Gi-hun se levantó de la cama y se acercó a Sang-woo. El más alto retrocedió dos pasos hasta topar con la estantería de libros.
Gi-hun chocó con él, teniendo su rostro cerca del suyo.
Sang-woo tragó saliva, viendo a Gi-hun de frente, notando sus ojos abiertos, sus labios fruncidos, una expresión que pocas veces le entregaba.
—¿Qué quieres que te diga, Hyung...? —
Preguntó, Sang-woo.
—Quiero que me digas porque tenías la revista en tu cama. —
Sang-woo, exhaló y murmuró un pequeño insulto.
Gi-hun miró como los labios de Sang-woo temblaban, podía ver la vena de su cuello palpitar, se acercó a su oreja y susurró:
—¿Te estabas masturbando? —
Sang-woo cerró sus ojos, aguantando el pequeño gemido que se formó en su garganta.
Gi-hun se separó, viendo el rostro de Sang-woo, sus mejillas sonrojadas y sus labios entre abiertos.
Gi-hun sonrió y suspiró, bajó la mirada a las manos de Sang-woo, la tomó y la llevó a su mejilla.
Sang-woo sintió la suave piel de su rostro contra su palma.
Sang-woo no pudo resistir más.
Se acercó a Gi-hun de nuevo, chocando sus labios contra los del otro, en un intento de beso, Sang-woo cerró sus ojos, sin mover sus labios.
Gi-hun mantuvo sus ojos abiertos, preguntándose si era una broma que Sang-woo besara tan mal.
Sang-woo se separó de Gi-hun, con sus ojos llorosos, por la pena, por la vergüenza que crecía en su pecho, por sentir que estaba faltando a todos los valores que le habían enseñado, por sentirse sucio.
Sintió las suaves manos de Gi-hun acariciar sus mejillas, volviendo a juntar sus labios, está vez, Gi-hun tomando el control del beso.
Gi-hun movió sus labios, humedeciendo los de Sang-woo, pasó su lengua por su boca, provocando escalofríos en la columna de Sang-woo.
Sang-woo llevó sus manos a su cintura, preguntándose si eso estaba bien, si podía hacerlo o se estaba pasando.
Gi-hun siguió acariciando sus labios con los suyos, una sensación tan etérea, tan suave que sentía que no la merecía.
Gi-hun llevó su mano al abdomen de Sang-woo, sintiendo la línea de vello que lo llevaba a su pelvis, metió su mano en el pijama de Sang-woo, sintiendo la humedad que causó la ereccion de Sang-woo.
Sang-woo sintió náuseas, tantas emociones en solo un momento lo estaban mareando.
—Hyung... —
Murmuró en medio del beso.
—Tranquilo... —
Gi-hun bajó sus besos a su cuello, mientras se abría paso en el boxer de Sang-woo.
Tomó el pene en su mano y lo apretó ligeramente, dejando que la humedad del pene mojara su mano.
—Estas muy bien dotado, Sangwoo-ya... —
Murmuró en la linea de su mandíbula. Sang-woo tembló ante el toque, tal vez era porque antes de que Gi-hun llegara, no terminó de hacer el trabajo pero, sentía que podía terminar en ese momento.
Gi-hun repartió besos en todo su cuello, sonriendo por cada pequeño temblor que esto causaba. Bajó su mano alrededor del pene, para después subirla.
—Hyung... —
Gimió, Sang-woo se aferró a los hombros delgados de Gi-hun. La idea de estar así con alguien más le daba asco, solo podía ser Gi-hun.
El único que tenía el poder para arruinar su cuerpo era Gi-hun.
Gi-hun llevó su mano a su espalda y lo guió hacia atras, con dirección a la cama.
Sang-woo se dejó llevar por el cuerpo de Gi-hun que aún lo tenía sujeto, como si aquel órgano no fuera más que una correa.
Gi-hun ayudó a qué Sang-woo se sentara en la cama, lo ayudó a bajar un poco más sus pijamas y tomó con más comodidad la erección.
Gi-hun llevó su mano libre a los ojos de Sang-woo, que lo miraban fijamente mientras jadeaba. Puso su mano sobre los ojos y besó el hombro de Sang-woo .
—Esta bien, Sang-woo... Solo imagina que sigo siendo una chica... —
Sang-woo dejó de respirar, apartó la mano de Gi-hun de sus ojos y después de su miembro.
Sang-woo miró los ojos grandes de Gi-hun, llenos de deseo, pero también de una pena profunda.
Supo entonces que le dió una idea equivocada de él a Gi-hun.
—Hyung... —
Sus palabras volvieron a atorarse en su garganta, de nuevo el miedo de admitir que era como era.
Pero no podía callarlo, no cuando Gi-hun lo miraba de esa forma, creyendo que solo le gustaba porque estaba vestido con ropa femenina.
—No es... Nunca fue porque estuvieras vestido de esa manera... Gi-hun... —
Sang-woo se mordió los labios y volvió a acercarse a Gi-hun, colocando sus manos en sus mejillas, exhaló y ocultó su rostro en el pecho de Gi-hun.
—Nunca mire a una chica en esa portada... Sabía que eras tú, sabía lo que había debajo de esa ropa... —
Empujó el cuerpo de Gi-hun hasta la cama, poniendo su cuerpo encima del otro.
Sang-woo, aproximó su mano a la cintura de Gi-hun, tentando el borde de su playera, acarició la piel suave pero firme del abdomen y jadeó aún con su rostro ocultó.
Fue ascendiendo el toque, alzando la playera en el proceso, Sang-woo bajó su rostro y dejó un pequeño beso en medio de su pecho.
No quería cuestionar lo que estaba haciendo, sabía que eso lo llevaría a un punto sin retorno, conocía bien su cabeza pero sabía que podía perderse fácilmente en ella.
Cómo ahora, que se quedó quieto sin saber cómo continuar.
—Sangwoo-ya... ¿Que quieres hacer? —
La pregunta floto en aire, como la tentación más grande de su vida, como si estuviera frente a una inversión que podía hacerlo millonario o dejarlo en la ruina.
Conociendo a Gi-hun, conociéndose a si mismo, aquello solo podia llevarlo a la ruina.
Pero Gi-hun, él era algo que no podías rechazar, menos cuando estaba servido así.
—¿Tu... Qué quieres hacer? —
Tartamudeo su pregunta, Gi-hun sonrió y contrajo su abdomen para alzarse y rodear a Sang-woo con sus brazos.
Juntó sus labios en otro beso, está vez ambos sintiendo el alivio de volver a tocarse, cerraron sus ojos y se entregaron a esa sensación.
Sang-woo apretó sus parpados, incómodo por la sensación húmeda, pero su cuerpo había vuelto a reaccionar.
Gi-hun sintió esto y alzó las caderas, juntando ambas pelvis.
Sang-woo abrazó el cuerpo de Gi-hun al sentir el roce en su ereccion, bajó la cadera, hambriento de más contacto.
Su erección dolía al frotarla contra los pantalones de mezclilla, pero supuso que estaba bien, un poco de dolor para saber al día siguiente que esto fue real y no solo una fantasía de tantas.
—Sang-woo... Espera. —
Murmuró, Gi-hun. Apartó a Sang-woo y miró hacia abajo.
Sang-woo siguió su mirada y vio las manos de Gi-hun desabrochar sus pantalones.
Desvió la mirada, respetando su privacidad, hasta que se dió cuenta de porque lo estaba haciendo y de dónde estaba ahora mismo, entonces se sintio estúpido.
Sintió a Gi-hun removerse debajo de él, un par de tirones más y sintió la piel del muslo de Gi-hun.
Apretó su mandíbula hasta que sintió la presión pitar en sus oidos.
—Tranquilo, Sang-woo... —
Susurró, Gi-hun, alzó su mano hasta la mejilla de Sang-woo, la acarició y la atrajo de nuevo a sus labios.
Sang-woo fue descendiendo su cuerpo poco a poco de nuevo, hasta sentir la punta húmeda de la erección de Gi-hun.
Jadeó en medio del beso, apretando de nuevo sus parpados. Pudo sentir la sonrisa de Gi-hun en sus labios. Gi-hun alzó su cadera, frotando ambas erecciones.
—Ah... —
Rompió el beso, Sang-woo tapó su boca, desconcertado, miró a Gi-hun, sintiendo como su vergüenza subía por su cuello.
Sang-woo se tiró hacía a un lado de Gi-hun, acostándose y ocultando su rostro.
Tenía tantas ganas de mover sus manos, de besar cada centímetro de la piel de Gi-hun, pero ¿De verdad se merecía eso? Después de estar profanando su imagen todo este tiempo, de desnudar su imagen, de imaginarlo gimiendo su nombre, de verdad se merecía vivir eso en realidad.
Sus pensamientos se vieron disueltos en momento en que Gi-hun comenzó a moverse. Gi-hun terminó de quitar sus pantalones y con cuidado se coloco encima de Sang-woo.
Abrazó con sus piernas la cadera del de abajo y se acomodó sobre su pelvis, sintiendo su erección abajo de él.
—Sang-woo... — Bajó su torso y se apoyó en sus manos, una a cada lado de los hombros de Sang-woo.
—¿Tienes lubricante? —
Preguntó Gi-hun. No es como si Gi-hun fuera un experto, solo sabía lo que tenía que hacer.
—¿Lubricante? —
Tartamudeo Sang-woo. Gi-hun suspiró y soltó una pequeña risa lastimera.
—Tomare eso como un no, está bien... Será para la próxima... —
Gi-hun acercó sus labios de nuevo al cuello de Sang-woo.
Movió su cadera sobre la de Sang-woo, escuchando como este empezaba a jadear.
—Hyung... —
Gimió, paseó sus manos sobre los muslos de Gi-hun, tan suaves y gruesos, que al aferrarse a ellos sentía sus manos hundirse en la piel.
Gi-hun se apartó y alzó un poco su cuerpo, alineando el pene de Sang-woo con el suyo.
Movió su cadera frotando ambas erecciones.
Gi-hun alzó su camisa y la quitó, quedando completamente desnudo. Sang-woo jadeó ante eso, su cuerpo era increíble, podía notar algunas costillas que sobresalían debajo de sus pectorales, después su vista se concentró ahí.
Esto no pasó desapercibido por Gi-hun, que soltó una pequeña risa, llevó sus manos al torso de Sang-woo y metió sus manos debajo de su playera, continuó subiendo hasta que Sang-woo entendió el mensaje.
Quitó su playera con cuidado de no mover a Gi-hun de esa posición, volvió a tirar su cuerpo en la cama, está vez con el torso desnudo.
Gi-hun pocas veces lo veía sin camisa. Siempre tan recatado como para desnudar su torso. Dirigió sus manos hasta la piel desnuda, acariciando primero el abdomen, Sang-woo no tenía un cuerpo trabajado, solo firme, seguro por las horas que pasaba estudiando en lugar de estar en el gimnasio.
Pero eso no le importaba en lo absoluto, cada centímetro de piel de Sang-woo era suficiente para excitarlo.
Movió de nuevo su cadera, viendo cómo el pecho de Sang-woo se contraía por la excitación.
Podía sentir como la sangre bombeaba en el pene de Sang-woo, haciéndolo cada vez más grande.
—Sang-woo... —
Gimió, llevó sus manos a su torso y se apoyó para mover su cadera más rápido.
Cerró sus ojos y separó sus labios dejando salir sus gemidos.
Sang-woo sentía que estaba soñando, tener a Gi-hun sobre él, esa imagen tan celestial sobre él gimiendo su nombre, no sabía cómo no había eyaculado ya.
Alzó su cadera en un movimiento instintivo, ayudando por un momento a Gi-hun. Esto lo supo por el gemido tan dulce que salió de sus labios.
Entonces apartir de ahí, también comenzó a mover su cadera.
La habitación no tardó en transformarse en un horno, alimentado por el vapor que desprendían sus cuerpos calientes.
Sus gemidos retumbaban en las paredes de la habitación, más los sonidos humedos de ambas erecciones soltando liquido preseminal.
Gi-hun no podía pensar, más que en ir más rápido, tomó las manos de Sang-woo y las llevo a sus cintura, quería ser sostenido, quería ser guiado.
Bajó su mirada viendo ambos glandes hinchados.
Pensó por un minuto, su mano no era tan grande, para poder juntarlas, pero las de Sang-woo si.
—Sang-woo... —
Desaceleró sus movimientos y se detuvo, tomó la mano de Sang-woo y besó sus nudillos antes de bajar la mano.
—Enseñame como te estabas tocando... —
Murmuró desde su excitación.
Sang-woo tragó saliva, abrumado por la melodiosa voz de Gi-hun, tan profunda y seductora.
Tomó su pene en su mano, pero Gi-hun lo detuvo, acomodó su pene sobre el suyo, para después dejar que él lo rodeara con su mano.
Entendió la idea, enfocó su atención al rostro de Gi-hun, su mirada fija en su mano le hizo entender que estaba desesperado por el toque.
No es como si él no lo estuviera, pero quería ver más de esa desesperación de Gi-hun.
Apretó a ambos miembros en un puño, la sensación era extraña, pero placentera.
Comenzó el vaivén, lento, disfrutando de cada segundo y centímetro que era acariciado.
Sabía que era el pene de Gi-hun, ese que muchas veces miro marcado en sus pantalocillos o en las duchas públicas, donde el vapor del agua hacian la censura justa para no ver más allá.
—Sang-woo... Hazlo rápido. —
Sang-woo miró el rostro de Gi-hun, tenso, sonrojado y lloroso.
Sabía que era un berrinche clásico de Gi-hun, como muchos de los que hacía cuando le ganaba una partida de algún juego.
Jadeó y le dió una sonrisa ligera. ¿Podía Gi-hun ser más hermoso? Incluso si se dejará la barba o pintara su cabello de algún color extravagante, se seguiría viendo precioso.
Con ese pensamiento, entendió que Gi-hun se merecía algo bueno por ser tan lindo, entonces aceleró su mano.
—Ah... Sangwoo-ya... —
Adelantó su cadera y se dejó tocar, recargó su cuerpo en sus brazos, que a su vez se apoyaron en los muslos de Sang-woo.
—Hyung... —
Con su mano libre, acarició su cadera, la imagen frente a él era preciosa, pequeñas gotas de sudor caían del rostro de Gi-hun y se resbalaban hasta su torso.
Podía sentir los espasmos de su cuerpo, los pequeños temblores de excitación y como apretaba sus piernas alrededor de su cadera. Pronto comenzó a imaginar como sería estar dentro de él.
Cerró sus ojos y gimió, aceleró el vaivén, ido en la excitación que le provocaba la experiencia, los gemidos de Gi-hun, tan agudos y rasposos, su propia mano en su pene, todo lo estaba llevando al límite.
—Gihun-hyung... —
Gimió. Gi-hun echó su cabeza hacia atrás, siempre le gustó el cariño con el que Sang-woo decía el honorífico, pero a partir de hoy, le recordaría a este momento, a esta excitación que recorre su cuerpo y lo lleva hasta lo más primitivo de su ser.
—Sang-woo, más rápido... Ah... Estoy muy cerca... —
Gimió de nuevo, miró hacia Sang-woo y jadeo al ver las pequeñas lágrimas que salían de sus ojos.
—¿Estás bien? —
Preguntó con dificultad, se acercó y acarició su rostro.
Sang-woo asintió sin dejar de mover su mano, cada vez más cerca de esa liberación tan deseada y reprimida.
—Sang-woo... Eres tan bueno, sigue un poco más... —
Gimió aún sosteniendo su rostro, ambos estaban cerca, el movimiento se hizo más rápido pero más torpe y descuidado.
Sang-woo cerró sus ojos y separó sus labios, soltando un gemido silencioso.
Su mano se movió sin control alguno, sintió como su estómago se revolvia y como todo se acumulaba en su pelvis, provocando una vibración.
—¡Gi-hun..! —
Gimio, ahogándose con su propia respiración.
Sintió como salía disparado el semen en su abdomen, dejándolo vacío muy rápido.
—¡Gi-hun..! —
Gimio, ahogándose con su propia respiración.
Sintió como salía disparado el semen en su abdomen, dejándolo vacío muy rápido.
Miró hacia abajo y notó que fue el único en terminar.
—Sang-woo... Por favor sigue... —
Gi-hun lloriqueo sintiendo su orgasmo tan cerca.
Sintio la mano de Sang-woo tocar su pene de nuevo y echó su cabeza hacia atrás.
No empezó lento, continuó con él mismo ritmo que había dejado, jadeó por el dolor pero por su excitación hizo que lo echara de menos cuando empezó a sentirse bien de nuevo.
—Ah, Sang-woo... Más, ah... Ya casi... —
Balbuceó, Gi-hun movió su cadera sobre la mano de Sang-woo, haciendo el movimiento más descontrolado.
—¡Ah... Sang-woo, Sang-woo...! —
Cerró sus ojos y soltó un gemido agudo en el momento en que su cuerpo comenzó a temblar y soltar los chorros de semen, manchando su propio abdomen.
Sus caderas siguieron temblando con la enorme ola de excitación que había sentido, su cuerpo se desplomó sobre él de Sang-woo, manchando ambos cuerpos.
Podía escuchar los latidos del corazón de Sang-woo, aún acelerados.
—Hyung... —
Sang-woo fue el primero en hablar.
—Quítate de encima... —
Gi-hun sonrió y se levantó del cuerpo de Sang-woo, provocando un sonido húmedo y dejando un pequeño hilo de semen que unia sus cuerpos, hasta que se rompió.
Sang-woo se levantó de la cama y buscó toallas húmedas, regresó a la cama y miró a Gi-hun acostado boca arriba con una sonrisa, Sang-woo suspiró y cerró sus ojos unos segundos para encontrar un poco de paz.
Se sentó en la cama y tomó una toalla del paquete y limpió el semen en el cuerpo de Gi-hun.
Gi-hun miró la mirada serena en el rostro de Sang-woo, como si nada hubiera pasado, esa mirada concentrada que siempre tenía cuando estudiaba, se cuestionó si esto fue algo de una vez o si estaba estudiando que hacer para una próxima.
—Sangwoo-ya... —
Habló con una voz cantarina, después de que Sang-woo termino de limpiarlo.
Sang-woo limpiaba su propio abdomen y levantó un poco su mirada, dándole a entender que lo escuchaba.
Gi-hun se sentó en la cama y apoyó su barbilla en el hombro de Sang-woo.
—Me gustas... —
Susurró en su oído. Sang-woo detuvo su acción y volteo a ver a Gi-hun.
Su respiración volvió a acelerarse, viendo esos ojos marrones, que solo lo veían a él.
Sang-woo sabía que lo que sentía por Gi-hun no era solo una perversión, no "le gustaba" no, era algo más profundo, más como si... lo amara...
—Hyung... —
Miró sus labios y tragó saliva, acercó su rostro mientras cerraba sus ojos.
Gi-hun sonrió y también cerró sus ojos, esperando sentir los labios de Sang-woo.
La puerta principal sonó, alertando a ambos jóvenes de que la madre de Sang-woo había regresado.
Ambos entraron en pánico y sin decir nada comenzaron a vestirse deprisa.
—¿Hijo estás en casa? —
Gritó la mujer desde abajo, las pisadas se hacían cada vez más altas, anunciando que estaba subiendo las escaleras.
Sang-woo pensó en responder pero Gi-hun lo detuvo, puesto que aún no encontraba su playera.
Sang-woo la encontró en una esquina de la habitación y la lanzo hacía Gi-hun.
Mientras el se ponía la playera, Sang-woo preparaba la coartada.
Ambos se sentaron en el suelo frente al televisor.
La puerta se abrió y la señora Cho miró a ambos jóvenes jugando un videojuego.
—¿Hijo, por qué no me respondías?
Sang-woo volteó a ver a su madre y se disculpó.
—No te escuché, perdóname. —
Su madre le sonrió y asintió, miró a Gi-hun y exhaló.
—Gi-hun... tienes la playera al revés. —
Apretó sus labios y salió de la habitación.
Gi-hun verificó lo que la madre de Sang-woo le dijo y miró que era verdad.
Hizo un pequeño puchero antes de escuchar la risa que provenía de Sang-woo.
—Oye, no te rías de mi. —
Regañó, Gi-hun infló sus mejillas, molesto, alzó sus brazos y se quitó la playera para ponérsela de la forma correcta está vez.
—Aún soy un año mayor que tu, debes respetarme... —
Sang-woo tranquilizó su risa y asintió.
—Lo que tú digas, Gihun-hyung... —
Tomó el control del videojuego y lo inició.
Ese día Gi-hun se quedó toda la tarde en casa de los Cho, Sang-woo lo invito a quedarse a cenar, cosa que su madre tuvo que aceptar.
Después de unos días, Sang-woo seguía sin responder a la confesión que Gi-hun le hizo, pero
no le molestaba, mientras Sang-woo siguiera estando cerca de él, era suficiente.
